viernes 15 de febrero de 2008

La ley de la Iglesia


El estudio de la ley de la Iglesia Católica forma parte del estudio de la Sagrada Teología. Más, entendido bien el derecho canónico es teología. Según las palabras del Siervo de Dios Juan Pablo II, el Código de Derecho Canónico de 1983, es el último documento del Concilio Vaticano II. En este sentido, y teniendo en cuenta que la Iglesia es una societas perfecta en su orden, ella tiene una normativa propia por derecho nativo, conocerla, estudiarla, y orar con ella debe formar parte de la vida particularmente de los ordenados, por la función de dirección que tienen en la Iglesia, pero además de los laicos, que formando parte del cuerpo eclesial tienen que conocer y ejercer sus deberes y derechos.
Este blog con toda humildad quiere ser un aporte para que, desde el estudio del Derecho Canónico, y la experiencia pastoral de la parroquia, hermanos en la fe puedan consultarla, y proponer ideas, sugerencias, novedades en el campo del derecho.
Siempre se deberá tener en cuenta que la lex ecclesiae no está solamente en el CIC 83, en cuanto ley codificada. Puesto que todos los textos legislativos no están contenidos en él, así son numerosas las leyes que son extra codiciales, pero con toda razón son ley canónica, ejemplo claro son todas las normativas litúrgicas contenidos en estos mismos libros, o la particular ley pontificia para los procesos de beatificaciones y canonizaciones (Divinus perfectionis magister, 1983), al igual que todo el cuerpo legislativo de como se debe proceder a la elección del Romano Pontífice (Universi Dominici Gregis, 1996).
La ley de la Iglesia Católica latina, ha tenido tres codificaciones, la primera el Código de Graciano (1140), posteriormente el Código de Derecho Pío Benedictino, o Código de Derecho Canónico de 1917, promulgado por el Papa Benedicto XV, y finalmente una puesta al día de toda la legislación con el Codex Iuris Canonici de 1983, promulgado en 1983 por el Santo Padre Juan Pablo II, del que se cumplen este año 25 años de vigencia.
La función de la ley eclesial está radicada, como en cualquier sociedad, en guardar las relaciones de justicia entre los miembros de la Iglesia, que deben en comunión de fe, esperanza y amor recorrer un tramo de la historia camino a la Vida Eterna.
Con toda razón el c. 1752, con el que el Código termina resumiendo la finalidad de toda ley en la Iglesia: teniendo en cuenta la salvación de las almas, que es la suprema ley de la Iglesia.