lunes 31 de marzo de 2008

Ordenación diaconal en la diócesis de Villa María


El pasado viernes 28 de marzo, en la localidad de General Baldissera (Cba.), capilla "Santa Rosa de Lima", se consagró en el orden de los diáconos al seminarista Fernando Román MALPIEDI.
El diácono Fernando Malpiedi recibió el orden diaconal de manos del obispo diocesano de Villa María Mons. José Ángel Rovai.
Damos gracias a Dios por este don al presbiterio de la diócesis, y rogamos al Señor que Fernando pueda ejercer con fruto su ministerio de servicio.
Por el grado del orden diaconal el Padre diácono ha quedado incardinado al servicio de la diócesis de Villa María, y entra a formar parte del presbiterio diocesano, en cuanto es adscripto en la calidad de clérigo.

¿Qué es bendecir, bendición?


Me pidieron hace poco con mucha humildad la bendición de una unión de hecho. Sabía que era un engaño hacerlo tanto para mí como para la pareja. Decir que no a una bendición en un sacerdote es algo siempre difícil, doloroso, y nos deja un desasosiego grande. Esto me llevó a buscar un poco que es bendecir, que significa hacerlo o no. Me pareció bueno ponerlo en el blog porque en fondo la bendiciones también son materia del derecho canónico, y toda norma debe responder a una teología, en realidad debiera hacer presente la verdad total de Dios.



BENDICIÓN
BENDECIR ES EL VERBO CENTRAL DE LA EUCARISTIA Y LA MEDULA DE NUESTRA VIDA. LA PALABRA GRIEGA EUCARISTÍA (ACCIÓN DE GRACIAS) TUVO MÀS FORTUNA EN EL NUEVO TESTAMENTO QUE EULOGÌA (ALABANZA) LA OTRA PALABRA CON QUE LA BIBLIA GRIEGA TRADUCE LA BERAKA HEBREA (BENDICIÓN); Y CUANDO DECIMOS EUCARISTÍA, ESTAMOS RECOGIENDO TODA LA HERENCIA DE BENDICIÓN, DE ALABANZA Y DE AGRADECIMIENTO DESBORDANTE QUE RECORRE TODO EL ANTIGUO TESTAMENTO.

UNA DE LAS EXPERIENCIAS MÀS GOZOSAS DE ISRAEL ES LA DE RECONOCER QUE LA BENDICIÓN DE SU DIOS LE CONCEDE VIDA, FECUNDIDAD Y PROTECCIÓN. DECIR”BENDICIÓN” ES DECIR REGALO, DON GRATUITO, (EL BENDECIR DE DIOS ES BIENHACER SEGÚN L. ALONSO SCHÖKEL), Y LOS CREYENTES BÍBLICOS REACCIONAN CON UNA “BENDICIÓN ASCENDENTE” QUE DIRIGE HACIA EL SEÑOR SU ALABANZA Y SU ACCIÒN DE GRACIA.

LA BENDICIÓN ES EL TERMINO QUE CONDENSA LA RIQUEZA Y LA ORIGINALIDAD DE LA TRADICIÒN EN LA QUE APRENDIO A ORAR JESÚS. A TRAVES DE ELLA, EL CREYENTE ISRAELITA ENTRA EN UNA TRIPLE RELACIÓN CON DIOS, CON EL MUNDO Y CON LOS DEMÀS: AL REPETIR INSISTENTEMENTE A LO LARGO DEL DÌA: BENDITO SEAS SEÑOR DIOS DEL UNIVERSO POR… RECONOCE A DIOS COMO ORIGEN DE TODO LO QUE EXISTE, AL MUNDO COMO UN DON QUE HAY QUE ACOGER, Y A LOS DEMÀS COMO HERMANOS CON LOS QUE HAY QUE PARTICIPAR DEL UNICO BANQUETE DE LA VIDA. “BENDECIR SIGNIFICA REVELAR LA ÚLTIMA IDENTIDAD DE LAS COSAS, SU PROFUNDA INTERIORIDAD, QUE CONSISTE EN HACER ENTRAR EN RELACIÓN CON EL CREADOR”.
LOS OBJETIVOS, LA ACTIVIDAD, EL TRABAJO, LAS RELACIONES, EL ESPESOR DE LA VIDA… PUEDEN VOLVERSE OPACOS Y SER OCASIÓN DE DESENCUENTROS, PERO LA BENDICIÓN CONSIGUE QUE LA REALIDAD SE VUELVA TRASLUCIDA: ILUMINA NUESTRA VIDA Y LA HACE LLEGAR HASTA DIOS, QUE ES SU ORIGEN.

domingo 30 de marzo de 2008

Se desmiente la traslatio del cuerpo del Siervo de Dios Juan Pablo II

La Santa Sede ha desmentido, con ocasión de cumplirse otro aniversario de la muerte del recordado Juan Pablo II, el traslado de su tumba al interior de la Basílica de San Pedro. Esto es claro, el proceso de beatificación está en fase de investigación procesal, según se informa estaría lista la "possitio", y por lo visto no se obviaría ninguna cautela, por lo que un traslado de la tumba sería totalmente apresurada. Se debe recordar que el tema de las reliquias de los santos está autorizado una vez que la Iglesia cobra seguridad de la santidad vivida en grado heroico, las hay mayores o insignes (cuerpos, o miembros enteros), y menores (cuando son parte de la vestimenta u objetos usados por el beato o el santo), esta materia está legislada con total detalle en el CIC (cf. c. 1190). Primero tendrá que ser declaradas la vivencia de las virtudes heroicas, luego el primer milagro probado para el decreto de beatitud, para un posible traslado, tal y como ha ocurrido con el beato Juan XXIII.




CITTA’ DEL VATICANO - Prima di una decisione definitiva sulla beatificazione, che non sembra imminente, la Santa Sede non prende nemmeno in considerazione l'ipotesi di una traslazione del corpo di Giovanni Paolo II dalle Grotte Vaticane, dove attualmente riposa, alla Basilica di San Pietro. Lo ha spiegato il portavoce vaticano, padre Federico Lombardi, che ha voluto così smentire nel modo piu' netto affermazioni contenute in diversi articoli. In particolare, ha scritto padre Lombardi in una nota, ''circa quanto riferito nell'articolo pubblicato da un quotidiano torinese circa la traslazione della salma di Giovanni Paolo II dalle Grotte Vaticane alla Basilica di San Pietro, posso smentire decisamente che vi sia stata una qualsiasi Commissione presieduta dal Cardinale Angelo Comastri e che sia stata presa qualsiasi decisione sull'argomento''. Secondo padre Lombardi, ''e' pure infondato parlare di un coinvolgimento della gendarmeria vaticana''. Infatti, ''ogni decisione in merito non si avra' prima della beatificazione. Percio' - ha concluso - quanto affermato nell'articolo non va aldila' delle semplici ipotesi, la cui discussione e' assolutamente prematura''. L'ipotesi della traslazione del corpo di Wojtyla dalle Grotte alla Basilica e' stata alimentata dal fatto che il Papa polacco riposa oggi nella tomba che fu di Giovanni XXIII, poi beatificato e traslato in San Pietro. Ma i ragionamenti, anche se sono plausibili, non sono notizie. Da parte sua, pure il Cardinale Jose' Saraiva Martins, prefetto della Congregazione delle Cause dei Santi, ha tenuto a precisare di non aver mai avallato in nessun modo ''la presunta notizia sulla traslazione del corpo del Servo di Dio Giovanni Paolo II dalle grotte vaticane alla Basilica di San Pietro''. ''Contattato per telefono - ha spiegato - mi sono limitato a elencare le disposizioni generali che la nostra Congregazione segue in questi casi e gli esempi relativi al beato Giovanni XXIII ed a San Pio da Pietrelcina''. Nello specifico, ''non mi risulta - ha chiarito il Cardinale - che siano state prese decisioni in merito all'esumazione del corpo di Giovanni Paolo II ne' tantomeno all'eventuale sua esposizione perenne alla venerazione del fedeli, peraltro del tutto premature non essendo ancora conclusosi l'iter del processo di beatificazione''.

Dios prefiere misericordia a sacrificios


¿Qué sería de mí si no tuvieras infinita misericordia?
¿Qué del mundo y de todo hombre?
Señor Jesús, infinita misericordia de Dios. ¡En Vos confiamos!
La suprema aspiración del derecho eclesial será siempre la misericordia, esta es la medida de todo ius, antes que la justicia en sentido estricto siempre será mejor la caridad que la supera, pero la debe suponer.



FIESTA DE LA MISERICORDIA:
“Debe celebrarse el Domingo siguiente al de Pascua de Resurrección. Ese día, los Sacerdotes deberán predicar a las almas mi infinita Misericordia”.
"A los sacerdotes que proclamen y alaben Mi misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y sacudiré los corazones a los cuales hablen".
“En ese día estarán abiertas todas las Fuentes de mi Misericordia. Deseo que esta Festividad sea un refugio para todas las almas, pero sobre todo para los pecadores”.
"Hija Mía, di que esta Fiesta ha brotado de las entrañas de Mi misericordia para el consuelo del mundo entero".
“El alma que acuda a la Confesión y que reciba la Sagrada Comunión, obtendrá la remisión total de sus culpas y del castigo... Que el alma no tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como la grana”.
"Hija Mía, como te preparas en Mi presencia, así te confiesas ante Mí; el sacerdote es para Mí sólo una pantalla. No analices nunca de qué clase de sacerdote Me estoy valiendo y abre el alma al confesarte como lo harías Conmigo, y Yo llenaré tu alma con Mi luz"
“Toda Comunión recibida con corazón limpio, tiende a restablecer, en aquel que comulga, la inocencia inherente al Bautismo, puesto que el Misterio Eucarístico es “fuente de toda gracia”.
"Deseo unirme a las almas humanas. Mi gran deleite es unirme con las almas. Has de saber, hija Mía, que cuando llego a un corazón humano en la Santa Comunión, tengo las manos llenas de toda clase de gracias y deseo dárselas al alma, pero las almas ni siquiera Me prestan atención, Me dejan solo y se ocupan de otras cosas. Oh, qué triste es para Mí que las almas no reconozcan al Amor. Me tratan como una cosa muerta".
Al sumergirme en la oración, fui trasladada en espíritu a la capilla y vi al Señor Jesús expuesto en la custodia; en lugar de la custodia veía el rostro glorioso del Señor y el Señor me dijo: "Lo que tú ves en realidad, estas almas lo ven a través de la fe. Oh, qué agradable es para Mí su gran fe. Ves que aparentemente no hay en Mí ninguna traza de vida, no obstante, en realidad ella existe en toda su plenitud y además encerrada en cada Hostia. Pero para que Yo pueda obrar en un alma, el alma debe tener fe. Oh, cuánto Me agrada la fe viva".
"Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi misericordia. Si no adoran Mi misericordia, morirán para siempre. Secretaria de Mi misericordia, escribe, habla a las almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia".

sábado 29 de marzo de 2008

La praxis de la comunión en la mano es solo una sugerencia

Ultimamente está en tratamiento de los liturgistas y también en la Congregación para los Sacramentos el tema de la Sagrada Comunión administrada sobre la mano. En realidad el origen de esta praxis surgió como dispensa a determinados episcopados que lo pedían, y se fue generalizando hasta llegar a hoy ser una práctica universal. Lo importante del escrito que sigue y que reproduzco de Papanews.it, está en ver como se estan descubriendo aristas no tenidas en cuenta suficientemente. Lo claro es: 1. No es una ley recibir la Comunión en la mano, 2. No se puede negar el ministro a administrarla de una u otra forma, como el fiel la solicite, 3. Es ante todo una sugerencia, 4. Hay en pro y contra igual cantidad de siglos, hasta el s. X la praxis fue sobre la mano, desde entonces hasta hace poco sobre la lengua del comulgante.



L’Editoriale - Cronistoria di un abuso liturgico filo-protestante: ecco come il sacrilegio della Comunione nelle mani si fece largo nella Chiesa



di Don Marcello Stanzione*

CITTA’ DEL VATICANO - Nel XVI secolo, i riformatori protestanti, nel loro nuovo culto cristiano, ristabilirono la Comunione sulla mano per affermare due loro eresie fondamentali: non esisteva affatto la cosiddetta ‘transustanziazione’ e il pane usato era pane comune. In altre parole, sostenevano che la reale presenza di Cristo nell’Eucarestia fosse solo una superstizione papista ed il pane fosse solo semplice pane e chiunque lo potesse maneggiare. Inoltre, affermarono che il ministro della Comunione non fosse affatto Diverso, nella sua natura, dai laici. É invece insegnamento cattolico che il Sacramento dell’Ordine Sacro dona all’uomo un potere spirituale, sacramentale, imprime cioè un segno indelebile nella sua anima e lo rende sostanzialmente diverso dai laici. Al contrario, il ministro protestante è un uomo comune che guida gli inni, fa sermoni per sostenere le convinzioni dei credenti. Egli non può trasformare il pane ed il vino nel Corpo e nel Sangue di Nostro Signore, non può benedire, non può perdonare i peccati, non può, in una parola, fare niente che non possa fare un qualsiasi semplice laico. Egli, dunque, non è veicolo di grazia soprannaturale. Il ristabilimento protestante della Comunione nella mano fu un ‘semplice’ modo per manifestare il rifiuto di credere nella reale presenza di Cristo nell’Eucarestia, rifiuto del Sacerdozio Sacramentale, in breve il negare l’intero Cattolicesimo. Da quel momento in avanti, la Comunione sulla mano acquistò un significato chiaramente anticattolico. Era una pratica palesemente anticattolica, fondata sulla negazione della reale presenza di Cristo nell’Eucarestia e del Sacerdozio. Dopo il Concilio Vaticano II, in Olanda, alcuni preti cattolici di mentalità protestante cominciarono a dare la Comunione sulla mano, scimmiottando la pratica protestante. Ma alcuni Vescovi olandesi, anziché fare il loro dovere e condannare l’abuso, lo tollerarono e in tal modo permisero che l’abuso continuasse incontrollato. La pratica si diffuse dunque alla Germania, al Belgio, alla Francia. Ma se alcuni Vescovi parvero indifferenti a questo scandalo, gran parte del laicato di allora rimase oltraggiato. Fu l’indignazione di un grande numero di fedeli che spinse Papa Paolo VI a prendere l’iniziativa di sondare l’opinione dei Vescovi del mondo su questa questione ed essi votarono unicamente per MANTENERE la pratica tradizionale di ricevere la Santa Comunione sulla lingua. É anche doveroso notare che, a quell’epoca, l’abuso era limitato a pochi Paesi Europei, tanto che non era ancora iniziato negli Stati Uniti e in America Latina. Papa Paolo VI promulgò allora, il 28 maggio 1969, il documento ‘Memoriale Domini’ in cui affermava testualmente: ‘I Vescovi del mondo sono unanimemente contrari alla Comunione sulla mano. Deve essere osservato questo modo di distribuire la Comunione, ossia il sacerdote deve porre l’Ostia sulla lingua dei comunicandi. La Comunione sulla lingua non toglie dignità in nessun modo a chi si comunica. Ogni innovazione può portare all’irriverenza ed alla profanazione dell’Eucarestia, così come può intaccare gradualmente la dottrina corretta’. Il documento, inoltre, affermava: ‘Il Supremo Pontefice giudica che il modo tradizionale ed antico di amministrare la Comunione ai fedeli non deve essere cambiato. La Sede Apostolica invita perciò fortemente i Vescovi, i preti ed il popolo ad osservare con zelo questa legge’. Ma poiché questa era l’epoca del compromesso, il documento pontificio conteneva il germe della sua stessa distruzione, poiché l’Istruzione continuò dicendo che, dove l’abuso si era già fortemente consolidato, poteva essere legalizzato con la maggioranza dei due terzi in un ballottaggio segreto della Conferenza Episcopale Nazionale (a patto che la Santa Sede confermasse la decisione). Ciò finì a vantaggio dei sostenitori della Comunione nella mano. E si deve sottolineare che l’Istruzione diceva dove l’abuso si è già consolidato. Naturalmente, il clero di mentalità protestante (compreso il nostro) concluse che, se questa ribellione poteva essere legalizzata in Olanda, poteva essere legalizzata ovunque. Si pensò che, ignorando il ‘Memoriale Domini’ e sfidando la legge liturgica della Chiesa, questa ribellione non solo sarebbe stata tollerata, ma alla fine legalizzata. Questo fu esattamente ciò che accadde, ed ecco perché abbiamo oggi la pratica della Comunione sulla mano. La Comunione sulla mano, quindi, non solo fu avviata nella disobbedienza, ma fu perpetuata con l’inganno. La propaganda, negli anni ’70, fu usata per proporre la Comunione sulla mano ad un popolo ingenuo, con una campagna di mezze verità che dava ai cattolici la falsa impressione che il Vaticano II avesse fornito una disposizione per l’abuso, quando, di fatto, non vi è accenno in proposito in nessuno dei documenti del Concilio. Inoltre, non venne detto ai fedeli che la pratica fu avviata da un clero di mentalità filoprotestante e filomassone, in spregio alla Legge liturgica stabilita, ma la fecero suonare come una richiesta da parte del laicato; non chiarirono, gli assertori della Comunione nelle mani, che i Vescovi del mondo, quando fu sondata la loro opinione, votarono unanimemente contro questa pratica; non fecero riferimento al fatto che il permesso doveva essere solo una tolleranza dell’abuso, laddove si fosse già instaurato nel 1969, e che non vi era stato alcun una via libera perché la Comunione nelle mani si diffondesse ad altri Paesi come l’Italia e gli Stati Uniti d’America. Siamo ora arrivati al punto in cui la pratica dell’Ostia sulla mano è addirittura presentata come il modo migliore di ricevere l’Eucarestia, e anche la maggior parte dei nostri fanciulli cattolici è stata male istruita a ricevere la Prima Comunione. Ai fedeli si dice che è una pratica facoltativa e se a loro non piace, possono ricevere la Comunione sulla lingua. La tragedia è che se questo è facoltativo per il laicato, non lo è per il clero. I preti sono chiaramente istruiti ad amministrare la Comunione sulla mano, che a loro piaccia o no, a chiunque lo richieda, gettando così moltissimi preti in una agonizzante crisi di coscienza. É dunque evidente che nessun prete può essere legittimamente forzato ad amministrare la Comunione sulla mano; dobbiamo pregare affinché il maggior numero di sacerdoti abbia il coraggio di salvaguardare la riverenza dovuta a questo Sacramento e non venga intrappolato in una falsa ubbidienza che fa sì che essi collaborino alla perdita di sacralità di Cristo nell’Eucarestia. I preti devono trovare il coraggio di combattere questa nuova pratica che fa parte dell’occulta strategia di protestantizzazione del Cattolicesimo, ricordando che Papa Paolo VI, giustamente, predisse che la Comunione sulla mano avrebbe portato all’irriverenza e alla profanazione dell’Eucarestia e ad una graduale erosione della dottrina ortodossa. Questo abuso illegittimo si è così ben radicato come una tradizione locale, che anche Papa Giovanni Paolo II non ebbe successo a denunciare, nonostante un suo tentativo per frenare l’abuso. Nella sua Lettera ‘Dominae Cenae’ del 24 febbraio 1980, il Pontefice polacco riaffermò gli insegnamenti della Chiesa secondo cui toccare le Sacre Specie e amministrarle con le proprie mani è un privilegio dei consacrati. Ma, per un qualsivoglia motivo, questo documento di 28 anni fa non conteneva nessuna minaccia di sanzioni contro laici, sacerdoti o Vescovi che avessero ignorato la difesa dell’uso della Comunione sulla lingua come voleva il Papa. Una legge senza una pena non è una legge, bensì un suggerimento. Cosicché, il documento di Giovanni Paolo II fu accolto da diversi membri del clero dei Paesi dell’Occidente come un suggerimento non apprezzato e purtroppo trascurato.

*Presidente dell’Associazione
‘Milizia di San Michele Arcangelo’

viernes 28 de marzo de 2008

El c. 96. Cuando un cánon dice más de lo que parece



Así como el c. 1 respondía sobre quienes eran los sujetos pasivos del Código de Derecho Canónico, el c. 96 nos dirá como se entra a formar parte de la Iglesia de Cristo, Iglesia de Cristo que subsiste de manera plena y tal como Cristo la ha querido en la Iglesia Católica.
El c. dice:
“Por el bautismo, el hombre se incorpora a la Iglesia de Cristo, y se constituye persona en ella, con los deberes y derechos que son propios de los cristianos, teniendo en cuenta la condición de cada uno, en cuanto estén en comunión eclesiástica, y no lo impida una sanción legítimamente impuesta”.
El c. se refiere a los fieles bautizados católicos, aunque en la apariencia del comienzo del mismo se tiene la impresión que no. Pero en realidad cuando se dice en cuanto estén en comunión eclesiástica, salta a las claras que se trata de los fieles cristianos católicos. Cabría la pregunta ¿se podría dar personalidad a quienes no están en comunión con ella? Esto no niega en nada que por el bautismo válido todo hombre entra a la Iglesia de Cristo in genere, pero aquí, la Iglesia de Cristo es la Iglesia Católica.
Habría entonces que vincularlo en primer momento con el c. 11 que dice:
Las leyes meramente eclesiásticas obligan a los bautizados en la Iglesia Católica, o a quienes han sido recibida en ella, siempre que tengan uso de razón suficiente, y si el derecho no dispone expresamente otra cosa, hayan cumplido los siete años de edad.
Por tanto a estos bautizados, que son parte de la Iglesia de Cristo, en la Iglesia Católica, están sometidos con las condiciones que se dan a las leyes eclesiásticas.
Cuando aquí se habla de comunión eclesiástica debemos tomar este concepto teológico entendido como aquella comunión que existe entre cada una de las Iglesias que están en comunión con el Obispo de Roma, y por ello configuran la comunión católica que la comunión eclesiástica.
Otro tema es cuales son aquellos elementos que determinan la comunión plena con esta Iglesia de Cristo, y entonces es bueno ir al texto base del Concilio LG 14b, que dice:
A la sociedad de la Iglesia se incorporan plenamente los que, poseyendo el Espíritu de Cristo, reciben integramente sus disposiciones y todos los medios de salvación depositados en ella, y se unen por los vínculos de la profesión de fe, los sacramentos, del régimen eclesiástico, y de su organización visible con Cristo que la dirige por medio del Sumo Pontífice y de los obispos.
Sabemos que esta es la fuente del c. 205, son los tres medios de comunión en dónde debemos encontrar los tria múnera, la profesión deuna misma fe, de todo el credo sin más, la celebración de todos los sacramentos, y el sometimiento del todo el régimen eclesiástico. De tal modo que si alguno faltase o se disminuyera en parte o totalmente no hay comunión plena.
De aquí claro está se desprende que de todos los bautizados que forman la Iglesia de Cristo no todos están en comunión plena con la Iglesia Católica. Y todavía habría que ir más allá ¿hasta que punto alguien que no haga ejercicio frecuente de la fe, de los sacramentos y los vínculos de pertenencia cordial con la Iglesia, de forma que todo se ha debilitado, forma parte de ella, o tenga comunión plena?... Es para pensar…
Tendríamos que hacer referencia además al c. 206 que habla de los catecúmenos, que no son bautizados, ni recibidos en la Iglesia, por lo que no es miembro de la Iglesia Católica, pero sin embargo se le da un tratamiento especial, no se dice que tenga derechos, sino que se los acoge ya como suyos, de hecho están en camino. Muchos canonistas dicen que este c. está fuera de lugar (extra locus), en realidad tendría que haber sido colocado e los cc. del sacramento del bautismo.
§1 De una manera especial se relacionan con la Iglesia los catecúmenos, es decir, aquellos que, movidos por el Espíritu Santo solicitan explícitamente ser incorporados a ella, y que por este mismo deseo, así como también por la vida de fe, esperanza y caridad que llevan, están unidos a la Iglesia, que los acoge ya como suyos.
Se ve claro que en ningún momento dice que estén incorporados (palabra técnica en derecho), se dice que se relacionan de especial manera, se vinculan, por la solicitud del bautismo, pero no están en ella. Aunque la Iglesia en virtud de esto les conceda algunas prerrogativas propias de los cristianos. Aquí habría que llamar a los teólogos para nos hablaran de la gracia anticipada, del bautismo in voto o de deseo, no se trata de manteria canónica estrictamente.
Cuando se dice “se constituye persona en ella”, hay que diferenciar el sentido técnico jurídico de persona, aquí no se quiere decir que el hombre antes del bautismo no sea persona en sentido antropológico. Se habla de que por el bautismo se entra a forma parte de una sociedad en la que constituye sujeto de deberes y derechos, primero deberes, y sobre todo el primero: guardar la comunión, sin este deber no hay derechos, y luego si todos los derechos inherentes.
En cuanto deberes y derechos, el c. hace mención de un realidad teniendo en cuenta la condición de cada uno, esto es simplemente que en esta sociedad de la Iglesia, todos son iguales (cf. c. 208) en cuanto personas cristianas, es decir una condición de igualdad fundamental, pero que hay diferencias que sobrevienen por el modo de participar en el sacerdocio de Cristo, el de los laicos es uno, y otro distinto el de los clérigos, el orden marca aquí una forma distinta de ejercicio de deberes y derechos, los consagrados, aunque no dejan por sus votos de tener la condición laical, porque su estado no corresponde a la constitución jerárquica de la Iglesia (cf. c. 207§2) son parte de su vida y santidad. Este tema merece un tratamiento posterior por las implicancias e interpretaciones que se pueden hacer.
Por último, sean cuales fueren los modos de participación del sacerdocio del Señor, por el cual se ejercer diversas funciones en el pueblo de Dios, y por tanto con diversidad de deberes y derechos para uno y otros, el c. remata diciendo en cuanto estén en comunión eclesiástica y no lo impida sanción alguna. Puesto que un límite para el ejercicio de tales derechos está vinculado a la manera en que en concreto vivo la inserción eclesial en el pueblo de Dios que es la Iglesia (ya mencionado en la profesión del credo, los sacramentos y el régimen), y por otro lado que no se haya impuesto con legitimidad, lo dice expresamente, es decir una sanción canónica impuesta con el debido proceso, derecho de defensa, pueden ser en este orden la excomunión, suspensión y el entredicho.
Un c. que aparentemente pareciera va a definir, solo, que es un fiel cristiano sea cual fuere la comunidad por la que es inserido por el bautismo, siempre que sea válido, se transforma cuando uno le estudia un poco, en un c. referido al fiel cristiano católico.

Regresan a la comunión plena con la Iglesia Católica fieles de la fraternidad San Pío X


Rito tridentino, la soddisfazione del Cardinale Castrillon Hoyos: “Il Motu Proprio sta facendo rientrare molti lefebvriani”

CITTA’ DEL VATICANO - Grazie al motu proprio di Benedetto XVI sulla Messa in latino ''non pochi'' lefebvriani hanno chiesto il ritorno alla piena comunione e alcuni sono gia' tornati nella Chiesa Cattolica. Lo rivela l'Osservatore Romano, che pubblica un'intervista al Cardinale Dario Castrillon Hoyos (nella foto), Presidente della Commissione ‘Ecclesia Dei’ che segue le procedure per i rientri. ''In Spagna - elenca il porporato - l'Oasi di Gesu' Sacerdote, un intero monastero di clausura con trenta suore guidate dal loro fondatore, e' stato riconosciuto e regolarizzato dalla Pontificia Commissione; poi ci sono casi di gruppi americani, tedeschi e francesi in via di regolarizzazione. Infine ci sono singoli sacerdoti e parecchi laici che ci contattano, ci scrivono e ci chiamano per una riconciliazione''. Inoltre ''ci sono tanti altri fedeli che manifestano la loro gratitudine al Papa e il compiacimento per il motu proprio''. ''Infine - ha aggiunto Castrillon Hoyos - ci sono alcuni sacerdoti della Fraternita' San Pio X che, singolarmente, stanno cercando di regolarizzare la loro posizione. Alcuni di loro hanno gia' sottoscritto la formula di adesione. E siamo informati che ci sono fedeli laici tradizionalisti, vicini alla Fraternita', che hanno cominciato a frequentare le Messe nel rito antico offerte nelle Chiese delle Diocesi''. In proposito, il porporato ha ricordato che ''la scomunica riguarda solo i quattro vescovi, perche' ordinati senza il mandato del Papa e contro la sua volonta', mentre i sacerdoti sono solamente sospesi''. Infatti, ha concluso, ''la Messa che celebrano e' senza dubbio valida, ma non lecita e, quindi, la partecipazione non e' consigliata, a meno che nella Domenica non ci siano altre possibilita''' ma ''ne' i sacerdoti, ne' i fedeli sono scomunicati''.

¿Podría ser?


Son templos anglicanos que diseñó el británico Michael Gill para que los pastores los lleven en la parte trasera de un camión y las instalen en cualquier lugar para celebrar servicios religiosos. Están pintadas a mano y tiene ventanas de PVC.

No, no son castillos para que los niños jueguen sino para que los fieles recen. Un diseñador británico fabricó lo que describió como la primera iglesia inflable del mundo. Se trata de un edificio de plástico gris con un órgano, púlpito, altar y arcos góticos que se inflan y vidrieras falsas.

Michael Gill dice que este templo, que tiene 14 metros de altura, podría revolucionar a la Iglesia Anglicana, que ha experimentado una disminución en la asistencia de feligreses en el transcurso de los años.

Los pastores podrían llevarlas en la parte trasera de un camión e instalarlas en cakkes o en plazas para celebrar servicios religiosos improvisados, indicó.

"Esto podría cambiar la percepción de la Iglesia de Inglaterra. Es revolucionario. Está acorde con el siglo XXI", dijo Gill. Y añadió: "Si la gente no va a la iglesia, entonces la iglesia necesita ir a la gente. Esta es una manera de hacerlo".

Gill dice que planea presentar la iglesia en una exhibición cerca de Londres el próximo mes, y ya ha tenido pedidos de países tan diversos como Bélgica, Estados Unidos y Corea del Sur.

La iglesia está pintada a mano y tiene ventanas de PVC. "Filtran la luz perfectamente, como las vidrieras reales", dijo Gill.

El fabricante de estas singulares iglesias ha escrito al Papa para ver si el Vaticano está interesado en comprar una. "Me he dirigido a él personalmente", dijo.

Por último, si la iglesia tiene éxito, Gill planea diversificar su producción, fabricando tabernas y centros nocturnos inflables

martes 25 de marzo de 2008

Siervo de Dios Juan Pablo II, el sucesor rezará por su beatificación


"VATICANO, 25 Mar. 08 / 01:31 pm (ACI).- La Oficina de Celebraciones Litúrgicas informó que el miércoles 2 de abril a las 10:30 horas, el Papa Benedicto XVI presidirá en el Atrio de la Basílica Vaticana, la Santa Misa por el tercer aniversario de la muerte del Siervo de Dios Juan Pablo II.

Karol Józef Wojtyla nació en Wadowice, Polonia, el 18 de mayo de 1920. Su muerte se produjo a las 21:37 horas de Italia del 2 de abril de 2005 debido a una septicemia y a un colapso cardiopulmonar irreversible, agravado por el Parkinson. Tenía casi 85 años. En su agonía, le dictó a su secretario, Stanisław Dziwisz, una carta en la que decía: "Soy feliz, séanlo también ustedes".

Fue el primer Papa no italiano desde Adriano VI en 1522. Su pontificado de 26 años ha sido el tercero más largo en la historia de la Iglesia Católica, después del de San Pedro (se cree que entre 34 y 37 años) y el de Pío IX (31 años).

El 13 de mayo de 2005, el Cardenal Camillo Ruini, Vicario para la ciudad de Roma, dio formalmente por iniciado el proceso de beatificación de Juan Pablo II; para ello, Benedicto XVI concedió dispensa del plazo de cinco años de espera tras la muerte del candidato para iniciar el proceso de beatificación.

Hace un año, el 2 de abril de 2007, concluyó la fase diocesana del proceso de beatificación, reuniéndose todos los testimonios sobre su vida y se reveló que hay un presunto milagro atribuido a su intercesión. La religiosa francesa Marie Simon Pierre, dice haber sido curada por intercesión del Pontífice de la enfermedad de Parkinson.

Homilía de SER Mons. Dr. José Ángel Rovai, obispo diocesano de Villa María en la Misa Crismal el 19.III.08


“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envío a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor”…(Lc.4,16-21)



Queridos hermanos en el ministerio apostólico:



1- En la lectura del Evangelio encontramos en boca de Jesús la cita del profeta Isaías que nos hace ver como en El, se cumplen las promesas mesiánicas. Las revivimos en la Eucaristía, en donde acontece la memoria del testamento del Señor, que hoy celebramos en la Iglesia Catedral en este tiempo “post-jubileo diocesano” y bajo el paso movilizador del Espíritu a través de la Asamblea de Aparecida.

El Señor nos ha dejado de manera sacramental, la presencia anticipada de su muerte y resurrección, por la que entramos en contacto vivo con El, que es Camino, Verdad y Vida; culmen y síntesis de la salvación, Palabra definitiva del Padre a la humanidad.



2- En el momento culminante de su vida, el Señor nos entrega el sacerdocio ministerial. Por nuestra ordenación participamos existencialmente de su ministerio pastoral, de su sacerdocio, realeza y profetismo. Al renovar hoy nuestras promesas, volvamos la mirada al Señor y contemplemos con asombro y gratitud el don de haber sido llamados por El , para ser de El, para formar parte de los suyos y como consecuencia formar parte de su misión. Volver sobre esa elección nos afianza, nos sostiene, nos da firmeza, nos permite descubrir que Jesús es fiel a su llamado. Que El nos eligió primero y que lo seguirá haciendo durante cada día de nuestra vida.





3- En este contexto eclesial recuerdo palabras pronunciadas hace pocos días por el Papa Benedicto XVI:”Aunque pueda parecer que la vida del sacerdote no atrae el interés de la mayoría de la gente, en realidad se trata de la aventura más interesante y necesaria para el mundo, la aventura de mostrar y hacer presente la plenitud de vida a la que todos aspiran. Es una aventura muy exigente, y no podría ser de otra manera, porque el sacerdote está llamado a imitar a Jesús, que no vino a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20,28).



De allí que el sacerdote debe hacer de Dios el fundamento y el centro de su vida para experimentar la alegría y la fecundidad de su vocación. Debemos ser ante todo “hombres de Dios” (1Tm 6,11), aquellos que conocemos a Dios “de primera mano”, que cultivamos una profunda amistad personal con Jesús. Por eso, creo que debemos esforzarnos sobre todo por escuchar al Señor en su Palabra; en la oración; con una participación íntima en los sacramentos, aprendiendo los sentimientos de Jesús en el rostro y en el sufrimiento de los hombres, para que así se nos contagie su alegría, su celo, su amor, y para mirar al mundo como El y desde El. Recordemos siempre que ejercemos nuestro ministerio en la “persona de Cristo” y por lo tanto debe tomar y conformar, como en Jesús, toda nuestra existencia.



4- Hoy, fraternalmente, como presbiterio, en la Eucaristía sellamos nuestra unidad. Hemos sido llamados a constituir un cuerpo al servicio del Pueblo de Dios y del mundo, imitando al Señor que nos entrega su Cuerpo y su Sangre para que en El tengamos Vida.

Como lo expresa el texto de Isaías, estamos llamados a” proclamar la Buena Noticia, la liberación a los cautivos y a proclamar un año de gracia del Señor”. Debemos hacerlo junto a los demás miembros del Pueblo de Dios, los consagrados y los laicos, en una Iglesia Diocesana que unida a las demás diócesis y a la sede de Pedro debe apostar cada vez más a la comunión, para llegar a “ser uno y así el mundo crea”, como lo enseña Jesús.



5- Efectivamente, el Señor realiza la Cena junto a los doce, los fue acostumbrando a la convivencia, los fue formando para la fraternidad, los hizo entrar en una comunión profunda con su persona.¡ Qué importante es por eso para nosotros adherirnos intensamente a la persona del Señor, asumir su Evangelio como criterio de vida, vivir un estilo de vida apostólico! Pues hemos entregado a El completamente nuestra existencia,- con lo que somos, con fortalezas y debilidades- para ser sus instrumentos en el corazón de la Iglesia y del mundo.



6- Como cuerpo presbiteral, junto al Obispo y los demás carismas, impulsados por el Espíritu nos proyectamos a la misión evangelizadora. Lo queremos hacer bajo el impulso de “Navega Mar Adentro” y”Aparecida”, buscando potenciar intensamente la iniciación cristiana en las comunidades parroquiales en la línea del primer anuncio, llegando sobre todo a los más alejados, intensificando el trabajo con las familias, los jóvenes y la catequesis permanente, procurando que nuestras comunidades parroquiales, asociaciones y movimientos sean ámbitos de misión permanente como se los he manifestado en la carta dirigida a uds. en noviembre pasado y en la carta pastoral conclusiva del año jubilar.

Al respecto “Aparecida” señala con claridad:”esto exigirá la conversión pastoral de nuestras comunidades para pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad (NMI 12) con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera”(DA 370)

” Conservemos por eso la dulce y confortadora alegría de evangelizar incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas. Hagámoslo con un ímpetu interior que nada ni nadie sea capaz de extinguir. Sea ésta la mayor alegría de nuestras vidas entregadas”(EN 80).



7- Quiero aprovechar este encuentro con el presbiterio, sin duda el más significativo del año para agradecer profundamente a todos, la misión pastoral que realizan, como así también la disponibilidad que han tenido ante propuestas de nuevos destinos u oficios pastorales que les he encomendado buscando el bien común de la Iglesia Diocesana.



Los invito a recordar especialmente en la oración a nuestros hermanos presbíteros fallecidos el año pasado, Luis Bin y Angel Gonzalez, a quienes están en tierras de misión: Gerardo Morra y Eduardo Stéfani, a quienes ejercen su ministerio en Italia: Sergio Rubiolo, Pablo Alfonso y Williams Bianco y particularmente a quienes residen en el Hogar Sacerdotal de Córdoba, Padre Angel Tossolini y Rafael Yemma. Como presbiterio queremos tener bien cerca en esta Eucaristía al P. Manuel Figueroa orando por su plena recuperación.

Los invito a dar gracias por la próxima consagración diaconal de los acólitos Darío Barrera, José Sarmiento y Fernando Malpiedi y a orar por su fidelidad y la perseverancia de nuestros seminaristas. Oremos también por quienes este año asumieron o asumirán nuevos oficios como párrocos, vicarios parroquiales, asesores de movimientos, asociaciones, oficios en la curia y en institutos educativos. A todos les expreso mi reconocimiento y gratitud y les repito con convicción lo expresado en Aparecida:

“¡No podemos desaprovechar esta hora de gracia.¡ Necesitamos un nuevo Pentecostés¡ Necesitamos salir al encuentro de las personas, de las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo que ha llenado nuestras vidas de sentido, de verdad, de amor, de alegría y de esperanza! No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos, sino urge acudir en todas las direcciones para proclamar que el mal y la muerte no tienen la última palabra, que el amor es más fuerte, que hemos sido liberados y salvados por la victoria pascual del Señor de la historia, que El nos convoca en Iglesia, y que quiere multiplicar el número de sus discípulos misioneros en la construcción de su Reino.”(DA 548)



8- La Virgen María, como discípula creyente del Padre, “llega a ser el primer miembro de la comunidad de los creyentes en Cristo y se hace colaboradora en el renacimiento espiritual de los discípulos” (DA 266). Desde esta característica del discipulado y comunión, pedimos a la Virgen la gracia de la comunión fraterna en nuestro clero. Queremos ser discípulos que vivamos en comunión, que la construyamos cada día con humildad y perseverancia, que podamos acrecentar con los diversos encuentros a lo largo del año el vínculo de cuerpo propio del presbiterio.

La Virgen María es también la primera misionera.”Con los ojos puestos en sus hijos y en sus necesidades, como lo hizo en Caná de Galilea, ella ayuda a mantener vivas las actitudes de atención, de servicio, de entrega y de gratuidad que deben distinguir a los discípulos de su Hijo. Por eso también hoy le pedimos con humildad que nos renueve en la misión. Que nuestro corazón consolado por su maternidad, se abra cada día a las múltiples exigencias de nuestro ministerio. Que Ella nos muestre como ser vehículo, para que cada hombre o mujer o cada situación donde vivimos, sean espacios y momentos para el encuentro con Jesús Vivo.

Así, celebrando juntos la Eucaristía, al alimentarnos de la Palabra, queremos ser hermanos y hermanas del Señor, porque cumplimos la voluntad del Padre. Queremos ser discípulos y misioneros de su Hijo, el Buen Pastor Resucitado. Amén.



+José A. Rovai

Obispo

El tiempo Pascual



Hemos celebrado la Pascua del Señor. Quizá con tiempo, sea bueno ver como se ha vivido en la historia de la Iglesia, primero la fijación de la fecha de Pascua, y luego el tiempo posterior, lo que hoy denominamos la octava, y el tiempo pascual propiamente dicho.

Tiempo Pascual.


La Fecha de la Fiesta de Pascua.

La primera gran cuestión que ha agitado al mundo cristiano ha sido una cuestión litúrgica: la fecha de la celebración de la Pascua. Desde el siglo I, toda la Iglesia estaba de acuerdo en celebrar el aniversario de la muerte y resurrección de Cristo, la Pascua cristiana, Pascha nostrum, que sucedió a la Pascua de los judíos; pero en cuanto a la fecha no había completa uniformidad.

Dos eran principalmente los usos en vigor, el asiático y el romano. Las comunidades del Asia Menor, así encontramos en Eusebio, remontándose a la tradición de los apóstoles Felipe y Juan, celebraban la pasión del Señor (Pascha crucifixionis) el 14 de la luna (Nisán), exactamente como la Pascua de los hebreos, cayese en el día de la semana que cayese, y en el mismo día ponían fin al ayuno. No sabemos cuándo festejaron la resurrección (Pascha resurrectionis). Las iglesias occidentales, por el contrario, apoyadas en la costumbre romana, que se hacía remontar hasta San Pedro, tenían en cuenta el 14 de Nisán para conmemorar la pasión, pero celebraban la resurrección siempre en la dominica sucesiva, y antes de este día no terminaban jamás el ayuno. De las dos fases del misterio pascual, Roma daba mayor importancia a la resurrección, las iglesias asiáticas a la pasión. Se comprende muy bien cómo de esta diversidad de usos naciesen disensiones. Aparecieron los primeros síntomas en tiempo del papa Aniceto (150). Entonces San Policarpo de Esmirna vino a Roma y trató de persuadir al papa de que el uso quartodecímano era el único admisible; pero no lo consiguió. Sin embargo, se separaron en buenas relaciones. Más tarde, hacia el 190, el papa Víctor, para cortar una polémica siempre viva y que amenazaba provocar, como la de Laodicea, serios disgustos, quiso definir la controversia. Los sínodos que por orden suya se reunieron para tal fin en las varias provincias del Imperio decidieron todos a su favor, excepto, naturalmente, el de los obispos de Asia, apoyado por la inmensa mayoría del episcopado; Víctor ya se disponía a tomar medidas enérgicas contra los asiáticos, dispuesto a separarlos de la comunión eclesiástica, cuando intervino San Ireneo de Lyón 3 muchos otros obispos, pidiendo que renunciase a una pena tan grave, la cual alcanzaba a numerosas iglesias venerables fundadas por los apóstoles; el papa Víctor probablemente consintió en no seguir adelante, pero es cierto que también los asiáticos terminaron por adoptar el uso romano.

Eliminado el uso judaizante de los cuartodecímanos la controversia pascual entró en una segunda fase. Admitido que la Pascua de Resurrección se debía celebrar en domingo, quedaba por determinar en cuál. Ahora sobre este punto surgían otras no pequeñas diferencias.

Las iglesias de la provincia de Siria, que tenían por cabeza la antioquena, aceptando el cómputo hebraico, escogían generalmente para la Pascua la dominica que seguía inmediatamente al 14 de Nisán; por lo cual sucedía muchas veces que la Pascua caía antes del equinoccio de primavera (21 de marzo). Este inconveniente se verificaba también en algunos occidentales (protopascuales). En cambio, en Alejandría y Roma, donde una tal dependencia de los hebreos debía parecer humillante, se había comenzado desde el siglo III a calcular la fecha de la Pascua con cómputos propios, independientemente del sistema judío, pero de forma que la fiesta no cayese nunca antes del equinoccio.

Pero aquí, sin embargo, surgían nuevos contrastes; porque mientras los alejandrinos, según el ciclo de diecinueve años, atribuido a Anatolio, fijaban el equinoccio el 21 de marzo, los romanos, siguiendo el ciclo de Hipólito, lo anticipaban al 18 de marzo, de donde surgían disputas y disensiones infinitas, que trascendían hasta los paganos, los cuales las hacían tema de irónicos comentarios.

A allanar estas divergencias vino en buena hora el concilio de Nicea (325). De la discusión habida y de las decisiones tomadas nos quedan en dos cartas: una de los Padres del concilio a la iglesia de Alejandría; la otra, del emperador Constantino a todos los obispos, en la cual, después de haber deplorado las disensiones acerca de una fiesta tan insigne, les exhorta a abrazar el uso seguido en Roma y Alejandría y en la gran mayoría de las iglesias, tanto orientales como occidentales. De estas cartas y de cuanto narra San Atanasio, testimonio ocular. se deduce bastante claramente cuál fue el pensamiento del concilio, es decir:


a) que la Pascua debía caer siempre en domingo;

b) que no sea celebrada nunca en el mismo día que la Pascua judía;

c) que debe fijarse la fecha en la primera dominica después del 14 de Nisán, computado no con el sistema judío, sino de forma que no pueda nunca anticiparse al equinoccio.


No se dice si el concilio aprobó el cómputo romano o el alejandrino. Cierto que éste debió tener la preferencia, porque, como atestiguan Cirilo de Alejandría y San León los Padres comisionaron al obispo de la metrópoli de Egipto el anunciar cada año la fiesta de la Pascua.

Por desgracia, los esfuerzos de los Padres nicenos no dieron prácticamente aquellos resultados que se esperaban. Las divergencias en gran parte continuaron, y ya en el 326, un año apenas después del concilio, los romanos celebraban la Pascua en día diverso de los alejandrinos. Unos y otros habían mantenido su cómputo, que, partiendo de fechas diversas, no podía llevar más que a resultados diversos.

Este estado de cosas duró poco más o menos hasta principios del siglo VI, si bien ya San León había en muchos casos corregido la supputatio romana sobre aquella más exacta de Alejandría, y Victorio de Aquitania, en torno al 457, había largamente difundido un sistema suyo, con el cual intentaba, el combinar el tipo griego con el tipo latino. Fue Dionisio el Exiguo el que en el 526 consiguió componer para uso de los latinos un cuadro pascual con el cual, teniendo como base el ciclo de diecinueve años, exactamente correspondiente al alejandrino, consiguió eliminar hasta las pequeñas diferencias que existían con el canon de Victorio.

El cómputo dionisíaco fue en seguida aceptado en Roma y en Italia, y poco después en Inglaterra y en las iglesias de la Heptarquía evangelizadas por los enviados romanos. En cambio, las de los bretones y de los irlandeses, las cuales, a pesar de celebrar la Pascua en domingo, se atenían al antiguo ciclo de ochenta años, no adoptaron el nuevo cómputo hasta el final del siglo VIH. Esta época se puede considerar, finalmente, por la que se hubiese alcanzado la unanimidad sobre la celebración de la Pascua en toda la Iglesia.


Ya que, según las reglas tradicionales expuestas, la Pascua era fijada en la dominica que sigue al plenilunio posterior al equinoccio de primavera (21 de marzo), la fecha puede oscilar entre los términos extremos del 22 de marzo, cuando el plenilunio cae en sábado, y del 25 de abril, cuando cae el 18 de abril.

En estos últimos tiempos ha hecho algo de ruido un movimiento en pro de la fijación de un día determinado para la fiesta de Pascua. La propuesta tuvo ya un principio de actuación en los siglos V-VII cuando varias iglesias especialmente de las Galias, para evitar las dificultades del cómputo, habían escogido a tal fin las fechas del 25 y del 27 de marzo, que en varios escritores antiguos (fertuliano, Hipólito, Epifanio) eran aceptadas, respectivamente, como el aniversario de la muerte y de la resurrección del Señor. El Martirologio jerosolimitano las anota, en efecto, regularmente. Sabemos por San Gregorio de Tours que en aquella ciudad se festejaba la Pascua el 27 de marzo, como fecha fija, y más tarde, en la fecha que ocurría, movible. Pero tal práctica no tuvo mucha aceptación por las protestas de los obispos. No se puede negar que un proyecto de fijar la Pascua presenta aspectos dignos de consideración aun para los efectos de la vida comercial; pero es preciso reconocer también que su realización, mientras haría desaparecer uno de los más venerados monumentos del pasado, llevaría a tales y tan grandes consecuencias en el campo litúrgico, que es de creer con fundamento que la Iglesia no debe ceder a tales innovaciones.


El Día de Pascua.

La vivacidad y el interés con los cuales la controversia pascual fue tan largamente agitada en la Iglesia, demuestra qué importancia tan capital se atribuyó a la fiesta de Pascua desde los albores del cristianismo. Su preeminencia absoluta, en comparación con otras fechas cristianas, que había sido ya para San Pablo argumento de especulaciones místicas nobilísimas, es reconocida y proclamada en todos los tiempos por los Padres con las expresiones más entusiastas: dies magnas, festivitatum festivitas, dies dierum regina, dies verus Dei, dies felicissimus. Pascua, en verdad, no es solamente la gran fecha del triunfo de Cristo, sino la de nuestro mismo triunfo, que en El, nuestra Cabeza divina, hemos alcanzado todos: Convivificavit nos in Christo... conresuscitavit et consedere fecit. Pascua, por tanto, debe justamente formar el punto culminante del ciclo eclesiástico entero, porque, entre todas, es la fiesta eminentemente de Cristo, principio y fundamento de toda nuestra vida cristiana. La antiquísima disciplina eclesiástica, en efecto, desenvolviendo un magnífico concepto simbólico del Apóstol, había hecho de Pascua el gran día del bautismo para toda la Iglesia. Mientras los catecúmenos, sumergidos en las aguas vivas de la fuente bautismal, salían limpios del pecado y renacidos a la nueva vida de la gracia, los fieles, en la periódica participación de aquel rito solemne, debían renovar incesantemente su espíritu, volviendo místicamente a la gracia de su primera infancia cristiana. La fiesta de la Pascua estaba, por tanto, íntimamente unida con la liturgia bautismal, y ni olvidando este concepto sería ya imposible entender una gran parte, y por cierto la mayor, de los ritos y de los textos de este tiempo.


La función bautismal de la noche de Pascua, al final del siglo IV, terminaba generalmente al alba, hora antelucana, dice Paulino, el biógrafo de San Ambrosio. Más tarde, disminuido el número de los bautizandos y anticipados los ritos de la vigilia nocturna a la tarde del Sábado Santo, se terminaba poco después de la media noche. In vigilia resurrectionis Domini — dice el Ordo romanas valgatus — ante mediam noctem populas non est dimivendus de ecclesia, iuxta canonum sanctiones. El resto de la noche no se concedía, sin embargo, todo al reposo. Una piadosa costumbre, que encontramos atestiguada ya desde el siglo VIII, hacía volver a la iglesia al despuntar el día, matutina irrumpente luce tenebras, para cantar con gran pompa el oficio de la vigilia de Pascua y celebrar la función de Jesús resucitado.

Los maitines de Pascua, según una costumbre antiquísima común a todas las iglesias tanto orientales como occidentales, se abría con el abrazo y beso de paz: Surgentes — dice el I OR — in ecclesiam veniunt et mutua chántate se invicern osculantes, dicant: "Deus, in adiutorium..." El oficio nocturno, que seguía inmediatamente, con motivo de la vela, muy prolongada, y del alba inminente era brevísimo: los primeros tres salmos del Salterio sin himnos de ninguna clase, según la antigua disciplina de la iglesia romana.

Pero en las iglesias fuera de Roma, antes de comenzar el oficio, tenía lugar una solemne procesión al sepulcro para recoger la cruz y la santísima eucaristía, que habían sido depositadas en él el Viernes Santo. El sacerdote, después de haber mostrado la sagrada hostia al pueblo, la llevaba con gran pompa al altar mayor, mientras el coro, en memoria de la triunfal bajada de Cristo al limbo, cantaba la antífona Cum Rex gloriae, Christus, infernum debellaturus iniraret...

Los maitines de Pascua de tres salmos eran ya en el siglo VIII el uso romano; sino que, mientras nosotros hoy repetimos constantemente en los días de la octava los tres salmos indicados, entonces, y hasta la reforma franciscana del breviario (s.XIII), eran recitados, de tres en tres, los primeros dieciocho salmos de los maitines de domingo.

Entre las lecciones eran cantados tres responsorios, que recordaban la visita de las tres piadosas mujeres al sepulcro, la búsqueda del cuerpo del Señor y el anuncio de la resurrección dado por los ángeles (Super lapidem monumenti sedebant Angelí). Estos tres episodios característicos, el primero y el último sobre todo, dieron por mucho tiempo (s.IX-X) motivo a un simple pero eficaz melodrama sacro, llamado visitatio sepulchri, ojficium sepulchri, que se desarrollaba junto al sepulcro del Jueves Santo, y que, con alguna variante de diálogo y de personajes, se hizo común en muchísimos lugares, permaneciendo en uso hasta el final del siglo XV. Después de este intermedio dramático seguían las laudes. También ésas en un principio tenían por única antífona el Allelnia; fueron provistas de las actuales antífonas históricas entre finales del siglo VII y principios del VIII.


La Semana de Pascua.

La Iglesia, inspirándose ciertamente en la antiquísima costumbre hebrea, ha prolongado la máxima fiesta cristiana durante siete días continuos: In Pascha Domini — dice una antífona del misal mozárabe — erit vobis solemnitas septem diebus, quorum dies prima venerabilis est, Alleluia! Alleluia! De esta semana pascual (hebdómada alba o in albis, *** διαχανέσφμος έδδομάς = hebd. renovationis) encontramos los primeros testimonios en la segunda mitad del siglo IV; pero es ciertamente muy anterior, porque San Agustín la llama una Ecclesiae consuetudo, tan antigua como la Cuaresma. Siendo considerada festiva como el día mismo de Pascua, el pueblo debía observar el reposo y asistir a los servicios litúrgicos que se celebraban cada día. Las leyes civiles y eclesiásticas hacían expresa mención. Valentiniano II, en efecto, en el 389 pone la quincena de Pascua al igual de los días natalicios de Roma y Bizancio: His adiicimus natalitios díes Urbium maximarum Romae et Constantinopolis... sacros quoque Paschae dies, qui septeno vel praecedunt numero vel sequuntur, in eadem observatione numeramus. Hacia el mismo tiempo, en Oriente, el canon de la Lex canónica SS. Apostolorum sancionaba: Si quis hebdomadem Resurrectionis vestem splendidam gerentis vel renovationis uno die diminuit, ñeque íotam hebdomadem colit sicut unum diem, eam celebrans simpliciter et non festive, vel laborem suscipit, partern habeat cum luda proditor e et constituatur cum ludaeis Dei ínterfectoribus. En un sentido análogo se expresaba un poco más tarde el concilio de Magon (585) en Occidente: Pascha itaque nostrum... debemus omnes festivissime, colere, et sedulae observationis sinceriiate in ómnibus veneran; ut illis sanctissimis sex diebus nullus servile opus audeat faceré, sed omnes simul coadunati hymnis paschalibus indulgentes perseverationis nostrae praesentiam quotidianis sacrificiis ostendamus, laudantes Creatorem et Regenératerem nostrum vespere mane et meridie.

En la Iglesia antigua este septenario pascual era de modo particular dirigido al perfeccionamiento de los neófitos, sea completando la instrucción religiosa con catcquesis a propósito, sea reforzando la voluntad en el bien obrar con la recepción cotidiana de la santísima eucaristía. Idcirco — decía a ellos el Crisóstomo — septem dierum spatio collectam agimus, ac spiritalem mensam vobis apponimus, divinis eloquiis instruimus et adversus diabolum armamus. Son célebres sobre este particular las catequesis mistagógicas de San Cirilo de Jerusalén dadas a los neófitos en la semana pascual del 347, y las de San Ambrosio, que nos han llegado en el De Mysteriis y De Sacramentis. Eran celebradas durante la misa verificada expresamente para ellos, pero en la cual no eran admitidos a hacer la ofrenda, como nos consta por San Ambrosio, no conociendo hasta ahora suficientemente el significado.

Si también en Roma existía en un primer tiempo una misa especial pro baptizatis, como consta que existía en Milán, en las Galias y en España, es esto muy probable. Magani conjetura que el formulario de las misas para la octava pascua! como se encuentra en el gelasiano representa para cada día la fusión de las dos antiguas misas cotidianas, una para los neófitos, la otra para los fieles. Con todo esto, el gregoriano después la ha modificado profundamente, dirigiéndola principalmente a celebrar el misterio de la Pascua.

La observancia de la semana entera pascual comenzó a decaer hacia el siglo IX, si bien muchos obispos y concilios se esforzaron por conservar la antigua disciplina. Hubo por esto diversas usanzas en los varios países. Mientras, por ejemplo, los Statuta, atribuidos a San Bonifacio (+ 754), conceden que al cuarto día los hombres puedan de nuevo comenzar a trabajar, el Decreto de Graciano (s.XII) enumera todavía en el elenco de las fiestas los siete días de Pascua. Sin embargo, de ordinario, después del siglo X, se consideraron como propiamente festivos solamente los dos primeros días de la semana después del domingo, y éstos se mantuvieron hasta el siglo XIX, cuando las exigencias de la vida moderna y el relajamiento general obligaron a suprimir también esto. Pero quedaron siempre festivos en el oficio litúrgico.


En Roma durante la semana de Pascua, desde el siglo VI, se tenía para cada día un formulario litúrgico propio, y el actual misal ha conservado hasta el presente el título de las varias estaciones, en las cuales, como en los días más solemnes, eran convocados los fieles, y particularmente los neófitos.




El tiempo Pascual. Las Rogativas.

En el uso litúrgico moderno se designa con el nombre de tiempo pascual aquel espacio de cincuenta y seis días que discurre desde la fiesta de Pascua al sábado (post nonam) de la octava de Pentecostés. En cambio, en la disciplina antigua, cuando Pentecostés no tenía todavía una octava (s.VIII), y por eso los días eran cincuenta y seis precisos, llamados Quinquagesima, Quinquag. paschalis o laetitiae, o también simplemente Pentecostés (del griego πεντεκοστή= cincuenta dνas), como en aquella célebre frase de Tertuliano: Excerpe (¡oh cristiano!) singulas solemnitatis navonum et in ordínem texe, pentecosten implere non poterunt. Un período parecido formaba va parte del año litúrgico judío, y, aunque en la tradición cristiana el tiempo pascual haya asumido un significado substancialmente diverso del antiguo, es probable que la Iglesia primitiva, si no los mismos apóstoles, como quería San Ambrosio, se hayan inspirado para instituirlo en la costumbre judía. Es cierto de todos modos que las primeras constataciones positivas son antiquísimas. La apócrifa Epistula Apostolorum (130-140) nos da la época durante la cual era esperada la parusía del Señor. Las Acta Pauli, San Ireneo, Tertuliano y Orígenes nos dicen claramente que aquel período desde su tiempo se consideraba como particularmente solemne, más aun, una fiesta continua, transcurrida en medio de la alegría más viva. Cada día se celebraba la sinaxis, resonaba el canto triunfal del Alleluia, se rezaba de pie y estaba absolutamente prohibido el ayuno. San Máximo de Turín (+ 450) resumía así los caracteres del tiempo pascual: Per tíos quinquaginta dies nobis est iugis et continuata festívitas, Ha ut hoc omni tempore ñeque ad observandum indicemus ieiunia, ñeque ad exorandum Deum genibus succedamus... Instar Dominicae, tota Quinquaginta dierum curricula celebrantur, et omnes isti dies veluti dominici deputantur... Sic enim disposuit Dominus, ut sicut eius passione in quadragesimae ieiuniis contristar emur, ita eius resurrecíione in quinquagesima laetaremur.

En efecto, el oficio del tiempo pascual está todo impregnado de un sentimiento de alegría clara y viva. La aclamación Alleluia, que es la expresión litúrgica más característica, es añadida a todos los responsorios, versículos y antífonas tanto del oficio como de la misa, y algunas veces repetida más de una vez.

En las misas del tiempo pascual, por una antigua tradición litúrgica, todas las lecturas evangélicas son sacadas del Evangelio de San Juan. Se comienza la lectura el viernes de la tercera semana de Cuaresma y se prosigue hasta toda la octava de Pentecostés, hechas muy pocas excepciones.

A asociarse de una manera particular a la alegría de la Pascua son llamados los mártires, para los cuales la Iglesia ha instituido expresamente un oficio y misa propios durante este tiempo. El motivo de esta singularidad hay que buscarlo, sin duda, en el sacrificio cruento de la vida soportado por ellos, que los ha hecho especiales imitadores de la muerte de Cristo; por lo cual es justo que, en la gloria de la resurrección, los mártires le estén más cerca que nadie. Qui toleraverunt mala propter Christum — escribe el Pseudo-Ambrosio — debent gloriam habere cum Christo... Eadem enim raizo martyres suscitat, quae et Dominum suscitavit; y lo mismo que el misterio de la muerte de Cristo es celebrado en la liturgia de distinta manera que el de la resurrección, así para los mártires, en el oficio ordinario ínfra annum, se evoca especialmente la dolorosa pasión: suffert tentationem... probatus fuerit·.. certavii usque ad mortem...; mientras durante el tiempo pascual se canta, sobre todo, su triunfo y su gloria en los cielos: lux perpetua... laetitia sempiterna... gaudium et exultationem... coronavit eos in die solemnitatis et laetitiae.

En los ordinarios medievales, las dominicas de este período reciben su denominación o del incipit del introito o bien de la perícopa evangélica que se lee en la misa. Encontramos así que la primera es llamada Quasi modo (introito); la segunda, Misericordia (introito); la tercera, De modicum (evangelio); la cuarta, Cántate (introito); la sexta (en la octava de la Ascensión), De rosa, porque, como nota el XI OR, desde lo alto de la cúpula del Panteón, donde en este día se celebraba la estación, se dejaba caer sobre el pueblo.

Es decir, las del pasaje de los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas de los jueves de Cuaresma y del jueves de la octava de Pentecostés, que, como es conocido, fueron introducidas en el ciclo tardíamente. En estas misas se ve sistemáticamente adoptado el Evangelio de San Lucas.

Dios Forma parte de la lección atribuida en el Breviario (segunda nota T. P.) a San Ambrosio (Serm. XXII); en cambio, probablemente no es suya, sino de San Máximo de Turín.


La alegría de la Quincuagésima pascual está interrumpida por las solemnes procesiones de penitencia (rogativas), prescritas oficialmente por la Iglesia durante este tiempo; es decir, la litania maior, que tiene lugar el 25 de abril, fiesta de San Marcos, y las litaniae minores, que se celebran en los tres días precedentes a la Ascensión.

La Litania maior, así llamada desde el tiempo de San Gregorio Magno, en contraste quizá con otras menos antiguas o menos importantes, es de origen estrictamente romano, y se asemeja a las antiquísimas procesiones paganas, las ambarvalia, que se hacían a través de las zonas rurales durante la primavera para impetrar de los dioses la buena cosecha. Las ambarvalias más importantes eran las del 25 de abril. La procesión recorría la vía Flaminia — el Corso actual — y llegaba hasta la quinta milla, es decir, al puente Milyio, en un bosquecillo sagrado, donde el Flamen Quirinalis sacrificaba al dios Robigus los intestinos de un perro o de una oveja. El papa Liberio (352-366), así al menos refiere Juan Beleth, para suplantar la ceremonia pagana, tenazmente enraizada en el pueblo, pensó transformarla en rito cristiano, manteniendo durante la procesión el antiguo itinerario, pero substituyendo el sacrificio pagano por una solemne estación en San Pedro.

Puede observarse, sin embargo, que el carácter original de esta letanía no era tan penitencial como más tarde lo han hecho las rúbricas medievales y todavía lo es; admitía el Gloria in excelsis y el Alleluia en la misa y excluía el ayuno.


La Ascensión.

132. San Agustín (+ 430), afirmando que la fiesta de la Ascensio Domini in caelum es observada toto terrarum orbe, pretende hacer remontar la institución hasta los apóstoles mismos o a un decreto de sínodo general. Pero ninguna de las dos cosas parecen probables, porque ninguno de los concilios y de los escritores eclesiásticos anteriores al siglo IV muestra conocer su existencia. Los primeros testimonios seguros se encuentran en el fragmento de Eusebio sobre la fiesta de Pascua, escrito alrededor del 325, donde es llamada "día solemne," y en las Constituciones apostólicas, que le dan el nombre, común después entre los griegos, de "Ascensión del Señor." En el siglo V estaba difundida universalmente San Juan Crisóstomo, San Agustín, San Avito de Viena y San Máximo de Turín han pronunciado homilías en este día. El canon romano la conmemora en la anamnesis con el apelativo de "gloriosa." Los antiguos sacraméntanos contienen también varias misas denominadas in ascensu Domini; seis el leoniano, dos el gelasiano y una sola el gregoriano, que es la que está todavía en uso.

Quizá la sentencia de San Agustín tiene un fundamento de verdad si admitimos la hipótesis de que, en origen, la fiesta de la Ascensión estuvo combinada con la de Pentecostés, la cual había sido para los apóstoles la confirmación del cumplimiento. Esta fusión era un hecho ciertamente en Jerusalén hacia el 395, en la época del viaje de la pía peregrina Eteria. Cuenta ella que, a los cuarenta días después de la Pascua, los fieles se reúnen en la iglesia de la Natividad, en Belén, para la vigilia y la misa, durante la cual presbyteri et episcopus praedicent ¿ceníes apte diei et loco, después de lo cual cada uno vuelve a su casa. Como se ve, nada en esta sinaxis en Belén parece aludir a la Ascensión. En cambio, diez días después, quinquagesimarum autem die, id est dominica, fiesta de Pentecostés, el pueblo durante la mañana se reunía para la misa y para el oficio en la Anástasis, y después en la iglesia del Eleona y más tarde en la del Imbomon, erigida sobre el lugar donde Nuestro Señor subió al cielo. Aquí se sentaban todos, se leían lecciones intercaladas con himnos y antífonas aptae diei ipsi et loco; orationes autem quae interponuntur, semper tales pronuntiationes habent ut et diei et loco conveniunt: legitur etiam Ule locus de evangelio, ubi dicit de ascensu Domini; legitur et denuo de actibus Apostolorum, ubi dicit de ascensu Domini in caelis post resurrectionem. Se va después al Eleona, y ya de noche, con la claridad de las luces, se vuelve procesionalmente a la ciudad. No hay duda que esta narración de Eteria se refiere a la conmemoración litúrgica de la Ascensión, la cual en Jerusalén era considerada todavía en su tiempo como apéndice de la fiesta de Pentecostés.

La misa de esta solemnidad está llena de textos escriturísticos referentes al misterio; se han inserto, sin embargo, en los varios cantos, exceptuando el introito, algunos versículos de los salmos 46 y 47, que expresan el júbilo de los cielos en el triunfo de Cristo de vuelta al Padre. La frase Psallite... ad orientem en el texto de la Commumo, sacada del versículo 33 del salmo 67 según la Vulgata, no responde exactamente al original hebreo; pero quiere ser una invitación a cantar himnos al Señor, el cual cruza los cielos eternos, fúlgido como un sol, en el esplendor de su majestad. El prefacio en la forma actual es la fusión de dos prefacios del leoniano; el texto especial del Communicantes es también del leoniano, pero ligeramente corregido. La fórmula primitiva, que decía Communicantes... qua Dominus noster Unigenitus Filius tuus, unitum sibi hominem nostrae substantiae in gloriae tuae dextera colocavit, fue felizmente cambiada así: Communicantes... unitam sibi fragilitatis nostrae substantiam in gloriae tuae... Capelle ve la mano reformadora de San Gregorio.

Una antigua costumbre romana propia de la fiesta de la Ascensión era la bendición de las habas, uno de los alimentos más usados por el pueblo, y que, como observa Magani, representaba, en cierta manera, las primicias de los nuevos frutos. El sacramentarlo gelasiano contiene la fórmula que debía recitarse, como nota en una rúbrica, ante expletum canonem, es decir, aquellas palabras Per quem hace omnia... Esta bendición desaparece en el gregoriano y sólo se conservó con ligeras variaciones en algunos libros litúrgicos posteriores.

En el Medievo estaba generalmente en uso una procesión, introducida para representar no tanto la marcha de Cristo y de los discípulos al monte de los Olivos, cuanto, como observa Ruperto de Deutz, su entrada triunfal en el cielo. Se salía de la iglesia antes de la misa cantando los Versas, de Teodolfo de Orleáns, Gloria, laus, que se adaptan mejor a la Ascensión que al domingo de Ramos. Esto era ya recordado por San Gregorio de Tours, pero desconocido para los Ordines román. La rúbrica de apagar el cirio pascual en este día después del canto del evangelio fue establecida por Pío V; en un principio se quitaba éste en la dominica in albis, y a veces antes. En la catedral ambrosiana se levanta lentamente en alto para simbolizar la ascensión de Cristo. En algunos iglesias de Alemania, por el contrario, se levantaba un crucifijo.

Si bien la Iglesia latina, a diferencia de la griega, alarga hasta Pentecostés el tiempo pascual, los textos del oficio y de la misa de la Ascensión, que se repiten en los ocho días consecutivos, sólo miran a glorificar el triunfo de Cristo, el cual, colocando a la diestra del Padre su divina humanidad, ha hecho partícipe a todo el género humano de la visión beatífica y ha preparado el corazón de los fieles a la venida del Espíritu Paráclito.


La Fiesta de Pentecostés.

Para los hebreos, desde el tiempo de Moisés, la fiesta de Pentecostés o de las Semanas, como la llama el Pentateuco, porque se celebra precisamente siete semanas después de Pascua, tenía como fin el dar gracias a Dios por la cosecha de cereales, cuya recolección estaba a punto de terminarse; más tarde, la tradición rabínica añadió una conmemoración de la promulgación de la ley sobre el Sinaí, que tuvo lugar cincuenta días después de la salida de los hebreos de Egipto. Pero en la historia evangélica, los cincuenta o pascual debiese acentuarse particularmente en el último día, tanto más que esto tenía, como se dijo, especialísimas razones históricas para ser solemnemente conmemorado. Y es en verdad lo que constatamos en los escritores de los siglos IV y V. En Jerusalén, según cuenta la Peirégriniitio, las funciones se sucedían casi ininterrumpidamente desde la aurora hasta la media noche. San Juan Crisóstomo, en un sermón pronunciado en este día, exclamaba: odie ad ipsum culmen bonorum provecti sumus, ad ipsam metropolim festorum evasimus, ad fructum ipsum dominicae promissionis pervenimus; y en otro pone de relieve la participación del pueblo, que no cabía en la iglesia: Dum enim sanctam Pentecostés celebritatem agimus, tanta concurrit multitudo ut magna hic locorum angustia laboretur. No de otra manera se expresan en Occidente San Ambrosio, San León, San Máximo de Turín y, sobre todo, San Agustín: Adventum Spiritus Sancti — comienza este santo Doctor — anniversaria festivitate celebramus. Huic solemnis congregatio, solemnis lectio, solemnis sermo debetur. Illa dúo persoluta sunt, quia et frequentissími convenistis, et cum legeretur audistis. Reddamus et tertiam...


A este largo desenvolvimiento de la fiesta de Pentecostés contribuyó, en primer lugar, el uso, que al principio del siglo IV comienza a imponerse casi como ley, de reservar a la vigilia nocturna de esta solemnidad la administración del bautismo a aquellos que por algún motivo no habían podido recibirlo en la noche de Pascua. La Peregrinatio calla sobre esta función bautismal supletiva de Pentecostés, pero San Agustín y San León en sus sermones de este día se dirigen varias veces a los neófitos bautizados en la noche precedente.

El servicio litúrgico era casi el de la vigilia pascual; una serie de lecturas, solamente cuatro: Tentavit Deus Abraham...; Et scripsit Moyses canticum hoc...; Apprehendent septem mulleres...; Audi, Israel, mandato vitae, intercaladas con cánticos y oraciones; la bendición de la fuente, seguida del bautismo y de la confirmación de los catecúmenos, y, por último, la misa. La bendición del fuego y del cirio fue en todas partes, excepción hecha de alguna iglesia galicana, excluida por el ritual. Después, hacia los siglos VIII-IX, encontramos que la función nocturna se anticipaba a la tarde del sábado, en algunas partes a la hora sexta, como en Italia, en otras a la hora nona, según nos atestigua Amalario. Además, el XI OR (s.XII) prescribe no sólo cuatro, sino seis lecturas, número que ha quedado todavía en el misal.

El ayuno hoy prescrito en el sábado de Pentecostés, a pesar de la antigua disciplina, que lo excluía rigurosamente del tiempo pascual, es de origen incierto. Algunos creen que es una importación galicana. En Roma, en el siglo V, San León (+ 461) no lo conoce todavía. El más antiguo documento que alude a él es el sacramentarlo leoniano, el cual, en una serie de orationes pridie Pentecostés, habla dos veces del ayuno. También el gelasiano presenta una misa In vigilia Pentecosten, cuya segunda colecta es todavía más explícita: Da nobis, quaesumus, Domine, per gratiam S. Spiritus, novam tui Paracliti spiritalis observantiae disciplinam, ut mentes nostrae, sacro purificatae ieunio, cunctis reddantur eius numeribus aptiores. El ayuno no aparece más en los textos del gregoriano. Pero su observancia en este día fue siempre tenazmente mantenida en toda la Iglesia latina.

lunes 24 de marzo de 2008

¡Que testimonio!




Por qué me convierto del islam al catolicismo
24.03.08 @ 07:43:53. Archivado en 21rs
Querido director: Lo que te voy a contar se refiere a una decisión de fe y de vida personal, que, de ninguna manera, quiere implicar al 'Corriere della Sera', del que me honro en formar parte desde 2003, con el cargo de vicedirector 'ad personam'. Te escribo, por lo tanto, como protagonista de la vivencia y como ciudadano privado. El Domingo por la noche me convertí a la religión católica, renunciando a mi anterior fe islámica.
De esta forma y por la gracia divina, vio la luz el fruto sano y maduro de una larga gestación vivida en medio del sufrimiento y de la alegría, entre la profunda e íntima reflexión y la consciente y manifiesta exteriorización.
Estoy especialmente agradecido a Su Santidad, el Papa Benedicto XVI, que me administró los sacramentos de la iniciación cristiana, Bautismo, Confirmación y Eucaristía, en la Basílica de San Pedro, durante la solemne celebración de la Vigilia Pascual. Y adopté el nombre cristiano más sencillo y explícito: "Cristiano".
Desde el domingo, pues, me llamo Magdi Cristiano Allam. El del domingo fue, para mí, el día más bello de mi vida. Adquirir el don de la fe cristiana en la celebración de la Resurrección de Cristo de manos del Santo Padre es, para un creyente, un privilegio inigualable y un bien inestimable.
A mis casi 56 años, es en mi historia personal un hecho histórico, excepcional e inolvidable, que marca un punto de inflexión radical y definitivo respecto al pasado.
El milagro de la Resurrección de Cristo se ha reflejado en mi alma, liberándola de las tinieblas de una predicación donde el odio y la intolerancia hacia el 'diferente', condenado acríticamente como 'enemigo', priman sobre el amor y el respeto al 'prójimo', que es siempre y en cualquier circunstancia 'persona'.
Al mismo tiempo, mi mente se ha liberado del oscurantismo de una ideología que legitima la sumisión y la tiranía, permitiéndome adherirme a la auténtica religión de la Verdad, de la Vida y de la Libertad. En mi primera Pascua como cristiano, no sólo he descubierto a Jesús, sino que he descubierto, por vez primera, al auténtico y único Dios, que es el Dios de la Fe y de la Razón.
Mi conversión al catolicismo es el punto de llegada de una gradual y profunda reflexión interior, a la que no pude sustraerme, dado que, desde hace cinco años, me veo obligado a llevar una vida blindada, con vigilancia fija en mi casa y con la escolta de los carabineros en todos mis desplazamientos, por culpa de las amenazas y de las condenas a muerte dictadas contra mí por los extremistas y los terroristas islámicos, tanto por los residentes en Italia como por los que viven en el extranjero.
He tenido que interrogarme, pues, sobre la actitud de los que han dictado públicamente fatuas (condenas jurídicas islámicas), denunciándome a mí, que era musulmán, como "enemigo del islam", como "hipócrita cristiano copto que finge ser musulmán para perjudicar al islam" y como "traidor y difamador del islam", legitimando de esta forma mi condena a muerte.
Me he preguntado a menudo cómo es posible que a alguien como yo que luchó de una forma convencida y ardiente por un 'islam moderado', asumiendo la responsabilidad de exponerme en primera persona en la denuncia del extremismo y del terrorismo islámico, haya terminado por ser condenado a muerte en nombre del islam y tras una supuesta legitimación coránica.
Un islam conflictivo
De esta forma me fui dando cuenta de que, más allá de la coyuntura que registra la implantación del fenómeno de los extremistas y del terrorismo islámico en todo el mundo, la raíz del mal está inscrita en un islam que es fisiológicamente violento e históricamente, conflictivo.
Paralelamente, la Providencia me ha ido poniendo en el camino a personas católicas practicantes de buena voluntad que, en virtud de su testimonio y de su amistad, se convirtieron, poco a poco para mí, en punto de referencia en el plano de las certezas de la verdad y de la solidez de los valores.
Comenzando por tantos amigos de Comunión y Liberación, con Don Julián Carrón a la cabeza; por sencillos religiosos como Gabriele Mangiarotti, sor Maria Gloria Riva, Don Carlo Maurizi y el padre Yohannis Lahzi Gaid; o por el redescubrimiento de los salesianos gracias a Don Angelo Tengattini y Don Maurizio Verlezza, culminado en una renovada amistad con el Rector Mayor, Don Pascual Chávez Villanueva; hasta el abrazo de altos prelados de gran humanidad como el cardenal Tarcisio Bertone, monseñor Luigi Negri, Giancarlo Vecerrica, Gino Romanazzi y, sobre todo, monseñor Rino Fisichella, que me ha acompañado personalmente en mi recorrido espiritual de aceptación de la fe cristiana.
Pero indudablemente el encuentro más extraordinario y significativo en la decisión de convertirme fue el que mantuve con el Papa Benedicto XVI, al que siempre he admirado y defendido siendo musulmán, por su maestría a la hora de establecer el vínculo indisoluble entre la fe y la razón como fundamento de la auténtica religión y de la civilización humana, y al que me adhiero plenamente como cristiano por inspirarme una nueva luz en el cumplimiento de la misión que Dios me ha reservado.
Afrontaré mi destino con la cabeza alta
Querido director, me has preguntado si no temo por mi vida, consciente de que la conversión al cristianismo implicará ciertamente una enésima, y mucho más grave, condena a muerte por apostasía. Tienes razón. Sé a lo que me expongo, pero afrontaré mi destino con la cabeza alta y erguida y con la solidez interior del que tiene la certeza de la propia fe.
Y todavía más, después del gesto histórico y valiente del Papa que, desde el primer momento en que tuvo noticias de mi deseo, aceptó de inmediato administrarme en persona los sacramentos de la iniciación al cristianismo.
Su Santidad lanzó un mensaje explícito y revolucionario a una Iglesia que, hasta ahora, quizás haya sido demasiado prudente en la conversión de musulmanes, absteniéndose de hacer proselitismo en los países de mayoría islámica y silenciando la realidad de los conversos en los países cristianos. Por miedo.
Por miedo a no poder ayudar a los conversos frente a la condena a muerte por apostasía y por miedo a las represalias sobre los cristianos residentes en los países musulmanes. Pues bien, hoy, Benedicto XVI, con su testimonio, nos dice que hay que vencer el miedo y no temer a la hora de proclamar la verdad de Jesús incluso a los musulmanes.
Por mi parte, quiero afirmar que es hora de poner fin al puro arbitrio y a la violencia de los musulmanes, que no respetan la libertad religiosa. En Italia, hay miles de conversos al islam que viven serenamente su nueva fe. Pero también hay miles de musulmanes convertidos al cristianismo, que se ven obligados a ocultar su nueva fe por miedo a ser asesinados por los extremistas islámicos, que se ocultan entre nosotros.
Por una de esas casualidades que evocan la mano del Señor, mi primer artículo escrito en el Corriere el 3 de septiembre de 2003 se titulaba Las nuevas catacumbas de los islámicos conversos. Era una investigación sobre algunos neocristianos que, en Italia, denunciaban su profunda soledad espiritual y humana frente a la contumacia de las instituciones del Estado, que no tutelaban su seguridad, y frente al silencio de la propia Iglesia.
Pues bien, quiero que del gesto histórico del Papa y de mi testimonio extraigan el convencimiento de que llegó el momento de salir de las tinieblas de las catacumbas y proclamar públicamente su voluntad de ser plenamente ellos mismos.
Si aquí, en Italia, la cuna del catolicismo, si aquí, en nuestra casa, no somos capaces de garantizar a todos la plena libertad religiosa, ¿cómo podremos ser creíbles cuando denunciamos la violación de dicha libertad en otras partes del mundo? Pido a Dios que esta Pascua especial otorgue la resurrección del espíritu a todos los fieles en Cristo, que, hasta ahora, han estado sojuzgados por el miedo.
Magdi Cristiano Allam

El Santo Padre en Castel Gandolfo


Regina Caeli, il monito del Santo Padre: “Facciamo in modo che l’Alleluia della Risurrezione di Cristo non sia solo una parola ma si imprima davvero in noi”



di Gianluca Barile

CASTEL GANDOLFO (ROMA) - La preghiera del Regina Caeli, che nel tempo di Pasqua sostituisce l'Angelus, "ha la forma diretta di un annuncio: e' come una nuova 'annunciazione' a Maria, fatta questa volta non da un angelo, ma dai cristiani che invitano la Madre a rallegrarsi perche' il suo Figlio e' risorto come aveva promesso". Lo ha spiegato Benedetto XVI ai fedeli che si sono radunati nel cortile della residenza di Castel Gandolfo, dove il Pontefice trascorre qualche giorno di riposo. "Prega il Signore per noi, diciamo a Maria affinche' - ha ricordato il Papa - Colui che, nella risurrezione del suo Figlio, ha ridato la gioia al mondo intero, ci conceda di godere di questa gioia ora e nella vita senza fine". "Dopo il dramma della Passione - ha rilevato Benedetto XVI - risuona un nuovo invito alla gioia: Gioisci e rallegrati, Vergine Maria, alleluia, perche' il Signore e' risorto davvero, alleluia!". "Cari fratelli e sorelle - ha aggiunto - lasciamo che l'alleluia pasquale si imprima profondamente anche in noi, cosi' che non sia soltanto una parola, ma l'espressione della nostra stessa vita: l'esistenza di persone che invitano tutti a lodare il Signore e lo fanno con il loro comportamento da risorti". "L'odierna Giornata di preghiera e di digiuno (‘magari non proprio di digiuno’, ha aggiunto sorridendo il Papa a braccio) per i missionari martiri acquista nella luce di Cristo risorto particolare valore", ha quindi aggiunto Benedetto XVI dopo il Regina Caeli. "Ricordare e pregare per questi nostri fratelli e sorelle, vescovi, sacerdoti, religiosi, religiose e laici caduti lungo il 2007, mentre svolgevano il loro servizio missionario, e' un dovere di gratitudine per tutta la Chiesa e uno stimolo per ciascuno di noi a testimoniare in modo sempre piu' coraggioso la nostra fede e la nostra speranza in Colui che sulla Croce ha vinto per sempre il potere dell’odio e della violenza con l'onnipotenza del suo amore". Il nome dell'arcivescovo caldeo Faraj Rahho, sequestrato in Iraq il 29 febbraio e trovato morto il 13 marzo scorso, si aggiunge al lungo elenco dei missionari uccisi che solo nel 2007 sono stati 21 tra sacerdoti, religiosi, religiose e seminaristi. Secondo l'agenzia vaticana Fides, al primo posto per il maggior numero di vittime tra gli operatori pastorali figura l'Asia. A Mossul, in Iraq, sono stati uccisi il parroco, padre Raghiid Ganni, e tre diaconi: Basman Yousef Daoud, Ghasan Bidawid e Wahid Hanna. Nelle Filippine sono stati uccisi padre Fransiskus Madhu, missionario verbita, e padre Florante Rigonan, sacerdote diocesano, ed un seminarista, rimasto coinvolto in un tentativo di rapina. Nello Sri Lanka, don Nicholaspillai Packiyaranjith e' rimasto ucciso dall'esplosione di una bomba mentre svolgeva la sua opera di assistenza ai rifugiati. In America sono stati uccisi 6 sacerdoti ed 1 religioso. Ad essi si aggiungono due sacerdoti uccisi in Colombia (padre Mario Bianco, dei Missionari della Consolata, e don Jose' Luis Camacho Cepeda), un sacerdote 'Fidei donum' ucciso in Brasile (don Wolfgang Hermann) ed un religioso in Guatemala (Fratel Enrique Alberto Olano Merino). L'Africa ha visto la morte violenta di 3 sacerdoti e di una religiosa: padre Allard Msheyene, suor Anne Thole, padre Martin Addai, don Richard Bimeriki. In Europa sono stati assassinati due sacerdoti, entrambi in Spagna: don Salvador Herandez Seller, con una lunga esperienza missionaria in Ecuador, e don Tomas Perez. Il Regina Caeli ha rappresentato l’occasione per il Papa per lanciare anche un appello per un maggiore impegno nel mondo finalizzato a sconfiggere il ''flagello'' della tubercolosi. ''Sono particolarmente vicino - ha detto Benedetto XVI - ai malati e alle loro famiglie e auspico che cresca l'impegno a livello mondiale per debellare questo flagello''. ''Il mio appello - ha aggiunto - si rivolge soprattutto alle istituzioni cattoliche, affinche' quanti soffrono possano riconoscere, attraverso la loro opera, il Signore Risorto che dona ad essi guarigione, conforto e pace''. Salutando i pellegrini di lingua italiana, Benedetto XVI ha infine rivolto ''un ricordo particolare per le autorita' e gli abitanti di Castel Gandolfo, sempre cosi' ospitali''. ''Grazie per la vostra ospitalità'', ha aggiunto parlando 'a braccio'. ''A tutti e ciascuno - ha detto il Papa - auguro di trascorrere serenamente questo Lunedi' dell'Angelo, in cui risuona con forza l'annuncio gioioso della Pasqua''. Con altre aggiunte al testo predisposto, il Pontefice ha ringraziato i fedeli per la loro presenza ''gioiosa anche in questo giorno''. E anche al Regina Caeli ha scherzato sulla pioggia, che brevemente ha fatto la sua comparsa sulla cittadina laziale: ''Anche il sole - ha concluso - fa ora una breve visita''. Il Papa rimarra' a Castel Gandolfo per tutta la settimana, tornando comunque in Vaticano per l'Udienza Generale del Mercoledi'.

domingo 23 de marzo de 2008

www.santopedia.com

Santopedia.com, la Wikipedia de los santos


(RD/Zenit).-Una Wikipedia para los santos para «conocerlos». Esta es la idea con la que se lanza el proyecto «Santopedia», lanzado por un grupo de jóvenes católicos de Barcelona para «fomentar el conocimiento de los santos» y «la investigación científica y estadística de sus vidas, especialmente de los mártires».

Estos días de Semana Santa han lanzado una primera versión en la web con el objetivo de fomentar la colaboración de personas con buenos conocimientos sobre el santoral.

Nacho Cofré, director del proyecto, dice a Zenit que «la página está en continuo crecimiento, de contenidos y de funcionalidades» y el deseo es «que sea un proyecto muy grande», pero reconoce que por ahora «somos muy poquitos haciéndolo».

«Queremos que la devoción a los santos que promueva nuestra página no sea desde el sentimiento, sino desde el conocimiento. Es por eso que tampoco queremos añadir muchas imágenes ni frases sentimentales o grandes expresiones piadosas. Queremos ser un lugar donde encontrar la vida de los santos escrita objetiva y sobriamente», comenta.

Al igual que proyectos como Wikipedia el lanzamiento de la página no es más que el inicio, pues su riqueza depende de las colaboraciones de sus usuarios.

Ahora bien, sus promotores quieren que sirva también de «enciclopedia, porque creemos que puede ser una herramienta para que investigadores, historiadores o mentes inquietas puedan extraer datos estadísticos y fiables que les ayuden a encontrar lo que buscan», añade Cofré.

«Intentamos que la información sea contrastada al menos en una fuente como el Martirologio Romano antes de subirla. Necesitaremos la ayuda de personas conocedoras para que nos echen una mano contrastando las informaciones, pero esperamos que con el tiempo el número de colaboradores crezca», alienta.

La ventaja de la tecnología utilizada es la de ofrecer listados alfabéticos y prácticos filtros como el país de origen, la orden religiosa a la que pertenecieron los santos, o su estado de vida: papas, obispos, sacerdotes, monjas, laicos, mártires, etc.

El servicio permite suscribirse a un servicio por correo electrónico o a un agregador de noticias RSS para recibir los santos de cada día. Las páginas web pueden añadir a su página una ventana con los santos del día.

Cofré considera que «la cultura en la que vivimos a veces nos hace olvidar uno de grandes tesoros que tiene nuestra Iglesia: los santos. Conocer sus vidas y rogarles su intercesión forma parte de la rica y piadosa tradición de la cultura cristiana».

Sus promotores saben que hay páginas web sobre los santos mucho más ricas y con información de calidad, ahora nace la dimensión colaborativa.

«De momento, ya están introducidos unos 4.000 santos y beatos y creemos que en un año llegaremos a 7.000», concluye su director.

Más información en www.santopedia.com

"Las llagas del mundo" mensaje del Papa


"Las llagas de la Humanidad están en todos los rincones del mundo"

Bajo una lluvia intensa, decenas de miles de personas se han congregado en una plaza de San Pedro repleta de flores para escuchar el mensaje pascual del papa Benedicto XVI, que ha pedido “salvaguardar el bien y la paz” en lugares como el Tíbet o Irak.

Benedicto XVI ha celebrado la misa del Domingo de Resurrección y ha alentado a que se busquen soluciones en el “martirizado Oriente Próximo, especialmente en Tierra Santa” y en algunas zonas africanas como la región sudanesa de Darfur y Somalia.

Durante el mensaje Urbi et Orbi, el Papa ha hablado de las “llagas de la humanidad, abiertas y dolientes en todos los rincones del planeta”, que se producen cuando las relaciones entre personas, grupos y pueblos están marcadas por “el egoísmo, la injusticia, el odio y la violencia, en vez de estarlo por el amor”.

Sin embargo, ha señalado que esas heridas a veces son “ignoradas e intencionadamente escondidas; llagas que desgarran el alma y el cuerpo de innumerables hermanos y hermanas nuestros”. El Papa se refirió a aquellas personas que se comprometen activamente a favor de la Justicia y difunden a su alrededor “signos luminosos de esperanza” en los lugares ensangrentados por los conflictos y dondequiera que la dignidad humana “sea denigrada y vulnerada”. Además, Benedicto XVI ha expresado el anhelo de que precisamente sea en aquellos lugares donde “se multipliquen los testimonios de benignidad y de perdón”.


El papa Benedicto XVI alentó hoy a que se busquen soluciones "que salvaguarden el bien y la paz" en lugares como el Tíbet, "en el martirizado Oriente Medio, especialmente en Tierra Santa", en Irak, el Líbano o en algunas zonas africanas como la región sudanesa de Darfur y Somalia.

Así lo señaló durante su mensaje pascual, con el que terminó los actos de la Semana Santa, y durante el cual tuvo un recuerdo para esos lugares, en los que no puede "dejar de pensar en estos momentos".

Benedicto XVI celebró, ante decenas de miles de personas, la misa del Domingo de Resurrección, en un plaza de San Pedro llena de flores, tras lo que dirigió el mensaje pascual.

Durante el mensaje, Papa habló de las "llagas de la humanidad, abiertas y dolientes en todos los rincones del planeta", que se producen cuando las relaciones entre personas, grupos y pueblos están marcadas por "el egoísmo, la injusticia, el odio y la violencia, en vez de estarlo por el amor".

Sin embargo, señaló que esas heridas a veces son "ignoradas e intencionadamente escondidas; llagas que desgarran el alma y el cuerpo de innumerables hermanos y hermanas nuestros".

El Papa se refirió a aquellas personas que se comprometen activamente a favor de la Justicia y difunden a su alrededor "signos luminosos de esperanza" en los lugares ensangrentados por los conflictos y dondequiera que la dignidad humana "sea denigrada y vulnerada".

Además, expresó el anhelo de que precisamente sea en aquellos lugares donde "se multipliquen los testimonios de benignidad y de perdón".

Toda la ceremonia estuvo marcada por una fuerte e incesante lluvia, a la que el Papa se refirió en diversas ocasiones y pidió que se considerase como un don de Dios para la tierra.

BENDICIÓN URBE ET ORBI DE LA PASCUA

Pasqua, il Messaggio e la Benedizione ‘Urbi et Orbi' di Benedetto XVI: “Cristo è risorto ed è sempre con noi, impegnamoci a portare la Pace e a lenire le piaghe del mondo nel nome di Gesù”

CITTA’ DEL VATICANO - La pioggia battente ha fatto da cornice alla Messa di Pasqua celebrata da Benedetto XVI in una Piazza San Pietro colorata non solo dai Tulipani donati dall’Olanda ma anche dalla distesa di ombrelli colorati dei fedeli. Il Papa ha indossato, per l'occasione, il piviale di Benedetto XV, il Pontefice della prima guerra mondiale da cui ha preso ispirazione al momento di scegliere il nome dopo l’elezione in Conclave. ''Preghiamo che la gioia sia presente tra di noi nonostante queste circostanze''. Benedetto XVI, con queste parole pronunciate 'a braccio' indicando il cielo nel corso del suo messaggio pasquale, ha voluto esorcizzare la pioggia scrosciante. E proprio a causa del maltempo, il Santo Padre non ha letto il suo messaggio dalla loggia centrale della Basilica ma direttamente dal sagrato. ''Anche queste tenebre - ha aggiunto sempre 'a braccio' indicando le nubi cariche di pioggia - oggi sono come luce''. Poi è stata la volta del discorso scritto. ''Quante volte le relazioni tra persona e persona, tra gruppo e gruppo, tra popolo e popolo, invece che dall'amore, sono segnate dall'egoismo, dall'ingiustizia, dall’odio, dalla violenza!''. Questo il monito di Benedetto XVI, che ha invitato i cristiani ad impegnarsi in tutti i luoghi di conflitto e dovunque si manifestino le ''piaghe dell'umanità''. Secondo il Papa, queste piaghe sono ''aperte e doloranti in ogni angolo del pianeta, anche se spesso ignorate e talvolta volutamente nascoste; piaghe che straziano anime e corpi di innumerevoli nostri fratelli e sorelle''. Il Pontefice ha auspicato che esse vengano ''lenite e guarite'' anche dalla ''solidarietà'' di quanti, sulle orme e in nome di Gesu', ''pongono gesti d'amore, si impegnano fattivamente per la giustizia e spargono intorno a se' segni luminosi di speranza nei luoghi insanguinati dai conflitti e dovunque la dignita' della persona umana continua ad essere vilipesa e conculcata''. ''La speranza - ha aggiunto - e' che proprio la' si moltiplichino le testimonianze di mitezza e di perdono!''. A proposito dei significati della festa pasquale, Benedetto XVI, dinanzi a una Piazza San Pietro gremita di fedeli nonostante la pioggia scrosciante, ha affermato che ''la morte e Risurrezione del Verbo di Dio incarnato e' un evento di amore insuperabile, e' la vittoria dell'Amore che ci ha liberati dalla schiavitu' del peccato e della morte. Ha cambiato il corso della storia - ha proseguito -, infondendo un indelebile e rinnovato senso e valore alla vita dell'uomo''. Per il Pontefice, ''dall'odierna solennita', che ci fa rivivere l'esperienza assoluta e singolare della Risurrezione di Gesu', ci viene dunque un appello a convertirci all'Amore; ci viene un invito a vivere rifiutando l'odio e l'egoismo e a seguire docilmente le orme dell'Agnello immolato per la nostra salvezza''. Il Papa ha quindi esortato i cristiani a considerare davvero Gesu' 'la nostra speranza''. ''Fissando lo sguardo dell'animo nelle piaghe gloriose del suo corpo trasfigurato - ha detto -, possiamo capire il senso e il valore della sofferenza, possiamo lenire le tante ferite che continuano ad insanguinare l'umanita' anche ai nostri giorni''. ''Per questo - ha sottolineato - l'umanita' ha bisogno di Cristo: in Lui, nostra speranza, noi siamo stati salvati''. Benedetto XVI ha inoltre chiesto ''la ricerca di soluzioni che salvaguardino il bene e la pace'' nelle regioni del pianeta tormentate da conflitti. Anche la difficile situazione in Tibet, dopo l'appello lanciato mercoledi' scorso al termine dell'Udienza Generale, e' tornata nelle parole del Santo Padre. Il Papa ha auspicato che ''la forza rinnovatrice del Mistero pasquale si manifesti in ciascuno di noi, nelle nostre famiglie, nelle nostre citta' e nelle nostre Nazioni. Si manifesti in ogni parte del mondo''. ''Come non pensare in questo momento - ha evidenziato -, in particolare, ad alcune regioni africane, quali il Darfur e la Somalia, al martoriato Medio Oriente, e specialmente alla Terra Santa, all'Iraq, al Libano, e infine al Tibet, regioni per le quali incoraggio la ricerca di soluzioni che salvaguardino il bene e la pace!''. Benedetto XVI ha pronunciato i suoi auguri pasquali in 63 lingue, tra cui anche l'arabo e il cinese. ''Buona Pasqua a voi, uomini e donne di Roma e d'Italia - ha esordito il Papa -. Accogliamo la pioggia - ha aggiunto 'a braccio' - come un dono di Dio''. ''Abbracciate con fiducia la luce e la grazia del Signore Risorto - ha proseguito il Pontefice - per far rinascere la speranza. Il Signore entri nelle vostre case e induca ciascuno a quella rinascita umana e spirituale che costituisce lo splendore di ogni famiglia, rinnovando sentimenti, propositi e opere di bene''. Oltre che in italiano e in tutte le lingue europee, tra cui il russo, il Papa ha rivolto il suo ''cordiale augurio'' in lingue come l'arabo, l'ebraico, l'aramaico, il cinese, il turco, il birmano, il vietnamita, il cambogiano, il romanes (idioma del popolo rom), il mongolo, l'esperanto e varie lingue africane. La conclusione e' stata affidata al latino con l'annuncio pasquale: ''Resurrexi, et adhuc tecum sum. Alleluja!'' (Sono risorto, sono sempre con te. Alleluja!). A chi ha ricevuto la Benedizione ‘Urbi et Orbi’ in Piazza o attraverso la Tv e la Radio, il Santo Padre ha concesso l'indulgenza plenaria.

¡Alegráos!


¡Aleluya! ¡Resucitó Jesús, el Señor!

sábado 22 de marzo de 2008

Vigilia Pascual




''Il buio, di tanto in tanto, puo' sembrare comodo. Posso nascondermi e passare la mia vita dormendo. Noi pero' non siamo chiamati alle tenebre, ma alla luce''. E ''questa luce'' che ''e' insieme anche fuoco, forza da parte di Dio, una forza che non distrugge'', vuole ''trasformare i nostri cuori affinche' noi diventiamo veramente uomini di Dio e affinche' la sua pace diventi operante in questo mondo''. Nella Chiesa antica, non a caso, il Battesimo veniva chiamato anche il Sacramento dell'illuminazione: la luce di Dio entra in noi; cosi' diventiamo noi stessi figli della luce". Benedetto XVI ha voluto ricordarlo nel corso della solenne Veglia Pasquale nella quale ha conferito in San Pietro il battesimo a sette adulti preparati dal Vicariato di Roma, tra i quali il vice direttore del "Corriere della Sera" Magdi Allam (foto), convertitosi dall'Islam e che vive sotto scorta dopo le numerose minacce ricevute da vari gruppi fondamentalisti. "La luce della verita' che ci indica la via - ha scandito il Papa - non vogliamo lasciare che si spenga. Vogliamo proteggerla contro tutte le potenze che intendono estinguerla per rigettarci nel buio su Dio e su noi stessi. Questa luce e' insieme anche fuoco, forza da parte di Dio, una forza che non distrugge, ma vuole trasformare i nostri cuori, affinche' noi diventiamo veramente uomini di Dio e affinche' la sua pace diventi operante in questo mondo". "Nel Battesimo - ha continuato il Pontefice rivolto ai neo cristiani, tra i quali ci sono, oltre a Magdi Allam, un uomo e cinque donne provenienti dall'Italia, dalla Cina, dal Camerun, dal Peru' e dagli Stati Uniti - voi diventate un'unita', si', una cosa sola con Lui, e cosi' una cosa sola tra di voi: quanto piu' vivrete la vita da battezzati, tanto piu' potrete sperimentare la verita' di questa parola, che non e' solo teorica. Le persone battezzate e credenti non sono mai veramente estranee l'una per l'altra. Possono separarci continenti, culture, strutture sociali o anche distanze storiche. Ma quando ci incontriamo, ci conosciamo in base allo stesso Signore, alla stessa fede, alla stessa speranza, allo stesso amore, che ci formano". Nella suggestiva cornice della Veglia Pasquale, Benedetto XVI ha poi fatto rivivere in San Pietro l'antica tradizione per la quale il celebrante dopo l'omelia esortava i credenti esclamando: "Conversi ad Dominum", cioe' "Volgetevi ora verso il Signore". "Cio' - ha spiegato - significava innanzitutto che essi si volgevano verso Est, nella direzione del sorgere del sole come segno del Cristo che torna, al quale andiamo incontro nella celebrazione dell'Eucaristia. Ma, in definitiva, si trattava di questo fatto interiore: della 'conversio', del volgersi della nostra anima verso Gesu' Cristo e cosi' verso il Dio vivente, verso la luce vera. Era collegata con cio' poi l'altra esclamazione che ancora oggi, prima del Canone, viene rivolta alla comunita' credente: 'Sursum corda', cioe': in alto i cuori, fuori da tutti gli intrecci delle nostre preoccupazioni, dei nostri desideri, delle nostre angosce, della nostra distrazione: in alto i vostri cuori, il vostro intimo". "In ambedue le esclamazioni - ha sottolineato il Papa - veniamo in qualche modo esortati ad un rinnovamento del nostro Battesimo: sempre di nuovo dobbiamo distoglierci dalle direzioni sbagliate, nelle quali ci muoviamo cosi' spesso con il nostro pensare ed agire. Sempre di nuovo dobbiamo volgerci verso di Lui, che e' la Via, la Verita' e la Vita. Sempre di nuovo dobbiamo diventare dei 'convertiti', rivolti con tutta la vita verso il Signore. E sempre di nuovo dobbiamo lasciare che il nostro cuore sia sottratto alla forza di gravita', che lo tira giu', e sollevarlo interiormente in alto: nella verita' e l'amore. In questa ora - ha concluso Benedetto XVI - ringraziamo il Signore, perche' in virtu' della forza della sua parola e dei Santi Sacramenti Egli ci orienta nella direzione giusta e attrae verso l'alto il nostro cuore. E lo preghiamo cosi': Si', Signore, fa che diventiamo persone pasquali, uomini e donne della luce, ricolmi del fuoco del tuo amore". Magdi Allam, dunque, e’ diventato ufficialmente cattolico nel modo più clamoroso, ricevendo i sacramenti cristiani (Battesimo, Prima Comunione e Cresima) direttamente dalle mani del Papa. La decisione del giornalista è stata resa pubblica poco prima della Veglia di Pasqua dal Vaticano. A proposito della decisione di Allam, il direttore della sala stampa della Santa Sede, padre Federico Lombardi, ha sottolineato che "per la Chiesa Cattolica ogni persona che chiede di ricevere il Battesimo dopo una profonda ricerca personale, una scelta pienamente libera e un'adeguata preparazione, ha il diritto di riceverlo. Per parte sua - ha aggiunto il portavoce vaticano - il Santo Padre amministra il Battesimo senza fare differenza di persone, cioe' considerando tutti ugualmente importanti davanti all'amore di Dio e benvenuti nella comunita' della Chiesa". Come e' noto, ha concluso Lombardi, "il Santo Padre amministra normalmente il sacramento del Battesimo in due circostanze liturgiche. Nella festa del Battesimo del Signore, nella Cappella Sistina, amministra il battesimo a un gruppo di bambini neonati. Nella Veglia pasquale invece amministra il Battesimo e gli altri due sacramenti della iniziazione cristiana (Confermazione e Comunione) a un gruppo di adulti di diversa nazionalita' e condizione, che hanno compiuto il necessario cammino di preparazione spirituale e catechetica, che nella tradizione cristiana si chiama catecumenato". Magdi Allam, nato al Cairo nel 1952, giornalista e saggista, e' attualmente editorialista e vicedirettore 'ad personam' del Corriere della Sera. In passato ha collaborato anche con i quotidiani Il Manifesto e La Repubblica. E' laureato in sociologia all'Universita' La Sapienza di Roma e si occupa di tematiche legate al Vicino Oriente e ai rapporti tra questo e l'Occidente. Da piccolo, in Egitto, la madre lo fece studiare in un collegio cattolico italiano, dove acquisto' familiarita' con la cultura italiana e occidentale e la religione cattolica (che tuttavia all'epoca non abbraccio'). Una volta cresciuto, decise di emigrare in Italia. Giornalista di fama nazionale, Magdi Allam e' uno dei partecipanti piu' influenti e in vista nel dibattito del rapporto tra Occidente e mondo arabo, argomento al quale ha dedicato diversi libri e del quale discute spesso come invitato ai principali talk-show politici. In qualita' di editorialista e inviato speciale, si occupa degli eventi politici, economici, sociali e culturali dell'area mediorientale, comprese le tematiche trasversali come il terrorismo, l'Islam, l'immigrazione, il confronto fra le civilta' e i rapporti Nord-Sud. Le sue posizioni, spesso molto vicine a quelle dei critici piu' severi del mondo islamico (dura condanna di numerose associazioni islamiche da lui ritenute estremiste, proposta del divieto di costruire nuove moschee, elaborate teorie riguardanti asseriti rapporti occulti tra moschee e gruppi terroristici che ne avrebbero in alcuni casi anche finanziato la costruzione), non mancano di suscitare dibattiti tra i difensori piu' strenui dell'identita' dell'Occidente e le posizioni piu' aperte verso l'influsso delle altre culture. I suoi ammiratori lo hanno citato spesso come modello di musulmano moderato e di arabo perfettamente integrato nel mondo, nella cultura e nel sistema di valori propri dell'Occidente. Per i suoi detrattori si tratta invece di un personaggio che alimenta ostilita' e sospetti. Nel 2006, Allam ha vinto il premio giornalistico Dan David, istituito dall'omonima fondazione israeliana. Il 4 luglio scorso, in Piazza Santi Apostoli, a Roma, promosse una manifestazione per la difesa dei cristiani negli stati arabi e musulmani, nata da un suo appello sul Corriere della Sera. Tra i suoi libri, ''Vincere la paura'', ''Io amo l'Italia. Ma gli Italiani la amano?'', ''Viva Israele''. Prima di ricevere dal Papa i sacramenti del Battesimo, della Cresima e della prima Comunione, Magdi Allam ha compiuto il cammino di preparazione spirituale e catechetica degli adulti, che nella tradizione cristiana si chiama ''catecumenato'', a cura del Vicariato di Roma. Per testimoniare la sua conversione al cattolicesimo, Allam ha anche cambiato nome: d'ora in poi si chiamerà Cristiano.

Estaba la Madre dolorosa


I.- "STABAT MATER DOLOROSA"

"Estaba la Madre Dolorosa llorando al pie de la cruz
de la que pendía su Hijo. Su alma gimiente, contrita y doliente le atravesaba una espada. ¡Oh cuán triste y aflijida se hallaba esta bendita Madre del Unigénito! Se acongojaba y se dolía, la piadosa Madre, al contemplar los sufrimientos de su excelso Hijo.

II.- "QUI EST HOMO QUIEN NON FIERET" ¿Qué hombre no lloraría, si viera a la Madre de Cristo en tal suplicio? ¿Quién podría dejar de sufrir, al contemplar a la Madre de Cristo, doliente con su Hijo? Por los pecados de su pueblo veía a Jesús entre tormentos, sometido por los azotes. Veía a su dulce Hijo muriendo abandonado, mientras entregaba su alma.

III.- "O EIA, MATER, FONS AMORIS" ¡Oh Madre!, fuente de amor hazme sentir tu dolor para que llore contigo. Haz que arda mi corazón en amor a Cristo Dios para así complacerlo. Santa Madre, haz esto: graba las llagas del Crucificado fuertemente en mi corazón. De tu Hijo lacerado, que se dignó sufrir por mi, comparte conmigo sus penas.

IV.- "FAC ME TECUM PUE FIERE" Hazme llorar piadosamemte contigo condoliéndome del crucificado mientras dure mi vida. Quiero estar contigo junto a la cruz y a ti deseo unirme en el llanto.

V.- "VIRGO VIRGINIUM PLAECLARA" Virgen plecara entre las vírgenes, no seas ya rigurosa conmigo; déjame llorar contigo. Hazme portar la muerte de Cristo, partícipe de su pasión y que renueve sus llagas. Haz que me laceren sus heridas, haz que me embriague con la cruz y la sangre de tu Hijo. Para no arder por las llamas que sea defendido por ti, Virgen, en el día del juicio.

Para la meditación


Sábado Santo (22 03. 08). Signos de la muerte, promesa de vida


El mismo relato de la muerte de Jesús en Mc 15 incluye una seria de signos que expresan el sentido misterioso de esa muerte. Por eso, para entenderla, los cristianos han ido a la Biblia. Sólo así han podido entender algo y asumir de alguna forma lo que pasó en la oscuridad de la Cruz, ante la Cruz, como expresión de un camino y presencia de Dios. En esa línea, varios textos y signos del entorno de la cruz de Jesús, que no deben entenderse al pie de la letra, en sentido historicista, sino como signos religiosos, misteriosos, del sentido de la muerte. Pueden servir de meditación hasta la Vigilia de Pascua.
1. Título: el nazoreo crucificado. La tradición ha conservado dos versiones del título o letrero con la “causa” de la condena de Jesús. Marcos ofrece la versión más simple: “El Rey de los judíos” (Mc 25, 26; cf. Mt 27, 27; Lc 23, 38). El evangelio de Juan ofrece una versión más amplia y afirma que el título estaba escrito en hebreo (arameo), en latín y griego, diciendo: “Jesús el Nazoreo el Rey de los judíos” (Jn 19, 19). Es muy posible que Juan conserve aquí, como en otros casos, un recuerdo histórico más preciso que Marcos (que, según he dicho en cap. 4, parecía evitar el término nazoreo). El mismo Pilato, que mantiene el título de la cruz a pesar de la protesta de los sacerdotes, define aquí a Jesús como “nazoreo” (tema que no se discute) y como “rey de los judíos” (apelativo que los sacerdotes no aceptan, pues no quieren que Jesús aparezca como tal). Los sacerdotes rechazan a Jesús como rey judío, pero dejan que Pilatos le llamo nazoreo. De un modo significativo, en el momento clave del prendimiento, los agentes de la autoridad le llaman “el nazoreo” (suponiendo que ese título tuviera algo que ver con el prendimiento: Jn 18, 5. 7). De un modo semejante, Mt 26, 71 presenta a Jesús, que está siendo juzgado, como el “nazoreo”. Ciertamente, es difícil precisar hoy el sentido de ese “título” (cap. 4), pero todo nos permite afirmar que el prendimiento y muerte de Jesús ha tenido algo que ver con su condición de nazoreo, es decir, de pretendiente mesiánico .
2. Los dos bandidos: “Con él crucificaron a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda” (Mc 15, 27). El texto les llama lêstai, palabra que puede significar malhechores comunes (ladrones) o activistas políticos (bandidos, en sentido técnico). Marcos sigue diciendo que también ellos rechazaban a Jesús, porque no había formado parte de su movimiento (cf. 15, 32). Lucas les distingue, haciendo a uno bueno y a otro malo (cf. Lc 23, 38-43). No es fácil saber si el dato es histórico, aunque me inclino a pensar que lo es. Pero, siendo histórico, tiene un evidente sentido teológico (igual que la figura de Barrabás, cf. cap. 20). Sus discípulos le han abandonado al final y, por eso, Jesús no ha muerto rodeado por la cruces de Pedro y Juan Zebedeo (o de los Doce), como he destacado en cap. 21 (y como sería lógico si él hubiera sido un líder nazireo (guerrero carismático) armado, como Sansón. Significativamente, sus discípulos “oficiales” le han abandonado (quizá porque no han visto en él, al fin, aquello que esperaban). Por su parte, por lo que parece, Pilatos y los sacerdotes no han intentado matar los discípulos de Jesús, sino que les han dejado marchar, lo que supone que no les han tomado como peligrosos (o que han sabido que ellos se habían distanciado al fin de su “maestro”). La tradición cristiana no ha escondido este dato, sino que lo ha puesto de relieve, mostrando, de un modo coherente, que Jesús ha muerto ajusticiado precisamente al lado de aquellos por quienes ha vivido, con los rechazados de la sociedad (por causas económicas, sociales o políticas, que, al fin, parecen ser equivalentes). Su muerte se inscribe entre las muertes y asesinatos de millones de personas, dentro de la historia de la violencia humana.
3. El rechazo y burla de los que pasan (con los sacerdotes). Es un tema que ha sido muy destacado por los evangelios (Mc 15, 38-43 par). Parece poco probable que tenga un sentido histórico, de manera que debe tomarse como “adaptación” de un motivo bíblico (cf. Sal 22, 5; 109, 25), es decir, como una “profecía historizada” y como una interpretación de lo que sucedía en el fondo de la crucifixión. En principio, los que rechazan a Jesús son los que pasan, pero el mismo Marcos cita ya, de un modo especial, a los sacerdotes (Mc 15,31), lo que es difícil de aceptar como dato histórico: no les imaginamos a los sacerdotes rodeando en corro a Jesús crucificado y burlándose de él. Avanzando en la línea de Marcos, desde su propia visión (¡teológica!) de las autoridades de Israel, Mateo hace que se burlen de Jesús ante la cruz todos los miembros del Sanedrín (Mt 27, 41), cosa totalmente inverosímil. Ese motivo ha de entenderse de un modo simbólico: los sacerdotes del templo (y jerarcas oficiales de Jerusalén) han mantenido hasta el final su actitud contraria a Jesús, como representantes de un tipo de judaísmo que no puede (no quiere) aceptarle. Ellos no son todo el judaísmo, sino una línea de autoridad judía que termina tras la caída del templo (año 70 d. C.). El conjunto del judaísmo y en especial el que nace y/o se consolida tras el 70 d. C. no tiene nada que ver con los que procuraron la muerte de Jesús. Pero, a los ojos de la comunidad cristiana, con la muerte de Jesús, el judaísmo sacrificial de los sacerdotes ha perdido su sentido. Con algunas variantes, muchos judíos posteriores podrían haber dicho lo mismo.
4. El velo del templo se ha rasgado (Mc 15, 38 par). Es un signo teológico que marca el final de la separación religiosa entre el interior del santuario de Jerusalén (lugar sagrado) y el mundo exterior (ratificando el rechazo de los sacerdotes). Si el velo se ha rasgado y ya todos (judíos y no judíos) pueden pasar al interior, el templo deja de ser el signo privilegiado de la presencia de Dios. Así lo suponen los evangelios, afirmando que se ha cumplido la profecía de Jesús, cuando anunciaba la caída del templo (cf. Mc 14, 58 par). Tampoco este signo puede tomarse de un modo historicista, pues el templo siguió estando allí, con su velo de separación (sin ese velo/puerta hubiera cambiado su sentido), hasta que fue quemado en la guerra del 70 d. C. Pero, conforme a la visión de Marcos y del conjunto del Nuevo Testamento, el velo del Santo de los Santos se rasgó y el templo perdió su función, como Jesús lo había predicho, y como lo exigía, de algún modo, todo el mensaje del Reino (tema recogido en otro contexto por Ap 11, 19). Los sacerdotes del templo han querido y buscado la muerte de Jesús (de tal forma que incluso se burlan de él cuando muere). Pues bien, precisamente allí donde le matan, ellos se destruyen a sí mismos y pierden su función, pues el velo de su templo se rasga y los sacrificios pierden su sentido (como ha desarrollado de forma impresionante la Carta a los Hebreos). De ahora en adelante, los hombres y mujeres podrán encontrar a Dios por medio de Jesucristo.
5. La fe de Centurión. Viendo morir a Jesús, el jefe de la tropa romana, encargada de la ejecución y el mantenimiento del orden ante la cruz, confiesa que es Hijo de Dios (Mc 15, 39 par). Ese signo indica la capacidad de comprensión sagrada de un centurión (del imperio) de Roma (signo de todos los pueblos/poderes gentiles), en contra de los sacerdotes del templo que se han reído de Jesús hasta el final. Ciertamente, la palabra del centurión (¡En verdad, este hombre era hijo de Dios!: Mc 15, 39) no tiene por qué interpretarse en sentido cristiano, pues el paganismo podía venerar a muchos hijos de Dios (huios theou, sin artículo). Pero ella evoca el respeto que puede sentir la misma Roma ante un hombre que muere como Jesús. De todas formas, esa palabra del centurión difícilmente puede tomarse como histórica, en un sentido externo, al pie de la letra (tampoco parece histórica la nota donde se dice que unos soldados custodiaron el sepulcro de Jesús: cf. Mt 27, 62-66). Pero tiene mucha importancia. En contra de lo que dirá el Apocalipsis de Juan, una línea de tradición cristiana (que está en el fondo de este pasaje), sabe que los soldados de Roma, en cuanto tales (como personas) no son sin más unos malvados. Más aún, en contra de lo que sucede con los sacerdotes del templo, los soldados del imperio pueden convertirse y aceptar el carácter divino de Jesús. Por otra parte, los evangelios afirman que con la muerte de Jesús se rasgó y rompió (¡simbólicamente!) el velo del templo, pero no dicen nada de las columnas del Capitolio o Senado de Roma, que no se rasgan, ni caen, como podía suponerse, por paralelismo entre Templo e Imperio
6. El signo de los sepulcros que se abren (Mt 27, 51-54). Tampoco puede tomarse como hecho externo, sino como una experiencia radical de fe, que sirve para anticipar teológicamente la llegada del fin de los tiempos. Mateo vincula este signo con los anteriores. Así dice el texto: «El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló, y las rocas se partieron. Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de hombres santos que habían muerto se levantaron; y salidos de los sepulcros después de la resurrección de él, fueron a la ciudad santa y aparecieron a muchos. Y el Centurión…» (cf. Mt 27, 50-55). La muerte de Jesús suscita el gran “terremoto”, la transformación última de la realidad, viniendo a presentarse así como el comienzo de la resurrección universal, anunciada por los profetas, que debe realizarse en la “ciudad santa”, que es un signo de la nueva Jerusalén. La muerte de Jesús aparece así como principio y cumplimiento de la esperanza escatológica de Israel. Allí donde Jesús muere, por fidelidad al Reino de Dos, los muertos comienzan a resucitar, aunque no haya llegado aún (pero está llegando ya) el fin de los tiempos. En ese intervalo entre la muerte de Jesús y la resurrección final, en este tempo de comienzo de resurrección, estamos viviendo, según ese pasaje de Mateo .
7 Una muerte piadosa y salvadora. El evangelio de Lucas introduce en el relato de la muerte de Jesús dos palabras significativas, que reflejan la tradición del evangelista más que la historia de aquello que pasó. (1) Una es la promesa de salvación: Jesús dijo al buen ladrón “hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23, 43), indicando así que él era, ya en la cruz, el Señor de la vida y mostrando que su muerte es comienzo de reconciliación final (vuelta al paraíso, que comienza ya, hoy mismo). (2) Otra es la fidelidad religiosa. El Jesús de Marcos y Mateo muere gritando a Dios (¿por qué mas abandonado?); por el contrario, el Jesús de Lucas (cf. Lc 23, 46) expira piadosamente, cumpliendo su camino y entregándose a Dios: ¡Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu! (en una línea que culminará en Jn 19, 30 ¡Todo está cumplido!). De esa manera presenta Lucas la muerte de Jesús con un ejemplo de piedad para los cristianos; sus palabras son históricas en un sentido radical, desde la fe de los creyentes. De un modo semejante, el evangelio de Juan (Jn 19, 19-42) interpreta la cruz de Jesús como victoria de Dios sobre la muerte. La Cruz ha venido a convertirse para el Cuarto Evangelio y para gran parte de la Iglesia posterior en un trono de gloria; no es ya la cruz de un crucificado, en esta ribera de la historia, sino la Cruz de un Resucitado, que marca y dirige desde ella el sentido de toda la historia. Ésta es una espléndida visión cristiana del sentido de la muerte de Jesús, pero ella no puede tomarse como realidad histórica, en el sentido externo de la palabra.

Tomado del blog de Pikaza (periodista digital)

viernes 21 de marzo de 2008

Sábado Santo: junto al Señor muerto en el sepulcro. La Iglesia espera...


El sábado Santo, es día de contemplación del Señor muerto para nuestra salvación. Toda la Iglesia está centrada en la esperanza de una nueva luz. Por ello los signos penitenciales llegan por arrastre al sábado, es un día de espera, de serena plegaria ante el Señor sepultado. Todo en los templos habla de un gran desierto: faltan los manteles, las imágenes veladas, sin flores, solo la Cruz, o el Cristo yacente. En la gradualidad del drama de la pasión, la Iglesia en su sabiduría va haciendo un uso limitado del Sacramento de la Eucaristía, hasta su desaparición en la Misa de presantificados. Esta ausencia es totalmente elocuente.

Homilía del P. Cantalamesa en la Celebración de la Pasión frente al Papa



1. «¡Sed, cristianos, más firmes al moveros!»
«Vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas» (2 Tm 4, 3-4)
Esta palabra de la Escritura –sobre todo la alusión al prurito de oír cosas nuevas– se está realizando de modo nuevo e impresionante en nuestros días. Mientras nosotros celebramos aquí el recuerdo de la Pasión y Muerte del Salvador, millones de personas son inducidas por hábiles retocadores de antiguas leyendas a creer que Jesús de Nazaret nunca fue, en realidad, crucificado. En los Estados Unidos hay un best seller del momento, una edición del Evangelio de Tomás, presentado como el evangelio que «nos evita la crucifixión, hace innecesaria la resurrección y no nos obliga a creer en ningún Dios llamado Jesús» [1].
«Existe una percepción penosa en la naturaleza humana –escribía hace años el mayor estudioso bíblico de la historia de la Pasión, Raymond Brown–: cuanto más fantástico es el escenario imaginado, más sensacional es la propaganda que recibe y más fuerte el interés que suscita. Personas que jamás se molestarían en leer un análisis serio de las tradiciones históricas sobre la pasión, muerte y resurrección de Jesús, son fascinadas por cada nueva teoría según la cual Él no fue crucificado y no murió, especialmente si la continuación de la historia incluye su fuga con María Magdalena hacia La India... [o hacia Francia, según la versión más actualizada]… Estas teorías demuestran que cuando se trata de la Pasión de Jesús, a pesar de la máxima popular, la ficción supera la realidad y frecuentemente, se pretenda o no, es más rentable» [2].
Se habla mucho de la traición de Judas, y no se percibe que se está repitiendo. Cristo sigue siendo vendido, ya no a los jefes del Sanedrín por treinta denarios, sino a editores y libreros por miles de millones de denarios... Nadie conseguirá frenar esta ola especulativa que, es más, registrará una crecida con la inminente salida de cierta película; pero habiéndome ocupado durante años de Historia de los Orígenes Cristianos, siento el deber de llamar la atención sobre un equívoco descomunal que está en el fondo de toda esta literatura pseudohistórica.
Los evangelios apócrifos sobre los que se apoya son textos conocidos de siempre, en todo o en parte, pero con los que ni siquiera los historiadores más críticos y hostiles hacia el cristianismo pensaron jamás, antes de hoy, que se pudiera hacer historia. Sería como si dentro de algún siglo se pretendiera reconstruir la historia actual basándose en novelas escritas en nuestra época.
El error garrafal consiste en el hecho de que se utilizan estos escritos para hacerles decir exactamente lo contrario de lo que pretendían. Estos forman parte de la literatura gnóstica del siglo II y III. La visión gnóstica --una mezcla de dualismo platónico y de doctrinas orientales revestida de ideas bíblicas-- sostiene que el mundo material es una ilusión, obra del Dios del Antiguo Testamento, que es un dios malo, o al menos inferior; Cristo no murió en la cruz porque jamás había asumido, más que en apariencia, un cuerpo humano, siendo éste indigno de Dios (docetismo).
Si Jesús, según el Evangelio de Judas, del que se ha hablado mucho estos días, ordena Él mismo al apóstol que le traicione es porque, muriendo, el espíritu divino que está en Él podrá finalmente liberarse de la implicación de la carne y volver a subir al cielo. El matrimonio orientado a los nacimientos hay que evitarlo (encratismo); la mujer se salvará sólo si el «principio femenino» (thelus) personificado por ella se transforma en el principio masculino, esto es, si deja de ser mujer [3].
¡Lo cómico es que actualmente hay quien cree ver en estos escritos la exaltación del principio femenino, de la sexualidad, del pleno y desinhibido goce de este mundo material, en polémica con la Iglesia oficial que, con su maniqueísmo, siempre habría conculcado todo ello! El mismo equívoco que se observa a propósito de la doctrina de la reencarnación. Presente en las religiones orientales como un castigo debido a culpas precedentes y como aquello a lo que se anhela poner fin con todas las fuerzas, aquella es acogida en occidente como una maravillosa posibilidad de volver a vivir y a gozar indefinidamente de este mundo.
Son asuntos que no merecerían tratarse en este lugar y en este día, pero no podemos permitir que el silencio de los creyentes sea tomado por vergüenza y que la buena fe (¿o la necedad?) de millones de personas sea burdamente manipulada por los medios de comunicación sin levantar un grito de protesta en nombre no sólo de la fe, sino también del sentido común y de la sana razón. Es el momento, creo, de volver a oír la advertencia de Dante Alighieri:
«Sed, cristianos, más firmes al moveros: no seáis como pluma a cualquier soplo, y no penséis que os lave cualquier agua.
Tenéis el antiguo y nuevo Testamento, y el pastor de la Iglesia que os conduce; y esto es bastante ya para salvaros…
¡Sed hombres, y no ovejas insensatas!». [4]
2. ¡La Pasión ha precedido a la Encarnación!
Pero dejemos de lado estas fantasías, que tienen todas una explicación común: estamos en la era de los medios de comunicación, y a los medios más que la verdad les interesa la novedad. Concentrémonos en el misterio que estamos celebrando. El mejor modo de reflexionar, este año, en el misterio del Viernes Santo sería releer por entero la primera parte de la Encíclica del Papa «Deus caritas est». Al no poder hacerlo aquí, desearía al menos comentar algunos pasajes suyos que se refieren más directamente al misterio de este día. Leemos en la encíclica:
«Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo, del que habla Juan, ayuda a comprender lo que ha sido el punto de partida de esta Carta encíclica: “Dios es amor”. Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar» [5].
Sí, ¡Dios es amor! Si todas las Biblias del mundo, se ha dicho, fueran destruidas por alguna catástrofe o furor iconoclasta y quedara sólo una copia, y también ésta estuviera tan dañada que sólo quedara una página entera, e igualmente esta página estuviera tan estropeada que sólo se pudiera leer una línea: si tal línea es la de la Primera Carta de Juan, donde está escrito: «¡Dios es amor!», toda la Biblia se habría salvado, porque todo el contenido está ahí.
El amor de Dios es luz, es felicidad, es plenitud de vida. Es el torrente que Ezequiel vio salir del templo y que, donde llega, sana y suscita vida; es el agua que sacia toda sed prometida a la samaritana. Jesús también nos repite a nosotros, como a ella: «¡Si conocieras el don de Dios!». Viví mi infancia en una casa de campo a pocos metros de un tendido eléctrico de alta tensión, pero nosotros vivíamos a oscuras o a la luz de las velas. Entre nosotros y el tendido estaba el ferrocarril, y, con la guerra en marcha, nadie pensaba en superar el pequeño obstáculo. Así ocurre con el amor de Dios: está ahí, al alcance de la mano, capaz de iluminar y caldear todo en nuestra vida, pero pasamos la existencia en la oscuridad y el frío. Es el único motivo verdadero de tristeza de la vida.
Dios es amor, y la cruz de Cristo es la prueba suprema de ello, la demostración histórica. Hay dos modos de manifestar el propio amor hacia alguien, decía un autor del oriente bizantino, Nicolás Cabasilas. El primero consiste en hacer el bien a la persona amada, en hacerle regalos; el segundo, mucho más comprometido, consiste en sufrir por ella. Dios nos amó en el primer modo, o sea, con amor de generosidad, en la creación, cuando nos llenó de dones, dentro y fuera de nosotros; nos amó con amor de sufrimiento en la redención, cuanto inventó su propio anonadamiento, sufriendo por nosotros los más terribles padecimientos, a fin de convencernos de su amor [6]. Por ello, es en la cruz donde se debe contemplar ya la verdad de que «Dios es amor».
La palabra «pasión» tiene dos significados: puede indicar un amor vehemente, «pasional», o bien un sufrimiento mortal. Existe una continuidad entre las dos cosas y la experiencia diaria muestra cuán fácilmente se pasa de una a la otra. Así fue también, y antes que nada, en Dios. Hay una pasión –escribió Orígenes– que precede a la encarnación. Es «la pasión de amor» que Dios desde siempre alimenta hacia el género humano y que, en la plenitud de los tiempos, le llevó a venir a la tierra y padecer por nosotros [7].
3. Tres órdenes de grandeza
La encíclica «Deus caritas est» indica un nuevo modo de hacer apología de la fe cristiana, tal vez el único posible hoy y ciertamente el más eficaz. No contrapone los valores sobrenaturales a los naturales, el amor divino al amor humano, el eros al agapé, sino que muestra su armonía originaria, que siempre hay que redescubrir y sanar a causa del pecado y de la fragilidad humana. «El eros –escribe el Papa– quiere remontarnos “en éxtasis” hacia lo divino, llevarnos más allá de nosotros mismos, pero precisamente por eso necesita seguir un camino de ascesis, renuncia, purificación y recuperación» [8]. El Evangelio está, sí, en concurrencia con los ideales humanos, pero en el sentido literal de que acude a su realización: los sana, los eleva, los protege. No excluye el eros de la vida, sino el veneno del egoísmo del eros.
Existen tres órdenes de grandeza, dijo Pascal en un célebre pensamiento [9]. El primero es el orden material o de los cuerpos: en él sobresale quien tiene muchos bienes, quien está dotado de fuerza atlética o de belleza física. Es un valor que no hay que despreciar, pero el más bajo. Por encima de él está el orden del genio y de la inteligencia, en el que se distinguen los pensadores, los inventores, los científicos, los artistas, los poetas. Éste es un orden de calidad diferente. Al genio no le añade ni le quita nada ser rico o pobre, guapo o feo. La deformidad física de su persona no quita nada a la belleza del pensamiento de Sócrates y de la poesía de Leopardi.
Éste del genio es un valor ciertamente más elevado que el precedente, pero no aún el supremo. Por encima de él existe otro orden de grandeza, y es el orden del amor, de la bondad (Pascal lo llama el orden de la santidad y de la gracia). Una gota de santidad –decía Gounod– vale más que un océano de genio. Al santo no le añade ni le quita nada ser guapo o feo, docto o iletrado. Su grandeza es de un orden distinto.
El cristianismo pertenece a este tercer nivel. En la novela Quo vadis, un pagano pregunta al apóstol Pedro, recién llegado a Roma: «Atenas nos ha dado la sabiduría, Roma el poder; vuestra religión, ¿qué nos ofrece?». Y Pedro le responde: ¡el amor! [10]. El amor es lo más frágil que existe en el mundo; se le representa, y lo es, como un niño. Se le puede dar muerte con muy poco, como –lo hemos contemplado con horror en Italia en las pasadas semanas– se puede hacer con un niño. Sabemos por experiencia en qué se convierten el poder y la ciencia, la fuerza y el genio, sin el amor y la bondad...
4. Amor que perdona
«El eros de Dios para con el hombre –prosigue la encíclica–, es a la vez agapé. No sólo porque se da del todo gratuitamente, sin ningún mérito anterior, sino también porque es amor que perdona» (n.10).
También esta cualidad resplandece en el grado máximo en el misterio de la cruz. «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos», había dicho Jesús en el cenáculo (Jn 15,13). Se desearía exclamar: Sí que existe, oh Cristo, un amor mayor que dar la vida por los amigos. ¡El tuyo! ¡Tú no diste la vida por tus amigos, sino por tus enemigos! Pablo dice que a duras penas se encuentra quién esté dispuesto a morir por un justo, pero se encuentra. «Por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; más la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros»; «Cristo murió por los impíos en el tiempo señalado» (Rm 5,6-8).
Sin embargo no se tarda en descubrir que el contraste es sólo aparente. La palabra «amigos» en sentido activo indica aquellos que te aman, pero en sentido pasivo indica aquellos que son amados por ti. Jesús llama a Judas «amigo» (Mt 26,50) no porque Judas le amara, ¡sino porque Él le amaba! No hay mayor amor que dar la propia vida por los enemigos, considerándoles amigos: he aquí el sentido de la frase de Jesús. Los hombres pueden ser, o dárselas de enemigos de Dios; Dios nunca podrá ser enemigo del hombre. Es la terrible ventaja de los hijos sobre los padres (y sobre las madres).
Debemos reflexionar en qué modo, concretamente, el amor de Cristo en la cruz puede ayudar al hombre de hoy a encontrar, como dice la encíclica, «la orientación de su vivir y de su amar». Aquél es un amor de misericordia, que disculpa y perdona, que no quiere destruir al enemigo, sino en todo caso la enemistad (Ef 2, 16). Jeremías, el más cercano entre los hombres al Cristo de la Pasión, ruega a Dios diciendo: «Vea yo tu venganza contra ellos» (Jr 11,20); Jesús muere diciendo: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34).
Es precisamente de esta misericordia y capacidad de perdón de lo que tenemos necesidad hoy, para no resbalar cada vez más en el abismo de una violencia globalizada. El Apóstol escribía a los Colosenses: «Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas [literalmente] de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros» (Col 3, 12-13)
Tener misericordia significa apiadarse (misereor) en el corazón (cordis) respecto al propio enemigo, comprender de qué pasta estamos hechos todos y por lo tanto perdonar. ¿Qué podría ocurrir si, por un milagro de la historia, en Oriente Próximo, los dos pueblos en lucha desde hace décadas, más que en las culpas empezaran a pensar los unos en el sufrimiento de los otros, a apiadarse los unos de los otros? Ya no sería necesario ningún muro de división entre ellos. Lo mismo se debe decir de muchos otros conflictos presentes en el mundo, incluidos aquellos entre las diferentes confesiones religiosas e Iglesias cristianas.
Cuánta verdad en el verso de nuestro Pascoli: «¡Hombres, tened paz! Que en la prona tierra grande es el misterio» [11]. Un común destino de muerte se cierne sobre todos. ¡La humanidad está envuelta por tanta oscuridad e inclinada («prona») bajo tanto sufrimiento que deberíamos también tener un poco de compasión y de solidaridad los unos con los otros!
5. El deber de amar
Hay otra enseñanza que nos viene del amor de Dios manifestado en la cruz de Cristo. El amor de Dios por el hombre es fiel y eterno: «Con amor eterno te he amado», dice Dios al hombre en los profetas (Jr, 31, 3), y también: «En mi lealtad no fallaré» (Sal 89, 34). Dios se ha ligado a amar para siempre, se ha privado de la libertad de volver atrás. Es éste el sentido profundo de la alianza que en Cristo se ha transformado en «nueva y eterna».
En la encíclica papal leemos: «El desarrollo del amor hacia sus más altas cotas y su más íntima pureza conlleva el que ahora aspire a lo definitivo, y esto en un doble sentido: en cuanto implica exclusividad –“sólo esta persona”–, y en el sentido del “para siempre”. El amor engloba la existencia entera y en todas sus dimensiones, incluido también el tiempo. No podría ser de otra manera, puesto que su promesa apunta a lo definitivo: el amor tiende a la eternidad» [12].
En nuestra sociedad se cuestiona cada vez con mayor frecuencia qué relación puede haber entre el amor de dos jóvenes y la ley del matrimonio; qué necesidad de «vincularse» tiene el amor, que es todo impulso y espontaneidad. Así, son cada vez más numerosos quienes rechazan la institución del matrimonio y optan por el llamado amor libre o la simple convivencia de hecho. Sólo si se descubre la relación profunda y vital que hay entre ley y amor, entre decisión e institución, se puede responder correctamente a esas preguntas y dar a los jóvenes un motivo convincente para «atarse» a amar para siempre y no tener miedo a hacer del amor un «deber».
«Sólo cuando existe el deber de amar –apuntó el filósofo que, después de Platón, ha escrito las cosas más bellas sobre el amor, Kierkegaard–, sólo entonces el amor está garantizado para siempre contra cualquier alteración; eternamente liberado en feliz independencia; asegurado en eterna bienaventuranza contra cualquier desesperación» [13]. El sentido de estas palabras es que la persona que ama, cuanto más intensamente ama, más percibe con angustia el peligro que corre su amor. Peligro que no viene de otros, sino de ella misma. Bien sabe que es voluble, y que mañana, ¡ay!, podría cansarse y no amar más, o cambiar el objeto de su amor. Y ya que, ahora que está en la luz del amor, ve con claridad la pérdida irreparable que esto comportaría, he aquí que se previene «atándose» a amar con el vínculo del deber y anclando, de este modo, a la eternidad su acto de amor, el cual se sitúa en el tiempo.
Ulises deseaba volver a ver su patria y a su esposa, pero tenía que atravesar el lugar de las sirenas que fascinan a los navegantes con su canto y les llevan a estrellarse contra las rocas. ¿Qué hizo? Se hizo atar al mástil de la nave, después de haber tapado con cera los oídos a sus compañeros. Al llegar a tal lugar, hechizado gritaba para que le desataran y poder alcanzar a las sirenas, pero sus compañeros no podían oírle, y así pudo volver a ver su patria y volver a abrazar a su esposa e hijo [14]. Es un mito, pero ayuda a entender el porqué, también humano y existencial, del matrimonio «indisoluble» y, en un plano diferente, de los votos religiosos.
El deber de amar protege al amor de la «desesperación» y lo hace «feliz e independiente» en el sentido de que protege de la desesperación de no poder amar para siempre. Dadme un verdadero enamorado –decía el mismo pensador– y él os dirá si, en amor, existe oposición entre placer y deber; si el pensamiento de «deber» amar para toda la vida procura al amante temor y angustia, o más bien gozo y felicidad total.
Apareciéndose un día de Semana Santa a la beata Angela de Foligno, Cristo le dijo una palabra que se ha hecho célebre: «¡No te he amado en broma!» [15]. Cristo verdaderamente no nos ha amado en broma. Existe una dimensión lúdica y graciosa en el amor, pero él mismo no es una broma; es lo más serio y lo más cargado de consecuencias que existe en el mundo; la vida humana depende de él. Esquilo compara el amor con un leoncillo que se cría en casa, «dócil y tierno primero más que un niño», con el que se puede hasta bromear, pero que, creciendo, es capaz de causar estragos y manchar la casa de sangre [16].
Estas consideraciones no bastarán para modificar la cultura presente que exalta la libertad de cambiar y la espontaneidad del momento, la práctica del «usar y tirar» aplicada también al amor. (Se encargará, lamentablemente, de hacerlo la vida, cuando al final uno se encuentre con cenizas en la mano y la tristeza de no haber construido nada duradero con el propio amor). Pero que por lo menos sirvan, estas consideraciones, para confirmar la bondad y la belleza de la propia elección a aquellos que han decidido vivir el amor entre el hombre y la mujer según el proyecto de Dios y sirvan para animar a muchos jóvenes a hacer la misma opción.
No nos queda más que entonar con Pablo el himno al amor victorioso de Dios. Nos invita ha realizar con él una maravillosa experiencia de sanación interior. Piensa en todas las cosas negativas y en los momentos críticos de su vida: la tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada. Los contempla a la luz de la certeza del amor de Dios y grita: «¡Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquél que nos amó!».
Alza entonces la mirada; desde su vida personal pasa a considerar el mundo que le rodea y el destino humano universal, y de nuevo la misma certeza gozosa: «Estoy seguro de que ni la muerte ni la vida..., ni lo presente ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura ni la profundidad, ni otra criatura alguna podrá jamás separarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro» (Rm 8, 37-39).
Recojamos su invitación, en este Viernes de Pasión, y repitamos para nosotros sus palabras mientras, dentro de poco, adoremos la cruz de Cristo.



[1] H. Bloom, en el ensayo interpretativo que acompaña la edición de M. Meyer, The Gospel of Thomas, HarperSan Francisco, s.d., p. 125. [2] R. Brown, The Death of the Messiah, II, New York 1998, pp. 1092-1096. [3] Ver el logion 114 en el mismo Evangelio de Tomás (ed. Mayer, p. 63); en el Evangelio de los Egipcios Jesús dice: «He venido a destruir las obras de la mujer» (Cf. Clemente Al., Stromati, III, 63). Esto explica por qué el Evangelio de Tomás se convierte en el evangelio de los maniqueos, mientras que fue combatido severamente por los autores eclesiásticos (por ejemplo por Hipólito de Roma) que defendían la bondad del matrimonio y de la creación en general. [4] Paradiso, V, 73-80. [5] Benedicto XVI, Enc. «Deus caritas est», n.12. [6] Cf. N. Cabasilas, Vita in Cristo, VI, 2 (PG 150, 645) [7] Cf. Orígenes, Homilías sobre Ezequiel, 6,6 (GCS, 1925, p. 384 s). [8] Enc. «Deus caritas est», n.5. [9] Cf. B. Pascal, Pensieri, 793, ed. Brunschvicg. [10] Henryk Sienkiewicz, Quo vadis, cap. 33. [11] Giovanni Pascoli, «I due fanciulli». [12] Enc. «Deus caritas est», n.6. [13] S. Kierkegaard, Gli atti dell’amore, I, 2, 40, ed. a cura di C. Fabro, Milano 1983, p. 177 ss. [14] Cf. Odisea, canto XII. [15] Il libro della Beata Angela da Foligno, Instructio 23 (ed. Quaracchi, Grottaferrata 1985, p. 612). [16] Eschilo, Agamennone, vv. 717 ss.

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Meditación del Vía Crucis que se celebra en la noche en el Coliseo Romano presidido por el Santo Padre



VÍA CRUCIS EN EL COLISEO PRESIDIDO POR EL SANTO PADRE BENEDICTO XVI VIERNES SANTO 2008


Meditaciones de su eminencia reverendísimaCardenal JOSEPH ZEN ZE-KIUN, S.D.B.
Obispo de Hong Kong

PRESENTACIÓN

Cuando Su Santidad el Papa Benedicto XVI me pidió que preparase las meditaciones para el Via Crucis del Viernes Santo de este año en el Coliseo, no dudé lo más mínimo en aceptar esta tarea. Entendí que con este gesto el Santo Padre quería manifestar su atención por el continente asiático, e incluir en particular en este ejercicio solemne de piedad cristiana a los fieles de China, que tienen una gran devoción al Via Crucis. El Papa quiso que yo llevara al Coliseo la voz de aquellos hermanos y hermanas lejanos.
Sin duda, como nos enseñan los Evangelios y la tradición de la Iglesia, el protagonista de esta Via dolorosa es Nuestro Señor Jesucristo. Pero, tras Él hay mucha gente del pasado y del presente, estamos nosotros. Dejemos que esta noche muchos de nuestros hermanos lejanos, también en el tiempo, estén presentes espiritualmente entre nosotros. Probablemente ellos, más que nosotros hoy, han vivido en su cuerpo la Pasión de Jesús. En su carne Jesús ha sido de nuevo arrestado, calumniado, torturado, escarnecido, arrastrado, aplastado bajo el peso de la cruz y clavado en aquel madero como un criminal.
Obviamente, esta noche en el Coliseo no estamos sólo nosotros. En el corazón del Santo Padre y en nuestros corazones están presentes todos los «mártires vivientes» del siglo veintiuno. «Te martyrum candidatus laudat exercitus».
Pensando en la persecución, pensamos también en los perseguidores. Al escribir el texto de estas meditaciones me he dado cuenta con gran sobresalto de ser poco cristiano. He tenido que hacer un gran esfuerzo para purificarme de sentimientos poco caritativos para con los que hicieron sufrir a Jesús y los que, en el mundo actual, hacen sufrir a nuestros hermanos. Sólo cuando he puesto ante mí mis pecados y mis infidelidades, me he podido ver a mí mismo entre los perseguidores y me ha embargado el arrepentimiento y la gratitud por el perdón del Maestro misericordioso.
Meditemos, pues, cantemos y recemos a Jesús y con Jesús por los que sufren a causa de su nombre, por los que le hacen sufrir a Él y a sus hermanos y por nosotros mismos, pecadores y algunas veces también sus perseguidores.


PRIMERA ESTACIÓN
Jesús en el Huerto de los Olivos
MEDITACIÓN
Jesús sentía miedo, angustia y tristeza hasta el punto de morir. Eligió a tres compañeros, pero que muy pronto se durmieron, y comenzó a rezar Él sólo: «Pase de mí esta hora, aparta de mí este cáliz… Pero, Padre, que se haga su voluntad».
Había venido al mundo para hacer la voluntad del Padre, pero nunca como en aquel momento comprobó lo profundo de la amargura del pecado, y se sintió perdido.
En la Carta a los Católicos en China, Benedicto XVI recuerda la visión de San Juan en el Apocalipsis que llora ante el libro sellado de la historia humana, del «mysterium iniquitatis». Sólo el Cordero inmolado es capaz de abrir ese sello.
En tantas partes del mundo la Esposa de Cristo está atravesando la hora tenebrosa de la persecución, como en un tiempo Ester, amenazada por Aman, como la «Mujer» del Apocalipsis amenazada por el dragón. Velemos y acompañemos a la Esposa de Cristo en la oración.


SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús, traicionado por Judas, es arrestado
MEDITACIÓN
Traición y abandono por parte de aquellos que Él había elegido como apóstoles, a los cuales había confiado los secretos del Reino, y en los que había puesto total confianza. Un rotundo fracaso. ¡Qué dolor y qué humillación!
Pero todo esto sucedió como cumplimiento de lo que habían dicho los profetas. De otra manera, ¿cómo se hubiera podido conocer la fealdad del pecado, que es justamente traición al amor?
La traición sorprende, sobre todo si se refiere a los pastores del rebaño. ¿Cómo pudieron hacerle esto a Él? El espíritu es fuerte, pero la carne es débil. Las tentaciones, las amenazas y chantajes, doblegan la voluntad. Pero ¡qué escándalo! ¡Qué dolor para el corazón del Señor!
No nos escandalicemos. Las defecciones nunca han faltado en las persecuciones. Y después se han producido con frecuencia los regresos. En aquel joven, que arrojó la sábana y huyó desnudo (cf. Mc 14, 51-52), intérpretes autorizados han visto al futuro evangelista Marcos.


TERCERA ESTACIÓN
Jesús es condenado por el Sanedrín
MEDITACIÓN
El Sanedrín era la corte de justicia del pueblo de Dios. Ahora, esta corte condena a Cristo, el Hijo de Dios bendito, y lo juzga reo de muerte.
El inocente es condenado «porque ha blasfemado», declaran los jueces rasgándose las vestiduras. Pero nosotros sabemos por el Evangelista que lo hicieron por envidia y odio.
San Juan dice que, en el fondo, el sumo sacerdote habló en nombre de Dios: únicamente dejando condenar a su Hijo inocente, Dios Padre pudo salvar a sus hermanos culpables.
A lo largo de los siglos, multitud de inocentes han sido condenados a sufrimientos atroces. Hay quien clama justicia, pero son ellos, los inocentes, quienes expían los pecados del mundo, en comunión con Cristo, el Inocente.


CUARTA ESTACIÓN
Jesús es negado por Pedro
MEDITACIÓN
«Aunque tenga que morir contigo, no te negaré» (Mc 14, 31). Pedro era sincero cuando decía esto, pero no se conocía a sí mismo, no conocía su debilidad. Era generoso, pero había olvidado contar con la generosidad del Maestro. Pretendía morir por Jesús, mientras era Jesús quien debía morir por él para salvarlo.
Al hacer de Simón La «piedra»… para fundar sobre ella la Iglesia, Cristo incorpora al apóstol a su iniciativa de salvación. Pedro creyó ingenuamente que podía dar algo al Maestro, mientras que todo lo recibía gratuitamente de Él, incluido el perdón tras la negación.
Jesús non mudó su elección de Pedro como fundamento de su Iglesia. Después del arrepentimiento, se concedió a Pedro la capacidad de confirmar a sus hermanos.


QUINTA ESTACIÓN
Jesús es juzgado por Pilatos
MEDITACIÓN
Pilato parecía poderoso, tenía derecho sobre la vida y la muerte de Jesús. Se complacía en ironizar sobre el «Rey de los Judíos», pero en realidad era débil, cobarde y servil. Temía al emperador Tiberio, temía al pueblo y a aquellos sacerdotes, a pesar de que los despreciaba en su corazón. Entregó a Jesús para que lo crucificaran, aún sabiendo que era inocente.
En su intento veleidoso de salvar a Jesús, dejó libre incluso a un peligroso homicida.
Inútilmente buscaba lavarse las manos que le chorreaban de sangre inocente.
Pilato es la imagen de todos los que detentan la autoridad como instrumento de poder y no se preocupan de la justicia.


SEXTA ESTACIÓN
Jesús es flagelado y coronado de espinas
MEDITACIÓN
La flagelación usada en aquella época, era un castigo terrible. El horrible flagellum de los Romanos arrancaba la carne a pedazos. Y la corona de espinas, además de causar dolores agudísimos, constituía también una burla a la realeza del divino Prisionero, así como los escupitajos y los puñetazos.
Torturas tremendas siguen surgiendo de la crueldad del corazón humano, y las de tipo psíquico non son un tormento menor que las corporales, y frecuentemente las mismas víctimas se convierten en verdugos. ¿Carecen de sentido tantos sufrimientos?


SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús es cargado con la cruz
MEDITACIÓN
La cruz, el gran símbolo del cristianismo, se ha transformado de instrumento de castigo ignominioso en un estandarte glorioso de victoria.
Existen ateos llenos de valor dispuestos a sacrificarse por la revolución: están dispuestos a abrazar la cruz, pero sin Jesús. Entre los cristianos existen «ateos» de hecho que quieren a Jesús, pero sin la cruz. Ahora, sin Jesús la cruz resulta insoportable y sin la cruz no se puede pretender estar con Jesús.
Abracemos la cruz y abracemos a Jesús y con Jesús abracemos a todos nuestros hermanos que sufren y son perseguidos.


OCTAVA ESTACIÓN
Jesús es ayudado por el Cireneo a llevar la Cruz
MEDITACIÓN
Simón de Cirene venía del campo. Se tropezó con el cortejo de muerte y lo forzaron a llevar la cruz junto a Jesús.
En un segundo momento, él corroboró este servicio, se mostró feliz de haber podido ayudar al pobre Condenado y llegó a ser uno de los discípulos en la Iglesia primitiva. Seguramente fue objeto de admiración y casi de envidia por la suerte especial de haber ayudado a Jesús en sus sufrimientos.


NOVENA ESTACIÓN
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén
MEDITACIÓN
Las mujeres, las madres obtienen de su amor una inmensa capacidad de aguante en el sufrimiento. Sufren por culpa de los hombres, sufren por sus hijos. Recordamos las madres de tantos jóvenes perseguidos y hechos prisioneros por causa de Cristo. ¡Cuántas largas noches han pasado esas madres en vigilia y con lágrimas! Recordamos las madres que, corriendo el riesgo de ser arrestadas o perseguidas, han perseverado en la oración en familia, cultivando en el corazón la esperanza de tiempos mejores.


DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es clavado en la cruz
MEDITACIÓN
Jesús desnudo, clavado, en medio de dolores inefables, ridiculizado por sus enemigos, se siente incluso abandonado por el Padre. Es el infierno que merecen nuestros pecados. Jesús ha permanecido en la cruz, no se ha liberado.
En Él se han cumplido las profecías del Siervo doliente: «Sin figura, sin belleza… sin aspecto atrayente… Lo estimamos leproso, herido de Dios… Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre Él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como un cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador» (Is 53, 2.4.6-7).


UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús promete su Reino al buen ladrón
MEDITACIÓN
Era un malhechor. Representa a todos los malhechores, es decir, a todos nosotros. Ha tenido la suerte de estar junto a Jesús en el sufrimiento. Nosotros tenemos esta misma suerte. Digamos también: «Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino». Tendremos la misma respuesta.
¿Y los que no tienen la fortuna de estar junto a Jesús? Jesús está cerca de ellos, de todos y cada uno.
«Jesús, acuérdate de nosotros»: digámoselo por nosotros, por nuestros amigos, por nuestros enemigos y por los perseguidores de nuestros amigos. La salvación de todos es la verdadera victoria del Señor.


DUODÉCIMA ESTACIÓN
La madre y el discípulo junto a la cruz de Jesús
MEDITACIÓN
Jesús se olvida de sí mismo incluso en aquel momento crucial y piensa en su Madre, piensa en nosotros. Ante todo, ¿confía su Madre al discípulo, como parece sugerir san Juan, o más bien confía el discípulo a la Madre?
En cualquier caso, para el discípulo María será siempre la Madre que el Maestro agonizante le ha confiado y para María el discípulo será siempre el hijo que el Hijo agonizante le ha confiado y al que estará espiritualmente cercana sobre todo en la hora de la muerte. Junto a los mártires agonizantes, estará siempre la Madre, que está en pie, junto a su cruz, para sostenerlos.


DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús muere en la Cruz
MEDITACIÓN
Jesús muere realmente porque es verdadero hombre. Entrega al Padre su último aliento. Qué precioso es el aliento. Al primer hombre se le dio el aliento de vida, y a nosotros se nos da de un modo nuevo en la resurrección de Jesús, para que seamos capaces de ofrecer cada aliento a su Dador. ¡Cuánto tememos a la muerte y cómo somos esclavos de este temor! El sentido y el valor de una vida se deciden en el modo de entregarla. Ya para el hombre sin fe no es admisible que se aferre a la vida perdiendo su sentido. Para Jesús, además, no hay amor más grande que el de dar la vida por el amigo. Quien esté apegado a la vida la perderá. Quien esté dispuesto a sacrificarla la conservará.
Los mártires dan el mayor testimonio de su amor. No se avergüenzan de su Maestro ante los hombres. El Maestro estará orgulloso de ellos ante toda la humanidad en el último día.


DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz y puesto en el sepulcro
MEDITACIÓN
Jesús eligió no descender vivo de la cruz sino resucitar del sepulcro. Muerte verdadera, silencio auténtico, la Palabra de Vida callará durante tres días.
Imaginemos el desconsuelo de nuestros progenitores ante el cuerpo sin vida de Abel, la primera víctima de la muerte.
Pensemos en el dolor de María, acogiendo en su regazo a Jesús, el cual, reducido a un cúmulo de llagas, gusano más que hombre, ya no puede corresponder a la mirada de amor de su Madre. Ahora ella debe depositarlo en las gélidas piedras del sepulcro, después de haberlo rápidamente limpiado y arreglado. Ahora no hay más que esperar. Parece interminable la espera del tercer día.

Vía Crucis e indulgenias

El rezo del Vía Crucis, una de las formas de oración más tradicionales de la Iglesia, particulamente en la cuaresma, los viernes penitenciales, y de forma especial el Viernes Santo de la Pasión de Jesús, tiene algunas normas mínimas a seguir, pero provablemente el signo más elocuente de este sacramental sea el caminar de estación en estación, que por lo menos debe hacerlo el que lo dirije. Así como en la Liturgia de las Horas el signo básico es la palabra pronunciada, y mejor si es cantada, aquí es el movimiento, que señala el paso de una contemplación de la Pasión a otra. No sería en este sentido un Vía Crucis una simple proyección de imágenes por muy compaginadas y logradas que sean, sobre todo porque con su rezo se lucran indulgencias plenarias.

Regulaciones actuales sobre las indulgenciasPublicadas en el Enchiridion Indulgentiarum Normae et Concessiones,Mayo de 1986, Librería Editrice Vaticana

(Traducción no oficial del inglés por el Padre Jordi Rivero)

Se concede indulgencia plenaria a los fieles cristianos que devotamente hacen las Estaciones de la Cruz. El ejercicio devoto de las Estaciones de la Cruz ayuda a renovar nuestro recuerdo de los sufrimientos de Cristo en su camino desde el praetorium de Pilato, donde fue condenado a muerte, hasta el Monte Calvario, donde por nuestra salvación murió en la cruz.
Las normas para obtener estas indulgencias plenarias son:1. Deben hacerse ante Estaciones de la Cruz erigidas según la ley.2. Deben haber catorce cruces. Para ayudar en la devoción estas cruces están normalmente adjuntas a catorce imágenes o tablas representando las estaciones de Jerusalén.3. Las Estaciones consisten en catorce piadosas lecturas con oraciones vocales. Pero para hacer estos ejercicios solo se requiere que se medite devotamente la pasión y muerte del Señor. No se requiere la meditación de cada misterio de las estaciones.4. El movimiento de una Estación a la otra. Si no es posible a todos los presente hacer este movimiento sin causar desorden al hacerse las Estaciones públicamente, es suficiente que la persona que lo dirige se mueva de Estación a Estación mientras los otros permanecen en su lugar. 5. Las personas que están legítimamente impedidas de satisfacer los requisitos anteriormente indicados, pueden obtener indulgencias si al menos pasan algún tiempo, por ejemplo, quince minutos en la lectura devota y la meditación de la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo.6. Otros ejercicios de devoción son equivalentes a las Estaciones de la Cruz, aun en cuanto a indulgencias, si éstos nos recuerdan la Pasión y muerte del Señor y están aprobados por una autoridad competente. .7. Para otros ritos. Los patriarcas pueden establecer otros ejercicios devotos en memoria de la Pasión y muerte de nuestro Señor, en manera similar a las Estaciones de la Cruz.
Los requisitos de arriba son necesarios para obtener las indulgencias, pero siempre que se hacen las Estaciones con devoción en cualquier lugar, ya sea públicamente o en privado, se obtendrán muchas gracias. Claro que deben hacerse de corazón, con sincera intención de conversión.

jueves 20 de marzo de 2008

Jueves sacerdotal por excelencia


En el día jueves Santo de la Pasión del Señor, en que el mismísimo Señor Jesucristo nos participara del don del orden presbiteral me uno en acción de gracias por tan grande y misterioso designio de su amor a todos los sacerdotes de los diócesis de Villa María.
¡Completa Señor la obra que has comenzado en nosotros!
¡Santísima Madre Inmaculada ruegad por los sacerdotes!

Jueves Santo de la Cena del Señor



Nel clima culturale di una ''sapienza ridotta e alterata'' c'e' il pericolo che ''una molteplice semifalsita' o falsita' aperta s'infiltri continuamente nel nostro intimo'', ha quindi denunciato il Papa nell'omelia della successiva Messa ''In Coena Domini'' che ha celebrato nella Basilica di San Giovanni in Laterano e durante la quale ha ripetuto il gesto evangelico della lavanda dei piedi. Questa distorsione, ha spiegato Benedetto XVI, ''offusca e contamina l'anima e ci minaccia con l'incapacita' per la verita' e il bene''. Il rito della lavanda, ha spiegato, e' un ''dono che ci introduce nella mentalita' di Cristo'' che rivela come ''la grandezza di Dio e' diversa dalla nostra idea di grandezza, perche' sistematicamente desideriamo un Dio di successo e non della Passione''. ''Il Giovedi' Santo - ha sottolineato il Papa - ci esorta a non lasciare che il rancore verso l'altro diventi nel profondo un avvelenamento dell'anima, a purificare continuamente la memoria, perdonarci a vicenda di cuore''. Il Pontefice ha anche ribadito che il ''cristianesimo in rapporto con il moralismo e' di piu', e' una cosa diversa. All'inzio - ha detto - non sta il nostro fare, la nostra capacita' morale, il cristianesimo e' innanzitutto dono''. Benedetto XVI, infine, ha ricordato come ''la grandezza di Dio e' diversa dalla nostra idea di grandezza, perche' sistematicamente desideriamo un Dio di successo e non della Passione''. ''Percepiamo - ha continuato - quanto lontani siamo spesso con la nostra vita'' dal Vangelo, per questo ''abbiamo bisogno della lavanda dei piedi, della lavanda dei peccati e per questo abbiamo bisogno della confessione dei peccati''.

En la Misa crismal el Santo Padre ha dicho "en guardia contra el poder del mal"





Benvenuti, oggi è giovedì 20 marzo 2008.

Il Santo Padre mette in guardia l'umanità dalla tentazione di comportarsi come Adamo: “Bisogna fare la volontà di Dio e non la propria”. E ai sacerdoti: “Siate dritti e mettete da parte la superbia”
di Gianluca Barile


CITTA’ DEL VATICANO - "La tentazione dell'umanita' e' sempre quella di voler essere totalmente autonoma". Lo ha ricordato Benedetto XVI nell'omelia della Messa crismale concelebrata con il Cardinale vicario Camillo Ruini e 1600 sacerdoti della Diocesi di Roma. Per il Papa e' un errore ricorrente nella storia quello commesso da chi vuole "seguire soltanto la propria volonta'", ritenendo che "solo grazie ad una simile liberta' senza limiti l'uomo sarebbe completamente uomo, diventerebbe divino". Assumendo questa posizione e illudendoci cosi' di essere "veramente liberi", ha spiegato, in realta' "ci poniamo contro la verita'". Invece, "noi dobbiamo condividere la nostra liberta' con gli altri e possiamo essere liberi soltanto in comunione con loro". Questa "liberta' condivisa", secondo Joseph Ratzinger, "puo' essere liberta' vera solo se con essa entriamo in cio' che costituisce la misura stessa della liberta', se entriamo nella volonta' di Dio". "Il peccato di Adamo - ha sottolineato il Papa - consisteva, appunto, nel fatto che egli voleva realizzare la sua volonta' e non quella di Dio". Ma Gesu' ci ha insegnato a dire: "Non sia fatta la mia, ma la tua volontà!". "Con questa parola - infatti - nell'Orto degli ulivi ha risolto la battaglia decisiva contro il peccato, contro la ribellione del cuore caduto". Ai sacerdoti della diocesi di Roma, Benedetto XVI ha quindi ricordato che se questa "obbedienza fondamentale fa parte dell'essere uomini, diventa ancora piu' concreta nel sacerdote: noi non annunciamo noi stessi, ma Lui e la sua Parola, che non potevamo ideare da soli". Dunque, ha scandito, "non inventiamo la Chiesa cosi' come vorremmo che fosse, ma annunciamo la Parola di Cristo in modo giusto solo nella comunione del suo Corpo". Dobbiamo seguire, ha aggiunto, l'esempio di Gesu' che "ha voluto essere il servo di tutti e con il gesto dell'amore sino alla fine lava i nostri piedi sporchi, con l'umilta' del suo servire ci purifica dalla malattia della nostra superbia". "Servire - ha continuato Benedetto XVI rivolto ai sacerdoti - significa vicinanza, richiede familiarita'. Questa familiarita' comporta anche un pericolo: quello che il sacro da noi continuamente incontrato divenga per noi abitudine. Si spegne cosi' il timor riverenziale. Condizionati da tutte le abitudini, non percepiamo piu' il fatto grande, nuovo, sorprendente, che Egli stesso sia presente, ci parli, si doni a noi. Contro questa assuefazione alla realta' straordinaria, contro l'indifferenza del cuore – ha evidenziato - dobbiamo lottare senza tregua, riconoscendo sempre di nuovo la nostra insufficienza e la grazia che vi e' nel fatto che Egli si consegni cosi' nelle nostre mani. Servire significa vicinanza, ma significa soprattutto anche obbedienza". Il sacerdote "deve essere uno che sta in piedi: dritto di fronte alle correnti del tempo. Dritto nella verita'. Dritto nell'impegno per il bene", ha poi detto il Papa ai 1600 preti della Diocesi di Roma che hanno concelebrato con lui e con il Cardinale Ruini la Messa crismale nel corso della quale hanno rinnovato i loro voti. "Retto deve essere il sacerdote, impavido e disposto ad incassare per il Signore anche oltraggi", ha scandito il Pontefice citando il brano degli Atti degli Apostoli che descrive come essi erano "lieti di essere stati oltraggiati per amore del nome di Gesu'". Per un sacerdote, ha spiegato il Papa, "stare davanti al Signore deve essere sempre, nel piu' profondo, anche un farsi carico degli uomini presso il Signore che, a sua volta, si fa carico di tutti noi presso il Padre. E deve essere un farsi carico di Lui, di Cristo, della sua parola, della sua verita', del suo amore". "La nostra obbedienza - ha continuato - e' un credere con la Chiesa, un pensare e parlare con la Chiesa, un servire con essa". Lasciarsi guidare cioe' anche quando "puo' essere contrario alle nostre idee e progetti". E di questa obbedienza "certamente fa parte - ha elencato il Papa - la retta celebrazione della Liturgia e dei Sacramenti in genere, compiuta con partecipazione interiore. Dobbiamo imparare a comprendere sempre di piu' la sacra Liturgia in tutta la sua essenza, sviluppare una viva familiarita' con essa, cosicche' diventi l'anima della nostra vita quotidiana. E' allora che celebriamo in modo giusto, allora emerge da se' l'ars celebrandi, l'arte del celebrare. In quest'arte - ha concluso Benedetto XVI - non deve esserci niente di artefatto. Deve diventare una cosa sola con l'arte del vivere rettamente".

Misa Crismal: promesas y óleos


Dentro de la Semana Santa, la rúbrica litúrgica manda que el Jueves Santo en horas de la mañana, en la catedral se celebre la Misa llamada crismal porque en ella se consagra la materia sacramental que se usa en el bautismo, la confirmación, las ordenaciones sacerdotales y episcopales, como para la consagración de cosas y lugares sagrados (templos, altares etc.).

Cada bendición de los óleos de los enfermos y catecúmenos, y la consagración del crisma tiene su propio rito. Precede la renovación de las promesas sacerdotales del clero, en dónde queda manifestada la unidad y disposición para el servicio. Por otro lado, esta renovación, trae a la memoria el día de la ordenación sacerdotal, lo que hace cobrar significado especial a la concelebración, que con razón puede decirse la mayor del año, junto con las ordenaciones sacedotales.

Es una celebración litúrgica dónde se pone de relieve de una manera especial la figura del obispo diocesano, que junto al presbiterio y los fieles configuran la Iglesia particular.

La liturgia es rica en simbolismo y doctrina, a la vez que espiritualmente reconfortante para el Pastor que se encuentra junto a sus colaboradores de primer orden, lo es además para los presbíteros y los diáconos, que reciben una enseñanza de labios del episkopos, es decir el que guarda, vigila, el rebaño, del que forman parte. Su palabra orienta y fortalece, a la vez que debiera ser siempre sumamente alentadora y consoladora para quienes están en la primera línea de la misión.

Las piezas eucológicas de bendición de los óleos son bellísimas, particularmente la de la consagración del crisma. Pueden ubicarse todas posteriormente a las promesas de los presbíteros, como en distintos lugares de la celebración de acuerdo al mayor grado de afinidad del óleo con el sacramento que se celebra.

De una manera entrañable todo precede al triduo, cada sacerdote a cargo de cura de almas, como quienes colaboran en otros oficios, renovados por la palabra del Obispo diocesano, renovada su entrega servicial, lleva a su parroquia los óleos, con los que reconfortará a los débiles en la enfermedad, y engendrará en la fe por el bautismo a nuevos miembros para el Cuerpo Místico del Señor.

El ritual renovado de la Misa Crismal fue inaugurado por Pablo VI en 1971, y responde al espíritu conciliar de mayor sobriedad.

En la diócesis de Villa María es tradicional por motivos pastorales claros, una diócesis rural, dónde los sacerdotes deben viajar a la ciudad, la Misa Crismal se lleva a cabo el miércoles santo en horas de la tarde.

Notas:

En esta liturgia festiva, deben quedar bien expuestos topográficamente los ordos, el episcopal, presbiteral y diaconal, y el laicado, ya que es una Misa en que se manfiesta de forma clara la composición de la Iglesia.

Los cantos deben sin embargo ser un elemento fundamental, para la participación activa, de tal modo que tanto presbiterio como fieles se manfiesten en unidad, por tanto ni tan novedosos, ni tan antiguos, para posibilitar ser entonados por todos. Hay que recordar que el ministerio musical y cantoral hacen a la dignidad de la celebración.

No debieran faltar algunos himnos o cantos significativos en lengua vernácula o latina, entonados fundamentalmente por el presbiterio (ej. Veni Creator Spiritus, Salve Regina, etc.) eso rejuvenece interiormente en el recuerdo de la vida de formación, a la vez que el pueblo fiel siente a sus ministros orando con el canto.

En este sentido toda la celebración tiene una resonancia todavía cuaresmal, no se canta el Aleluya.

La procesión con los óleos portados por sacerdotes, que son los que utilizarán la materia, y los dones para la celebración de la Eucaristía, en manos de laicos, es de mucha importancia, debe hacerse de una manera solemne.

En la entrega de los dones eucarísticos siempre en toda Eucaristía, se debe cuidar se entregue primero el pan, luego el vino y sucesivamente el agua.

La posición del celebrante, sobre todo en la homilía y en el diálogo de promesas con el presbiterio es significativa, el estar sentado (es una opción que debiera ser preferida) pone de manifiesto todo peso de la autoridad del que está investido, da imagen de aquella seguridad del Pastor, en la posición del que enseña, inspirado por el Espíritu, se dirije así como Cristo mismo.

martes 18 de marzo de 2008

Miércoles Santo




Debió Jesús pasar este miércoles en Betania en la casa de sus amigos. Se acercaba la fiesta de los Ácimos, llamada Pascua, sus enemigos buscaban la forma de matarlo, pero tenían miedo a la gente, y entró Satanás en Judas (Lc. 22,1-3). Judas se fue a los Sumos Sacerdotes para pactar la entrega, alegrándose le prometieron dinero (Mc. 14,10-11). Judas aceptó y buscaba una oportunidad para entregarlo sin alboroto (Lc. 22,6). Es este miércoles el de la traición de Judas. Por ello la Iglesia siempre al miércoles lo recuerda como de triste memoria, y con el viernes día de penitencia.
San Mateo detalla la traición (26,14-25), y para condenarla la Iglesia dice Dóblese toda rodilla al nombre de Jesús, en el cielo y en la tierra.
Fue traicionado, vendido, entregado, pero Jesús acepta, voluntariamente quiere cumplir la obra Redentora.

Martes Santo



Mientras Jesús vuelve al Templo de Jerusalén desde Betania, encuentra seca la higuera maldecida, y esto da ocasión para la enseñanza en torno a la necesidad de la fe y de las buenas obras de todo tiempo.
A este martes, pertenece el sermón escatológico (Mt. 24; Mc. 13; Lc. 21): anunció en el Monte de los Olivos las señales precursoras de la destrucción del Templo, la persecución de los discípulos, la ruina de Jerusalén, la venida del Cristo-Mesías, viendo la despreocupación humano exhortó a estar vigilantes y por fin describe el juicio final. Tras tomar algunas providencias para la celebración de la Pascua vuelve a Betania.
Jesús vuelve sus ojos al Padre del cielo y le pide con gran angustia de su parte: no me entregues a la saña de mi adversario, porque se levantan contra mí testigos falsos que respiran violencia (Sal. 26).
La Iglesia pide clemencia por todos los pecadores y desea vivamente celebrar con frutos la Pasión de Cristo, a la que ve acercarse a su Rey como manso cordero.
Jesús dice estar profundamente conmovido, asegura que uno de sus discípulos lo va a entregar, y que Pedro lo negará tres veces antes que cante el gallo (Jn. 13,21).
Al atardecer del martes la Iglesia tiene la delicadeza de volver a la Madre Dolorosa de Jesús para que ruegue al Hijo que proteja y consuele a los afligidos, y que ambos nos reconforten para adherirnos a la Pasión.

lunes 17 de marzo de 2008

LunesSanto


Se deduce de los Evangelios que Jesús ha pernoctado de domingo a lunes en la casa de sus amigos Lázaro, Marta y María, en Betania, a sólo tres kilómetros de Jerusalén. La noticia de la resurrección de Lázaro fue un reguero de pólvora, por dos motivos, primero por la cercanía del lugar con el centro cultural y político de Israel, y por otro lado porque la familia de Lázaro pareciera ser de cierto rango, lo deducen algunos de la capacidad de esta familia para acoger al Señor y a los discípulos, la cantidad de amigos y familiares que están en el duelo con las hermanas al llegar Jesús en aquella oportunidad, etc.
El lunes, de madrugada vuelve a Jerusalén, en el camino maldice una higuera estéril y es asediado por preguntas insidiosas por parte de los enemigos ya declarados.
El introito de la Misa de hoy dice al respecto: ¡Pelea Señor contra los que me atacan, guerrea contra los que me hacen la guerra…levántate y ven en mi auxilio Señor Dios, mi fuerte Salvador!…
A la tarde Jesús vuelve a Betania, y nuevamente es asaltado por intrigantes, además que no se le escapa que Judas Iscariote anda buscando la ocasión para entregarlo.
Es un día para ver como el Señor está a merced del Padre del cielo y de nosotros pecadores de la tierra.
En estos días hemos rezado las palabras del Señor: Cuando yo sea levantado atraeré a todos hacia Mí.
Reflexión de Mons. Javier Echeberría sobre el lunes Santo.
Ayer recordamos el ingreso triunfal de Cristo en Jerusalén. La muchedumbre de los discípulos y otras personas le aclamaron como Mesías y Rey de Israel. Al final de la jornada, cansado, volvió a Betania, aldea situada muy cerca de la capital, donde solía alojarse en sus visitas a Jerusalén.
Allí, una familia amiga siempre tenía dispuesto un sitio para Él y los suyos. Lázaro, a quien Jesús resucitó de entre los muertos, es el cabeza de familia; con él viven Marta y María, hermanas suyas, que esperan llenas de ilusión la llegada del Maestro, contentas de poder ofrecerle sus servicios.
En los últimos días de su vida en la tierra, Jesús pasa largas horas en Jerusalén, dedicado a una predicación intensísima. Por la noche, recupera las fuerzas en casa de sus amigos. Y en Betania tiene lugar un episodio que recoge el Evangelio de la Misa de hoy.
Seis días antes de la Pascua —relata San Juan—, fue Jesús a Betania. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con Él a la mesa. María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico, muy costoso, ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Inmediatamente salta a la vista la generosidad de esta mujer. Desea manifestar su agradecimiento al Maestro, por haber devuelto la vida a su hermano y por tantos otros bienes recibidos, y no repara en gastos. Judas, presente en la cena, calcula exactamente el precio del perfume.
Pero, en vez de alabar la delicadeza de María, se abandona a la murmuración: ¿por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres? En realidad, como hace notar San Juan, no le importaban los pobres; le interesaba manejar el dinero de la bolsa y hurtar su contenido.
«La valoración de Jesús es muy diversa», escribe Juan Pablo II. «Sin quitar nada al deber de la caridad hacia los necesitados, a los que se han de dedicar siempre los discípulos —"pobres tendrán siempre con ustedes"—, Él se fija en el acontecimiento de su muerte y sepultura, y aprecia la unción que se le hace como anticipación del honor que su cuerpo merece también después de la muerte, por estar indisolublemente unido al misterio de su persona» (Ecclesia de Eucharistia, 47).
Para ser verdadera virtud, la caridad ha de estar ordenada. Y el primer lugar lo ocupa Dios: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es como éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas. Por eso, se equivocan los que —con la excusa de aliviar las necesidades materiales de los hombres— se desentienden de las necesidades de la Iglesia y de los ministros sagrados. Escribe San Josemaría Escrivá: «aquella mujer que en casa de Simón el leproso, en Betania, unge con rico perfume la cabeza del Maestro, nos recuerda el deber de ser espléndidos en el culto de Dios.
—Todo el lujo, la majestad y la belleza me parecen poco. —Y contra los que atacan la riqueza de vasos sagrados, ornamentos y retablos, se oye la alabanza de Jesús: "opus enim bonum operata est in me" —una buena obra ha hecho conmigo».
¡Cuántas personas se comportan como Judas! Ven el bien que hacen otros, pero no quieren reconocerlo: se empeñan en descubrir intenciones torcidas, tienden a criticar, a murmurar, a hacer juicios temerarios. Reducen la caridad a lo puramente material —dar unas monedas al necesitado, quizá para tranquilizar su conciencia— y olvidan que —como escribe también San Josemaría Escrivá— «la caridad cristiana no se limita a socorrer al necesitado de bienes económicos; se dirige, antes que nada, a respetar y comprender a cada individuo en cuanto tal, en su intrínseca dignidad de hombre y de hijo del Creador».
La Virgen María se entregó completamente al Señor y estuvo siempre pendiente de los hombres. Hoy le pedimos que interceda por nosotros, para que, en nuestras vidas, el amor a Dios y el amor al prójimo se unan en una sola cosa, como las dos caras de una misma moneda.

domingo 16 de marzo de 2008

Rúbricas cuidadas, en orden a un contenido Sagrado

















Domingo de Ramos
“¡Hosanna!... ¡Crucifícalo!”

I. LA PALABRA DE DIOS
Procesión de Ramos: Mt 21,1-11: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”
«Cuando se aproximaron a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, entonces envió Jesús a dos discípulos, diciéndoles: “Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y enseguida encontraréis un asna atada y un pollino con ella; desatadlos y traédmelos. Y si alguien os dice algo, diréis: El Señor los necesita, pero enseguida los devolverá”. Esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del profeta:
Decid a la hija de Sión:He aquí que tu Rey viene a ti,manso y montado en un asnay un pollino, hijo de animal de yugo.
Fueron, pues, los discípulos e hicieron como Jesús les había encargado: trajeron el asna y el pollino. Luego pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino. Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba:
“¡Hosanna al Hijo de David!¡Bendito el que viene en nombre del Señor!¡Hosanna en las alturas!”
Y al entrar él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. “¿Quién es éste?” decían. Y la gente decía: “Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”.»
Is 50, 4-7: “Yo no me resistí, ni me hice atrás”
«El Señor Yahveh me ha dadolengua de discípulo,para que haga saber al cansadouna palabra alentadora.Mañana tras mañana despierta mi oído,para escuchar como los discípulos;el Señor Yahveh me ha abierto el oído.
Y yo no me resistí,ni me hice atrás.Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban,mis mejillas a los que mesaban mi barba.Mi rostro no hurtéa los insultos y salivazos.
Pues que Yahveh habría de ayudarmepara que no fuese insultado,por eso puse mi cara como el pedernal,a sabiendas de que no quedaría avergonzado.»
Sal 21, 8-9.17-20.23-24: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
Flp 2, 6-11: “Se rebajó a sí mismo; por eso Dios lo levantó sobre todo”
«Cristo, siendo de condición divina,no retuvo ávidamenteel ser igual a Dios.Sino que se despojó de sí mismotomando condición de siervohaciéndose semejante a los hombresy apareciendo en su porte como hombre;y se humilló a sí mismo,obedeciendo hasta la muertey muerte de cruz.Por lo cual Dios le exaltóy le otorgó el Nombre,que está sobre todo nombre.Para que al nombre de Jesústoda rodilla se dobleen los cielos, en la tierra y en los abismos,y toda lengua confieseque Cristo Jesús es SEÑORpara gloria de Dios Padre.»
Mt 26,14-27,66: Relata la Pasión de nuestro Señor Jesucristo (Invitamos a leer este largo pasaje directamente de la Biblia)
II. APUNTES
Se acercaba ya la celebración anual de la Pascua judía y Jesús, como todos los años (ver Lc 2,41), junto con sus apóstoles y discípulos se dirige a Jerusalén para celebrar allí la fiesta.
Mientras se encuentra de camino el Señor recibe un mensaje apremiante de parte de Marta y María, hermanas de Lázaro: «Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo» (Jn 11,3). Imploraban al Señor que fuera a Betania lo más pronto posible para curar a su hermano, que se encontraba al borde de la muerte. El Señor, en cambio, hace todo lo contrario. Espera unos días más aduciendo que la enfermedad de su amigo «no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella» (Jn 11,4). Terminada su espera, se dirige finalmente a Betania, donde realiza un milagro que rebasa el límite de todo lo que un profeta habría podido hacer: devolverle la vida a un hombre que yacía ya cuatro días en el sepulcro, y por lo tanto su cadáver se encontraba en un avanzado estado de descomposición (ver Jn 11,39-40).
El desconcierto inicial daba lugar a un indescriptible estado de euforia al ver a Lázaro salir vivo de la tumba. Tan impactante y asombroso fue este milagro que muchos «viendo lo que había hecho, creyeron en Él» (Jn 11,45). La espectacular noticia se difundió rápidamente por los alrededores, de modo que muchos acudieron a Betania a ver a Jesús y a Lázaro. ¿No era suficiente ese signo para acreditarlo ante el pueblo, ante los fariseos y sumos sacerdotes como el Mesías esperado? No es difícil imaginar el estado de exaltación en el que se encontrarían los apóstoles y discípulos al ver actuar a su Maestro con tal poder. Sin duda pensaban que al fin se acercaba ya la hora de su gloriosa y poderosa manifestación a Israel, la hora en que liberaría a Israel de la opresión de sus enemigos e instauraría finalmente el Reino de los Cielos en la tierra.
Algunos corrieron a toda prisa a Jerusalén llevando la noticia, comunicándosela a los fariseos, quienes reuniéndose en consejo se preguntaban: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchas señales. Si le dejamos que siga así, todos creerán en Él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación.» (Jn 11,47-48) Obviamente más que la destrucción del lugar santo les interesaba no perder su propio prestigio y poder ante el pueblo. Finalmente «decidieron darle muerte.» (Jn 11,53)
Y como gran número de judíos al enterarse de lo sucedido acudían a Betania no sólo a ver a Jesús sino también a Lázaro (ver Jn 12,9) los sumos sacerdotes decidieron darle muerte también a él, «porque a causa de él muchos judíos se les iban y creían en Jesús.» (Jn 12,11). ¿Cómo podía llegar a tanto la cerrazón, la ambición y la ceguera de aquellos fariseos? Lo cierto es que mientras muchos por la evidencia de los hechos se abrían a la fe, éstos endurecían más y más el corazón.
Hasta entonces el Señor había insistido en que a nadie dijeran que Él era el Mesías (ver Lc 8,56; 9,20-21). Sin embargo, sabiendo que pronto iba a ser “glorificado” (ver Jn 11,4), es decir, que se acercaba ya la hora de su Pasión, Muerte y Resurrección, cambia su actitud. Esta vez, cerca ya de Jerusalén y acompañado por la enfervorizada multitud, da instrucciones a sus discípulos para que le traigan un borrico para realizar, montado en él, el último trecho y la entrada a la Ciudad Santa. Les dice dónde encontrarán al joven animal que aún no había sido montado por nadie, y los discípulos hacen exactamente lo que el Señor les pide (Evangelio antes de iniciar la procesión de ramos).
No era raro que en aquel entonces personas importantes usaran un borrico para transportarse (ver Núm 22,21ss). ¿Y qué importancia tiene el que nadie lo hubiese montado aún? Los antiguos pensaban que un animal ya empleado en usos profanos era menos idóneo para usos religiosos (ver Núm 19,2; Dt 15,19; 21,3; 1Sam 6,7). Un pollino que no hubiese sido montado anteriormente era, pues, lo indicado para transportar por primera vez a una persona sagrada, al mismo Mesías enviado por Dios.
¿Y qué significado tenía esta entrada a Jerusalén montado en un asnillo? El Señor tiene en mente una antigua profecía: «¡Exulta sin freno, hija de Sión, grita de alegría, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno, en un pollino, cría de asna… Él proclamará la paz a las naciones. Su dominio irá de mar a mar y desde el Río hasta los confines de la tierra» (Zac 9,9-10). El mensaje que quería dar el Señor era muy claro: Él era el rey de la descendencia de David, el Mesías prometido por Dios para salvar a su pueblo; en Él se cumplía aquel antiguo anuncio.
El mensaje lo comprendió perfectamente la enfervorizada multitud de discípulos y los admiradores que lo acompañaban, de modo que mientras que el Señor Jesús avanzaba hacia Jerusalén montado sobre aquel pollino algunos tendían sus mantos en el suelo para que pasase sobre ellos como sobre alfombras, mientras muchos otros acompañaban la jubilosa procesión agitando alegremente ramos de palma, signo popular de victoria y triunfo. Con ello querían proclamar que Cristo, el rey-Mesías, era aquel que traería la victoria a su pueblo.
Mientras tanto, llevados por el entusiasmo y la algarabía, todos gritaban una y otra vez: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!» (Mc 11,9-10)» Los términos empleados son típicos. Al decir el que viene en nombre del Señor hacían referencia al Mesías, y al decir el reino que viene… de David se referían al reino mesiánico inaugurado por el Mesías, el hijo de David. Más ellos pensaban en un reino mundano, en una victoria política, en un triunfo militar garantizado por una gloriosa intervención divina.
Ciertamente el Señor se aprestaba a manifestar su gloria, se disponía a liberar a su pueblo, pero de otra opresión: la del pecado y de la muerte. La hora de la manifestación de su gloria no sería otra que la de su Pasión y su elevación en la Cruz (Evangelio). Conociendo su doloroso destino, anunciado ya anticipadamente a sus discípulos en repetidas oportunidades (ver Mt 16,21; Lc 9,22), Él no se resiste ni se echa atrás. (1ª. lectura) Confiado en Dios, Él se ofrecerá a sí mismo, soportará el oprobio y la afrenta para nuestra reconciliación. De este modo Dios exaltó y glorificó al Hijo que por amorosa obediencia, siendo de condición divina, se rebajó a sí mismo «hasta la muerte y muerte de Cruz» (2ª. lectura). Ante Él toda rodilla ha de doblarse y toda lengua ha de confesar que Él «es SEÑOR para gloria de Dios Padre.»
III. LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA
La liturgia del Domingo de Ramos nos introduce ya en la Semana Santa. Asocia dos momentos radicalmente contrapuestos, separados tan sólo por pocos días de diferencia: la acogida gloriosa de Jesús en Jerusalén y su implacable ajusticiamiento en el Gólgota, el “hosanna” con los saludos desbordantes de júbilo y el “¡crucifícalo!” con los improperios cargados de desprecio.
Acaso nos preguntamos sorprendidos: ¿Qué pasó en tan breve lapso de tiempo? ¿Por qué este cambio radical de actitud? ¿Cómo es posible que los gritos jubilosos de “hosanna” (es decir: “sálvanos”) y “bendito el que viene” con que reconocían y acogían al Mesías-Hijo de David se trocasen tan pronto en insultos, golpes, burlas, interminables latigazos y en un definitivo desprecio y rechazo: “¡A ése no! ¡A Barrabás!... a ése ¡crucifícalo, crucifícalo!”?
Una explicación sin duda es la manipulación a la que es sometida la muchedumbre. Como sucede también en nuestros días, quien carece de sentido crítico tiende a plegarse a la “opinión pública”, a “lo que dicen los demás”, dejándose arrastrar fácilmente en sus opiniones y acciones por lo que “la mayoría” piensa o hace. ¿No hacen lo mismo hoy muchos enemigos de la Iglesia que hallando eco en los poderosos medios de comunicación social presentan “la verdad sobre Jesús” para que muchos hijos de la Iglesia griten nuevamente “crucifíquenlo” y “crucifiquen a su Iglesia”? En el caso de Jesús, como en muchos otros casos, la “opinión pública” es continuamente manipulada hábilmente por un pequeño grupo de poder que quiere quitar a Cristo de en medio (ver Lc 19,47; Jn 5,18; 7,1; Hech 9,23).
Pero la asombrosa facilidad para cambiar de actitud tan radicalmente con respecto a Jesús no debe hacernos pensar tanto en “los demás”, o señalar a la masa para sentirnos exculpados, sino que debe hacernos reflexionar humildemente en nuestra propia volubilidad e inconsistencia. ¿Cuántas veces arrepentidos, emocionados, tocados profundamente por un encuentro con el Señor, convencidos de que Cristo es la respuesta a todas nuestras búsquedas de felicidad, de que Él es EL SEÑOR, le abrimos las puertas de nuestra mente y de nuestro corazón, lo acogemos con alegría y entusiasmo, con palmas y vítores, pero poco después con nuestras acciones y opciones opuestas a sus enseñanzas lo expulsamos y gritamos “¡crucifícale!”, porque preferimos al “Barrabás” de nuestros propios vicios y pecados?
¡También yo me dejo manipular tan fácilmente por las voces seductoras de un mundo que odia a Cristo y busca arrancar toda raíz cristiana de nuestros pueblos y culturas forjados al calor de la fe! ¡También yo me dejo influenciar tan fácilmente por las voces engañosas de mis propias concupiscencias e inclinaciones al mal! ¡También yo me dejo seducir tan fácilmente por las voces sutiles y halagadoras del Maligno que con sus astutas ilusiones me promete la felicidad que anhelo vivamente si a cambio le ofrendo mi vida a los dioses del poder, del placer o del tener! Y así, ¡cuántas veces, aunque cristiano/a de nombre, grito cuando peco: “¡A ése NO! ¡Elijo a Barrabás! ¡A ese sácalo de mi vida! ¡A ése CRUCIFÍCALO!”!
¡Qué importante es aprender a ser fieles hasta en los más pequeños detalles de nuestra vida, para no crucificar nuevamente a Cristo con nuestras obras! ¡Qué importante es ser fieles, siempre fieles! ¡Qué importante es desenmascarar, resistir y rechazar aquellas voces que sutil y hábilmente quieren ponernos en contra de Jesús, para en cambio construir nuestra fidelidad al Señor día a día con las pequeñas opciones por Él! ¡Qué importante es fortalecer nuestra amistad con Él mediante la oración diaria y perseverante! De lo contrario, en el momento de la prueba o de la tentación, en el momento en que escuchemos las “voces” interiores o exteriores que nos inviten a eliminar al Señor Jesús de nuestras vidas, descubriremos cómo nuestro “hosanna” inicial se convertirá en un traidor “crucifícalo”.
¿Qué elijo yo? ¿Ser fiel al Señor hasta la muerte? ¿O cobarde como tantos, me conformo en señalar siempre como una veleta en la dirección en la que soplan los vientos de un mundo que aborrece a Cristo, que aborrece a su Iglesia y a todos aquéllos que son de Cristo?
IV. PADRES DE LA IGLESIA
San Andrés de Creta: «Venid subamos juntos al monte de los Olivos y salgamos al encuentro de Cristo, que vuelve hoy desde Betania, y que se encamina por su propia voluntad hacia aquella venerable y bienaventurada Pasión, para llevar a término el misterio de nuestra salvación. Viene, en efecto, voluntariamente hacia Jerusalén, el mismo que, por amor a nosotros, bajó del Cielo para exaltarnos con Él, como dice la Escritura, por encima de todo principado, potestad, virtud y dominación, y de todo ser que exista, a nosotros que yacíamos postrados. Él viene, pero no como quien toma posesión de su gloria, con fasto y ostentación. No gritará —dice la Escritura—, no clamará, no voceará por las calles, sino que será manso y humilde, con apariencia insignificante, aunque le ha sido preparada una entrada suntuosa. Corramos, pues, con Él que se dirige con presteza a la Pasión, e imitemos a los que salían a su encuentro.»
San Ambrosio: «Como las multitudes ya conocían al Señor, le llaman rey, repiten las palabras de las profecías, y dicen que ha venido el hijo de David, según la carne, tanto tiempo esperado.»
San Beda: «No se dice que el Salvador sea rey que viene a exigir tributos, ni a armar ejércitos con el acero, ni a pelear visiblemente contra los enemigos; sino que viene a dirigir las mentes para llevar a los que crean, esperen y amen, al Reino de los Cielos; y que quisiera ser rey de Israel es un indicio de su misericordia y no para aumentar su poder.»
San Beda: «Una vez crucificado el Señor, como callaron sus conocidos por el temor que tenían, las piedras y las rocas le alabaron, porque, cuando expiró, la tierra tembló, las piedras se rompieron entre sí y los sepulcros se abrieron.»
San Ambrosio: «Y no es extraño que las piedras, contra su naturaleza, publiquen las alabanzas del Señor, siendo así que se confiesan más duros que las piedras los que lo habían crucificado; esto es, la turba que poco después había de crucificarle, negando en su corazón al Dios que confesó con sus palabras. Además, como habían enmudecido los judíos después de la pasión del Salvador, las piedras vivas, como dice San Pedro, lo celebraron.»
V. CATECISMO DE LA IGLESIA
La subida de Jesús a Jerusalén
557: «Como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén» (Lc 9,51). Por esta decisión, manifestaba que subía a Jerusalén dispuesto a morir. En tres ocasiones había repetido el anuncio de su Pasión y de su Resurrección. Al dirigirse a Jerusalén dice: «No cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén» (Lc 13,33).
558: Jesús recuerda el martirio de los profetas que habían sido muertos en Jerusalén. Sin embargo, persiste en llamar a Jerusalén a reunirse en torno a él: «¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas y no habéis querido!» (Mt 23,37b). Cuando está a la vista de Jerusalén, llora sobre ella y expresa una vez más el deseo de su corazón: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos» (Lc 19,41-42).
La entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén
559: ¿Cómo va a acoger Jerusalén a su Mesías? Jesús rehuyó siempre las tentativas populares de hacerle rey, pero elige el momento y prepara los detalles de su entrada mesiánica en la ciudad de «David, su padre» (Lc 1,32). Es aclamado como hijo de David, el que trae la salvación («Hosanna» quiere decir «¡sálvanos!», «¡Danos la salvación!»). Pues bien, el «Rey de la Gloria» (Sal 24,7-10) entra en su ciudad «montado en un asno» (Zac 9,9): no conquista a la hija de Sión, figura de su Iglesia, ni por la astucia ni por la violencia, sino por la humildad que da testimonio de la Verdad. Por eso los súbditos de su Reino, aquel día fueron los niños y los «pobres de Dios», que le aclamaban como los ángeles lo anunciaron a los pastores. Su aclamación, «Bendito el que viene en el nombre del Señor» (Sal 118,26), ha sido recogida por la Iglesia en el «Sanctus» de la liturgia eucarística para introducir al memorial de la Pascua del Señor.
560: La entrada de Jesús en Jerusalén manifiesta la venida del Reino que el Rey-Mesías llevará a cabo mediante la Pascua de su Muerte y de su Resurrección. Con su celebración, el Domingo de Ramos, la liturgia de la Iglesia abre la Semana Santa.

«La Cuaresma está ligada al Domingo de Ramos. Nos hace pensar en la volubilidad humana, no de los otros sino de uno mismo. Hay acontecimientos históricos que la liturgia celebra en el mismo Dies Domini. Así se unen en dos celebraciones en Ramos, dos que constituyen una unidad. El “Hosanna al Hijo de David” con lo gritos terribles del “crucifícale”. Dolor, extrañeza, indignación o sea cual fuera la emoción o emociones que surgen del interior ante esos acontecimientos, no es posible mirar a los demás, sin mirarse antes uno mismo. “El primer campo de apostolado es uno mismo”. Y esa realidad es una que se debe tener siempre presente».
«Son de los que se fascinan con el barco en el puerto, lo admiran, suben en él, lo pulen, lo limpian, lo “engalanan”, pero tan pronto se echa a andar se asustan tanto que parecen tener cien manos para lanzarse por la borda. Son de aquellos entusiastas del Domingo de Ramos que gritan: “¡Hossana al Hijo de David!”, para cuatro días después ser de los que claman: “¡Crucifícale, crucifícale!”. Estamos ante un cuarto “binario” de hombre. Inicialmente bien intencionado, con valores y cualidades en acto, que empieza a poner algunos medios adecuados y que sin embargo lo echa todo a perder por su engreimiento -léase igualmente actitud burguesa-, por no tener los horizontes altos, por una cobarde comodidad, y habría que decir también que por no estar educado para el esfuerzo sostenido».
«Estamos llamados a participar con entusiasmo y con esperanza, con la confianza en las promesas del Señor. La dimensión épica va junto con la dimensión del seguimiento del Señor, no sólo en el Domingo de Ramos, sino en el Viernes de Pasión, y en la confianza en la espera de la Resurrección, como la Madre».

sábado 15 de marzo de 2008

Comentario sobre el Domingo de Ramos y el cuidado de las rúbricas


Domingo de Ramos en la pasión del Señor


Así titula ahora el Misal Romano la festividad de este domingo, con el cual se da comienzo a la Semana Santa, en otra hora llamada Semana Mayor, o penosa por los tormentos recibidos por nuestro Redentor.
En el antiguo Misal incluía este domingo como Domingo de Ramos, pero llamándole Domínica II Passionis seu in palmis. Era una fiesta calificada de semidoble, privilegiada de primera, y se usaban ornamentos morados. Hoy el derecho litúrgico manda sean de color rojo
Se precedía de esto modo a la Semana Santa (Hebdomada Sancta) dentro del clima cuaresmal, con la distinción, hoy desaparecida de un tiempo denominado de Passionis. Algo de esto ha quedado en los prefacios que hemos rezado en estos días anteriores al domingo de Ramos, y las feriales de lunes, martes y miércoles santo: se denominan Prefacios de tiempo de pasión.
La celebración introduce de lleno a la Semana Santa, conmemora la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, dice una introducción del Misal Romano y Rito Parvo que Despidiéndose Jesús de su Señora Madre, de Marta, María y Lázaro, salió de Betania en compañía de los discípulos para ir a Jerusalén. Antes de ser clavado en la Cruz debía ser proclamado Rey…
Dice el mismo Misal que este Domingo de Palmas aclara o ilumina la fiesta de la Epifanía, por cuanto, ahora ya no son los extranjeros que quieren ver y adorar al Hijo de Dios, sino que los herederos de la promesa salen como si fueran un solo hombre a buscar y aclamar al Rey, inaugurando su reinado en la tierra. Era necesario que antes de la muerte el Señor recibiera ambos homenajes, para justificar la inscripción que Pilatos habría de poner reconociendo la realeza de Jesús.
Se aclara que la festividad de Palmas, tiene dos ritos importantísimos, uno la bendición de los Ramos de Olivo, y por otro lado la procesión, que cuando llegaba a la Iglesia el subdiácono golpeaba con la cruz a la puerta del templo, que se abría dando paso a la multitud. Esta escena misteriosa y conmovedora, se explica, el abrir camino a las almas a levantarse en contemplación a los misterios de la Semana Santa.

Desde la época apostólica se celebran los misterios de la Pascua en la Iglesia. De tal modo que el Triduo Pascual es tan antiguo como la Iglesia misma. San Agustín le denominaba triduo de Cristo Crucificado, Sepultado y Resucitado. Posteriormente se agregó la memoria de la Celebración del Jueves Santo, y finalmente se precedió al triduo en el domingo anterior con la celebración litúrgica de la entrada triunfal de Jerusalén (s. IV). Así nació la Semana Santa.
Este domingo denominado de Ramos, fue llamado también de Pascua florida, porque se bendecían flores, dado que en gran parte del mundo coincide con la primavera (la Pascua cristiana coincide siempre con la primera luna llena después del 21 de marzo, primavera para el hemisferio norte). Se da en esta celebración el encuentro de dos tradiciones, la festiva de aclamación (mímesis) en la bendición de ramos y procesión, de origen jerosolimitano, y la más austera (anámnesis) con la lectura de la pasión de origen romano.
El domingo de Ramos abre el gran escenario pascual, monta todo lo necesario para recorrer con la liturgia el drama sagrado de Jesucristo. En la liturgia renovada se dice que hoy la Iglesia despoja a sus ministros de las vestimentas moradas, y los viste de rojo, el color martirial de su fundador, el rojo encendido de su amor divino y humano a los hombres, tomando el texto de Is. 63,1-5 al pisar los furiosos el lagar de la Pasión, salpicarían de zumo rojo los vestidos del Señor…
Hoy la liturgia pide que la bendición, en lo posible se haga fuera del templo, y mejor en otra iglesia cercana para realizar detrás de la Cruz enramada en olivo la procesión simbólica de la entrada en Jerusalén, por ello precede a todo el pueblo, es la única vez que se adorna la Cruz y la que lleva toda la centralidad en la procesión. Los fieles deben llevar en sus manos los olivos ya bendecidos, y no se distribuyen posteriormente como en la antigua liturgia.
La procesión es de origen muy antiguo, en el s. IV en Jerusalén se tienen noticias que ya se hacía, la presidía el obispo montado en un asno, a veces se llevaban procesionalmente los libros sagrados, y en otras a la misma forma consagrada. Terminada la procesión termina el clima jubiloso, se entra por el relato de la Pasión, y así el domingo de Ramos se celebra con sentimientos encontrados: el gozo de la entrada triunfal, y por otro la inminente pasión de Jesús.
De alguna manera, los ritos que habremos de seguir a partir de este domingo de Ramos, están marcados en las rúbricas, cada uno, con sus posibles variantes, se imponen no sólo con la autoridad del derecho canónico litúrgico, sino por el peso de la antigüedad que tienen. Cuando estamos cumpliendo su mandato, hay siglos de historia, millones de hombres y mujeres que lo han vivido de esa forma, no sólo los ritos, los cantos, entre ellos muchos latinos, los himnos, los introitos, son de larguísima tradición. La liturgia particularmente en Semana Santa nos une no sólo en la realidad del hoy como Iglesia, sino misteriosamente con el pasado bimilenario, dando continuidad a gestos, oraciones, y plegarias de altísimo contenido doctrinal, espiritual, que además forman parte del patrimonio poético de la Iglesia. Ellos, nos entroncan en la continuidad con la primitiva Iglesia y con su desarrollo por los siglos en el largo y difícil proceso de asimilar, vivir, adaptar e interpretar el Evangelio.

viernes 14 de marzo de 2008

Hostias de maíz en España


Solo me limito a transcribir la noticia de periodista digital de hoy.Hostias con maíz para célíacos
PD/Europa Press
Viernes, 14 de marzo 2008
Asociaciones de Celíacos reconocieron hoy que, a pesar de la prohibición de la Iglesia, parroquias 'de toda España' dan la Comunión con hostias de maíz y no de trigo, ya que 'mucha gente' acude a estas asociaciones para solicitarlas. Los conventos de monjas son los encargados de elaborarlas. La presidenta de la Asociación de Celíacos de Madrid, Manuela Márquez, aseguró que solicitan hostias de maíz a 'un convento de monjas' y apuntó que 'hay sacerdotes a los que no les importa consagrar esta forma y la piden para su parroquia de Madrid y de otras zonas de España'. 'Con el tema de las primeras comuniones siempre hay conflictos', añadió. En la misma línea, la presidenta de la Asociación de Celíacos de Cataluña, Matilde Torralba, señaló que los párrocos catalanes 'mayoritariamente' permiten a estos enfermos comulgar con hostias sin gluten en la Primera Comunión. Reconoció que se dan 'algunos casos' de reticencias cada año, pero 'generalmente' se resuelven. Torralba explicó que 'siempre hay algún cura que se niega' en Cataluña a usar la oblea sin gluten, pero que finalmente 'se adaptan' en su mayoría. Este año, según aseguró, sólo se dio un caso en esta comunidad, pero finalmente, el responsable de esta iglesia, situada en el Maresme, aceptó el cambio. 'Normalmente, hay una buena predisposición de los curas', señaló. Según añadió, la asociación cuenta con hostias sin gluten a disposición de las familias que se encuentren en estas situaciones y, con ellas, 'generalmente', las iglesias catalanas 'no ponen ningún problema'. DOCTRINA CATÓLICA Las declaraciones de los colectivos de celíacos se produjeron tras la polémica del niño celíaco de Huesca al que el cura de su parroquia le prohibió hacer la Primera Comunión con una hostia sin gluten, siguiendo la doctrina católica determinada en una 'Instrucción' de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, fechada en Roma en marzo de 2004. En ella, se especifica que 'el pan que se emplea en el Santo Sacrificio de la Eucaristía debe ser ázimo, de sólo trigo y hecho recientemente, para que no haya ningún peligro de que se corrompa'. 'Por consiguiente, no puede constituir la materia válida, para la realización del Sacrificio y del Sacramento eucarístico, el pan elaborado con otras sustancias, aunque sean cereales, ni aquel que lleva mezcla de una sustancia diversa del trigo', añade. Asimismo, ante la propuesta de la Iglesia de comulgar únicamente con vino --que se ofrece habitualmente al celíaco en una cucharilla--, estos padres aragoneses reprobaron la sugerencia, considerando inconveniente que su hijo, menor de edad, ingiriera alcohol y ofrecieron como alternativa la Comunión con mosto. Sin embargo, esta opción también fue desestimada por la diócesis oscense, ya que el vino que se utiliza en este sacramento 'debe ser natural, del fruto de la vid, puro y sin corromper, sin mezcla de sustancias extrañas'.


Fundadora de los Focolares

Chiara Lubich
QEPD
14.III.08

Un homenaje de recuerdo y oración a Chiara Lubich, fallecida en el día de hoy en Rocca de Papa, cerca de Roma a los 88 años. Fundadora del movimiento eclesial Focolares, u Obra de María, fue un excepcional instrumento de Jesucristo en la evangelización del mundo moderno. Supo con gran delicadeza constituir y llevar adelente uno de las asociaciones de fieles más numerosas en el mundo entero. Este soplo del Espíritu Santo, suscitado en tiempos y por el mismo Concilio Vaticano II, encontró en Chiara Lubich una intérprete alegre y eficaz. En mi humilde parecer, es uno de los movimientos asociacionistas más transparentes de los que tenemos cuenta. Muy apesar de que el el Código de 1983 no ha encuadrado todavía bien, de manera adecuada y valorando los dones y carismas a estos fenómenos de grupos de fieles laicos, consagrados y ordenados, los focolarinos han dado prueba de ser una gran familia de Dios. En la Iglesia ha ocurrido,y seguirá ocurriendo, que muy apesar de las normas, el Espíritu hace florecer institutuos, movimientos, etc. que responden a la necesidades de la Iglesia en la historia, es la prueba más cabal, que estamos en una sociedad guidada por el único Señor. Dios quiera que su fundadora, ahora en la mejor posición, a la diestra del Señor, siga guiándolos.

Arzobispo de Iglesia Católica Caldea


SS PAULOS FARAJ RAHHO
QEPD


Con profundo dolor hemos recibido la noticia de la muerte de Su Santidad Paulos Faraj Rahho el Arzobispo de Mosul en Iraq, que fuera secuestrado cuando terminaba de salir de una parroquia en la que había presidido el Santo Vía Crucis el pasado 29 de febrero. Si bien no se sabe si fue asesinado o múrió por su precaria salud, su deceso se produjo en cautiverio. La Iglesia Católica Caldea proveniente de la venerable Iglesia Sirio Oriental pertenece a la única Iglesia de Jesucristo, es Católica, Apostólica y de Rito Oriental. Elevamos nuestra plegaria para que SS Paulos sea recibido por el Señor a quién sirvió.

Mosul (
árabe: موصل, al Mawsil) es una ciudad localizada en el norte de Iraq. Ubicada al este del río Tigris y distante aproximadamente unos 330 km de Bagdad.
El territorio en el que hoy día se encuentra situada Mosul fue, mucho tiempo atrás, cuna de una de las ciudades más importantes de la historia del
Antiguo Oriente Próximo, Nínive, capital del Imperio Asirio.
La población de la provincia es fundamentalmente árabe pero la mayoría de los habitantes de la ciudad son
kurdos. En 1987 tenía 664.221 habitantes, pasando a 1.739.800 en 2002 Es la tercera ciudad más grande de Iraq después de Bagdad y Basora. A pocos kilómetros de esta ciudad se encuentra el yacimiento de Tell Hassuna, que data aproximadamente del 6000 a. de C.
Iglesia Católica Caldea
La iglesia católica caldea es una de las iglesias orientales católicas autónomas en plena comunión con la
Iglesia Católica Apostólica Romana.
AÑO DE SEPARACIÓN:
431
AÑO DE REUNIÓN CON ROMA: 1551
LENGUAJES LITÚRGICOS: Siríaco, Árabe


Historia
Descienden de la
Iglesia Asiria de Oriente. En el siglo XV la iglesia asiria decretó que el título de patriarca debía pasar sólo a los parientes del patriarca Mar Simon IV. La discrepancia aumentó hasta que en el 1552, un grupo de obispos se negó a aceptar la sucesión hereditaria al patriarcado.
Eligieron a
Mar John VIII Sulaqa, el superior de una abadía como un patriarca rival. Sulaqa viajó a Roma y se encontró con el papa, finalmente entró en comunión con la Iglesia Católica Apostólica Romana. La iglesia del Oriente ahora tenía dos líderes rivales, un patriarca hereditario en Alqosh (en el actual Iraq) y un patriarca reconocido por el papa en Diyarbakir (en la actual Turquía).
Esta situación continuó hasta
1662 cuando el patriarca en Diyarbakir, Mar Simon XIII Dinja, rompió la comunión con Roma y movió su sede a la villa de Qochanis en el Kurdistán. El obispo de Roma respondió nombrando un nuevo patriarca en Diyarbakir para gobernar a los caldeos que permanecieron leales a la Santa Sede. Este grupo se volvió conocido como la Iglesia católica caldea.
La comunión con
Roma no fue definitiva hasta 1830, cuando Pio VIII confirmó a Juan Hormizdas como cabeza de los católicos caldeos con el título de "Patriarca de Babilonia de los Caldeos".
Las relaciones con la Iglesia Asiria de Oriente aumentaron en años recientes. Un encuentro en 1996 entre
Mar Dinja IV de la iglesia asiria y Mar Rafael I Bidawad de los católicos caldeos, inició los esfuerzos para llevar a las dos iglesias a una eventual comunión.
Jurisdicciones
Patriarca de
Babilonia de los caldeos (sede en Iraq), cuya propia sede episcopal (sufragánea del patriarcado) es la archieparquía de:
Bagdad (en Iraq)
Son además sufragáneas del patriarcado las eparquías de:
·
Alquoch (en
Iraq)
Amadiyah (en
Iraq)
Aqra (en
Iraq)
Sulaimaniyah (en
Iraq)
Zaku (en
Iraq)
Dependen directamente del patriarca los territorios de:
·
Jerusalén (en Israel)
Jordania
Archieparquías metropolitanas:
Kirkuk (en Iraq)
Teherán (en Irán)
Urmia (en Irán) unida a su sufragánea la eparquía de:
Salmas (en Irán)
Archieparquías:
Ahwaz (en Irán)
Erbil (en Iraq)
Basora (en Iraq)
Diarbekir (en Turquía)
Mosul (en Iraq)
Eparquías:
Alepo (en Siria)
Beirut (en el Líbano)
El Cairo (en Egipto)
San Pedro el Apóstol en
San Diego (en Estados Unidos)
Santo Tomás el Apostol en
Detroit (en Estados Unidos)
Santo Tomás el Apostol en
Sydney (en Australia)
Sedes titulares:
Archieparquía metropolitana titular:
Rew-Ardashir
Archieparquías titulares:
Kaškar
Nisibis
Eparquías titulares:
Anbar
Mardin
Lista de Patriarcas-católicos de la Iglesia Católica Caldea
Juan (
Simón VIII Sulaqa) (1552-1555)
Abdisho IV Maroun (1555-1567)
Vacante (1567-1578)
Yaballaha V (1578-1580)
Sede en
Urmia
Simón IX Dinkha (1580-1600)
Simón X Elías (1600-1638)
Simón XI Eshuyow (1638-1656)
Simón XII Yoalaha (1656-1662)
Sede en Qochanis.
Simón XIII Dinkha (1662-1681)
Sede en Diyarbakir.
José I (1681-1695)
José II Sliba Bet Ma'aruf (1696-1713)
José III Maraugin (1713-1757)
José IV Hindi (1757-1781)
José V Hindi (1781-1828)
Vacante (1828-1830)
Sede en Mosul.
Juan VIII Hormez (1830-1838)
Vacante (1838-1840)
Nicolás Zaya' (1840-1848)
José VI Audo (1848-1878)
Elías XIV Abolionan (1878-1894)
Abdisho V Khayat (1894-1899)
José Manuel II Tomás (1900-1946)
Sede en Bagdad.
José VII Ghanima (1946-1958)
Pablo II Cheikho (1958-1989)
Rafael I Bidawid (1989-2003)
Shlemon Wardoni (2003, lugarteniente)
Manuel III Karim-Delly (2003- )

jueves 13 de marzo de 2008

El canon 1














¿Para qué Iglesia vale el Código de Derecho Canónico de 1983?
c.1

Se puede decir que los cc. 1-6 son legislación puente. Es decir sirven para hacer el tránsito de la vigencia del anterior Código de 1917, llamado Pío-benedictino (Pío XI – Benedicto XV), a la nueva legislación. Normas llamadas transitorias, no porque pierdan vigencia sino porque regulan el paso de una codificación a la otra.

Más de una vez suelen aparecer las preguntas: tengo que casar a dos fieles parroquianos, que han venido al pueblo por la empresa de tal o cual cosa, pero están bautizados los dos en la Iglesia Católica Armenia, tienen los certificados y todo ¿Cómo hago?

Es fundamental saber el contenido grave del c. 1. Responde justamente a la pregunta ¿Cuál es el sujeto pasivo del Código de 1983? A quienes se les puede aplicar estas normas, puesto que no a todos los miembros de la Iglesia de Cristo le son legislación vigente.

¿Cuál es el ámbito de eficacia de aplicación del CIC? El c. responde a una cuestión fundamental: cuales son las personas físicas o jurídicas a las que se les debe aplicar la ley. La letra del c. es clara, estas normas son aplicables a la Iglesia Latina. Esto lleva a saber que es la Iglesia Latina, a recordar algunos elementos fundamentales de la historia eclesial para entender, y por otro lado, me parece, que por la fuerte movilidad en el mundo, una aldea global, deberíamos saber, sobre todo los clérigos cuales son las Iglesias que son tales, es decir no simplemente “comunidades separadas”, sino iglesias sui iuris, a más de cuales son católicas y cuales no. De otro modo podemos estar administrando bienes espirituales o bien en forma inválida, o por lo menos ilícita.

El código de 1983 es para la Iglesia Católica Latina. Sabemos que existen Iglesias Católicas de rito Oriental, por tanto estas comunidades no están sujetas al régimen del CIC, tiene su propio derecho promulgado por el Siervo de Dios Juan Pablo II el 18 de octubre 1990 (CCEO= Código de Cánones de las Iglesias Orientales).

Al dividirse el Imperio Romano en dos, oriente y occidente, en el 293 por el Emperador Dioclesiano, las Iglesias particulares de oriente, todas Apostólicas, mantuvieron el estilo de las primeras Iglesia particulares, con lo cual tenían su propia liturgia, normas = disciplina eclesiástica, y un riquísimo patrimonio espiritual. Todo este conjunto es lo que técnicamente llamamos “rito, o iglesia ritual”, es lo mismo que decir Iglesias sui iuris.
Es de entender que las Iglesias rituales orientales cada una mantuviera su identidad propia porque no había una ciudad que las unificara, como si pasó en occidente con Roma. El imperio de oriente fue un imperio fraccionado, no unitario.

En occidente en cambio la fuerza de Roma impuso su liturgia, su disciplina y el patrimonio espiritual propio, que sin ahogar legítimas diferencias unificó a todas. En el 1054 las Iglesia de oriente se separaron de Roma, es lo que se denomina el primer cisma, o cisma de Focio, pero al poco tiempo muchas de ellas regresaron a la comunión plena con Roma, que es decir con su obispo, el Papa. Este grupos de Iglesia sui iuris son las que denominamos Iglesias Católicas Orientales.

En las Iglesias de Occidente que permanecieron unidas al Papa y bajo el influjo del centro del imperio: Roma fueron unificándose en lo que llamamos el rito romano, salvo contadas excepciones, como el Rito Ambrosiano en Milán, y Rito Mozárabe en algunos sectores de España. Hay que recordar aquí que con el MP Summorum Pontificum, el Papa Benedicto XVI, habla no de “rito Tridentino”, sino de un solo Rito latino, que tiene dos formas celebrativas, una ordinaria y otra extraordinaria.

No vale para las Iglesias Católicas Orientales, tienen su propio código. Tampoco para las Orientales Ortodoxas, menos todavía para las comunidades eclesiales separadas de la reforma protestante.

Podríamos preguntarnos todavía ¿es válido para las comunidades separadas de la Iglesia Romana en aquellas normas de derecho divino, natural o positivo? Esas leyes son válidas y obligantes para estas comunidades, pero en tanto que afectan a todos por ser de derecho divino, no por ser mandadas por el CIC.
Puede servirnos para tener idea de cuales son las Iglesias Católicas Orientales:





Siempre Católicas:
Iglesia Maronita
Iglesia Ítalo Albanesa



Provenientes de la Iglesia Sirio Oriental:
Iglesia Siro Malabar
Iglesia Caldeo Católica





Provenientes de los Monofisitas
Iglesia Copto Católica
Iglesia Etiope Católica
Iglesia Sirio Occidental Católica
Iglesia Sirio Malankar Católica
Iglesia Armenia Católica



Provenientes de la Iglesia Ortodoxa
Iglesia Bizantina Melkita
Iglesia Ucraniana
Iglesia Rutena
Iglesia Rumana
Iglesia Griega
Iglesia Bizantina de Kricevzi
Iglesia de Macedonia
Iglesia Servo Montenegrina
Iglesia Búlgara
Iglesia Eslovaca
Iglesia Húngara
Iglesia Rusa
Iglesia Bielo Rusa
Iglesia Albanesa

La Iglesia Ortodoxa tiene las siguientes Iglesias Rituales
Autocéfalas
Constantinopla
Alejandrina
Antioquena
Jerosolimitana
Rusia
Serbia
Rumania
Bulgaria
Georgia
Chipre
Grecia
Polonia
Albania
Checoslovaquia
América



Auntónoma
Monte Sinaí
Finlandia
Japón
China



Canónicas
Iglesia Cárpato Rusa
Iglesia Ucraniana en USA
Irregulares
Rusos ortodoxos fuera de Rusia
Viejos creyentes
Bielorusos ortodoxos
Macedonios ortodoxos
Ucranianos ortodoxos

miércoles 12 de marzo de 2008

No es cosa de otro mundo




En el día de ayer, revisando los archivos de la PC, me encontré con la carta que reglamenta el tema del pan sin gluten y el mosto para los fieles que padecen enfermedad celíaca. Me pareció que debía integrarla en el blog. Así lo hice. Esta mañana me encuentro con la noticia en periodista digital que viene como anillo al dedo para darse cuenta que el tema no es tan raro.


Entiendo que el párroco de Santiago, y las autoridades diocesanas de ese lugar no consientan el pan sin gluten, ya que si no tiene gluten el pan deja de ser tal, y que la carta habla de "una cierta cantidad de gluten" suficiente para la panificación, pero la verdad es que hacer un pan así debe ser un poco difícil- ¿cuál sería el porcentaje de gluten?, ¿habrá alguien que lo haga? etc. Por ello la respuesta más certera es que el niño comulgue con la sanguis. Es lo más seguro, además, bastaría un gota de ella para que fuera comunión verdadera, en caso de que los padres se opusieran a que se bebiera alcohol.


Lo que es absolutamente verdad es que en el tema de la material sacramental ninguna atoridad inferior a la Sede Apostólica puede legislar, por tanto ni dispensar (cf. c 841). El pan de maíz no es materia sacramental para la eucaristía.
La noticia aparece como una negativa, leyendo, uno se da cuenta que no es así.

Iglesia no permite a un niño celíaco colmugar con una hostia sin gluten
Sin comunión, por celíaco
PD/Europa Press
Miércoles, 12 de marzo 2008
Unos padres critican que el párroco de la Iglesia de Santiago y el vicario de la Diócesis de Huesca no permitan que su hijo, que quiere hacer la Primera Comunión, comulgue con una hostia sin gluten. El niño es celíaco y los padres propusieron que comulgara con una hostia de maíz, en lugar de una elaborada con trigo, ya que si no podría tener consecuencias para su salud. Según publica el 'Heraldo de Aragón', María José Martín y su marido Javier Campo, que afirman ser creyentes practicantes, se llevaron una desagradable sorpresa cuando, primero el párroco de la Iglesia de Santiago de la capital altoaragonesa y después el vicario de la Diócesis de Huesca José Antonio Satué, les negaron la posibilidad de que su hijo recibiera la comunión con una forma de maíz proporcionada por la Asociación de Celíacos. Como argumento les remitieron a un documento emitido en junio de 1995 por el actual Papa Benedicto XVI, entonces Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que decía que las hostias sin gluten son "inválidas para el sacramento", si bien se consideran "materia válida si en ellas permanece la cantidad de gluten suficiente para obtener la panificación". Como alternativa, al matrimonio les dijeron que su hijo podría hacer la comunión con vino, pero los padres se oponen a que el niño tome alcohol, y alegan que está prohibido el consumo a menores. Los padres plantearon que comulgara con mosto, pero el vicario les indicó que tenía que ser vino. Por su parte, según el vicario José Antonio Satué, para la Iglesia hay cosas "muy, muy sagradas, como los sacramentos" cuyas disposiciones "no podemos cambiar nosotros porque son para la Iglesia universal" y añadió que no se pueden hacer excepciones. Apuntó como solución hacer la comunión exclusivamente bajo la especie del vino. A este respecto comentó que "no creo que sea ilegal que los niños tomen medio sorbo de vino en la comunión". José Antonio Satué ha manifestado que la disposición de la Santa Sede acerca de cómo administrar este sacramento, "no tiene dispensa" en este sentido, por lo que no depende "ni de la parroquia ni del Obispado", el poder proporcionar la alternativa de la hostia sin gluten.




martes 11 de marzo de 2008

Pan sin gluten y mosto




CARTA ACERCA DEL USO DE PAN SIN GLUTEN Y MOSTO COMO
MATERIA PARA LA CONSAGRACIÓN EUCARÍSTICA.

Congregación para la Doctrina de la Fe, de 19 de junio de 1995.

Eminencia / Excelencia:

Esta Congregación ha seguido atentamente durante los últimos años la evolución del problema relativo al uso del pan con poca cantidad de gluten y del mosto como materia eucarística.

Tras un largo estudio, llevado a cabo en colaboración con algunas Conferencias Episcopales particularmente interesadas, la Sesión Ordinaria del Dicasterio del 22 de junio de 1994 ha tomado algunas decisiones sobre la cuestión.

Tengo por ello ahora el honor de comunicarle la normativa al respecto:

I. Respecto al permiso de usar pan con poca cantidad de gluten:
A. La respectiva licencia puede ser concedida por el Ordinario a los sacerdotes y laicos afectados de celiaca, previa presentación del correspondiente certificado médico.

B. Las condiciones para la validez de la materia son:

1) Las hostias especiales «quibus glutinum ablatum est» son materia inválida para el Sacramento.

2) Dichas hostias, en cambio, son materia válida si en ellas permanece la cantidad de gluten suficiente para obtener la panificación, si no se han añadido materias extrañas y si el procedimiento usado para su confección no desnaturaliza la substancia del pan.

II. Respecto al permiso de usar mosto:
A. La solución preferible sigue siendo la comunión por intención, o bien, en la concelebración, la comunión bajo la sola especie del pan.

B. La licencia para el uso del mosto puede ser concedida por el Ordinario a los sacerdotes afectados de alcoholismo o de otra enfermedad que les impida tomar alcohol incluso en mínima cantidad, previa presentación del correspondiente certificado médico.

C. Por mosto se entiende el zumo de uva fresco o conservado, suspendiendo la fermentación mediante congelamiento u otro método que no altere su naturaleza.

D. A quienes gocen de licencia para el uso del mosto les está impedido en principio presidir la Santa Misa concelebrada. Sin embargo pueden darse excepciones: En el caso de un Obispo o Superior General, o bien, con el permiso del Ordinario, en el aniversario de la propia ordenación sacerdotal y en otras ocasiones similares. En estos casos el que preside la Eucaristía hará la comunión bajo la especie del mosto, mientras para los concelebrantes se preparará un cáliz con vino normal.

E. Para los rarísimos casos de petición de uso de mosto por parte de los laicos se deberá recurrir a la Santa Sede.

III. Normas comunes
A. El Ordinario debe verificar que el producto usado sea conforme a las exigencias intencionadas.

B. La licencia será concedida solamente para el tiempo en que dura la situación que ha motivado la solicitud.

C. Se debe evitar el escándalo.
D. Los aspirantes al Sacerdocio afectados de celiaca, alcoholismo o enfermedades análogas, dada la centralidad de la celebración eucarística en la vida sacerdotal, no pueden ser admitidos a las órdenes sagradas.

E. Puesto que ya se han resuelto las cuestiones doctrinales implicadas, la competencia disciplinar sobre la materia pertenece a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

F. Las Conferencias Episcopales interesadas informarán cada dos años a la mencionada Congregación acerca de la aplicación de las presentes normas.
Aprovecho gustoso la circunstancia para expresarle mis mejores augurios y confirmarme suyo devotísimo en Cristo
+ Joseph Card. Ratzinger

La absolución general siempre es excepcional


Las absoluciones sacramentales colectivas y su carácter de excepcionalidad c. 961

Los cc. que regulan la disciplina sobre las absoluciones colectivas (cc. 961-963) tienen como fuente las Normas pastorales “Sacramentum Paenitantieae de la SCDF de 1972. Este documento deja sentado un principio doctrinal dogmático a la luz del que se debe interpretar cualquier norma que pudiere afectar a la estructura del sacramento de la Reconciliación: El Concilio de Trento, declaró solemnemente que para la remisión, total, íntegra y perfecta, se requieren en el penitente tres actos como parte del Sacramento: contrición, confesión y satisfacción. El mismo dice que la absolución del sacerdote es un acto judicial, y que por derecho divino (mandado por Dios mismo) es necesario confesar al ministro todos y cada uno de los pecados mortales, así como las circunstancias que pudieran cambiar su especie de los cuales uno se acuerde después del debido examen de conciencia, que dice debe ser diligente.
Esta condición que se ha declarado es indispensable por ser de derecho divino, forma parte de la estructura sacramental de la Reconciliación, ni siquiera cuando en circunstancias excepcionales se permite la absolución colectiva. En estos casos también se exige la contrición y confesión, aunque ésta, por razón de imposibilidad física o moral tan sólo pueda ser genérica. Los pecados graves no confesados en todo caso, deben someterse al poder de las llaves.
Estamos frente a una exigencia de orden dogmático, así como la absolución reclama la confesión individual e íntegra, ésta reclama la absolución individual, porque el acto absolutorio de confesor, juez y médico, como los actos de penitente, integran esencialmente el signo sacramental.
Los cc. 961-963 que disciplinan las absoluciones colectivas, fueron muy discutidos si, ser integrados al texto del Código, o colocarlos en el Ritual, o si fueran acaso, materia de un decreto extracodicial. Fue para esta materia determinante las dos guerras mundiales, por cuanto ya el Papa Pío XII había concedido licencias especiales, pero siempre entendiendo esta formalidad como excepcional por las circunstancias.
En 1972 y con aprobación de Pablo VI la SCDF da las normas Sacramentum Paeniteantiae, a pedido de muchos obispos que veían como se abusaba de las llamadas absoluciones colectivas.
En 1973 el Ordo Paenitentiae quedó promulgado, y recoge fielmente la disciplina de las Normas Pastorales de 1972 y establece el rito según el cual debe impartirse la absolución sacramental.
Las Normas de 1972 se interpretaron mal en algunos sectores. Por ello fue necesaria otras intervenciones posteriores del Magisterio sobre el carácter totalmente excepcional de las absoluciones colectivas, entre ellas respuestas sobre el tema de la SCDF, alocuciones de los Papas: Pablo VI y Juan Pablo II, y la Encíclica Reconciliatio et Paenitentiae de 1984.
El c. 961 que intento comentar recoge casi literalmente los números III y V de las Normas Pastorales. El carácter excepcional, y por tanto no opcional hace que sean interpretadas estrictamente, es decir con la menor amplitud posible de las palabras.
Mientras se discutía el texto, se pedía que dijera puede o debe impartirse la absolución general… se cambió definitivamente por no puede darse a no ser que… por otro lado se dejaba a juicio del confesor la existencia de otra necesidad grave, y esta referencia desaparece en el texto de 1983.
En 1996 se da otra intervención del Pontificio Consejo para la interpretación auténtica de los textos legislativos, que no cambia sustancialmente la doctrina, contextuando el c. 961 en relación con otros cc., y que transcribo al final del escrito.
Si no se tiene en claro un poco esta historia redaccional, no se podría explicar bien el contenido del c. 961, que podría sintetizarse de la siguiente manera:
1. El primer caso es simple, en peligro de muerte (no se dice artículus mortis), y el sacerdote o los sacerdotes no tengan tiempo suficiente de oír la confesión de cada penitente.
2. Las dos condiciones del c. (§1,2º) –insuficiencia de confesores, y que los penitentes se vean forzosamente privados de la gracia sacramental o de la Sagrada Comunión, deben darse al mismo tiempo.
3. La afluencia de gran cantidad de fieles en un lugar no son por sí mismas suficientes para impartirla. En todo caso tales, pueden antes o después del evento confesarse individualmente. No hay necesidad, mucho menos derecho de hacerlo en ese momento. Está claro que no es una opción pastoral normal como medio para afrontar una necesidad.
4. Respecto al §2, remite a las condiciones requeridas en el §1, por las que no están autorizados los Ordinarios a cambiarlas, o sustituir por otras, o a criterio personal determinar cuando se dan situaciones de grave necesidad. Puesto que el Obispo en Reconciliatio et Paenitentiae se dice que dará el juicio sintiendo una grave carga del respeto a la ley y a la praxis eclesial.
5. Tales condiciones requeridas, para que se diga hay grave necesidad, vienen más restringidas que en las Normas…en dónde se decía que bastaba cambiar impresiones con sus colegas de la Conferencia, cuando el derecho vigente dice que debe tener en cuenta los criterios acordados con la miembros de la Conferencia Episcopal, lo que no se trata de impresiones vagas, acuerdos de pocos, o sólo opiniones de algunos. Esto no significa que la conferencia de obispos tengan potestad legislativa en esta materia, pero es un tratar de favorecer una pastoral de conjunto que evite la sorpresa o confusión de los fieles.

PONTIFICIO CONSIGLIO PER I TESTI LEGISLATIVI
NOTA ESPLICATIVA

II. Assoluzione generale senza previa confessione individuale
(Communicationes, 28 [1996] 177–181)
Risposta data ad un Legato Pontificio che attendeva delle spiegazioni da questo Dicastero:
Prot. 5309/96

ASSOLUZIONE GENERALE SENZA PREVIACONFESSIONE INDIVIDUALE(Circa il canone 961 CIC)

I. La normativa del can. 961 relativa all’assoluzione generale, deve essere interpretata e correttamente applicata nel contesto dei canoni 960 e 986, § 1.
Il canone 960 recita: « Individualis et integra confessio atque absolutio unicum constituunt modum ordinarium, quo fidelis peccati gravis sibi conscius cum Deo et Ecclesia reconciliatur; solummodo impossibilitas physica vel moralis ab huiusmodi confessione excusat, quo in casu aliis quoque modis reconciliatio haberi potest ».
Il canone sancisce l’obbligo della confessione individuale, con la relativa assoluzione, come « unico mezzo ordinario » per ottenere la riconciliazione con Dio e con la Chiesa. Tale modo ordinario viene qualificato come di « diritto divino » dal Concilio di Trento (Cf. DZ 1707). Il canone accenna ad altre possibili forme di riconciliazione, ma che possono aver luogo ovviamente con carattere straordinario – soltanto quando c’è una impossibilità fisica o morale di realizzare la « individuali et integra confessio atque absolutio ».
L’obbligo sancito al can. 960 trova riscontro e conferma con la norma stabilita nel can. 986, § 1 che recita così: « Omnis cui animarum cura vi muneris est demandata, obligatione tenetur providendi ut audiantur confessiones fidelium sibi commissorum, qui rationabiliter audiri petant, utque iisdem opportunitas praebetur ad confessionem individualem, diebus ac horis in eorum commodum statutis, accedendi ». È questo, infatti, un diritto fondamentale dei fedeli ed un grave dovere di giustizia dei « sacri pastores » (cf. cann. 213 e 843).
L’obbligo della confessione individuale sancito dal canone 960 come « unico mezzo ordinario » per la riconciliazione, è stato sottolineato e riaffermato più volte dal Legislatore, anche successivamente alla promulgazione del CIC del 1983. Ad esempio, nella Esortazione Apostolica post-sinodale « Reconciliatio et Paenitentia » così si esprimeva: « singularis et integra peccatorum confessio cum absolutione pariter singolari unicum ordinarium modum constituit quo fidelis, peccati gravis conscius, reconciliatur Deo atque Ecclesiae » (AAS, LXX–VII, 1985, p. 270).
Dalla normativa suddetta si deduce che quanto è prescritto nel can. 961 circa l’assoluzione generale riveste il carattere di eccezionalità, e rimane sottoposta al dettame del canone 18: « leges quae... exceptionem a lege continent, strictae subsunt interpretationi »; essa pertanto deve essere strettamente interpretata.
Giovanni Paolo II, nella stessa Esortazione Apostolica, è tornato a sottolineare espressamente questo carattere di eccezionalità: « Reconciliatio plurium paenitentium cum confessione et absolutione generali naturam prae se fert exceptionis neque proinde permittitur liberali electioni, sed disciplina regitur ad hoc instituta » (Esortazione Apostolica « Reconciliatio et Paenitentia » (AAS, LXXVII, 1985, p. 267).
II. Il can. 961, § 1 nn. 1º–2º, presentando il modo straordinario dell’assoluzione collettiva, fissa due condizioni tassative che indicano i soli casi in cui tale assoluzione è lecita:
1º che vi sia un pericolo di morte (« immineat periculum mortis ») e per il sacerdote o i sacerdoti non vi sia tempo sufficiente per l’ascolto della confessione individuale. (Riferimento questo, al motivo originario della concessione dell’assoluzione generale nel periodo bellico delle due guerre mondiali).
2º che vi sia una grave necessità (« adsit gravis necessitas »). Lo stato di necessità, spiega il canone, si verifica quando il numero di penitenti e la scarsezza di sacerdoti fa sì che i fedeli, senza loro colpa, rimangono privi, durante un tempo notevole, della grazia sacramentale o della santa comunione.
Perché si verifichi tale stato di « grave necessità » devono concorrere congiuntamente due elementi: primo, che vi sia scarsezza di sacerdoti e gran numero di penitenti; secondo, che i fedeli non abbiano avuto o non abbiano la possibilità di confessarsi prima o subito dopo. In pratica, che essi non siano responsabili, con la loro trascuratezza, dell’attuale privazione dello stato di grazia o dell’impossibilità di ricevere la santa comunione (« sine propria culpa ») e che questo stato di cose si protrarrà prevedibilmente a lungo (« diu »).
La riunione però di grandi masse di fedeli non giustifica per se l’assoluzione collettiva. Perciò è precisato nella stessa norma canonica: « non è considerata necessità sufficiente, quando i confessori non possono essere disponibili, a motivo del solo grande concorso di penitenti, quale si può avere in qualche grande festività o pellegrinaggio ».
III. Il canone 961, § 2 stabilisce inoltre che spetta al Vescovo diocesano determinare se nel caso concreto, alla luce dei criteri « concordati con gli altri membri della Conferenza episcopale », si verificano le condizioni per impartire l’assoluzione generale.
Il Vescovo diocesano ha, pertanto, nei casi concreti e alla luce dei criteri fissati dalla Conferenza episcopale, il ruolo di verificare la presenza o meno delle condizioni stabilite dal Codice di Diritto Canonico. Egli non può stabilire i criteri e non ha in alcun modo il potere di modificare, aggiungere o togliere le condizioni già stabilite nel Codice e i criteri concordati con gli altri Membri della Conferenza episcopale.
Il Supremo Legislatore ha ricordato più volte, nei suoi interventi, la delicatezza di questa norma ed ha più volte richiamato la responsabilità dei Pastori delle diocesi all’osservanza di essa.
Già Paolo VI di v. m., in un discorso ad alcuni Vescovi degli Stati Uniti, ebbe a dire: « Ordinaries were not authorized to change the required conditions, to substitute other conditions for those given, or to determine grave necessity according their personal criteria, however worthy » (AAS, LXX, 1978, p. 330).
Giovanni Paolo II nella citata Esortazione Apostolica ha ribadito questo grave dovere: « Episcopus ergo, cuius solius est, intra fines suae dioecesis, aestimare utrum condiciones reapse habeantur... hoc iudicium faciet graviter onerata conscientia pleneque observata lege et praxi Ecclesiae necnon ratione habita criteriorum et mentium directionis, ... cum ceteris membris Conferentiae Episcopalis convenerit » (Esortazione Apostolica « Reconciliatio et Paenitentia », AAS, LXXXVII, 1985, p. 270).
IV. Anche l’iter della redazione del canone 961, sottoposto a suo tempo alla consultazione dell’Episcopato, evidenzia il carattere di eccezionalità della riconciliazione mediante l’assoluzione generale, come si può rilevare attraverso lo studio degli atti pubblicati sulla rivista « Communicationes ».
Emblematico, al riguardo, è il passaggio da una iniziale formulazione che prevedeva positivamente la possibilità dell’assoluzione generale, ad una formulazione che, al contrario, proibisce direttamente l’assoluzione generale prevedendola soltanto come eccezione.
Nello schema « De Sacramentis » del 1975, l’attuale canone 961, che figurava con il numero 132, § 1, appariva redatto in forma positiva: « Firmis praescriptis can. 133, absolutio pluribus insimul paenitentibus, sine praevia individuali confessione, generali modo impertiri potest, immo vel debet... ».
La possibilità dell’assoluzione collettiva prevista in questa forma positiva rimase immutata anche dopo l’esame delle osservazioni fatte nella prima consultazione (cf. Communicationes 9, 1978, 52–54), e nella stessa forma appare nello « Schema CIC » del 1980, sotto il canone 915, § 1.
La modifica venne introdotta in seguito alle osservazioni fatte allo Schema del 1980 dai Padri della Commissione, come risulta dalla relazione pubblicata relativamente a questi lavori:
« Ad § 1: 1. Praefertur ut § 1 ita redigatur: » Absolutio pluribus insimul paenitentibus sine praevia individuali confessione generali modo ne impertiatur, nisi... (Alter Pater).
2. Dicatur: « Absolutio... impertiri non potest: 1) nisi immineat periculum mortis... 2) nisi adsit pergravis necessitas... » Formulatio negativa, suppressio verbi « vel debet » et substitutio « gravis » cum « pergravis » sunt omnino necessariae ad abusos vitandos, qui revera iam fere habentur.
Formula in textu proposito permulta damna infert vitae spirituali fidelium et vocationibus, quia fideles fere numquam peccata sua confitentur (Tertius Pater) ».
R. Admittantur: et textus § 1 erit: « Absolutio... impertiri non potest, nisi: 1) immineat... 2) adsit gravis... » (Relatio complectens Synthesim Animadversionum..., in Communicationes, 15, 1983, p. 205).
Nello « Schema novissimum » del 1982, il canone 961 è redatto nella forma negativa, che viene definitivamente sancita dal Legislatore nel CIC del 1983.
V. La corretta applicazione delle norme relative all’assoluzione generale esige inoltre l’osservanza di quanto prescrivono i successivi canoni 962 e 963.
Il canone 962, § 1 stabilisce un ulteriore obbligo specifico relativo all’assoluzione generale. Perché l’assoluzione generale impartita secondo i criteri canonici sia valida, si richiede, oltre le disposizioni necessarie per la confessione nel modo ordinario, il proposito di confessare in maniera individuale tutti i peccati gravi che non si sono potuti confessare a causa dello stato di grave necessità.
In una allocuzione ai Penitenzieri delle Basiliche Romane, Giovanni Paolo II ha fatto cenno a questo aspetto: « Ma voglio richiamare la scrupolosa osservanza delle condizioni citate, ribadire che, in caso di peccato mortale, anche dopo l’assoluzione collettiva, sussiste l’obbligo di una specifica accusa sacramentale del peccato e confermare che i fedeli hanno diritto alla propria confessione individuale » (AAS, LXXIII, 1981, p. 203).
Nell’Esortazione Apostolica « Reconciliatio et Paenitentia », dopo aver ricordato che la confessione individuale è l’unico mezzo ordinario della riconciliazione, scrive « Ex hac confirmatione Ecclesiae doctrinae consequitur manifesto ut omne peccatum grave semper sit declarandum... in confessione singulari » (AAS, LXXVII, 1985, p. 270).
Il canone 963, sebbene non determini in forma specifica un tempo preciso entro cui effettuare questa confessione individuale, stabilisce però criteri normativi chiari: la confessione individuale deve essere fatta prima di un’altra eventuale confessione generale e deve essere effettuata « quam primum », cioè non appena terminate le circostanze eccezionali che hanno provocato il ricorso all’assoluzione collettiva.
Dal Vaticano, 8 novembre 1996.
Julian Herranz, Arcivescovo tit. di Vertara, Presidente
Bruno Bertagna, Vescovo tit. di Drivasto, Segretario

domingo 9 de marzo de 2008

El Motu Proprio Summorun Pontifucum






Consideraciones jurídicas y litúrgicas de la Carta en forma de Motu Proprio Summorum Pontifucum de SS Benedicto XVI


El 14 de setiembre del año pasado (2007) junto a la Fiesta de Exaltación de la Santa Cruz, en todo el orbe los fieles de la Iglesia Católica Latina estamos afectados a disposiciones canónico-litúrgicas de valor universal nuevas en lo referido a la celebración de la Misa, e incluso de los demás sacramentos, y el rezo del Breviario[1].
Nada de esto es indiferente, por cuanto significan desde lo jurídico deberes y derechos que se deben asumir de acuerdo a la normativa a partir de la promulgación del MP el 7 de julio de 2007, y de su entrada en vigencia (después de la vacación correspondiente) en la significativa fiesta de la Cruz. En realidad el mismo derecho cuando en cc. introductorios quiere referirse a la Eucaristía dirá en consonancia con toda la tradición que es el memorial de la muerte y resurrección del Señor, en el cual se perpetua a lo largo de los siglos el sacrificio de la Cruz…[2] Mejor fecha no podría haber tenido.
La carta papal pura y simplemente abroga dos normativas que venían rigiendo la celebración de la Santa Misa, llamada Tridentina con la edición típica del Misal Romano promulgado por el Papa Pío V (1570)[3], y a su vez por el Beato Juan XXIII (1962)[4], contenidos en el documento Quattor abhinc annis y Ecclesia Dei. Es significativo esto desde el pensamiento jurídico y desde la praxis litúrgica, ocurre lo que se dice en el c. 20 la ley posterior abroga la precedente si lo establece de manera expresa, o es directamente contraria a la misma…[5]
Descontado está por lo dicho, algo que el Papa menciona claramente que dicha liturgia nunca había sido abrogada o prohibida (esto para muchos, incluso clérigos y obispos fue una noticia, por presunciones en contrario) sino restringida su práctica a normas que de ahora en más no existen, sino el MP como única ley.
Las razones del MP se disparan en diversos sentidos, creo que ninguno de ellos es totalmente satisfactorio, desde una acentuación de la liturgia y doctrinas anteriores al Concilio Vaticano II, una autorización en forma de concesión a católicos tradicionalistas, particularmente el grupo de la Fraternidad Sacerdotal Pío X (Mons. Gabriel Lefevre) que le costó a la Iglesia un cisma al menos material, fuertes presiones de otros grupos que sostienen ideas y concepciones más en la línea de la sana Tradición[6] etc. Ninguna de ellas llega a explicar totalmente la razón por la que el Papa teólogo, no sin consultas y con largo camino hecho por la Comisión Ecclesia Dei, llegó a la determinación de la carta y su disciplina[7]. Huelga decir que no contradice la colegialidad aludida en la nota de pie, más bien el Papa ha hecho suya una problemática que debía resolver, y puso manos en el asunto.
En realidad la ampliación de la autorización, que llamamos liberar la Misa Tridentina[8], obedece a mí ver a cosas más profundas. Pero suponiendo que fuera una concesión a lefevrianos, para nada es una concesión difamante, puesto que la Misa denominada de Juan XXIII es venerable tanto por su antigüedad, como por su espiritualidad. Dicho esto había que aclarar que si es una concesión, y parece serlo no más, no es un regreso, ni una claudicación, sino un signo o propuesta de apertura, como a la vez de encontrar la unidad en la diversidad. En realidad responde al más genuino espíritu del Concilio Vaticano II en su concepto de ecumenismo.
Con la ampliación de la autorización se abren nuevos horizontes y oportunidades pastorales. Nadie que tenga algo de cultura teológica critica a la Misa del Beato Juan XXIII por sí misma, es un ritual riquísimo y espiritual. Muchos de nosotros no lo hemos conocido, y sobre todo si somos sacerdotes o religiosos, podemos con razón pedir cuentas con caridad a quienes no mencionaron o enseñaron en su momento esta forma extraordinaria, del único rito romano según las mismas palabras del Papa[9]. Lo que queda en el ambiente en realidad es un cierto tufillo de un cierto retroceso en la reforma conciliar.
La forma de tratamiento del rito romano, como expresándose en una forma ordinaria y otra extraordinaria, ciertamente hunde sus raíces en la verdad de hecho, que el Misal Tridentino nunca fue desechado. Esta forma de hablar no tiene precedente en la historia de la liturgia. Algunos se lo achacan al Papa, pero la verdad es que además de Papa, es teólogo y excelente liturgista, y con total autoridad puede hacerlo.
La carta por otra parte es concisa, bien estructurada, y para que no haya suspicacias de los juristas y liturgistas sobre todo, no queda creo casi nada si decir, entonces no hay forma de encontrar lo que en derecho llamamos laguna iuris.
Creo sinceramente, que sería un desastre que a diestra y siniestra los ministros empecemos a celebrar la Santa Misa en su forma extraordinaria, o Misa del Papa Juan, (hay que ir acostumbrándose a decirlo así) allí dónde nuestros fieles están acostumbrados a la Misa ordinaria en lengua vernácula, por otro lado sería malo volver atrás a la rica eclesiología que nos legó el Concilio, y sobre todo en la apertura sin precedentes que en esa asamblea se originó para la Iglesia.
Estoy casi seguro que ni una, ni otra cosa sucederá. La autorización en nada afecta a la unidad esencial, a la que el mismo Papa encarece, y hace vigía a cada obispo y superior en la Iglesia, esta unidad la hemos entendido siempre unidad en la caridad.
Es prudente y sabia la decisión papal, más, aperturista y de brazos abiertos, que busca quitar obstáculos en la unidad de los católicos fundadas en razones litúrgicas, teniendo en cuenta la legitimidad y belleza de ambas expresiones del único rito. Se ha dado un paso adelante en la apertura y a la unidad sin resignar en nada la eclesiología de apertura del Concilio. Quiera el Señor que quienes están separados sepan valorar este gesto.
Dicho esto, con total humildad intentaré un análisis de la nueva legislación promulgada, pero no vigente hasta el día 14 de septiembre en que la carta se hace ley universal para los fieles católicos latinos, aunque a nadie obliga a celebrar, ni a pedir su celebración.

1. La autorización concedida para usar el Misal llamado "de Juan XXIII", que consiste en una revisión del Misal de Pío V, y que el papa Juan revisó y promulgó, no implica de manera alguna abolir y ni siquiera limitar el uso del Misal de Pablo VI, de 1969. Por el contrario, éste último sigue siendo la forma ordinaria (normal) de celebrar la Eucaristía. La Misa de Pío V fue promulgada por este papa, y es el resultado de la renovación impulsada por el Concilio de Trento. Se celebró desde entonces sin variaciones hasta 1962, año en que se conoció la reforma de Juan XXIII. La misa Tridentina, así modificada (con cambios menores) permaneció hasta la promulgación del Novus Ordo Missae a través de la Constitución Apostólica Missale Romanum, en 1969. Esta última es conocida como “La Misa de Pablo VI”, por ser éste el papa que aprobó el Novus Ordo. Desde su promulgación, la nueva misa fue cuestionada desde distintos sectores de la teología y la liturgia católica, por distintas razones. No obstante, es el sentir enormemente mayoritario de teólogos y liturgistas que la nueva Misa responde plena y adecuadamente a la esencia del Sacrificio Eucarístico de Cristo y de la Iglesia, y que (aunque no han sido plenamente aprovechadas) contiene numerosas ventajas pastorales, tanto en el ámbito de la participación de los fieles como en el de la inculturación del mensaje cristiano a las diversas culturas. No en último lugar debe destacarse el hecho de que la misa se celebre en los idiomas vernáculos, y que esto ha traído lo que tanto tiempo se esperó que es la activa participación de los fieles en la liturgia. La situación de facto es que ya no es posible hablar de “indulto” para celebrar la Misa del Papa Juan, que implica un privilegio o una excepción a una normativa general (que era la de la prohibición o limitación del ejercicio del derecho a la misa tradicional) sino que ahora estamos en presencia de un derecho pleno.
2. La autorización de Benedicto XVI no implica que se vuelva a usar el idioma latino en las misas celebradas según el actual misal. Si bien desde la promulgación de éste, en 1969, existió la posibilidad de celebrar la misa tanto en latín como en los idiomas vernáculos, se hizo costumbre la celebración en estos últimos, con enormes ventajas pastorales como dije. Esta costumbre no cambiará. De la misma manera hay que decir que la vieja Misa puede celebrarse tanto en latín como en los idiomas vernáculos. De hecho, durante un tiempo antes del Novus Ordo, así se hizo en la Iglesia Católica. Existe un registro sonoro del Papa Paulo VI celebrando en italiano la Misa de Juan XXIII.
3. El Motu Proprio de Benedicto XVI da fuerza jurídica a algo que de hecho nunca fue discutido seriamente: ambos misales expresan adecuadamente el único rito latino. Si bien hasta 1984 el uso del Misal de Juan XXIII no estuvo permitido, y a partir de 1984 se lo permitió con algunas restricciones, el viejo misal jamás fue jurídicamente abrogado. Recordaré que para abrogar hay que saber bien el c. 20.
4. La autorización para usar el misal de Juan XXIII está regulada
entre otras, por las siguientes normas: a. Cualquier sacerdote puede celebrar la misa de Juan XXIII sin restricciones en las misas celebradas sin el pueblo, salvo en el Triduo pascual[10]. b. A las misas celebradas según ese Misal pueden ser admitidos los fieles que lo soliciten voluntariamente.
c. En las misas conventuales o comunitarias de Institutos de Vida Consagrada o Sociedades de Vida Apostólica, en sus oratorios propios, puede ser celebrada la antigua Misa, con autorización de los superiores respectivos[11]. d. Si en una parroquia hay una (no se dice un número) comunidad estable de fieles adherentes a la antigua tradición, esta comunidad puede solicitar al párroco se celebre también la misa del viejo Misal, sin que esto signifique discordia con el resto de la comunidad, ni dejar de celebrar la liturgia actual[12]. El sacerdote que es Párroco o Administrador no puede negarse porque sí, tampoco el obispo, estamos frente a un derecho, si el tal presbítero no tiene capacidad, se verá que puede nombrarse a uno que sea idóneo. Quizá aclare decir que es un” grupo estable” del art. 5 § 1: del conjunto de las normas se desprende que es un grupo –no interesa su número- que viene celebrando la misa tradicional bajo la égida de alguna de las fraternidades sacerdotales ya constituidas (de allí la referencia a los “fieles y el sacerdote que la soliciten” del § 3 del art. 5), o de algún clérigo que adhiere a ella y es idóneo. Es bueno repetirlo no se está pensando en este caso en obligar al párroco a que él mismo oficie la misa sino que se peticiona que otro sacerdote la dé. Claro está, hay una expresión jurídica que dice “quien puede lo más, puede lo menos”: si el párroco está en condiciones de concederle a otros esa petición, obviamente puede él mismo ser quien decida llevar adelante esas misas diarias o de los domingos y fiestas. e. Los domingos y fiestas, en las parroquias, debe haber siempre al menos una misa celebrada según el Misal de Paulo VI (el actual), pudiendo celebrarse también otra/s Misa/s según el Misal de Juan XXIII[13]. f. La autorización de Benedicto XVI no pone en riesgo, como se ve, la actual disciplina o norma litúrgica. Los sacerdotes y fieles podrán seguir celebrando normalmente la Santa Misa según el Misal actual. Pero esta autorización implica en la práctica una apertura tendiente a permitir, mediante una celebración prudentemente periódica de la Misa según el antiguo Misal, el retorno a nuestras parroquias de algunos cristianos, en otros lugares quizá de muchos. Me acuerdo de aquella nona que dijo: Mire padrecito, a mí me cambiaron la Misa de un día para el otro.Hay católicos que formaron comunidades de hecho separadas, por permanecer fieles a la anterior tradición litúrgica, quizá no sea el caso de la diócesis de Villa María, pero esto en Europa se verifica. Dado que esta tradición litúrgica ahora autorizada, no contiene ningún elemento que la haga inválida, inconveniente o indeseable, si la periódica celebración de misas según este misal permite el retorno de comunidades de hecho separadas, se justifica ampliamente la nueva normativa. Máxime teniendo en cuenta que, como se ha dicho, de ninguna manera se dejará de celebrar en las misas feriales y dominicales de nuestras parroquias la liturgia actual. g. Una errónea comprensión de esta medida, alimentada muchas veces por el desconocimiento, y otras por la acción desinformada o a veces incluso malintencionada de ciertos sectores formadores de opinión, genera en muchos católicos la idea de que ha habido un "retroceso" en las reformas promovidas por el Concilio Vaticano II. Sin embargo, una atenta lectura de la Constitución Dogmática Sacrosantum Concilium", primer fruto de aquella asamblea, permitirá a cualquiera comprobar que esto no es así. h. La Misa de Juan XXIII, contiene todo lo que contiene la actual Misa. Sin analizar la totalidad de las diferencias, ni responder tampoco a quienes sostienen erróneamente que sólo aquella era válida, (y no la actual), me detengo en tres aspectos que se asocian con su práctica: el uso del idioma latino, la celebración "de espaldas al pueblo" y el grado de participación de éste último. En el contenido alguna que otra cosa puede variar, ej. los Kyries son rezados tres veces, una única plegaria (el cánon romano), la ausencia del saludo de paz, la comunión de los fieles posterior a la finalización de la Misa, etc. Tendremos que ir hojeando el viejo Misal que siempre hay uno en la parroquia, y aunque sea para saber, mirar la estructura.
i. Con respecto al uso del idioma latino, su uso en la Misa
actual me parece justificado sólo en celebraciones internacionales en las que participan personas de distintas lenguas. En las Misas locales, es preferible siempre, por razones pastorales, el uso del idioma vernáculo, habida cuenta de que el latín es hoy en la práctica un idioma desconocido. En el caso del Misal de Juan XXIII, en cambio, el uso del latín es la forma ordinaria de celebrar la Misa, aunque también se podría celebrar en idioma vernáculo legítima yválidamente. Pero el sentido inclusivo de esta reforma hace conveniente, para abrir puertas a quienes están muy acostumbrados a la antigua forma de celebración y hoy se sienten fuera de la comunión eclesial, conservar el idioma latino, máxime teniendo en cuenta que ningún católico está obligado a asistir a misas celebradas con este Misal.
j. Respecto a la celebración "de espaldas al pueblo" hay que
decir, en primer término, que el Misal de 1962 nada dice sobre la orientación del altar y del celebrante, que respondían a costumbres seculares. Podría celebrarse, por ello, la Misa de Juan XXIII de cara al pueblo sin ningún problema. Pero más allá de ello, considero que resulta grotesca la interpretación que ha alcanzado mucha difusión, y que sostiene que la celebración de espaldas a los fieles es una forma de "dejar afuera" al pueblo en partes importantes de la Misa. No hay nada de ello. La concentración teológica de la Reforma Litúrgica refuerza el carácter de Banquete Eucarístico que tiene la celebración de la Eucaristía, en el cual el Pueblo de Dios se reúne en torno a la mesa. En la tradición anterior, en cambio, se reforzaba más el aspecto sacrificial, en donde el Pueblo de Dios, a través del sacerdote, actualizaba el Sacrificio de Cristo en la Cruz para la remisión de los pecados de la humanidad.Todos, sacerdote y pueblo, se situaban simbólicamente frente al Padre Eterno en esta actualización incruenta del único sacrificio de Cristo. El hecho de que el sacerdote diera la espalda al pueblo no tenía por sentido excluir a éste, sino que remarcaba que el sacerdote celebraba y consagraba en unión a la asamblea que participaba, a su manera, de lo que el sacerdote hacía en el altar conforme a su potestad ministerial. También en la Misa actual quien consagra es el sacerdote, o los sacerdotes concelebrantes, y no la asamblea, que sigue participando a su manera, con devoción y reverencia, de lo que sucede en el altar. Por otro lado, los antiguos templos eran edificados de forma tal que la nave central, y el altar mayor, se orientaran hacia el este, figura de Cristo, "sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Por idéntica razón resultaba natural que todos, sacerdote y pueblo, se situaran de cara al este. Se debe decir que ambos aspectos (el Sacrificio incruento y el Banquete Eucarístico) forman parte del mismo misterio que la Iglesia celebra desde sus comienzos. Ambos deben ser valorados, y no debe menoscabarse, por lo mismo, ninguna de las dos formas de celebración.
k. En relación con la participación del pueblo, la vieja Misa
contemplaba una participación acotada, ya que los diálogos se verificaban entre el sacerdote celebrante y el diácono. Esto seguirá siendo así en la Misa que se celebre mediante el uso del Misal de Juan XXIII. En lo personal, considero más rico lo contemplado por el nuevo Misal, con participación del pueblo en las respuestas, aunque debo decir que con demasiada frecuencia esta participación, en nuestras misas, es mecánica, simplemente ritual, cuando no inaudible (cuantos fieles murmuran las plegarias o respuestas). La reforma litúrgica del concilio tiene que ser aprovechada aún mucho más, y que está aún lejos de mostrar los frutos que puede brindar. Nuestra liturgia sigue siendo fría y poco participada. Es nuestra responsabilidad dotar a nuestras celebraciones de auténticaparticipación, devoción y también de la calidez que hoy faltan en muchas misas post conciliares. El reciente documento del papa Benedicto XVI, Sacramentum Caritatis, advierte sobre nuestras falencias. Y sería oportuno que prestemos la debida atención a la importancia de la liturgia, “por cuyo medio se ejerce la obra de nuestra redención”[14], celebrándola con la intensidad y la piedad que merece.
l. Una palabra con respecto a una lectura "antisemita" de esta
autorización, que no se corresponde con la realidad. En primer término porque alude a una de las oraciones universales que se usan en la liturgia de la Pasión del Señor del Viernes Santo, en la que se reza por el pueblo judío. En el Misal de Pío V, esta oración decía: "Oremos por los pérfidos judíos, para que Dios nuestro Señor quite el velo de sus corazones a fin deque ellos también reconozcan a Jesucristo nuestro Señor". Esta oración ya está modificada en el Misal de Juan XXIII, en el que desaparece la palabra "pérfidos". Pero además, el Motu Proprio de Benedicto XVI, excluye expresamente el uso del Misal de Juan XXIII para el Triduo Pascual, con lo cual la liturgia de la Pasión del Viernes Santo se seguirá celebrando según las nuevas normativas, en las cuales la oración por los judíos dice: «Recemos por los judíos a quienes Dios habló en primer lugar: para que progresen en el amor de su Nombre y en la fidelidad a su alianza».
m. Algo que se debe notar con toda claridad, el rezo de la Misa
del Beato Juan XXIII por parte de los sacerdotes requiere algo más que querer, el Papa pide sean idóneos y no tener ningún impedimento canónico[15], esto quiere decir saber la lengua latina, conocer bien el Misal y su observancia. Dentro de todo esto quizá convenga anotar que la intención del celebrante o los fieles que lo pidan debe ser recta, sin sentido gregario, que en nada ayudará a la comunión que se busca, para esto el ordinario deberá discernir con atención y sobre todo con caridad.
n. La carta abre una posibilidad que viene mencionada en el
c. 518, la de crear una parroquia personal en orden al rito tradicional, o se nombre un capellán observadas las normas del derecho[16].
Es sugestiva la forma en que termina el MP ordenamos que se considere “establecido y decretado” y que se observe desde el 14 de septiembre de este año, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, pese a lo que puede haber de contrario…
Algo que me llamó la atención de toda la carta es la denominación con que el Papa teólogo denominó a la Misa de 1962, y que en pie de página algo ya mencioné, la Misa del Beato Juan XXIII, o el Misal de Juan XXIII, creo que además de teólogo, es un gran estratega, no la denomina ni Tridentina, ni de Pío V, todos sabemos como grupos de toda clase han visto al Beato Juan como el siempre Papa Bueno, y así lo hace con gran inteligencia nuestro Pastor universal para presentar la Misa que desde 1570 nunca se ha interrumpido.
Hay muchas cosas que quedan me parece, también que es hora de ir terminando, y para hacerlo estaría bien decir que en variadas oportunidades la carta del Papa dice para el bien de las almas, una expresión muy conocida por todos, considerando que toda norma está para eso y sólo para eso.
[1] Cfr. BENEDICTO XVI, MP Summorum Pontifucum, art. 9
[2] Cfr. CIC83, c. 897
[3] Bula Quium témpore
[4] MP Rubricarum instructum
[5] Cfr. Las condiciones para el uso de este Misal establecidas en los documentos anteriores (…) se sustituirán como se dice a continuación…
[6] No se puede dejar de reconocer en el seno de la Iglesia fieles laicos y clérigos, que sin negar la validez del Concilio Vaticano II, y sin llegar a sostener la vacancia de la Sede Apostólica, quieren con razones válidas retomar cosas que el mismo Concilio cambió, o se interpretó que cambiaron …
[7] He leído que un superior religioso Goio Eskibel csv escribió También es preciso decir que la publicación de la carta Summorum Pontificum del papa a los obispos es inquietante. Sentimos que, a pesar de la reacción negativa de muchos obispos a la publicación eventual de este Motu proprio, sobre todo en Francia, y a pesar de las numerosas declaraciones de Benedicto XVI a favor de la colegialidad, el Papa, según mi opinión, ha dado más peso a un pequeño grupo de consejeros (y posiblemente a su piedad personal) que a la opinión de los obispos que son los que están constantemente en contacto con la vida pastoral de la Iglesia…

[8] A la que el Santo Padre se cuida bien de no llamarla así, sino la Misa del Beato Juan XXIII.
[9] Son de hecho dos usos del único rito romano…
[10] Cfr. art. 2
[11] Cfr. art. 3
[12] Cfr. art. 4
[13] Cfr. art. 5
[14] Cfr. SC 2
[15] Cfr. Art. 5§4
[16] Cfr. Art. 10

sábado 8 de marzo de 2008

¿Padrinos de bautismo o testigos de bautismo?




Figuras de “testigo” y “padrino” para los sacramentos de
bautismo y confirmación


1. La totalidad de las veces que el CIC 83 habla de testigo en el caso de los sacramentos, lo hace expresando un unívoco concepto, una persona que pueda dar fe de un acto cultual por el cual se compruebe la celebración efectuada (cf. cc. 875, 876, 894), en el caso del sacramento del Matrimonio es dónde claramente se ve esta función meramente jurídica, los mal llamados padrinos de bodas, son justamente meramente testigos, testigos de celebración, que sólo están presente en la misma, en calidad de dar fe del acto jurídico celebrado, y que en este caso (dos taxativamente y capaces), forman parte de lo que llamamos la forma canónica, necesaria para la validez del sacramento, quedando a salvo las excepciones establecidas en el derecho (cfr. c. 1108).
2. Es por tanto un concepto técnico en el derecho el del testigo, en estos casos, dan fe, a la hora de probar en el fuero externo ellos son garantes de que se ha celebrado tal o cual sacramento. Es por eso, que no es exigible absolutamente nada en lo relacionado a la fe católica, pudiera serlo un no bautizado, un ateo, un miembro de una comunidad eclesial separada de la Iglesia Católica, un hereje, un cismático, un divorciado vuelto a unir, porque la función es sólo dar testimonio de la realización de determinado acto. En este mismo sentido se ha de entender todo testigo para la prueba de la celebración del matrimonio canónico, o de nulidades del sacramento del orden, o del matrimonio o en tantos otros casos que el derecho lo requiera.
3. El c. 872 establece claramente que el que va a ser bautizado, se le ha de dar un padrino, y redacta inmediatamente cual va a ser su función asistir a la iniciación cristiana del adulto que se bautiza, o juntamente con los padres, presentar al niño que va a recibir el bautismo, y procurar que lleve después una vida cristiana congruente al bautismo y cumpla las obligaciones inherentes al mismo. No se trata de un testigo claro está, su función no es sólo jurídica. Pero puesto que el bautismo es un hecho jurídico cargado de consecuencias jurídicas y de él debe tenerse constancia cierta, claro que además es testigo, pero antes que eso es garante, quien acompañará con palabra y vida la fe del que se bautiza. Aumentar el número de los mismos sería devaluar su figura y agravar su deterioro como ministerio o función eclesial, por lo cual la letra del c. dice uno o una, o uno y una, no cuatro, ni seis. Es verdad que si algún ministro aceptara un número mayor al establecido no se hace inválido el bautismo, pero de acuerdo a la ley sería un abuso, un acto ilícito.
4. El c. 873 dice que puede tenerse un padrino o madrina o uno y una. Claro está que la figura del padrino tiene una gran relevancia en el caso de bautismo de adultos, en el caso de bebés, o niños, la prioridad la tienen los padres, pero sin embargo la legislación lo requiere todavía, por cuanto su colaboración es buena y algunas veces hasta muy necesaria.
5. El c. 874 enumera aquellas condiciones que han de ser requeridas (pedidas) para el padrino o madrina, no todas son de igual valor, ni tampoco se dice nada a cerca de validez o no, como si lo hacía el viejo CIC17. Cuando en el punto 3º se dice vida congruente con la fe y con la misión que va asumir, está claro que debe ser una persona que vive la comunión plena con la Iglesia Católica, es aquí dónde quedan excluidos: los divorciados vueltos a unir, personas que vivan en público pecado grave, los miembros de comunidades eclesiales separadas de la Iglesia Romana, etc. En estos casos citados es evidente que se trata de un ministerio que exige la plenitud del testimonio cristiano (plena comunión además). La falta al vínculo establecido de manera indisoluble y posterior unión con otra persona no hace efectiva esa plenitud. Y en el segundo, exactamente lo mismo, no hay comunión plena con la Iglesia Católica, que aval, o que seguimiento hará un padrino aceptado en esas condiciones a cerca de la fe de su ahijado si por ejemplo los luteranos, presbiterianos, y protestantes en general no aceptan casi ninguno de los sacramentos, para nosotros bases de la fe, ni confiesan el mismo credo, ni que hablar de la disciplina eclesial.
6. Cuando el §2 del c. en cuestión dice: El bautizado que pertenece a una comunidad eclesial no católica sólo puede ser admitido junto con un padrino católico, y exclusivamente en calidad de testigo, es la única vez que aparece la expresión técnica testigo emparentada en cierta forma con el padrino católico, pero este parágrafo debe ser entendido correctamente y su espíritu es absolutamente ecuménico referido totalmente a las comunidades eclesiales no católicas, éstas se deben discernir sobre todo a partir del bautismo válido, y la Santísima Eucaristía (según lo entiende y confiesa la Iglesia Católica), y es en atención a esa delicadeza (ecuménica) que la Iglesia latina quiere tener con quienes compartimos la fe en un mismo Señor Jesucristo, pero solo en calidad de testigo dada siempre la condición que es junto a un padrino católico. Dentro de esta problemática, habría que pensar casi con acierto que, cuando se dice comunidades eclesiales, no se refiere en primer lugar a católicos orientales, ni a miembros de comunidades ortodoxas no católicas, que podrían ser absolutamente padrinos, la razón sería simple, con los primeros tenemos plena comunión, y con los segundos, las diferencias son mínimas, en todo caso las más seria son de carácter disciplinar. Esto es interpretado así en la mayoría de los autores.
Hay que leerlo a este parágrafo a la luz del último Directorio Ecuménico 98b, y del CCEO, c. 685§3, en dónde se admite que un fiel de una Iglesia oriental acatólica sea padrino, pero siempre con un padrino católico. Se entiende que la cercanía de comunión en el credo, los sacramentos y la gran parte de la disciplina, el legislador universal haga esta excepción que es un guiño para la futura unidad, en primer lugar con los hermanos ortodoxos, y en segundo con las comunidades eclesiales que guardan una doctrina segura sobre Bautismo y Eucaristía por lo menos, en todo caso este discernimiento lo deberá hacer en cada caso el ordinario de lugar correspondiente. Como se ve antecedentemente no tiene ni punto de comparación la figura de padrino y testigo, son distintas las funciones y la relación con el bautizado, y con la Iglesia.
7. A mi modesto modo de ver no se puede deducir que así como es admitido un miembro de una comunidad no católica, en calidad de testigo, y siempre con un padrino católico, el que se admitiera un divorciado vuelto a unir civilmente o de hecho, en calidad de testigo. No cabe analogía porque los supuestos no son semejantes, la falta de comunión plena en un caso y en el otro no son proporcionales. Además lo que la Iglesia pide no es un testigo, sino un padrino. Agregaría que para el caso del ortodoxo, o del cristiano de una comunidad eclesial separada de la comunión con la Iglesia romana, no puede imputársele “pecado grave” su pertenencia a su Iglesia sui iuris, en el primer caso y la comunidad eclesial en le segundo, pero al católico casado canónicamente y vuelto a unir de hecho, o civilmente, aquí cabe el término de “concubinato” pura y simplemente, y esto casi siempre es público.
8. Por otro lado sería escandaloso para el común de la gente que no distingue entre testigo y padrino, y aún cuando se hable de catequizar y pastoral, es desatender lo que la Iglesia busca en este caso concreto un padrino garante de la fe, desoír esto puede ser visto con claridad como desobediencia al espíritu de la Iglesia en materia tan seria como es el bautismo, y el sacramento del matrimonio que se verá también afectado. Puedo decir desde mi experiencia pastoral, que el hecho del cumplimiento de esta indicación, me ha producido a la vez que sufrimientos porque no todos lo entienden, a la vez gran satisfacción al día de hoy, puesto que en la parroquia se han aumentado considerablemente el número de matrimonios de parejas que estaban esa situación sin ningún impedimento para el matrimonio canónico, pero que advertidos por la prohibición de ser padrinos, han tomado conciencia de su situación, y en más de un caso el comentario fue que en diálogo de pareja tomaron conciencia de la falta del sacramento, en otros casos, se ha dado para charlas en dónde más de una vez se ha contemplado el tema de la nulidad matrimonial cuando se ve esa posibilidad.
9. Por último diría que, cualquier modificación a la actual legislación, no es admitida, por cuanto se trata de modificar la ley universal y el espíritu del CIC, esta es tarea que únicamente compete al Romano Pontífice, y cualquier excepción debe estar refrendada de su expresa voluntad, directamente o por el órgano de la Curia Romana competente, no es tarea de legisladores inferiores a esa instancia (por ejemplo obispos que ya han tomado como pastoral ordinaria o casi, aceptar esta praxis, a mi modo de ver anómala), y tampoco interpretar en esta materia, por cuanto para eso está la Pontificia Comisión para la Interpretación de los textos legislativos de la Iglesia.

domingo 2 de marzo de 2008

Des el 3 al 7 de marzo ausente con aviso: estoy haciendo ejercicios espirituales


El derecho eclesial manda en varias oportunidades tanto a seminaristas (c. 246), como a clérigos a hacer ejercicios espirituales (c. 276) . Lo hace de manera singular cuando antes de las ordenaciones diaconal y presbiteral el candidato está por dar un paso singular en su vida (c. 1039), también aunque expresamente no lo diga el código quien va a ser elevado al episcopado deberá hacer ejercicios espirituales canónicos.

Es curisoso que en el derecho de 1983 en el c. 276, hablando de los deberes y derechos de los fieles clérigos se manden como obligatorios los ejercicios a tenor de las prescripciones del derecho particular diocesano o del instituto al que pertenezca el clérigo. La Santa Misa que en el anterior derecho era obligatoria todos los días, ahora se pide sólo encarecidamente, y quedan como obligatorios sólo dos institutos : 1. La celebración de la Liturgia de las horas, para sacerdotes y diáconos transeúntes, 2. La participación de los ejercicios espirituales.

La contravención de estas normas, es decir su no cumplimiento me hacen pensar que se constituyen en además de desobediencia (salvo obtenida la dispensa correspondiente), en materia de pecado.

Bueno me voy de ejercicios, Dios me conceda su Espíritu para con el Evangelio de hoy "ver", que es más que mirar.

No se puede bautizar válidamente sustituyendo los nombres de las tres divinas personas


Esta nota de la página web papanews.it, con buen detalle comenta la obligatoriedad de la forma para un bautismo válido, por ello me parece oportuno transcribirla:


La Chiesa ribadisce: “Non sono validi i Battesimi non celebrati nel nome del Padre, del Figlio e dello Spirito Santo”

CITTA’ DEL VATICANO - La Congregazione per la Dottrina della Fede, con una nota ufficiale, ha dichiarato pubblicamente che non sono validi i Battesimi che non siano amministrati "nel nome del Padre, del Figlio e dello Spirito Santo". Il chiarimento riguarda l'arbitrario abbandono del maschile nelle formule liturgiche. In particolare, l'ex Sant'Uffizio ha chiarito che non sono valide le formule "io ti battezzo nel nome del Creatore, del Redentore e del Santificatore" e "io ti battezzo nel nome del Creatore, del Liberatore e del Sostenitore". Quanti hanno ricevuto il Battesimo con tali formule, precisa il documento diffuso in queste ore, dovranno adesso essere validamente battezzati. La decisione riguarda anche i cristiani di altre confessioni che vogliano diventare cattolici se hanno ricevuto il battesimo con le formule del linguaggio "inclusivo". La esplicativa della Congregazione per la Dottrina della Fede ricorda che "il Battesimo conferito nel nome del Padre, del Figlio e dello Spirito Santo obbedisce al comando di Gesu' Cristo riferito alla fine del Vangelo di Matteo". "La Chiesa - spiega - non ha il diritto di cambiare cio' che Cristo stesso ha istituito. Percio' e' invalido ogni battesimo che non contenga l'invocazione della Santissima Trinita', con l'espressione distinta delle tre Persone con i rispettivi nomi". In proposito, il documento del Dicastero già retto da Benedetto XVI e attualmente guidato dal Cardinale William Joseph Levada, sottolinea che ancora oggi, dopo 20 secoli, "i documenti liturgici sul Battesimo non offrono varianti alle denominazioni Padre, Figlio e Spirito Santo".

sábado 1 de marzo de 2008

La forma del bautismo. Respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe







La fórmula del bautismo en la respuesta de la Congregación de la Doctrina de la Fe del pasado 2 de febrero de 2008


En el c. 850 se manda que el bautismo, primero y más necesario de los Sacramentos de la Iglesia, se haga de acuerdo a los libros litúrgicos aprobados. En ellos se encuentran dos elementos que hacen a la validez del sacramento, la materia: el agua, y la fórmula: NN yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. La otra condición de la validez es la intención que tuvo el ministro bautizante, y la del bautizado si era adulto.
Bueno, como hay mucho ministro creativo, se sabía en muchas partes, se bautizaba con fórmulas muy atrayentes y simpáticas, que se parecían mucho a la mandada por el mismo Señor, cuando instituye este Sacramento: Vayan y bauticen… Como decía uno de los mejores canonistas del país, el P. Nelson Dellaferrera: para confeccionar textos litúrgicos además de teología hay que ser poetas. Y agregaría que de eso no hay mucho.
Con la respuesta que da la Congregación de la Doctrina de la Fe, con aprobación del Papa, hay que tener un poquito más de cuidado. Porque hace caer en la cuenta que en definitiva con el bautismo no se juega. Es probablemente uno de los pocos Sacramento en que el Señor dice claramente que se debe decir, junto a la Eucaristía (cfr. Mt. 28,18-20 ).
¿Seguirá siendo cierto aquello que enseñábamos que si la fórmula no era exacta, pero que guardaba el significado de las palabras mandadas era válido el bautismo?
Después de estas respuestas, a la que se le niega validez a dos fórmulas muy usadas sobre todo en Estados Unidos, aunque en nuestra tierra también, hay que pensar un poco más la cosa.
Sigo pensando que si la fórmula responde al significado de las palabras de la Trinidad, tal como mandó el Señor, el bautismo es válido. Pero no basta decir el Creador, el Redentor, y el Santificador, esto está totalmente claro.
Un curita bautizó por años de la siguiente manera: NN yo te bautizo en el nombre del Padre que te creó, del Hijo que te Redimió, y del Espíritu Santo que te Santificó. ¿Estarán bautizados esos pobres… no se como decir… seres humanos? Creo que sí.
La respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe constituye una declaración doctrinal auténtica, que tiene efectos canónicos y pastorales muy amplios. La respuesta, efectivamente, afirma implícitamente que las personas que han sido bautizadas o serán bautizadas en el futuro con las fórmulas en cuestión, en realidad no están bautizadas. Por lo tanto deben ser tratadas a todos los efectos canónicos y pastorales con los mismos criterios jurídicos de las personas que el Código de Derecho Canónico considera en la categoría general de “no bautizados”».

Transcribo el texto de la respuesta en inglés porque así conocí la noticia, pero como dudo de mi inglés, la busqué en http://www.vatican.va/ , no estaba todavía la versión latina, ni española, entonces encontré la italiana, son las que a continuación se publican.









CONGREGATION FOR THE DOCTRINE OF THE FAITH
RESPONSES TO QUESTIONS PROPOSEDon the validity of Baptism conferred with the formulas «I baptize you in the name of the Creator, and of the Redeemer, and of the Sanctifier» and «I baptize you in the name of the Creator, and of the Liberator, and of the Sustainer»

QUESTIONS First question: Whether the Baptism conferred with the formulas «I baptize you in the name of the Creator, and of the Redeemer, and of the Sanctifier» and «I baptize you in the name of the Creator, and of the Liberator, and of the Sustainer» is valid?Second question: Whether the persons baptized with those formulas have to be baptized in forma absoluta?RESPONSES To the first question: Negative.To the second question: Affirmative.The Supreme Pontiff Benedict XVI, at the Audience granted to the undersigned Cardinal Prefect of the Congregation for the Doctrine of the Faith, approved these Responses, adopted in the Ordinary Session of the Congregation, and ordered their publication.Rome, from the Offices of the Congregation for the Doctrine of the Faith, February 1, 2008.
William Cardinal LevadaPrefect+ Angelo Amato, S.D.B.Titular Archbishop of Sila


RISPOSTE DELLA CONGREGAZIONE PER LA DOTTRINA DELLA FEDE A QUESITI SULLA VALIDITÀ DEL BATTESIMO, 29.02.2008 CONGREGAZIONE PER LA DOTTRINA DELLA FEDERISPOSTE A QUESITI PROPOSTI sulla validità del Battesimo conferito con le formule«I baptize you in the name of the Creator, and of the Redeemer, and of the Sanctifier»e «I baptize you in the name of the Creator, and of the Liberator, and of the Sustainer»QUESITIPrimo: È valido il Battesimo conferito con le formule «I baptize you in the name of the Creator, and of the Redeemer, and of the Sanctifier» e «I baptize you in the name of the Creator, and of the Liberator, and of the Sustainer»?Secondo: Devono essere battezzate in forma assoluta le persone che sono state battezzate con queste formule?RISPOSTEAl primo: Negativamente.Al secondo: Affermativamente.Il Sommo Pontefice Benedetto XVI, nel corso di un’Udienza concessa al sottoscritto Cardinale Prefetto, ha approvato questa Risposta, decisa nella Sessione Ordinaria di questa Congregazione, e ne ha ordinato la pubblicazione.Dalla sede della Congregazione per la Dottrina della Fede, il 1° febbraio 2008.William Cardinale LEVADAPrefetto+ Angelo AMATO, S.D.B.Arcivescovo tit. di SilaSecretario