domingo 29 de junio de 2008

1º de julio 2001 Mons. Alfredo Guillermo Disandro QEPD

Mons. Dr. Alfredo Guillermo Disandro
tercer obispo de la diócesis
de
VILLA MARIA
Dale Señor el descanso eterno.
Y brille para él la luz de no tiene fin.
¡Señor mío Jesucristo!

La tumba de San Pablo







El 29 de junio del año 67 -según la tradición- unos soldados condujeron a San Pablo al paraje llamado Tres Fontanas, sobre la vía Ostiense: allí lo decapitaron; no lo crucificaron como a su compañero San Pedro, porque era ciudadano romano y la crucifixión era pena que no podía aplicarse a los que gozaban de tal título. El cuerpo fue sepultado cerca del lugar del martirio. Sobre su tumba, y por consejo y exhortación del Papa San Silvestre, Constantino edificó una basílica. El Liber Pontificalis registra la lista de dádivas hechas por el emperador al Santo Apóstol, entre las cuales se encuentra una finca en las cercanías de Tarso, patria del Santo. Los recientes hallazgos arqueológicos confirman lo que la Tradición siempre ha dicho: La basílica se levantó indudablemente sobre el glorioso sepulcro, como se erigió la Vaticana sobre el sepulcro de San Pedro, al lado de los jardines neronianos. El documento más precioso que sobre este particular se conserva, lo tenemos en el siguiente pasaje del historiador Eusebio, en su Historia Eclesiástica, que escribía en tiempos de Constantino:
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"La narración [de la decapitación de Pablo y la crucifixión de Pedro] está plenamente confirmada por los monumentos que ostentan los nombres de Pedro y Pablo y que aún ahora son visitados con honor en los cementerios de la ciudad de Roma. De no menor importancia es el hecho de que un eclesiástico [el sacerdote Gayo], que vivió en tiempos del Episcopado Romano de San Ceferino, en el libro escrito contra Proclo, defensor de la secta de los catafrigios, habla en los siguientes términos acerca del lugar en que están sepultados los cuerpos de los mencionados Apóstoles: «Yo puedo enseñarte los trofeos de los Apóstoles. Si quieres ir al Vaticano o a la vía Ostiense, allí encontrarás los trofeos de aquellos que fundaron esta Iglesia»".
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Dios ha querido, como lo atestigua la historia, que las repetidas invasiones que asolaron a Roma, respetaran los sarcófagos de los dos gloriosos Apóstoles. Después de Constantino, Valentiniano segundo, en virtud de un decreto imperial del año 386, ordenó que se hiciera más digna, más grande y más majestuosa la basílica construida por Constantino, sin tocar de ningún modo la tumba, cuyo epígrafe "Paulo Apostolo Mart." con sus letras toscas y su posición irregular en relación con el nuevo edificio, demuestra palmariamente que el cuerpo del Santo nunca fue tocado.
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El testimonio del sacerdote Gayo, que vivió en tiempos de San Ceferino, décimocuarto Pontífice después de San Pedro, surge apenas 150 años después del martirio de los Santos Apóstoles. Quiere decir que el abuelo de Gayo puede haber conocido y tratado a los contemporáneos de la predicación y del martirio de los dos Santos, tal como los abuelos de algunos de nosotros nos han hablado de los acontecimientos de finales del siglo XIX.
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La noche del 15 al 16 de julio de 1823, un voraz incendio destruyó casi por completo el vetusto edificio. Por aquellos mismos días agonizaba el glorioso Pío VII, a quien se le ocultó la infausta noticia. En 1854, el beato Papa Pío IX consagraba la nueva basílica, cuyas dimensiones y el plano mismo coincidían bastante con los de la anterior. Allí, en el centro, bajo las bóvedas majestuosas del fastuoso templo, descansa aquel cuerpo que además de ser menudo, poco agraciado y débil por naturaleza, fue gastado por una alma de fuego, en más de medio siglo de correrías apostólicas.
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Sobre ese sepulcro, el más glorioso después del de San Pedro, los cristianos debemos leer las graves palabras que Pablo escribiera a los Corintios:
"¡Oh muerte! ¿Dónde está tu victoria?, ¿dónde está, oh muerte, tu aguijón? Demos gracias a Dios que nos concede la victoria por medio de Nuestro Señor Jesucristo".
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¡Oh Apóstol San Pablo, ruega por nosotros para que siempre obtengamos la victoria sobre el pecado! Amén.

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Fuente consultada: "San Pablo Apóstol", de Antonio Coiazzi, S.D.B.

sábado 28 de junio de 2008

Solemnidad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo




¡Oh Dios, que consagraste este día con el martirio de los Apóstoles Pedro y Pablo, concede a tu Iglesia seguir en todo la doctrina de aquellos que dieron comienzo a la religión, por Nuestro Señor Jesucristo!
Amén.
¡San Pedro! Ruega por nosotros.
¡San Pablo! Ruega por nosotros.

Un "no" que duele


El obispo líder de la Fraternidad San Pío X, Bernard Fellay, rechazó las condiciones ofrecidas por la Santa Sede para lograr su regreso a la plena comunión de la Iglesia. En su opinión estos puntos eran un mensaje del Vaticano para silenciarlo.
En un discurso pronunciado el 20 de junio en uno de los seminarios de este grupo cismático ubicado Minnesota, Estados Unidos, Fellay dijo, refiriéndose a la Santa Sede que "Roma nos está diciendo 'ok, estamos listos para levantar la excomunión, pero no pueden continuar de esta manera'. Entonces no tenemos alternativa. Continuaremos lo que hemos hecho".
Seguidamente indicó que "ellos (la Santa Sede) están diciendo 'cállense' y no nos vamos a callar", expresando así su rechazo a las cinco condiciones que la Pontificia Comisión Ecclesia Dei les propuso el pasado 4 de junio y que debían aceptar o no antes del 30 de junio.
Entre las condiciones que los lefebvristas se han negado a aceptar figuraban el reconocimiento de la autoridad del Papa y no considerar sus propias ideas como superiores al Magisterio del Pontífice.
Fellay ordenado por Mons. Marcel Lefebvre sin permiso del Papa junto con otros tres obispos, ha dicho que "la nueva
Misa es la punta del iceberg del Vaticano II y de estas ideas modernas" y haberla añadido al Concilio Vaticano II no cambia las que llama reformas "escondidas".
Esta actitud no permitirá al Papa Benedicto XVI en primer lugar lograr aquella unidad que en primer círculo estaban los miembros de la fraternidad San Pío X, y por otro levantar la pena canónica grave que pesa sobre los obispos.

Mons. Álvaro del Portillo rumbo a los altares


El Palacio del Laterano se vistió ayer de gala coincidiendo con la fiesta litúrgica de San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, para acoger el acto de clausura del proceso de beatificación del que fuera su sucesor, monseñor Álvaro del Portillo (en la foto), quien se encuentra ahora más cerca de los altares. En la ceremonia estuvieron presentes el actual prelado del Opus Dei, monseñor Javier Echevarría; y numerosos fieles; además de amigos de monseñor del Portillo, que vivió en Roma durante casi 50 años, desde 1946 hasta su muerte en 1994. Fue presidido por el cardenal Camilo Ruini, vicario del Santo Padre para la diócesis de Roma, dijo que don Álvaro "fue un ejemplo de fidelidad en el seguimiento del espíritu de santificación en el trabajo y en la vida ordinaria".

viernes 27 de junio de 2008

Declaraciones de una de las lumbreras de la Iglesia: Cardenal Urbano Navarrete







El pasado 24 de noviembre el Papa Bendicto XVI lo elevó a púrpura cardenalicia, sirvió a cinco pontífices, sacerdote jesuita de gran sabiduría y fidelidad a Cristo y la Iglesia, experto canonista fue Rector de la Pontificia Universidad Gregoriana. Bruno Volpe lo ha entrevistado el pasado 22 de junio, y dice lo siguiente:

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Eminencia, tendrá episodios para contar después de una vida entera dedicada al servicio de la Iglesia…
De historias y anécdotas tengo muchos pero, si me permite, quisiera focalizar la atención sobre dos Pontífices que están particularmente cerca de mi corazón, Pío XII y Pablo VI, obviamente sin querer minimizar el rol y el afecto que nutro hacia los otros.
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Procedamos en orden cronológico y partamos de Pío XII.
Sobre él fueron, lamentablemente, dichas y escritas muchas calumnias e inexactitudes históricas que deben ser disipadas de una vez por todas. Me refiero, por ejemplo, a su presunto antisemitismo: ¡una falsedad que clama vindicación! Yo mismo tengo conocimiento de un hecho inédito y hasta ahora nunca publicado…
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Díganos.
Cuando me convertí en Rector, algunos docentes de mayor edad que yo me dijeron que el Papa Pacelli, durante la segunda guerra mundial, había dispuesto y ordenado, subrayo ordenado, hacer refugiar a los hebreos en los subterráneos de la Universidad Gregoriana para salvar sus vidas. Digo yo, esta providencial intervención de Pío XII, ¿puede ser compatible con una acusación de antisemitismo?
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Sin embargo, a menudo se ha denunciado lo que ha sido considerado como el “Gran Silencio” de Pacelli ante la Shoah.
¡Seamos serios! ¿Qué otra cosa podía hacer? El suyo no era un silencio de aval, sino una actitud de sabia prudencia dictada por aquel contexto histórico. La verdad es que Pío XII eligió el mal menor, el silencio público, sólo y exclusivamente para no dañar a los hebreos y para evitar que los nazis se ensañaran con ellos con una crueldad aún mayor. También esto prueba que Pacelli no fue nunca antisemita y, por eso, respetando los tiempos y las decisiones de la Iglesia, no veo la hora de que sea elevado al honor de los altares.
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Pasemos al Siervo de Dios Pablo VI
Lo he conocido personalmente y puedo garantizar su santidad. Era preciso, meticuloso, cuidaba con celo y atención cada detalle. ¿Como decir?, era hermoso pero también difícil trabajar con él.
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¿Que características tenía el Papa Montini?
Solitario y taciturno. Pero después del Concilio Vaticano II se sintió herido, atacado, y en cierto sentido ya no fue más él.
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¿En que sentido?
Acusó el peso de la situación post-conciliar, se sintió bajo ataque y acusado también de parte de ciertas facciones consideradas progresistas de la Iglesia. Le aseguro que fue un gran dolor para él.
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En su opinión, ¿qué quiso decir Pablo VI con la expresión “humo de Satanás” en la Iglesia?
Lo relaciono con lo que dije antes. Esta frase fue pronunciada después del Concilio, cuando la vida se le hizo imposible. Esto quiere decir, entonces, que en su visión, la presencia del humo de Satanás en la Iglesia consistía en las lógicas rebeldes de ciertas estructuras eclesiásticas que lo habían abandonado dejándolo completamente solo.
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¿Qué pensaba, en síntesis, Pablo VI del Concilio Vaticano II?
No lo interpretaba como un acto de ruptura con el pasado. Por el contrario, sostenía que era equivocado calificarlo como una suerte de revolución, e instó a “leerlo” en la clave de la continuidad y de la tradición de la Iglesia.
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Hablemos de la creatividad litúrgica, madre de tantos abusos durante la Santa Misa…
Uno de los motivos de tristeza de Pablo VI fue precisamente la opinión de muchos autorizados exponentes eclesiásticos que, después del Vaticano II, habían ordenado una especie de “rompan las reglas”, cortando así netamente con el pasado. Así, con la considerada “creatividad litúrgica” se cubrieron y avalaron injustamente los caprichos y la afectación de sacerdotes que pensaban tener en sus manos la Iglesia.
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¿Espera que se produzca pronto la beatificación de Pío XII y de Pablo VI?
Para mí son ya santos ambos, por aquello que han hecho y sobre todo por las calumnias que han sufrido a causa de su fe. Dicho esto, no puedo más que someterme a la sabiduría de la Iglesia.
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Benedicto XVI, con el Motu Proprio “Summorum Pontificum”, ha liberado la Santa Misa según los libros litúrgicos de San Pío V. ¿ Lo comparte?
Seguro. El Papa ha cumplido un acto de honestidad intelectual y de sabiduría, así como de libertad y justicia. ¿Por qué, me pregunto y lo pregunto, en nombre de un absurdo modernismo, un rito que había educado a generaciones de fieles debía ser prohibido? Creo que los tradicionalistas tienen todo el derecho de celebrar, en comunión con el Sucesor de Pedro, la Santa Misa según el rito antiguo, aún más siendo que esto no le quita nada al Novus Ordo.
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Sinceramente, ¿considera que el rito de San Pío V garantiza mayor solemnidad, espiritualidad y misterio a la Misa?
Aclaro. No tengo nada contra el Misal de Pablo VI, y lo considero válido al igual que el de San Pío V. Pero la Misa de San Pío V, efectivamente, se dirige más a Dios, con la utilización del canon romano en lugar de la fórmula, más expeditiva, de la plegaria segunda. Pienso, además, que la de San Pío V es una Misa que va en busca de Dios realmente y, comparada con la del Novus Ordo, me parece que es también más completa desde el punto de vista de las oraciones.
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La Comunión en la mano: ¿cuál es Su opinión?
Creo que es mejor administrar la Eucaristía sobre la lengua para evitar, por ejemplo, el contacto de la forma, o fragmentos de ella, con las manos sucias. Soy de la opinión de que la administración de la Comunión en la mano ha sido, para la época, un poco precipitada: era necesaria una mayor catequesis, además porque la prisa hace nacer los gatitos ciegos (refrán popular que indica que la prisa hace que las cosas no salgan bien).

Nuevo vicario para la diócesis de Roma, y un nuevo prefecto para la Signatura Apostólica





El papa Benedicto XVI nombró al cardenal Agostino Vallini nuevo vicario de Roma, en sustitución de Camillo Ruini, que estuvo al frente de este cargo durante 17 años, informó la oficina de prensa del Vaticano.
Benedicto XVI presentará hoy personalmente al cardenal a los párrocos y miembros del vicariato en una ceremonia en el Vaticano.
Vallini sustituye a Ruini, de 77 años,que presentó su renuncia al haber superado la edad de jubilación de los prelados (75 años), y que se despidió de la diócesis de Roma el pasado 21 de mayo con una misa en la basílica de San Juan de Letrán,
Vallini, de 68 años, experto canonista, era desde 2004 el actual prefecto del Alto Tribunal de la Signatura Apostólica, máximo órgano judicial de la Iglesia católica.
Fue ordenado obispo en 1989, siendo auxiliar de Nápoles, y posteriormente, de 1999 a 2004, ejerció como obispo de Albano.
En su lugar al frente de la Signatura Apostólica ha sido nombrado el arzobispo de Sant Louis (EEUU) Raymond Leo Burke.


Hace un mes comentaba, con ocasión de las últimas ordenaciones sacerdotales en Saint Louis la excelente liturgia de Mons. Burke en dicha ocasión, vale la pena ver en las fotos que colgué en ese post. Con este nombramiento en la prefectura del máximo Tribunal eclesiástico, se abre las posibilidades que en futuro sea elevado a la dignidad cardenalicia. Me ha alegrado enormemente esta designación, justamente porque el arzobispo Burke conjuga muy bien la ciencia canónica con su fino sentido litúrgico. Enhora buena.


jueves 26 de junio de 2008

Ratzinger veste Cristo, no Prada... (los zapatos rojos del Papa)






















Desde el comienzo del pontificado de SS Benedicto XVI, muchos notamos que a pesar de sus años tenía un porte personal de cierta elegancia natural. Así los mismos ornamentos de siempre en el actual Papa han sido objeto de la prensa internacional, entre ellos revistas especializadas (Square), que lo ubicaron en el 2007 como uno de los europeos de mejor gusto y bien vestidos.
No se sabe bien el por qué, tal vez por comodidad, pero es cierto que sus albas y sotanas son más cortas que la de sus antecesores. Fue este el origen del bullicio de los entendidos en moda, que descubrieron los famosos zapatos rojos del Papa Benedicto, que se sabe provienen del diseño de calzado artesanal de la afanada y conocida marca Prada, de Milán. De allí en más, el camauro (sombrero rojo fileteado en piel blanca), el sombrero saturno, galero o teja (rojo), los anteojos Gucci, etc., han sido objeto de las cámaras con poderosos objetivos y han dado mucho que hablar y que escribir para la frivolidad.
Todos quienes le conocen hablan de su amabilidad, sencillez, y su particular gusto por la música clásica, a la vez de una cierta timidez, que a mi modo ver, va superando, y la prueba está que no le tiene miedo al guardarropa.


¿Por qué el Papa usa zapatos rojos?

Es una costumbre tan antigua como aquel momento de la historia de la Iglesia en que el Papa era autoridad en paridad de condiciones con el Emperador. Es decir de la época del Imperio, y más concretamente del cesaro-papismo. Era distintivo del emperator vestir zapatos rojos. Así, se asoció al Papa este tipo de calzado, sobre todo por su dignidad y por ser autoridad Romana junto al emperador. Cuestión que el emperador desapareció, pero no la institución papal, y la tradición ha continuado hasta nuestros días. Algunos asocian a este origen, el color martirial que tiene en la Iglesia el color rojo. Desde hace mucho tiempo tanto Praga como sastrería pontificia Annibale Gammarelli se han ocupado de diseñar y regalar al Romano Pontífice estos accesorios, hay fotos en plena plaza San Pedro de la entrega de estos obsequios.
Algunos han notado que el Papa Juan Pablo II cuando viajaba los cambiaba de color marrón café en calidad de peregrino.

Transcribo un escrito de Pretus.it que pone en su lugar todos estos detalles y murmullos, que dan vuelo a la imaginación periodística, y que en algunos casos, pocos conocen el origen y la significación que tienen.

Da Oltretevere all'attacco dei giornali amanti del 'colore': “Ratzinger veste Cristo, no Prada”
CITTA’ DEL VATICANO - Il Papa veste Prada? Solo una diceria, il Pontefice veste Cristo, parola dell'Osservatore romano. Per il quotidiano della Santa Sede, infatti, se e' vero che Benedetto XVI e' uomo attento al vestiario, tuttavia non lo e' secondo i canoni della frivolezza e della banalizzazione contemporanea ma in base a una precisa visione liturgica. L'Osservatore romano ricorda come i mass media si fossero concentrati sul copricapo rosso del Pontefice detto camauro, mentre la rivista Esquire ''nel suo annuale riconoscimento ai personaggi che incarnano l'epitome dell'eleganza'', ha qualche tempo fa indicato Benedetto XVI come l'uomo che meglio sceglie i suoi accessori di abbigliamento. ''In quegli stessi giorni - afferma l'Osservatore - si e' diffusa la diceria che le scarpe di cuoio rosso che il Papa e' solito calzare erano disegnate da Prada, il celebre marchio milanese. Naturalmente l'attribuzione era falsa; la banalita' contemporanea non si e' nemmeno accorta che il colore rosso racchiude un nitido significato martiriale, cosi' come non ha neanche capito che queste voci erano incongruenti con l'uomo semplice e sobrio che, nel giorno della sua elezione al papato, ha mostrato ai fedeli accalcati in piazza San Pietro e a tutto il mondo le maniche di un modesto maglioncino nero''. La verita', dunque, e' un'altra: ''Nell'attenzione per la liturgia dobbiamo inquadrare l'importanza, visibile per qualsiasi persona non completamente stordita dalla frivolezza, che Benedetto XVI attribuisce ai paramenti e, in modo particolare, agli ornamenti liturgici''. ''Il Papa, insomma - conclude il servizio - non veste Prada, ma Cristo. E questa sua preoccupazione non riguarda l'accessorio, ma l'essenziale. Questo e' il significato degli ornamenti liturgici che Benedetto XVI si preoccupa di curare, per rendere piu' comprensibile agli uomini del nostro tempo la realta' piu' vera della liturgia''

miércoles 25 de junio de 2008

Nuevo obispo diocesano de Cruz del Eje (Cba.)


Esta mañana se rompio el embargo de información de la designación del Papa Benedicto XVI, del electo obispo de Cruz del Eje Mons. Santiago Olivera, que le sucederá a Mons. Omar Félix Colomé que había presentado su renuncia a tenor del derecho por haber llegado a los 75 años de edad.

Mons. Olivera (49) es el actual vicario general de la diócesid de Morón, y será el tercer obispo diocesano de Cruz del Eje.

Mons. Omar F. Colomé, oriundo de Cruz del Eje, forma parte de un grupo importante de obispos cordobeses, y ha cumplido una larga misión episcopal en la diócesis de tras las sierras, deseo de corazón tenga un buen y merecido descanso.



Monseñor Santiago Olivera


Nació en Buenos Aires el 7 de enero de 1959. Realizó sus estudios secundarios en el Instituto San José de los Hermanos Maristas de Morón. En el Seminario Catequístico Diocesano San Pío X de Morón, obtuvo el título de Maestro y Profesor de Catequesis.
Cursó sus estudios eclesiásticos en el Instituto de Filosofía y Teología San José, del Seminario Diocesano de Morón. El 1 de enero de 1982 fue admitido como candidato a las sagradas órdenes por el obispo de Morón, monseñor Justo Oscar Laguna. Con la autorización especial del entonces obispo auxiliar de Santiago de Compostela (España), monseñor Antonio Rouco Varela, hoy cardenal-arzobispo de Madrid, la ceremonia se realizó en el primer día del Año Santo Compostelano, en el santuario donde se veneran los restos del Apóstol Santiago.
Fue ordenado sacerdote por monseñor Laguna en la catedral de la Inmaculada Concepción del Buen Viaje, de Morón, el 18 de setiembre de 1984.
En 1986 obtuvo el título de Bachiller en Teología en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina "Santa María de los Buenos Aires".
Tras su ordenación fue designado párroco de Madre de Dios, en Villa Tesei, oficio que desempeñó de 1985 a 1996.
Fue Delegado Episcopal para las Vocaciones Sacerdotales y Religiosas (1985); Director Espiritual del Seminario Diocesano, de 1986 a 2004; Delegado Episcopal de Liturgia (1986-1989); y miembro del Consejo Presbiteral de 1989 hasta la actualidad.
El 22 de febrero de 1988 fue designado Canciller del obispado de Morón; desde 1989 es miembro del Colegio de Consultores y del Consejo de Asuntos Económicos del Obispado; en 1990 fue nombrado Pro-vicario general del obispado de Morón, y desde 1994 hasta hoy es Vicario General.
En 1991 monseñor Laguna lo designó Delegado suyo para la animación del diaconado permanente en la diócesis, y director del Instituto de Formación Diaconal San Lorenzo, cargos en los que fue confirmado por el actual obispo de Morón, monseñor Guillermo Eichhorn.
Desde abril de 2005 es Asesor del Consejo Diocesano de la Acción Católica Argentina.
El 25 de enero de 2006 fue nombrado miembro del Equipo de Formación del Seminario Diocesano San José, y en marzo de 2008 Director Espiritual del Seminario.
Es además director del periódico diocesano "Seguimos Caminando".
Monseñor Olivera será el tercer obispo de Cruz del Eje.


La diócesis de Cruz del Eje


Fue creada el 12 de agosto de 1963 por el papa Pablo VI. Comprende, en la provincia de Córdoba, los departamentos de Cruz del Eje, Minas, Pocho, San Alberto, San Javier, y parte norte de Punilla, con una superficie de 22.167 kilómetros cuadrados y una población de 159.500 habitantes, el 96% de los cuales son católicos.
La diócesis cuenta con 17 parroquias, 37 sacerdotes (31 diocesanos y 6 religiosos), 14 seminaristas mayores, 62 religiosas, un monasterio femenino, 15 casas de religiosas, y 17 colegios católicos.
Monseñor Olivera será el tercer obispo de Cruz del Eje. Los anteriores fueron monseñor Enrique Pechuán Marín (1963-1983) y monseñor Omar Félix Colomé (1984-2008).

El palio del Papa




En estos días el maestro de ceremonias pontificias Mons. Guido Marini ha informado que el Santo Padre, a partir de la celebración de imposición de palios a los nuevos metropolitanos designados este año, comenzará a usar uno más cómodo, al estilo del Siervo de Dios Juan Pablo II.


En la Misa de inicio del pontificado el Santo Padre Benedicto XVI comenzó a usar un palio al modo y usansa del primer milenio. Basta recorrer alguna galería de dibujos de los papas de entonces para darse cuenta del detalle.

Era a vistas que llevarlo no le era del todo cómodo, largo, ancho, y ceñido al hombro izquierdo, es lo que motiva el cambio decidido por el mismo Papa.

Hay que recordar que el palio es una insignia distintiva, además de un hornamento litúrgico, marca la presencia de un obispo metropolitano, por tanto a la cabeza de un grupo de obispos que forman parte de la provincia eclesiástica.

El origen es dudoso, pero ciertamente es romano. En los comienzos (s. IV) sólo estaba reservado al Papa. Se tejen en la misma Roma, por religiosas que tradicionalmente así lo vienen haciendo desde hace siglos, con lana de ovejas que ellas mismas crían para tal efecto, y las bendice el Papa en la fiesta de Santa Inés . Está adornado con seis cruces griegas negras, que llevan en el caso del Papa un broche de oro por delante y detrás. El nuevo palio pontificio llevará cruces rojas.

El palio a la forma de yugo cae sobre los hombros del metropolitano, y lo puede usar sólo en su provincia eclesiástica, en todos los pontificales que él presida.


Muchas veces, se cree que el cofre de plata que se ve en el nicho que existe bajo el altar papal, el altar de la confesión, contiene los restos del bienaventurado Pedro, pero no es así. Contiene los palios que serán impuestos posteriormente. Esta ubicación es de alto simbolismo, por cuanto el palio impuesto por el mismo Sucesor de Pedro, marca aquella profunda comunión que existe entre áquel y los obispos metropolitanos.


Aunque desde el punto de vista del derecho, el metropolita no tiene ninguna jurisdicción sobre las diócesis sufragáneas, sostiene un rango de honor y primacía simbólica. De cualquier manera algunas atribuciones mantiene en cuestiones muy concretas, sin por ello poderse inmiscuir en el gobierno diocesano de las diócesis de la provincia.


Estas circunstancias está bien determinadas en el derecho y son:


1. Es obligatorio al Nuncio Apostólico pedir su parecer sobre la designación de un obispo residencial en las sedes de la provincia que preside (c. 377)


2.Informar a la Sede Apostólica de la ausencia por más de seis meses de un obispo residencial sufragáneo (c. 395)


3.Los obispos sufragáneos deben remitirle cada tres años una lista de sacerdotes, para que en caso de sede impedida ante diversas ausencias sean cubiertas por éstos (c. 413)


4.Avisar a la Sede Apostólica, frente a un obispo residencial impedido por pena canónica de ejercer el oficio, para que ella provea (c. 415)


5.Si en el tiempo previsto de elección del administrador diocesano, el colegio de consultores no lo hace, recae inmediatamente esta obligación de designar al metropolitano (c. 421)







martes 24 de junio de 2008

"Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel"... Solemnidad de San Juan Bautista




El Evangelio de San Lucas comienza justamente narrando el acontecimiento de la concepción de San Juan Bautista, solemnidad que hoy alegra a toda la Iglesia.


El ángel Gabriel fue el encargado de anunciar los dos eventos salvíficos, la concepción de San Juan... y al sexto mes (Lc. 1,26) a María Santísima, en cuyo caso no sólo fue anuncio, sino divina Encarnación del Verbo por obra y gracia del Espíritu Santo.


Este dato, sirvió como elemento valioso para establecer el 24 de junio la fecha de celebración litúrgica del nacimiento del Precursor.


Si se celebra el 25 de diciembre el nacimiento del Redentor, tomando en cuenta que el 25 de marzo es la fecha de la Anunciación (9 meses perfectos), la cuenta es redonda, estando Isabel en su sexto mes (Lc. 1,36) a los tres meses naciera Juan, seis meses antes del nacimiento de Jesús.

Esfuerzos por la comunión plena de la Fraternidad San Pío X


El vaticanista Andrea Tornielli, en su habitual columna en Il Giornale, comenta que el próximo 28 de junio sería el día clave para que la fraternidad San Pío X decida si acepta o no las condiciones que ha puesto la Sede Apostólica para entrar a la plena comunión con la Iglesia Católica. Hace pocos días Mons. Fellay habría estado reunido con el Cardenal Castrillón, presidente de la Comisión Ecclesia Dei, en la misma el prelado de la fraternidad le habría pedido la revocación de la “excomunión” al fundador Mons. Lefevre. Eso dio pie a la Santa Sede enviar una nota en dónde se piden cinco condiciones, entre ellas la aceptación total del Concilio Vaticano II, y la validez de la Misa reformada. Nada se comenta a cerca del pedido de dejar sin efecto la sanción automática (¿?), que en verdad el Papa como legislador supremo puede levantar. Fellay según dice Tornielli tendría que someter a un Capítulo entre los miembros las mencionadas condiciones.
Esta sería una gran oportunidad de integración plena a la comunión eclesiástica, algo largamente buscado por la Iglesia Católica.




Nei rapporti tra Santa Sede e lefebvriani è iniziato il conto alla rovescia: entro il prossimo 28 giugno la Fraternità San Pio X, fondata dall’arcivescovo francese insofferente verso la riforma liturgica post-conciliare, dovrà infatti decidere se accettare le cinque condizioni proposte dal Vaticano per rientrare nella piena comunione con Roma. Alcuni giorni fa il superiore dei lefebvriani, il vescovo Bernard Fellay, si è incontrato con il cardinale Darío Castrillón Hoyos, presidente della commissione «Ecclesia Dei», che si occupa per conto di Benedetto XVI della trattativa con il gruppo tradizionalista. Fellay, che in precedenza aveva scritto al Papa chiedendo la revoca della scomunica comminata da Giovanni Paolo II nel 1988 a Lefebvre e ai quattro nuovi vescovi che egli aveva voluto consacrare senza il consenso della Santa Sede (tra i quali Fellay stesso), ha ricevuto una lettera con i cinque punti fissati dal cardinale e ne discuterà durante prossimo capitolo della Fraternità, che si svolgerà a fine mese.Mai come in questo momento le trattative sono giunte in prossimità di un accordo che sanerebbe il mini-scisma venutosi a creare ormai vent’anni fa permettendo il pieno rientro dei lefebvriani nella comunione cattolica. Tra i punti che la Santa Sede chiede di sottoscrivere ci sarebbero, secondo le indiscrezioni raccolte, l’accettazione del Concilio Vaticano II e la dichiarazione della piena validità della messa secondo la liturgia riformata: due condizioni che già Lefebvre aveva sottoscritto con l’allora cardinale Joseph Ratzinger nel 1988. Il Vaticano, da parte sua, offre al gruppo tradizionalista un inquadramento canonico simile a quello dell’Opus Dei, vale a dire una «prelatura», che permetterebbe alla Fraternità di continuare le sue attività e di formare i suoi seminaristi.La marcia di riavvicinamento era cominciata nel 2000, quando i lefebvriani fecero un pellegrinaggio giubilare a Roma. Ne seguì una brevissima udienza concessa da Papa Wojtyla a monsignor Fellay e l’inizio delle lunghe e laboriose trattative con il cardinale Castrillón. Molte cose sono però cambiate da allora. I lefebvriani chiedevano, prima di fare qualsiasi passo verso l’accordo, che venisse liberalizzato l’antico messale preconciliare caduto in disuso dopo la riforma liturgica. Il nuovo Papa, Benedetto XVI, particolarmente sensibile a questi temi, un anno fa ha pubblicato il Motu proprio che dichiara la piena cittadinanza dell’antica messa permettendola in ogni parrocchia, sottraendo di fatto al vescovo la possibilità di proibirla. L’applicazione delle nuove direttive papali non è stata facile, ci sono molte resistenze – alcune clamorose, com’è noto – ma è fuori dubbio che dichiarando l’esistenza di un rito romano straordinario (quello antico) e uno ordinario (quello riformato), il Papa ha autorizzato in tutta la Chiesa e senza restrizioni la celebrazione tridentina. Inoltre, Ratzinger ha reintrodotto la croce al centro dell’altare, ha cominciato a distribuire la comunione ai fedeli inginocchiati, ha ripristinato paramenti antichi: tutti segnali che vanno nella direzione di sottolineare la continuità della tradizione.Condizioni così favorevoli per un rientro nella piena comunione, con tutta probabilità non si ripeteranno più. Molti fedeli, ora che hanno ottenuto la messa in rito antico, non comprendono il perché la Fraternità non faccia pace definitivamente con Roma. I lefebvriani si sono resi conto di quanto sta avvenendo, anche se Fellay ha qualche problema di resistenze interne. La scelta è se accordarsi e rientrare nella piena comunione con la Santa Sede, oppure rimanere un piccolo corpo separato con il rischio di trasformarsi in un gruppuscolo settario e ininfluente.


lunes 23 de junio de 2008

La comunión "in voto" (de deseo) en la teología del Papa


Recuerdo esta enseñanza que el Papa ha recordado hoy, allá en mis primeros años de seminario con Mons. Luis Alessio. Es conocido el bautismo in voto, o de deseo. No tanto así para los otros sacramentos. Aunque cuando hablamos de la comunión espiritual algo de esto estamos diciendo. Mons. Alessio en una reunión con seminaristas, nos decía que en cada sacramento se da por el simple deseo una gracia anticipada, que se ve con más claridad en el bautismo y en la Eucaristía, pero que también se da en aquellos que desean ser ministros de altar, el sacerdocio. En la medida que se desea la gracia del sacramento se obtienen ya dones salvíficos del mismo. Fue algo, que alentó mucho creo a todos los que en aquel momento estábamos en camino. Con respecto a la Eucaristía, señaló que en los primeros tiempos del cristianismo, muchas personas que por ausencia de ministros, o no celebrarse diariamente el sacrificio, y ante la muerte inminente, recibían como consuelo, al deseo de la forma sagrada, un trozo de pan o un pétalo de alguna flor.

di Gianluca Barile
CITTA’ DEL VATICANO - "Quanti non possono ricevere la Comunione in ragione della loro situazione, trovano comunque nel desiderio della Comunione e nella partecipazione all'Eucaristia una forza e un'efficacia salvatrice". Lo ha affermato Benedetto XVI nell'omelia conclusiva del Congresso Eucaristico Internazionale di Quebec, pronunciata dallo stesso Pontefice in tele-conferenza. "Vorrei invitare i pastori e i fedeli - ha aggiunto il Papa - a un'attenzione rinnovata alla loro preparazione alla ricezione dell'Eucaristia. Malgrado la nostra debolezza e il nostro peccato, Cristo vuole fare di noi la sua dimora, se domandiamo la guarigione. Per questo dobbiamo fare tutto cio' che e' in nostro potere per riceverlo in un cuore puro ricercando senza compromessi, attraverso il sacramento del perdono, la purezza che il peccato ha intaccato, mettendo d'accordo la nostra anima e la nostra voce secondo l'invito del Concilio, perché, in effetti, il peccato, soprattutto il peccato grave, si oppone - ha ricordato il Santo Padre - all'azione della grazia Eucaristica in noi". La necessita' di ricevere l'assoluzione dei peccati gravi prima di fare la Comunione (assoluzione che puo' essere data solo se ci si assume l'impegno a non continuare nel peccato e per questo viene negata ai divorziati risposati se non rinunciano all'unione sessuale) e’ stata richiamata con forza da Benedetto XVI. L'Eucaristia, ha infatti affermato il Papa, e' “dono per la vita del mondo”, e' il “gesto per eccellenza dell'amore di Dio per noi”. Ma “per accedere alle due tavole, della Parola e del Pane, dobbiamo innanzitutto accogliere il perdono di Dio” che “ripristina in noi l'immagine divina e che ci mostra a che punto siamo amati”. In video-conferenza, il Pontefice ha elencato 'le sfide' che in forza dell'Eucaristia “devono mobilitare tutte le persone” del mondo. Occorre, ha evidenziato, “lottare senza sosta affinche' tutte le persone siano rispettate dal concepimento fino alla morte naturale; le nostra societa' ricche accolgano i piu' poveri e donino loro tutta la dignita', e tutte le persone possano nutrirsi e far vivere la propria famiglia”. Ma non solo. Per Benedetto XVi e’ anche necessario che “la pace e la giustizia regnino in tutti i continenti”. Nell'omelia, il Papa ha annunciato che il prossimo Congresso Eucaristico Internazionale si terra' a Dublino nel 2012. “Colgo l'occasione - ha detto - per salutare calorosamente il popolo irlandese, che si prepara ad accogliere questo appuntamento ecclesiale”. Benedetto XVI ha poi esortato i giovani cattolici a mostrare ai propri coetanei la bellezza del messaggio evangelico. "Non abbiate paura di annunciare Cristo" ai vostri coetanei, e' stato il suo incoraggiamento, ma "mostrate loro che Cristo non ostacola la vostra vita, ne' la vostra liberta', ma al contrario dona la vera vita e vi rende liberi per lottare contro il male e per fare della vostra vita qualcosa di bello". In questo modo, ha ricordato il Papa, "siamo aiutati a crescere e a dare il meglio di noi stessi". E "una volta ricevuta la Parola di Dio ed essersi nutriti del Suo Corpo", la vita si "trasforma interiormente" e si riceve da Lui la propria missione. Perche’ e’ il Signore, ha concluso Benedetto XVI, che "ci invia nel mondo, per essere portatori di pace e testimoni del suo messaggio d'amore".

domingo 22 de junio de 2008

El caso de la edición del Misal Romano Argentino











El Misal Romano editado dos veces por la Conferencia Episcopal Argentina, hace ya muchos años, y con el que celebramos la Misa, tiene varias inexactitudes, errores, lagunas, etc. al decir de los entendidos en lenguas y liturgia. Hay una norma del derecho universal que debería haber sido rigurosamente observada, y aunque solo sea en parte, se hubieran corregido algunas de estas falencias. El mencionado libro no tiene la recognitio requerida para la traducción de los libros litúrgicos y edición correspondiente que compete a la Sede Apostólica, la que asegura sea una versión conforme a edición típica latina.



Según algunos análisis al adolecer de tal condición, hace que la celebración con este texto sea inválida. Esta afirmación es demasiado fuerte y entiendo que no es así.

En el can.
928 del CIC se sostiene que la Santa Misa debe celebrarse, como principio, en lengua latina desde un formulario litúrgico que se denomina editio típica, pero se autoriza también el uso de la lengua vernácula, vulgar o corriente, siempre entendiendo que se haga desde la editio típica y que la correspondiente traducción goce de la recognitio o revisión de la Santa Sede, a quien compete exclusivamente la jurisdicción en esta materia (c. 838, § 2). Lo hará por materia de competencia a través del órgano de la Curia Romana, que aquí es la Congregación para el culto Divino y la disciplina de los Sacramentos.

El tema esta en saber bien que significa esta recognitio, lo que ella supone, luego valorarla comprobando qué efectos produce sobre una edición de un libro litúrgico que no tenga tal revisión como es el caso del Misal Argentino.

Para comenzar diré que la letra del c. 838§2, no dice absolutamente nada en lo referido a efectos de validez.
Es más, aplicando como es norma, el c. 10, para discernir si una ley es írrita, nada hace suponer que tal c. sea invalidante, sobre todo, porque para existir una norma así, debe decirse expresamente (expresse).
Sin embargo, en otros cc. la misma recognitio, en algunos casos se manifiesta “para que sean válidos los decretos (c. 456§2) y en otros simplemente “no se promulgarán sino después que hayan sido revisados por la Sede Apostólica” sin hacer mención alguna a la validez (c. 446).
El CIC tampoco define en su cuerpo normativo que es concretamente la recognitio mencionada.
El Pontificio Consejo para la interpretación de los textos legislativos, ha emanado una nota explicativa al respecto, para establecer que es y comporta esta condición. En ella se dice:

1. La recognitio se aplica sistemáticamente a todos los concilios particulares desde Sixto V (Const. Ap. Inmensa aeterni Dei, 22 enero 1598) y que hoy se exige en el CIC para la promulgación de actos y decretos generales de los concilios particulares (cf. c. 446), para la promulgación de los estatutos (cf. c. 451), decreto generales (cf. c. 455) y publicación de otros actos de la asamblea plenaria de la conferencia episcopal (cf. c. 456), para la traducción de los libros litúrgicos a lengua vernácula (cf. c. 838, también en c. 657 CCEO) y para la redacción de un rito del matrimonio propio de una conferencia episcopal (cf. c. 1120), y en el MP Apostolos suos (21 mayo 1998) para que documentos doctrinales de la asamblea plenaria de la conferencia episcopal aprobados por mayoría de dos tercios tenga valor de magisterio auténtico (arts. 1-2).

2. Se insiste en que la traducción correcta de recognitio no es “autorización” sino “revisión”, que una vez obtenida supone la confirmación. Invoca los textos sobre este tema en el directorio Apostolorum Successores (22 febrero 2004), la instrucción Liturgiam authenticam (28 marzo 2001) y el citado MP.
Reproduce la opinión sobre la recognitio en la doctrina canonística de importantes autores (L.Chiapetta, G.Ghirlanda, J.I.Arrieta, F.J.Ramos, G.Feliciani y J.Manzanares).

3. Centrándose en los actos de los concilios particulares y de las conferencias episcopales, el dicasterio sostiene que la publicación de documentos normativos por estas asambleas es un acto complejo que prevé como conditio iuris la recognitio, requerida ad validitatem y sin la cual los decretos carecen de fuerza de obligar.

4. Esta recognitio, no es una mera confirmación, pues incluye la posibilidad de introducir cambios en el texto sometido. En fin, el Consejo define la recognitio como “acto sui generis de la Sede Apostólica que mira a salvaguardar la corrección jurídica formal y sustancial de los actos sujetos a la misma y la común acción de la Iglesia en ellos”. Comm 38 (Junii 2006) 10-17. Pero creo que lo más importante es aquella comunión que se expresa de manera singular en algunas acciones propiamente eclesiales del cuerpo episcopal con su cabeza, es decir el Romano Pontífice.


Pasemos ahora al tema de nuestro Misal en cuestión. Un libro litúrgico que no fuera editio típica, es decir estamos hablando de traducciones a lenguas vernáculas, debe tener esta condición de la recognitio de la autoridad competente. Si tal faltare, el texto no podría ser tenido como: reconocido, confirmado, y finalmente autorizado y aprobado, para que luego fuera editado por la conferencia de obispos.
Se lee en la Instrucción Liturgia authenticam nº 80


La praxis de pedir la "recognitio" de la Sede Apostólica, para todas las traducciones de los textos litúrgicos, ofrece la necesaria seguridad de que la traducción es auténtica y conforme con los textos originales; y expresa y realiza el verdadero vínculo de comunión entre el Sucesor de San Pedro y sus hermanos en el Episcopado. Así pues, esta "recognitio" no es simplemente una formalidad, sino un acto de potestad de régimen, absolutamente necesario (sin el cual un acto de la Conferencia de Obispos carece de fuerza legal) y mediante el que se pueden introducir modificaciones, incluso sustanciales. Por esto no se pueden imprimir textos litúrgicos traducidos o de nueva composición, para uso de los celebrantes o del pueblo en general, si falta la "recognitio". Puesto que es preciso que la "lex orandi" sea conforme con la "lex credendi", y manifieste y corrobore la fe del pueblo cristiano, las traducciones litúrgicas no pueden ser dignas de Dios si no traducen fielmente a la lengua vernácula la abundancia de doctrina católica del texto original, de tal modo que el lenguaje sagrado sea conforme a su contenido dogmático. Hay que observar, además, el principio según el cual cada una de las Iglesias particulares debe estar de acuerdo con la Iglesia universal, no sólo en la doctrina de la fe y en los signos sacramentales, sino también en los usos recibidos de forma universal y continua, desde la tradición apostólica; por lo tanto, la "recognitio" de la Sede Apostólica se dirige a vigilar que las traducciones, así como las variaciones legítimas introducidas en ellas, no dañen la unidad del pueblo de Dios, sino que sean siempre una ayuda para la misma.

81. La "recognitio" concedida por la Sede Apostólica se debe indicar en la edición impresa, junto con la frase "concuerda con el original", suscrita por el Presidente de la Comisión litúrgica de la Conferencia de Obispos, así como el "imprimatur", firmado por el Presidente de la misma Conferencia. Además, se deben enviar dos ejemplares de toda edición impresa a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.


Está claro que los actos y decretos generales de los concilios particulares (c.446), la promulgación de los estatutos de Conferencias Episcopales (c.451), decreto generales (c.455) y publicación de otros actos de la asamblea plenaria de la conferencia episcopal (c.456) que no tuvieran tal recognitio no tienen fuerza obligante, y como es exigido ad validitatem, hasta que no la obtengan no tienen rigor de ley, o lo mismo no tienen fuerza vinculante. En estos casos estamos hablando de ejercicio de potestad legislativa de los obispos (normas dadas para su territorio).
Cabe preguntarse, si esto mismo ocurre con un texto litúrgico que careciera de la recongnitio, en dónde a mi modo de ver no se ejerce esta función legisferante, por la que se habla siempre de “promulgación legítima” que hace referencia siempre a la ley.
La nota aclaratoria no hace distinción alguna para la traducción de los textos litúrgicos, del resto de los actos enumerados como obligatorios de obtener la recognitio, tampoco en lo que hace al ad validitatem para ellos.
Es necesario repasar entonces el tema de la validez a partir del texto de la nota que dice:

La recognitio si applica in due casi di grande importanza: 1) per gli atti del Concilio particolare (c. 446); 2) per gli Statuti (c. 451) e i decreti generali delle Conferenze episcopali (can. 455, § 2).
2. La richiesta recognitio è da considerarsi obbligatoria? Dal Codice di Diritto Canonico, come anche dal Direttorio pastorale per i Vescovi, si deve ritenere che la recognitio è una conditio iuris che, per volontà del supremo Legislatore, è richiesta ad validitatem. Se non si ottiene la recognitio della Sede Apostolica non si possono promulgare legittimamente i decreti i quali, senza la recognitio, sono privi della forza obbligante (can. 445)

Que se deduce entonces, que cuando está en juego en toda autoridad inferior a la Sede Apostólica, la actividad legislativa, en los casos determinados por el derecho, siempre que se requiera la recognitio es para la validez.



En el caso de los cc. 838 y 1120, referidos a textos litúrgicos, no se trata del ejercicio de la potestad legislativa estrictamente hablando. Un texto litúrgico técnicamente no se dice que sea promulgado. Se habla más bien de concuerda con los originales aprobados por la Santa Sede, y luego puede imprimirse. De parte de la Santa Sede, los decretos en cada caso hablan en general de In texto autem imprimendo mentio fiat de confirmatione ad Aspostolicam Sede concessa.
No me parece que se pueda sostener por igual el ad validitatem en un caso que en el otro.

¿Qué paso entonces en caso del Misal Romano Argentino?


Se obró editando el texto del Misal sin esperar obtener la recognitio, que es un requisito solicitado por el derecho universal. La edición del texto que se puso a disposición de los ministros no se puede llamar estrictamente, según norma, “libro litúrgico”, por cuanto le falta una nota para serlo. Pero hay que distinguir a mi entender en este punto, el formulario, sin revisión pontificia, a la celebración a partir del mismo.



Por tanto si se obrase, celebrando, de acuerdo al mismo, como de hecho lo estamos haciendo, no se puede decir que invalide la acción litúrgica, entendiendo que toda ella es válida, y no solamente la consagración (habría en este punto que obviar el momentismo litúrgico), en dónde bastaría que las palabras de la consagración usadas significasen acabadamente la forma establecida por la autoridad (allí se requiere un mínimo necesario para asegurar la validez).



Al tratarse del ejercicio de la función santificadora tarea primordial de la Iglesia, ejercida de una manera primera por el Papa y los Obispos, sostener lo contrario es admitir la privación de la gracia a los fieles sin culpa de su parte, cosa que la Iglesia nunca hace, y que por ejemplo en otro ordende cosas, en el caso de falta de potestad ejecutivade régimen, la misma queda salvada por el c. 144 del ecclesia supplet buscando siempre el bien superior de la salvación para todos los fieles.



Me animo a decir que fue altamente ilícita la edición del libro en tales circunstancias, y en forma urgente se debiera haber superado tal omisión, como durante mucho tiempo supuse se había hecho, y que por lo que dice la nota explicativa no es menor. Más bien todo lo contrario.

En este sentido, el espíritu de codificación del CIC 83, fue tratar de profundizar aquel espíritu pastoral por el que de ninguna manera la función santificadora quedara obstaculizada a no ser por causas graves (falta de debida materia o forma), de tal manera que, por el bien de los fieles, estos, no se vieran perjudicados de ninguna manera.



Entonces, diré que, la Misa que celebramos es válida, aunque el texto que utilizamos no está reconocido por la Santa Sede, y por tanto su edición fue ilícita.
Esto puede traer a la conciencia de los ministros ordenados el uso de tal formulario, a lo que me queda decir que existe el Misal Romano editado en España de forma debida que podría perfectamente ser usado hasta que tengamos el nuevo Misal reconocido.




PONTIFICIO CONSIGLIO PER I TESTI LEGISLATIVI
NOTA ESPLICATIVA


X. La natura giuridica e l’estensione della «recognitio» della Santa Sede
(Communicationes, 38 [2006] 10-17)

La «recognitio» nei documenti della Santa Sede
1. La recognitio applicata sistematicamente a tutti i Concili particolari, provinciali e plenari, risale al tempo di Sisto V.
[1]
2. Nella legislazione ecclesiastica la recognitio della Santa Sede è richiesta:
a) per la promulgazione degli atti e dei decreti generali del Concilio particolare (can. 446 CIC);
b) per l’emanazione dei decreti generali delle Conferenze episcopali (can. 455 CIC);
c) per la pubblicazione degli atti e dei decreti delle Assemblee plenarie delle Conferenze episcopali (can. 456 CIC);
d) per la traduzione in lingua corrente dei libri liturgici (can. 838, § 3 CIC; can.657, § 1 CCEO);
e) per la redazione di un proprio rito del matrimonio da parte di una Conferenza episcopale (can. 1120 CIC).
3. Il Motu Proprio
Apostolos suos[2] nn. 21-23, artt. 1-2, in linea con quanto previsto dal can. 753 CIC, ha riconosciuto la possibilità delle Assemblee plenarie delle Conferenze episcopali di produrre documenti di natura dottrinale aventi valore di magistero autentico, trattandosi di questioni nuove su cui non si è pronunciata la Chiesa, che hanno ricadute sul proprio territorio, e su cui i Vescovi membri hanno espresso parere unanime: qualora solo una maggioranza dei due terzi si dichiarasse favorevole, è necessaria la recognitio della Santa Sede.
4. Questo Pontificio Consiglio, in due lettere al Segretario di Stato (4 dicembre 1997; 25 febbraio 1998), ha messo in evidenza che «questo intervento giuridico e prudenziale della Santa Sede riguarda non soltanto gli Statuti, i Decreti generali, gli adattamenti liturgici, ecc. delle Conferenze episcopali (cfr. cann. 451; 455, § 2; 838, § 2), ma anche i Decreti dei Concili particolari, plenari o provinciali (cfr. can. 446).
La recognitio di questi testi giuridici o liturgici non è una generica o sommaria approvazione e tanto meno una semplice “autorizzazione”. Si tratta, invece, di un esame o revisione attenta e dettagliata: per giudicare la legittimità e la congruità con le norme universali canoniche o liturgiche dei relativi testi che le Conferenze episcopali desiderano promulgare o pubblicare».
[3]
Sulla errata traduzione di recognitio con «autorizzazione», questo Dicastero ha fatto notare che «la traduzione esatta di recognitio, utilizzata tra l’altro anche nell’edizione italiana della Costituzione Apostolica Pastor Bonus (cfr. artt. 82 e 157), non è autorizzazione ma revisione».
Nei verbali dell’ultima riunione plenaria della Pontificia Commissione per la Revisione del CIC, si legge: «Come appare evidente, i sinonimi di recognitio vengono indicati dalla Commissione nei termini approbatio e confirmatio, che non equivalgono ad autorizzare. La mens della Commissione, però, viene chiaramente espressa là dove si specifica che la recognitio è un tipico atto della potestà di governo con il quale viene rivisto totalmente l’atto della Conferenza ed eventualmente vengono imposte anche modifiche ad esso. Si tratta di un intervento di carattere aggiuntivo di controllo e di tutela, proprio dell’Autorità superiore. Tale intervento, come già detto, è la condizione necessaria perché l’atto della Conferenza possa acquisire forza vincolante. Certamente, dopo questo approfondito esame di revisione, la Conferenza si può considerare autorizzata a promulgare o pubblicare il relativo testo, ma questa autorizzazione non costituisce la sostanza dell’atto, bensì soltanto la sua conseguenza. Tradurre il termine recognitio con “autorizzazione/autorizzare” non è esatto e per di più potrebbe essere fonte di gravi equivoci dottrinali e giuridici. L’autorizzazione, al limite, può essere considerata soltanto come un aspetto della più ampia competenza che il Legislatore ha riservato alla Santa Sede con la recognitio».
[4]
5. Nel nuovo Direttorio per il ministero pastorale dei Vescovi
Apostolorum Successores[5] è più volte ribadito il concetto della recognitio:
- Al n. 24, circa la potestà legislativa dei Concili particolari, si dice che «tutte le decisioni vincolanti del Concilio particolare, sia decreti generali come particolari, debbono essere esaminati ed approvati dalla Sede Apostolica prima di essere promulgate» (cfr. can. 446; PB artt. 82 e 157).
- Al n. 31, circa le competenze giuridiche e dottrinali della Conferenza episcopale, è detto: «Tali norme debbono essere riesaminate dalla Santa Sede, prima delle loro promulgazione, per garantire la conformità con l’ordinamento canonico universale» (cfr. can. 445, § 2).
- Sempre nello stesso numero, il 31, a proposito dei documenti di natura dottrinale delle Conferenze episcopali, viene affermato che: «le dichiarazioni dottrinali per poter essere pubblicate devono ottenere la recognitio della Santa Sede».
6. Anche nei nn. 79-84 dell’Istruzione della Congregazione per il Culto Divino e la Disciplina per i Sacramenti
Liturgiam authenticam,[6] soprattutto in merito ai testi liturgici, l’argomento della recognitio è stato ampiamente sviluppato.
In essa si legge: «la prassi di domandare la recognitio della Sede Apostolica per tutte le traduzioni dei testi liturgici offre la necessaria garanzia che la traduzione è autentica e corrisponde ai testi originali ed esprime, nonché favorisce, il vero legame della comunione tra il Successore di Pietro e i suoi fratelli nell’episcopato. Inoltre, questa recognitio non è tanto una formalità quanto atto della potestà di governo, assolutamente necessario (in caso di omissione, infatti, gli atti delle Conferenze dei vescovi non hanno forza di legge), che può comportare delle modifiche, anche sostanziali. … La recognitio della Sede Apostolica ha per fine di vegliare affinché le traduzioni stesse, così come i diversi adattamenti legittimamente introdotti, non nuocciano all’unità del popolo di Dio, ma piuttosto la rafforzino in misura sempre maggiore» (n. 80).
7. Nel Motu Proprio
Apostolos suos,[7] in proposito si legge: «La revisione (recognitio) della Santa Sede serve inoltre a garantire che, nell’affrontare le nuove questioni che pongono le accelerate mutazioni sociali e culturali caratteristiche della storia attuale, la risposta dottrinale favorisca la comunione e non pregiudichi, bensì prepari, eventuali interventi del magistero universale» (n. 22).
La letteratura sulla «recognitio»
La letteratura sulla recognitio è molto ampia:
1. Un Autore ha scritto: «è da tener presente che essa (la recognitio), per sé, è una semplice approvazione in forma generica, che non conferisce una speciale forza giuridica alle deliberazioni del Concilio particolare. Queste rimangono espressioni di determinati gruppi di Vescovi e del loro potere giurisdizionale. È ovvio, tuttavia, che la revisione pontificia conferisce loro una maggiore autorità, ma solo da un punto di vista morale, non giuridico».
Giuridicamente restano atti di diritto particolare, emanati da Vescovi riuniti collegialmente e, com’è loro dovere, in comunione col Romano Pontefice, pastore della Chiesa universale … «la recognitio della Santa Sede: è un appositio manus della Sede Apostolica, di cui la Conferenza episcopale deve tenere conto».
[8]
2. Per un secondo Autore la recognitio è un elemento che manifesta, da parte di chi la chiede e di chi la concede, una espressione di comunione la quale dichiara che i Vescovi hanno agito nella hierarchica communio. Egli ritiene che la recognitio è la forma giuridica della comunione e ritiene che sia necessaria ad validitatem per gli atti delle Conferenze episcopali, e ad liceitatem per gli atti dei Concili particolari.
[9]
3. Per un terzo Autore, «la recognitio non è un translativo, o una semplice comunicazione alla Santa Sede per rendere noto l’operato dell’assemblea plenaria della Conferenza episcopale. La recognitio richiede un attivo intervento di carattere aggiuntivo, appartenente al genere del controllo di tutela, proprio degli enti centrali, che è la condizione necessaria perché il decreto possa acquisire forza vincolante. Di conseguenza, le eventuali modifiche contenute nell’atto della recognitio sembra vadano interpretate come condizioni per l’efficacia dell’atto della Conferenza, ferma restando per questa la possibilità di sostituire la precedente delibera con un’altra e di richiedere l’ulteriore recognitio.
La concessione della recognitio interessa organi differenti della Santa Sede. In primo luogo essa appartiene, come competenza propria, ai Dicasteri che hanno il compito di vigilare sull’esercizio della funzione episcopale nell’ambito della giurisdizione ordinaria (Congregazione per i Vescovi) o nella giurisdizione di missione (Congregazione per l’Evangelizzazione dei Popoli). Inoltre la concessione della recognitio interessa altri Dicasteri ratione materiae, così come il Pontificio Consiglio per l’Interpretazione dei Testi Legislativi della Chiesa per quanto concerne il profilo formale e di legalità delle norme. Nei casi in cui le attribuzioni normative della Conferenza episcopale provengono da stipulazioni concordatarie stabilite tra la Santa Sede e lo Stato è la Segreteria di Stato ad avere competenza in materia».
[10]
4. Per un quarto Autore «la recognitio non trasforma in atti pontifici le deliberazioni della Conferenza dei Vescovi – la quale resterebbe così priva di poteri vincolanti e avrebbe semplicemente diritto di proposta, che pure le viene riconosciuto in non poche materie di competenza della Santa Sede, ad esempio le delimitazioni delle diocesi – ma è un presupposto o condizione perché i decreti abbiano forza vincolante. La funzione di questa recognitio non è tanto quella di conferire ad esse una maggiore autorevolezza così come avviene con la confirmatio, quanto di permettere alla Santa Sede di accertare che non contengono nulla di contrario o di poco consono al bene della Chiesa e, in particolare, all’unità delle fede e della comunione. D’altra parte, la recognitio conferisce loro maggiore autorità morale, e rassicura i Vescovi che forse non erano d’accordo con le decisioni, lo stesso che gli altri fedeli.
I concetti di recognitio, aprobatio e confirmatio sono diversi, ma sono in profonda relazione tra loro sino a confondersi. La recognitio riguarda direttamente l’atto di revisione: si esamina se è conforme a certi parametri (di diritto, di dottrina, di opportunità), e una volta fatto questo, si approva il documento che è stato così sottoposto a revisione e lo si conferma. L’aprobatio costituisce il secondo passo del processo accennato, comprende la recognitio e comporta la confirmatio. La confirmatio è l’effetto dell’aprobatio, che, come detto, suppone la recognitio».
[11]
5. Un quinto Autore fa notare che «la recognitio sia conditio sine qua non per l’obbligatorietà delle decisioni delle Conferenze è espressamente affermato nel decreto conciliare Christus Domini, 38».
[12] Ed ancora: «Tale recognitio non trasforma in atti pontifici le deliberazioni della Conferenza – la quale resterebbe così priva di poteri legislativi ma avrebbe quel semplice diritto di proposta che pure le viene riconosciuto dalla S. Sede – ma è un presupposto per la liceità e la validità della loro promulgazione. La sua funzione non è tanto quella di conferire ad esse maggiore autorevolezza – così come avviene nella confirmatio – quanto permettere alla S. Sede di accertarsi, prima che divengano obbligatorie, che non contengono nulla di contrario o di poco consono al bene della Chiesa e, in particolare, all’unità delle fede e della comunione».[13]
6. Un ultimo Autore ritiene che la recognitio non si può considerare:
- un atto absolute necessarius «por su propria naturaleza, de tal manera que faltando él, el acto del inferior carece de todo valor»;
[14]
- una specie di missio canonica «porque ni puede aceptarse pacificamente que la “misión canónica” sea origen de la potestad de régimen que ejercen colegialmente los obispos»;
[15]
- una «approvazione» perché sono due figure diverse. L’approvazione è di maggiore peso giuridico;
- un requisito essenziale della comunione ecclesiale perché questa la si può avere con altre modalità.
Inoltre afferma: «su carácter de ‘control’ sobre un acto ya puesto, en la forma ya explicada, y que, non sólo expressa comunión, sino que también, implicítamente, supone una nueva garantía de acierto y de oportunidad y, consiguientemente, un refuerzo de su autoridad».
[16]
Ambito e modalità applicative della «recognitio»
1. In virtù del suo ufficio, il Romano Pontefice ha la potestà su tutta la Chiesa (cfr. can. 333 CIC e can. 45 CCEO) e, a garanzia di una vera e sana ecclesiologia di comunione - come idea fondamentale e centrale dei documenti del Concilio Vaticano II -, vi è la recognitio.
[17] Ciò in vista della protezione della diversità e dell’unità (cfr. LG 13c).
La recognitio si applica in due casi di grande importanza: 1) per gli atti del Concilio particolare (can. 446); 2) per gli Statuti (can. 451) e i decreti generali delle Conferenze episcopali (can. 455, § 2).
2. La richiesta recognitio è da considerarsi obbligatoria? Dal Codice di Diritto Canonico, come anche dal Direttorio pastorale per i Vescovi, si deve ritenere che la recognitio è una conditio iuris che, per volontà del supremo Legislatore, è richiesta ad validitatem. Se non si ottiene la recognitio della Sede Apostolica non si possono promulgare legittimamente i decreti i quali, senza la recognitio, sono privi della forza obbligante (can. 445).
Di conseguenza, risulta molto chiara la natura giuridica e la forza vincolante della recognitio: si tratta di una prudente disposizione della Sede Apostolica circa la pubblicazione di norme da parte delle Conferenze episcopali che mira a salvaguardare la correttezza giuridica di esse e a favorire la comune azione della Chiesa in determinati atti.
La forza obbligante della recognitio sta nell’atto stesso della pubblicazione della norma e l’osservanza di dette disposizioni date dalle Conferenze episcopali non riguarda la Sede Apostolica, ma la stessa Conferenza che le ha emanate. È chiaro, quindi, che la recognitio è una condizione imprescindibile per la promulgazione di leggi o la pubblicazione di documenti da parte delle Conferenze episcopali, che restano, però, anche per la loro forza vincolante, dell’autorità che li emana.
3. Siccome il CIC vigilanti verbo usus est, per sé non si può affermare che la recognitio è un’approvazione o un’autorizzazione. Neppure si può dire che è un semplice nulla osta.
La si può ritenere un atto sui generis della Sede Apostolica che mira a salvaguardare la correttezza giuridica formale e sostanziale degli atti soggetti alla recognitio e la comune azione della Chiesa in essi.
In termini civilistici si potrebbe dire che la promulgazione di questi documenti normativi è un «atto complesso» che prevede come conditio sine qua non la recognitio.
Città del Vaticano, 28 aprile 2006
Julian card. HerranzPresidente
Bruno Bertagna, Vescovo tit. di DrivastoSegretario
[1] Cfr. Immensa aeterni Dei [22 gennaio 1588] per la riorganizzazione della Curia Romana in Bullarium Romanum, ed. Taurinense, VIII (1863), col. 985-988.
[2] Del 21 maggio 1998 (cfr. AAS 90 [1998] 641-658).
[3] Lettera al Segretario di Stato del 4 dicembre 1997.
[4] Communicationes XV (1983), 173.
[5] Libreria Editrice Vaticana, 2004.
[6] Del 28 marzo 2001 (cfr. AAS 93 [2001] 685-726).
[7] Del 21 maggio 1998 (cfr. AAS 90 [1998] 641-658).
[8] L. Chiappetta, Il Codice di Diritto Canonico. Commento giuridico-pastorale, ED Roma, 1996, nn. 2122-2123.
[9] Cfr. G. Ghirlanda, De Episcoporum Conferentiis reflexiones in Periodica 79 (1990), 649-661.
[10] J. I. Arrieta, Diritto dell’Organizzazione Ecclesiastica, Giuffrè Editore, Milano 1997, 510-511.
[11] F. J. Ramos, Le chiese particolari e i loro raggruppamenti, PUST-MR 2000, 385-386 e nota 780.
[12] G. Feliciani, Le Conferenze episcopali, Il Mulino, Bologna 1974, 559 nota 92; sulla recognitio cfr. anche note 87-97.
[13] Ibidem, 541.
[14] J. Manzanares, En torno a la reservatio papalis y a la recognitio. Consideraciones y propuestas in Actas del coloquio internacional celebrado in Salamanca, 2-7 de abril de 1991, Salamanca (1991), 342; Allegato III.
[15] Ibidem.
[16] Ibidem.[17] Cfr. Relatio finalis Sinodo dei Vescovi del 1985 in EV/9/1800.

sábado 21 de junio de 2008

Va a venir muy bien


Según informan numerosos medios en Internet, la Santa Sede, a través de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, prepara una carta que dirigirá a los rectores de todos los seminarios del mundo en la que se darán instrucciones precisas de cómo proceder a la formación de los candidatos al sacerdocio católico para que éstos sean instruidos en la celebración de la Santa Misa según la forma extraordinaria del Rito Romano o liturgia tridentina.
Según afirma el vaticanista Marco Tosatti, las últimas declaraciones del presidente de Ecclesia Dei, el cardenal colombiano Dario Castrillon Hoyos (en la foto), irían en esta línea de la universal aplicación del Motu Proprio Summorum Pontificum, tal y como el Papa Benedicto XVI ha dispuesto con su promulgación, realizada el pasado 7 de julio.
Esta noticia abre así la posibilidad de una mayor formación litúrgica en los seminarios. Como ya dije en otro post, afrontar el desafío de celebrar el ordo antiquo, supone conocer bien su historia y el rigor de su praxis. Al mismo tiempo se entenderá con toda amplitud el cambio al Misal de Pablo VI, y redundará en un mayor aprecio por ambas modalidades.

En realidad, es el parecer de todos los comentaristas, la mayoría de los sacerdotes no sabían de la existencia del Misal de San Pío V, menos todavía la forma de celebración no sólo de la Misa, sino de los sacramentos según esta modalidad de ordo antiquo.

viernes 20 de junio de 2008

Brigadier - General Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano - 20 de junio de 1820


Testamento
"En el nombre de Dios y con su santa gracia amén. Sea notorio como yo, Dn. Manuel Belgrano, natural de esta ciudad, brigadier de los ejércitos de las Provincias Unidas de Sud America, hijo legítimo de Dn. Domingo Belgrano y Peri, y Da. María Josefa González, difuntos: estando enfermo de la (enfermedad) que Dios Nuestro Señor se ha servido darme, pero por su infinita misericordia en mi sano juicio, temeroso de la infalible muerte a toda criatura e incertidumbre de su hora, para que no me asalte sin tener arregladas las cosas concernientes al descargo de mi conciencia y bien de mi alma, he dispuesto ordenar este mi testamento, creyendo ante todas las cosas como firmemente creo en el alto misterio de la Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espiritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todos los demás misterios y sacramentos que tiene, cree y enseña nuestra Santa madre Iglesia Católica Apostóica Romana, bajo cuya verdadera fe y creencia he vivido y protesto vivir y morir como católico y fiel cristiano que soy, tomando por mi intercesora y abogada a la Serenísima Reina de los Angeles María Santísima, madre de Dios y Señora nuestra y devoción y demás de la corte celestial, bajo de cuya protección y divino auxilio otorgo mi testamento en la forma siguiente:
"1ª Primeramente encomiendo mi alma a Dios Nuestro Señor, que la crió de la nada, y el cuerpo mando a la tierra de que fue formado, y cuando su Divina majestad se digne llevar mi alma de la presente vida a la eterna, ordeno que dicho mi cuerpo, amortajado con el hábito de patriarca de Santo Domingo, sea sepultado en el panteón que mi casa tiene en dicho convento, dejando la forma del entierro, sufragios y demás funerales a disposición de mi albacea.
"2ª Item, ordeno se dé a las mandas forzosas y acostumbradas a dos reales con las que separo mis bienes.
"3ª Item, declaro: Que soy de estado soltero, y que no tengo ascendiente ni descendiente.
"4ª Item, declaro: Que debo a Dn. Manuel de Aguirre, vecino de esta ciudad, dieciocho onzas de oro sellado, y al Estado seiscientos pesos, que se compensarán en el ajuste de mi cuenta de sueldos, y de veinticuatro onzas que ordeno se cobre por mi albacea, y preste en el Paraguay al Dr. Dn. Vicente Anastasio de Echeverría, para la compra de una mulata - Cuarenta onzas de que me es deudor el brigadier Dn. Cornelio Saavedra, por una sillería que le presté cuando lo hicieron Director; dieciséis onzas que suplí para la Fiesta del Agrifoni en el Fuerte, y otras varias datas; tres mil pesos que me debe mi sobrino Dn. Julián Espinosa por varios suplementos que le he hecho.
"5ª Para guardar, cumplir y ejecutar este mi testamento, nombró por mi albacea a mi legítimo hermano el Dor. D. Domingo Estanislao Belgrano, dignidad de chantre de la Santa Iglesia Catedral, al cual respecto respecto a que no tengo heredero ninguno forzoso ascendiente ni descendiente, le instituyo y nombro de todas mis acciones y Dros. Presentes y futuros. Por el presente revoco y anulo todos los demás testamentos, codicilos, poderes para testar, memorias, u otra cualesquiera otra disposición testamentaria que antes de ésta haya hecho u otorgado por escrito de palabra, o en otra forma para que nada valga, ni haga fe en juicio, ni fuera de él excepto este testamento en que declaro ser en todo cumplida mi última voluntad en la vía y forma que más haya lugar en Dro. En cuyo testimonio lo otorgo así ante el infrascrito escribano público del número de esta ciudad de la Santísima Trinidad, puerto de Santa María de Buenos Aires, a veinticinco de mayo de mil ochocientos veinte. Y el otorgante a quien yo dho. Escribano doy fe conozco, y de hallarse al parecer en su sano y cabal juicio, según su concertado razonar, así lo otorgo y firmo, siendo testigos llamados y rogados don José Ramón Mila de la Roca, Dn. Juan Pablo Sáenz Valiente, y Dn. Manuel Díaz, vecinos. M, Belgrano (firma). Narciso de Iranzuaga (firma) Escribano Público

jueves 19 de junio de 2008

Mons. Antonio Cañizares sería el nuevo Prefecto de la Congregación de Culto Divino y disciplina de los Sacramentos


No es oficial, pero en casi todos los medios se ha anunciado como cierta. Era muy conocido del Papa Juan Pablo II, igualmente del Cardenal Ratzinger, y extraordinario liturgista. El arzobispo cardenal de Toledo y Primado de España, monseñor Antonio Cañizares, viajará próximamente a Roma para ocuparse de la ortodoxia de la liturgia católica en todo el mundo y ponerse al frente de la Congragación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, como sustituto del cardenal Francis Arinze, que ya ha cumplido los 75 años y ha presentado su dimisión al Papa por este motivo.
La noticia era ya adelantada por varios medios en Internet y es publicada hoy por la prensa española. De esta forma, se consolida la presencia española en la Curia y se busca así una salida más que honrosa para este cardenal que, previsiblemente, estará de vuelta en España para dentro de tres o cuatro años, una vez se jubile el cardenal Rouco, cosa que está prevista que ocurra para el 2011.
De confirmarse la noticia, Cañizares tendrá por delante la difícil tarea de ayudar al Papa a la implantación del Motu Proprio Summorum Pontificum en la Iglesia Latina y el reto de la inculturación de la liturgia católica en otras partes del mundo, especialmente en África y Asia, lugares donde la Iglesia goza de una gran vitalidad y presencia en la sociedad, adecuándola siempre al espíritu del Evangelio y al respeto de la Tradición.
Y así, de esta forma, el actual secretario de la congregación, el arzobispo de Sri Lanka, monseñor Malcolm Albert Ranjith es previsible se mantenga como máximo colaborador del prelado español, al menos en un primer momento, debido a su gran preparación y sintonía con las medidas adoptadas recientemente por el Papa Benedicto XVI en esta materia y en perfecta continuidad con la reforma y renovación litúrgica emprendida tras el Vaticano II y el respeto por la Tradición anterior.
Desde su puesto, monseñor Cañizares debería también poner punto y final a los abusos que se vienen cometiendo en algunas diócesis españolas y en el mundo y que son consentidas ante la pasividad de sus respectivos obispos.


miércoles 18 de junio de 2008

Formación litúrgica




CITTA’ DEL VATICANO - La commissione vaticana Ecclesia Dei ha in preparazione una lettera da diffondere nei seminari di tutto il mondo per chiedere che i candidati al sacerdozio siano istruiti a celebrare anche in latino e secondo il rito tridentino. Lo riferisce il vaticanista Marco Tosatti nel suo Blog on-line, in base a dichiarazioni che il presidente della commissione, cardinale Dario Castrillon Hoyos, ha fatto durante una conferenza stampa tenutasi nei giorni scorsi nel Regno Unito, quando il porporato e' stato ospite della Societa' della messa latina di Inghilterra e Galles. L'iniziativa annunciata da Castrillon segue il ''motu proprio'' papale dello scorso anno, che ha liberalizzato la messa in latino secondo il rito tridentino; la Chiesa si trova impreparata per la celebrazione di queste messe e ha cosi' deciso di reintrodurre una adeguata formazione nei seminari.
fuente: Petrus

martes 17 de junio de 2008

Jornada de Oración por la Patria 18.VI.08





Prot. 266/08



COMUNICADO DE PRENSA



El obispo de la Diócesis de Villa María, Mons. José Ángel Rovai, invita a la comunidad católica a unirse en cadena de oración rogando por la Paz, la Reconciliación y el Diálogo en nuestra Patria.
Pide encarecidamente a los presbíteros de la diócesis que acompañen los distintos momentos de oración y reflexión, tanto los que se realicen en las comunidades católicas, como en los encuentros ecuménicos.
Ruega a todos que continúen rezando la “Oración por la Patria”, y que tengan como texto de orientación para la reflexión el comunicado de la Comisión Permanente del Episcopado, dado el 5 de junio próximo pasado (“La Nación requiere gestos de grandeza”).

Villa María, 17 de junio del Año del Señor de 2008.





Diácono Omar Darío Barrera
Secretario Canciller


Castrillon avanza en la aplicación de MP Summorum Pontificum


Según ha informado el diario británico Daily Telegraph, el presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, monseñor Darío Castrillón de Hoyos, ha señalado que la Santa Misa Tridentina debería celebrarse en todas las parroquias del mundo: "No en muchas parroquias, en todas las parroquias. El Santo Padre ofrece esto no sólo para algunos grupos que lo requieran, sino para que todo el mundo conozca esta manera de celebrar la Eucaristía", explicó el cardenal.
De esta forma, La Santa Sede anima a todos los párrocos y obispos del mundo a secundar las directrices del Santo Padre Benedicto XVI en materia litúrgica, tras la promulgación del Motu Proprio Summorum Pontificum. Sin embargo, todavía se trata de un deseo, pues son muchas las autoridades eclesiásticas que han mostrado su oposición al Papa y se niegan a celebrar la Santa Misa según la forma extraordinaria del Rito Romano, negando así este derecho a los fieles.


Al encontrarnos con esta declaración ni más ni menos que del presidente de la Comisión Ecclesia Dei, da la impresión que las expresiones del MP "grupo estable", "grupo significativo", etc. para pedir la celebración del antiguo rito, están muy mermadas, pues bastaría según los dichos del Cardenal el deseo del párroco de ofrecer esta posibilidad ahora totalmente liberada, o del deseo de los fieles, no estaría la línea de tales o cuales grupos pre existentes, sino en un sincero deseo del cumplimiento de lo que el Papa tiene al respecto, en cuanto que se conozca el ordo antiquo por parte de los ministros y de los fieles.

lunes 16 de junio de 2008

El Papa recupera en la liturgia pontificia la obligatoriedad de recibir la Comunión en la boca y de rodillas





Domingo 15 de Junio de 2008 13:36 AFP BRINDISI.-


Tras recuperar la misa tridentina en latín, el Papa Benedicto XVI dio este domingo un paso más en la restauración de los viejos usos litúrgicos dando la comunión a los fieles arrodillados, una práctica que había caído en desuso en los últimos 40 años.


La recuperación tuvo lugar durante una misa al aire libre oficiada por el Papa en Brindisi (sur de Italia) ante unas 60.000 personas.


Benedicto XVI ya había hecho lo mismo en la última misa pública que celebró, el 22 de mayo en la iglesia de San Juan de Letrán en Roma, pero el acontecimiento tuvo menos repercusión porque el público era menos numeroso.


Desde ahora, los fieles elegidos para recibir la comunión del Papa deben arrodillarse ante él en un reclinatorio y recibir la hostia directamente en la boca.


Tras la reforma litúrgica del concilio Vaticano II (1962-65), la práctica corriente era que los fieles recibiesen la hostia de pie y en las manos, para llevársela a la boca ellos mismos.También podían recibirla en la boca, pero de pie. La genuflexión no estuvo nunca prohibida pero quedó reservada a las parroquias más tradicionalistas.


De este modo, Benedicto XVI quiere dar ejemplo al clero. "Nosotros, los cristianos, nos arrodillamos sólo ante el Santísimo Sacramento (la hostia) porque, en él, nos sabemos y creemos estar en presencia del único y verdadero Dios", dijo el 22 de mayo."Estoy convencido de la urgencia de dar de nuevo la hostia directamente en la boca a los fieles, sin que la toquen" y "de volver a la genuflexión en el momento de la comunión como signo de respeto", agregó.
COMENTARIO (Sector Católico)

Una práctica perdida desde hace 40 añosSegún hemos sabido hoy, el Papa Benedicto XVI ha recuperado la Comunión de rodillas en la última Misa celebrada en la localidad italiana de Brindisi. No es la primera vez que el Pontífice introduce esta práctica perdida, desde hace más de 40 años, en la liturgia papal. Un gesto que tiene su importancia y que marca el rumbo de hacia dónde debe caminar el resto de la Iglesia.La recepción de la Sagrada Comunión de rodillas y en la boca es la forma habitual en la que los cristianos hemos recibido al Señor desde hace siglos. Dicha práctica, sien embargo, ha quedado en desuso en los últimos años tras la aprobación de las nuevas normas litúrgicas tras la celebración del Vaticano II.La decisión del Pontífice debe entenderse pues dentro de la llamada “hermenéutica de la continuidad”, es decir, la aplicación serena de las antiguas tradiciones a la luz del Concilio sin que éste suponga una ruptura con la práctica anterior, ya que el Vaticano II no reinventó la manera de hacer las cosas en la Iglesia.Sin duda, una muy buena noticia para el conjunto de la Iglesia, que ve restaurada de esta forma, la veneración al Santísimo Sacramento de la Eucaristía, en la que Jesús se hace presente real, verdadera y sustancialmente, con su Cuerpo, con su Sangre, con su Alma y su Divinidad.[Juan Miguel Comas]

domingo 15 de junio de 2008

Varios cardenales prefectos de dicasterios han llegado a los 75 años



Tras la jubilación el pasado 12 de abril del cardenal italiano Sergio Sebastiani, ya presidente emérito de la Prefectura de Asuntos Económicos, seis cardenales jefes de dicasterios superan los 75 años. El último en hacerlo ha sido el alemán Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la promoción de la Unidad de los Cristianos, que alcanzaba los 75 años el pasado 5 de marzo. Asimismo, han rebasado ya los 75 años el norteamericano James Francis Stafford, cardenal penitenciario mayor (nacido el 26 de julio de 1932); el nigeriano Francis Arinze, Cardenal Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos (1 de noviembre de 1932); el italiano, Renato Rafael Martino, cardenal presidente de los Consejos Pontificios Justicia y Paz y de Pastoral de Migraciones (el 23 de noviembre de 1932); y el mexicano Francisco Lozano Barragán, cardenal presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud (26 de enero de 1933). Por su parte, el claretiano portugués José Saraiva Martins, cardenal prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, cumplía 76 años el pasado 6 de enero. Antes de que acabe el año 2008, llegará a esta edad el salesiano italiano Rafael Farina, cardenal archivista y bibliotecario, y el 30 de enero próximo, será el 75 aniversario de Giovanni Battista Re, prefecto de la Congregación de Obispos.

Este panorama traerá como consecuencia una renovación en corto plazo de los dicasterios romanos. El Papa ha mostrado preferencia por otorgar a las prefecturas a cardenales u obispos de edad a la vez que peritos en las respectivas áreas de la curia.

(ECCLESIA DIGITAL)

Congreso Eucarístico Internación en Quebec




"Eucaristía, don de Dios para la vida del mundo", será el tema del Congreso eucarístico Internacional que se llevará a cabo del 15 al 22 de junio de 2008 en Québec, Canadá, que inaugurará este domingo el legado pontificio, cardenal Jozef Tomko, presidente emérito del Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos Internacionales, quien será portador de un mensaje especial del papa Benedicto XVI.
A pesar de que el Pontífice no viajará a Canadá, la tecnología permitirá que pronuncie el 22 de junio la homilía de la misa de clausura, en vivo, vía satélite desde Roma. Para poder verla y escucharla, los organizadores colocarán pantallas gigantes en toda el área. La misa empezará a las 11 con un procesional de 1.200 personas.
Programa
El acto de inauguración oficial del Congreso Eucarístico Internacional, que presidirá el legado pontificio, se llevará a cabo el domingo 15 de junio a las 15, y concluirá con una celebración eucarística a las 16. A las 20 será la apertura de los lugares de adoración eucarística.
Además de los actos de piedad que todos los días del Congreso comenzarán a las 8.30 con el rezo de Laudes, cardenales y obispos expondrán diversos temas sobre la importancia de la Eucaristía en la vida de la Iglesia.
Así, además de la intervención del cardenal Bergoglio, el lunes 16 el arzobispo de Washington, monseñor Donald William Wuerl, hablará sobre "La Eucaristía, don de Dios por excelencia".
El martes 17, el tema "La Eucaristía, memorial del misterio pascual", será expuesto por el arzobispo de Lyon (Francia) y Primado de las Galias, cardenal Philippe Barbarin. El miércoles 18, el cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, abordará el tema "La Eucaristía construye la Iglesia, sacramento de salvación". El jueves 19 el tema "La Eucaristía, vida de Cristo en nuestras vidas", estará a cargo de monseñor Luis Antonio G. Tagle, obispo de Imus (Filipinas). Ese mismo día, a las 11, se realizará "La mesa de reconciliación", una liturgia preparatoria para el sacramento del Perdón y de la Reconciliación, que se impartirá desde las 14.30. A las 19 habrá una Procesión del Santísimo Sacramento por las calles de la ciudad de Québec.
El viernes 20, el cardenal indio Ivan Dias, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, se referirá al tema: "La Eucaristía y la misión". El sábado 21 hablará sobre "Testigos de la Eucaristía en el corazón del mundo" el cardenal Christian Wiyghan Tumi, arzobispo de Douala (Camerún). A las 16 habrá un Encuentro de los miembros de los institutos de vida consagrada y a las 19.30 una velada de oraciones de los jóvenes adultos con el cardenal Legado del Papa. Desde las 21 se realizará una Noche de adoración al Santísimo que se extenderá hasta las 7 del día siguiente. El domingo 22 de junio será la clausura del 49º CEI de la Ciudad de Quebec, que tendrá lugar a las 11 en la misa de la "Statio Orbis", presidida por el cardenal Tomko.
Los congreso eucarísticos internacionales son una concentración de la Iglesia universal para celebrar a Jesús vivo y presente en la Eucaristía, fuente y cumbre de la evangelización y centro de la vida de la Iglesia. Una Iglesia diocesana, con la aprobación del Papa, invita a las demás Iglesias a un momento único de oración, reflexión y compromiso.
Publicado el 14 Junio 2008 - 11:52pm Zenit

sábado 14 de junio de 2008

¡Sean eternos los laureles que supimos conseguir!


¡Al gran pueblo Argentino Salud!

viernes 13 de junio de 2008

Los estatutos del Camino Neocatecumenal aprobados en forma definitiva



Esta mañana en el Aula Magna del Pontificio Consejo para los Laicos, más exactamente a las 11 hs., mientras el Santo Padre Benedicto XVI recibía al Presidente de Estados Unidos en los jardines del Vaticano, los miembros del Equipo responsable internacional del Camino Neocatecumenal encabezado por Kiko Arguello, Carmen Hernández y el padre Mario Pezzi, recibieron del Cardenal Rylko el decreto de aprobación definitiva del Estatuto del Camino Neocatecumenal. El decreto lleva la fecha del 11 de mayo pasado, solemnidad de Pentecostés. En el acto participó un grupo de primeros catequistas de este movimiento. La aprobación definitiva del Estatuto del Camino Neocatecumenal constituye, sin lugar a dudas, una etapa importante en la vida de esta realidad eclesial, surgida en España en 1964. Durante el período de aprobación ad Experimentum del Estatuto del Camino (Neocatecumenal), el Pontificio consejo para los Laicos pudo constatar los numerosos frutos que desde su nacimiento, hace 40 años, este movimiento ha aportado a la Iglesia en materia de la nueva evangelización, mediante una practica catequético-litúrgica en muchas Iglesias particulares. El Pontificio Consejo para los Laicos hace saber en un comunicado que tras una minuciosa revisión del texto del estatuto y de la inserción de algunas modificaciones que han sido necesarias, el mismo dicasterio concede su aprobación definitiva del Estatuto y expresa su confianza de que desde esta perspectiva el mismo, aprobado en forma definitiva, pueda ser un válido instrumento al servicio de esta realidad eclesial, para que de continuidad a su contribución en el bien de toda la Iglesia.
La aprobación pontificia de los estatutos es un acto de potestad de régimen que hace la Autoridad Suprema en forma exclusiva, en tanto le compete custodiar la unidad y el bien de toda la Iglesia, algo que toda asociación, movimiento o carisma orgánico desea, por cuanto significa la aceptación oficial, reconocimiento y confirmación de un determinado don del Espíritu en la vida eclesial. La palabra quizá más justa sea "reconocimiento", por cuanto, después del atento discernimiento, el Vicario de Cristo en la aprobación estatutaria está re-conociendo que el camino es un don de Dios. A la vez, toda aprobación comporta a la vez que el reconocimiento, el derecho pleno de vigilancia de la autoridad para evitar menoscabo del carisma raíz, y la referencia permanente y total a los tres elementos de la comunión eclesiástica: todo el Credo, todos los Sacramentos, y todo el Régimen de la Iglesia, es decir su disciplina.
Se podría decir que toda vez que el Papa aprueba normas para un grupo de fieles, reconociendo el carisma en la Iglesia, se da lo que en derecho llamamos "manos apositas", sobre esta realidad concreta ha puesto las manos el Romano Pontífice, de tal modo, que toda vez que fuese necesario hacer una intervención (cambio, adaptación, etc.) en tales normas, será posible sólo con su aprobación.

CITTA’ DEL VATICANO - Nell'aula magna del Pontificio Consiglio per i Laici e' stato consegnato ai responsabili internazionali del Cammino Neocatecumenale (Kiko Arguello, Carmen Hernndez e don Mario Pezzi, nella foto con il Papa), il decreto di approvazione definitiva dello Statuto, che porta la data dell'11 maggio 2008, solennita' di Pentecoste, scelta che sottolinea come il Cammino sia considerato dal Vaticano un frutto dell'azione dello Spirito Santo. E tuttavia, su mandato di Benedetto XVI, gli esperti di Oltretevere hanno ritenuto di correggere in piu' punti il testo dello Statuto per tener conto del fermo richiamo della Congregazione vaticana per il Culto Divino e la Disciplina dei Sacramenti riguardo ad alcune prassi liturgiche seguite dai Neocatecumenali (ad esempio, la possibilita' di ricevere l'Eucaristia restando seduti) e che essi ora dovranno correggere, uniformandosi alle regole che valgono per tutti. ''L'approvazione definitiva dello Statuto del Cammino Neocatecumenale - rileva un comunicato vaticano - costituisce, senz'altro, un'importante tappa nella vita di questa realta' ecclesiale, sorta in Spagna nel 1964. Questo atto ha richiesto varie consultazioni a diversi livelli. Durante il periodo di approvazione ad experimentum dello Statuto del Cammino, il Pontificio Consiglio per i Laici ha avuto modo di constatare i numerosi frutti che il Cammino Neoatecumenale, sin dalla sua nascita, apporta alla Chiesa in vista della nuova evangelizzazione, mediante una prassi catechetico-liturgica accolta e valorizzata, nei suoi ormai quarant'anni di vita, in molte Chiese particolari. Pertanto, in seguito a un'attenta revisione del testo statutario e all'inserimento di alcune modifiche che si sono ritenute necessarie, il Pontificio Consiglio per i Laici e' giunto a concedere l'approvazione definitiva dello Statuto''. Il 17 maggio scorso, durante l'udienza in occasione di un seminario di studio per vescovi, organizzato dal Pontificio Consiglio per i Laici, il Papa aveva voluto ricordare che ''i movimenti ecclesiali e le nuove comunita' sono una delle novita' piu' importanti suscitate dallo Spirito Santo nella Chiesa per l'attuazione del Concilio Vaticano II'', esortando i vescovi ad ''andare incontro ai movimenti con molto amore''. ''A noi Pastori - aveva spiegato - e' chiesto di accompagnare da vicino, con paterna sollecitudine, in modo cordiale e sapiente, i movimenti e le nuove comunita', perche' possano generosamente mettere a servizio dell'utilita' comune, in modo ordinato e fecondo, i tanti doni di cui sono portatori e che abbiamo imparato a conoscere e apprezzare: lo slancio missionario, gli efficaci itinerari di formazione cristiana, la testimonianza di fedelta' e obbedienza alla Chiesa, la sensibilita' ai bisogni dei poveri, la ricchezza di vocazioni''. In questa prospettiva, sottolinea il Pontificio Consiglio per i Laici, ''e' da auspicare che lo Statuto del Cammino Neocatecumenale, approvato adesso in forma definitiva, possa essere un valido strumento al servizio di questa realta' ecclesiale, affinche' essa continui a contribuire al bene di tutta la Chiesa''. Il Cammino neocatecumenale, ricorda da parte sua la Radio Vaticana ''e' un'esperienza ecclesiale di inziazione cristiana, nata nelle baracche di Madrid agli inizi degli anni '60''. Oggi in 107 Paesi del mondo conta circa 20 mila comunita', presenti in 5700 parrocchie di 1200 diocesi. 70 i seminari missionari diocesani ''Redemptoris Mater'' che raccolgono le vocazioni del Cammino, che hanno dato alla Chiesa 1260 presbiteri. Altre realta' in espansione sono le oltre 600 famiglie in missione, chiamate ad evangelizzare nelle zone piu' scristianizzate della Terra”. ''Il Papa ci e' venuto incontro, ci vuole bene''. Il fondatore del Cammino Neocatecumenale, Kiko Arguello, ha commentato cosi', nel corso di una conferenza stampa l'approvazione definitiva dello statuto concessa pero' con l'obbligo di modificare alcune prassi liturgiche. ''Presto - ha aggiunto Kiko - ci sara' anche l'approvazione pubblica di tutti i contenuti teologici e delle catechesi sia miei che di Carmen Hernandez, dopo essere stati analizzati dalla Congregazione della Dottrina della Fede e dall'allora Cardinale Joseph Ratzinger''. La modifica principale imposta dal Vaticano riguarda l'abbandono della possibilita' di ricevere la Comunione restando a sedere. I neocatecumenali, pur potendo rimanere al proprio posto, dovranno ricevere la Comunione in piedi, come tutti i fedeli. Sono stati concessi invece l'uso del pane azzimo per la consacrazione, lo spostamento del rito della pace (che avviene dopo la preghiera dei fedeli e prima della consacrazione), la Comunione sotto le due specie (pane e vino), le monizioni e le risonanze. Quanto alle celebrazioni delle comunita' neocatecumenali al sabato sera, esse, precisa il nuovo statuto, ''fanno parte della pastorale liturgica domenicale della parrocchia e sono aperte anche ad altri fedeli''. L'approvazione della personalita' giuridica pubblica del Cammino Neocatecumenale e' stata sottolineata da Kiko con entusiasmo: ''Siamo molto contenti - ha detto - che dopo 40 anni il Signore ci ha concesso questo atto, per noi molto importante''. L'articolo 1 dello Statuto, ha concluso, ''e' quello previsto da Giovanni Paolo II, che definisce il Cammino un ‘itinerario di formazione cattolica', quindi non un movimento ecclesiale ne' un'associazione di persone. Si tratta, infatti, di un metodo di formazione''.
fuente: Petrus.

Instrumentum laboris, Sínodo de la Plabra de Dios




SÍNODO DE LOS OBISPOS

XII ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA

LA PALABRA DE DIOSEN LA VIDA Y EN LA MISIÓNDE LA IGLESIA

INSTRUMENTUM LABORIS

ÍNDICE

I. Un anuncio esperado y bien recibidoDuodécima Asamblea General Ordinaria del Sínodo
II. El Instrumentum laboris y su usoPuntos de referenciaExpectativas comunesLa finalidad del Sínodo
PREMISA: Itinerario histórico Una buena época de frutosDudas y preguntasUna condición de fe varia y exigenteLa estructura del Instrumemtum laboris
PRIMERA PARTEEL MISTERIO DE DIOS QUE NOS HABLA
CAPÍTULO PRIMERO
A. Dios, Aquel que nos habla. Identidad de la Palabra de DiosLa Palabra de Dios como un canto a varias vocesIncidencias pastorales
B. Al centro, el misterio de Cristo y de la Iglesia En el corazón de la Palabra de Dios, el misterio de CristoEn el corazón de la Palabra de Dios, el misterio de la IglesiaIncidencias pastorales
CAPÍTULO SEGUNDO
A. La Biblia como Palabra de Dios inspirada y su verdadLas preguntasLa Sagrada Escritura, Palabra de Dios inspiradaTradición, Escritura y MagisterioAntiguo y Nuevo Testamento, una sola economía de la salvaciónIncidencias pastorales
B. Como interpretar la Biblia según la fe de la IglesiaEl problema hermenéutico en perspectiva pastoral A la escucha de la experienciaEl sentido de la Palabra de Dios y el camino para encontrarloIncidencias pastorales
CAPÍTULO TERCERO
Actitud requerida a quien escucha la PalabraUna palabra eficazEl creyente: aquel que escucha la Palabra de Dios en la feMaría, modelo de recepción de la Palabra para el creyenteIncidencias pastorales
SEGUNDA PARTELA PALABRA DE DIOS EN LA VIDA DE LA IGLESIA
CAPÍTULO CUARTO
La Palabra de Dios vivifica la Iglesia La Iglesia nace y vive de la Palabra de DiosLa Palabra de Dios sostiene la Iglesia a lo largo de la historiaLa Palabra de Dios penetra y anima, en la potencia del Espíritu Santo, toda la vida de la IglesiaIncidencias pastorales
CAPÍTULO QUINTO
La Palabra de Dios en los diversos servicios de la Iglesia Ministerio de la PalabraLa experiencia en la liturgia y en la oraciónLa motivación teológico-pastoral:Palabra, Espíritu, Liturgia, IglesiaPalabra de Dios y EucaristíaPalabra y economía sacramentalIncidencias pastoralesLa Lectio DivinaLa Palabra de Dios y el servicio de la caridadLa exégesis de la Sagrada Escritura y la teologíaLa Palabra de Dios en la vida del creyente
TERCERA PARTELA PALABRA DE DIOS EN LA MISIÓN DE LA IGLESIA
La misión de la Iglesia
CAPÍTULO SEXTO
Para un «fácil acceso a la Sagrada Escritura» (DV 22) La misión de la Iglesia es proclamar la Palabray construir el Reino de Dios La misión de la Iglesia se cumple enla evangelización y en la catequesis
CAPÍTULO SÉPTIMO
La Palabra de Dios en los servicios y en la formación del pueblo de DiosEl hambre y la sed de la Palabra de Dios (cf. Am 8, 11):atención a las necesidades del pueblo de Dios«La Sagrada Escritura nos muestrala admirable condescendencia de Dios (DV 13)Los Obispos en el ministerio de la PalabraLa tarea de los presbíteros y de los diáconosLos diversos ministros de la Palabra de DiosLa tarea de los laicosEl servicio de las personas consagradasLa Palabra de Dios debe estar siempre a disposición de todos
CAPÍTULO OCTAVO
La Palabra de Dios, gracia de comunión La Palabra de Dios, vínculo ecuménicoLa Palabra de Dios, fuente del diálogo entre cristianos y judíosIl diálogo interreligiosoLa Palabra de Dios, fermento de las culturas modernasLa Palabra de Dios y la historia de los hombres
CONCLUSIÓN
La Palabra de Dios, don a la Iglesia

XII ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA

LA PALABRA DE DIOSEN LA VIDA Y EN LA MISIÓNDE LA IGLESIA

INSTRUMENTUM LABORIS

PREFACIO
La Palabra de Dios por excelencia es Jesucristo, hombre y Dios. El Hijo eterno es la Palabra que desde siempre existe en Dios, porque ella misma es Dios: «En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios» (Jn 1, 1). La Palabra revela el misterio de Dios Uno y Trino. Desde siempre pronunciada por Dios en el amor del Espíritu Santo, la Palabra significa diálogo, describe comunión e introduce en la profundidad de la vida beata de la Santísima Trinidad. En Jesucristo, Verbo eterno, Dios nos ha elegido antes de la fundación del mundo, predestinándonos a ser sus hijos adoptivos (cf. Ef 1, 4-5). Mientras el Espíritu aleteaba sobre las aguas y las tinieblas cubrían el abismo (cf. Gn 1, 2), Dios Padre decidió crear el cielo y la tierra a través de la Palabra, por medio de la cual fue hecho todo lo que existe (cf. Jn 1, 3). Por lo tanto, las huellas de la Palabra se encuentran también en el mundo creado: «los cielos cuentan la gloria de Dios, la obra de sus manos anuncia el firmamento» (Sal 18, 2). La obra maestra de la creación es el hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 26-27), capaz de entrar en diálogo con el Creador así como también de percibir en la creación la impronta de su Autor, el Verbo creador, y por medio del Espíritu vivir en la comunión con Aquel que es (cf. Ex 3, 14), con el Dios vivo y verdadero (cf. Jr 10, 10).
Tal amistad fue interrumpida con el pecado de los progenitores (cf. Gn 3, 1-24) que ofuscó también el acceso a Dios por medio de la creación. Dios, clemente y misericordioso (cf. 2 Cro 30, 9), en su bondad no abandonó a los hombres. Eligió un pueblo en favor de todas las naciones (cf. Gen 22, 18) y continuó hablándoles durante siglos por medio de patriarcas y profetas elegidos para mantener viva la esperanza que ofrecía consolación también en los acontecimientos dramáticos de la historia de salvación. Sus palabras inspiradas se encuentran recogidas en los libros del Antiguo Testamento. Ellas han mantenido viva la esperanza en la venida del Mesías, hijo de David (cf. Mt 22, 42), retoño de la raíz de Jesé (cf. Is 11, 1).
Cuando luego en la plenitud de los tiempos (cf. Ga 4, 4) Dios quiso revelar a los hombres el misterio de su vida, escondido durante siglos y generaciones (cf. Col 1, 26), el Hijo Unigénito de Dios se encarnó, «la Palabra se hizo carne , y puso su Morada entre nosotros» (Jn 1, 14). En todo similar a nosotros excepto en el pecado (cf. Hb 2, 17; 4, 15), el Verbo de Dios debió expresarse en modo humano a través de palabras y gestos que se encuentran narrados en el Nuevo Testamento y especialmente en los Evangelios. Se trata de un lenguaje del todo similar al usado por los hombres, excepto en el error. Con los ojos de la fe, en la fragilidad de la naturaleza humana de Jesucristo, el creyente descubre el esplendor de su gloria «que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad» (Jn 1, 14). Analógicamente, por medio de las palabras de la Sagrada Escritura, el cristiano es invitado a descubrir la Palabra de Dios, el resplandor del glorioso evangelio de Cristo que es imagen de Dios (cf. 2 Co 4, 4). Se trata de un proceso exigente, paciente y constante que supone un estudio histórico y crítico (también diacrónico) y la aplicación de todos los posibles métodos científicos y literarios (orientados a la comprensión sincrónica) a los cuales está sometida toda investigación sobre escritos de los hombres. Iluminados por el Espíritu Santo, don del Señor resucitado, y bajo la guía del Magisterio, los fieles escrutan las Escrituras y se acercan a su pleno significado encontrando la Palabra de Dios, la persona del Señor Jesús, aquel que tiene palabras de vida eterna (cf. Jn 6, 68).
Por lo tanto el tema de la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia, podía ser entendido en sentido cristológico: Jesucristo en la vida y en la misión de la Iglesia. El enfoque cristológico está necesariamente acompañado por el pneumatológico y ambos, conjuntamente, llevan al descubrimiento de la dimensión trinitaria de la revelación. Esta lectura asegura, por una parte, la unidad de la revelación en cuanto el Señor Jesús, Palabra de Dios, reúne todas las palabras y los gestos trasmitidos por la Sagrada Escritura, a través de autores inspirados, y fielmente custodiados en la Tradición. Esto vale no solo para el Nuevo Testamento, que narra y proclama el misterio de la muerte, de la resurrección y de la presencia del Señor Jesús en medio a la Iglesia, comunidad de sus discípulos convocados para celebrar los santos misterios. Ellos, permitiendo que la gracia destruya el pecado (cf. Rm 6, 6), buscan conformarse a su Maestro para que en cada uno de ellos pueda vivir Cristo (cf. Ga 2, 20). Esta lectura se refiere igualmente al Antiguo Testamento, el cual también, según la palabra de Jesús, le da testimonio (cf. Jn 5, 39; Lc 24, 27). Por otra parte, la lectura cristológica de la Escritura, junto con la pneumatológica, permite la ascensión de la letra al espíritu, de las palabras a la Palabra de Dios. En efecto, las palabras no pocas veces esconden el verdadero significado, precisamente de los géneros literarios, de la cultura de los escritores inspirados, del modo de concebir el mundo y sus leyes. Por lo tanto, es necesario redescubrir en la multiplicidad de las palabras la unidad de la Palabra de Dios, que después de un camino arduo pero inevitable resplandece con un esplendor inesperado que supera en larga medida la fatiga de la búsqueda.
Este doble y complementario acceso a la Palabra de Dios es asumido por el Instrumentum laboris, documento de trabajo de la próxima Asamblea sinodal. Él es el resultado de las respuestas a los
Lineamenta, documento de reflexión de parte de los Sínodos de las Iglesias Orientales Católicas sui iuris, de las Conferencias Episcopales, de los Dicasterios de la Curia Romana, de la Unión de los Superiores Generales, así como también de personas que han querido aportar sus contribuciones a la reflexión eclesial sobre tan importante argumento. La reflexión ha sido guiada por el Santo Padre Benedicto XVI, Pastor universal de la Iglesia, quien se ha referido en numerosas ocasiones al tema del sínodo, con la esperanza, entre otras cosas, que a partir del redescubrimiento de la Palabra de Dios, que es siempre actual y no envejece jamás, la Iglesia pueda rejuvenecerse y conocer una nueve primavera. De esta manera ella podrá desarrollar con renovado dinamismo su misión de evangelización y de promoción humana en el mundo contemporáneo, que tiene sed de Dios y de su palabra de fe, de esperanza y de caridad.
El texto del Instrumentum laboris contiene un mosaico en el cual prevalecen aspectos positivos en lo que se refiere la consciencia difundida de la importancia de la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia. Se señalan también aspectos que deberían ser mejorados e integrados, sobre todo en relación a un mayor acceso a la Escritura y una mejor comprensión eclesial de la misma, que no podrán no desembocar en un renovado celo apostólico y pastoral, en el anuncio de la Buena Noticia a los que están cerca y a los lejanos, y en la animación de las realidades terrenas, contribuyendo a la construcción de un mundo más justo y pacífico.
Se espera que el Instrumentum laboris, redactado por el XI Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, con la ayuda de algunos expertos, pueda representar un válido documento de reflexión sinodal. Dicho documento podrá guiar a los padres sinodales en la vía descendente y ascendente en el redescubrimiento de la Palabra de Dios, es decir, de Jesucristo, hombre y Dios. Esto sucede en modo particular en las celebraciones litúrgicas que alcanzan su punto culminante en la Eucaristía, donde la palabra demuestra su milagrosa eficacia. En efecto, por expresa voluntad de Jesucristo «haced esto en recuerdo mío» (Lc 22, 19), las palabras pronunciadas por el sacerdote in persona Christi capitis: «Tomad, este es mi cuerpo» (Mc 14, 22), «esta es mi sangre» (Mc 14, 24) transforman, por la acción del Espíritu Santo, donado por el Padre, el pan en el cuerpo y el vino en la sangre del Señor resucitado. De esta perpetua fuente de gracia y de caridad, la Iglesia recibe constantemente la linfa vital y el arrojo para su misión en el mundo contemporáneo, cuyos habitantes están llamados a descubrir en la persona de Jesucristo la Palabra de Dios que es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6) para cada uno y para toda la humanidad.
Nikola Eterović Arzobispo titular de SisakSecretario General

Vaticano, en la Solemnidad de Pentecostés, 11 de mayo de 2008
INTRODUCCIÓN
«Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, — pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, que estaba con el Padre y que se nos manifestó — lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestro gozo sea completo» (1 Jn 1, 1-4).
I. Un anuncio esperado y bien recibido
Duodécima Asamblea General Ordinaria del Sínodo
1. La próxima XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se celebrará desde el 5 al 26 de octubre de 2008, tiene como tema La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia. El argumento elegido por Su Santidad Benedicto XVI el 6 de octubre de 2006, ha sido acogido con amplio consenso de parte del Episcopado y del pueblo de Dios. En vista de la preparación específica han sido preparados los
Lineamenta, con la intensión de reflexionar, a la luz del Concilio Ecuménico Vaticano II, sobre la experiencia actual de la Iglesia respecto de la Palabra en la variedad de las tradiciones y de los ritos, con referencia a las motivaciones de la fe y estimulando una reflexión articulada sobre diversos aspectos del encuentro con la Palabra de Dios.
En relación a los
Lineamenta y al relativo Cuestionario han llegado respuestas de las Iglesias Orientales Católicas sui iuris, de las Conferencias Episcopales, de los Dicasterios de la Curia Romana y de la Unión de los Superiores Generales, y observaciones de parte de Obispos, sacerdotes, personas consagradas, teólogos y fieles laicos. Puede afirmarse que la participación ha sido grande y diligente de parte de las Iglesias particulares en todos los continentes, testimoniando que verdaderamente la Palabra de Dios se extiende en todo el mundo. Las diversas opiniones han sido recogidas y oportunamente sintetizadas en este Instrumentum laboris.
II. El Instrumentum laboris y su uso
Puntos de referencia
2. La escucha obediente de la Palabra de Dios es reafirmada en comunión con toda la Tradición de la Iglesia, en modo particular con el Concilio Vaticano II, y más precisamente con la Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación
Dei Verbum (DV), en sintonía con los otros documentos conciliares, principalmente con las Constituciones Dogmáticas sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium (SC) y sobre la Iglesia Lumen gentium (LG), y con la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo Gaudium et spes (GS)[1]. Están directamente relacionadas con el tema sinodal las dos Notas de la Pontificia Comisión Bíblica, La interpretación de la Biblia en la Iglesia y El pueblo judío y sus Escrituras Sagradas en la Biblia cristiana. Se agregan, con la propia autoridad, el Catecismo de la Iglesia Católica y el Compendio del mismo, así como también el Directorio General para la Catequesis.
Una especial atención debe darse al magisterio sobre la Palabra de Dios de parte de los Papas Pío XII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, así como a los documentos de los Dicasterios de la Curia Romana en estos cuarenta años post-conciliares. También existen textos sobre la Palabra de Dios en las Iglesias particulares y en otros organismos eclesiales continentales, regionales y nacionales. Pero el Sínodo tiene otros dos puntos de referencia. El primero está dado por el precedente Sínodo sobre la Eucaristía, a la cual la Palabra de Dios se une constituyendo una única mesa del Pan de vida (cf. DV 21). También hay otro importante evento de gracia que anima los trabajos del Sínodo: éste, en efecto, se desarrolla durante el Año Paulino, en la viva memoria del Apóstol que fue testigo de la Palabra de Dios y anunciador ejemplar de la misma, maestro permanente en la Iglesia.
Expectativas comunes
3. Los aportes de los Pastores se denotan muchos puntos en común que expresan lo que se espera del Sínodo. Entre los aspectos comunes emergen:
— la necesidad del primado que debe darse a la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia, pero al mismo tiempo se exige el coraje y la creatividad de una pedagogía de la comunicación adaptada al tiempo presente (cultura, contextos de vida actuales, comunicación);
— el estímulo a reconocer que la Palabra de Dios es Jesucristo y que esto implica una lectura de toda la Biblia considerada en su misterio, en modo privilegiado en la celebración litúrgica y en particular en la Eucaristía dominical;
— la proclamación que el Espíritu Santo conduce a la comprensión completa de la Palabra de Dios, dándonos la capacidad de entenderla y animando la lectura de la Biblia en la Iglesia, en su Tradición viviente de anuncio y de caridad, de manera que la escucha de la Palabra de Dios y cada lectura de la Biblia implica la pertenencia a la comunidad de la Iglesia con actitud de comunión y servicio;
— la certeza que la Biblia es revelación de la Palabra de Dios, aún con tantas dificultades de comprensión, especialmente del Antiguo Testamento;
— el gran deseo de los fieles de escuchar la Palabra de Dios, a la cual se responde con notables iniciativas pastorales, pero se advierte también la necesidad urgente de superar la indiferencia, la ignorancia y la confusión sobre las verdades de la fe acerca de la Palabra de Dios, falta de preparación, carencia de subsidios bíblicos;
— la necesidad de una pastoral bíblica, pero también de una animación bíblica de la entera pastoral, que comprenda la enseñanza de todas las verdades de la fe;
— la necesaria comunión en la fe y la práctica de la Palabra de Dios, pero al mismo tiempo se pide que cada una de las Iglesias particulares asuma el deber de acoger la Palabra en relación a la propia situación peculiar;
— las diferentes visiones de la Biblia en la Tradición latina y en la Tradición oriental, relevando que es necesario que oportunamente tales puntos de vista sean dados a conocer y sean considerados como riquezas;
— la competencia y la responsabilidad de los Pastores en relación al anuncio de la Palabra de Dios, que exige de parte de ellos una continua actualización formativa;
— la urgencia que el laicado no sea solo un sujeto pasivo, sino que se transforme tanto en receptor de la Palabra de Dios como en anunciador debidamente preparado, sostenido por la comunidad;
— la certeza que Dios dirige su Palabra de salvación a cada hombre, a partir de los más pobres y por lo tanto Él quiere que su Palabra sea llevada en la misión, es decir que sea dada a conocer a todos los pueblos como Buena Noticia de liberación, de consolación y de salvación, buscando el diálogo dentro de las Iglesias y de las comunidades cristianas y con las otras religiones, más aún, con las diversas culturas, sin olvidar las numerosas semillas de verdad depositadas en ellas por la providencia de Dios.
La finalidad del Sínodo
4. El objetivo primario del Sínodo es dedicarse al tema de la Palabra con la cual «Dios invisible (cf. Col 1, 15; 1 Tim 1, 17) movido de amor, habla a los hombres como amigos (cf. Ex 33, 11; Jn 15, 14-15), trata con ellos (cf. Ba 3, 38) para invitarlos y recibirlos en su compañía» (DV 2). Esto implica la escucha y el amor a la Palabra del Señor, que está en consonancia con la vida concreta de las personas de nuestro tiempo. La Palabra de Dios determina una vocación, crea comunión, manda en misión, para que lo que se ha recibido para sí se transforme en un don para los otros. Se trata, por lo tanto, de una finalidad eminentemente pastoral y misionera: profundizar las razones doctrinales y dejarse iluminar por tales razones significa extender y reforzar la práctica del encuentro con la Palabra de Dios como fuente de vida en los diversos ámbitos de la experiencia y así, a través de caminos adecuados y fáciles, poder escuchar a Dios y hablar con Él.
a) Concretamente, el Sínodo se propone, entre sus objetivos, clarificar mayormente aquellos aspectos fundamentales de la verdad sobre la Revelación, como: la Palabra de Dios, la fe, la Tradición, la Biblia, el Magisterio, que garantizan y mueven a un válido y eficaz camino de fe; la estimulación del amor profundo por la Sagrada Escritura, pues «los fieles han de tener fácil acceso» a ella (cf. DV 22), relevando la unidad entre el pan de la Palabra y del Cuerpo de Cristo, para nutrir plenamente la vida de los cristianos
[2]. Además, es necesario recordar la indisoluble y recíproca interrelación entre Palabra de Dios y liturgia; estimular en todos los ambientes la práctica de la Lectio Divina, debidamente adaptada a las diversas circunstancias; ofrecer al mundo de los pobres una palabra de consolación y de esperanza. Este Sínodo, en consecuencia, se propone cooperar a un correcto ejercicio hermenéutico de la Escritura, orientando bien el necesario proceso de evangelización y de inculturación; desea promover el diálogo ecuménico, estrechamente vinculado a la escucha de la Palabra de Dios; quiere favorecer el diálogo judaico-cristiano, más ampliamente el diálogo interreligioso y intercultural.
b) Un deseo de muchos Pastores es que la contribución final del Sínodo no sea sólo informativa, sino que llegue a la vida, provoque aquella participación, según la cual la Palabra de Dios se hace viva, eficaz, penetrante (cf. Hb 4, 12) a través de un lenguaje esencial y comprensible a la gente. A este propósito conviene tener presente que los términos Biblia, Sagrada Escritura, Libro Sagrado tienen el mismo significado y del contexto se comprenderá cuándo la expresión “Palabra de Dios” asume el sentido de “Sagrada Escritura”.

PREMISA
Itinerario histórico
“Signos de los tiempos”. Después de cuarenta años del Concilio«La Palabra de Dios siga propagándose y adquiriendo gloria» (2 Ts 3, 1)
Una buena época de frutos
5. La Palabra de Dios ha producido varios resultados positivos en la comunidad cristiana. En el plano objetivo y general emergen estos aspectos:
— la sustancial renovación bíblica en el ámbito litúrgico, catequístico y, fundamentalmente, exegético y teológico;
— la práctica incipiente pero fructuosa de la Lectio Divina con modalidades diversas;
— la difusión del Libro Sagrado a través del apostolado bíblico y del esfuerzo de las comunidades, grupos y movimientos eclesiales;
— el número siempre mayor de nuevos lectores y ministros de la Palabra de Dios;
— la disponibilidad creciente de instrumentos y subsidios de la comunicación actual;
— el interés por la Biblia en ámbito cultural.
Dudas y preguntas
6. Pero otros aspectos permanecen todavía abiertos y problemáticos. Siempre en un plano objetivo de datos se registran un poco en todas partes en las Iglesias locales las siguientes lagunas:
— la Dei Verbum come tal es poco conocida;
— se constata una mayor familiaridad con la Biblia, pero no un suficiente conocimiento de todo el depósito de la fe al cual pertenece la Biblia;
— en lo que ser refiere al Antiguo Testamento es conocida la dificultad de comprensión y de recepción con el riesgo de un uso incorrecto;
— la praxis litúrgica respecto de la Palabra de Dios en la Misa a menudo no es satisfactoria;
— un aspecto delicado y problemático es la relación entre Biblia y ciencia en la interpretación del mundo y de la vida humana;
— en todo caso se verifica un cierto desapego de los fieles con respecto a la Biblia, cuya consultación no puede decirse que constituya una experiencia generalizada;
— se señala la necesidad de considerar el estrecho vínculo entre enseñanzas morales y Sagrada Escritura, en su totalidad, haciendo referencia en particular a los Diez Mandamientos, al precepto del amor a Dios y al prójimo, así como también al discurso de la Montaña y a la enseñanza paulina sobre la vida en el Espíritu;
— se debe agregar, finalmente, una doble pobreza: en cuanto a los medios materiales en la difusión de la Biblia y en cuanto a las formas de comunicación que resultan a menudo inadecuadas.
Una condición de fe variada y exigente
7. Dirigiendo una mirada a la condición de fe dentro de este panorama de luces y sombras, de las contribuciones de los Pastores se evidencian notables puntos de reflexión, que pueden ser agrupados en tres niveles: personal, comunitario y social.
a. A nivel de las personas. Es necesario tener en cuenta que muchos fieles dudan de abrir la Biblia por varias razones, especialmente porque piensan que es un Libro difícil de comprender. En tantos cristianos el deseo intenso de escuchar la Palabra de Dios se realiza en una experiencia más emotiva que convencida, a causa del escaso conocimiento de la doctrina. Esta fractura entre la verdad de fe y la experiencia de vida se advierte sobre todo en el encuentro litúrgico con la Palabra de Dios. A esto se agrega una cierta separación de los estudiosos con respecto a los Pastores y a la gente simple de las comunidades cristianas. En segundo lugar se debe reconocer que la relación directa con la Escritura es vivida por muchos de manera inicial. A este respecto, un peculiar testimonio es dado por los movimientos, mientras un papel importante es reconocido a las personas consagradas.
b. A nivel comunitario. No debe olvidarse que, si bien la Palabra de Dios tiene oyentes apasionados en todo el mundo, son significativas las diferencias dentro de la Iglesia. Se podría afirmar que en las Iglesias locales de origen más reciente o en situación de minoría numérica el uso de la Biblia entre los fieles es más amplio que en otros lugares. Además, son diversas las formas de aproximación según los contextos, de tal manera que hoy podemos hablar de un modo de acercarse a la Biblia diferenciado en Europa, en África, en América, en Oceanía. Luego, permanece siempre la diferencia complementaria del uso de la Palabra de Dios en las Iglesias latina y oriental y en relación a las otras Iglesias y comunidades eclesiales.
c. A nivel social. El proceso de globalización, extendiéndose rápidamente, involucra también a la Iglesia. Tres factores, ampliamente citados en las respuestas, definen el contexto del encuentro con la Sagrada Escritura:
— la secularización que determina una condición de vida fácilmente expuesta a la deriva del secularismo consumístico, al relativismo y a la indiferencia religiosa, especialmente en las jóvenes generaciones;
— el pluralismo religioso y cultural con el surgimiento de formas gnósticas y esotéricas en la interpretación de las Sagrada Escritura y de grupos religiosos aislados en el interior de la Iglesia Católica. Se desarrollan, además, contrastes no fáciles y conflictos dolorosos, especialmente para minorías cristianas en ámbito no cristiano a propósito del uso de la Biblia;
— la aspiración muy sentida de expresar la Palabra de Dios como liberación de la persona de condiciones inhumanas y como consuelo concreto para los pobres y para los que sufren.
En el contexto de la nueva evangelización, la transmisión de la fe debe conjugarse con el descubrimiento en profundidad de la Palabra de Dios. Es deseable que la Palabra de Dios sea presentada como el sostén de la fe de la Iglesia a través de los siglos.
La estructura del Instrumentum laboris
8. La estructura se articula en tres partes: la primera parte se concentra sobre la identidad de la Palabra de Dios según la fe de la Iglesia; la segunda parte considera la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia; la tercera parte reflexiona sobre la Palabra de Dios en la misión de la Iglesia.
Cada parte está dividida en capítulos que hacen más fluida y clara la lectura. En síntesis, el Sínodo desea meditar, proponer y agradecer este misterio grande de la Palabra de Dios, que su don supremo.
PRIMERA PARTE
EL MISTERIO DE DIOS QUE NOS HABLA
«Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas. En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo el universo» (Hb 1, 1-2).
De las contribuciones de los Pastores se evidencian algunos temas teológicos significativos para la acción pastoral, como la identidad de la Palabra de Dios; el misterio de Cristo y de la Iglesia, centro de la Palabra de Dios; la Biblia como Palabra inspirada y su verdad; la interpretación de la Biblia según la fe de la Iglesia; la debida actitud en la escucha de la Palabra de Dios.
CAPÍTULO PRIMERO
A. Dios, Aquel que nos habla. Identidad de la Palabra de Dios«Dios [...] habla a los hombres como a amigos» (DV 2)
La Dei Verbum propone una teología dialógica de la revelación. En este diálogo hay tres aspectos estrechamente vinculados: la amplitud de significado que en la Revelación divina asume el término “Palabra de Dios”; el misterio de Cristo, expresión plena y perfecta de la Palabra de Dios; el misterio de la Iglesia, sacramento de la Palabra de Dios.
La Palabra de Dios como un canto a varias voces
9. La Palabra de Dios es como un canto a varias voces, en cuanto Dios la pronuncia en muchas formas y en diversos modos (cf. Hb 1, 1), dentro de una larga historia y con diversidad de anunciadores, pero donde aparece una jerarquía de significados y de funciones.
a. La Palabra de Dios tiene su patria en la Trinidad, de la cual proviene, por la cual es sostenida y a la cual retorna, testimonio permanente del amor del Padre, de la obra de salvación del Hijo Jesucristo, de la acción fecunda del Espíritu Santo. A la luz de la Revelación, la Palabra es el Verbo eterno de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, el Hijo del Padre, fundamento de la comunicación intratrinitaria y ad extra: «En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio junto a Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada» (Jn 1, 1-3; cf. Col 1, 16).
b. Por lo tanto, el mundo creado narra la gloria de Dios (cf. Sal 19, 1). Al inicio del tiempo, con su Palabra Dios crea el cosmos (cf. Gn 1, 1), poniendo en la creación un sello de su sabiduría, por lo cual todo hace resonar su voz (cf. Si 46, 17; Sal 68, 34). Es la persona humana en particular, en cuanto creada a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 26), que permanece para siempre como signo inviolable e intérprete inteligente de su Palabra. De la Palabra de Dios, en efecto, la persona recibe la capacidad de entrar en diálogo con Él y con la creación. De este modo, Dios ha hecho de toda la creación, y de la persona in primis, «un testimonio perenne de sí mismo» (DV 3). Dado que «todo fue creado por él y para él [...] y todo tiene en él su consistencia» (Col 1, 16-17), «“semillas de la Palabra” (AG 11.15), “destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres” (NA 2) [...] se encuentran en las personas y en las tradiciones religiosas de la humanidad»
[3].
c. «La Palabra se hizo carne» (Jn 1, 14): Palabra de Dios, última y definitiva es Jesucristo, su persona, su misión, su historia, íntimamente unidas, según el plan del Padre, que culmina en la Pascua y que se cumple cuando Jesús entrega el Reino al Padre (cf. 1 Cor 15, 24). Él es el Evangelio de Dios para cada persona humana (cf. Mc 1, 1).
d. En vista de la Palabra de Dios que es el Hijo encarnado, el Padre habló en tiempos antiguos por medio de los profetas (cf. Hb 1, 1) y a través del Espíritu los Apóstoles continúan el anuncio de Jesús y de su Evangelio. Así la Palabra de Dios se expresa con palabras humanas en el anuncio de los profetas y de los Apóstoles.
e. La Sagrada Escritura, fijando por divina inspiración los contenidos revelados, atestigua, de manera auténtica, que ella es verdaderamente Palabra de Dios (cf. DV 24), del todo orientada a Jesús, porque «ellas [las Escrituras] son las que dan testimonio de mí» (Jn 5, 39). Por el carisma de la inspiración los libros de la Sagrada Escritura tienen una fuerza de llamada directa y concreta, que no tienen otros textos o intervenciones humanas.
f. Pero la Palabra de Dios no queda encerrada en la escritura. Si bien la Revelación se ha concluido con la muerte del último apóstol (cf. DV 4), la Palabra revelada continúa siendo anunciada y escuchada en la historia de la Iglesia, que se compromete a proclamarla al mundo entero para responder a su necesidad de salvación. Así, la Palabra continúa su curso en la predicación viva, que abraza las diversas formas de evangelización, entre las cuales sobresalen el anuncio y la catequesis, la celebración litúrgica y el servicio de la caridad. La predicación, en este sentido, con la fuerza del Espíritu Santo, es Palabra del Dios vivo comunicada a personas vivas.
g. Entran en el ámbito de la Palabra de Dios, como el fruto de las raíces, las verdades de fe de la Iglesia en campo dogmático y moral.
De este cuadro se puede comprender que cuando se anuncia en la fe la revelación de Dios se cumple un evento revelador, que se puede llamar verdaderamente Palabra de Dios en la Iglesia.
Incidencias pastorales
10. Aquí se recuerdan tantas incidencias pastorales, con las cuales se relacionan muchas respuestas provenientes de las Iglesias particulares.
— A la Palabra de Dios se le reconocen todas las cualidades de una verdadera comunicación interpersonal, en la Biblia frecuentemente designada como diálogo de alianza, en el cual Dios y la persona hablan como miembros de la misma familia.
— En esta visión la religión cristiana no se puede definir “religión del Libro” en términos absolutos, en cuanto el Libro inspirado pertenece vitalmente a todo el cuerpo de la Revelación
[4].
— El mundo creado es manifestación de la Palabra de Dios y la vida y la historia humana la contienen como en germen. En esta óptica emergen cuestiones, hoy relevantes, recordadas en muchos aportes de Pastores sobre la ley natural, sobre el origen del mundo, sobre la cuestión ecológica.
— Conviene ciertamente retomar la hermosa noción de “historia de la salvación” (historia salutis), tan apreciada por los Padres de la Iglesia y transformada tradicionalmente en “Historia sagrada”. Es necesario hacer comprender todo lo que implica la “religión del Verbo encarnado”, es decir la Palabra de Dios que no se cristaliza en fórmulas abstractas y estáticas, sino que conoce una historia dinámica hecha de personas y de acontecimientos, de palabras y de acciones, de progresos y tensiones, como aparece claramente en la Biblia. La historia salutis, concluida en lo que se refiere a la fase constitutiva, continúa su eficacia ahora en el tiempo de la Iglesia.
— La totalidad de la Palabra de Dios está asegurada por todos los actos que la expresan, según el papel de cada uno. Resulta espontáneo pensar, a causa de su misma fuerza, que la Sagrada Escritura es el ámbito vital de la Iglesia. Por otra parte, es necesario que todos los momentos del ministerio de la Palabra de Dios estén en recíproca y armónica interacción. Entre estos signos tienen un papel fundamental el anuncio, la catequesis, la liturgia y la diaconía.
— Será deber de los Pastores ayudar a los fieles a tener esta visión armónica de la Palabra, evitando formas erróneas, reductivas o ambiguas de comprensión, capacitándolos para ser atentos oyentes de la Palabra, donde sea que resuene, y estimulándolos a gustar también las palabras más simples de la Biblia.
B. En el Centro, el Misterio de Cristo y de la Iglesia«En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo» (Hb 1, 2)
En el corazón de la Palabra de Dios, el misterio de Cristo
11. Los cristianos en general advierten la centralidad de la persona de Jesucristo en la Revelación de Dios. Pero no siempre saben apreciar las razones de tal importancia, ni entienden en qué sentido Jesús es el corazón de la Palabra de Dios y, por lo tanto, también tienen dificultad para leer cristianamente la Biblia. A esto se refieren casi todas las respuestas de los Organismos consultados, impulsados por la doble preocupación de evitar los equívocos de una lectura superficial y fragmentada de la Escritura, pero sobre todo de indicar el camino seguro para entrar en el Reino de Dios y heredar la vida eterna. En efecto, «ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tu has enviado, Jesucristo» (Jn 17, 3). Esta relación sustancial entre la Palabra de Dios y el misterio de Cristo se configura, de este modo, en la Revelación como anuncio y en la historia de la Iglesia como profundización inagotable.
Respecto a la mencionada relación se citan solamente algunas referencias teológicas esenciales de evidente incidencia pastoral.
— Siempre a la luz de la Dei Verbum, se recuerda que Dios ha realizado un plan completamente gratuito: «envió a su Hijo, [...] para que habitara entre los hombres y les contara la intimidad de Dios (cf. Jn 1, 1-18). Jesucristo, Palabra hecha carne [...] “habla las palabras de Dios” (Jn 3, 34) y realiza la obra de salvación que el Padre le encomendó (cf. Jn 5, 36; 17, 4)» (DV 4). De este modo, Jesús en su vida terrena, y ahora en su vida celeste, asume y realiza todo el fin, el sentido, la historia y el proyecto de la Palabra de Dios porque, como afirma San Ireneo, Cristo « nos ha traído la gran novedad viniendo él mismo hacia nosotros»
[5].
— El proyecto de Dios prevé una historia en la revelación. Como afirma el autor de la Carta a los Hebreos: «Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas. En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo» (Hb 1, 1-2). Quiere decir que en Jesús la Palabra de Dios asume los significados que Él ha dado a su misión: tiene como finalidad hacer entrar en el Reino de Dios (cf. Mt 13, 1-9); se manifiesta en sus palabras y obras; expresa la fuerza en los milagros; tiene el objetivo de animar la misión de los discípulos, sosteniéndolos en el amor a Dios y al prójimo y en la cura de los pobres; revela su plena verdad en el misterio pascual, en la espera del desvelamiento total; y ahora guía la vida de la Iglesia en el tiempo.
— Pero también es verdad que la Palabra de Dios deber ser comprendida, como Él mismo decía, según las Escrituras (cf. Lc 24, 44-49), es decir, en la historia del pueblo de Dios del Antiguo Testamento, que lo ha esperado como Mesías, y ahora en la historia de la comunidad cristiana, que lo anuncia con la predicación, lo medita con la Biblia y experimenta su amistad y su guía. San Bernardo afirma que en el plan de la Encarnación de la Palabra, Cristo es el centro de todas las Escrituras. La Palabra de Dios, ya audible en la primera alianza, se hizo visible en Cristo
[6].
— No puede olvidarse que «todo fue creado por él y para él» (Col 1, 16). Jesús asume una centralidad cósmica, es el rey del universo, Aquel que da el último sentido a toda la realidad. Si la Palabra de Dios es como un canto a varias voces, su clave de interpretación, por la inspiración del Espíritu Santo, es Cristo en la globalidad de su misterio. «La Palabra de Dios, que estaba en el principio junto a Dios, no es, en su plenitud, una multitud de palabras; ella no es muchas palabras, sino una sola Palabra que abraza un gran número de ideas de las cuales cada una es una parte de la Palabra en su totalidad [...]. Si Cristo nos indica las “Escrituras”, como aquellas que dan testimonio de Él, es porque considera los libros de la Escritura como un único rollo, puesto que todo lo que ha sido escrito de Él está recapitulado en un todo único»
[7].
En el corazón de la Palabra de Dios, el misterio de la Iglesia
12. La Iglesia en cuanto misterio del Cuerpo de Jesús encuentra en la Palabra el anuncio de su identidad, la gracia de su conversión, el mandato de su misión, la fuente de su profecía y la razón de su esperanza. Ella está interiormente constituida por el diálogo con el Esposo y es hecha destinataria y testigo privilegiado de la Palabra amorosa y salvadora de Dios. Pertenecer cada vez más a este “misterio” que constituye la Iglesia es la consecuencia lógica de la escucha de la Palabra de Dios, por ello el encuentro continuo con ella es causa de renovación y fuente de «una nueva primavera espiritual»
[8].
Por otra parte, la viva consciencia de pertenecer a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, será efectiva en la medida en que se puedan articular en manera coherente las diversas relaciones con la Palabra de Dios: una Palabra anunciada, una Palabra meditada y estudiada, una Palabra rezada y celebrada, una Palabra vivida y propagada. Por esta razón en la Iglesia la Palabra de Dios no es un depósito inerte, sino que es regla suprema de la fe y potencia de vida, progresa con la ayuda del Espíritu Santo y crece con la contemplación y el estudio de los creyentes, la experiencia personal de vida espiritual y la predicación de los Obispos (cf. DV 8; 21). Lo atestiguan en particular, los hombres de Dios, que han vivido la Palabra
[9]. Es evidente que la primera misión de la Iglesia es transmitir la Palabra divina a todos los hombres. La historia atestigua que ello ha tenido lugar y continúa sucediendo hoy, después de tantos siglos, entre obstáculos, pero con fecunda vitalidad.
Objeto de permanente reflexión y de fiel aplicación son las palabras iniciales de la Dei Verbum: «La Palabra de Dios la escucha con devoción y la proclama con valentía el Santo Concilio» (DV 1). Estas palabras resumen en sí la esencia de la Iglesia en su doble dimensión de escucha y de proclamación de la Palabra de Dios. No cabe ninguna duda: a la Palabra de Dios corresponde el primer lugar. Solamente a través de ella podemos comprender la Iglesia. Ella se define como Iglesia que escucha. Es en la medida en que escucha que ella puede ser también Iglesia que proclama. Afirma el Santo Padre Benedicto XVI: «La Iglesia no vive de sí misma, sino del Evangelio, y en el Evangelio encuentra siempre de nuevo orientación para su camino»
[10].
Incidencias pastorales
13. La comunidad cristiana se siente engendrada y renovada por la Palabra de Dios para descubrir el rostro de Cristo. La afirmación de San Jerónimo es clara y perentoria: «Ignoratio enim Scripturarum, ignoratio Christi est»
[11] (quien desconoce las Escrituras no conoce a Cristo). Aquí se recuerdan algunas urgencias pastorales que emergen de las respuestas a los Lineamenta:
— desarrollar líneas orgánicas de reflexión sobre la relación de Jesús con la Sagrada Escritura, sobre cómo Él la lee y cómo ella ayuda a comprenderlo;
— presentar de manera simple los criterios de lectura cristiana de la Biblia, resolviendo en esa óptica elementos difíciles del Antiguo Testamento;
— ayudar a los fieles a reconocer en la Iglesia, guiada por el Magisterio, el lugar vital y continuo del anuncio de la Palabra de Dios;
— instruir a aquellos cristianos que dicen que no leen la Biblia porque prefieren establecer con Jesús una relación directa y personal;
— gracias a la realidad de Jesús, Señor resucitado y presente en los signos sacramentales, la liturgia ha de ser considerada como lugar primario del encuentro con la Palabra de Dios;
— en la comunicación catequística, no se ha de olvidar que los Evangelios deben ser elegidos como lectura prioritaria, pero al mismo tiempo deben ser leídos en relación a los otros libros del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento y con los documentos del Magisterio de la Iglesia.
CAPÍTULO SEGUNDO
A. La Biblia como Palabra de Dios inspirada y su verdad «La Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura,como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo» (DV 21)
Las preguntas
14. Según los Pastores uno de los problemas más importantes es la relación de la Sagrada Escritura con la Palabra de Dios, en particular su inspiración y su verdad. Se distinguen tres niveles de preguntas:
— algunas cuestiones son relativas a la naturaleza de la Biblia: qué se entiende por inspiración o por canon, qué tipo de verdad corresponde a la Escritura y cómo se ha de entender su historicidad;
— otras preguntas se refieren a la relación de la Escritura con la Tradición y el Magisterio;
— otras cuestiones tocan las páginas difíciles de la Biblia, especialmente del Antiguo Testamento. A estas últimas cuestiones se hará referencia al tratar sobre la Palabra de Dios en la catequesis.
La Sagrada Escritura, Palabra de Dios inspirada
15. Muchas respuestas a los
Lineamenta señalan cuestiones relativas al modo de explicar a los fieles el carisma de la inspiración y de la verdad de las Escrituras. A este propósito es necesario, ante todo, precisar la relación entre la Biblia y la Palabra de Dios; aclarar la acción del Espíritu Santo; especificar algunos puntos sobre la identidad de la Biblia.
a. Se ha de reconocer la relación de distinción y comunión entre la Biblia y la Palabra de Dios. Es la misma Biblia que atestigua la no coincidencia material entre Palabra de Dios y Escritura. La Palabra de Dios es una realidad viva, eficaz (cf. Hb 4, 12-13), eterna (cf. Is 40, 8), «omnipotente» (Sb 18, 15), creadora (cf. Gn 1, 3ss.) e instauradora de historia. En el Nuevo Testamento esta Palabra es el mismo Hijo de Dios, el Verbo hecho carne (cf. Jn 1, 1ss.; Hb 1, 2). La Escritura, en cambio, es testimonio de esta relación entre Dios y el hombre, la ilumina y la orienta de manera cierta. Por lo tanto, la Palabra de Dios, excede el Libro, y alcanza al hombre también a través de la vía de la Iglesia, Tradición viviente. Esto implica la superación de una interpretación subjetiva y cerrada de la Escritura, por lo cual ella ha de ser leída dentro de un proceso de la Palabra de Dios más amplio, y sobre todo inagotable, como demuestra el hecho que la Palabra continúa alimentando la vida de generaciones en tiempos siempre nuevos y diversos. La comunidad cristiana es, por lo tanto, el sujeto de trasmisión de la Palabra de Dios, y al mismo tiempo es sujeto privilegiado para comprender el sentido profundo de la Sagrada Escritura, el progreso de la fe y el desarrollo del dogma. A raíz de esta prerrogativa, que es propia de la Iglesia, ella desde el comienzo ha manifestado una veneración por los libros bíblicos y ha establecido, por regla o canon de la fe en la revelación divina, un elenco cierto y definitivo de los mismos: 73 libros, de los cuales 46 son el Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento
[12].
b. El Espíritu da respiro a la palabra escrita y coloca el Libro en el misterio más amplio de la encarnación y de la Iglesia. Por lo tanto, gracias al Espíritu, la Palabra de Dios es una realidad litúrgica y profética, es anuncio (kerygma) antes de ser libro, es atestiguación del Espíritu Santo sobre la presencia de Cristo.
c. En síntesis se puede afirmar que:
— el carisma de la inspiración permite afirmar que Dios es el autor de la Biblia en un modo que no excluye el mismo hombre como verdadero autor. En efecto, a diferencia de un dictado, la inspiración no quita la libertad y las capacidades personales del escritor sino que las ilumina y las inspira;
— aún cuando la Sagrada Escritura sea inspirada en todas sus partes, la inerrancia se refiere sólo a «la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra» (DV 11);
— gracias al carisma de la inspiración, el Espíritu Santo constituye los libros bíblicos como Palabra de Dios y los confía a la Iglesia, para que sean recibidos en la obediencia de la fe;
— el Canon en su totalidad y unidad orgánica constituye criterio de interpretación del Libro Sagrado;
— siendo la Biblia Palabra de Dios en lenguaje humano, su interpretación se hace armónicamente con los criterios literarios, filosóficos y teológicos, siempre bajo la fuerza unificadora de la fe y la guía del Magisterio
[13].
Tradición, Escritura y Magisterio
16. El Concilio Vaticano II insiste sobre la unidad de origen y sobre las diversas conexiones entre Tradición y Escritura, que la Iglesia recibe «con el mismo espíritu de devoción» (DV 9). A este respecto recordamos que la Palabra de Dios, hecha Evangelio o Buena Noticia en Cristo (cf. Rm 1,16) y, como tal, consignada a la predicación apostólica, continúa su curso a través de:
— sobre todo, el flujo de la Tradición viviente manifestada por «lo que [la Iglesia] es y lo que cree» (DV 8), como el culto, la enseñanza, la caridad, la santidad, el martirio;
— después, a través de la Sagrada Escritura que, por inspiración del Espíritu Santo, conserva de esta Tradición viva, precisamente en la inmutabilidad de lo que está escrito, los elementos constitutivos y orgánicos. «Esta Tradición con la Escritura de ambos Testamentos, son el espejo en que la Iglesia peregrina contempla a Dios, de quien todo lo recibe, hasta el día en que llegue a verlo cara a cara, como Él es (cf. 1 Jn 3, 2)» (DV 7).
Finalmente, al Magisterio de la Iglesia, que no es superior a la Palabra de Dios, corresponde «interpretar auténticamente la Palabra de Dios, oral o escrita», en cuanto lo trasmitido «por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente» (DV 10). En síntesis, una verdadera lectura de la Escritura como Palabra de Dios no puede hacerse sino in Ecclesia, según su enseñanza.
Antiguo y Nuevo Testamento, una sola economía de la salvación
17. Un problema actual entre los católicos se refiere al conocimiento del Antiguo Testamento como Palabra de Dios y en particular su relación con el misterio de Cristo y de la Iglesia. A causa de dificultades exegéticas no resueltas, se asiste a una cierta resistencia frente a páginas del Antiguo Testamento que parecen incomprensibles, y por lo tanto expuestas a la selección arbitraria, al rechazo. Según la fe de la Iglesia, el Antiguo Testamento ha de ser considerado como parte de la única Biblia de los cristianos, parte constitutiva de la Revelación y, por ello mismo, de la Palabra de Dios. De todo esto deriva la necesidad de una urgente formación para una lectura cristiana del Antiguo Testamento, reconociendo la relación que vincula los dos Testamentos y los valores permanentes del Antiguo (cf. DV 15-16)
[14]. A esto ayuda la praxis litúrgica, que siempre proclama el Texto Sagrado del Antiguo Testamento como página esencial para una comprensión completa del Nuevo Testamento, según la atestación de Jesús mismo en el episodio de Emaús, en el cual el Maestro «empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras» (Lc 24, 27). Justa es la afirmación agustiniana «Novum in Vetere latet et in Novo Vetus patet»[15] (el Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo y el Antiguo está desvelado en el Nuevo Testamento). Afirma San Gregorio Magno: «Lo que el Antiguo Testamento ha prometido, el Nuevo Testamento lo ha hecho ver; lo que aquel anuncia de manera oculta, éste lo proclama abiertamente como presente. Por lo tanto, el Antiguo Testamento es profecía del Nuevo Testamento; y el mejor comentario al Antiguo Testamento es el Nuevo Testamento»[16]. Las implicancias prácticas de esta doctrina son numerosas y vitales.
Incidencias pastorales
18. Se advierte cada vez con más consciencia que no basta una lectura superficial de la Biblia. Se constata además que diversos grupos bíblicos, habiendo comenzado con entusiasmo el descubrimiento del Libro Sagrado, después progresivamente se extinguen por la falta de un buen terreno —es decir, la Palabra de Dios percibida en su misterio de gracia— como dice Jesús en la parábola del sembrador (cf. Mt 13, 20-21). En esta óptica se proponen aquí las siguientes implicancias:
a. Por el hecho que la Escritura está íntimamente unida a la Iglesia, ésta tiene un papel esencial para acceder a la Palabra en su carácter genuino original, constituyendo así criterio para la recta comprensión de la Tradición, puesto que, de hecho, tanto la liturgia como la catequesis se alimentan de la Biblia. Como ya se ha dicho, los libros de la Sagrada Escritura tienen una fuerza de interpelación directa y concreta que no tienen otros textos o intervenciones eclesiásticas.
b. Además, ha de ser considerada en sus efectos prácticos, la distinción entre la Tradición apostólica y las tradiciones eclesiales. En efecto, mientras la primera proviene de los apóstoles y transmite cuanto ellos han recibido de Jesús y del mismo Espíritu Santo, las tradiciones eclesiales han nacido en el curso del tiempo en las Iglesias locales y son formas de adaptación de la «gran Tradición»
[17]. También ha de ser evaluado el peso decisivo del reconocimiento canónico, que la Iglesia ha definido a propósito de las Escrituras garantizando la autenticidad de las mismas, frente a la proliferación de libros no auténticos o apócrifos. Las interpretaciones gnósticas, hoy muy difundidas, acerca de la verdad sobre los orígenes cristianos obligan a explicar en qué consiste el Canon de los Libros sagrados y cómo éste ha surgido. De este modo se orienta adecuadamente la traducción y la difusión de la Escritura y se justifica el indispensable reconocimiento de parte de la Iglesia. Queda por reconsiderar la relación entre Escritura, Tradición y los signos de la Palabra de Dios en el mundo creado, especialmente con el hombre y su historia, puesto que toda creatura es palabra de Dios, en cuanto proclama Dios[18].
c. La intención del Magisterio, cuando ofrece orientaciones o proclama definiciones, no es limitar la lectura personal de la Escritura. Por el contrario, propone un cuadro de referencia seguro en el cual la investigación se realiza. Lamentablemente, la enseñanza del Magisterio y el valor de los diversos niveles de pronunciamiento no son siempre bien conocidos y aceptados. En ocasión del Sínodo se descubre una vez más la Dei Verbum y los documentos pontificios posteriores. En particular, merece ser señalada la orientación para la comprensión y el uso de la Palabra de Dios en la Biblia dada por el Santo Padre Benedicto XVI en diversas intervenciones magisteriales.
d. En el surco de la Tradición viviente, y por lo tanto, como servicio genuino a la Palabra de Dios, ha de ser considerado también el instrumento del Catecismo, comenzando por el primer Símbolo de la fe, núcleo de todo Catecismo, hasta las diversas exposiciones promovidas a lo largo de los siglos en la Iglesia. El Catecismo de la Iglesia Católica y en las Iglesias locales los respectivos Catecismos son las atestaciones más recientes de las mencionadas exposiciones.
e. En este sentido es necesario retener fundamental una distinción que tendrá tantas repercusiones en la praxis pastoral: existe el encuentro con la Escritura en las grandes acciones de la Iglesia, como la liturgia y la catequesis, donde la Biblia se coloca en un contexto público ministerial; existe también el encuentro inmediato, como la Lectio Divina, el curso bíblico, el grupo bíblico. Se ha de promover hoy esta vía a causa de un cierto alejamiento del pueblo de Dios del uso directo y personal de la Escritura.
f. En cuanto al Antiguo Testamento, el mismo ha de ser entendido como una etapa en el desarrollo de la fe y de la comprensión de Dios. Su carácter figurado, su relación con la mentalidad científica e histórica de nuestro tiempo, tienen necesidad de ser aclarados. Por otra parte, numerosos pasajes del mismo custodian una fuerza espiritual, sapiencial y cultural única, constituyendo una rica catequesis sobre las realidades humanas y manifiestan las etapas del camino de fe de un pueblo. El conocimiento y la lectura de los Evangelios no excluyen que la profundización del Antiguo Testamento ofrezca a la lectura e inteligencia del Nuevo Testamento una profundidad siempre más grande.
g. Finalmente, según una óptica pastoral bastante concreta, merecen ser señaladas algunas observaciones que ayudan a discernir mejor la relación de los fieles con la doctrina de la fe. Los fieles, en general, distinguen la Biblia de otros textos religiosos y la retienen más importante en la vida de fe, sin embargo, no pocos en la práctica prefieren textos espirituales más simples de entender, mensajes y escritos edificantes o diversas manifestaciones de la piedad popular. Se podría decir que el pueblo encuentra la Palabra de Dios a través de la vía práctica, viviéndola más que conociendo el origen y las motivaciones de la misma. Es una situación positiva y al mismo tiempo de fragilidad. Es necesario saber hablar a la gente reconociendo su modo de comprender. Ayudar a los fieles a saber qué es la Biblia, porqué existe, qué ofrece a la fe, cómo se usa, constituye una tarea necesaria en la actividad pastoral.
B. Como interpretar la Biblia según la fe de la Iglesia«Viva es la Palabra de Dios y eficaz » (Hb 4, 12)
El problema hermenéutico en perspectiva pastoral
19. El problema hermenéutico, dentro del cual se colocan la actualización de la Palabra de Dios y al mismo tiempo la inculturación
[19], es una cuestión delicada e importante. Dios, en efecto, propone a la persona no una información más o menos curiosa y ni siquiera de orden puramente humano, científico, sino que le comunica su Palabra de verdad y de salvación, y esto requiere en quien la escucha una comprensión inteligente, vital, responsable y además actual. Todo esto implica reconocer el sentido verdadero de la Palabra pronunciada o escrita, así como la comunica el Señor a través de los autores sagrados, y al mismo tiempo exige que la Palabra sea significativa también para quien la escucha hoy.
A la escucha de la experiencia
20. De las respuestas de los Obispos se deduce que la interpretación de la Palabra, no obstante las apariencias contrarias, resulta accesible. Tantos cristianos, en comunidad o singularmente, escrutan la Palabra de Dios con disponibilidad para comprender lo que Dios dice y para obedecerle. Ahora bien, esta disponibilidad de la fe es considerada por la Iglesia como una valiosa posibilidad que habilita para una correcta comprensión y actualización del Testo Sagrado. Hoy esta oportunidad (kairòs) vale, en cierto modo aún más, porque se abre una nueva relación entre la Palabra de Dios y las ciencias del hombre, en particular en el ámbito de la investigación filosófica, científica e histórica. Una grande riqueza de verdades y de valores sobre Dios, sobre el hombre y sobre las cosas proviene de este contacto entre Palabra y cultura. La razón, por lo tanto, interpela a la fe y ésta, a su vez, invita a la razón a colaborar para una verdad y una vida consonantes con la Revelación de Dios y las expectativas de la humanidad.
Pero no faltan tampoco los riesgos de una interpretación arbitraria y reductiva, debidos especialmente al fundamentalismo, de tal modo que, por una parte se manifiesta el deseo de permanecer fiel al Texto, y por otra parte se desconoce la naturaleza misma de los textos, incurriendo en graves errores y generando también inútiles conflictos
[20]. Existen además las llamadas lecturas ideológicas de la Biblia, según precomprensiones rígidas de orden espiritual o social y político, o simplemente humanas, sin el soporte de la fe (cf. 2 Pt 1, 19-20; 3, 16), hasta formas de contraposición y de separación entre la forma escrita, atestiguada sobre todo en la Biblia, la forma viva del anuncio y la experiencia de vida de los creyentes. En general, se nota un escaso o impreciso conocimiento de las reglas hermenéuticas de la Palabra.
El sentido de la Palabra de Dios y el camino para encontrarlo
21. A la luz del Concilio Vaticano II y del Magisterio sucesivo
[21], algunos aspectos necesitan hoy una atención y una reflexión específica, en vista de una adecuada comunicación pastoral: la Biblia, el libro de Dios y del hombre, ha de ser leída unificando correctamente el sentido histórico-literario y el sentido teológico-espiritual, o más simplemente el sentido espiritual[22]. La citada Nota de la Pontificia Comisión Bíblica ofrece al respecto esta definición: «Como regla general, se puede definir el sentido espiritual comprendido según la fe cristiana, como el sentido expresado por los textos bíblicos, cuando se los lee bajo la influencia del Espíritu Santo en el contexto del misterio pascual de Cristo y de la vida nueva que proviene de Él. Este contexto existe efectivamente. El Nuevo Testamento reconoce en Él el cumplimiento de las Escrituras. Es, pues, normal releer las Escrituras a la luz de este nuevo contexto, que es el de la vida en el Espíritu»[23].
Esto significa que el método histórico-crítico es necesario para una correcta exégesis, convenientemente enriquecido con otras formas de estudio
[24], pero para alcanzar el sentido total de la Escritura es necesario valerse de los criterios teológicos, propuestos por la Dei Verbum: «el contenido y la unidad de toda la Escritura, la Tradición viva de toda la Iglesia, la analogía de la fe» (DV 12)[25]. Hoy, sobre este punto, se advierte la necesidad de una profunda reflexión teológica y pastoral para formar nuestras comunidades según una recta y fructuosa comprensión. Afirma el Santo Padre Benedicto XVI: «me interesa mucho que los teólogos aprendan a leer y amar la Escritura tal como lo quiso el Concilio en la Dei Verbum: que vean la unidad interior de la Escritura —hoy se cuenta con la ayuda de la “exégesis canónica” (que sin duda se encuentra aún en una tímida fase inicial)— y que después hagan una lectura espiritual de ella, la cual no es algo exterior de carácter edificante, sino un sumergirse interiormente en la presencia de la Palabra. Me parece que es muy importante hacer algo en este sentido, contribuir a que, juntamente con la exégesis histórico-crítica, con ella y en ella, se dé verdaderamente una introducción a la Escritura viva como palabra de Dios actual»[26].
Incidencias pastorales
22. El pueblo de Dios ha de ser educado para que pueda descubrir este gran horizonte de la Palabra de Dios, evitando hacer complicada la lectura de la Biblia. Vale la verdad que las cosas más importantes en la Biblia son también las que más directamente se vinculan con la existencia, como lo es la vida de Jesús. Recordamos algunos puntos esenciales para una recta interpretación del Libro sagrado.
a. En primer lugar se recuerda la interpretación de la Palabra de Dios que se cumple cada vez que la Iglesia se reúne para celebrar los divinos misterios. A este respecto, la introducción del Leccionario, que es proclamado en la Eucaristía, recuerda: «Por voluntad del mismo Cristo, el nuevo pueblo de Dios se halla diversificado en una admirable variedad de miembros, por lo cual son también varios los oficios y funciones que corresponden a cada uno, en lo que atañe a la Palabra de Dios; según esto, los fieles escuchan y meditan la Palabra, y la explican únicamente aquellos a quienes, por la sagrada ordenación, corresponde la función del magisterio, o aquellos a quienes se encomienda este ministerio. Así, la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto, perpetúa y transmite a todas las generaciones, todo lo que ella es, todo lo que cree, de modo que, en el decurso de los siglos, tiende constantemente a la plenitud de la verdad divina hasta que en ella tenga su plena realización la palabra de Dios»
[27].
b. Conviene aclarar que «el sentido espiritual no se debe confundir con las interpretaciones subjetivas dictadas por la imaginación o la especulación intelectual». El sentido espiritual proviene de «tres niveles de realidad: el texto bíblico (en su sentido literal), el misterio pascual y las circunstancias presentes de vida en el Espíritu»
[28]. Es necesario partir en cada caso del texto bíblico como primario e insustituible también en la acción pastoral.
c. Considerando que la Nota de la Pontificia Comisión Bíblica, La interpretación de la Biblia en la Iglesia, en general, no ha superado el círculo de los expertos, será necesario comprometerse a ayudar a los lectores creyentes a conocer las leyes elementales de una aproximación al texto bíblico. De gran valor son los subsidios elaborados con este objetivo.
d. En esta perspectiva han de ser consideradas, rectamente comprendidas y recuperadas la extraordinaria exégesis de los Padres
[29] y la gran intuición medieval de los “cuatro sentidos de la Escritura”, puesto que no han perdido interés; no han de ser descuidadas las diversas resonancias y tradiciones que la Biblia suscita en la vida del pueblo de Dios, en las figuras de los santos, de los maestros espirituales y de los testigos. Asimismo, ha de ser considerada la contribución de las ciencias teológicas y humanas; la “historia de los efectos” (Wirkungsgeschichte), especialmente en el arte, puede ser un fecundo testimonio de lectura espiritual. Puesto que la Biblia es leída también por los no creyentes, que evidencian el valor antropológico, puede ser enriquecedora una correcta interpretación de este aspecto. La Sagrada Escritura se debe leer en comunión con la Iglesia de todos los lugares y de todos los tiempos, con los grandes testigos de la Palabra, desde los primeros Padres hasta los santos e incluyendo el Magisterio actual[30].
e. Hay que subrayar el pedido hecho al Sínodo no solo de afrontar los clásicos problemas de la Biblia, sino también de poner en relación con ella los problemas actuales, como la bioética y la inculturación. Podemos decir esto con una expresión frecuente en los grupos bíblicos: “¿Cómo se va desde la vida al texto y del texto a la vida?”, o también “¿cómo leer la Biblia con la vida y la vida con la Biblia?”
f. Se ha de señalar, desde el punto de vista de la comunicación de la fe, un nuevo problema de la hermenéutica bíblica. Dicho problema no se relaciona solamente con la comprensión del lenguaje bíblico, sino también con el conocimiento de la cultura actual, que está siempre menos vinculada a la palabra oral o escrita, y más orientada hacia una cultura electrónica, por lo cual la proclamación tradicional de la palabra puede resultar tediosa a los oyentes, invadidos por las técnicas informáticas.
CAPÍTULO TERCERO
Actitud requerida a quien escucha la Palabra«Escucha, pueblo mío» (Sal 50, 7)
De las respuestas de los Obispos a los
Lineamenta resulta que es necesario cultivar en el pueblo una relación orante, personal y comunitaria, con la Palabra de Dios, la cual suscita y nutre la respuesta de fe.
Una palabra eficaz
23. Los sujetos del evento de la Palabra son Dios, que la anuncia, y el destinatario, persona individual o comunidad. Dios habla, pero sin la escucha del creyente la Palabra se muestra dicha, pero no recibida. Por ello se puede decir que la revelación bíblica es el encuentro entre Dios y el pueblo en la experiencia de la única Palabra y que entre ambos hacen la Palabra. La fe obra, la Palabra crea.
El texto de Hb 4, 12-13, junto con el de Is 55, 9-11 y tantos otros textos, afirma la inefable eficacia de la Palabra de Dios. ¿Cómo entender tal eficacia? La pregunta se hace aún más necesaria por un hecho propuesto por diversas contribuciones de los Obispos, según el cual algunos cristianos neófitos dan a la lectura del Libro Sagrado un valor casi mágico, sin un personal y específico empeño de responsabilidad. En realidad, la Palabra de Dios despliega su eficacia, como afirma el sembrador (cf. Mc 4, 1-20), cuando se quitan los obstáculos y se ponen las condiciones para que la semilla de la Palabra dé frutos.
En cuanto al tipo de eficacia propio de la Palabra de Dios, es iluminador otro texto evangélico, que utiliza la imagen de la semilla que debe morir para dar fruto: Cristo habla de la necesidad de su muerte para cumplir el plan de salvación. La cruz es directamente potencia y sabiduría de Dios; el evangelio es la «predicación de la cruz», escribe S. Pablo a los cristianos de Corinto (1 Cor 1, 18). La eficacia de la Palabra es, por lo tanto, del orden de la cruz. Palabra y cruz son dos realidades que se colocan en el mismo nivel. En ellas toda la potencia está en el dinamismo del amor divino que las atraviesa: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito» (Jn 3, 16; cf. Rm 5, 8). Encuentra el fruto de la Palabra quien cree en el amor de Dios que la pronuncia. Entonces la potencialidad de la Palabra de Dios se hace concreta, se realiza, se hace verdaderamente personal.
El creyente: aquel que escucha la Palabra de Dios en la fe
24. «Cuando Dios se revela, el hombre tiene que someterse con la fe». A Él, que hablando se dona, el hombre escuchándolo «se entrega entera y libremente» (DV 5). El hombre que, también en virtud de la íntima estructura de la persona es oyente de la Palabra, recibe de Dios la gracia de responder en la fe. Ello implica, de parte de la comunidad y de cada creyente, una actitud de plena adhesión a una propuesta de total comunión con Dios y de entrega a su voluntad (cf. DV 2). Esta actitud de fe comunional se manifestará en cada encuentro con la Palabra de Dios, en la predicación viva y en la lectura de la Biblia. No es casual que la Dei Verbum aplique al Libro Sagrado cuanto afirma globalmente de la Palabra de Dios: «Dios invisible (cf. Col 1,15; 1 Tim 1,17), movido por amor, habla a los hombres como a amigos (cf. Ex 33, 11 ; Jn 15,14-15), trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía» (DV 2). «En los Libros sagrados, el Padre, que está en el cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos» (DV 21). La Revelación es comunión de amor, que la Escritura frecuentemente expresa con el término alianza. En síntesis, se trata de una actitud de oración: «diálogo de Dios con el hombre, pues “a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras”
[31] » (DV 25).
La Palabra de Dios transforma la vida de aquellos que se acercan a ella con fe. La Palabra no se extingue nunca, es nueva cada día. Mas para que esto suceda es necesaria una fe que escucha. La Escritura atestigua en varias ocasiones que la escucha es lo que hace de Israel el pueblo de Dios: «Si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos» (Ex 19, 5; cf. Jr 11, 4). La escucha crea una pertenencia, un vínculo, hace entrar en la alianza. En el Nuevo Testamento la escucha es directa con respecto a la persona de Jesús, el Hijo de Dios: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle» (Mt 17, 5 e par.).
El creyente es uno que escucha. El que escucha confiesa la presencia de aquel que habla y desea comprometerse con él; quien escucha busca en sí mismo un espacio para que el otro pueda habitar en él; aquel que escucha se abre con confianza al otro que habla. Por ello los evangelios piden el discernimiento de aquello que se escucha (cf. Mc 4, 24) y llaman la atención sobre cómo se escucha (cf. Lc 8, 18); en efecto: ¡nosotros somos aquello che escuchamos! La figura antropológica que la Biblia desea construir es aquella del hombre capaz de escuchar, dotado de un corazón que escucha (cf. 1 Re 3, 9). Siendo esta escucha no una mera audición de frases bíblicas sino un discernimiento pneumático de la Palabra de Dios, esto exige la fe y debe acontecer en el Espíritu Santo.
María, modelo de recepción de la Palabra para el creyente
25. En la historia de la salvación emergen grandes figuras de oyentes y de evangelizadores de la Palabra de Dios: Abraham, Moisés, los profetas, los Santos Pedro y Pablo, los otros apóstoles, los evangelistas. Ellos escuchando fielmente la Palabra del Señor y comunicándola han hecho espacio al Reino de Dios.
En esta perspectiva, un papel central asume la figura de la Virgen María, la cual ha vivido en modo incomparable el encuentro con la Palabra de Dios, que es el mismo Jesús. Por este motivo, ella es un modelo providencial de toda escucha y anuncio. Educada en la familiaridad con la Palabra de Dios en la experiencia intensa de las Escrituras del pueblo al cual ella pertenecía, María de Nazaret, desde el evento de la Anunciación hasta la Cruz, y aún hasta Pentecostés, recibe la Palabra en la fe, la medita, la interioriza y la vive intensamente (cf. Lc 1, 38; 2, 19.51; Hch 17, 11). En virtud de su “sí”, dado inicialmente, y nunca interrumpido, a la Palabra de Dios, ella sabe observar en torno a sí y vive las urgencias del cotidiano, siendo consciente que lo que recibe como don del Hijo es don para todos: en el servicio a Isabel, en Caná y junto a la cruz (cf. Lc 1, 39; Jn 2, 1-12; 19, 25-27). Por lo tanto, a ella se aplica cuanto ha dicho Jesús en su presencia: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la cumplen» (Lc 8, 21). «Al estar íntimamente penetrada por la Palabra de Dios, puede convertirse en madre de la Palabra encarnada»
[32].
En particular, debe considerarse su modo de escuchar la Palabra. El texto evangélico «María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19) significa que ella escuchaba y conocía las Escrituras, las meditaba en su corazón a través de un proceso interior de maduración, donde la inteligencia no está separada del corazón. María buscaba el sentido espiritual de la Escritura y lo encontraba relacionándolo (symballousa) con las palabras, con la vida de Jesús y con los acontecimientos que ella iba descubriendo en la historia personal. María es nuestro modelo tanto para acoger la fe, la Palabra, como para estudiarla. A ella no le basta recibirla, la medita atentamente. No solamente la posee, sino que al mismo tiempo la valoriza. Le da su consentimiento, pero también la pone en práctica. Así María se transforma en un símbolo para nosotros, para la fe de las personas simples y para aquella de los doctores de la Iglesia, que buscan, sopesan, definen cómo profesar el Evangelio.
Recibiendo la Buena Noticia, María se presenta como el tipo ideal de la obediencia de la fe y se transforma en ícono viviente de la Iglesia al servicio de la Palabra. Afirma Isaac de la Estrella: «En las Escrituras, divinamente inspiradas, aquello que es dicho en general de la virgen madre Iglesia se entiende singularmente de la virgen madre María [...]. Heredad del Señor en modo universal es la Iglesia, en modo especial es María, en modo particular el alma de cada fiel. En el tabernáculo del vientre de María Cristo habitó nueve meses, en el tabernáculo de la fe de la Iglesia hasta el fin del mundo, en el conocimiento y en el amor del alma fiel para la eternidad»
[33]. María enseña a no permanecer como extraños espectadores ante una Palabra de vida, sino a transformarse en participantes, haciendo propio el “heme aquí” de los profetas (cf. Is 6, 8) y dejándose conducir por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Ella “magnifica” el Señor descubriendo en su vida la misericordia de Dios, que la hace “beata” porque «ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor» (Lc 1, 45). Dice San Ambrosio que todo cristiano que cree, concibe y genera el Verbo de Dios. Si hay una sola madre de Cristo según la carne, según la fe, en cambio, Cristo es el fruto de todos[34].
Incidencias pastorales
26. Las incidencias pastorales en relación a la fe en la Palabra de Dios son notables.
a. Se puede leer la Biblia sin fe, pero sin fe no se puede escuchar la Palabra de Dios. Un grupo bíblico es válido si, mientras lee la Biblia, se educa en la fe, conformando la vida cristiana según las indicaciones que ofrece la Biblia e iluminando con la fe los momentos difíciles.
b. Al hombre de hoy se le debe hablar de manera positiva y alentadora, ofreciéndole sugerencias múltiples para acercarse al texto, a la lectura espiritual, a la oración, a la posibilidad de compartir la Palabra. Se trata principalmente de aproximarse a la Palabra, no tanto como depósito de referencias dogmáticas pastorales, sino como fuente de agua viva, en la sorpresa gozosa de escuchar al Señor en el propio contexto de vida. Se trata de poner en acto el círculo hermenéutico completo: creer para comprender, comprender para creer; la fe busca la inteligencia, la inteligencia se abre a la fe. El relato de Emaús es un modelo ejemplar de encuentro del creyente con la misma Palabra encarnada (cf. Lc 24, 13-35).
c. «Escucha, Israel», «Shemà Israel», es el mandamiento primario del pueblo de Dios (Dt 6, 4). «Escucha» es también la primera palabra de la Regla de San Benito. Dios invita al fiel a escuchar con el oído del corazón. El corazón en la Biblia no es solo la sede de los sentimientos o de la emoción, sino el centro más profundo de la persona donde se toman las decisiones. Por ello es necesario el silencio que se prolonga más allá de las palabras. El Espíritu Santo hace entender y comprender la Palabra de Dios, uniéndose silenciosamente a nuestro espíritu (cf. Rm 8, 26-27).
d. Es necesario escuchar como María y con María, madre y educadora de la Palabra de Dios. Existe la forma simple y universal de escucha orante de la Palabra que son los misterios del Rosario. El Papa Juan Pablo II ha puesto en luz la riqueza bíblica del mismo, definiéndolo «compendio del Evangelio», en el cual la enunciación del misterio «deja hablar a Dios», permite «contemplar a Cristo con María»
[35]. Más aún, como la Virgen María, templo del Espíritu, en una vida silenciosa, humilde y escondida, así la Iglesia toda ha de ser educada para testimoniar este estrecho vínculo entre Palabra y Silencio, Palabra y Espíritu de Dios. La escucha de la Palabra en la fe se transforma luego en el creyente en comprensión, meditación, comunión, participación, actuación: se perciben aquí los lineamientos de la Lectio Divina, como la vía privilegiada del acercamiento del creyente a la Biblia.
e. Es justo recordar que la actitud de fe se refiere a la Palabra de Dios en todos sus signos y lenguajes. Es una fe que recibe de la Palabra una comunicación de verdad a través del relato o la fórmula doctrinal; una fe que reconoce la Palabra de Dios como estímulo primario para una conversión eficaz, luz para responder a tantas preguntas del creyente, guía para un discernimiento sapiencial de la realidad, solicitación a actuar la Palabra (cf. Lc 8, 21), y no solo a leerla o a decirla, y finalmente fuente permanente de consolación y esperanza. De ahí se sigue el deber de reconocer y asegurar el primado a la Palabra de Dios en la propia vida de los creyentes, acogiéndola así como la Iglesia la anuncia, la comprende y la vive.
f. Finalmente, para muchas personas que no saben leer es necesario proponer adecuados servicios de comunicación de la Palabra traducida en las lenguas correspondientes.
SEGUNDA PARTE
LA PALABRA DE DIOS EN LA VIDA DE LA IGLESIA
«Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los vuestros y mis pensamientos a los vuestros. Como descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al sembrador y pan para comer, así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío, sin que haya realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que la envié» (Is 55, 9-11).
CAPÍTULO CUARTO
La Palabra de Dios vivifica la Iglesia«La carta que Dios ha enviado a los hombres»
[36]
Cuando el Espíritu Santo inicia a mover la vida del pueblo, uno de los primeros y más fuertes signos es el amor a la Palabra de Dios en la Escritura y el deseo de conocerla mejor. Esto acontece porque la Palabra de la Escritura es una palabra que Dios dirige a cada uno personalmente como una carta en las concretas circunstancias de la vida. Tiene una inmediatez extraordinaria y el poder de penetrar en lo íntimo del ser humano. En efecto:
— la Iglesia nace y vive de la Palabra de Dios;— la Palabra de Dios sostiene la Iglesia a lo largo de la historia;— la Palabra de Dios penetra y anima, con la potencia del Espíritu Santo, toda la vida de la Iglesia.
La Iglesia nace y vive de la Palabra de Dios
27. En los Hechos de los Apóstoles se lee acerca de Pablo y Bernabé que en Antioquía «A su llegada reunieron a la iglesia y se pusieron a contar todo cuanto Dios había hecho juntamente con ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe» (Hch 14, 27).
El Sínodo es el lugar en el cual se podrán ciertamente sentir «los signos y prodigios» de la Palabra de Dios, como ya sucedió en Antioquía y en la asamblea de Jerusalén que escuchaba a Bernabé y Pablo (cf. Hch 15, 12). En efecto, en todas las Iglesias particulares se hacen múltiples experiencias de la Palabra de Dios: en la Eucaristía, en la Lectio Divina, comunitaria y personal, en la jornada de la Biblia, en los cursos bíblicos, en los grupos de Evangelio o de escucha de la Palabra de Dios, en el camino bíblico diocesano, en los ejercicios espirituales, en las peregrinaciones a Tierra Santa, en las celebraciones de la Palabra, en las expresiones de la música, de las artes plásticas, de la literatura y del cine.
Múltiples constataciones emergen de las respuestas a los
Lineamenta:
— Después del Concilio Vaticano II, se lee más la Palabra de Dios, especialmente en referencia a la liturgia eucarística. En muchas Iglesias se ofrece un puesto privilegiado a la Biblia, exponiéndola en modo visible junto al altar o sobre el altar, como se acostumbra en las Iglesias Orientales.
— Es necesario un notable esfuerzo de parte de la Iglesia para que el acceso a la Sagrada Escritura sea un hecho popular. Conferencias episcopales, diócesis, parroquias, comunidades religiosas, asociaciones y movimientos han emprendido la gran vía de la Palabra de Dios en manera del todo nueva respecto a unos años atrás.
— El deseo de ser introducidos en el gusto de la Palabra de Dios, para algunos prevalece respecto a otras exigencias del servicio pastoral. Tal deseo, de todos modos, permanece como necesidad de fondo aún de la gente más distraída, que se demuestra sensible al Jesús de los Evangelios.
— Esto no excluye que el grado de familiaridad con la Palabra de Dios sea diversificado. En el mundo de antigua cristiandad la Biblia se encuentra en las casas más que en otros tiempos, pero tal vez no siempre como Libro verdaderamente leído. Datos estadísticos en una parte del mundo atestiguan que debe crecer sensiblemente el uso significativo de la Biblia, así como también debe madurar la consciencia del rol fundante y decisivo de la Palabra de Dios para una vida de fe.
— Diverso es el dato de otras zonas geográficas donde el problema es más bien la escasez de medios, en particular de traducciones. Es edificante recordar las experiencias que estos hermanos y hermanas, frecuentemente pobres, viven en contacto con la Palabra de Dios. Valga, al menos como ejemplo autorizado, cuanto se lee en la Nota de la Pontificia Comisión Bíblica: «hay que alegrarse de ver que gente humilde y pobre, toma la Biblia en sus manos y puede aportar a su interpretación y actualización una luz más penetrante, desde el punto de vista espiritual y existencial, que la que viene de una ciencia segura de sí misma»
[37].
— Se manifiesta una paradoja: al hambre de la Palabra de Dios no siempre corresponde una predicación adecuada de parte de los Pastores de la Iglesia, por carencias en la preparación del seminario o en el ejercicio pastoral.
La Palabra de Dios sostiene la Iglesia a lo largo de la historia
28. Es un dato constante en la vida del pueblo de Dios, la cual no es estática, sino que se propaga (cf. 2 Ts 3, 1) y desciende, como una lluvia fecunda desde el cielo (cf. Is 55, 10-11). Esto acontece desde cuando hablaban los profetas al pueblo, Jesús a la gente y a los discípulos, los apóstoles a la primera comunidad, y hasta en nuestros días. Podemos bien decir que el servicio de la Palabra de Dios caracteriza las diversas épocas dentro del mismo mundo bíblico y después en la historia de la Iglesia.
Así en el tiempo de los Padres, la Escritura se encuentra en el centro, como una fuente, de la cual se nutren la teología, la espiritualidad y la orientación pastoral. Los Padres son los maestros insuperables de aquella lectura espiritual de la Escritura que, cuando es genuina, no descuida la letra, es decir, el correcto sentido histórico, pero es capaz de leer la letra en el Espíritu. En el Medioevo, la Sagrada Página constituye la base de la reflexión teológica; para encontrarla adecuadamente se elabora la doctrina de los cuatro sentidos: literal, alegórico, tropológico y anagógico
[38]. En el período antiguo la Palabra de Dios en la Lectio Divina constituye la forma monástica de la oración; es fuente de inspiración artística; se transmite al pueblo en tantas formas de predicación y de piedad popular. En la edad moderna, el surgimiento del espíritu crítico, el progreso científico, la división entre los cristianos y el consiguiente empeño ecuménico, estimulan, no sin dificultad y contrastes, un estudio más correcto y al mismo tiempo una mejor comprensión del misterio de la Escritura en el seno de la Tradición. En la época contemporánea se desarrolla el proyecto de renovación basado en la centralidad de la Palabra de Dios, que a través del Concilio Vaticano II continúa hasta el presente Sínodo.
En el cuadro de la grande Tradición, cada Iglesia particular se desarrolla en el tiempo con características y modos propios. Sobre todo, como enseña aún la historia, es posible ver conexiones, influencias e intercambios recíprocos. Mientras tanto, es necesario registrar una doble noticia: por una parte, se puede constatar que la Palabra de Dios se difunde y evangeliza las diversas Iglesias particulares de los cinco continentes: en ellas se encarna progresivamente, transformándose en alma vivificadora de la fe de tantos pueblos, fundamental factor de comunión, fuente de inspiración y de transformación de las culturas y de la sociedad; por otra parte, parece que la pastoral bíblica sufre por razones históricas, vinculadas al momento de la evangelización, pero también por problemas reales de fe en el diverso contexto de vida o por carencias económicas.
La Palabra de Dios penetra y anima, con la potencia del Espíritu Santo, toda la vida de la Iglesia
29. Existe una correlación entre el uso de la Biblia, la concepción de la Iglesia y la praxis pastoral. La adecuada relación se realiza cuando el Espíritu Santo crea armonía entre Escritura y Comunidad. Por lo tanto será importante respetar la necesidad interior que estimula la comunidad al encuentro con la Palabra de Dios, pero se cuidará también de controlar aquella sensibilidad que exalta la espontaneidad, la experiencia estrictamente subjetiva y la sed de lo prodigioso. Así también se prestará atención a lo que dice el texto de la Escritura, tratando de meditarlo para comprender el sentido literal, antes de aplicarlo a la vida. No es una cosa siempre fácil. Se señala el riesgo del fundamentalismo, fenómeno que tiene amplios matices antropológicos, sociológicos y psicológicos, pero que se aplica en modo particular a la lectura bíblica y a la consiguiente interpretación del mundo. A nivel de lectura bíblica, el fundamentalismo se refugia en el literalismo y rechaza tener cuenta de la dimensión histórica de la revelación bíblica y así no logra aceptar plenamente la misma Encarnación. «Este género de lectura encuentra cada vez más adeptos [...] también entre los católicos [...] el fundamentalismo [...] exige una adhesión incondicionada a actitudes doctrinarias rígidas e impone, como fuente única de enseñanza sobre la vida cristiana y la salvación, una lectura de la Biblia que rehúsa todo cuestionamiento y toda investigación crítica»
[39]. La forma extrema de este tipo de tendencia es la secta. Aquí la Escritura ya no cuenta con la acción dinámica y vivificadora del Espíritu y la comunidad se atrofia, como un cuerpo inerte, transformándose en un grupo cerrado, que no admite diferencias ni pluralidad en el propio seno y muestra una actitud agresiva hacia otros modos de pensar[40].
En cambio, urge mantener viva en la comunidad la docilidad al Espíritu Santo, superando el riesgo de apagar el Espíritu con el excesivo activismo y la exterioridad de la vida de fe, evitando el peligro de la burocratización de la Iglesia, de la acción pastoral limitada a sus aspectos institucionales y de la reducción de la lectura bíblica a una actividad más entre otras.
30. Es necesario tener presente que, como afirma Jesús, el Espíritu guía a la Iglesia hacia la verdad entera (cf. Jn 16, 13), por lo tanto hace comprender el verdadero sentido de la Palabra de Dios, conduciendo finalmente al encuentro con el Verbo mismo, el Hijo de Dios, Jesús de Nazaret. El Espíritu es el alma y el exégeta de la Sagrada Escritura. Por este motivo, no solo «se ha de leer [la Escritura] con el mismo Espíritu con que fue escrita» (DV 12), sino que la misma Iglesia, guiada por el Espíritu, trata de alcanzar una comprensión cada vez más profunda de la Escritura para alimentar a sus hijos, valiéndose en particular del estudio de los Padres de Oriente y de Occidente (cf. DV 23), de la investigación exegética y teológica, de la vida de los testigos y de los santos.
A este respecto, es muy valiosa la línea trazada en los Praenotanda del Leccionario, donde se afirma: «Para que la Palabra de Dios realice efectivamente en los corazones lo que suena en los oídos, se requiere la acción del Espíritu Santo, con cuya inspiración y ayuda la Palabra de Dios se convierte en fundamento de la acción litúrgica y en norma y ayuda de toda la vida. Por consiguiente, la actuación del Espíritu no sólo precede, acompaña y sigue a toda acción litúrgica, sino que también va recordando, en el corazón de cada uno (cf. Jn 14, 15-17.25-26; 15, 26 - 16, 15) , aquellas cosas que, en la proclamación de la Palabra de Dios, son leídas para toda la asamblea de los fieles, y, consolidando la unidad de todos, fomenta asimismo la diversidad de carismas y proporciona la multiplicidad de actuaciones»
[41].
La comunidad cristiana, por lo tanto, se construye cada día dejándose guiar por la Palabra de Dios, bajo la acción del Espíritu Santo, que ilumina, convierte y consuela. En efecto, «todo cuanto fue escrito en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, para que con la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza» (Rm 15, 4). Es un deber primario de los Pastores ayudar a los fieles a comprender qué significa encontrar la Palabra de Dios bajo la guía del Espíritu, cómo en particular tal encuentro tiene lugar en la lectura espiritual de la Biblia, en la actitud de la escucha y de la oración. A este propósito afirma Pedro Damasceno: «Aquel que tiene experiencia del sentido espiritual de las Escrituras sabe que el sentido de la palabra más simple de la Escritura y el de aquella excepcionalmente sapiente son una sola cosa y están orientadas a la salvación del hombre»
[42].
Incidencias pastorales
31. Si la Palabra de Dios es fuente de vida para la Iglesia, resulta esencial considerar la Sagrada Escritura como alimento vital. Esto implica:
a. Realizar un constante control sobre el efectivo lugar que la Palabra de Dios ocupa en la vida de la propia comunidad, sobre las experiencias más constructivas y también sobre los riesgos más comunes.
b. Reconocer la historia y la difusión de la Palabra de Dios en la propia comunidad, diócesis, nación, continente y en la Iglesia en general, para comprender las grandes acciones de Dios (magnalia Dei), para percibir mejor las necesidades y las iniciativas que deben programarse, así como también para ofrecer solidaridad a las comunidades pobres de recursos materiales y espirituales.
c. Para llevar adelante en manera incisiva una pastoral animada por la Palabra de Dios es indispensable reconocer y promover el papel insustituible de las Iglesias particulares en comunión entre ellas. Es, a partir de la efectiva iniciativa de ellas, como pueblo de Dios unido con el Obispo, que surgen experiencias grandes y pequeñas y se crea un flujo continuo de la Palabra en las diversas comunidades.
CAPÍTULO QUINTO
La Palabra de Dios en los diversos servicios de la Iglesia«El pan de vida que ofrece la mesa de la Palabra de Diosy del Cuerpo de Cristo» (DV 21)
Ministerio de la Palabra
32. «La predicación de la Iglesia, como toda la religión cristiana, se ha de alimentar y regir con la Sagrada Escritura» (DV 21). Con esta afirmación el Concilio Vaticano II indica empeños específicos que requieren intervenciones concretas.
Nótese que el servicio de la Palabra en las Iglesias particulares se está realizando en los diversos ámbitos y expresiones de vida, con un programa que lleva a reconocer al momento litúrgico de la Eucaristía y de cada sacramento el aspecto primario de la experiencia de la Palabra de Dios. Se advierte la necesidad de considerar la lectura orante en la forma de la Lectio Divina, a nivel comunitario y personal, como la meta alta y común, así como también la necesidad de promover una catequesis que sea una iniciación a la Sagrada Escritura, vivificando con ella los programas catequísticos y los mismos catecismos, la predicación y la piedad popular. Es conveniente además estimular el encuentro con la Palabra de Dios a través del Apostolado bíblico, preocupándose por el nacimiento y la guía de los grupos bíblicos y haciendo que la Palabra, pan de vida, se transforme también en pan material, es decir, conduzca a ayudar a los pobres y a los que sufren. Se retiene urgente valorizar la Palabra también con estudios y encuentros que pongan de relieve sus relaciones con la cultura y con el espíritu humano, en un contexto interreligioso e intercultural. Para realizar estos objetivos, se exige una fe atenta, dedicación apostólica, preocupación pastoral inteligente, creativa y continua, en un ejercicio que favorezca el espíritu de comunión. En ningún otro ámbito como en éste, emerge la exigencia de una pastoral continuamente animada por la Biblia.
En esta perspectiva de unidad y de interacción, ha de ser reconocido y estimulado plenamente el dinamismo según el cual la Palabra de Dios encuentra al hombre, dinamismo que está en la base de toda la acción pastoral de la Iglesia: la Palabra anunciada y escuchada quiere hacerse Palabra celebrada a través de la Liturgia y de los sacramentos, para promover una vida según la Palabra, a través de la experiencia de la comunión, de la caridad y de la misión
[43].
La experiencia en la liturgia y en la oración
33. De la experiencia de las Iglesias particulares emergen algunos puntos comunes: el encuentro con la Palabra de Dios acontece, para una gran mayoría de los cristianos en todas partes del mundo, solamente en la celebración eucarística dominical; crece la consciencia en el pueblo de Dios acerca de la importancia de la liturgia de la Palabra de Dios gracias también a la renovación de la ordenación de la misma en el nuevo Leccionario; algunos esperan sin embargo una revisión del Leccionario en vista de una mejor sintonía entre las tres lecturas, además de una mayor fidelidad a los textos originales; acerca de la homilía, se espera un neto mejoramiento; algunas veces se configura la liturgia de la Palabra como una forma de Lectio Divina; el Oficio Divino, finalmente, no ha logrado una amplia difusión entre el pueblo. Por otra parte, se nota que el pueblo de Dios no ha sido verdaderamente introducido a la teología de la Palabra de Dios en la liturgia, la vive aún pasivamente, sin advertir en ella el carácter sacramental, ignorando las ricas Introducciones de los libros litúrgicos porque los Pastores no siempre parecen interesarse en ellas; el vasto mundo de los signos propios de la liturgia de la Palabra aparece con frecuencia reducido a formalidades rituales sin una comprensión interior; la relación entre Palabra de Dios y sacramentos, en particular el sacramento de la reconciliación, aparece escasamente valorizada.
La motivación teológico-pastoral: Palabra, Espíritu, Liturgia, Iglesia
34. A todos los niveles de la vida eclesial es necesario madurar la comprensión de la liturgia como lugar privilegiado de la Palabra de Dios, que edifica la Iglesia. Es importante, por lo tanto, hacer algunas afirmaciones basilares.
— La Biblia es el libro de un pueblo para un pueblo. Ella es una herencia, un testamento consignado a lectores, para que realicen en sus vidas la historia de la salvación atestiguada en lo que está escrito. Existe, por lo tanto, una relación de recíproca vital pertenencia entre pueblo y Libro: la Biblia continúa siendo un Libro vivo con el pueblo que la lee; el pueblo no subsiste sin el Libro, porque en éste encuentra su razón de ser, su vocación y su identidad.
— Esta mutua pertenencia entre pueblo y Sagrada Escritura es celebrada en la asamblea litúrgica, que es el lugar en el cual acontece la obra de recepción de la Biblia. El discurso de Jesús en la Sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4, 16—21) es significativo en este sentido. Aquello que sucedió entonces, sucede también hoy cada vez que hay una proclamación de la Palabra de Dios en una liturgia.
— La proclamación de la Palabra de Dios contenida en la Escritura, es acción del Espíritu: así como ha obrado para que la Palabra se transformase en Libro, ahora en la liturgia transforma el Libro en Palabra. En la tradición alejandrina hay una doble epíclesis, es decir una invocación del Espíritu antes de la proclamación de las lecturas y una segunda después de la homilía
[44]: es el Espíritu que guía el presidente en la misión profética de comprender, proclamar y explicar adecuadamente la Palabra de Dios a la asamblea y, paralelamente, lo lleva a invocar una justa y digna recepción de la Palabra de parte de la comunidad reunida.
— La asamblea litúrgica, gracias al Espíritu Santo, escucha a Cristo, «pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien habla» (SC 7) y acepta la alianza que Dios renueva con su pueblo. Escritura y liturgia convergen, por lo tanto, en el único fin de llevar al pueblo al diálogo con el Señor. La Palabra que sale de la boca de Dios y es atestiguada en las Escrituras vuelve a Él en forma de respuesta orante del pueblo (cf. Is 55, 10-11).
— En la liturgia, y principalmente en la asamblea eucarística, tiene lugar la proclamación de la Escritura en Palabra, caracterizada por un dinamismo dialógico profundo. Desde el comienzo, en la historia del pueblo de Dios, tanto en el tiempo bíblico como en el post-bíblico, la Biblia ha sido siempre el Libro destinado a regir la relación entre Dios y su pueblo; es decir, el libro para el culto y la oración. En efecto, la liturgia de la Palabra «no es tanto un momento de meditación y de catequesis, sino que es el diálogo de Dios con su pueblo, en el cual son proclamadas las maravillas de la salvación y propuestas siempre de nuevo las exigencias de la alianza»
[45].
— Importante para toda la Iglesia, pero sobre todo para la vida consagrada, es, dentro de la relación Palabra-liturgia, la oración del Oficio Divino. La Liturgia de las Horas ha de ser asumida como lugar privilegiado de formación a la oración, especialmente gracias a los Salmos, en los cuales se manifiesta en modo evidente el carácter divino-humano de la Escritura. Los Salmos enseñan a rezar conduciendo quien los canta o recita a escuchar, interiorizar e interpretar la Palabra de Dios.
— Acoger la Palabra de Dios en la oración litúrgica, además de hacerlo en la oración personal y comunitaria, es un objetivo ineludible para todos los cristianos, por lo cual ellos están llamados a tener una nueva visión de la Sagrada Escritura. Más que un Libro escrito, ha de ser considerada como una proclamación y una atestiguación del Espíritu Santo sobre la persona de Cristo, según la afirmación conciliar ya citada, «presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien habla» (SC 7). De ello se deriva que «en la celebración litúrgica, la importancia de la Sagrada Escritura es sumamente grande» (SC 24).
Palabra de Dios y Eucaristía
35. Mientras en la praxis la liturgia de la Palabra aparece con frecuencia improvisada y a veces no suficientemente conectada con la Liturgia Eucarística, la íntima unidad entre Palabra y Eucaristía tiene su raíz en el testimonio de la Escritura (cf. Jn 6), según lo atestiguan los Padres de la Iglesia y confirma el Concilio Vaticano II (cf. SC 48.51.56; DV 21.26; AG 6.15; PO 18; PC 6). En la grande Tradición de la Iglesia encontramos expresiones significativas como: «Corpus Christi intelligitur etiam [...] Scriptura Dei» (también la Escritura de Dios se considera Cuerpo de Cristo)
[46], «ego Corpus Iesu Evangelium puto» (considero el Evangelio Cuerpo de Jesús)[47].
La creciente consciencia de la presencia de Cristo en la Palabra favorece tanto la preparación inmediata a la celebración eucarística como la unión con el Señor en las celebraciones de la Palabra. Por lo tanto, este Sínodo se ubica en relación de continuidad con el precedente sobre la Eucaristía e invita a una reflexión específica sobre la relación entre Palabra de Dios y Eucaristía
[48]. Afirma San Jerónimo: «la carne del Señor, verdadero alimento, y su sangre, verdadera bebida, constituyen el verdadero bien que nos está reservado en la vida presente: nutrirse de su carne y beber su sangre, no solo en la Eucaristía, sino también en la lectura de la Sagrada Escritura. En efecto, la Palabra de Dios es verdadero alimento y verdadera bebida, que se alcanza a través del conocimiento de las Escrituras»[49].
Palabra y economía sacramental
36. La Palabra debe ser vivida en la economía sacramental, como recepción de potencia y de gracia, no solo como comunicación de verdad, de doctrina y de precepto ético. Ella suscita un encuentro en quien escucha con fe, que se transforma en celebración de la alianza.
La misma atención deberá prestarse a toda forma de encuentro con la Palabra en la acción litúrgica: en los sacramentos, en la celebración del Año Litúrgico, en la Liturgia de las Horas, en los sacramentales. En particular, se ha de prestar atención a la Liturgia de la Palabra en la celebración de los tres sacramentos de la Iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. Se pide una nueva consciencia acerca del anuncio de la Palabra de Dios en la celebración, especialmente en la individual, del sacramento de la Penitencia. La Palabra de Dios debe ser también valorizada en la diversas formas de la predicación y de la piedad popular.
Incidencias pastorales
37. El primer lugar en la atención pastoral corresponde a la Eucaristía, en cuanto «mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo» íntimamente unidos (DV 21), principalmente en el Día del Señor. La Eucaristía «es el lugar privilegiado donde la comunión es anunciada y cultivada constantemente»
[50]. Si se considera además que para la mayoría de los cristianos la Misa dominical es actualmente el único momento de encuentro sacramental con el Señor, ella debe ser vista como un don y una tarea que se ha de promover, con pasión pastoral, con celebraciones auténticas y gozosas. La Eucaristía celebrada según esta íntima fusión de Palabra, sacrificio y comunión constituye un objetivo primario del anuncio y de la vida cristiana.
Se ha de dedicar especial empeño en favor de un desarrollo armónico de las diversas partes de la liturgia de la Palabra: anuncio de las lecturas, homilía, profesión de fe y oración de los fieles, enfatizando la íntima conexión con la liturgia eucarística
[51] Aquel de quien hablan los textos se hace presente en el sacrificio total de sí mismo al Padre.
Es necesario valorizar las Introducciones, que explican el contenido de la liturgia, en particular los Praenotanda del Misal Romano, las Anáforas orientales, el Ordo Lectionum Missae, los Leccionarios, el Oficio Divino, y hacer de todo ello el objeto de formación litúrgica de los Pastores y de los fieles, junto con la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II.
También sobre la traducción se exige una menor fragmentación de los pasajes y más fidelidad al texto original. Se recuerda que en la liturgia, rito y palabra deben permanecer íntimamente vinculados (cf. SC 35). Por ello, el encuentro con la Palabra de Dios ha de tener lugar en la especificidad de los signos que corresponden a la celebración litúrgica. Tal es el caso, por ejemplo, de la colocación del ambón, el cuidado por los libros litúrgicos, un estilo adecuado de lectura, la procesión e incensación del Evangelio.
Además, se prestará la máxima atención a la liturgia de la Palabra con la proclamación clara y comprensible de los textos, con la homilía que de la Palabra se hace resonancia
[52]. Esto implica disponer de lectores capaces, preparados. Con esta finalidad sirven escuelas, también diocesanas para la formación de lectores. Según esta óptica, orientada siempre a una mejor comprensión de la Palabra de Dios en la Misa, resultan útiles breves admoniciones que presentan el sentido de las lecturas que se proclaman.
Sobre la homilía se espera un mayor empeño en la fidelidad a la palabra bíblica y a la condición de los fieles, ayudándolos a interpretar los eventos de la vida y de la historia a la luz de la fe. La homilía no debería limitarse exclusivamente al aspecto bíblico, sino que sería oportuno que incluyese también temas dogmáticos y morales fundamentales. Con esta finalidad resulta indispensable una adecuada formación de los futuros ministros. Se recomienda que la comunicación de la Palabra de Dios tenga lugar junto con el canto y la música, valorizando palabras y silencio; fuera de la liturgia son posibles formas de dramatización de la Palabra de Dios con la ayuda de escritos e imágenes y también de obras artísticamente decorosas como, por ejemplo, el teatro.
Es deseable que las comunidades religiosas, especialmente las monásticas, ayuden a las comunidades parroquiales a descubrir y a gustar la Palabra de Dios en la celebración litúrgica. Acerca del Oficio Divino con la Liturgia de las Horas, a la cual el pueblo se muestra dispuesto a participar, hoy es indispensable reflexionar sobre el modo de hacer pastoralmente más adecuado y accesible a los fieles este excelente canal de la Palabra de Dios.
La Lectio Divina
38. El encuentro orante con la Palabra de Dios dispone de una experiencia privilegiada, tradicionalmente llamada Lectio Divina. «La Lectio Divina es una lectura, individual o comunitaria, de un pasaje más o menos largo de la Escritura, acogida como Palabra de Dios, y que se desarrolla bajo la moción del Espíritu en meditación, oración y contemplación»
[53].
Puede decirse que en todas la Iglesias se constata una nueva y específica atención a la Lectio Divina. En algunos lugares es una tradición secular. En ciertas diócesis, después del Concilio Vaticano II se fue afirmando progresivamente. En tantas comunidades se está transformando en una nueva forma de oración y de espiritualidad cristiana, con notables ventajas ecuménicas. Se advierte, por otra parte, la necesidad de una adecuación de la forma clásica a las diversas situaciones, teniendo en cuenta las posibilidades reales de los fieles, en modo de conservar la esencia de esta lectura orante, pero al mismo tiempo favorecer su calidad de alimento nutriente para la fe de todos.
Vale la pena recordar que la Lectio Divina es una lectura de la Biblia, que se remonta a los orígenes cristianos y que ha acompañado la Iglesia en su historia. Permanece viva en la experiencia monástica, pero hoy el Espíritu, a través del Magisterio, la propone como elemento pastoralmente significativo y que ha se ser valorizada en la vida de la Iglesia, para la educación y la formación espiritual de los presbíteros, para la vida cotidiana de las personas consagradas, para las comunidades parroquiales, para las familias, para asociaciones y movimientos, para los fieles en general, adultos y jóvenes, que pueden encontrar en esta forma de lectura un medio accesible y practicable para entrar personal y comunitariamente en la Palabra de Dios (cf. OT 4)
[54].
Escribe el Papa Juan Pablo II: «Es necesario, en particular, que la escucha de la Palabra se convierta en un encuentro vital, en la antigua y siempre válida tradición de la Lectio Divina, que permite encontrar en el texto bíblico la palabra viva que interpela, orienta y modela la existencia»
[55]. El Santo Padre Benedicto XVI explica que esto ha de realizarse «mediante la utilización de métodos nuevos, adecuados a nuestro tiempo y ponderados atentamente»[56]. En particular el Sumo Pontífice recuerda a los jóvenes que «siempre es importante leer la Biblia de un modo muy personal, en una conversación personal con Dios, pero al mismo tiempo es importante leerla en compañía de las personas con quienes se camina»[57]. Exhorta «a adquirir intimidad con la Biblia, a tenerla a mano, para que sea [...] como una brújula que indica el camino a seguir»[58]. El Santo Padre Benedicto XVI tiene en especial consideración la difusión de la Lectio Divina y para él es el punto decisivo en vista de una renovación de la fe hoy. Ello aparece claramente en el mensaje dirigido a diversas categorías de personas, especialmente a los jóvenes, a quienes sugiere: «quisiera recordar y recomendar sobre todo la antigua tradición de la Lectio Divina: la lectura asidua de la sagrada Escritura acompañada por la oración realiza el coloquio íntimo en el que, leyendo, se escucha a Dios que habla y, orando, se le responde con confiada apertura del corazón (cf. DV 25). Estoy convencido de que, si esta práctica se promueve eficazmente, producirá en la Iglesia una nueva primavera espiritual. Por eso, es preciso impulsar ulteriormente, como elemento fundamental de la pastoral bíblica, la Lectio Divina, también mediante la utilización de métodos nuevos, adecuados a nuestro tiempo y ponderados atentamente. Jamás se debe olvidar que la Palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero (cf. Sal 119, 105)»[59].
La novedad de la Lectio Divina en el pueblo de Dios exige una oportuna pedagogía de iniciación, que ayude a comprender bien de qué se trata y contribuya a aclarar el sentido de los diversos grados y su aplicación fiel y sabiamente creativa. De hecho, existen diversos procedimientos, como el llamado de los Siete Pasos (Seven Steps), practicado en muchas Iglesias particulares en África. Se llama así porque el encuentro con la Biblia es como un camino constituido por siete momentos: presencia de Dios, lectura, meditación, pausa reflexiva, comunicación, coloquio, oración común. El mismo nombre de Lectio Divina es en diversos lugares modificado, por ejemplo, en Escuela de la Palabra o bien Lectura orante.
Principalmente, se ha de tener presente que el oyente / lector de hoy es diverso de aquel del pasado, vive una situación de rapidez y de fragmentación. Esto exige una formación preclara, paciente y continua, entre los presbíteros, las personas de vida consagrada y los laicos. Objetivos útiles ya puestos en práctica, pueden ser el compartir experiencias, motivadas por la Palabra escuchada (collatio)
[60], o las decisiones prácticas, especialmente aquellas que se refieren a la caridad (actio).
La Lectio Divina debe poder transformarse en fuente que inspira las diversas prácticas de la comunidad cristiana, como ejercicios espirituales, retiros, devociones y experiencias religiosas. Un objetivo importante es hacer madurar la persona en la lectura de la Palabra, hacerla capaz de un discernimiento sapiencial de la realidad. La Lectio Divina no es una práctica para ser reservada a algunos fieles muy empeñados o a un grupo dedicado a la oración. Ella es una realidad sin la cual no seremos auténticos cristianos en un mundo secularizado. Este mundo exige personalidades contemplativas, atentas, críticas y valientes. Ello supone en cada circunstancia opciones nuevas e inéditas. Requerirá también intervenciones particulares que no vienen del simple modo habitual de proceder ni de la opinión común, sino de la escucha de la Palabra del Señor y de la percepción misteriosa del Espíritu Santo en el corazón.
La Palabra de Dios y el servicio de la caridad
39. La diakonia o servicio de la caridad es una vocación de la Iglesia de Jesucristo, en correspondencia con la caridad que el Verbo de Dios ha manifestado con sus palabras y con sus obras.
Es necesario que la Palabra de Dios lleve al amor del prójimo. En muchas comunidades se afirma que el encuentro con la Palabra no se agota en la escucha y en la celebración en sí misma, sino que está orientado al empeño concreto, personal y comunitario, hacia el mundo de los pobres, en cuanto signo de la presencia del Señor. En esta óptica, se alude a la visión liberacionista de la Biblia, para cuyo ulterior desarrollo y fecundidad en la Iglesia «un factor decisivo será poner en claro los presupuestos hermenéuticos, sus métodos y su coherencia con la fe y la tradición del conjunto de la Iglesia»
[61].
Urge iluminar esta relación entre Palabra de Dios y caridad, en cuanto la caridad, para los creyentes y también para los no creyentes, contiene una potente tensión hacia la Palabra de Dios. Esta relación es afirmada en la Encíclica del Santo Padre Benedicto XVI
Deus caritas est, que presenta unidos los tres elementos que constituyen la naturaleza profunda de la Iglesia: proclamación de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebración de los sacramentos (leitourgia) y ejercicio del ministerio de la caridad (diakonia). Escribe Su Santidad: «La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra»[62]. La Encíclica Spe salvi afirma que «el mensaje cristiano no es sólo “ informativo”, sino “performativo”. Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida»[63]. Claramente en la base de esta relación entre Palabra y caridad está la misma Palabra hecha carne, Jesús de Nazaret que «pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él» (Hch 10, 38).
Dado que tantas páginas de la Sagrada Escritura no solo sugieren, sino que ordenan el respeto de la justicia hacia el prójimo (cf. Dt 24, 14-15; Am 2, 6-7; Jer 22, 13; St 5, 4), habrá fidelidad a la Palabra cuando la primera forma de caridad se realice en el respeto de los derechos de la persona humana, en la defensa de los oprimidos y de los que sufren. A este propósito se tenga presente la importancia de las comunidades de fe, formadas también por pobres y animadas por la lectura de la Biblia. Es necesario dar consolación y esperanza a los pobres del mundo. El Señor, que ama la vida, con su Palabra desea iluminar, guiar y confortar toda la vida de los creyentes en cada circunstancia, en el trabajo y en la fiesta, en el sufrimiento, en el tiempo libre, en los empeños familiares y sociales, y en cada situación de la vida, de modo que cada uno pueda discernir en cada caso y optar por lo que es bueno (cf. 1 Tes 5, 21), reconociendo así la voluntad de Dios y poniéndola en práctica (cf. Mt 7, 21).
La exégesis de la Sagrada Escritura y la teología
40. «La Escritura debe ser el alma de la teología» (DV 24). Indudablemente los frutos alcanzados en este ámbito, después del Concilio Vaticano II, nos llevan a alabar al Señor. Hoy emerge como un punto relevante el empeño de un gran número de exégetas y teólogos que estudian y explican las Escrituras “según el sentido de la Iglesia”, interpretando y proponiendo la Palabra escrita de la Biblia en el contexto de la Tradición viva, valorizando de este modo la heredad de los Padres, teniendo en cuenta las indicaciones del Magisterio (cf. DV 12) y colaborando solícitamente con el servicio de los Pastores, mereciendo así una palabra de agradecimiento y estímulo
[64].
Por una parte, dado que la Palabra de Dios ha plantado su tienda en medio a nosotros (cf. Jn 1, 14), es indudable que el Espíritu nos impulsa a meditar sobre los nuevos itinerarios que ella quiere cumplir entre los hombres de nuestro tiempo, mientras, por otra parte, el mismo Espíritu invita a dar respuesta a las esperanzas y desafíos que la humanidad de hoy pone a la Palabra. De todo ello se derivan algunos nuevos empeños tanto a nivel de estudio, como a nivel de servicio a la comunidad.
Resulta indispensable articular el estudio según las indicaciones del Magisterio, ya sea en cuanto al conocimiento y el uso del método de investigación, ya sea en cuanto al proceso interpretativo, que debe culminar en la plenitud dada por el sentido espiritual del Texto sagrado
[65]. Se pide que sea superada la distancia que se advierte entre la investigación exegética y la elaboración teológica, en favor de una recíproca colaboración: el teólogo debe usar el dato bíblico sin instrumentalizarlo, mientras el exégeta no debe limitar su investigación solamente a los datos literarios sino que debería empeñarse en reconocer y comunicar los contenidos teológicos presentes en el texto inspirado. En particular, se pide al teólogo que se dedique a una teología de la Sagrada Escritura, que ayude a comprender y a valorizar la verdad de la Biblia en la vida de fe y en el diálogo con las culturas, reflexionando sobre las actuales tendencias antropológicas, sobre las instancias morales, sobre la relación entre razón y fe y sobre el diálogo con las grandes religiones.
Entre los puntos de referencia del trabajo exegético y teológico han de ser valorizados los testigos de la Sagrada Tradición, como la liturgia y los Padres de la Iglesia. De los estudiosos la comunidad cristiana espera “adecuados subsidios”, que ayuden a los ministros de la divina Palabra a ofrecer al pueblo de Dios «el alimento de las Escrituras, que alumbre el entendimiento, confirme la voluntad, encienda el corazón en amor a Dios» (DV 23). Con esta finalidad se espera un intenso y constructivo diálogo entre exégetas, teólogos y pastores. Este diálogo permitiría traducir la reflexión teológica en propuestas de evangelización más incisivas. En esta óptica global se llama la atención sobre las líneas ya trazadas por el Decreto del Concilio Vaticano II Optatam totius, a propósito de la enseñanza de la teología y de la exégesis bíblica y del reflejo de la metodología útil para formar a los futuros pastores. Las orientaciones propuestas en este documento todavía esperan en gran parte ser aplicadas.
La Palabra de Dios en la vida del creyente
41. Aceptar conscientemente que la Palabra de Dios es un don de inestimable valor determina la responsabilidad de la recepción de la fe. Dado que la escucha de la Palabra se orienta —como dice Jesús— a actuar la Palabra (cf. Mt 7, 21), la Iglesia ha siempre propuesto una conducta de vida coherente, en vista de la formación de una espiritualidad bíblica.
El tipo de relación con la Palabra de Dios es claramente determinado por una visión de la fe. Del análisis de la experiencia se nota cómo la Biblia, para algunos, corre el riesgo de ser vista como un mero objeto cultural, sin incidencia en la vida, para otros, en cambio, la Biblia es un libro que aman, sin saber el motivo. Existe, además, como en relación a los diversos terrenos de la parábola del sembrador, quien da fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento (cf. Mc 4, 20). Tiene fundamento afirmar que el progreso espiritual, junto con el catequístico, constituye uno de los aspectos más bellos y prometedores del encuentro de la Palabra de Dios con su pueblo.
Las razones de una relación vital con la Biblia fueron sintetizadas por la Dei Verbum, según la cual es necesario leer y estudiar asiduamente la Escritura (cf. DV 25), porque la Biblia es «fuente límpida y perenne de vida espiritual» (DV 21). Para una genuina espiritualidad de la Palabra, ha de recordarse que «a la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre, pues “a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras”
[66]» (DV 25). Confirma San Agustín: «Tu oración es tu palabra dirigida a Dios. Cuando lees la Biblia es Dios quien te habla; cuando oras eres tu quien hablas con Dios»[67]. Es necesario iluminar a los fieles acerca de lo que ofrece la lectura de la Biblia hecha con fe en la vida del cristiano, si él mismo sabrá hacer de su corazón una biblioteca de la Palabra[68].
La Palabra de Dios ayuda a la vida de fe, no en cuanto expone primariamente un compendio de cuestiones doctrinales o una serie de principios éticos, sino en cuanto expresa fundamentalmente el amor de Dios, que invita al encuentro personal con él y manifiesta su inexpresable grandeza en el evento pascual. La Palabra de Dios propone un proyecto de salvación del Padre para cada persona y para cada pueblo. Ella interpela, exhorta, estimula a un camino de discipulado y de seguimiento, dispone a aceptar la acción transformadora del Espíritu, favorece ampliamente la fraternidad creando vínculos profundos, lleva a un empeño evangelizador. Todo esto vale en particular para las personas consagradas.
Esto lleva a prestar una atenta consideración a algunas actitudes. En primer lugar, la Palabra de Dios ha de ser encontrada con el ánimo del pobre, interior y también exteriormente, como «nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de enriqueceros con su pobreza» (2 Co 8, 9), con un modo de ser, basado en el de Jesús que escucha la Palabra del Padre y la anuncia a los pobres (cf. Lc 4, 18). Hay personas, en particular mujeres, que trabajan en condiciones difíciles, se dedican al hogar, se preocupan por los hijos, sirven de diversas maneras a sus vecinos, y todo lo hacen con una fe viva y una referencia espontánea a los salmos y a los Evangelios. Es un modo de dar un testimonio de vida que da credibilidad a la lectura de la Biblia.
Los maestros espirituales recuerdan las condiciones, gracias a las cuales la Palabra nutre la vida del creyente, generando la espiritualidad bíblica: la interiorización profunda de la Palabra; la perseverancia en las pruebas, suscitada por la Palabra; finalmente la lucha espiritual contra las palabras, los pensamientos, las conductas falsas u hostiles. También la Biblia se despliega bajo el signo de la cruz, es morada del Crucifijo. Estas actitudes son atestiguadas por las comunidades religiosas y por los centros de espiritualidad, que son una válida ayuda para una experiencia profunda de la Palabra de Dios.
TERCERA PARTE
LA PALABRA DE DIOS EN LA MISIÓN DE LA IGLESIA
«Vino a Nazará, donde se había criado, entró, según su costumbre, en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías, desenrolló el volumen y halló el pasaje donde está escrito:“El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”. Enrolló el volumen, lo devolvió al ministro y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. Comenzó, pues, a decirles: “Esta Escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy”» (Lc 4, 16-21).
La misión de la Iglesia
42. Al anunciar la Buena Noticia la misión de la Iglesia está estrechamente vinculada a la experiencia de la Palabra de Dios en la vida. En la escuela de la misma Palabra encarnada la Iglesia tiene consciencia que la frecuentación de Cristo es, por mandato del mismo Señor, una palabra, una experiencia de vida que se ha de comunicar a todos. Hoy la misión de la Iglesia, al servicio de la Palabra de Dios, está orientada a diversos ámbitos: pueblos y grupos humanos, contextos socio-culturales en los cuales Cristo y su Evangelio no son conocidos o todavía no se encuentran bien enraizados; comunidades cristianas fervientes de fe y de vida; situaciones de enteros grupos de bautizados que no se reconocen miembros de la Iglesia, conduciendo una existencia lejana de Cristo y de su Evangelio
[69]. Es necesario, por lo tanto, reflexionar adecuadamente sobre este diversificado dinamismo misionario de la Palabra de Dios en la Iglesia.
CAPÍTULO SEXTO
Para un «fácil acceso a la Sagrada Escritura» (DV 22)
La misión de la Iglesia es proclamar la Palabra y construir el Reino de Dios
43. La misión de la Iglesia al comienzo de este nuevo milenio es nutrirse de la Palabra, para ser sierva de la Palabra en el empeño de la evangelización
[70].
El anuncio del Evangelio es, sin lugar a dudas, la razón de ser de la Iglesia y de su misión. Esto implica que ella vive lo que predica. Esta es la vía decisiva para que aparezca creíble aquello que proclama, a pesar de las debilidades y de la pobreza. El pueblo de Israel, cuando respondía a la Palabra de Dios, decía: «Obedeceremos y haremos todo cuanto ha dicho Yahvé» (Ex 24, 7); también Jesús invitaba a esta respuesta a sus discípulos al concluir el Discurso de la Montaña (cf. Mt 7, 21-27).
El anuncio de la Palabra de Dios, en la escuela de Jesús, tiene como fuerza intima y contenido el Reino de Dios (cf. Mc 1, 14-15). El Reino de Dios es la misma Persona de Jesús, que con las palabras y las obras ofrece a todos los hombres la salvación. Predicando a Jesucristo, la Iglesia participa, por lo tanto, en la construcción del Reino de Dios, ilumina el dinamismo de la semilla del Reino que germina (cf. Mc 4, 27) e invita a todos a recibirlo.
El «¡Ay de mí si no predico el Evangelio!» (1 Co 9, 16) de San Pablo resuena también hoy en la Iglesia con urgencia y es para todos los cristianos no en una simple información, sino una llamada al servicio del Evangelio para el mundo. En efecto, como dice Jesús, «la mies es mucha» (Mt 9, 37) y diversificada: existen muchos que no han jamás recibido el Evangelio y están a la espera del primer anuncio, especialmente en los continentes de África y de Asia; hay también otros que se han olvidado del Evangelio y esperan una nueva evangelización. Dar un testimonio claro y compartido sobre una vida según la Palabra de Dios, atestiguada por Jesucristo, constituye un criterio indispensable para verificar la misión de la Iglesia.
En verdad no faltan las dificultades que impiden el camino en el anuncio del Evangelio y en la escucha del Señor. Varios son los motivos: la cultura actual, llevada por diversas razones al relativismo y al secularismo; las múltiples solicitaciones del mundo y el activismo de la vida que sofocan el espíritu, por lo cual se nota una cierta dificultad para vivir interiormente el mensaje evangélico; la falta de subsidios bíblicos que no permite en tantas regiones el uso del Texto bíblico, su traducción y su difusión. Se encuentran además, en particular, obstáculos, como las sectas y el fundamentalismo, que impiden una correcta interpretación de la Biblia. Anunciar la Palabra de Dios es una misión importante que implica un sentir cum Ecclesia, profundo y convencido.
Uno de los primeros requisitos para un eficaz anuncio evangélico es la confianza en la potencia transformante de la Palabra en el corazón de quien la escucha. En efecto, «viva es la Palabra de Dios y eficaz [...] discierne sentimientos y pensamientos del corazón» (Hb 4, 12). Un segundo requisito, hoy particularmente necesario y creíble, es anunciar la Palabra de Dios como fuente de conversión, de justicia, de esperanza, de fraternidad y de paz. Otros requisitos son la franqueza, el coraje, el espíritu de pobreza, la humildad, la coherencia y la cordialidad de quien sirve a la Palabra de Dios. Escribe San Agustín: «Es fundamental comprender que la plenitud de la Ley, como también de todas las divinas Escrituras, es el amor [...] por lo tanto, quien cree haber comprendido las Escrituras, o al menos una parte cualquiera de ellas, sin empeñarse a construir, con el entendimiento de las mismas, este doble amor a Dios y al prójimo, demuestra no haberlas aún comprendido»
[71]. En síntesis, como afirma el Santo Padre Benedicto XVI, recibiendo la Palabra de Dios, que es amor, se sigue que no se puede verdaderamente anunciar al Señor sin una práctica del amor, en el ejercicio de la justicia y de la caridad[72].
La misión de la Iglesia se cumple en la evangelización y en la catequesis
44. Desde siempre en la historia del pueblo de Dios el anuncio de la Palabra tiene lugar a través de la evangelización y de la catequesis. A partir del Concilio Vaticano II, es evidente que entre la Biblia y la evangelización en sus diversas formas, desde el primer anuncio hasta la catequesis, existe una relación muy estrecha. Por ello, los Catecismos nacionales y los Directorios que los inspiran son bíblicamente cualificados y muestran en el primer lugar la Palabra de Dios tomada de la Escritura. Se piden aclaraciones especialmente en relación a un punto central: la integración de la comprensión de la fe, propuesta por la Tradición y por el Magisterio, con el Texto bíblico.
En principio, se ha de recordar en su nitidez la afirmación conciliar: «El ministerio de la Palabra, que incluye la predicación pastoral, la catequesis, toda la instrucción cristiana y en puesto privilegiado la homilía, recibe de la palabra de la Escritura alimento saludable y por ella da frutos de santidad» (DV 24). El Papa Juan Pablo II ha afirmado que «con esta atención a la palabra de Dios se está revitalizando principalmente la tarea de la evangelización y la catequesis»
[73]. El Directorio General para la Catequesis indica el exacto sentido de la “Palabra de Dios, fuente de la catequesis” afirmando: «La catequesis extraerá siempre su contenido de la fuente viva de la Palabra de Dios, transmitida mediante la Tradición y la Escritura»[74].
Es importante recomendar que en la catequesis la Palabra de Dios no sea reducida a un objeto de conocimiento como una materia escolástica. A la luz de la Revelación se deberá recordar que la Escritura ha de ser encontrada en la catequesis como acto con el cual Dios mismo se dirige a las personas, análogamente a lo que acontece en la celebración litúrgica. Se trata, gracias a los textos bíblicos, de hacer sentir la presencia fiel y benévola de Dios que no cesa de manifestarse a los hombres. Desde este punto de vista la catequesis está estrechamente vinculada con la Lectio Divina, en cuanto es experiencia de escucha y de oración de la Palabra de Dios, desde la juventud.
45. Operativamente, se han de tener presentes las formas de comunicación de la Palabra de Dios y al mismo tiempo las exigencias siempre nuevas de los fieles en las diversas edades y condiciones espirituales, culturales y sociales, como indican el Directorio General para la Catequesis y los Directorios catequísticos de las Iglesias particulares
[75].
La evangelización tiene como canales privilegiados el ciclo del Año litúrgico, el camino de la iniciación cristiana y la formación permanente
[76]. La catequesis catecumenal y mistagógica conduce a una fecunda mentalidad bíblica, que permite también alumbrar eficazmente la religiosidad popular a través de la Palabra de Dios, de la cual ella frecuentemente se nutre. Un papel importante reviste el encuentro directo con la Sagrada Escritura. Esto es un objetivo primario. La catequesis «ha de estar totalmente impregnada por el pensamiento, el espíritu y las actitudes bíblicas y evangélicas, a través de un contacto asiduo con los mismos textos»[77].
Por su peculiar importancia cultural ha de ser valorizada la enseñanza de la Biblia en la escuela y especialmente en la enseñanza de la religión, para proponer un camino completo de búsqueda de los grandes textos bíblicos y de los métodos de interpretación adoptados en la Iglesia. Con tal finalidad el Catecismo de la Iglesia Católica es «un instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial, y una regla segura para la enseñanza de la fe»
[78]. No se pretende con esto sustituir la catequesis bíblica, sino integrarla en la visión completa de la Iglesia.
Dados los fuertes cambio culturales y sociales que se han verificado, es necesaria una catequesis que ayude a explicar las “páginas difíciles” de la Biblia. Estas dificultades se detectan en el orden de la historia, de la ciencia y de la vida moral, en particular, con respecto a ciertos modos de representación de Dios y de comportamiento ético del hombre, especialmente en el Antiguo Testamento. La búsqueda de una solución exige una reflexión orgánica de carácter exegético-teológico, pero también antropológico y pedagógico.
Finalmente, la predicación en las formas más variadas continúa siendo uno de los medios preeminentes de comunicación de la fe en la Iglesia, aún cuando es también la forma más expuesta al juicio de los fieles. Es necesario pensar en un proyecto estratégico de formación en vista de la predicación de la Palabra (cf. DV 25). En cuanto al proceso de comunicación la Exhortación Apostólica
Evangelii nuntiandi del Papa Pablo VI, conserva plena actualidad, en particular cuando declara que ha de ser reconocido el primado del testimonio personal en el anuncio de la Palabra de Dios y de su transmisión en estructuras familiares o en los ambientes habitualmente frecuentados por cada uno.
CAPÍTULO SÉPTIMO
La Palabra de Dios en los servicios y en la formación del pueblo de DiosUn contacto continuo con las Escrituras (cf. DV 25)
Un empeño pastoral esencial se refiere a la formación de los fieles para recibir y dar la Palabra de Dios. Es lo que se lee claramente en la Dei Verbum, que recuerda el múltiple valor de la Palabra de Dios e indica con precisión las tareas, los responsables y el camino formativo.
El hambre y la sed de la Palabra de Dios (cf. Am 8, 11): atención a las necesidades del pueblo de Dios
46. Tales necesidades se pueden identificar como conocimiento, comprensión y práctica de la Palabra. En cuanto al conocimiento, la necesidad se refiere a la verdadera naturaleza de la Palabra y de sus canales, Escritura y Tradición, con el servicio que el Magisterio está llamado a prestar. Mucho ha sido hecho después del Concilio Vaticano II, pero es verdaderamente grande la necesidad de iluminación y de certeza sobre lo que la Revelación ofrece. En cuanto a la comprensión, es central el problema de la interpretación y de la inculturación de la Palabra de Dios, como ha sido afirmado anteriormente. Dificultades se encuentran acerca de la práctica de la Biblia. Tantos fieles no tienen todavía entre sus manos una traducción del texto bíblico.
Hoy, se perfilan otros problemas, que se han de tener presentes: la dificultad de leer, puesto que persiste el analfabetismo en varios lugares; el aprendizaje para muchos tiene lugar en la mayoría de los casos a través de canales visivos y auditivos, y por lo tanto, veloces y fragmentarios; en ciertas partes del mundo, la cultura religiosa dominante no tiene como referencia inmediata el Libro sagrado.
«La Sagrada Escritura nos muestra la admirablecondescendencia de Dios» (DV 13)
47. En este sentido es posible decir que el Espíritu sugiere a las Iglesias particulares retomar los documentos del Concilio Vaticano II, especialmente las cuatro Constituciones, con la Dei Verbum al centro, y hacer de ellos el objeto de la catequesis para todo el pueblo de Dios en las modalidades más adecuadas a las personas. Teología de la revelación, teología de la Escritura, relación entre Antiguo Testamento y Nuevo Testamento, pedagogía de Dios, son temas sustanciales, que solo una catequesis orgánica y cursos bíblicos estructurados pueden ilustrar.
Se tendrá presente también la necesidad de metodologías y subsidios. Existen muchas posibilidades de oír la Palabra de Dios. Lo esencial es que ella llegue a tocar verdaderamente los corazones, se transforme en una Palabra viviente y no sea solo una Palabra escuchada o conocida. Por ello nada puede reemplazar el trabajo personal, regular y paciente en la oración. Conviene estimular, adoptar subsidios simples y accesibles a todos. Diversos movimientos, entre los cuales la Acción Católica, proponen medios para unir la vida y la Palabra de Dios. Hoy son muchos, y generalmente bien pensados, los instrumentos y las técnicas para entrar en contacto con la Biblia: comentarios, introducciones a la Biblia, Biblias para niños y adolescentes, libros espirituales, revistas científicas y de divulgación, sin considerar el vastísimo campo de los medios, simples y complejos, al servicio de la comunicación de la Biblia. Es necesario hacerse entender y ofrecer a los hermanos y hermanas en la fe el pan de la Palabra. Con tal finalidad se advierte la necesidad de una solidaridad también en el plano material entre las Iglesias.
Aquí aparece la necesidad de pensar en modo nuevo y más correcto todo lo que se refiere a las nuevas formas de comunicación. La familiaridad con la Sagrada Escritura no es fácil. Como el ministro de la reina de Etiopía, para comprender lo que dice el texto es necesaria una pedagogía que, partiendo de la Escritura, abra la mente para comprender y aceptar la buena noticia de Jesús (cf. Hch 8, 26-40). Se hace necesario comenzar un camino y, sobre todo, inspirar formas creativas y evangélicas de actualización de la enseñanza de la Dei Verbum, que, a su vez, permita el acceso desde la fe, cuantitativa y cualitativamente, a la Palabra de Dios consignada en las Escrituras.
Los Obispos en el ministerio de la Palabra
48. El Concilio Vaticano II enseña que «los Obispos [...] deben instruir a sus fieles en el uso recto de los libros sagrados» (DV 25). Por lo tanto, esta tarea corresponde a los Obispos directamente en primera persona, ya sea como los que escuchan la Palabra, ya sea como servidores de la misma, según el propio munus docendi
[79]. El Obispo, en el mundo de comunicaciones, debe ser un comunicador dotado de sabiduría bíblica, no tanto por su erudición, sino más bien por su contacto frecuente con los libros sagrados, transformandose en un guía para todos aquellos que cotidianamente abren la Biblia. Haciendo de la Palabra de Dios y de la Sagrada Escritura el alma de la pastoral, el Obispo será capaz de llevar a los fieles al encuentro con Cristo, fuente viva. El Santo Padre Benedicto XVI ha relevado la necesidad de «educar al pueblo en la lectura y meditación de la Palabra de Dios», de modo que «ella se convierta en su alimento para que, por propia experiencia, vean que las palabras de Jesús son espíritu y vida (cf. Jn 6, 63) [...]. Hemos de fundamentar nuestro compromiso misionero y toda nuestra vida en la roca de la Palabra de Dios. Para ello, animo a los pastores a esforzarse en darla a conocer»[80]. Por lo tanto, el mejor modo para favorecer el gusto por la Sagrada Escritura es la misma persona del Obispo compenetrado de la Palabra de Dios. Él tiene la posibilidad continua de ayudar a los fieles a saborear la Escritura. Todas las veces que se dirige a los fieles, y en particular a los sacerdotes, puede dar algún ejemplo y prueba de Lectio Divina. Si él ha aprendido a hacerla correctamente y la presenta de manera simple, los fieles aprenderán. He aquí un objetivo cierto del ministerio de los Pastores: la práctica de la Biblia y todas las iniciativas que la promueven han de ser consideradas como camino eclesial y base de todas las devociones.
La tarea de los presbíteros y de los diáconos
49. También para los presbíteros y los diáconos el conocimiento y la familiaridad con la Palabra de Dios reviste un aspecto de primaria importancia en vista de la evangelización, a la que ellos están llamados en el propio ministerio. El Concilio Vaticano II afirma que necesariamente todos los clérigos, en primer lugar los presbíteros y los diáconos, deben mantener un contacto continuo con las Escrituras, mediante la sagrada lectura asidua y el estudio atento, de modo que no se transforme exteriormente en vano predicador de la Palabra de Dios quien no la escucha interiormente. (cf. DV 25; PO 4). Corresponde a esta doctrina conciliar la disposición canónica acerca el ministerio de la Palabra confiado a los presbíteros y a los diáconos como colaboradores del Obispo
[81].
De la frecuentación cotidiana de la Palabra ellos toman la luz necesaria para no conformarse con la mentalidad del mundo y para poder realizar un sano discernimiento personal y comunitario, de manera que puedan guiar con solicitud al pueblo de Dios en la acción apostólica según los caminos del Señor. Todo esto hace necesaria una educación y una formación pastoral iluminada por la Palabra. El desarrollo de las ciencias bíblicas junto con la variedad de las necesidades y la evolución de la situaciones pastorales exigen una actualización permanente.
La misión del anuncio determina el uso de iniciativas específicas, como por ejemplo, la valorización plena de la Biblia en los proyectos pastorales. En cada Diócesis un proyecto de pastoral bíblica, bajo la guía del Obispo, resulta útil para hacer entrar la Biblia en las actividades importantes de la Iglesia, en la evangelización y en la catequesis. De este modo se prestará atención para que sobre la Palabra de Dios se fundamente y se manifieste la comunión entre clérigos y laicos, y por lo tanto, entre parroquias, comunidades de vida consagrada y movimientos eclesiales.
En esta línea de servicio presbiteral, la formación en los seminarios requiere cada vez más un conocimiento vasto y actualizado, en exégesis y en teología, una formación no superficial en el uso pastoral de la Biblia, una verdadera iniciación a la espiritualidad bíblica, sin descuidar una educación orientada a promover una gran pasión por la Palabra al servicio del Pueblo de Dios. Es deseable, por lo tanto, que muchos clérigos se dediquen también a estudios académicos en Sagrada Escritura.
Los diversos ministros de la Palabra de Dios
50. La renovación bíblica y litúrgica ha revelado la necesidad de servidores de la Palabra de Dios, principalmente en la acción litúrgica y después en cada una de las otras formas de comunicación de la Biblia. En lo que se refiere al servicio litúrgico, el ministerio de la Palabra de Dios se desarrolla mediante la proclamación de las lecturas y sobre todo mediante la homilía. Ésta última corresponde solo al ministro ordenado, la proclamación en la liturgia es oficio propio del lector, que es un ministerio instituido, y en su ausencia es desarrollada por laicos, hombres y mujeres
[82]. En ciertos casos canónicamente previstos los laicos pueden ser admitidos a predicar en una iglesia u oratorio[83].
Entre los servidores de la Palabra han de ser contados los catequistas, los animadores de grupos bíblicos y cuantos tienen una misión formativa de los fieles en la liturgia, en la caridad, en la enseñanza religiosa de la escuela. El
Directorio General para la catequesis establece las funciones correspondientes. Pero esta atención a los cooperadores pastorales permanece viva en todas las Iglesias particulares, porque se advierte, por una parte la adhesión a la Escritura y por otra la dificultad de prestar este servicio.
La tarea de los laicos
51. Hechos miembros de la Iglesia por el bautismo y investidos de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, los fieles laicos comparten la misión salvífica que el Padre ha confiado a su Hijo para la salvación de todos los pueblos (LG 34-36)
[84]. Para ejercer su misión «los fieles laicos son hechos partícipes tanto del sobrenatural sentido de fe de la Iglesia, que “no puede equivocarse cuando cree” (LG 12), cuanto de la gracia de la palabra (cf. Hch 2, 17-18; Ap 19, 10). Son igualmente llamados a hacer que resplandezca la novedad y la fuerza del Evangelio en su vida cotidiana, familiar y social»[85]. De este modo ellos dan su contribución a la construcción del Reino de Dios con la fidelidad a su Palabra.
Corresponde a los laicos, para desarrollar su misión en el mundo, proclamar la Buena Noticia a los hombres en sus diversas situaciones de vida. En el estilo profético de Jesús de Nazaret, el anuncio de la Palabra «como una abertura a sus problemas, una contestación a sus preguntas, una ampliación de sus valores, al mismo tiempo que la satisfacción aportada a sus aspiraciones más profundas»
[86].
El laico en el camino con la Palabra de Dios no debe ser solamente un oyente pasivo, sino que debe participar activamente, en todos los campos donde entra la Biblia: en el estudio científico, en el servicio de la Palabra en ámbito litúrgico o catequístico y en la animación bíblica en los diversos grupos. El servicio de los laicos exige capacidades diversificadas que suponen una formación bíblica específica. Vale la pena recordar como tareas prioritarias: la Biblia en la iniciación cristiana de los niños, la Biblia para el mundo de los jóvenes, por ejemplo en las Jornadas Mundiales de la Juventud, la Biblia para los enfermos, para los soldados y para los encarcelados.
Un medio privilegiado para el encuentro con Dios que nos habla es la catequesis dentro de las familias con la profundización de alguna página bíblica y la preparación de la liturgia dominical. Continúa siendo válida la tarea de la familia de iniciar a los hijos en la Sagrada Escritura con la narración de las grandes historias bíblicas, especialmente de la vida de Jesús, y con la oración inspirada en los Salmos u otros libros revelados.
También a los movimientos o a los grupos, como asociaciones, agregaciones y nuevas comunidades, se ha de prestar gran atención. En efecto, aún siendo muy distintos entre ellos por los métodos y los campos de acción, todos ellos tienen como característica común el redescubrimiento de la Palabra de Dios y su colocación privilegiada en el proyecto espiritual- pedagógico para suscitar y nutrir la vida espiritual. Disponen de caminos formativos eficaces centrados en la asimilación existencial de la Palabra de Dios. Enseñan a vivir la liturgia y la oración personal dando grande atención a la Palabra, privilegiando la liturgia de la Iglesia. También la oración del Oficio y la Lectio Divina son practicadas como momentos de alimentación espiritual.
Se ha de verificar que en este fervoroso encuentro con la Palabra de Dios se exprese y se viva la comunión eclesial y la caridad hacia los fieles que no pertenecen a las agregaciones.
El servicio de las personas consagradas
52. En este camino de la Palabra de Dios en el pueblo cristiano tienen un papel específico las personas de vida consagrada. Ellas, como subraya el Concilio Vaticano II, «tengan, ante todo, diariamente en las manos la Sagrada Escritura, a fin de adquirir, por la lectura y la meditación de los sagrados Libros, “el sublime conocimiento de Jesucristo” (Flp 3, 8)» (PC 6) y para encontrar renovado impulso en sus actividades de educación y de evangelización, especialmente de los pobres, de los pequeños y de los últimos, a través de los escritos del Nuevo Testamento «sobre todo los Evangelios, que son “el corazón de todas las Escrituras” [...], promoviendo del modo más acorde al propio carisma escuelas de oración, de espiritualidad y de lectura orante de la Escritura»
[87].
Para las personas consagradas el Texto bíblico debe ser objeto de una cotidiana ruminatio y de confrontación para un discernimiento personal y comunitario en vista de la evangelización. Cuando el hombre comienza a leer las divinas Escrituras —afirmaba San Ambrosio— Dios vuelve a pasear con él en el paraíso terrestre
[88]. La lectura orante de la Palabra, hecha junto con jóvenes, es el camino para un renovado crecimiento vocacional y para un fecundo retorno al Evangelio y al espíritu de los fundadores, tanto auspiciado por el Concilio Vaticano II y recientemente repropuesto por el Santo Padre Benedicto XVI a las personas de vida consagrada[89]. En particular, las personas consagradas han de valorizar la evaluación de la vida comunitaria a la luz de la Palabra de Dios, que llevará a la comunión fraterna, al gozoso compartir de las experiencias de Dios en sus vidas y facilitará el crecimiento en la vida espiritual[90]. El Papa Juan Pablo II afirmaba: «La Palabra de Dios es la primera fuente de toda espiritualidad cristiana. Ella alimenta una relación personal con el Dios vivo y con su voluntad salvífica y santificadora. Por este motivo la Lectio Divina ha sido tenida en la más alta estima desde el nacimiento de los Institutos de vida consagrada, y de manera particular en el monacato. Gracias a ella, la Palabra de Dios llega a la vida, sobre la cual proyecta la luz de la sabiduría que es don del Espíritu»[91].
La Palabra de Dios debe estar siempre a disposición de todos
53. La Iglesia considera que «los fieles han de tener fácil acceso a la Sagrada Escritura» (DV 22)
[92], porque las personas tienen derecho a encontrar la verdad[93]. Hoy es un requisito indispensable para la misión. Dado que no raramente el encuentro con la Escritura corre el riesgo de no ser un hecho de Iglesia, sino que resulta expuesto al subjetivismo y a la arbitrariedad, es indispensable una promoción pastoral, consistente y creíble, sobre la Sagrada Escritura para anunciar, celebrar y vivir la Palabra en la comunidad cristiana, dialogando con las culturas de nuestro tiempo, poniéndose al servicio de la verdad, y no de las ideologías corrientes, e incrementando el diálogo que Dios quiere tener con todos los hombres (cf. DV 21).
Con tal finalidad, es necesario difundir la práctica bíblica con oportunos subsidios, suscitar el movimiento bíblico entre los laicos, cuidar la formación de los animadores de los grupos, con particular atención a los jóvenes
[94], proponiendo el conocimiento de la fe a través de la Palabra también a los inmigrantes y a cuantos buscan el sentido de la vida.
Dado que «El primer areópago del tiempo moderno es el mundo de la comunicación, que está unificando a la humanidad [...] la utilización de los mass media ha llegado a ser esencial para la evangelización y la catequesis [...] la Iglesia se sentiría culpable ante su Señor si no emplease esos poderosos medios [...] en ellos la Iglesia encuentra una versión moderna y eficaz del púlpito. Gracias a ellos puede hablar a las masas»
[95] (cf. IM 11). Se ha de dar amplio espacio, con sapiente equilibrio, a los métodos y a las nuevas formas de lenguaje y comunicación en la transmisión de la Palabra de Dios, como son: radio, TV, teatro, cine, música y canciones, incluyendo los nuevos medios como CD, DVD, internet, etc. No debe olvidarse que el buen uso de los medios de comunicación requiere un serio empeño y capacidad de parte de los operadores pastorales. Es necesario integrar el mensaje mismo en la “nueva cultura” creada por la comunicación moderna, con nuevos lenguajes, nuevas técnicas y nuevas actitudes psicológicas[96].
Es también conveniente recordar que desde 1968 existe y actúa la Federación Bíblica Católica mundial (CBF), instituida por el Papa Pablo VI al servicio de la difusión de las orientaciones del Concilio Vaticano II sobre la Palabra de Dios.
CAPÍTULO OCTAVO
La Palabra de Dios, gracia de comunión
La Palabra de Dios, vínculo ecuménico
54. La plena y visible unidad de todos los discípulos de Jesucristo es considerada por el Santo Padre Benedicto XVI una cuestión de primaria importancia que incide sobre el testimonio evangélico
[97]. Dos son las realidades que unen a los cristianos entre sí: la Palabra de Dios y el Bautismo. Acogiendo estos dones el camino ecuménico podrá encontrar su realización. El discurso de despedida de Jesús en el cenáculo pone en evidencia que esta unidad se manifiesta a través del común testimonio de la Palabra del Padre, ofrecida por el Señor (cf. Jn 17, 8). Afirma el Santo Padre Benedicto XVI: «La escucha de la Palabra de Dios es lo primero en nuestro compromiso ecuménico. En efecto, no somos nosotros quienes hacemos u organizamos la unidad de la Iglesia. La Iglesia no se hace a sí misma y no vive de sí misma, sino de la Palabra creadora que sale de la boca de Dios. Escuchar juntos la Palabra de Dios; practicar la Lectio Divina de la Biblia, es decir, la lectura unida a la oración; dejarse sorprender por la novedad de la Palabra de Dios, que nunca envejece y nunca se agota; superar nuestra sordera para escuchar las palabras que no coinciden con nuestros prejuicios y nuestras opiniones; escuchar y estudiar, en la comunión de los creyentes de todos los tiempos, todo lo que constituye un camino que es preciso recorrer para alcanzar la unidad en la fe, como respuesta a la escucha de la Palabra»[98].
En general, se nota con satisfacción que la Biblia es hoy el mayor punto de encuentro para la oración y el diálogo entre las Iglesias y comunidades eclesiales. Se ha tomado consciencia que la fe que nos une y los diversos acentos en la interpretación de la misma Palabra son una invitación a redescubrir juntos los motivos que han creado la división. Permanece, sin embargo, la convicción que los progresos alcanzados en el diálogo ecuménico con la Palabra de Dios pueden producir otros efectos benéficos. Una experiencia válida ha se ser subrayada en relación a los últimos decenios, es decir, el influjo positivo y reconocido de la Traduction oecuménique de la Bible (TOB), y la colaboración entre las diversas Asociaciones bíblicas cristianas, que han favorecido las buenas relaciones y el diálogo con diversas confesiones. Pero el hilo conductor que une el camino ecuménico desde el comienzo del siglo hasta nuestros días es la oración común de invocación a Dios, sostenida por el Espíritu Santo, que promueve entre los cristianos aquel ecumenismo espiritual, del cual el Concilio Vaticano II afirmaba: «Esta conversión del corazón y santidad de vida, junto con las oraciones públicas y privadas por la unidad de los cristianos, han de considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico» (UR 8).
La Palabra de Dios, fuente del diálogo entre cristianos y judíos
55. Una peculiar atención deber prestarse a las relaciones con el pueblo judío. Cristianos y judíos son juntos los hijos de Abraham, enraizados en la misma alianza, puesto que Dios, fiel a sus promesas, no ha revocado la primera alianza (cf. Rm 9, 4; 11, 29)
[99]. Confirma el Papa Juan Pablo II: «Este pueblo es convocado y guiado por Dios, creador del cielo y la tierra. Por consiguiente, su existencia no es meramente un hecho natural o cultural, en el sentido de que, por la cultura, el hombre desarrolla los recursos de su propia naturaleza. Más bien, se trata de un hecho sobrenatural. Este pueblo persevera a pesar de todo, porque es el pueblo de la alianza y porque, no obstante las infidelidades de los hombres, el Señor es fiel a su Alianza»[100]. Cristianos y judíos comparten gran parte del canon bíblico, aquellas “Sagradas Escrituras” (cf. Rm 1, 2) que los cristianos llaman Antiguo Testamento. Esta estrecha relación bíblicamente fundada ofrece al diálogo entre cristianos y judíos un carácter singular. A este respecto el importante documento de la Pontificia Comisión Bíblica: El pueblo judío y sus Escrituras Sagradas en la Biblia cristiana[101] induce a reflexionar sobre la estrecha conexión de fe, ya indicada por la Dei Verbum (cf. DV 14-16). Para comprender en modo adecuado la persona de Jesús de Nazaret es necesario reconocerlo como «hijo de ese pueblo»[102]; Jesús es judío y lo es para siempre.
Además, dos aspectos han de ser especialmente considerados. En primer lugar, la comprensión hebraica de la Biblia puede ser de ayuda para la comprensión y el estudio de parte de los cristianos
[103]. A veces, se han desarrollado —y se pueden aún desarrollar ulteriormente— modos de estudiar las Sagradas Escrituras junto a los judíos y aprender los unos de los otros, en el riguroso respeto de las diversidades. En segundo lugar, es necesario superar toda forma de posible antisemitismo. El mismo Concilio Vaticano II ha subrayado que «no se ha de señalar a los judíos como réprobos de Dios y malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras» (NA 4). Al contrario, siguiendo las huellas de Abraham podemos y debemos ser fuente de bendición los unos para los otros y para el mundo, como tantas veces ha subrayado el Papa Juan Pablo II[104].
El diálogo interreligioso
56. Haciendo referencia a cuanto ha expresado hasta hoy el Magisterio de la Iglesia (cf. AG 11; NA 2-4)
[105], y a las diversas contribuciones recibidas, se indican los siguientes puntos para una reflexión y evaluación. La Iglesia, enviada a llevar el Evangelio a todas las criaturas (cf. Mc 16, 15), encuentra el gran número de adherentes a otras religiones, ya sea las llamadas religiones tradicionales, ya sea aquellas que poseen libros sagrados con un propio modo de entenderlos; encuentra en todas partes personas en un camino de búsqueda o simplemente en espera de la Buena Noticia. A todos la Iglesia se siente deudora de la Palabra que salva (cf. Rm 1, 14). Desde un punto de vista positivo, se prestará atención a discernir las “semillas evangélicas”(semina Verbi) difundidas entre los pueblos, que pueden constituir una auténtica preparación evangélica[106]. Especialmente las religiones y las tradiciones espirituales que se imponen a la atención mundial por su antigüedad y difusión, como el hinduismo, el budismo, el jansenismo, el taoísmo, deben ser objeto de estudio de parte de los católicos, en vista de un diálogo respetuoso y leal.
En particular «la Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes, que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres» (NA 3). Como los cristianos y los judíos, también ellos se refieren a Abraham buscando imitarlo en su sumisión a Dios, al cual rinden culto sobre todo con la oración, la limosna y el ayuno. Aunque ellos no reconozcan a Jesús como Dios, lo veneran como profeta y honran a María su madre virginal (cf. NA 3). Esperan el día del juicio y aprecian la vida moral.
El diálogo de los cristianos con los musulmanes y con los miembros de otras religiones es una urgencia y permite conocerse mejor y colaborar en la promoción de los valores religiosos, éticos y morales, contribuyendo en la construcción de un mundo mejor.
El encuentro de Asís en 1986 recuerda que la escucha de Dios debe llevar a superar toda forma de violencia, para que tal escucha se mantenga activa en el corazón y en las obras para la promoción de la justicia y de la paz
[107]. Como ha dicho el Santo Padre Benedicto XVI «nosotros queremos buscar las vías de la reconciliación y aprender a vivir respetando cada uno la identidad del otro»[108].
Además, en las ocasiones, en que se trata de proceder a una comparación de la Biblia con los textos sagrados de las otras religiones, sería lamentable caer en sincretismos, paralelismos superficiales y deformaciones de la verdad, a causa de las diversas concepciones sobre la inspiración de tales textos sagrados.
Una especial atención ha de prestarse a las numerosas sectas, que actúan en diferentes continentes y se sirven de la Biblia para alcanzar objetivos desviados con métodos extraños a la Iglesia.
La Biblia no pertenece solamente a los cristianos, sino que es un tesoro para toda la humanidad. A través de un contacto fraterno y personal, ella puede ser fuente de inspiración para aquellos que no creen en Cristo.
La Palabra de Dios, fermento de las culturas modernas
57. En el curso de los siglos el libro de la Biblia ha entrado en las culturas, llegando a inspirar varios ámbitos del saber filosófico, pedagógico, científico, artístico y literario. El pensamiento bíblico ha penetrado tanto, que ha llegado a ser síntesis y alma de la misma cultura. Como afirmaba el entonces Cardenal Ratzinger en un comentario a la Encíclica Fides et Ratio: «Ya en la misma Biblia se encuentra un patrimonio de pensamiento religioso y filosófico pluralístico derivado de diversos mundos culturales. La Palabra de Dios se desarrolla en el contexto de una serie de encuentros mientras el hombre busca dar una respuesta a sus preguntas últimas. La Biblia no cayó directamente desde el cielo, sino que es verdaderamente una síntesis de las culturas»
[109]. Las influencias económicas y tecnológicas de inspiración secularista, potenciadas por el amplio servicio de los mass media, requieren un diálogo más intenso entre Biblia y cultura, diálogo a veces dialéctico, pero pleno de potencialidad para el anuncio, pues es rico de preguntas con sentido, que encuentran en la Palabra del Señor una respuesta liberadora.
Esto significa que la Palabra de Dios tiene que entrar como fermento en un mundo pluralista y secularizado, en los areópagos modernos, llevando «la fuerza del evangelio al corazón de la cultura y de las culturas»
[110] para purificarlas, elevarlas y transformarlas en instrumentos del Reino de Dios. Esto requiere una inculturación de la Palabra de Dios, realizada no con superficialidad, sino con una adecuada preparación en relación con las otras situaciones, de manera que aparezca la identidad del misterio cristiano y su benéfica eficacia hacia cada persona. En este contexto ha de ser atentamente estudiada la investigación de la llamada “historia de los efectos” (Wirkungsgeschichte) de la Biblia en la cultura y en el ethos común, por lo cual la Biblia justamente es llamada y considerada como “gran código”, especialmente en Occidente. El Santo Padre Benedicto XVI ha afirmado: «Hoy, más que nunca, la apertura recíproca entre las culturas es un terreno privilegiado para el diálogo entre hombres comprometidos en la búsqueda de un humanismo auténtico, por encima de las divergencias que los separan. También en el campo cultural el cristianismo ha de ofrecer a todos la fuerza de renovación y de elevación más poderosa, es decir, el amor de Dios que se hace amor humano»[111]. De todo esto se hacen cargo con gran empeño y mérito muchos centros culturales esparcidos en el mundo.
La Palabra de Dios y la historia de los hombres
58. Durante el Concilio Vaticano II el Papa Pablo VI describió a la Iglesia como «servidora de la humanidad»
[112] para orientar el mundo hacia el Reino de Dios, según la medida de Jesucristo, el Hombre perfecto (GS 22). La Iglesia, por lo tanto, reconoce el signo de Dios en la historia construida a partir de la libertad de los hombres y sostenida por la gracia divina.
En este contexto, la Iglesia es consciente que la Palabra de Dios debe ser leída teniendo presente los eventos y los signos de los tiempos con los cuales Dios se manifiesta en la historia. Afirma el Concilio Vaticano II «Para cumplir esta misión [de servir al mundo], es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas» (GS 4). Ella, por lo tanto, inmersa en las vicisitudes humanas, debe «discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios» (GS 11). De este modo, desarrollando a través de todos sus miembros su misión profética, podrá ayudar a la humanidad a encontrar en la historia el camino que la aleja de la muerte y la lleva a la vida.
Con esta finalidad el Espíritu Santo llama a la Iglesia a anunciar la Palabra de Dios como fuente de gracia, de libertad, de justicia, de paz y de salvaguardia de la creación, poniendo en práctica la Palabra del Señor, según las diversas funciones, en colaboración con personas de buena voluntad. Estimulan y son un punto de referencia las primeras palabras de Dios en la Biblia respecto de la creación del mundo y de la persona humana: «Vio Dios que [...] estaba bien [...] todo estaba muy bien»(Gn 1, 4.31), y sobre todo las palabras y los ejemplos de Jesús. De la Biblia, por consiguiente, reciben inspiración y motivación, no sin una necesaria mediación cultural, el real empeño en favor de la justicia y de los derechos humanos, la participación en la vida pública, el cuidado del ambiente como casa de todos.
De esta manera, la Palabra que Jesús ha sembrado como semilla del Reino, continúa su camino en la historia de los hombres (cf. 2 Ts 3, 1) y cuando Jesús retornará en la gloria resonará como invitación a participar plenamente en la alegría del Reino (cf. Mt 25, 24). A esta segura promesa, la Iglesia responde con la ferviente oración: «Marana tha» (1 Cor 16, 22), «Ven, Señor Jesús» (Ap 22, 20).
CONCLUSIÓN
«La palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza; instruíos y amonestaos con toda sabiduría, cantando a Dios, de corazón y agradecidos, salmos, himnos y cánticos inspirados. Todo cuanto hagáis, de palabra y de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él» (Col 3, 16-17).
La Palabra de Dios , don a la Iglesia
59. En su gran bondad Dios Uno y Trino ha querido comunicar al hombre el misterio de su vida escondido desde siglos (cf. Ef 3, 9). En su Hijo Unigénito Jesucristo, Dios Padre ha pronunciado, en la gracia del Espíritu, su Palabra definitiva que interpela a cada hombre que viene a este mundo. Una condición fundamental para que el hombre se encuentre con Dios es la escucha religiosa de la Palabra. Se vive la vida según el Espíritu en la medida de la propia capacidad de hacer espacio a la Palabra, de hacer nacer el Verbo de Dios en el corazón humano. En efecto, no es el hombre que puede penetrar la Palabra de Dios, sino solo ésta que puede conquistarlo y convertirlo, haciéndole descubrir sus riquezas y sus secretos y abriéndole horizontes llenos de sentido, propuestas de libertad y de plena madurez humana (cf. Ef 4, 13). El conocimiento de la Sagrada Escritura es obra de un carisma eclesial, que es puesto en las manos de los creyentes, abiertos al Espíritu.
Afirma San Máximo el Confesor: «Las palabras de Dios, si son simplemente pronunciadas, no son escuchadas, porque no tienen como voz la praxis de aquellos que las dicen. Si, por el contrario, son pronunciadas junto con la práctica de los mandamientos, entonces tienen el poder con esta voz de hacer desaparecer los demonios y de impulsar a los hombres a edificar el templo divino del corazón con el progreso en las obras de justicia»
[113]. Se trata de abandonarse a la alabanza silenciosa del corazón en un clima de simplicidad y de oración contemplativa come María, la Virgen de la escucha, porque todas las Palabras de Dios se reasumen y han de ser vividas en el amor (cf. Dt 6, 5; Jn 13, 34-35).
60. La Iglesia, como comunidad de creyentes, es convocada por la Palabra de Dios. Ella es el ámbito privilegiado en el cual los creyentes se encuentran con Dios, que continúa hablando en la liturgia, en la oración, en el servicio de la caridad. Por medio de la Palabra celebrada, en modo particular en la Eucaristía, los fieles se insieren cada vez más en la Iglesia-comunión, que tiene su origen en la Trinidad, misterio de la comunión infinita.
El Padre, que en el amor del Espíritu Santo crea todo lo que existe por medio del Hijo y en vista de Él (cf. Col 1, 16), prosigue su obra originaria en lo que el Hijo mismo realiza (cf. Jn 5, 17) sobre la tierra, su obra es su Iglesia, Iglesia del Verbo encarnado, vía, por una parte, descendiente de Dios al hombre y, por otra parte, ascendiente del hombre a Dios (cf. Jn 3, 13). En esta Palabra viva y eficaz (cf. Hb 4, 12) la Iglesia nace, se edifica (cf. Jn 15, 16; Hch 2, 41s.) y encuentra vida plena (cf. Jn 10, 10).
Por mandato del Señor Jesús resucitado la Iglesia, comunidad de sus discípulos, guiada por los Apóstoles, es enviada a anunciar la salvación siempre y en todo lugar, en la fidelidad a la Palabra al Maestro: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16, 15).
Notas
[1] Cf. Synodus Episcoporum, Relatio finalis Synodi episcoporum Exeunte coetu secundo: Ecclesia sub verbo Dei mysteria Christi celebrans pro salute mundi (7.12.1985), B, a), 1-4: Enchiridion del Sinodo dei Vescovi 1, EDB, Bologna 2005, pp. 2316-2320.
[2] Benedictus XVI, Adhort. Apost. post-syn. Sacramentum caritatis (22.2.2007), 6; 52: AAS 99 (2007) 109-110; 145.
[3] Ioannes Paulus II, Litt. Enc. Redemptoris missio (7.12.1990), 56: AAS 83 (1991) 304.
[4] Cf. Benedictus XVI, Litt. Enc. Deus caritas est (25.12.2005), 1: AAS 98 (2006) 217.
[5] S. Irenaeus, Adversus Haereses IV, 34, 1: SChr 100, 847.
[6] Cf. S. Bernardus, Super Missus est, Homilia IV, 11: PL 183, 86.
[7] Origenes, In Johannem V, 5-6: SChr 120, 380-384.
[8] Benedictus XVI, Ad Conventum Internationalem La Sacra Scrittura nella vita della Chiesa (16.9.2005): AAS 97 (2005) 957. Cf. Paulus VI, Epist. Apost. Summi Dei Verbum (4.11.1963): AAS 55 (1963) 979-995; Ioannes Paulus II, Audiencia General (22.5.1985): L’Osservatore Romano edición española (26.5.1985), p. 2; Discurso sobre la interpretación de la Biblia en la Iglesia (23.4.1993): L’Osservatore Romano edición española (30.4.1993), pp. 5-6; Benedictus XVI, Angelus (6.11.2005): L’Osservatore Romano edición española (11.11.2005), p. 6.
[9] Cf. Catechismus Catholicae Ecclesiae, 825.
[10] Benedictus XVI, Ad Conventum Internationalem La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia (16.09.2005): AAS 97 (2005) 956.
[11] S. Hieronimus, Com. In Is., Prol.: PL 24, 17
[12] Cf. Catechismus Catholicae Ecclesiae, 120.
[13]Cf. Pontificia Commissio Biblica, L’interprétation de la Bible dans l’Église(15.4.1993), IV, C 3: Enchiridion Vaticanum 13, EDB, Bologna 1995, p. 1724.
[14]Cf. Pontificia Commissio Biblica, Le peuple juif et ses Saintes Écritures dans la Bible Chrétienne (24.5.2001), 19: Enchiridion Vaticanum 20, EDB, Bologna 2004, pp. 570-574.
[15]S. Augustinus, Quaestiones in Heptateucum, 2, 73: PL 34, 623; cf. DV 16.
[16]S. Gregorius Magnus, In Ezechielem, I, 6, 15: CCL 142, 76.
[17]Cf. Catechismus Catholicae Ecclesiae, 83; Ratzinger J., Comentario a la Dei Verbum, L Th K, 2, pp. 519-523.
[18]Cf. S. Bonaventura, Itinerarium mentis in Deum, II, 12: ed. Quaracchi, 1891, vol. V, p. 302s. Cf. Ratzinger J., Un tentativo circa il problema del concetto di tradizione: Rahner K. - Ratzinger J., Revelación y Tradición, Morcelliana, Brescia 2006, pp. 27-73.
[19]Cf. Pontificia Commissio Biblica, L’interprétation de la Bible dans l’Église (15.4.1993), IV, A-B: Enchiridion Vaticanum 13, EDB, Bologna 1995, pp. 1702-1714.
[20] Cf. ibidem, I, A-F: pp. 1568-1634.
[21] Cf. Catechismus Catholicae Ecclesiae, 115-119; Pontificia Commissio Biblica, L’interprétation de la Bible dans l’Église (15.4.1993), I, F: Enchiridion Vaticanum 13, EDB, Bologna 1995, pp. 1628-1634.
[22] Cf. Catechismus Catholicae Ecclesiae, 117
[23] Pontificia Commissio Biblica, L’interprétation de la Bible dans l’Église (15.4.1993), II, B 2: Enchiridion Vaticanum 13, EDB, Bologna 1995, pp. 1648-1650.
[24] Ibidem, I, pp. 1568-1628.
[25] Cf. Catechismus Catholicae Ecclesiae, 109-114.
[26] Benedictus XVI, Discurso a los Obispos de Suiza (7.11.2006): L’Osservatore Romano edición española (17.11.2006), p. 4; cf. Ratzinger J., Jesús de Nazaret, La Esfera de los libros, Madrid 2007, pp. 7-21.
[27] Missale Romanum, Ordo Lectionum Missae: Editio typica altera, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 1981: Praenotanda, 8.
[28] Pontificia Commissio Biblica, L’interprétation de la Bible dans l’Église (15.4.1993), II, B 2: Enchiridion Vaticanum 13, EDB, Bologna 1995, p. 1650.
[29] Cf. ibidem, III, B 2, pp. 1672-1676.
[30] Cf. Benedictus XVI, Ad sacrorum alumnos Seminarii Romani Maioris (19.2.2007): AAS 99 (2007) 254.
[31] S. Ambrosius, De officiis ministrorum, I, 20, 88: PL 16, 50.
[32] Benedictus XVI, Litt. Enc. Deus caritas est (25.12.2005), 41: AAS 98 (2006) 251.
[33] Isaac De Stella, Serm. 51: PL 194, 1862-1863.1865.
[34] Cf. S. Ambrosius, Evang. secundum Lucam 2, 19: CCL 14, 39.
[35] Ioannes Paulus II, Epist. Apost. Rosarium Virginis Mariae (16.10.2002), 1; 3; 18; 30: AAS 95 (2003) 5; 7; 17; 27.
[36] S. Gregorius Magnus, Registrum Epistolarum V, 46, ed. Ewald-Hartmann, 345-346.
[37] Pontificia Commissio Biblica, L’interprétation de la Bible dans l’Église (15.4.1993), IV, C 3: Enchiridion Vaticanum 13, EDB, Bologna 1995, p. 1724.
[38] Cf. Catechismus Catholicae Ecclesiae, 115-119.
[39] Pontificia Commissio Biblica, L’interprétation de la Bible dans l’Église (15.4.1993), I, F: Enchiridion Vaticanum 13, EDB, Bologna 1995, p. 1630.
[40] Cf. Ioannes Paulus II, Discurso sobre la interpretación de la Biblia en la Iglesia (23.4.1993): L’Osservatore Romano edición española (30.4.1993), pp. 5-6.
[41] Missale Romanum, Ordo Lectionum Missae: Editio typica altera, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 1981: Praenotanda, 9.
[42] Petrus Damascenus, Liber II, vol. III, 159: La Filocalia, 3, Torino 1985, p. 253.
[43] Cf. Congregatio pro Clericis, Directorium generale pro catechesi (15.8.1997), 47-49: Enchiridion Vaticanum 16, EDB, Bologna 1999, pp. 662-664.
[44] Cf. Euchologion Serapionis, 19-20, ed. Johnson M.E., The Prayers of Serapion of Thmuis (Orientalia Christiana Analecta 249), Roma 1995, pp. 70.71.
[45] Ioannes Paulus II, Epist. Apost. Dies Domini (31.5.1998), 41: AAS 90 (1998) 738-739.
[46] Waltramus, De unitate Ecclesiae conservanda: 13, ed. W. Schwenkenbecher, Hannoverae 1883, p. 33: «Dominus enim Iesus Christus ipse est, quod praedicat Verbum Dei, ideoque Corpus Christi intelligitur etiam Evangelium Dei, doctrina Dei, Scriptura Dei».
[47] Origenes, In Ps. 147: CCL 78, 337.
[48] Cf. Benedictus XVI, Adhort. Apost. post-syn. Sacramentum caritatis (22.2.2007), 44-46: AAS 99 (2007) 139-141.
[49] S. Hieronymus, Commentarius in Ecclesiasten, 313: CCL 72, 278.
[50] Ioannes Paulus II, Litt. Apost. Novo millennio ineunte (6.1.2001), 36: AAS 93 (2001) 291.
[51] Cf. Benedictus XVI, Adhort. Apost. post-syn. Sacramentum caritatis (22.2.2007), 44-48: AAS 99 (2007) 139-142.
[52] Cf. ibidem, 46: AAS 99 (2007) 141.
[53] Pontificia Commissio Biblica, L’interprétation de la Bible dans l’Église (15.4.1993), IV, C 2: Enchiridion Vaticanum 13, EDB, Bologna 1995, p. 1718.
[54] Cf. Ioannes Paulus II, Adhort. Apost. post-syn. Pastores dabo vobis (25.3.1992), 47: AAS 84 (1992) 740-742; Benedictus XVI, Encuentro con los jóvenes romanos, (6.4.2006): L’Osservatore Romano edición española (14.4.2006), p. 3; Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud (22.2.2006): L’Osservatore Romano edición española (3.3.2006), p. 3.
[55] Ioannes Paulus II, Litt. Apost. Novo millennio ineunte (6.1.2001), 39: AAS 93 (2001) 294.
[56] Benedictus XVI, Ad Conventum Internationalem La Sacra Scrittura nella vita della Chiesa (16.9.2005): AAS 97 (2005) 957.
[57] Benedictus XVI, Encuentro con los jóvenes romanos (6.4.2006): L’Osservatore Romano edición española (14.4.2006), p. 3.
[58] Benedictus XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud (22.2.2006): L’Osservatore Romano edición española (3.3.2006), p. 3.
[59] Benedictus XVI, Ad Conventum Internationalem La Sacra Scrittura nella vita della Chiesa (16.9.2005): AAS 97 (2005) 957. Cf. DV 21.25; PO 18-19; Catechismus Catholicae Ecclesiae, 1177; Ioannes Paulus II, Adhort. Apost. post-syn. Pastores dabo vobis (25.3.1992), 47: AAS 84 (1992) 740-742; Adhort. Apost. post-syn. Vita consecrata (25.3.1996), 94: AAS 88 (1996) 469-470; Litt. Apost. Novo millennio ineunte (6.1.2001), 39-40: AAS 93 (2001) 293-295; Adhort. Apost. post-syn. Ecclesia in Oceania (22.11.2001), 38: AAS 94 (2002) 411; Adhort. Apost. post-syn. Pastores gregis (16.10.2003), 15: AAS 96 (2004) 846-847.
[60] Cf. Ioannes Paulus II, Adhort. Apost. post-syn. Vita consecrata (25.3.1996), 94: AAS 88 (1996) 469-470.
[61] Pontificia Commissio Biblica, L’interprétation de la Bible dans l’Église (15.4.1993), I, E 1: Enchiridion Vaticanum 13, EDB, Bologna 1995, p. 1622.
[62] Benedictus XVI, Litt. Enc. Deus caritas est (25.12.2005), 22: AAS 98 (2006) 234-235.
[63] Benedictus XVI, Litt. Enc. Spe salvi (30.11.2007), 2: AAS 99 (2007) 986.
[64] Cf. Ratzinger J., Jesús de Nazaret, La Esfera de los libros, Madrid 2007, p. 20.
[65] Cf. ibidem, p. 279.
[66] S. Ambrosius, De officiis ministrorum, I, 20, 88: PL 16, 50.
[67] S. Augustinus, Enarrat. in Ps. 85, 7: CCL 39, 1177.
[68] Cf. Origenes, In Genesim homiliae, 2.6: SChr 7 bis, 108.
[69] Cf. Ioannes Paulus II, Litt. Enc. Redemptoris missio (7.12.1990), 33: AAS 83 (1991) 277-278.
[70] Cf. Ioannes Paulus II, Litt. Apost. Novo millennio ineunte (6.1.2001), 40: AAS 93 (2001) 294.
[71] S. Augustinus, De doctrina Christiana, I, 35, 39 - 36, 40: PL 34, 34.
[72] Cf. Benedictus XVI, Litt. Enc. Deus caritas est (25.12.2005): AAS 98 (2006) 217-252.
[73] Ioannes Paulus II, Litt. Apost. Novo millennio ineunte (6.1.2001), 39: AAS 93 (2001) 293.
[74] Congregatio pro Clericis, Directorium generale pro catechesi (15.8.1997), 94: Enchiridion Vaticanum 16, EDB, Bologna 1999, pp. 738-740; cf. Ioannes Paulus II, Adhort. Apost. Catechesi tradendae (16.10.1979), 27: AAS 71 (1979) 1298.
[75] Cf. Congregatio de Cultu Divino et Disciplina Sacramentorum, Direttorio su pietà popolare e liturgia (9.4.2002), 87-89, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 2002, pp. 81-82.
[76] Cf. Congregatio pro Clericis, Directorium generale pro catechesi (15.8.1997), I, 2: Enchiridion Vaticanum 16, EDB, Bologna 1999, pp. 684-708
[77] Ibidem, 127, p. 794; cf. Ioannes Paulus II, Adhort. Apost. Catechesi tradendae (16.10.1979), 27: AAS 71 (1979) 1298.
[78] Ioannes Paulus II, Const. Apost. Fidei depositum (11.10.1992), IV: AAS 86 (1994) 117.
[79] Cf. Ioannes Paulus II, Adhort. Apost. post-syn. Pastores gregis (16.10.2003), III: AAS 96 (2004) 859-867.
[80] Benedictus XVI, Allocutio In inauguratione operum V Coetus Generalis Episcoporum Americae Latinae et Regionis Caraibicae (13.5.2007), 3: AAS 99 (2007) 450.
[81] Cf. CIC can. 757; CCEO can. 608; 614.
[82] Cf. Missale Romanum, Institutio generalis, 66, editio typica III, Typis Vaticanis 2002, p. 34.
[83] Cf. CIC can. 766, CCEO can. 614, § 3; 4.
[84] Cf. Ioannes Paulus II, Adhort. Apost. post-syn. Christifideles laici (30.12.1988), 8.14: AAS 81 (1989) 404-405; 409-411; CIC can. 204; CCEO can. 7, 1.
[85] Ioannes Paulus II, Adhort. Apost. post-syn. Christifideles laici (30.12.1988), 14: AAS 81 (1989) 411.
[86] Paulus VI, IV Congreso de Enseñanza Religiosa en Francia. Normas y votos del Santo Padre (1-3.4.1964): L’Osservatore Romano edición española (21.4.1964), p. 6.
[87] Ioannes Paulus II, Adhort. Apost. post-syn. Vita consecrata (25.3.1996), 94: AAS 88 (1996) 469.
[88] Cf. S. Ambrosius, Epist. 49, 3: PL 16, 1154 B.
[89] Cf. Benedictus XVI, Allocutio En ocasión de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada (2.2.2008): L’Osservatore Romano edición española (6-8.2.2008), p. 5.
[90] Cf. Ioannes Paulus II, Adhort. Apost. post-syn. Vita consecrata (25.3.1996), 94: AAS 88 (1996) 469.
[91] Ibidem.
[92] Cf. CIC can. 825; CCEO can. 662 §1; 654.
[93] Cf. Congregatio pro Doctrina Fidei, Nota doctrinal sobre algunos aspectos de la evangelización (3.12.2007): L’Osservatore Romano edición española (21.12.2007), pp. 11-13.
[94] Cf. Benedictus XVI, Mensaje del Santo Padre para la XXI Jornada Mundial de la Juventud (22.2.2006): L’Osservatoro Romano edición española (3.3.2006), p. 3.
[95] Congregatio pro Clericis, Directorium generale pro catechesi (15.8.1997), 160: Enchiridion Vaticanum 16, EDB, Bologna 1999, p. 844; Cf. Paulus VI, Adhort. Apost. Evangelii nuntiandi (8.12.1975), 45: AAS 68 (1976) 35; Ioannes Paulus II, Litt. Enc. Redemptoris missio (7.12.1990), 37: AAS 83 (1991) 284-286; CIC can. 761; CCEO can. 651 § 1.
[96] Cf. Congregatio pro Clericis, Directorium generale pro catechesi (15.8.1997), 161: Enchiridion Vaticanum 16, EDB, Bologna 1999, p. 846.
[97] Cf. Benedictus XVI, Pontificatus exordia: Sermo ad S.R.E. Cardinales ad universumque orbem catholicum (20.4.2005), 5: AAS 97 (2005) 697-698.
[98] Benedictus XVI, Allocutio Dar al mundo un testimonio común (25.1.2007): L’Osservatore Romano edición española (2.2.2007), p. 3.
[99] Cf. Ioannes Paulus II, Allocutio Mogontiaci ad Iudaeos habita Veteris Testamenti Haereditas ad pacem et iustitiam fovendas trahit (Mainz, 17.11.1980): AAS 73 (1981) 78-82
[100] Ioannes Paulus II, Allocutio A los participantes al Simposio intereclesial sobre Raíces del antijudaísmo en ambiente cristiano (31.10.1997), 3: L’Osservatore Romano edición española (7.11.1997), p. 5.
[101] Cf. Pontificia Commissio Biblica, Le peuple juif et ses Saintes Écritures dans la Bible chrétienne (24.5.2001): Enchiridion Vaticanum 20, EDB, Bologna 2004, pp. 506-834.
[102] Ibidem, 2, p. 524; cf. Ratzinger J., Jesús de Nazaret, La Esfera de los libros, Madrid 2007, pp. 131ss.
[103] Cf. Pontificia Commissio Biblica, Le peuple juif et ses Saintes Écritures dans la Bible chrétienne (24.5.2001): Enchiridion Vaticanum 22, EDB, Bologna 2004, pp. 584-586.
[104] Cf. Ioannes Paulus II, Messaggio agli Ebrei polacchi in occasione del 50º Anniversario dell’insurrezione (6.4.1993): Insegnamenti di Giovanni Paolo II, 16/1, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 1993, p. 830: «Come cristiani ed ebrei, seguendo l’esempio della fede di Abramo, siamo chiamati ad essere una benedizione per il mondo. Questo è il compito comune che ci attende. È dunque necessario per noi, cristiani ed ebrei, essere prima una benedizione l’uno per l’altro».
[105] Cf. Congregatio pro Doctrina Fidei, Declaratio Dominus Jesus (6.8.2000), 20-22: AAS 92 (2000) 764-766.
[106] Cf. Congregatio pro Clericis, Directorium generale pro catechesi (15.8.1997), 109: Enchiridion Vaticanum 16, EDB, Bologna 1999, pp. 764-766.
[107] Cf. Benedictus XVI, Nuntii ob diem ad Pacem fovendam Nella verità, la pace (8.12.2005): AAS 98 (2006) 56-64; La persona humana, corazón de la paz (8.12.2006): L’Osservatore Romano edición española (15.12.2006), pp. 5-6.
[108] Benedictus XVI, Allocutio A los representantes de algunas comunidades musulmanas (20.8.2005): L’Osservatore Romano edición española (26.8.2005), p. 9.
[109] Ratzinger J., Allocutio Fe y Razón en ocasión del encuentro sobre "La Fe y la búsqueda de Dios" (Roma 17.11.1998): L’Osservatore Romano (19.11.1998), p. 8.
[110] Ioannes Paulus II, Adhort. Apost. Catechesi tradendae (16.10.1979), 53: AAS 71 (1979) 1320.
[111] Benedictus XVI, Allocutio Al Pontificio Consejo de la Cultura (15.6.2007): L’Osservatore Romano edición española (22.6.2007), p. 14.
[112] Paulus VI, Homilia Ad Patres conciliares (7.12.1965): AAS 68 (1966) 57.
[113] S. Maximus Confessor, Capitum theologicorum et oeconomicorum duae centuriae IV, 39: MG 90, 1084.






El rito extraordinario en los títulos de los Cardenales en Roma


Según publican hoy algunos medios en Internet, el Papa Benedicto XVI podría haber ordenado ya a los cardenales de la Santa Iglesia Romana que dispongan la celebración de la Santa Misa según la forma extraordinaria del Rito Romano en sus respectivas iglesias romanas de sus títulos cada domingo. Sin embargo, la noticia no ha sido aun contrastada y de momento no son más que rumores.
La medida supondría la celebración de más de 100 misas tridentinas dominicales en la ciudad eterna que se incorporarán a la vida litúrgica romana, que se unirán a las diversas iglesias ya habilitadas por la Santa Sede para celebrar esta liturgia de manera exclusiva para la atención de todos los fieles del mundo que acuden en peregrinación videre Petrum, para ver a Pedro.
Además, de ser cierta la información, ésta vendría a confirmar los deseos del Papa para que ésta forma de celebración se vaya incorporando paulativamente a la vida litúrgica del conjunto de la Iglesia latina, tal y como declaró recientemente el presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, Darío Castrillón, quien afirmó que ésta Misa debería estar presente en las parroquias al menos cada domingo.

miércoles 11 de junio de 2008

Ni la una ni la otra es mejor, pero en la una y la otra, hay que saber...






Resulta redundante, reiterativo y al final poco saludable el tema de los dos ritos, aunque más exactamente tengamos que decir, las dos modalidades del único rito latino.
Cuestión primera y fundamental es que todos tenemos que reconocer que ambos ritos son buenos y santos, además que a unos les puede agradar más uno que otro.
Habría que prescindir de la fobia que parece advertirse en algunos, partidarios tanto de la nueva misa como de la antigua.
El Papa, entiendo, no quiere que ninguno de los dos ritos sustituya al otro. Deja a los fieles que escojan el que les parezca más adecuado a sus sentimientos y convicciones eclesiales y pide a los sacerdotes que se muestren dispuestos a acoger lo que los fieles deseen.
No habría que darle más vuelta al tema, que por ser justamente la Eucaristía en algunos casos que se leen y otros que se escuchan no hacen merito a esto.
No tiene sentido comparar una misa antigua bien rezada con una moderna que sea una profanación. Hubo también profanación de misas antiguas. Una misa antigua (ordo antiquo), bien dicha es santa, y una misa nueva (novus ordo) bien rezada y participada, también.
Obrarían igual de mal los párrocos que impongan la antigua a quienes no la desean que los que la nieguen a los fieles que la pidiesen. Siempre atendiendo a la buena disposición, el sentido común, las normas eclesiales, etc.
Los institutos religiosos que tuvieran por norma celebrar con el rito extraordinario por supuesto que lo harán así en sus propias capillas y también en otras iglesias que deberían serles cedidas, dándoles toda clase de facilidades, siempre que pudieran acreditar que a esa misa iba a acudir un grupo de fieles de cierta entidad. Y sin perturbar las misas normales de esa iglesia. Pero tampoco dándoles una hora ridícula que hiciera irrisoria la concesión, como el ofrecerles un lugar que no disponga de lo apropiado, ej. el altar, o lejano a todo. Conozco asignaciones de oratorios, por decir algo, en los que se ha aceptado la celebración de la Misa extraordinaria, que por diversos motivos es indirectamente tratar que no vaya nadie, o tratar al santo rito de segunda clase.
Estaría muy bien que el párroco o algún vicario que cree puede ser provechoso para parte de su feligresía celebrar el rito extraordinario debería hacerlo anunciando previamente que una de las misas dominicales va a celebrarse de esa forma. Si luego se encuentra con que a esa misa no va nadie él mismo dejará de decirla. Y si asiste mucha gente, mejor, habrá que seguir.
Los obstáculos, porque acá mando yo, no tendría que tener lugar, pero menos todavía con la misa.
El otro tema, es que en algún lugar del mundo se celebra el rito en su modo extraordinario con textos inadecuados, mezclando lengua vernácula con el latín, de cara al pueblo, sin los ornamentos adecuados al rito, etc. que en verdad desfiguran al mismo. Un híbrido que no responde a nada. Si se celebra el rito de San Pío V, que sea como se debe.
También los gestos son importantes. Si se celebra la modalidad extraordinaria, se deberían observar todas las rúbricas tal y como están ordenadas en el ordo antiquo, de parte del celebrante, como de parte de los fieles.
Por otro lado, habría que ir pensando, y muy en serio, la formación en los seminarios en este sentido.
En primer lugar de reforzar los cursos de latín, y como todos sabemos que no se habla bien una lengua sin practicar, como en antaño, algunas clases hacer el esfuerzo de dictarlas en latín (podría ser ¿?), y por tanto el examen en esa lengua. Esa fue la única manera en que nuestros sacerdotes de hace años, podían leer con total destreza textos latinos, ya de los clásicos de la literatura, ya de las obras eclesiásticas (el Padre René Rodríguez de nuestra diócesis QEPD, decía bromeando al respecto que se tenían hasta malos pensamientos en latín).
Hoy, los estudiantes de ciencias eclesiásticas en niveles superiores nos hemos encontrado con que no sabemos leer las fuentes latinas. Uno de los problemas de las facultades eclesiásticas está en este tema, y los profesores en general lo hacen notar, y creo que está bien, pero la verdad es que la culpa no ha sido siempre del seminarista. En un seminario… un grupo de primer año de filosofía tuvimos la iniciativa un día empezar a hacer algunos ensayos de cantos gregorianos en latín, repasando lo que en clase se enseñaba, lo hicimos dos veces, la tercera entró el superior y además de prohibirlo, casi nos echan.
En las curias, si no es el obispo, y que tenga cierta edad, nadie sabe leer un rescripto de la Santa Sede, que vamos a hablar de rezar misa. Ni que hablar, que se debe aprender a cantar gregoriano, que es en latín, otra cosa no pasa de ser un buen esfuerzo.
La Iglesia tiene todos sus escritos fuentes en latín, pretender que toda esa tradición sea traducida es impensable, y no se si sería bueno. Los documentos de los dicasterios romanos se redactan en latín, y así son enviados a los obispados, incluso a los sacerdotes, a veces, en casos de la penitenciaría apostólica, manda a confesores notas delicadísimas, en dónde no se puede llevar el escrito a que te lo traduzcan… se correrían muchos riesgos.
Supuesta una buena enseñanza del latín, que se enseñe a celebrar la misa extraordinaria en los centros de formación sacerdotal, ya en muchas diócesis del mundo se ha instrumentado lo necesario, no se debe pasar por alto que el MP Summorum Pontificum, es ley universal. Sabiendo la lengua, lo otro será cuestión de práctica, sin dejar de ser de estudio, pues el rito amerita saber su historia, la nobleza y belleza de sus gestos, etc.
Finalmente ¿Quién dice que estaremos celebrando bien el ordo nuevo? En realidad la mayoría de los sacerdotes, hemos salido de los seminarios sin que nadie nos examinara, o al menos indicara en que cosas se deben tener cuidado, que es lo prioritario y que no, si es que en esta materia hay prioridades. ¿Es la celebración de la misa el centro de la vida de un sacerdote? ¿Qué atención se le brinda entonces desde la liturgia y el derecho a esta realidad central?
No hay una materia específica para aprender a celebrar la Santa Misa. En otros tiempos era motivo de evaluación, la llamada misa seca. Es verdad que cuando durante siete años o más, se ha celebrado y participado bien la misa de todos los días, se aprende. Pero hay que suponer dos cosas: que hubo misa todos los días y que los seminaristas asistieron (¿?), además que el celebrante era apto para presidirla en orden a un lugar dónde la celebración además es docencia, habida cuenta que se forman los futuros ministros del altar, que harán de ella su actividad fundamental.

martes 10 de junio de 2008

Otra vez Novara...


Sector Católico, se ha hecho eco de la noticia que comenté ayer.

El obispo de Novara (Italia), Mons. Renato Corti, ha removido de su cargo a tres sacerdotes de su diócesis que celebraban la misa sólo según el modo extraordinario.
No se puede negar el derecho de aquellos fieles que prefieran oír la misa antigua. Creo también que los obispos y los sacerdotes hacen mal, y contradicen la voluntad del Papa, si se la niegan a un grupo de fieles que la pidan. Y siempre utilizando el sentido común. Un grupo consistente y permanente. No dos personas que tengan ese gusto o capricho.
Se entiende perfectamente que haya institutos religiosos que tengan como norma el rito extraordinario, y que forme parte de su carisma. En sus iglesias se celebra de ese modo y quien a ellas acude sabe a lo que va y lo que se encuentra.
Un párroco es un caso distinto, es de por sí un oficio estable que está al servicio de una entera comunidad, y que esencialmente su labor está ligada a la "cura de almas". Y así como debe recibirse a fieles que se sientan espiritualmente más conformes con la misa anterior (antiqua), no puede imponer la misma a otros fieles, que prefieren el rito ordinario. El concepto canónico de parroquia sigue siendo “una porción (parte) del pueblo de Dios en la Iglesia particular” en dónde hay variedad de espiritualidades, carismas, movimientos, etc.
¿Es peor la imposición que la negativa? Si, el sacerdote pensara que la misa nueva es inaceptable, tendría graves problemas eclesiales que hasta podrían incapacitarle para el ejercicio del ministerio sacerdotal. Es un problema de comunión, ni más ni menos que con el Sacramento Santo de la unidad como lo es la Eucaristía.
Siempre estoy haciendo referencia a párrocos y no a sacerdotes de congregaciones que hayan adoptado la forma extraordinaria como la propia y exclusiva de su instituto, en dónde se sabe están de por medio reglas, estatutos, constituciones etc.
No conozco todos los casos pero, seguramente poco probables, de que la mayoría de los fieles de una parroquia reclamaran el rito antiguo, tendrían derecho a él,a su vez la minoría que prefiriese el novus ordo también lo tienen.
En el caso de que hubiera varias misas, lo lógico sería decir unas según un rito y otras por el otro. Y siempre si la minoría tuviera una cierta representación.
Ya es hora de terminar de una vez con la polémica de las dos misas. Ambas son santísimas porque las dos son la renovación incruenta del sacrificio de Cristo en la Cruz por amor a los hombres. Y en ello el sacerdote no debería estar a su antojo sino haciendo un discernimiento de la voluntad de sus fieles, y en comunión con la Iglesia. Con amor, tolerancia y comprensión. Y también con sentido común.
La voluntad del Papa no es el triunfo de un rito sobre otro. Aunque sea la liberación de una misa que algunos siguen empeñados en que sea imposible.

lunes 9 de junio de 2008

Tiempo cumplido



A finales del año 2007, el obispo diocesano de Novara, Mons. Renato Corti, conminó a tres sacerdotes a dejar sus parroquias en orden a la desobediencia que tenían con respecto al MP Summorum Pontificum (art. 5 §1), por cuanto se negaban sistemáticamente a celebrar la Santa Misa en su modalidad ordinaria. La novedad ha llegado esta mañana con el diario Il Messaggero, en dónde el tiempo estipulado se ha cumplido.


Si bien es cierto que las noticias de los periódicos no especializados no hacen distinciones, y omiten cuestiones de fundamental importancia, es que, supongo el obispo diocesano ha seguido los pasos del derecho procesal (cf. cc. 1740-1752), sobre todo tratándose de una pena tan delicada como es la “remoción” (expiatoria) de los oficios parroquiales.
Así y todo, los sacerdotes podrán, como establece el derecho hacer la petición de apelación a la decisión de la autoridad ejecutiva por vía administrativa, y que sea revisado el asunto por la autoridad superior, si así fuera, entra en suspensión la medida adoptada, y retienen el oficio, hasta la decisión del tribunal de apelación.





Lo sciopero della messa

Il vescovo: in latino solo di pomeriggioE tre parroci lasciano la chiesa vuota
CARLO BOLOGNA, RENATO BALDUCCI
DOMODOSSOLA
La messa non sarà celebrata dal nostro prete, potete andare in pace o tornare alle 18, quando sarà officiata in latino». Il chierichetto sul sagrato della chiesa di Santa Maria Maggiore sta con don Alberto Secci, il parroco che ieri si è autosospeso delle celebrazioni. Come don Stefano Coggiola, parroco di Crevoladossola e, sempre nella diocesi che riunisce le province del Verbano Cusio Ossola e del Novarese, don Marco Pizzocchi di Garbagna e Nibbiola. Dopo lo «sciopero» dei tifosi negli stadi, la domenica conosce lo «sciopero» dei parroci. I tre si ribellano al vescovo Renato Corti, che pochi giorni fa è tornato sulla corretta applicazione del Motu proprio di Benedetto XVI: «Bisogna fare in modo che si comprenda il senso autentico dei riti e dei testi liturgici; nelle domeniche e nelle feste è obbligatorio celebrare le messe in piena conformità al messale di Paolo VI, la forma ordinaria in italiano. Resta possibile celebrare una messa (una sola) nella forma straordinaria con il messale di Giovanni XXIII, in latino. Questa non deve sostituire quelle ordinarie». Apriti cielo. I tre parroci, che celebrano nella lingua antica tutti i giorni, hanno deciso di farsi sentire in modo clamoroso: «Quella in latino è la messa nella quale è stato battezzato ed è diventato prete anche il nostro vescovo. Non siamo parroci juke-box che oggi dicono una messa in italiano e un’altra in latino». Così ieri hanno disertato le celebrazioni dell’orario domenicale. Don Luigi Preioni, vicario vescovile per l’Ossola, ha dovuto organizzare una copertura delle funzioni, convolgendo il parroco di Domodossola, don Renzo Cozzi, il rettore del Sacro Monte Calvario, padre Vito Nardin, i francescani don Tommaso e don Vincenzo. Per tutta la giornata sono stati spediti a coprire le funzioni nelle chiese dei due paesi. Lo stesso vicario ha raggiunto Santa Maria Maggiore, ma alle 17 non ha potuto dire messa: «C’erano solo quattro donne, mi hanno detto che preferivano aspettare le 18 per la messa in latino di don Alberto». Anche padre Vincenzo si era trovato con pochi fedeli sconcertati: «Eravamo in 40 e ho celebrato nella cappella laterale». Il vescovo Renato Corti, sabato, era stato messo al corrente della protesta. Ma vorrebbe evitare contrapposizioni ancora più clamorose, anche perché i fedeli si stanno schierando. A Santa Maria Maggiore hanno raccolto 600 firme per recitare il Pater Noster con don Alberto. A Crevoladossola alcune mamme avevano contestato don Stefano: «La messa in latino scoraggia i nostri ragazzi». Di parere opposto il gruppo che approva la scelta del parroco. Anche in questo caso si raccolgono firme. Claudio Cottini, vicesindaco di Santa Maria Maggiore, dice: «Don Alberto opera per il bene della collettività, utilizzando un rito che può essere discusso, ma su cui sacerdoti e diocesi, assieme, devono decidere».
Da Novara lettera che prelude al trasferimentoMessa in latino, ultimatum del vescovo ai preti “ribelli”RENATO BALDUCCICREVOLADOSSOLASono stati invitati a «lasciare volontariamente» le loro parrocchie i tre parroci che celebrano la messa in latino. Un ultimatum che potrebbe precedere la decisione di monsignor Renato Corti, vescovo della Diocesi, di trasferirli d’autorità. A Pasqua, don Alberto Secci, don Stefano Coggiola e don Marco Pizzocchi potrebbero già essere altrove, lontano delle loro parrocchie di Santa Maria Maggiore, Crevoladossola e Nibbiola. Pagheranno così, se non faranno passi indietro, la decisione di celebrare ad oltranza le messe sempre e solo in latino.L’imminente allontanamento dei parroci sta suscitando proteste a Crevoladossola dove un gruppo di fedeli si è già mobilitato. Già a dicembre avevano scritto, senza esito, a Roma, al cardinal Dario Castrillòn Hoyos, presidente della Pontificia congregazione per la dottrina della fede.I diretti interessati, invece preferiscono tacere. «Oggi non parlo. Mi richiami domani» risponde don Alberto Secci da Santa Maria Maggiore. In sua difesa erano scesi in campo molti fedeli, compresi alcuni amministratori, con una raccolta firma (oltre seicento), poi spedita al Vescovo e al Papa.Un braccio di ferro iniziato a dicembre quando i tre preti avevano «scioperato» dopo aver ricevuto la lettera con cui don Piero Cerutti, direttore dell’Ufficio diocesano per le comunicazioni sociali, li invitava «a non sostituire le messe nella forma ordinaria (in italiano) destinate all’intera comunità parrocchiale». Scriveva don Cerutti: «Va garantita la forma ordinaria soprattutto nei giorni di festa e nelle domeniche». La risposta non si è fatta attendere: i tre sacerdoti hanno continuato a far pregare solo in latino. «Non siamo preti juke box che oggi dicono una messa in un modo e domani in un altro» avevano replicato i parroci ossolani convinti più che mai della loro linea. E «sorretti» dalla solidarietà dei fedeli.Tra Curia e sacerdoti «latinisti» il dialogo non si è mai interrotto. Ma finora le posizioni sono rimaste distanti. Per alcune settimane i «ribelli» del latino erano stati sostituti da sacerdoti inviati a dir messa in italiano. Ma queste sostituzioni, visti quasi come atti di crumiraggio, avevano scatenato tensioni. A Vocogno, in valle Vigezzo, qualcuno aveva addiruttura preso a male parole il vicario di zona, don Luigi Preioni. Due giorni fa, l’invio da parte della Curia delle lettere con cui si invitano i tre preti «ad abbandonare» di loro spontanea volontà le parrocchie. Invio che non viene confermato né in Curia, né dal vicario dell’Ossola. Ma i «no comment» di rito non placano la polemica, anzi. A Crevoladossola Marco Tanzarella, a nome di altri fedeli, ha scritto una lettera in difesa di don Stefano per anticipare «che i preti saranno rimossi dal loro incarico il giovedì santo, dopo una penosa e vessatoria campagna denigratoria nei loro confronti». Lo scrive, sostenendo di aver avuto conferma dal vicario di zona del trasferimento imminente. Poi, l’affondo di Tanzarella: «E’ questa la Chiesa moderna, è questa la chiesa del ventunesimo secolo che dovrebbe recuperare consensi e vocazioni; forse questa è la chiesa che Papa Benedetto XVI auspica nel Motu Proprio Summorum Pontificium. Forse no! Questa è la chiesa delle poltrone, delle cariche, dei numeri, dei preti burocrati che confondono il Vangelo con il libro mastro. La Chiesa si nasconde dietro la parola cambiamento, ma non lo vuole perché non porta vantaggio, anzi la responsabilizza di più nell’opera di fede che deve compiere».© Copyright La Stampa, 13 marzo 2008 Il
motu proprio e' chiarissimo: "Art. 5. § 1. Nelle parrocchie, in cui esiste stabilmente un gruppo di fedeli aderenti alla precedente tradizione liturgica, il parroco accolga volentieri le loro richieste per la celebrazione della Santa Messa secondo il rito del Messale Romano edito nel 1962. Provveda a che il bene di questi fedeli si armonizzi con la cura pastorale ordinaria della parrocchia, sotto la guida del Vescovo a norma del can. 392, evitando la discordia e favorendo l'unita' di tutta la Chiesa". E' chiaro che un parroco non puo' celebrare solo la Messa tridentina perche' la cura pastorale dei fedeli non puo' in nessun caso escludere i parrocchiani che non vogliono partecipare all'antico rito.E' ovviamente altrettanto chiaro che il parroco deve accogliere volentieri la richiesta del gruppo di fedeli che desidera la celebrazione della Messa secondo il rito tridentino.Occorre armonizzare le due esigenze. Spero che si trovi una soluzione che non preveda necessariamente il trasferimento dei sacerdoti.Il “no comment” della diocesiCorti sceglie la via del silenzio«Non intendo parlare delle eventuali lettere che mi sono state mandate dal vescovo monsignor Renato Corti perché si tratta di situazioni private. Non spetta a me rendere pubbliche comunicazioni di carattere personale. Di decreti di rimozione, comunque, ancora non ne ho visti». Reagisce così il parroco di Garbagna e Nibbiola don Marco Pizzocchi quando gli viene domandato un aggiornamento sulla situazione che, insieme a don Stefano Coggiola e don Alberto Secci, lo vede protagonista da qualche mese. Anche il provicario della diocesi di Novara don Gianni Colombo preferisce osservare la consegna del silenzio: «Il vescovo mi ha chiesto di non rilasciare dichiarazioni. L’argomento delle messe in latino, come viene definito con semplicità dagli organi di informazione, cela una tematica molto più profonda. Per tale ragione in questa fase è meglio osservare silenzio». I parrocchiani di Garbagna e Nibbiola, tra l’altro, hanno ricevuto da circa un mese la visita del vescovo Corti. L’8 febbraio aveva guidato la Via Crucis nella parrocchiale di San Michele Arcangelo di Garbagna per preparare la prima domenica di Quaresima. Un incontro di preghiera che si era concluso con una serie di battibecchi sul sagrato della chiesa tra due «fazioni»: i favorevoli alla celebrazione in latino e i contrari che per protesta non mandavano più i bambini alle lezioni di catechismo. Il 14 febbraio il vescovo aveva invece incontrato la comunità di Nibbiola, nella chiesa parrocchiale della Maria Vergine Assunta, e al termine del momento di preghiera aveva ribadito che la celebrazione ordinaria della messa prevede il rito in italiano. Anche l’incontro di Nibbiola, però, si era concluso all’insegna della tensione: un gruppo di fedeli, infatti, rimasto poco soddisfatto dalle spiegazioni del vescovo Corti aveva abbandonato la chiesa in segno di protesta. © Copyright La Stampa, 13 marzo 2008
Tre parroci perdono le loro parrocchie:recitavano la messa in latino

VERBANIA (8 giugno) - Celebrano la messa in latino, e per questo perdono le loro parrocchie. E' accaduto tra le province di Novara e Verbania dove il vescovo, monsignor Renato Corti, ha rimosso i parroci di Santa Maria Maggiore, don Alberto Secci, di Crevoladossola, don Stefano Coggiola e di Nibbiola, don Marco Pizzocchi. Un "licenziamento" che era nell'aria da mesi; da quando le celebrazioni in latino erano state introdotte con l'entrata in vigore del "Motu proprio" di Papa Benedetto XVI, i tre preti hanno infatti celebrato sempre le messe in latino, scatenando la reazione della Curia che li ha richiamati più volte. «Non siamo preti juke-box, che una volta celebrano in latino e una in italiano», avevano risposto don Stefano Coggiola e don Alberto Secci. La Curia aveva allora deciso di sospenderli, inviando altri sacerdoti a dir messa nelle loro parrocchie. Questa mattina, durante le messe domenicali, i sacerdoti chiamati a sostituire i loro ribelli colleghi hanno annunciato che i tre parroci sono stati sollevati dall'incarico. Non si parla di trasferimento, ma è stata loro negata la possibilità di continuare a fare i parroci.
Fuente: Il Messaggero it.


Si tratta di tre parroci delle province di Novara e Verbania
@@ (ANSA) - DOMODOSSOLA (VERBANIA), 8 GIU - Celebrano la messa in latino e il vescovo di Novara e Verbania rimuove tre presti dalle loro parrocchie. Da quando le celebrazioni in latino erano state introdotte con il 'Motu proprio' di papa Benedetto XVI, i 3 preti hanno sempre recitano in latino scatenando la reazione della Curia che li ha richiamati piu' volte. Ora mons.Renato Corti ha rimosso i parroci di S.Maria Maggiore, Alberto Secci, di Crevoladossola, Stefano Coggiola, e Nibbiola, Marco Pizzocchi.


domingo 8 de junio de 2008

Nuevo presidente del Pontificio Consejo para la familia



CITTA’ DEL VATICANO - Il Cardinale Ennio Antonelli e' stato nominato dal Papa nuovo presidente del Pontificio Consiglio per la Famiglia. Lascia dunque la diocesi di Firenze, di cui era Arcivescovo da sette anni. Alla guida del dicastero per la Famiglia prende il posto del Cardinale colombiano Alfonso Lopez Truijllo, deceduto un mese fa. A Firenze dovrebbe ora arrivare Monsignor Giuseppe Betori, attuale segretario generale della Cei. La nomina di Antonelli al Pontificio Consiglio per la Famiglia e' stata decisa da Benedetto XVI in tempi molto rapidi per una ragione ben precisa: il dicastero e' impegnato nella preparazione dell'Incontro Mondiale delle Famiglie che si terra' a Citta' del Messico dal 13 al 18 gennaio 2009. A favore di Antonelli ha giocato la grande stima che ne hanno il Pontefice e il Cardinale Camillo Ruini, che lo volle alla segreteria della Cei dal 1995 al 2001. L'incarico al quale il porporato e' stato chiamato e' di grande rilevanza perche' il tema della famiglia rappresenta il terreno di piu' intenso confronto tra la Chiesa e le societa' moderne, ma Antonelli e' sembrato la persona giusta anche perche' lo scorso gennaio e' stato l'autore di un documento su "L'amore cristiano in famiglia" molto apprezzato dal Pontefice. Destinato inizialmente solo ai fiorentini, il Cardinale Ruini ha voluto, non a caso, che il documento di Antonelli fosse distribuito pure in tutte le Chiese di Roma. Il Cardinale Antonelli e' nato a Todi il 18 novembre 1936 ed e' stato alunno del Pontificio Seminario Romano Maggiore e della Pontificia Universita' Lateranense. Sacerdote dall'aprile 1960, ha insegnato lettere e storia dell'arte nei licei e poi dogmatica all'istituto teologico di Assisi. Nel maggio 1982 e' stato nominato vescovo di Gubbio e promosso a ottobre del 1988 Arcivescovo di Perugia-Citta' della Pieve. Membro della Commissione per la Dottrina della Fede della Cei, ha collaborato alla nuova redazione del Catechismo degli adulti. Il 25 maggio 1995 e' stato nominato segretario generale dell'Episcopato Italiano e poi confermato nel 2000 per completare la stesura degli Orientamenti Pastorali della Cei per il decennio in corso. Il 21 marzo 2001 e' stato chiamato alla guida dell'Arcidiocesi di Firenze. E' Cardinale dal 21 ottobre 2003. Nel Conclave del 2005, Antonelli era addirittura considerato tra i papabili. Monsignor Betori, il suo probabile successore, e' anche lui umbro (e' nato a Foligno nel 1947) ed ex docente dell'Istituto Teologico di Assisi (insegnava Sacra Scrittura). Come direttore dell'Ufficio Catechistico Nazionale ha collaborato con Antonelli nella stesura del Catechismo degli Adulti e poi, come sottosegretario della Cei, lo ha affiancato nei sei anni della sua segreteria, che sono stati, poi, quelli della preparazione del Grande Giubileo del 2000. Resta per il momento ausiliare di Firenze Monsignor Claudio Maniago, al centro di polemiche per non aver dato rapidamente corso a denunce riguardanti un anziano sacerdote, gia' suo padre spirituale, don Cantini, accusato di abusi sessuali. Maniago stesso e' stato poi coinvolto in un'inchiesta per episodi simili ma ha proclamato la propria innocenza e Antonelli gli ha confermato la sua fiducia. ''Sono grato al Papa per la fiducia accordatami; ho sempre notato una forte sintonia con lui ogni volta che l'ho incontrato. Questa vicinanza in tutto mi fa stare tranquillo nel mio nuovo incarico''. Cosi', visibilmente emozionato, il Cardinale Antonelli si e' rivolto ai rappresentanti della Diocesi di Firenze convocati in Curia a sorpresa per questo annuncio. ''Mi sento una grande responsabilita' - ha proseguito il porporato - perche' sono pienamente consapevole dell'importanza dell'organismo che andro' a presiedere. La famiglia e' infatti la cellula base della Chiesa e della societa', ed essa e' fortemente apprezzata a livello di ideali ed e' in cima alle aspirazioni del popolo italiano. Eppure e' in grandi difficolta', e' minacciata, e' in crisi. Faro' tesoro dell'esperienza fatta in questi anni alla guida della Diocesi per promuovere il bene della famiglia, a tutti i livelli''. Le linee che seguira' il nuovo presidente del Pontificio Consiglio per la Famiglia sono state di fatto anticipate nella Lettera pastorale "L'amore cristiano dei coniugi". Per Antonelli, "la famiglia e' il luogo privilegiato dell'amore e della vita, perche' - si legge nella lettera pastorale - e' un intreccio strettissimo di relazioni tra sessi diversi e generazioni diverse: marito e moglie, genitori e figli, fratelli e sorelle, a cui si aggiungono nonni e parenti. In essa, prima e piu' che altrove, ogni persona si sperimenta come soggetto in relazione con gli altri e trova le piu' grandi gioie e le piu' grandi sofferenze". "Anche in mezzo alla tribolazione - scrive il Cardinale Antonelli - l'amore reciproco e' consolazione, mentre l'amore non corrisposto e' dolore anche in mezzo alla prosperità". Nell'amore di coppia - ricorda il documento dello scorso Gennaio - dovrebbero rientrare "tutte le componenti della persona: corpo, affettivita', intelligenza, volonta', comportamento, apertura alla societa', alla Chiesa, a Dio. Oggi pero' e' diffusa una mentalita' che riduce l'amore a soddisfazione dell'istinto, sensazione ed emozione piacevole, benessere sentimentale. Conta cio' che si sente, cio' che e' spontaneo, gratificante, senza richiedere impegno e tantomeno sacrificio. Un tale amore merita piuttosto di essere chiamato coincidenza di egoismi ed e' volubile, effimero, soggetto a delusioni tanto piu’ cocenti quanto piu' era stato caricato di attese". L'amore vero, invece, e' "integrazione progressiva di tutte le energie vitali. Non e' qualcosa da consumare, ma qualcosa da costruire giorno per giorno, con convinzione, generosita' e tenacia".

sábado 7 de junio de 2008

Un documento orientativo para el diálogo inter-religioso



La Reunión Plenaria del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso publicará próximamente un documento en el que se recogerán orientaciones pastorales para el diálogo con otras religiones.
Así lo anunció ayer por la mañana el cardenal Jean-Louis Tauran, presidente de este dicasterio, durante la apertura de las sesiones de la asamblea que actualmente tiene lugar en su sede, y que concluirá el próximo sábado con una audiencia con el Papa Benedicto XVI.
La décima Plenaria de este Consejo Pontificio, cuyo tema es "El diálogo en la Verdad y en la Caridad", se centrará por tanto, en la "elaboración de orientaciones para el diálogo interreligioso".
Dadas las nuevas relaciones entre la Iglesia católica y las otras grandes religiones mundiales, en primer lugar con el Islam, "tras muchos años de vacilaciones sobre su oportunidad", dijo el purpurado, "ha llegado el momento de ofrecer un documento orientativo a pastores y fieles".
Para establecer unas líneas guía para este diálogo, señaló el cardenal Tauran "es oportuno inspirarse en los Diez Mandamientos, gramática universal que todos los creyentes pueden utilizar en su relación con Dios y con el prójimo".
Es urgente y necesario, afirmó, preparar a los fieles "a comprender que todos los creyentes tienen un patrimonio común: la fe en un único Dios, la sacralidad de la vida, la necesidad de la fraternidad, y la experiencia de la oración, que es el lenguaje de la religión".
"Reflexionaremos -explicó el Presidente- sobre los numerosos retos relativos a la verdad sobre el hombre, sobre el mundo y sobre Dios. A propósito del diálogo interreligioso, pondremos particular énfasis en la verdad sobre Dios, nuestro creador, al que todas las cosas deben ser referidas, y que es el único que da significado definitivo a nuestra vida y a la historia humana".
"Perfectio intellectus est verum", escribió santo Tomás de Aquino en Contra gentes (3, 51). Y nosotros, en cuanto creyentes, debemos empeñarnos en buscar la verdad, en amarla, en defenderla y en transmitirla", comentó Tauran.
"Jesús ha revelado la verdad sobre Dios y sobre el hombre y por eso es para nosotros la buena noticia: No podemos meterla bajo el celemín. Nuestra vida cristiana debe iluminar toda la casa", añadió.
Pero la verdad es inseparable del amor, precisó el cardenal Tauran: "Dios es amor y verdad. La verdad inspira sentimientos, actitudes y actos de amor.". Por esto es importante que el servicio pastoral a los católicos "les prepare a compartir sus convicciones espirituales y a tener en cuenta las de los demás", concluyó.



COMENTARIO


El verdadero papel de la Iglesia en el diálogo interreligiosoYa desde tiempos de san Pablo, la Iglesia ha tenido a bien dialogar con gentes de otras tradiciones religiosas. No es, por tanto, algo nuevo para la Iglesia llevar a cabo este tipo de iniciativas. Tampoco este tipo de diálogo lo inventó el Vaticano II, como muchos piensan. Los Padres Apostólicos llevaron a cabo una ingente tarea para mantener la unidad de la Fe en la Iglesia al tiempo que refutaban las cosmovisiones erróneas.En el ámbito del diálogo interreligioso actual es fundamental que la Iglesia siga apuntando a Jesucristo como la plenitud de la Revelación de Dios en la Historia de la humanidad. La Iglesia debe ayudar a que todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares puedan encontrarse con la verdad de Dios.La Iglesia no es un interlocutor más. No es una religión o una confesión cristiana más que debe plegarse al reconocimiento de unas verdades que le son extrañas. La Iglesia debe ser capaz de mostrar a los que no creen en Cristo que Él es el único camino para la obtener la salvación.Esto es lo que siempre ha defendido la Iglesia y lo que no puede dejar de hacer, pues es el encargo que recibió del mismo Cristo. La evangelización es una tarea que debe impregnar esos circuitos de diálogo al máximo nivel, pero también es tarea de todos los bautizados irradiar la buena noticia del Evangelio de la Vida.
[Juan Miguel Comas]
fuente: sector católico

viernes 6 de junio de 2008

La férrea disciplina ortodoxa




El pasado 25 de mayo, el eparca Metropolitano Nicolae Banat, que pertenece a la Iglesia ortodoxa rumana, comulgó en una concelebración católica latina, en la consagración de una nueva iglesia, en presencia del Nuncio Apostólico Mons. Francisco Javier Lozano.


Desde el Departamento del exterior de la Iglesia Ortodoxa Rusa el Metropolita Kirill ha demandado explicaciones al eparca ortodoxo Cipriano, alta jerarquía en Rumania, a cerca de este gesto. Como se sabe, se ha tratado de un acto que ofende lo más profundo de la Eucaristía que es la unidad, por cuanto no significa aquello que es sí mismo. Esto es así para la disciplina latina y oriental católica, y como se ve no lo es menos para las iglesias ortodoxas, que viven con muchísima intensidad todo aquello que pueda agredir la integridad de su fe y tradiciones.
Por eso siempre se trata al día de hoy de cuidar al máximo las relaciones con la feligresía ortodoxa, para no agredir este sentido extremadamente fino que tienen de la fe.
La confesión ortodoxa rusa más de una oportunidad ha sindicado a la Iglesia Católica latina de hacer proselitismo con el envío de misioneros católicos, entre sus fieles.
Más allá, de la noticia, que como se dijo en su momento, se esperaba alguna reacción, es notorio como los jerarcas ortodoxos tienen una férrea disciplina, en este caso llamando la atención vía cadena jerárquica al eparca Nicolau.



В Румынскую Церковь направлен запрос в связи с информацией о причащении одного из ее иерархов на католическом богослужении

По сообщениям СМИ, 25 мая 2008 года во время литургии в греко-католическом храме города Тимишоара (Румыния), на которой присутствовал апостольский нунций в Румынии Франциск Хавьер Лозана, состоялось причащение митрополита Банатского Николая (Румынская Православная Церковь).
6 июня 2008 года председатель Отдела внешних церковных связей Московского Патриархата митрополит Смоленский и Калининградский Кирилл направил письмо на имя епископа Кымпинского Киприана, викария Блаженнейшего Патриарха Румынского, председателя Сектора внешних церковных связей Румынского Патриархата, с просьбой разъяснить, действительно ли имел место факт общения в таинствах видного иерарха Румынской Православной Церкви с лицами, к Православной Церкви не принадлежащими, и каково, в таком случае, отношение к этому событию Блаженнейшего Патриарха Румынского Даниила и Священного Синода Румынской Православной Церкви.
Служба коммуникации ОВЦС

The Russian Church asks the Romanian Church to explain why its hierarch communes with Greek-Catholics
Moscow, June 6, Interfax - Head of the Moscow Patriarchate Department for External Church Relations Metropolitan Kirill addressed the head of the Romanian Patriarchate Sector for External Church Relations Bishop Cyprian to clear up the information about Romanian hierarch communing at the Catholic mess. In his letter, Metropolitan Kirill asks bishop Cyprian "to clear out if indeed a prominent Romanian Orthodox hierarch communed with those who don't belong to the Orthodox Church," the Moscow Patriarchate official website has reported on Friday.The letter also asks "Patriarch Daniel of Romania and the Holy Synod of the Romanian Orthodox Church express their attitude to this event."As Interfax-Religion has reported earlier, Metropolitan Nicolae of Banat communed at a liturgy in the Greek-Catholic Church in Timisoara in presence of the apostolic nuncio to Romania Archbishop Francisco Javier Lozano
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jueves 5 de junio de 2008

La receta del obispo de Namur




Mons. André-MutienLeonard, obispo de la pequeña diócesis de Namur, en Bélgica, en medio de la consabida crisis vocacional de Europa, tiene actualmente 35 seminaristas, que son el asombro de todos. Desde hace unos años ha tomado en mano propia la reforma del seminario diocesano, y esto no sin inconvenientes, y cuando se le pregunta sobre el secreto de las vocaciones responde: “la formación filosófica y teológica sea de alto nivel y perfectamente conforme al Magisterio de la Iglesia Católica”. Vistas las fotos de las ordenaciones de hace unos días, se puede decir que además está perfectamente integrada en la formación sacerdotal la sagrada liturgia.

Une recette pour avoir des séminaristes ?
Comme le diocèse de Namur compte actuellement 35 séminaristes et que j’ordonne en moyenne 5 prêtres par an (85 depuis le début de mon épiscopat), on me pose souvent la question : « Avez-vous un truc pour cela ? » Hélas, non ! D’ailleurs, s’il y avait une recette, cela se saurait depuis longtemps. J’indique cependant quelques éléments qui, je crois, m’ont aidé à accueillir de nombreux séminaristes : - Au début de mon épiscopat, en 1991, j’ai dû entreprendre une profonde réforme de mon séminaire afin qu’il réponde pleinement à ce que l’Église demande ; cela a provoqué une tempête, mais a aussi manifesté aux jeunes du diocèse et d’ailleurs que l’évêque prenait des risques pour les former le mieux possible ; cela leur a inspiré confiance. - Avec mes collègues, prêtres et professeurs, nous avons veillé à ce que la formation philosophique et théologique soit de haut niveau académique et parfaitement conforme au Magistère de l’Église catholique ; c’est une condition absolument indispensable pour que les jeunes d’aujourd’hui nous fassent confiance. Cette qualité de la formation explique que certaines communautés (monastères bénédictins, communautés de l’Emmanuel et des Béatitudes) nous envoient leurs séminaristes pour leur formation intellectuelle. Même si ceux-là ne deviennent pas prêtres du diocèse, ils contribuent au pouvoir d’attraction de notre Studium. - Je me suis montré accueillant aux communautés et mouvements nouveaux que l’Esprit Saint a suscités dans l’Église de ce temps. Comme c’est là que la plupart des jeunes vivent une expérience de conversion et découvrent leur vocation, cette ouverture a suscité en eux la conviction que leur itinéraire de vie serait bien accueilli. - C’est dans ce même esprit d’ouverture que, en plus de mon Séminaire classique, le Séminaire Notre-Dame, j’ai créé en 2000 un Séminaire « Redemptoris Mater » avec des jeunes ayant découvert leur vocation dans le Chemin néocatéchuménal. Cet autre Séminaire diocésain est international, mais les séminaristes qui y sont accueillis deviennent des prêtres du diocèse de Namur. Ils s’y inculturent d’ailleurs très bien. Les deux séminaires se trouvent dans deux ailes du même Séminaire de Namur. Les cours sont, bien sûr, suivis en commun. - Enfin, comme j’ai été moi-même Recteur de Séminaire pendant 13 ans, à Louvain-la-Neuve, et comme j’enseigne quelques cours au Studium, j’ai gardé une proximité de vie avec les étudiants qui me permet d’avoir avec eux un rapport très simple, celui d’un père avec ses fils. Cela aide aussi à mettre les jeunes en confiance pour l’accueil et le discernement de leur vocation. Pour terminer, je me permets déjà de vous inviter à l’ordination de 5 nouveaux prêtres, qui aura lieu le dimanche 29 juin à 15h., à la Cathédrale Saint-Aubain (Namur - Belgique), en la solennité des Apôtres Pierre et Paul. Ce sera un grand moment pour le diocèse.


Mgr A.-M. LEONARD, Évêque de Namur.


lunes 2 de junio de 2008

¿Cuando un lugar se hace sagrado?




En el derecho, en la liturgia, en misma teología se usa esta expresión “lugar sagrado”. Para la ley eclesiástica es un concepto bien definido y acotado. Se dice por ejemplo que la Santa Misa debe celebrarse en un “lugar sagrado” (cf. can. 932§1), y se aplica en general para las iglesias, capillas, oratorios, cementerios, etc. El hecho mismo de una construcción (iglesia, oratorio, santuario) no es indicativo de un “lugar sagrado”, dado que para que tenga esta calidad debe constituirse en tal.
La importancia de los lugares sagrados no es solamente funcional, sino a la vez simbólica, en tanto son signos visibles de la cercanía de Dios, e indicadores en medio del mundo del camino a seguir para alcanzar la meta final.
Por ello el c. 1205 es taxativo cuando determina que se debe entender por un “lugar sagrado”, así reza la letra del texto:

“son lugares sagrados, aquellos que se destinan al culto divino, o a la sepultura de los fieles mediante dedicación o bendición que los libros litúrgicos prescriben para éstos”.

La idea de un espacio sagrado como morada de Dios, siempre ha despertado interés en el hombre religioso, aunque percibe que la inmensidad de Dios no es atrapable (cf. Act. 7,48). Sin embargo la existencia de tales sitios es una constatación universal desde lo más primitivo y en todas las culturas. Jesús es presentado en el templo, él mismo tenía por santo este lugar (Lc. 2,41-50). Asimismo el pasaje en dónde hecha los mercaderes del templo es significativamente una afirmación de una lugar como “casa de oración” y manifestación del “celo por el templo” (Mc. 11,17).
Está claro que desde la aparición del cristianismo hay un cambio fundamental en el tema, a partir de Pentecostés, comienza a aparecer el Cuerpo Místico de Jesús la verdadera morada en que habitan el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Desde la Encarnación si hay una morada de Dios, un espacio sagrado por excelencia es el Cuerpo bendito de Jesús, (Col. 2,9; Jn. 2,19).
Por lo que teniendo en cuenta estas premisas, el derecho eclesial litúrgico dispone que para que un lugar tenga la categoría de “sagrado” debe:
Estar destinado al culto divino , que en el Código de cánones de las Iglesia Orientales, siendo más fino el espíritu en esta materia, se dice “uso exclusivo”, y se agrega por medio de “consagración” en lugar de dedicación (cf. 869 CCEO). En el CIC sólo se habla de destinación al culto divino, sin más.
Sepultura de los fieles, por cuanto el cuerpo mismo del cristiano es morada de Dios, el templo de Dios es sagrado y Uds. son ese templo… (cf. I Cor. 3,16).
Mediante la dedicación o bendición, aquí está el doble elemento constitutivo y caracterizante, la destinación estable al culto divino o sepultura, y la dedicación o bendición.
No basta el la sola destinación, por cuanto es la dedicación o bendición la que confiere a la destinación un valor auténtico, oficial, jurídico-litúrgico. La dedicación es obligatoria para las iglesias catedrales, parroquiales y altares fijos.
Los libros litúrgicos… esto es, como la Iglesia ha fijado los ritos en sus formularios, y que son el Ordo dedicacationis ecclesiae et altares y el Liber benedictionum.

domingo 1 de junio de 2008

17º aniversario de ordenación sacerdotal



¡Señor, completa la obra que has comenzado en mí!
Pbro. José María Delfino
ord. 02.VI.1991 - 02.VI.2008
17 años