miércoles 31 de diciembre de 2008

¡Feliz año del Señor 2009!

(avestruz pampeana)
A todos los que miro y me ven, desde la pampa húmeda Argentina, paraíso y ensueño, les deseo de corazón un feliz y sereno año 2009 en el Corazón de Jesús y María.

Ya no se aplican las leyes del estado italiano en el Vaticano


Vaticano dejará de aplicar "automáticamente" desde mañana las leyes de Italia


El estado del Vaticano desde los Pactos de Letrán venía aplicando de manera ordinaria el orden jurídico italiano, entiendo por una cuestión de economía jurídica. Es lo que habitualmente se llama la canonización de la ley civil, porque no se ve razón alguna de multiplicar normas, dado que existen en el plano del estado, si no son contrarias a Dios y a la naturaleza, se adoptan como propias aplicándolas. De tal manera se ve que, una sociedad perfecta en "su orden" con fines espirituales como la Iglesia, ve en la legislación del estado (sociedad con fines temporales en orden al bien común de todo hombre) un punto de encuentro, en tanto ambas se relacionan y sobre todo si hay materias mixtas, que interesan a una y a otra, por lo que queda así demostrado la interacción de ambas sociedades.

Si bien parece que salvo excepcionales casos el Vaticano no aplicaba alguna ley evidentemente contraria a principios irrenunciables emanados del Evangelio, ahora llegó el fin de tal automaticidad, que por lo que se lee no ha sido ni tal ni tanta. Siempre se la exminó y se hicieron las adecuadas excepciones.

Ya no es tan claro que la legislación estatal italiana esté vinculada siempre al bien común y a la justicia (en orden a los principios de la fe y de la naturaleza) por lo que se hace un gesto de independencia, sin que eso signifique ninguna ruptura en la "cooperación y mutua ayuda" que deben tener ambos estados.



RD/EFE
Miércoles, 31 de diciembre 2008
El Vaticano ha anunciado que desde mañana, 1 de enero, no se aplicará de manera automática el ordenamiento jurídico italiano, como se hacía desde 1929, por considerar que las leyes de este país contrastan "con demasiada frecuencia" con los "principios irrenunciables de parte de la Iglesia". En un artículo publicado en la edición de hoy del diario vaticano L'Osservatore Romano, el presidente de la Corte de Apelación del Estado de Ciudad del Vaticano, el español José María Serrano Ruiz, explica este cambio, en virtud del cual la legislación italiana será considerada ahora "fuente supletoria" de un ordenamiento jurídico vaticano que estará inspirado en el derecho canónigo.
Tras la firma de los pactos de Letrán o pactos lateranenses del 11 de febrero de 1929, que supusieron el reconocimiento mutuo del entonces Reino de Italia y la Santa Sede, el Vaticano adoptó el ordenamiento jurídico italiano. Hasta ahora, el rechazo a adoptar una norma del Estado italiano era excepcional y motivada por una "radical incompatibilidad". Según Serrano Ruiz, la nueva normativa del Vaticano, que fue aprobada en octubre por el Papa Benedicto XVI, ha sido necesaria debido al "numero exorbitante" de leyes italianas, así como a su carácter "variable" y a que presentan "con demasiada frecuencia" contrastes con "principios irrenunciables de parte de la Iglesia". Para los analistas vaticanos, esta decisión del Estado pontificio responde a normas como la legalización del divorcio, pero también se blinda ante futuras leyes sobre la familia o que puedan reconocer las parejas homosexuales."En el Vaticano saben que una legislación europea podría antes o después llevar a Italia el reconocimiento de las parejas de homosexuales (...). Por ello, al actual filtro se ha querido añadir un freno oficial", explica Marco Politi en un artículo publicado hoy en el diario La Repubblica.

martes 30 de diciembre de 2008

Deberíamos poner reclinatorios frente al presbiterio para que los que quieran...


De la misma manera que haciendo caso al c. que nos indica que la sede del Sacramento de la Reconciliación es el confesonario, y en Argentina por legislación particular, que debe estar dispuesto de tal modo que quienes quieran confesarse por la rejilla lo puedan hacer, según lo que se dice en estas declaraciones, por mi cuenta deduzco que, quienes tenemos templos en los que se sacaron los comulgatorios, tenemos que dar la opción por medio de reclinatorios, para que quienes quieran comulgar de rodillas puedan hacerlo de esta manera, que responde a una mayor sensibilidad de aquellos fieles que demuestran con un gesto externo el respeto y adoración debidas al Santísimo Sacramento. En el fondo, sería seguir las indicaciones que tácitamente está dando el Santo Padre cuando los que comulgan con él, lo hacen de esta manera, además de las cuantiosas voces autorizadísimas que hoy aconsejan esta modalidad.



Traducidas de la publicación francesa


« La Lettre de Paix liturgique », reproducimos algunas de las palabras escritas por Monseñor Malcom Ranjith, Secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, sobre la forma de recibir la sagrada Comunión, incluidas en la presentación del libro « Dominus est » («Es el Señor »), escrito por Monseñor Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Karaganda (Kazakhstan).

“En ciertos templos los responsables no solamente exigen que los fieles reciban la Sagrada Comunión de pie, sino que incluso han llegado a suprimir los reclinatorios, obligando a los fieles a estar sentados o de pie, incluso durante la elevación de las Especies eucarísticas que se presentan para su adoración. Pero el colmo es constatar que estas medidas han sido tomadas en las diócesis por los responsables de la liturgia, o en los templos por los sacerdotes, sin haber consultado al más mínimo número de fieles; mientras que hoy, más que nunca, se habla en numerosos ambientes de la democracia en el seno de la Iglesia.

Al mismo tiempo, hay que reconocerlo, en relación con la comunión en la mano, esta práctica fue introducida de manera abusiva y apresurada en ciertos medios de la Iglesia, tras el Concilio, alterando la costumbre secular precedente, para llegar a convertirse en práctica regular en toda la Iglesia. Se ha justificado este cambio afirmando que refleja mejor el Evangelio, o la práctica antigua de la Iglesia. Es cierto que si puede recibirse la comunión sobre la lengua, puede recibirse igualmente en la mano, ambos son órganos del cuerpo de igual dignidad. Algunos, para justificar esta práctica, hacen referencia a las palabras de Jesucristo: «Tomad y comed » (Mc 14, 22 ; Mt 26, 26). Pero cualquiera que sean las razones favorables a esta práctica, no podemos ignorar lo que sucede a nivel mundial, cuando la misma se concreta de manera real. Este gesto contribuye a una debilitación gradual y creciente de la actitud de respecto hacia las santas Especies eucarísticas. A la inversa, la práctica precedente había preservado mejor el sentido de veneración. En lugar de este, nos hemos deslizado hacia una falta alarmante de recogimiento y hacia un espíritu de despreocupación generalizado. Así llegamos a contemplar como algunas personas que han comulgado regresan a sus sitios como si no se hubiese producido nada extraordinario. En la mayor parte, son los niños y adolescentes quienes muestran esta distracción. En muchos casos no apreciamos ese sentido de gravedad y de silencio interior que deben ser los signos de la presencia de Dios en el alma. Y a ello deben añadirse toda clase de abusos: los que toman las santas Especies para guardarlas como recuerdos, quienes las venden o, todavía mucho peor, las llevan para profanarlas en ritos satánicos. Estas situaciones han sido constatadas, justo en las grandes concelebraciones, incluso en Roma, donde se han podido encontrar en varias ocasiones las santas Especies tiradas por el suelo. Estos hechos nos conducen a reflexionar no solamente sobre esta grave pérdida de la fe, sino también sobre estos ultrajes y ofensas al Señor, a Él que se digna salir a nuestro encuentro, queriendo hacernos llegar a ser semejantes a Él, para que se refleje en nosotros la santidad de Dios. El Papa habla de la necesidad no sólo de comprender el verdadero y profundo sentido de la Eucaristía, pero también de celebrar con dignidad y respeto. Nos dice que debemos ser conscientes “de la importancia de los gestos y de las posturas, como el hecho de arrodillarse durante los momentos centrales de la plegaria eucarística”» (Sacramentum Caritatis, 65). Con más razón, y hablando de la recepción de la Sagrada Comunión, invita a todos a «hacer todo lo posible para que el gesto, en su simplicidad, corresponda al valor del encuentro personal con el Señor Jesús en el Santísimo Sacramento» (Sacramentum Caritatis, 50).

(fuente. Hoc signo)

lunes 29 de diciembre de 2008

Reflexión del obispo de Huesca sobre la Misa de Plaza Colón en Madrid


Queridos Hermanos y amigos: Paz y Bien.
Fue una humilde lucecilla, pero por pequeña que fuera su chispa diminuta y su discreto calor, revolucionaron para siempre toda la oscuridad gélida que nos rodeaba. Así ha querido hacer Jesús naciendo entre nosotros. Él no perdió mucho tiempo en maldecir la tiniebla que nos apaga ni los fríos que nos hacen tiritar.
Hizo algo más hermoso y más eficaz: encender la luz y ofrecer una lumbre. El domingo pasado eso hicimos en Madrid esa inmensa multitud de cristianos que desafiando el frío, las nubes amenazantes, los viajes distantes y sacudiéndonos la pereza o la comodidad, salimos a la plaza pública de nuevo. No hubo exaltaciones patrióticas, ni prietas las filas firmes y a callar, ni mensajes politiqueros para derrocar a no sé quién impresentable. Pese a lo que vaticinaban los corifeos de siempre, nada de eso se pretendió, ni se dio. Hicimos algo más hermoso y más eficaz nosotros también: encender una luz y ofrecer una lumbre.
Es evidente que creyendo en lo que cree Dios, amando lo que Él ama y defendiendo las cosas importantes por su misma razón, afirmamos con pasión inquebrantable el don de la familia y el de la vida. Y sabiendo conjugar ese doble interés estamos justamente en esa labor: amar y defender. Y al amar queremos anunciar, proponer sin imponer la belleza de la familia y la vida. Y al defender queremos denunciar, con respeto y sin traición, todo cuanto confunde, engaña, falsea y banaliza la familia y la vida. Amar y defender, como Dios hace y por su misma causa.
Fue un precioso espectáculo que muestra la fuerza sin violencia que reside en el pueblo de Dios, y que no pueden erradicar ni someter quienes son enemigos de la familia y de la vida, por más que sean poderosos sus tentáculos mediáticos, políticos y legislativos. Al final, la misma realidad se hace terca y termina por volver al cauce de la verdad los empeños desmadrados de sacar las aguas de su quicio natural.
Vimos a abuelos, a matrimonios maduros y matrimonios principiantes, a jóvenes y a muchos niños. Esa unidad de la familia, que se miraba en el modelo de Jesús, María y José, tiene largo recorrido, tiene que expresar de tantos modos el regalo de su fe.
La presencia de más de la mitad del episcopado español fue también un testimonio de cómo tanto en nuestras diócesis como cuando se trata de un gesto público de índole nacional, los pastores estamos junto a nuestras familias que aman y defienden lo que defiende y ama la Iglesia y el Señor. Las familias españolas estábamos allí, y en cuantos a través de los medios de comunicación siguieron el evento desde sus casas.
De modo particular el Santo Padre también quiso acudir a la Plaza de Colón el domingo pasado, y decirnos a nosotros lo que decía al mundo entero desde aquel balcón de la cristiandad que es la Plaza de San Pedro. Sus palabras finales fueron verdaderamente luminosas y consoladoras: "queridas familias, no dejéis que el amor, la apertura a la vida y los lazos incomparables que en vuestro hogar se desvirtúen. Pedídselo constantemente al Señor, orad juntos, para que vuestros propósitos sean iluminados por la fe y ensalzados por la gracia divina en el camino hacia la santidad. De este modo, con el gozo de vuestro compartir todo en el amor, daréis al mundo un hermoso testimonio de lo importante.

Mons. Jesús Sanz Montes ofm

Obispo de Huesca
(fuente: Revista Ecclesia)

domingo 28 de diciembre de 2008

España habla al mundo en el día de la Sagrada Familia







“La cultura del relativismo egoísta, del interés y de la competencia de todos contra todos, y la cultura de la muerte son muy poderosas”, ha denunciado el cardenal de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco Varela, durante su homilía en la misa de las familias que se está celebrando en la madrileña plaza de Colón. Con un tono suave, y sin cargar las tintas contra el Gobierno, Rouco reconoció que, en el caso de la Iglesia, “las ideas no se imponen sino que se proponen". Al tiempo, animó a las familias, junto con el Papa, a “ser testigos valientes e incansables del Evangelio de la Familia, con obras y palabras, en la Iglesia y en el mundo”.
“Esta verdad y este modelo de la verdadera familia, cuya actualidad no pasa nunca, es lo que queremos anunciar y presentar de nuevo hoy al mundo con nuestra celebración eucarística en la Plaza de Colón”, recalcó el cardenal de Madrid a los asistentes, que han llenado la plaza de Colón y sus aledaños, aunque en menor número que el pasado año, desafiando a la tímida lluvia que cayó durante algunos compases de la ceremonia, así como al tremendo frío. Junto a Rouco, están oficiando cuatro arzobispos, 22 obispos residenciales y varios auxiliares.
Con anterioridad, Benedicto XVI dirigió un mensaje a los presentes durante el rezo del Angelus. Por errores técnicos, no pudieron escucharse las palabras del Papa en la plaza de Colón. Tampoco en televisión. Antes del inicio de la misa, Kiko Argüello pronunció una monición de entrada, sin ninguna referencia a la situación que se vive en España.
Sí se refirió Rouco Varela a la lacra del aborto, subrayando que “estremece el hecho y el número de los que son sacrificados por la sobrecogedora crueldad del aborto, una de las lacras más terribles de nuestro tiempo tan orgulloso de sí mismo y de su progreso. Ellos son los nuevos Santos Inocentes de la actualidad”.






A continuación, y por su interés, les ofrecemos, íntegra, la homilía del cardenal Rouco en la Misa de las familias de la plaza de Colón:






Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:






1. De nuevo, este año, hemos venido a celebrar la Fiesta de la Sagrada Familia, la Familia de Jesús, María y José, a la madrileña Plaza de Colón, unidos a todas las familias cristianas de España en comunión de fe, esperanza y amor. Se ha iniciado nuestra celebración escuchando y acogiendo con afecto y gratitud filial las luminosas y estimulantes palabras que nuestro Santo Padre ha querido dirigirnos una vez más desde la Plaza de San Pedro en el marco del rezo dominical del Ángelus. El Papa, extraordinariamente sensible a las necesidades humanas y espirituales de la familia en estos momentos tan críticos por los que atraviesa la humanidad, ha querido alentarnos a todos los presentes, pero de un modo muy especial a las familias que formáis esta magna Asamblea eucarística, a ser testigos valientes e incansables del Evangelio de la Familia, con obras y palabras, en la Iglesia y en el mundo, porque del bien integral de la familia depende la suerte de toda la familia humana.
En el corazón de este Evangelio se encuentra una verdad fundamental: la familia es gracia de Dios. Y un modelo para vivirla: la Sagrada Familia de Nazareth. Gracia de Dios quiere decir: la familia es fruto del amor creador y redentor de Dios. Y, el modelo de Nazareth, la posibilidad de vivir la familia en la integridad y belleza de su ser como comunidad indisoluble de amor y de vida, fundada en la donación esponsal del varón a la mujer y de la mujer al varón y, por ello, esencialmente abierta al don de la vida: a los hijos.






2. Esta verdad y este modelo de la familia, comprendida en toda su belleza, natural y sobrenatural, que ilumina la fe cristiana esplendorosamente, es lo que queremos vivir y celebrar hoy en esta Eucaristía, ¡“el Sacramento del Amor de los Amores”!, con el gozo de saberse hijos de Dios, destinados a vivir la existencia por los caminos del mundo y de la historia como una vocación para el amor. Esta verdad y este modelo de la verdadera familia, cuya actualidad no pasa nunca, es lo que queremos anunciar y presentar de nuevo hoy al mundo con nuestra celebración eucarística en la Plaza de Colón, no olvidando lo que tantas veces Juan Pablo II recordaba como “la regla de oro” de toda evangelización, la última vez, en aquella memorable Vigilia mariana de “Cuatro Vientos” con los jóvenes de España, el 3 de mayo del 2003, víspera de la canonización de cinco santos españoles del siglo XX, en esta misma plaza: “Testimoniad con vuestra vida –les decía– que las ideas no se imponen, sino que se proponen”. El Concilio Vaticano II había enseñado ya antes, en 1965, que “la verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra, con suavidad y firmeza a la vez, en las almas” (DH 1).






3. Estamos convencidos, por la gracia de Dios –la gracia que a todos se ofrece y que a nadie rechaza, a no ser que ella misma sea rechazada– de que no sólo es posible concebir, ordenar y vivir el matrimonio y la familia de forma muy distinta a la que en tantos ambientes de nuestra sociedad está de moda y que dispone de tantos medios y oportunidades mediáticas, educativas y culturales para su difusión, sino que, además, es la que responde a las exigencias más hondas y auténticas de amor y de felicidad que anidan en el corazón del hombre. ¡El futuro de la humanidad pasa por la familia!, insistía Juan Pablo II. La familia “es la principal agencia de paz”, afirmaba Benedicto XVI.






4. Es, por ello, una gran alegría poder saludaros a tantas familias venidas de todos los rincones de España, junto a las familias madrileñas, en nombre de los Sres. Cardenales, Arzobispos y Obispos, que concelebran conmigo en esta solemnísima Eucaristía de la Fiesta de la Sagrada Familia, y, también, en nombre de los numerosísimos sacerdotes concelebrantes, venidos no sólo de Madrid, sino de muchas otras Diócesis de España. ¡Os saludo, queridas familias, con aquel afecto pastoral que renace en cada Navidad al calor del Niño Jesús recién nacido en la cuna de Belén, muy cerca de María y de José, y os agradezco vuestra respuesta a la invitación para celebrar “eucarísticamente” el día de la Sagrada Familia en este lugar, vinculado por tantos y tan memorables acontecimientos a la más reciente historia de la Iglesia en España ¡Respuesta sacrificada y generosa! El saludo se dirige, en primer lugar, con respeto y emoción agradecida a los abuelos, protagonistas callados pero decisivos hoy y tantas veces de la educación cristiana de sus nietos: los niños y los jóvenes en los que se cifra el inmediato futuro de la sociedad y de la Iglesia. Nuestro saludo se vuelve también cercano, afectísimo y animoso a los matrimonios, a los padres y madres de familia que llenáis con vuestros hijos la Plaza de Colón en este día tan señalado para las familias cristianas de España.
¡Estamos a vuestro lado con nuestra oración y nuestros desvelos de Pastores de la Iglesia en esta coyuntura histórica, excepcional por tantos motivos, en la que vuestros esfuerzos por hacer de vuestras familias santuarios de la vida, hogares del amor y testimonios de esperanza para los hombres y la sociedad de nuestro tiempo, resulta una tarea tan difícil como hermosa! Saludamos también con mucho afecto a los numerosos jóvenes que participan en la celebración con la alegría y el compromiso cristiano que hoy de nuevo han puesto a prueba con su desprendida y pronta colaboración para el mejor desarrollo de esta celebración; haced vuestro hoy, renovados en el amor a Jesús, José y María, el comportamiento en vuestras casas al que os exhorta la Palabra de Dios: “el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha” (Eclo 3, 2-6).
Y, finalmente, nuestro más entrañable saludo va dirigido a los numerosos niños que tomáis parte, sin duda muchos por primera vez, en esta Fiesta de la Familia cristiana en la Plaza de Colón, rodeando el Altar de la Eucaristía. ¡Vosotros sois los preferidos del Señor! Jesús se lo decía y lo continúa diciendo en primer lugar a los mayores, pero también hablándoos a vosotros, queridos niños. Decía Jesús: “Dejad que los niños vengan a mí porque de ellos es el reino de los Cielos”. Los niños necesitan de sus padres. Necesitan del amor de un padre y de una madre para poder ser engendrados, traídos al mundo, criados y educados conforme a la dignidad que les es propia desde el momento en el que son concebidos en el vientre materno: la dignidad de personas, llamadas a ser hijos de Dios. ¡De todos ellos, desde ese primer instante de su existencia, es el Reino de los Cielos!
No podemos, ni queremos olvidarlos en esta celebración solemnísima de la Sagrada Familia. Estremece el hecho y el número de los que son sacrificados por la sobrecogedora crueldad del aborto, una de las lacras más terribles de nuestro tiempo tan orgulloso de sí mismo y de su progreso. Ellos son los nuevos “Santos Inocentes” de la época contemporánea. Por otro lado, el Santo Padre en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero del 2009, “Compartir la pobreza, Construir la paz”, llama la atención de la comunidad internacional sobre el dramatismo de los datos que se refieren a la pobreza de los niños y de cómo es a ellos a quienes golpean en primer lugar las situaciones de pobreza de sus familias: “Cuando la pobreza afecta a una familia –nos dice el Papa–, los niños son las víctimas más vulnerables: casi la mitad de quienes viven en pobreza absoluta son niños” (n. 5).






5. Queridas familias: si quisiéramos cifrar la verdad del Evangelio de la Familia en un aspecto central que la inspira e ilumina en su totalidad, habríamos de afirmar: la función esencial de la familia es ejercer de cauce primordial para que el hombre descubra que su vocación, la que constituye la razón de ser de su existencia, es el amor: ¡participación en el amor verdadero, en el tiempo y en la eternidad!; por lo tanto ¡la participación en el amor que viene de Dios y a Dios lleva! “El hombre no puede vivir sin amor”, enseñaba Juan Pablo II en su primera Encíclica “Redemptor Hominis” (n. 10). Y añadía: el hombre “permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente”.
Benedicto XVI, por su parte, también en su primera Encíclica “Deus caritas est” (n. 28, b), recordaba que “quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto tal”. Cuando el varón y la mujer se entregan mutuamente para toda la vida en el verdadero matrimonio, se aman. Cuando no impiden que de la donación mutua de sus personas –de sus cuerpos y de sus almas– brote una vida nueva, la de sus hijos, pro-creados con Dios, están amando profundamente. Cuando los crían y educan con sacrificios sin cuento, siguen ejerciendo el amor bajo el signo de la Cruz gloriosa de Jesucristo. Y, los hijos… los hijos aprenden a amar experimentando cómo son amados gratuitamente, por sí mismos, y correspondiendo, de su parte, al amor de sus padres con su propio amor, desprendido y entregado sin reservas en la obediencia filial y en la compañía y sostén que deben prestarles durante todos sus días.






6. Muchas son en las actuales circunstancias, queridas familias, las dificultades de toda índole –económicas, sociales, jurídicas y culturales, morales y espirituales– que se interponen en el camino de la plena realización de vuestra vocación de esposos y de padres cristianos. ¿Cómo afrontarlas? ¡Mirando y siguiendo al modelo de la Sagrada Familia de Nazareth, siempre luminoso y siempre actual! ¿Cómo se enfrenta María con aquella situación, humanamente vista, insoluble, que resultaba de concebir al Hijo del Altísimo sin haber conocido varón? El repudio era la respuesta de la ley de su Pueblo. Y ¿cómo lo hace José, su esposo, ante la constatación de la evidencia del embarazo de su joven esposa antes de que viviesen juntos? María se confía totalmente a la voluntad de Dios. Se fía sin reserva alguna de las palabras del Ángel Gabriel que le asegura la plenitud de la gracia del Señor. “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”, es su respuesta. José, “que era bueno”, resuelve no denunciarla y repudiarla en secreto; pero cambia inmediatamente de opinión ante lo que le revela el Ángel, y la lleva a su casa, aceptando una paternidad, también desde el punto de vista humano, heroica. José obedece igualmente sin vacilar a la voluntad de Dios. Ese sí confiado y entregado de ambos esposos a lo que quiere de ellos el Señor y a su gracia amorosa es su común respuesta: la que mantendrán firme y fielmente durante toda la vida, pese a que pronto se les iba a desvelar cuál sería el camino y el destino de aquel hijo intensa y piadosamente amado como no lo había sido nunca ningún hijo de los hombres ni lo sería después. Simeón, el anciano justo y piadoso que esperaba ver al Mesías antes de su muerte, al encontrarse con ellos en la entrada del Templo, adonde los padres del Niño Jesús le traían para ofrecérselo al Señor según la ley de Moisés, se lo predice con una escalofriante exactitud, dirigiéndose expresamente a María: “Mira éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y, a ti, una espada te traspasará el alma” (Lc 2,34-35).
En definitiva, el amor a Dios y a aquel Hijo divino, que se les había confiado a pesar de su pequeñez y debilidad –¡amor de una ternura inigualable!- y la conciencia clara de que ese amor implicaba el estar dispuestos, sin ahorrar sacrificio alguno, a servirle en su obra salvadora de amor infinitamente misericordioso para con el hombre pecador, amenazado de ruina inminente, de muerte temporal y eterna, es lo que les inspira, impulsa y sostiene en la respuesta. ¡Una respuesta, finalmente victoriosa! ¡Una respuesta que vence al mundo!






7. ¡Ése es el modelo, queridos padres y madres de familia cristiana! ¿Queréis ser fieles a vuestra vocación? Imitad a María y a José. Confiaros a su amorosa intercesión. Es cierto que vivir vuestro matrimonio como os lo pide la voluntad de Dios, Creador y Redentor del hombre, fundar, mantener y cuidar a vuestra familia según la ley de Dios, antigua y nueva, confiados en su gracia, supone hoy un reto formidable. La cultura del relativismo egoísta, del interés y de la competencia de todos contra todos, y la cultura de la muerte son muy poderosas. El lenguaje de la creación es claro e inequívoco respecto al matrimonio: un varón y una mujer, el esposo y la esposa que se aman para siempre y ¡dan la vida! “Es necesario que haya algo como una ecología del hombre, entendida en el sentido justo”, nos enseñaba el Papa hace pocos días en su discurso de Navidad a la Curia Romana y refiriéndose al valor insustituible de la ley natural como garantía del bien de la persona humana y de la familia.
El lenguaje de la Palabra, hecha carne en el seno de la Virgen María, Palabra redentora que sana, eleva y santifica la creación, es de una claridad insuperable. ¡El amor de Dios ha triunfado para siempre por la Cruz y la Resurrección de Cristo! Es posible, más aún, es bello vivir el matrimonio y la familia como la Sagrada Familia de Nazareth. Es posible y es necesario dar testimonio ante el mundo de la alegría honda y duradera que trae la familia cristiana. Es posible y urgente vencer la cultura de la muerte con la cultura de la vida. Se puede y urge vencer la cultura de la dura y egoísta competencia, ¡de la egolatría!, con la cultura del amor verdadero. La familia cristiana puede y podrá asegurarse la victoria anunciando la verdad del Evangelio de la Familia con obras y palabras según el modelo de la Sagrada Familia de Nazareth, celebrando su Misterio en la Eucaristía y orando unida en comunión con la Iglesia, la nueva Familia de los Hijos de Dios. ¡No hay duda! ¡el futuro de la humanidad pasa por la familia, la familia cristiana! A Jesús, María y José se la encomendamos fervientemente en esta piadosa y emocionante celebración eucarística con toda la fuerza y el amor de nuestra plegaria. ¡Dales tú, Señor, a estas familias, congregadas en tu nombre para celebrar el Sacrificio de tu Amor públicamente en esta plaza madrileña y universal de Colón, y a todas las familias de España, vivir la gracia de Dios que es su matrimonio y su familia con el gozo y la esperanza de ser testigos de tu alegría! Amén.

Misa multitudinaria en plaza Colón (Madrid) en favor de la Familia cristiana


Ya el año pasado recuerdo que me impresioné con este despertar de la Iglesia Católica que peregrina en España con aquel encuentro multitudinario en plaza Colón en el día de la Sagrada Familia de Nazareth. Es cierto que por aquel tiempo hubo menos comentarios previos si tal obispo asistía o no.

Eso ya no importa.

Hoy vuelve a ser España la que enseña al mundo como se debe celebrar y enfrentar los tiempos del individualismo, unidos y orando con la mejor oración que nos dejara el Señor la Santa Misa.

Me alegra tanto que la madre patria, que nos legara la religión y por tanto la fe, la lengua y su cultura siga despertándose y moviendo sus mejores fuerzas para salvar la Iglesia doméstica, desde dónde existe cotidianamente el santuario de la vida y el amor que la constituye como la gran familia del pueblo de Dios que es la Iglesia.

Fuerza España, vuelve a ser ejemplo vivo de la Iglesia Católica.

El papa Benedicto XVI se ha dirigido a los fieles presentes en la Misa de la Familia en Madrid para pedirles que no dejen que "el amor, la apertura a la vida y los lazos incomparables" que unen su hogar se "desvirtúen". "Dirijo un cordial saludo a los participantes que se encuentran reunidos en Madrid en esta entrañable fiesta para orar por la familia y comprometerse a trabajar en favor de ella con fortaleza y esperanza", ha dicho Benedicto XVI desde el balcón de su habitación en San Pedro del Vaticano.
"Queridas familias, no dejéis que el amor, la apertura a la vida y los lazos incomparables que unen vuestro hogar se desvirtúen. Pedídselo constantemente al Señor, orad juntos, para que vuestros propósitos sean iluminados por la fe y ensalzados por la gracia divina en el camino hacia la santidad". El Pontífice quiso así estar presente en la " Misa de la Familia" que se celebra en Madrid, promovida por el cardenal arzobispo Antonio María Rouco Varela.
Cinco arzobispos, 22 obispos y más de 300 sacerdotes están en la ceremonia religiosa en la Plaza de Colón de Madrid bajo el lema 'La familia, gracia de Dios' y a la que, según los organizadores, se espera que asistan un millón de personas. "Con el gozo de compartir todo en el amor, daréis al mundo un hermoso testimonio de lo importante que es la familia para el ser humano y la sociedad", asegura el Pontífice dirigiéndose en español a los participantes de la Misa de la Familia.
"El Papa está a vuestro lado, pidiendo especialmente al Señor por quienes en cada familia tienen mayor necesidad de salud, trabajo, consuelo y compañía". Según el Papa, "la familia es ciertamente una gracia de Dios" que deja traslucir un "amor eternamente gratuito, que sustenta la fidelidad sin límites, aún en los momentos de dificultad o abatimiento". Benedicto XVI ha mencionado el VI Encuentro Mundial de las Familias que se celebrará en Ciudad de México del 14 al 18 de enero de 2009.

Un millón de asistentes

El arzobispado de Madrid y los movimientos eclesiales, organizadores de la Misa de las familias que se está celebrando en la madrileña Plaza de Colón con el lema 'La familia, gracia de Dios' calculan una participación cercana al millón de personas, una cifra similar a la que facilitaron el año pasado. Dos horas antes de que comience la celebración, a las 11 de la mañana, decenas de personas ya estaban en Colón para situarse lo más cerca posible del altar y los autobuses han comenzado a estacionar en las zonas reservadas por el Ayuntamiento.
El Ayuntamiento de Madrid ha desplegado en la zona restringida al tráfico un dispositivo formado por 125 agentes de Policía Municipal y de Movilidad, 90 sanitarios y 12 ambulancias del SAMUR y 119 operarios y 35 vehículos de limpieza. A pesar del temporal y de las previsiones meteorológicas de lluvias y nieve en distintos puntos del Península durante el fin de semana, no hay constancia de que alguna diócesis haya cancelado su viaje, según el Arzobispado madrileño.
En el
encuentro de 2007 llegaron a la capital un total de 1.200 autobuses controlados por la organización, a los que se sumaron las familias residentes en Madrid que acudieron al evento. "En aquella ocasión, más de un millón y medio de personas asistieron a la gran fiesta de la familia y se espera que este año, incluso, se supere", señalan. El pasado sábado el presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Antonio Maria Rouco Varela, confirmó la asistencia de más de 1.000 autobuses con ciudadanos de toda España.

sábado 27 de diciembre de 2008

El mensaje profético de Benedicto XVI en la Navidad



El Santo Padre Benedicto XVI ha hecho uso del sentido profético quizá como nunca en esta Navidad 2008, ha dicho "el mundo se encamina a la ruina".

Después de hacer una paneo general de situaciones de guerras e injustas y graves pretensiones que miran solo el bien de cada individuo, nos alerta, que siguiendo este camino llevamos la historia humana al derrumbe, quiero interpretar esto como un mundo invivible, en dónde la vida será más un peso que una gracia en un hombre que desprecia a Dios, al hermano, la vida, y los valores.




Mensaje del Papa en Navidad

“Si cada uno piensa sólo en sus propios intereses, el mundo se encamina a la ruina”
Benedicto XVI ha exhortado en su Mensaje de Navidad a la solidaridad de los hombres, pues pensando “en sus intereses, el mundo se encamina a la ruina" y ha expresado su preocupación por el futuro, que "se está haciendo más incierto incluso en las naciones del bienestar". Ante unas 60.000 personas reunidas en la plaza de San Pedro, el Papa ha proclamado al mundo, que con el nacimiento de Jesús "la gracia de Dios, trae la salvación para todos los hombres". Y ha recordado los lugares donde prosiguen las guerras, los enfrentamientos, la crisis económica o "donde el terrorismo sigue golpeando".

(RV/ReL) “Si cada uno piensa sólo en sus propios intereses, el mundo se encamina a la ruina”. “No, a la lógica perversa del enfrentamiento y la violencia”, y “sí”, en cambio, a los que “prefieren la vía del diálogo y la negociación para resolver las tensiones internas de cada país”. Con este mensaje de paz, Su Santidad Benedicto XVI, a mediodía, desde el balcón central de la fachada de la basílica de san Pedro “ha renovado el alegre anuncio de la Navidad de Cristo con las palabras del apóstol San Pablo: hoy «ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres».
En su Mensaje de Navidad el Papa ha insistido en la “fiesta de luz” que se “difunde desde la gruta de Belén, donde el Niño divino es Él la luz misma que se propaga, disipa las tinieblas y nos permite entender el sentido y el valor de nuestra existencia y de la historia”. “Cada belén -ha dicho el Pontífice- es una invitación simple y elocuente a abrir el corazón y la mente al misterio de la vida”. Y esta gracia de Dios ha aparecido a todos los hombres. “Es cierto que pocas personas lo han encontrado en la humilde y destartalada demora de Belén, pero Él ha venido para todos: judíos y paganos, ricos y pobres, cercanos y lejanos, creyentes y no creyentes”.
“Hermanos y hermanas que me escucháis, el anuncio de esperanza que constituye el corazón del mensaje de la Navidad está destinado a todos los hombres. Jesús ha nacido para todos y, como María lo ofreció en Belén a los pastores, en este día la Iglesia lo presenta a toda la humanidad, para que en cada persona y situación se sienta el poder de la gracia salvadora de Dios, la única que puede transformar el mal en bien, y cambiar el corazón del hombre y hacerlo un «oasis» de paz”.
Benedicto XVI se augurado que “el poder de la gracia salvadora de Dios llegue a tantas poblaciones que todavía hoy viven en tinieblas y en sombras de muerte”.
“Que la luz divina de Belén se difunda en Tierra Santa, donde el horizonte parece volverse a oscurecer para israelíes y palestinos; se propague en Líbano, en Irak y en todo el Medio Oriente. Esta Luz, que transforma y renueva, la anhelan los habitantes de Zimbabwe, en África, atrapados durante demasiado tiempo por la tenaza de una crisis política y social, que desgraciadamente sigue agravándose; así como los hombres y mujeres de la República Democrática del Congo, especialmente en la atormentada región de Kivu; de Darfur, en Sudán, y de Somalia, cuyas interminables tribulaciones son una trágica consecuencia de la falta de estabilidad y de paz.
Y “esa Luz que hoy resplandece, la esperan sobre todo los niños de todos los países en dificultad, para que se devuelva la esperanza a su porvenir”, ha dicho el Papa, que ha indicado como portadores de la ruina del mundo: las violaciones de los derechos, el menosprecio de la dignidad humana, los egoísmos personales y de grupo, el terrorismo, la falta de bienes para sobrevivir «incluso en las naciones del bienestar».
“Donde se atropella la dignidad y los derechos de la persona humana; donde los egoísmos personales o de grupo prevalecen sobre el bien común; donde se corre el riesgo de habituarse al odio fratricida y a la explotación del hombre por el hombre; donde las luchas intestinas dividen grupos y etnias y laceran la convivencia; donde el terrorismo sigue golpeando; donde falta lo necesario para vivir; donde se mira con desconfianza un futuro que se esta haciendo cada vez más incierto, incluso en las Naciones del bienestar: que en todos estos casos brille la Luz de la Navidad y anime a todos a hacer su propia parte, con espíritu de auténtica solidaridad. Si cada uno piensa sólo en sus propios intereses, el mundo se encamina a la ruina”.
Benedicto XVI ha enviado este mensaje de luz, de paz y de esperanza a todo el mundo felicitando a continuación la Navidad en 64 lenguas, una más que el año pasado. “Que la gran fiesta del nacimiento de Cristo sea fuente de luz y de confianza para la vida de todos”, ha dicho en lengua italiana, el Santo Padre. “En este nuestro tiempo, marcado por una considerable crisis económica, que la Navidad sea un estímulo para una mayor solidaridad entre las familias y las comunidades que componen las naciones”.
El Papa ha deseado que “desde la pobre y humilde cueva de Belén se difunda por todas partes la luz de la esperanza evangélica y resuene el anuncio de que nadie es extraño al amor del Redentor”. Y ésta ha sido la felicitación del Santo Padre, en español:
¡Feliz Navidad! Que la Paz de Cristo reine en vuestros corazones, en las familias y en todos los pueblos.
Después del tradicional mensaje de Navidad y de las felicitaciones, el Pontífice ha impartido la bendición Urbi et Orbi, es decir, a la ciudad de Roma y al mundo.
Como es ya habitual, la Santa Misa de Navidad, que ha precedido el Mensaje del Pontífice, la ha celebrado en la basílica de san Pedro el cardenal secretario de estado Tarcisio Bertone.

jueves 25 de diciembre de 2008

"Os ha nacido un Salvador"...

Como se podrá observar en las diversas fases de esta gran Solemnidad de La Natividad del Señor, Misa de vísperas, de la noche, del aurora y del día, los relatos evangélicos sin dejar de centrarse en el misterio del pesebre, finalmente terminan en el himno al Logos de San Juan, se nota una gradual y progresiva profundización del misterio de la Encarnación del Verbo de Dios, hasta llegar a la pieza de mayor contenido y densidad teológica y espiritual. Es la pedagogía eclesial que nos invita a pasar de escena en escena de aquel momento histórico-teológico, desde la imagen más tierna y a la vez dramática (sin lugar para ellos en el mesón), que nos podría detener en sólo los detalles externos del acontecimiento (y quedarnos en lo folk) para hundir totalmente el corazón y la mente en el misterio profundo del día que en el v.14 queda totalmente de manifiesto ... y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros...
Pués de esto se trata este día y su octava, de ir de la periferia al centro, de la imagen a la profundida del misterio. Si se siguiera esta gradual contenplación con verdadero sentido de fe, la Navidad no correría ningún riesgo.



SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR MISA DEL DÍA

Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios


Lectura del libro de Isaías 52, 7-10

¡Qué hermosos son sobre las montañas
los pasos del que trae la buena noticia,
del que proclama la paz,
del que anuncia la felicidad,
del que proclama la salvación
y dice a Sión: «¡Tu Dios reina!»

¡Escucha! Tus centinelas levantan la voz,
gritan todos juntos de alegría,
porque ellos ven con sus propios ojos
el regreso del Señor a Sión.
¡Prorrumpan en gritos de alegría,
ruinas de Jerusalén,
porque el Señor consuela a su Pueblo,
Él redime a Jerusalén!

El Señor desnuda su santo brazo
a la vista de todas las naciones,
y todos los confines de la tierra
verán la salvación de nuestro Dios.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 97, 1-6

R. Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.

Canten al Señor un canto nuevo,
porque Él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria. R.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos. R.

Canten al Señor con el arpa
y al son de instrumentos musicales;
con clarines y sonidos de trompeta
aclamen al Señor, que es Rey. R.

Dios nos habló por medio de su Hijo

Lectura de la carta a los Hebreos 1, 1-6

Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo.
Él es el resplandor de su gloria
y la impronta de su ser.
Él sostiene el universo con su Palabra poderosa,
y después de realizar la purificación de los pecados,
se sentó a la derecha del trono de Dios
en lo más alto del cielo.
Así llegó a ser tan superior a los ángeles,
cuanto incomparablemente mayor que el de ellos
es el Nombre que recibió en herencia.

¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel:
«Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy»?
¿Y de qué ángel dijo:
«Yo seré un padre para él
y él será para mí un hijo»?
y al introducir a su Primogénito en el mundo, Dios dice:
«Que todos los ángeles de Dios lo adoren».

Palabra de Dios.


EVANGELIO

La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros

Lectura del Santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 1, 1-18

Al principio existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la percibieron.

Apareció un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan.
Vino como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
Él no era la luz,
sino el testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera
que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo,
y el mundo fue hecho por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos,
y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron,
a los que creen en su Nombre,
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre,
ni por obra de la carne,
ni de la voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios.

Y la Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria,
la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de Él, al declarar:
«Éste es Aquél del que yo dije:
El que viene después de mí
me ha precedido,
porque existía antes que yo».

De su plenitud, todos nosotros hemos participado
y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés,
pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios;
el que lo ha revelado es el Dios Hijo único,
que está en el seno del Padre.

Palabra del Señor.

miércoles 24 de diciembre de 2008

Nos ha nacido un Salvador, es el Mesías, El Señor... ¡Aleluya!


¡FELIZ NAVIDAD 2008!

Detalles de la Misa de esta Noche Buena en San Pedro


Según declaraciones del ceremonieri pontificio Mons. Guido Marini a L`Osservattore Romano, se sabe que la solemne liturgia de Noche Buena, para nosotros conocida como Misa del Gallo, tendrá algunas novedades en la línea siempre de la continuidad con la tradición.
En este año, se incluye dentro del rito de la Santa Misa el canto de las kalendas, es decir la ubicación temporal y geográfica del bendito nacimiento del Señor Jesús. Será incoado (entonado-comenzado) por el mismo Santo Padre, luego repicarán las campanas de la Basílica y habrá acompañamiento de órgano.
Las lenguas utilizadas para las lecturas de la Sagrada Liturgia serán diversas, como así también la oración de los fieles significando la diversidad de los pueblos que conforman la Iglesia Católica.
Se elimina las ofrendas florales al divino Niño, el que se traslada fuera del rito de la Santa Misa, para hacerlo cuando el Papa coloque la imagen del recién nacido en la pesebrera dispuesta en la misma Basílica de San Pedro.
Dio a conocer que la bendición Urbi et Orbe se considera como no formando parte de un particular rito propiamente dicho, por lo que vestirá el Papa la sotana con muceta y estolas pontificias únicamente, no se ha dado a conocer si será la púrpura, o blanca como lo hizo en las fiestas de Pascua del presente año.
Las vísperas de Santa María Madre de Dios, serán presedidas por adoración al Santísimo Sacramento y el canto del Te Deum, luego el rezo de primeras vísperas. Se da por entendido que el Basílica Vaticana.
A su vez, la Santa Misa de la Epifanía la celebrará usando el altar de la Capilla Sixtina, por tanto hacia el oriente litúrgico, con una casulla romana perteneciente al Santo Padre Pablo VI.

martes 23 de diciembre de 2008

El balance del Santo Padre Benedicto del año 2008


A la luz de estas reflexiones papales deberíamos también en nuestra diócesis en relación a la pastoral de los eventos, sobre todo con jóvenes, evaluar con estos criterios nuestras acciones pastorales. El post pertenece a Cord ad cord, debo reconocer que me dio gran gusto leerlo y lo comparto totalmente. El Papa se da cuenta que la fe en Cristo, su viviencia, no crece en los multitudinarios encuentros, o por lo menos no se alimenta allí, en todo caso se enfervoriza, se comparte, pero que es necesario ir a lo medular. Por lo que por de pronto, dejaría entrever un cambio en la extructura de los próximos encuentros masivos. Es para pensar, creo que pasa en todos lados lo mismo.



"El Papa no es una estrella de rock alrededor de la cual gira todo"


Mezclar lo divino y lo humano es una tentación tan fuerte y extendida que Benedicto XVI se vio obligado ayer a reflexionar sobre el verdadero sentido de las jornadas mundiales de la Juventud. El Papa denunció los análisis de quienes interpretan estos encuentros «como una especie de festival de rock eclesiástico en el que el Papa es la estrella», cuando el significado de estas multitudinarias concentraciones no es otro que el de festejar la fe en el nombre del Espíritu Santo. Benedicto XVI subrayó igualmente la necesidad de “una ecología del hombre”, que respete la naturaleza del ser humano tal como ha sido creado por Dios –hombre o mujer- frente al desprecio de quien quisiera imponer la idea de un “género” separado de la verdad de la Creación.


"El Papa no es una estrella de rock alrededor de la cual gira todo"


Mezclar lo divino y lo humano es una tentación tan fuerte y extendida que Benedicto XVI se vio obligado ayer a reflexionar sobre el verdadero sentido de las jornadas mundiales de la Juventud. El Papa denunció los análisis de quienes interpretan estos encuentros «como una especie de festival de rock eclesiástico en el que el Papa es la estrella», cuando el significado de estas multitudinarias concentraciones no es otro que el de festejar la fe en el nombre del Espíritu Santo. Benedicto XVI subrayó igualmente la necesidad de “una ecología del hombre”, que respete la naturaleza del ser humano tal como ha sido creado por Dios –hombre o mujer- frente al desprecio de quien quisiera imponer la idea de un “género” separado de la verdad de la Creación.

(Agencias/ReL) El Espíritu Santo que Cristo ha dado a la Iglesia ha mostrado en este año una visible “Pentecostés”, en particular por medio de la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney y del sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios. En su tradicional discurso a la Curia romana para las felicitaciones de Navidad, Benedicto XVI ha analizado en profundidad estos y otros eventos que han caracterizado su misión y la de la Iglesia en 2008.
El Pontífice aseguró que las celebraciones del Día Mundial de la Juventud, de la Iglesia Católica, que se realiza cada tres años en distintas ciudades del mundo, son algo más que una fiesta para jovencitos fieles. El predecesor de Benedicto XVI, Juan Pablo II, muchas veces descrito como una figura similar a la de un músico de rock por su popularidad entre los católicos jóvenes, fue quien instituyó la celebración para inspirar a los fieles.
"Los analistas populares tienen a considerar estos días una moderna versión eclesiástica de la cultura juvenil, como una especie de festival de rock en el que el Papa es la estrella", dijo Benedicto XVI en su felicitación de Navidad a la curia vaticana. Sin embargo, dijo que la capacidad de los jóvenes católicos para crear un sentido de comunidad durante esos encuentros señala que todo se trata de algo más que una fiesta.
"De esta forma también el Papa no es la estrella alrededor de la cual gira todo", dijo. "El es completamente y solamente, el vicario".
El Santo Padre trató también sobre la necesidad de llevar a cabo “una ecología del hombre”, que respete la naturaleza del ser humano tal como ha sido creado por Dios –hombre o mujer- frente al desprecio inducido por quien quisiera imponer la idea de un “género” separado de la verdad de la Creación.
Cuando Cristo fundó la Iglesia, le confió la responsabilidad de anunciar al mundo el Evangelio y, con él, el Espíritu que ilumina las palabras de Dios y la alegría que brota de vivirlas. Esta responsabilidad no ha cambiado en dos mil años y Benedicto XVI la ha vuelto a relanzar al final de su largo e intenso discurso, con el que ha reflexionado sobre los compromisos espirituales impulsados por los acontecimientos eclesiales del 2008.
Una reflexión esencialmente centrada en el Espíritu Santo, pero enraizada a partir de aquellos eventos que del Espíritu Santo, y de sus dones de armonía y alegría, han sido testimonio de excelencia en los últimos 12 meses. “El año que está por concluir ha sido rico de miradas retrospectivas sobre datos incisivos de la historia reciente de la Iglesia”, ha recordado el Papa, evocando los 40 años de la publicación de la encíclica Humanae Vitae y los 30 años de la muerte de su autor, Pablo VI, además del comienzo del Año Paulino.
Publicado el 23 Diciembre 2008 - 8:52am

Comentarios de los lectores
Principio del formulario
Enviado por Lola el 23 Diciembre 2008 - 11:52am.
Quienes viven un momento histórico no lo perciben en su total magnitud. Estamos "viviendo" un gran Papa. Un gran teólogo. Quienes nos precedan nos envidiarán, y nos censuraran, porque hemos vivido los mejores Papas de la História de la IGLESIA, Y cuan poco les hemos "escuchado".Este momento histórico dificil para los cristianos, nos debería hacer recordar que juramos cuando nos confirmaron. Y deberíamos hacer profesión pública de fe. La fe entra por los sentidos.

DISCORSO DEL SANTO PADRE
Signori Cardinali,
venerati Fratelli nell’Episcopato e nel Presbiterato,
cari fratelli e sorelle!
Il Natale del Signore è alle porte. Ogni famiglia sente il desiderio di radunarsi, per gustare l’atmosfera unica e irripetibile che questa festa è capace di creare. Anche la famiglia della Curia Romana si ritrova, stamane, secondo una bella consuetudine grazie alla quale abbiamo la gioia di incontrarci e di scambiarci gli auguri in questo particolare clima spirituale. A ciascuno rivolgo il mio saluto cordiale, colmo di riconoscenza per l’apprezzata collaborazione prestata al ministero del Successore di Pietro. Ringrazio vivamente il Cardinale Decano Angelo Sodano, che, con la voce di un angelo, si è fatto interprete dei sentimenti di tutti i presenti e anche di quanti sono al lavoro nei diversi uffici, comprese le Rappresentanze Pontificie. Accennavo all’inizio alla speciale atmosfera del Natale. Mi piace pensare che essa sia quasi un prolungamento di quella misteriosa letizia, di quell’intima esultanza che coinvolse la santa Famiglia, gli Angeli e i pastori di Betlemme, nella notte in cui Gesù venne alla luce. La definirei "l’atmosfera della grazia", pensando all’espressione di san Paolo nella Lettera a Tito: "Apparuit gratia Dei Salvatoris nostri omnibus hominibus" (cfr Tt 2,11). L’Apostolo afferma che la grazia di Dio si è manifestata "a tutti gli uomini": direi che in ciò traspare anche la missione della Chiesa e, in particolare, quella del Successore di Pietro e dei suoi collaboratori, di contribuire cioè a che la grazia di Dio, del Redentore, diventi sempre più visibile a tutti, e a tutti rechi la salvezza.
L’anno che sta per concludersi è stato ricco di sguardi retrospettivi su date incisive della storia recente della Chiesa, ma ricco anche di avvenimenti, che recano con sé segnali di orientamento per il nostro cammino verso il futuro. Cinquant’anni fa moriva Papa Pio XII, cinquant’anni fa Giovanni XXIII veniva eletto Pontefice. Sono passati quarant’anni dalla pubblicazione dell’Enciclica Humanae vitae e trent’anni dalla morte del suo Autore, Papa Paolo VI. Il messaggio di tali avvenimenti è stato ricordato e meditato in molteplici modi nel corso dell’anno, così che non vorrei soffermarmici nuovamente in questa ora. Lo sguardo della memoria, però, si è spinto anche più indietro, al di là degli avvenimenti del secolo scorso, e proprio in questo modo ci ha rimandato al futuro: la sera del 28 giugno, alla presenza del Patriarca ecumenico Bartolomeo I di Costantinopoli e di rappresentanti di molte altre Chiese e Comunità ecclesiali abbiamo potuto inaugurare nella Basilica di S. Paolo fuori le Mura l’Anno Paolino, nel ricordo della nascita dell’Apostolo delle genti 2000 anni fa. Paolo per noi non è una figura del passato. Mediante le sue lettere, egli ci parla tuttora. E chi entra in colloquio con lui, viene da lui sospinto verso il Cristo crocifisso e risorto. L’Anno Paolino è un anno di pellegrinaggio non soltanto nel senso di un cammino esteriore verso i luoghi paolini, ma anche, e soprattutto, in quello di un pellegrinaggio del cuore, insieme con Paolo, verso Gesù Cristo. In definitiva, Paolo ci insegna anche che la Chiesa è Corpo di Cristo, che il Capo e il Corpo sono inseparabili e che non può esserci amore per Cristo senza amore per la sua Chiesa e la sua comunità vivente.
Tre specifici avvenimenti dell’anno che s’avvia alla conclusione saltano particolarmente agli occhi. C’è stata innanzitutto la Giornata Mondiale della Gioventù in Australia, una grande festa della fede, che ha riunito più di 200.000 giovani da tutte le parti del mondo e li ha avvicinati non solo esternamente – nel senso geografico – ma, grazie alla condivisione della gioia di essere cristiani, li ha anche avvicinati interiormente. Accanto a ciò c’erano i due viaggi, l’uno negli Stati Uniti e l’altro in Francia, nei quali la Chiesa si è resa visibile davanti al mondo e per il mondo come una forza spirituale che indica cammini di vita e, mediante la testimonianza della fede, porta luce al mondo. Quelle sono state infatti giornate che irradiavano luminosità; irradiavano fiducia nel valore della vita e nell’impegno per il bene. E infine c’è da ricordare il Sinodo dei Vescovi: Pastori provenienti da tutto il mondo si sono riuniti intorno alla Parola di Dio, che era stata innalzata in mezzo a loro; intorno alla Parola di Dio, la cui grande manifestazione si trova nella Sacra Scrittura. Ciò che nel quotidiano ormai diamo troppo per scontato, l’abbiamo colto nuovamente nella sua sublimità: il fatto che Dio parli, che Dio risponda alle nostre domande. Il fatto che Egli, sebbene in parole umane, parli di persona e noi possiamo ascoltarLo e, nell’ascolto, imparare a conoscerLo e a comprenderLo. Il fatto che Egli entri nella nostra vita plasmandola e noi possiamo uscire dalla nostra vita ed entrare nella vastità della sua misericordia. Così ci siamo nuovamente resi conto che Dio in questa sua Parola si rivolge a ciascuno di noi, parla al cuore di ciascuno: se il nostro cuore si desta e l’udito interiore si apre, allora ognuno può imparare a sentire la parola rivolta appositamente a lui. Ma proprio se sentiamo Dio parlare in modo così personale a ciascuno di noi, comprendiamo anche che la sua Parola è presente affinché noi ci avviciniamo gli uni agli altri; affinché troviamo il modo di uscire da ciò che è solamente personale. Questa Parola ha plasmato una storia comune e vuole continuare a farlo. Allora ci siamo nuovamente resi conto che – proprio perché la Parola è così personale – possiamo comprenderla in modo giusto e totale solo nel "noi" della comunità istituita da Dio: essendo sempre consapevoli che non possiamo mai esaurirla completamente, che essa ha da dire qualcosa di nuovo ad ogni generazione. Abbiamo capito che, certamente, gli scritti biblici sono stati redatti in determinate epoche e quindi costituiscono in questo senso anzitutto un libro proveniente da un tempo passato. Ma abbiamo visto che il loro messaggio non rimane nel passato né può essere rinchiuso in esso: Dio, in fondo, parla sempre al presente, e avremo ascoltato la Bibbia in maniera piena solo quando avremo scoperto questo "presente" di Dio, che ci chiama ora.
Infine era importante sperimentare che nella Chiesa c’è una Pentecoste anche oggi – cioè che essa parla in molte lingue e questo non soltanto nel senso esteriore dell’essere rappresentate in essa tutte le grandi lingue del mondo, ma ancora di più in senso più profondo: in essa sono presenti i molteplici modi dell’esperienza di Dio e del mondo, la ricchezza delle culture, e solo così appare la vastità dell’esistenza umana e, a partire da essa, la vastità della Parola di Dio. Tuttavia abbiamo anche appreso che la Pentecoste è tuttora "in cammino", è tuttora incompiuta: esiste una moltitudine di lingue che ancora attendono la Parola di Dio contenuta nella Bibbia. Erano commoventi anche le molteplici testimonianze di fedeli laici da ogni parte del mondo, che non solo vivono la Parola di Dio, ma anche soffrono per essa. Un contributo prezioso è stato il discorso di un Rabbì sulle Sacre Scritture di Israele, che appunto sono anche le nostre Sacre Scritture. Un momento importante per il Sinodo, anzi, per il cammino della Chiesa nel suo insieme, è stato quello in cui il Patriarca Bartolomeo, alla luce della tradizione ortodossa, con penetrante analisi ci ha aperto un accesso alla Parola di Dio. Speriamo ora che le esperienze e le acquisizioni del Sinodo influiscano efficacemente sulla vita della Chiesa: sul personale rapporto con le Sacre Scritture, sulla loro interpretazione nella Liturgia e nella catechesi come anche nella ricerca scientifica, affinché la Bibbia non rimanga una Parola del passato, ma la sua vitalità e attualità siano lette e dischiuse nella vastità delle dimensioni dei suoi significati.
Della presenza della Parola di Dio, di Dio stesso nell’attuale ora della storia si è trattato anche nei viaggi pastorali di quest’anno: il loro vero senso può essere solo quello di servire questa presenza. In tali occasioni la Chiesa si rende pubblicamente percepibile, con essa la fede e perciò almeno la questione su Dio. Questo manifestarsi in pubblico della fede chiama in causa ormai tutti coloro che cercano di capire il tempo presente e le forze che operano in esso. Specialmente il fenomeno delle Giornate Mondiali della Gioventù diventa sempre più oggetto di analisi, in cui si cerca di capire questa specie, per così dire, di cultura giovanile. L’Australia mai prima aveva visto tanta gente da tutti i continenti come durante la Giornata Mondiale della Gioventù, neppure in occasione dell’Olimpiade. E se precedentemente c’era stato il timore che la comparsa in massa di giovani potesse comportare qualche disturbo dell’ordine pubblico, paralizzare il traffico, ostacolare la vita quotidiana, provocare violenza e dar spazio alla droga, tutto ciò si è dimostrato infondato. È stata una festa della gioia – una gioia che infine ha coinvolto anche i riluttanti: alla fine nessuno si è sentito molestato. Le giornate sono diventate una festa per tutti, anzi solo allora ci si è veramente resi conto di che cosa sia una festa – un avvenimento in cui tutti sono, per così dire, fuori di sé, al di là di se stessi e proprio così con sé e con gli altri. Qual è quindi la natura di ciò che succede in una Giornata Mondiale della Gioventù? Quali sono le forze che vi agiscono? Analisi in voga tendono a considerare queste giornate come una variante della moderna cultura giovanile, come una specie di festival rock modificato in senso ecclesiale con il Papa quale star. Con o senza la fede, questi festival sarebbero in fondo sempre la stessa cosa, e così si pensa di poter rimuovere la questione su Dio. Ci sono anche voci cattoliche che vanno in questa direzione valutando tutto ciò come un grande spettacolo, anche bello, ma di poco significato per la questione sulla fede e sulla presenza del Vangelo nel nostro tempo. Sarebbero momenti di una festosa estasi, che però in fin dei conti lascerebbero poi tutto come prima, senza influire in modo più profondo sulla vita.
Con ciò, tuttavia, la peculiarità di quelle giornate e il carattere particolare della loro gioia, della loro forza creatrice di comunione, non trovano alcuna spiegazione. Anzitutto è importante tener conto del fatto che le Giornate Mondiali della Gioventù non consistono soltanto in quell’unica settimana in cui si rendono pubblicamente visibili al mondo. C’è un lungo cammino esteriore ed interiore che conduce ad esse. La Croce, accompagnata dall’immagine della Madre del Signore, fa un pellegrinaggio attraverso i Paesi. La fede, a modo suo, ha bisogno del vedere e del toccare. L’incontro con la croce, che viene toccata e portata, diventa un incontro interiore con Colui che sulla croce è morto per noi. L’incontro con la Croce suscita nell’intimo dei giovani la memoria di quel Dio che ha voluto farsi uomo e soffrire con noi. E vediamo la donna che Egli ci ha dato come Madre. Le Giornate solenni sono soltanto il culmine di un lungo cammino, col quale si va incontro gli uni agli altri e insieme si va incontro a Cristo. In Australia non per caso la lunga Via Crucis attraverso la città è diventata l’evento culminante di quelle giornate. Essa riassumeva ancora una volta tutto ciò che era accaduto negli anni precedenti ed indicava Colui che riunisce insieme tutti noi: quel Dio che ci ama sino alla Croce. Così anche il Papa non è la star intorno alla quale gira il tutto. Egli è totalmente e solamente Vicario. Rimanda all’Altro che sta in mezzo a noi. Infine la Liturgia solenne è il centro dell’insieme, perché in essa avviene ciò che noi non possiamo realizzare e di cui, tuttavia, siamo sempre in attesa. Lui è presente. Lui entra in mezzo a noi. È squarciato il cielo e questo rende luminosa la terra. È questo che rende lieta e aperta la vita e unisce gli uni con gli altri in una gioia che non è paragonabile con l’estasi di un festival rock. Friedrich Nietzsche ha detto una volta: "L’abilità non sta nell’organizzare una festa, ma nel trovare le persone capaci di trarne gioia". Secondo la Scrittura, la gioia è frutto della Spirito Santo (cfr Gal 5, 22): questo frutto era abbondantemente percepibile nei giorni di Sydney. Come un lungo cammino precede le Giornate Mondiali della Gioventù, così ne deriva anche il camminare successivo. Si formano delle amicizie che incoraggiano ad uno stile di vita diverso e lo sostengono dal di dentro. Le grandi Giornate hanno, non da ultimo, lo scopo di suscitare tali amicizie e di far sorgere in questo modo nel mondo luoghi di vita nella fede, che sono insieme luoghi di speranza e di carità vissuta.
La gioia come frutto dello Spirito Santo – e così siamo giunti al tema centrale di Sydney che, appunto, era lo Spirito Santo. In questa retrospettiva vorrei ancora accennare in maniera riassuntiva all’orientamento implicito in tale tema. Tenendo presente la testimonianza della Scrittura e della Tradizione, si riconoscono facilmente quattro dimensioni del tema "Spirito Santo".
1. C’è innanzitutto l’affermazione che ci viene incontro dall’inizio del racconto della creazione: vi si parla dello Spirito creatore che aleggia sulle acque, crea il mondo e continuamente lo rinnova. La fede nello Spirito creatore è un contenuto essenziale del Credo cristiano. Il dato che la materia porta in sé una struttura matematica, è piena di spirito, è il fondamento sul quale poggiano le moderne scienze della natura. Solo perché la materia è strutturata in modo intelligente, il nostro spirito è in grado di interpretarla e di attivamente rimodellarla. Il fatto che questa struttura intelligente proviene dallo stesso Spirito creatore che ha donato lo spirito anche a noi, comporta insieme un compito e una responsabilità. Nella fede circa la creazione sta il fondamento ultimo della nostra responsabilità verso la terra. Essa non è semplicemente nostra proprietà che possiamo sfruttare secondo i nostri interessi e desideri. È piuttosto dono del Creatore che ne ha disegnato gli ordinamenti intrinseci e con ciò ci ha dato i segnali orientativi a cui attenerci come amministratori della sua creazione. Il fatto che la terra, il cosmo, rispecchino lo Spirito creatore, significa pure che le loro strutture razionali che, al di là dell’ordine matematico, nell’esperimento diventano quasi palpabili, portano in sé anche un orientamento etico. Lo Spirito che li ha plasmati, è più che matematica – è il Bene in persona che, mediante il linguaggio della creazione, ci indica la strada della vita retta.
Poiché la fede nel Creatore è una parte essenziale del Credo cristiano, la Chiesa non può e non deve limitarsi a trasmettere ai suoi fedeli soltanto il messaggio della salvezza. Essa ha una responsabilità per il creato e deve far valere questa responsabilità anche in pubblico. E facendolo deve difendere non solo la terra, l’acqua e l’aria come doni della creazione appartenenti a tutti. Deve proteggere anche l’uomo contro la distruzione di se stesso. È necessario che ci sia qualcosa come una ecologia dell’uomo, intesa nel senso giusto. Non è una metafisica superata, se la Chiesa parla della natura dell’essere umano come uomo e donna e chiede che quest’ordine della creazione venga rispettato. Qui si tratta di fatto della fede nel Creatore e dell’ascolto del linguaggio della creazione, il cui disprezzo sarebbe un’autodistruzione dell’uomo e quindi una distruzione dell’opera stessa di Dio. Ciò che spesso viene espresso ed inteso con il termine "gender", si risolve in definitiva nella autoemancipazione dell’uomo dal creato e dal Creatore. L’uomo vuole farsi da solo e disporre sempre ed esclusivamente da solo ciò che lo riguarda. Ma in questo modo vive contro la verità, vive contro lo Spirito creatore. Le foreste tropicali meritano, sì, la nostra protezione, ma non la merita meno l’uomo come creatura, nella quale è iscritto un messaggio che non significa contraddizione della nostra libertà, ma la sua condizione. Grandi teologi della Scolastica hanno qualificato il matrimonio, cioè il legame per tutta la vita tra uomo e donna, come sacramento della creazione, che lo stesso Creatore ha istituito e che Cristo – senza modificare il messaggio della creazione – ha poi accolto nella storia della salvezza come sacramento della nuova alleanza. Fa parte dell’annuncio che la Chiesa deve recare la testimonianza in favore dello Spirito creatore presente nella natura nel suo insieme e in special modo nella natura dell’uomo, creato ad immagine di Dio. Partendo da questa prospettiva occorrerebbe rileggere l’Enciclica Humanae vitae: l’intenzione di Papa Paolo VI era di difendere l’amore contro la sessualità come consumo, il futuro contro la pretesa esclusiva del presente e la natura dell’uomo contro la sua manipolazione.
2. Solo qualche ulteriore breve accenno circa le altre dimensioni della pneumatologia. Se lo Spirito creatore si manifesta innanzitutto nella grandezza silenziosa dell’universo, nella sua struttura intelligente, la fede, oltre a ciò, ci dice la cosa inaspettata, che cioè questo Spirito parla, per così dire, anche con parole umane, è entrato nella storia e, come forza che plasma la storia, è anche uno Spirito parlante, anzi, è Parola che negli Scritti dell’Antico e del Nuovo Testamento ci viene incontro. Che cosa questo significhi per noi, l’ha espresso meravigliosamente sant’Ambrogio in una sua lettera: "Anche ora, mentre leggo le divine Scritture, Dio passeggia nel Paradiso" (Ep. 49, 3). Leggendo la Scrittura, noi possiamo anche oggi quasi vagare nel giardino del Paradiso ed incontrare Dio che lì passeggia: tra il tema della Giornata Mondiale della Gioventù in Australia e il tema del Sinodo dei Vescovi esiste una profonda connessione interiore. I due temi "Spirito Santo" e " Parola di Dio" vanno insieme. Leggendo la Scrittura apprendiamo però anche che Cristo e lo Spirito Santo sono inseparabili tra loro. Se Paolo con sconcertante sintesi afferma: "Il Signore è lo Spirito" (2 Cor 3, 17), appare non solo, nello sfondo, l’unità trinitaria tra il Figlio e lo Spirito Santo, ma soprattutto la loro unità riguardo alla storia della salvezza: nella passione e risurrezione di Cristo vengono strappati i veli del senso meramente letterale e si rende visibile la presenza del Dio che sta parlando. Leggendo la Scrittura insieme con Cristo, impariamo a sentire nelle parole umane la voce dello Spirito Santo e scopriamo l’unità della Bibbia.
3. Con ciò siamo ormai giunti alla terza dimensione della pneumatologia che consiste, appunto, nella inseparabilità di Cristo e dello Spirito Santo. Nella maniera forse più bella essa si manifesta nel racconto di san Giovanni circa la prima apparizione del Risorto davanti ai discepoli: il Signore alita sui discepoli e dona loro in questo modo lo Spirito Santo. Lo Spirito Santo è il soffio di Cristo. E come il soffio di Dio nel mattino della creazione aveva trasformato la polvere del suolo nell’uomo vivente, così il soffio di Cristo ci accoglie nella comunione ontologica con il Figlio, ci rende nuova creazione. Per questo è lo Spirito Santo che ci fa dire insieme col Figlio: "Abba, Padre!" (cfr Gv 20, 22; Rm 8, 15).
4. Così, come quarta dimensione, emerge spontaneamente la connessione tra Spirito e Chiesa. Paolo, in Prima Corinzi 12 e in Romani 12, ha illustrato la Chiesa come Corpo di Cristo e proprio così come organismo dello Spirito Santo, in cui i doni dello Spirito Santo fondono i singoli in un tutt’uno vivente. Lo Spirito Santo è lo Spirito del Corpo di Cristo. Nell’insieme di questo Corpo troviamo il nostro compito, viviamo gli uni per gli altri e gli uni in dipendenza dagli altri, vivendo in profondità di Colui che ha vissuto e sofferto per tutti noi e che mediante il suo Spirito ci attrae a sé nell’unità di tutti i figli di Dio. "Vuoi anche tu vivere dello Spirito di Cristo? Allora sii nel Corpo di Cristo", dice Agostino a questo proposito (Tr. in Jo. 26, 13).
Così con il tema "Spirito Santo", che orientava le giornate in Australia e, in modo più nascosto, anche le settimane del Sinodo, si rende visibile tutta l’ampiezza della fede cristiana, un’ampiezza che dalla responsabilità per il creato e per l’esistenza dell’uomo in sintonia con la creazione conduce, attraverso i temi della Scrittura e della storia della salvezza, fino a Cristo e da lì alla comunità vivente della Chiesa, nei suoi ordini e responsabilità come anche nella sua vastità e libertà, che si esprime tanto nella molteplicità dei carismi quanto nell’immagine pentecostale della moltitudine delle lingue e delle culture.
Parte integrante della festa è la gioia. La festa si può organizzare, la gioia no. Essa può soltanto essere offerta in dono; e, di fatto, ci è stata donata in abbondanza: per questo siamo riconoscenti. Come Paolo qualifica la gioia frutto dello Spirito Santo, così anche Giovanni nel suo Vangelo ha connesso strettamente lo Spirito e la gioia. Lo Spirito Santo ci dona la gioia. Ed Egli è la gioia. La gioia è il dono nel quale tutti gli altri doni sono riassunti. Essa è l’espressione della felicità, dell’essere in armonia con se stessi, ciò che può derivare solo dall’essere in armonia con Dio e con la sua creazione. Fa parte della natura della gioia l’irradiarsi, il doversi comunicare. Lo spirito missionario della Chiesa non è altro che l’impulso di comunicare la gioia che ci è stata donata. Che essa sia sempre viva in noi e quindi s’irradi sul mondo nelle sue tribolazioni: tale è il mio auspicio alla fine di quest’anno. Insieme con un vivo ringraziamento per tutto il vostro faticare ed operare, auguro a tutti voi che questa gioia derivante da Dio ci venga donata abbondantemente anche nell’Anno Nuovo.
Affido questi voti all’intercessione della Vergine Maria, Mater divinae gratiae, chiedendoLe di poter vivere le Festività natalizie nella letizia e nella pace del Signore. Con questi sentimenti a voi tutti e alla grande famiglia della Curia Romana imparto di cuore la Benedizione Apostolica.
[01988-01.01] [Testo originale: Italiano]
INDIRIZZO DI OMAGGIO DEL DECANO DEL COLLEGIO CARDINALIZIO
Beatissimo Padre,
All'inizio dell'Avvento un bell'inno delle Lodi mattutine ci invitava a sentire una voce chiara che dal cielo ci annunziava: sta per spuntare la luce di Cristo Salvatore!
"Vox clara ecce intonat...
ab aethre Christus promicat ".
Quest'oggi vorrei avere anch'io "una voce chiara" per esprimere a Vostra Santità tutta la gioia della Curia Romana di poter celebrare con Lei la festa del Natale, in quel clima d'amore che promana dalla Nascita del Salvatore.
Appunto per questo, oggi sono qui riuniti intorno a Lei, Beatissimo Padre, i Signori Cardinali e molti altri Suoi Collaboratori, nei Dicasteri di Curia e nel Governatorato dello Stato della Città del Vaticano, desiderosi di esprimerLe i loro auguri di liete e sante Feste Natalizie e per assicurarLa di tutta la loro devozione. Da lontano si uniscono a noi in ispirito i Rappresentanti Pontifici sparsi per il mondo, per presentarLe anche loro i voti di ogni bene.
In questi momenti di intensa letizia noi sperimentiamo la Sua paternità spirituale, che continua quella che fu propria dell'Apostolo Pietro, costituito da Cristo come "Vicario del suo amore" (In Lucam, X, 175).
L'incontro odierno è poi un'occasione propizia per ringraziarLa per il Suo generoso servizio alla Santa Chiesa. Ogni giorno Ella ci dà un esempio luminoso di zelo apostolico per la diffusione del Regno di Dio nel mondo d'oggi.
"Faccio tutto per il Vangelo" scriveva San Paolo ai fedeli di Corinto (1 Cor 9,23). "Tutto per il Vangelo, Omnia propter Evangelium " può ben essere la sintesi del Suo ministero petrino.
Con profonda attenzione abbiamo ascoltato gli insegnamenti, che ci ha rivolto nei Suoi documenti e nelle Sue omelie, nei discorsi tenuti in Vaticano o nei Paesi da Lei visitati. Particolare eco ha avuto in noi il messaggio rivolto in aprile al popolo americano: "Cristo è la nostra speranza, Christ our hope "! Così pure abbiamo ascoltato l'appello rivolto, nella sede dell'ONU a New York, alla famiglia delle Nazioni perché costruisca il proprio avvenire sulle basi solide dei principi etici e con la necessaria apertura alla solidarietà internazionale.
A Sydney, in Australia, Vostra Santità ha parimenti riempito di speranza il cuore di molti giovani colà convenuti per la XXIII Giornata Mondiale della Gioventù, ricordando loro il motto dell'incontro: "Avrete forza dallo Spirito Santo e mi sarete testimoni" (At 1,8).
Nel mese d'ottobre, infine, l'Assemblea del Sinodo dei Vescovi è stata un'occasione provvidenziale per indicare alla Chiesa orientamenti sicuri per la diffusione nel mondo della Parola di Dio, o, come scriveva S. Paolo ai Tessalonicesi, "ut sermo Dei currat et clarificetur ", perché la Parola di Dio corra rapidamente e sia così glorificata (2 Tess. 3,1).
Come Buon Samaritano sul cammino del mondo, nel corso dell'anno Ella si è poi chinato su tante popolazioni provate dalla povertà, dalla fame, dalle malattie e dalle guerre, insegnandoci la legge suprema dell'amore. Da parte nostra, faremo tesoro in particolare del recente Messaggio per la prossima Giornata della Pace: "Combattere la povertà, costruire la pace".
Santo Padre, continui a guidarci verso l'avvenire con la Sua mano sicura e con il Suo cuore grande!
Buon Natale, Santità, ed un Nuovo Anno benedetto dal Signore!
[01989-01.01] [Testo originale: Italiano]
[B0806-XX.01]

lunes 22 de diciembre de 2008

El misterio de la Navidad unido en único diseño divino con la Pascua, Ángeluz de Benedicto XVI ayer 21.XII.08


El Evangelio de este domingo de Adviento evoca la Anunciación, el misterio que en cada Ángelus recitamos, como ha recordando el Papa Benedicto XVI en su alocución previa a este rezo mariano. “Ésta oración – ha señalado el Santo Padre a los numerosos peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano- nos hace revivir el momento decisivo, cuando Dios llamó al corazón de María recibiendo su ‘sí’”.
Falta poco para la celebración de la Navidad, en este sentido estamos invitados, como ha recordado el Papa, a observar el misterio inefable que María ha conservado durante nueve meses en su vientre virginal: el misterio de Dios que se hace hombre. “Éste es el primer principio cardinal de la redención. El segundo es la muerte y resurrección de Jesús. Y estos dos puntos cardinales inseparables, manifiestan un único diseño divino: salvar a la humanidad y su historia, asumiendo hasta el final la carga de todo el mal que le oprime”.Éste misterio de salvación tiene, además de la lectura histórica, una cósmica. De hecho la fiesta de Navidad está relacionada con el solsticio de invierno, cuando los días se alargan: “Sobre esto, quizás pocos sepan que la plaza de San Pedro es también un meridiano: de hecho, el gran obelisco proyecta su sombra sobre una línea que se delinea en el empedrado y que prosigue hasta la fuente situada bajo ésta ventana, y precisamente en estos días es cuando la sombra es más larga”.Desde la ventana de su despacho privado en el palacio apostólico del Vaticano, Benedicto XVI ha señalado que precisamente esto nos recuerda la relación de la astronomía en determinar el momento de oración. Por ejemplo, el Ángelus se recita por la mañana, a mediodía y por la noche, y gracias al meridiano que antiguamente servía para determinar el “mediodía real”, se regulaban los relojes.El hecho de que precisamente hoy, 21 de diciembre, en este mismo momento sea el solsticio de invierno, ha ofrecido la oportunidad al Santo Padre de saludar a todos aquellos que participan en el año mundial de la Astronomía 2009, que recuerda el cuarto centenario de las primeras observaciones de Galileo Galilei al telescopio. En este sentido el Papa ha recordado algunas figuras insignes apasionadas de la astronomía, como Silvestre II, Gregorio XIII a quien debemos el calendario, y san Pío X que sabía construir los relojes solares.“Si los cielos, según las hermosas palabras del salmista, ‘narran la gloria de Dios’ (Sal 19,2) –ha recordado el Papa- también las leyes de la naturaleza, que con el pasar de los siglos tantos hombres y mujeres de ciencia nos han hecho comprender cada vez mejor, son un gran estímulo para contemplar con gratitud las obras del Señor”Benedicto XVI ha concluido su alocución previa al rezo mariano del Ángelus invitando a aprender de José y María, que esperan el nacimiento de Jesús, el secreto del recogimiento que nos prepara para la Navidad.Y tras el rezo del Ángelus y el responso por los fieles difuntos, el Santo Padre ha saludado como es tradicional en varias lenguas. En italiano, ha bendecido a los 50 nuevos sacerdotes de los Legionarios de Cristo que ayer recibieron la Ordenación por parte del cardenal Angelo Sodano en la basílica de San Pablo Extramuros. Y en español, éstas han sido las palabras que el Papa ha dirigido a los peregrinos de nuestra lengua: “Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española. El Evangelio que se ha proclamado en este cuarto domingo de Adviento nos presenta la escena de la Anunciación del Arcángel Gabriel, en la que mediante el fiat de María, el Verbo eterno se hizo carne en su seno virginal. Pongamos a la Santísima Virgen como intercesora en estos últimos días de preparación para la Navidad. Que ella nos alcance la gracia de estar bien dispuestos para recibir al Niño-Dios en nuestras vidas. Muchas gracias y feliz domingo”.

sábado 20 de diciembre de 2008

Si los paulinos fueran Paulinos...


La nota de Sector Católico es absolutamente acertada. Hace rato que dando algun paseíto por las estanterías de la Editorial se veían textos con contenidos muy heterodoxos, abiertamente contrarios a la revelación, al magisterio, autores de muy dudosa reputación en orden a la sanidad de la doctrina y la moral. En resumen un cambalache o rejunte de bibliografía que en una Editorial que se tiene por confesionalmente Católica, dejaba más que dudas, certezas de una orientación un tanto ecléctica, y por tanto poco clara. Para esta gente quizá sea bueno repasar todo el libro III del Derecho, sobre todo lo referido a las ediciones de libros con contenido de fe católica.

Ahora lo que dice Sector:


Si hace unos meses la CEE anunciaba que estaba pensando en retirar el adjetivo de "católica" a la Editorial SM, ésta vez nos hemos enterado que la Editorial San Pablo es la responsable de la llegada a España del último panfleto del cardenal Carlo María Martini, arzobispo emérito de Milán (Italia). Y no sólo eso, sino que su subdirector, Pedro Miguel García (en la foto), ha defendido públicamente lo que allí se expresa.
Para esta eminencia de la Teología, en Coloquios nocturnos en Jerusalén, "Martini no rompe con nada porque no dice nada que sea herético ni que vaya en contra de la doctrina de la Iglesia. Lo que hace el libro es hablar de la reforma necesaria de la Iglesia. Y se dice que la fuerza de la renovación debe venir desde dentro. También se habla de que la Iglesia tiene miedo a esa reforma".
Sepan ustedes que esa pretendida reforma de la que se habla pasa por la ordenación femenina, la supresión del celibato, el apluso a las relaciones prematrimoniales (incluido el condón, claro), a las relaciones homosexuales y todo tipo de conductas que están claramente definidas en el Evangelio como contrarias a la Ley de Dios y, por tanto, contra el propio ser humano. Pero esto le da igual, a uno y a otro. Lo que les interesa es vender libros, cuantos más, mejor.
Ahora bien, los católicos españoles deben saber que la Editorial San Pablo, con declaraciones y acciones como ésta no puede ser considerada como "católica", ya que buena parte de los libros que podemos encontrar en sus estanterías atacan abiertamente el Magisterio de la Iglesia. Ellos sabrán, pero estas Navidades lo mejor es no acercarse por allí, eso está claro.

Fuente: Sector Católico

Pocas palabras de despedida por el diario de Mons. Damián Bitar



20 de Diciembre de 2008
Carta abierta a la comunidad
Saludo del obispo Bitar a vecinos
El prelado envió su saludo de despedida a través de una carta a los medios
20 de Diciembre de 2008

Fuentes El Diario del Sur de Córdoba
Señor director:
Al partir hacia la Diócesis de San Justo y ante la imposibilidad de hacerlo personalmente, me dirijo a usted a fin de solicitar que a través de su prestigioso medio de comunicación me permita expresar a la comunidad de Villa María y la región, mi más sincero agradecimiento por los saludos, las oraciones, los obsequios y las atenciones recibidas con motivo de mi consagración episcopal.Con la promesa de recordarlos diariamente en la oración e implorando la bendición de Dios sobre todas las familias en instituciones de la Diócesis de Villa María, los saludo fraternalmente.¡Hasta siempre!Con esas simples palabras, el flamante obispo se despidió de los feligreses.Bitar fue consagrado obispo durante una ceremonia concelebrada, que tuvo lugar en la iglesia Catedral de esta ciudad el lunes 8 de este mes, Día de la Inmaculada.

viernes 19 de diciembre de 2008

La comunión de rodillas y en la lengua


Dom Alcuin Reid OSB ha escrito un interesante artículo sobre el libro "Dominus est" de Monseñor Athanasius Schneider para el The Catholic Herald de Inglaterra. Ofrecemos nuestra traducción.
*
Era 1969. Pablo VI era el Papa. La Congregación para el Culto Divino publicaba una Instrucción, “Memoriale Domini”, sobre el modo de recibir la Santa Comunión. Es una lectura muy interesante.
*
Después de referirse a la evolución de la recepción de la Comunión en la lengua como fruto de “una profundización en la comprensión de la verdad del Misterio Eucarístico, de su poder y de la Presencia de Cristo en el mismo”, la Instrucción declara que “este modo de distribuir la Santa Comunión debe ser conservado… no sólo porque tiene detrás siglos de tradición, sino especialmente porque expresa la reverencia de los fieles a la Eucaristía”.
*
“La costumbre no quita nada de la dignidad personal de aquellos que se acercan a este gran Sacramento: es parte de aquella preparación que se necesita para la recepción más fructuosa del Cuerpo del Señor”, decía la Instrucción.
*
También advertía: “Un cambio en un asunto de tanta trascendencia, que tiene sus bases en una tradición antiquísima y venerable, no afecta solamente a la disciplina. Conlleva ciertos peligros que pueden surgir del nuevo modo de administrar la Santa Comunión: el peligro de una pérdida de reverencia por el augusto Sacramento del Altar, el peligro de la profanación, el peligro de adulterar la doctrina verdadera”.
*
Y publicaba un sondeo de los obispos del mundo, que llevaba a concluir: “La gran mayoría de los obispos cree que la actual disciplina no debe ser cambiada, y que si lo fuera, el cambio sería ofensivo a los sentimientos y a la cultura espiritual de los mismos obispos y de muchos de los fieles”.
*
Por esta razón, agregaba: “El Santo Padre ha decidido no cambiar el modo existente de administrar la Santa Comunión a los fieles”. Pero entonces, y dado que la Comunión en la mano es prácticamente universal, y que las jóvenes generaciones prácticamente no conocen otra cosa, ¿qué es lo que sucedió?
*
Hubo una “laguna”. La Instrucción contenía la provisión para que las conferencias episcopales tomaran la decisión de permitir la Comunión en la mano en los lugares donde “prevaleciera el uso contrario”. En la década siguiente, esta “laguna” fue explotada.
*
Hoy, las advertencias de la Instrucción acerca de la pérdida de reverencia, de fe, e incluso la existencia de profanaciones del Santísimo Sacramento han sido – tristemente – confirmadas. Es tiempo de revisar la cuestión de la Comunión en la mano. Y esto es precisamente lo que un joven obispo de Asia Central ha hecho en “Dominus Est”.
*
El Obispo Athanasius Schneider, un especialista en los Padres de la Iglesia nombrado por el Papa Benedicto en el 2006, ha levantado su voz y ha realizado un llamado profético a la Iglesia occidental, para recordar la importancia, si no la necesidad, de retornar a la disciplina de la recepción de la Santa Comunión de rodillas y en la lengua.
*
Por supuesto, no hay dudas que – como atestigua la misma Memoriale Domini – es “verdad que el antiguo uso permitió en un momento a los fieles tomar el Divino Alimento con las manos y ponerlo ellos mismos en la boca”.
*
De este hecho se hizo gran ostentación en toda la década del ’70, al mismo tiempo que se hablaba de recibir la Santa Comunión como personas adultas, y no como niños. Se nos animaba a regresar a la pureza original de la práctica de la primera Iglesia; emergíamos de siglos de adiciones supuestamente corruptas en la forma en que practicábamos nuestro culto.
*
Sin embargo, en nuestro entusiasmo ignorábamos los datos que, como atestigua el Obispo Schneider, enseñan que el “desarrollo orgánico” de la práctica de recibir la Comunión en la lengua no es otra cosa que “el fruto de la espiritualidad y la devoción eucarística proveniente del tiempo de los Padres de la Iglesia”, y que la eliminación de la postura de rodillas para recibir la Santa Comunión fue un rasgo de la revuelta teológica protestante, tanto de Calvino como de Zwinglio.
*
De hecho, un experto de la altura de Klaus Gamber señala que la recepción de la Comunión en la mano “fue abandonada… del siglo quinto o sexto en adelante”.
*
La Iglesia, con el tiempo, acumula sabiduría. Su Sagrada Liturgia, desarrollada en la tradición, es un lugar privilegiado de esta misma sabiduría. Todos los liturgistas, salvo los más partidistas, reconocen hoy que muchas de las apresuradas decisiones tomadas con respecto a la reforma y práctica litúrgicas en los ’60 y ’70, estaban inficionadas de un “anticuarianismo” que fue ingenuo y hasta desequilibrado. Es tiempo de reconsiderar algunas – si no muchas – de aquellas decisiones, y de dar pasos decisivos para corregirlas donde sea necesario. La Comunión en la mano es uno de esos casos.
*
Para que no pensemos que este joven obispo – cuyo relato, en el primer capítulo del libro, sobre su formación en la piedad eucarística bajo la persecución comunista es un verdadero tesoro espiritual – eleva su voz en soledad, aclaremos que el libro lleva la aprobación de los superiores de la Congregación para el Culto Divino. El Cardenal Arinze, quien se retiró en este mes, afirma: “He leído con placer el libro completo. Es excelente”.
*
Y el Arzobispo Malcolm Ranjith, un verdadero profeta de la reforma litúrgica de Benedicto XVI, escribe en el prefacio: “Creo que es tiempo de evaluar cuidadosamente la práctica de la Comunión en la mano, y, si se ve necesario, abandonar lo que nunca fue pedido ni por la Sacrosanctum Concilium del Vaticano II, ni por los Padres Conciliares, sino que fue… ‘aceptado’ después de su introducción, como un abuso, en algunos países”.
*
Este pequeño libro, un breve pero intuitivo estudio de los Padres, la Iglesia primitiva, el Magisterio y los ritos litúrgicos de oriente y occidente, es capaz de crear una tormenta – no “dentro de una taza de té”, sino dentro de las mentes de aquellos excesivamente apegados a los fallidos cambios hechos a la liturgia en lo que sólo puede ser descripto como un período peculiar de la historia de la Iglesia.
*
Que llegue a provocar una tormenta es desafortunado, dado que la práctica por la que aboga es una práctica de amor y humildad, de la que no debiera rehuir ninguno de los que verdaderamente adoran a Cristo presente en el Santísimo Sacramento.
*
Pero quizá hoy sea necesario algo de controversia. Es probable que las generaciones futuras, sin embargo, se pregunten por qué tardamos tanto en darnos cuenta que es, realmente, el Señor, y por qué tardamos tanto en volver a comportarnos como corresponde.
*
Estamos en el 2008. El Papa es Benedicto XVI. El mismo Santo Padre ya reformó el modo de la recepción de la Santa Comunión en las Misas que él celebra. Sigamos su ejemplo. Está de acuerdo con la enseñanza del Papa Pablo VI.
***
Texto original: The Catholic Herald
Traducción: La Buhardilla de Jerónimo
***

miércoles 17 de diciembre de 2008

Pío XII, alocución sobre el respeto a la intimidad de la persona (1958)



Como homenaje al gran Papa Pío XII, y en referencia a las tres entradas anteriores sobre el c.220, en dónde se cita esta magnífica alocución con ocasión del XIII Congreso internacional de psicología aplicada del 10 de abril de 1958, la transcribo a continuación:


DISCURSO DE SU SANTIDAD PÍO XII A LOS PARTICIPANTES EN EL XIII CONGRESO INTERNACIONAL DE PSICOLOGÍA APLICADA


Jueves 10 de abril de 1958

Sobre el respeto de la intimidad de la persona

1. Llegados del mundo entero para participar en numero impresionante en el XIII Congreso de la Asociación Internacional de Psicología Aplicada, habéis deseado, señores, poder visitarnos con este motivo. Nos sentimos dichosos en acogeros aquí, y de todo corazón os damos la bienvenida a cada, uno de vosotros.
El tema que os interesa, y del que el presente Congreso toma su nombre, es la psicología aplicada, pero sin limitar vuestras investigaciones a sólo las aplicaciones prácticas, tomáis también muy ampliamente en consideración problemas que nacen de la psicología teórica. Así se comprueba en la abundante documentación que habéis hecho llegar de las cuatro secciones en que están divididos vuestros trabajos: psicología aplicada al trabajo y a la orientación profesional, psicología escolar, psicología criminal, judicial y penitenciaria, de las que cada una aborda frecuentemente las cuestiones de deontología implicadas en sus materias.
Habéis puesto también de relieve que existen a este propósito, entre los psicólogos y los teólogos, ciertas divergencias de puntos de vista que determinan en la teoría y en la práctica incertidumbres lamentables, y nos habéis pedido que, en la medida de lo posible, hagamos algunas aclaraciones. Dos puntos, sobre todo, han sido señalados: la utilización ampliamente extendida de ciertos tests
[1] por medio de los cuales se llega hasta auscultar sin escrúpulo las profundidades íntimas del alma: después, el problema conexo, pero más amplio, de la responsabilidad moral del psicólogo, el de la extensión y límites de sus derechos y sus deberes en el empleo de los métodos científicos, ya se trate de investigaciones teóricas, ya de aplicaciones prácticas.
Abordaremos estos dos puntos en nuestra exposición, pero encuadrándolos en una síntesis mas amplia: aspecto religioso y moral de la personalidad humana, objeto de la psicología. Nos consideraremos sucesivamente:

I. Definición de la personalidad humana desde el punto de vista psicológico y moral.

II. Obligaciones morales del psicólogo respecto a la personalidad humana.

III. Principios morales fundamentales concernientes a la personalidad humana en psicología.

I. LA DEFINICIÓN DE LA PERSONALIDAD HUMANA DESDE EL PUNTO DE VISTA PSICOLÓGICO Y MORAL

2. Este término de «personalidad» se encuentra hoy por doquier, pero con diverso sentido. A decir verdad, basta recorrer la abundante bibliografía sobre el tema para darse cuenta de que muchas nociones que afectan a la estructura psíquica del hombre están expresadas en términos técnicos que conservan en todas sus partes el mismo sentido fundamental; sin embargo, no pocos elementos del psiquismo humano están todavía mal precisados y aún no han hallado una adecuada definición. El término «personalidad» se encuentra entre éstos, tanto en psicología científica como en psicología aplicada. Es necesario, por lo tanto, precisar cómo Nos lo entenderemos. Aunque Nos contemplemos, sobre todo, los aspectos morales y religiosos, mientras que vosotros os detenéis principalmente en el aspecto psicológico, Nos no pensamos que estos puntos de vista diferentes deban producir oposiciones o contradicciones mientras permanezcan objetivos y se esfuercen por circunscribirse a los hechos.
Nos definimos la personalidad como «la unidad psicosomática del hombre, en cuanto determinada y gobernada por el alma».

3. Esta definición nos habla ante todo de la personalidad como una «unidad», porque la considera como un todo cuyas partes, aunque conservan sus caracteres específicos, no están en modo alguno separadas, sino ligadas orgánicamente entre sí. De ahí que la psicología pueda considerar tanto las facultades psíquicas y sus funciones separadamente, en su estructura propia y sus leyes inmanentes, como en su totalidad orgánica.
La definición caracteriza después esta unidad como «psicosomática». Los puntos de vista del teólogo y del psicólogo coinciden aquí en no pocos puntos. Las obras técnicas de psicología se detienen en considerar, en efecto, en todo detalle, la influencia del cuerpo sobre el espíritu, al que proporciona una aportación continua de energía por sus procesos vitales: estudian, de otra parte, la influencia del espíritu sobre el cuerpo, y se esfuerzan por determinar científicamente las modalidades del gobierno de las tendencias psíquicas por el alma espiritual, sacando aplicaciones prácticas.
La definición expresa, en seguida, que la unidad psicosomática del hombre está «determinada y gobernada por el alma». El individuo, en cuanto unidad y totalidad indivisible, constituye un centro único y universal del ser y de la acción, un «yo» que se posee y dispone de sí mismo. Ese «yo» es el mismo para todas las funciones psíquicas, y permanece el mismo aun en el correr del tiempo. La universalidad del «yo» en extensión y en duración si aplica en particular al nexo causal que le liga con sus actividades espirituales. Este «yo» universal y permanente toma, bajo la influencia de causas internas o externas, conscientemente percibida o implícitamente aceptada, pero siempre por una libre decisión, una actitud determinada y un carácter permanente, tanto en su ser interior como en su comportamiento exterior. Come signo propio de la personalidad proviene, en última instancia, del alma espiritual, se la define como «determinada por el alma», y puesto que no se trate de un proceso ocasional, sino continuo se añade: «gobernada por el alma» Puede suceder que ciertos aspectos de un carácter adquieran un relieve más acusado y que se designe esa nota dominante con el término de «personalidad», pero no se requiere la existencia de tales «dominantes» para que se pueda hablar de una personalidad en el sentido de la definición.
La personalidad puede ser considerada ya como un simple hecho, ya a la luz de valores morales que la deben gobernar. Se sabe que existen personalidades de valor y otras insignificantes que algunas son turbias, viciosas o depravadas; que otras son desarrolladas rectas, honestas. Pero tanto las unas como las otras revisten esos caracteres porque ellas se han dado, por su libre decisión, tal o cual orientación espiritual. Ni la psicología ni la moral deberán olvidar este hecho, aun cuando ambas consideren preferentemente el ideal al que la personalidad tiende.

4. Puesto que el aspecto moral y el religioso coinciden en gran medida con lo precedente, nos bastará agregar algunas indicaciones. La metafísica considera al hombre como fin último, que le es propuesto por un ser vivo, dotado de inteligencia y de libertad, en el que el cuerpo y el alma están unidos en una sola naturaleza que posee una existencia independiente. En términos técnicos, se diría rationalis naturae individua substantia[2]. En este sentido, el hombre es siempre una persona, un «individuo» distinto de todos los demás, un «yo» desde el primero al último instante de su vida, incluso cuando no tiene conciencia. Existe, pues, una cierta diferencia entre este punto de vista y las expresiones de la psicología, pero, en todo caso, sin que haya en ello insoluble contradicción.
Los rasgos más importantes de la personalidad, desde el punto de vista moral y religioso son los siguientes:

a) El hombre es totalmente obra del Creador. Aunque la psicología no lo tenga en cuenta en sus investigaciones, en sus experiencias y sus aplicaciones clínicas, trabaja siempre sobre la obra del Creador; por otra parte, esta consideración es esencial desde el punto de vista moral y religioso, pero mientras el teólogo y el psicólogo se mantengan objetivos, no se ha de temer conflicto y los dos pueden seguir su marcha dentro de su campo propio y según los principios de su ciencia.
Cuando se considera al hombre como obra de Dios, se descubren en él dos características importantes para el desarrollo y el valor de la personalidad cristiana: su semejanza con Dios, que procede del acto creador, y su filiación divina en Cristo, manifestada por la Revelación. En efecto, la personalidad cristiana resulta incomprensible si se olvidan estos datos, y la psicología, sobre todo la aplicada, se expone también a incomprensiones y a errores si los ignora. Porque se trata claramente de hechos reales y no imaginarios o supuestos. Que estos hechos sean conocidos por revelación nada quita a su autenticidad, porque la revelación pone al hombre en el caso de sobrepasar los límites de una inteligencia limitada para dejarse prender por la inteligencia infinita de Dios.

b) La consideración de la finalidad es igualmente esencial desde el punto de vista moral y religioso. El hombre tiene la posibilidad y la obligación de perfeccionar su naturaleza no como él la entienda, sino según el plan divino. Para perfeccionar la imagen de Dios en su personalidad, no debe seguir sus instintos, sino las normas objetivas, como las de la deontología médica, que se imponen a su inteligencia y a su voluntad y que le son dictadas por su conciencia y por la revelación. Además, la conciencia se aclarará consultando las opiniones de los demás y la sabiduría tradicional de la humanidad. Hace algunos años se ha editado en América un código de deontología médica: Ethical Standards for Psychologists, que se basa en las respuestas de siete mil quinientos miembros de la American Psychological Association (Washington, D. C.). Aunque este código contiene ciertas afirmaciones discutibles, merece aprobarse la idea que le inspira: el recurso a personas serias y competentes para descubrir y formular normas morales. Quien descuida o menosprecia las normas del orden moral objetivo no adquirirá sino una personalidad deforme e imperfecta.

c) De otra parte, decir que el hombre está obligado a observar ciertas reglas de moralidad es tenerle por responsable, creer que tiene la posibilidad objetiva y subjetiva de obrar según estas reglas Esta afirmación de la responsabilidad y de la libertad es igualmente esencial a la personalidad. No se puede, por lo tanto, a pesar de ciertas posiciones defendidas por algunos psicólogos, abandonar los principios siguientes, sobre los que, por otra parte, es de desear que se establezca un acuerdo tan amplio como sea posible entre los psicólogos y los teólogos:

1) Todo hombre ha de ser considerado como normal mientras no se pruebe lo contrario.

2) El hombre normal no sólo posee una libertad teórica, sino que tiene realmente también el uso de la misma.

3) El hombre normal, cuando utiliza como debe las energías espirituales que están a su disposición, es capaz de vencer las dificultades que se oponen a la observancia de la ley moral.

4) Las disposiciones psicológicas anormales no son siempre insuperables y no impiden siempre al sujeto toda posibilidad de obrar libremente.

5) Incluso los dinamismos del inconsciente y del subconsciente no son irresistibles; es posible, en gran medida, dominarlos, sobre todo para el sujeto normal.

6) El hombre normal es, por lo tanto, ordinariamente responsable de las decisiones que toma.

d) Por último, para comprender la personalidad no se puede hacer abstracción del aspecto escatológico. Por mucho tiempo que el hombre viva sobre la tierra puede querer el bien o el mal; pero, una vez separada del cuerpo por la muerte, el alma queda fijada en las disposiciones adquiridas durante a vida. Desde el punto de vista moral y religioso, el elemento decisivo en la estructura de la personalidad es precisamente la actitud que adopta, con relación a Dios, su misma naturaleza. Si está orientada hacia El, en esta orientación permanecerá; si, por lo contrario, se ha apartado de El, mantendrá la disposición que voluntariamente se impuso. Para la psicología, este último episodio del devenir psíquico puede no revestir más que un interés secundario. Sin embargo, como se ocupa de estructuras psíquicas y de actos que de ella proceden y que contribuyen a la elaboración final de la personalidad, el destino de ésta no debería serle indiferente.
Tales son los puntos que Nos querríamos desarrollar a propósito de la personalidad considerada bajo el ángulo moral y religioso. Añadamos algunas breves observaciones.
Las obras de vuestra especialidad tratan también de las dominantes en la estructura de la personalidad; es decir, de las disposiciones que determinan el aspecto de su psiquismo. De este modo, vosotros dividís los hombre en grupos, según que dominen en ello los sentidos, los instintos, las emociones y afectos, el sentimiento, la voluntad la inteligencia. Incluso desde el punto de vista religioso y moral, esta clasificación no deja de tener importancia porque la reacción de los diversos grupos ante los motivos morales y religiosos es a menudo muy diferente.
Vuestras publicaciones tratan frecuentemente la cuestión del carácter. La distinción y el sentido de los conceptos de «carácter» y de «personalidad» no son siempre uniformes. A vece se llega incluso a tomarlos como sinónimos. Algunos sostienen que el elemento principal del carácter es la actitud que el hombre adopta ante su responsabilidad; para otros, es su posición ante los valores. La personalidad del hombre normal se encuentra necesariamente enfrentada con los valores y las normas de la vida moral, que comprende también, como hemos dicho, la deontología médica; estos valores no son simples indicaciones, sino directrices obligatorias. Es necesario tornar posición con respecto a ellas, aceptarlas o rechazarlas. Así se explica que un psicólogo defina el carácter como «la constante relativa de la investigación, de la apreciación, de la aceptación personales de los valores». Muchos trabajos de vuestro Congreso hacen alusión a esta definición, y hasta la comentan ampliamente.
Un último hecho que atrae el interés común del psicólogo y del teólogo es la existencia de ciertas personalidades, cuya sola constante es, por así decir, la inconstancia. Su superficialidad parece invencible y no admite más valor que la despreocupación o la indiferencia ante todo orden de valores. Para el psicólogo, como para el teólogo, esto no constituye un motivo de desaliento, sino más bien un estímulo para el trabajo y la invitación a una colaboración fecunda, a fin de formar auténticas personalidades y sólidos caracteres para el bien de los individuos y de las comunidades.


II. LAS OBLIGACIONES MORALES DEL PSICÓLOGO RESPECTO A LA `PERSONALIDAD HUMANA

5. Y así llegarnos ahora a las cuestiones de deontología médica, cuya solución nos habéis pedido; es decir, en primer lugar, a la licitud de ciertas técnicas y de la manera de aplicar los tests psicológicos; después, a los principios de orden religioso y moral, que son fundamentales para la persona del psicólogo y la del paciente. Señalemos, por lo demás, que las cuestiones de deontología aquí tratadas conciernen también a todo el que tiene uso de razón y, de una manera general, a todo el que es capaz de realizar un acto psíquico consciente.
Los tests y los otros métodos de investigación psicológica han contribuido enormemente al conocimiento de la personalidad humana y le han prestado señalados servicios. Podría pensarse también que no existe en este campo ningún problema particular de moral médica y que se puede aprobar todo sin reservas. De hecho, nadie negará que la psicología moderna, considerada en su conjunto, merece aprobación desde el punto de vista moral y religioso. Sin embargo, si se consideran en particular los fines que persigue y los medios que pone en práctica para realizarlos, necesario será hacer una distinción. Sus fines, es decir, el estudio científico de la psicología humana y la curación de las enfermedades del psiquismo, no pueden menos de ser laudables; pero los medios utilizados ofrecen a veces justificadas reservas, como Nos lo señalábamos más arriba a propósito de la obra aparecida en América: Ethical Standards for Psychologists.
No escapa a los mejores psicólogos que el empleo más hábil de los métodos existentes no llega a penetrar en la zona del psiquismo, que constituye, por así decirlo, el centro de la personalidad y continúa siempre siendo un misterio. Llegado a este punto, el psicólogo no puede menos de reconocer con modestia los límites de sus posibilidades y respetar la individualidad del hombre, sobre la que tiene que pronunciar un juicio; debería esforzarse por percibir en todo hombre el plan divino y ayudar a desarrollarlo en la medida de lo posible. La personalidad humana, con sus caracteres propios, es, en efecto, la más noble y la más brillante de las obras de la creación. Ahora bien: quien tiene conocimiento de vuestros trabajos comprende que se plantean ciertos problemas en ellos; vosotros, en efecto, ponéis de relieve muchas veces las objeciones que levanta la penetración del psicólogo en lo íntimo de la personalidad de otro. Así, por ejemplo, la utilización del narcoanálisis, discutido ya en psicoterapia, es considerada como ilícita en el ámbito judicial; igualmente, el empleo del detector de mentiras llamado lie-detector o polígrafo
[3].Algún autor denuncia las consecuencias nocivas de las tensiones emotivas violentas provocadas en un sujeto por un experimento, pero asegura también que es necesario saber preferir el interés del progreso científico al de la persona individual que sirve de sujeto al experimento. Algunos, en la investigación y en el tratamiento psiquiátricos, efectúan intervenciones que no han obtenido el previo consentimiento del paciente o cuyo exacto alcance no conocía él. También la revelación del contenido real de su personalidad puede provocar, en algunos casos, serios traumatismos. En resumen, se puede decir que a veces es necesario deplorar la injustificada intrusión del psicólogo en la personalidad profunda y los daños psíquicos serios que de ello resultan para el paciente e incluso para terceras personas. Hasta sucede que no se asegura enteramente el consentimiento del interesado y se alega, para justificar procedimientos discutibles, la prioridad de la ciencia sobre los valores morales y sobre los intereses particulares (es decir, en otros términos, el del bien común sobre el bien particular).
Vamos, pues, a comprobar el valor de los principios, que incluso buenos psicólogos invocan para justificar ciertas maneras de obrar que son discutibles.

1. El interés de la ciencia y la importancia de la psicología

6. La moral enseña que las exigencias científicas no justifican, por sí solas, cualquier manera de utilizar las técnicas y los métodos psicológicos, ni aun por psicólogos serios y para fines útiles; y la razón está en que las personas interesadas en los procesos de investigación psicológica no han de tener solamente en cuenta leyes científicas, sino también normas trascendentales. En efecto, la cuestión fundamental no es la psicología misma y sus posibles progresos, sino la persona humana que la utiliza y si ésta obedece a normas superiores, sociales, morales, religiosas. Lo mismo sucede, por lo demás, en las otras ramas de la ciencia; las matemáticas, por ejemplo, o la física son en sí mismas extrañas a la moral y escapan, por lo tanto, a sus normas; pero la persona que se entrega a su estudio y aplica sus leyes no abandona nunca el plano moral, porque en ningún momento su acción libre deja de preparar su destino trascendente. La psicología, como ciencia, no puede, por lo tanto, valorar sus exigencias más que en la medida en que se encuentren respetadas la escala de los valores y las normas superiores de las que Nos hemos hablado y entre las que figuran las del derecho, de la justicia, de la equidad, el respeto a la dignidad humana, la caridad ordenada hacia sí mismo y hacia los demás. Estas normas no tienen nada de misterioso, sino que aparecen claramente a toda recta conciencia y son formuladas por la razón natural y por la revelación. Con tal que se las observe, cada impide hacer valer las justas exigencias de la ciencia psicológica en favor de los métodos modernos de investigación.

2. El consentimiento del sujeto

7. El segundo principio en discusión es el de los derechos de la persona que se presta a las experiencias o al tratamiento psicológico. En sí, el contenido del psiquismo pertenece exclusivamente a la persona (aquí, el sujeto de las experiencias y del tratamiento) y es conocido sólo por ella. Esta, pues, manifiesta va algo de él, por el simple hecho de su comportamiento. Cuando el psicólogo se ocupa de lo que le es así revelado, no viola en modo alguno el psiquismo íntimo del sujeto. Puede también obrar con toda libertad cuando el individuo le expone conscientemente una parte y significa en este caso que él no concede ninguna importancia al secreto. Pero hay una gran parte de su mundo interior, que la persona no descubre sino a algunos confidentes y defiende contra la intromisión de otros. Ciertas cosas serán incluso guardadas secretas a toda costa y frente a cualquiera. Hay otras, por último, que el individuo no sabría considerar. La psicología muestra, además, que existe una región del psiquismo íntimo —en particular de las tendencias y de las disposiciones— tan escondida que el individuo no llega a conocerla, ni siquiera a sospecharla. Y así como no es lícito apropiarse de los bienes de otro o atentar contra su integridad corporal sin su consentimiento, tampoco está permitido entrar contra su voluntad en su ámbito interior, cualesquiera que sean las técnicas y los métodos que se emplearen.
Pero se puede también preguntar si el consentimiento del interesado basta para abrir sin reserva al psicólogo las puertas de su psiquismo.
Si ese consentimiento es arrancado injustamente, toda acción del psicólogo será lícita; si está viciado por una falta de libertad (debido a la ignorancia, al error o al engaño), toda tentativa de penetrar en las profundidades del alma será inmoral.
Por lo contrario, si ese consentimiento se ha prestado libremente, el psicólogo puede, en la mayor parte de los casos, pero no siempre, actuar según los principios de su ciencia, sin contravenir a las normas morales. Es necesario ver si el interesado no ha sobrepasado los límites de su competencia y de su capacidad en dar un consentimiento válido. El hombre, en efecto, no dispone de un poder ilimitado sobre sí mismo. Frecuentemente, en vuestros trabajos se alega el principio jurídico Volenti non fit iniuria: «Si la persona consiente, no se le causa ninguna injusticia». Señalemos, ante todo, que la intervención del psicólogo podría muy bien lesionar los derechos de un tercero, por ejemplo, revelando secretos (de Estado, de oficio, de familia, de confesión) o, simplemente, el derecho de lo: individuos o de las comunidades a su reputación. No basta que el psicólogo mismo o sus ayudantes estén obligados al secreto, ni que se pueda a veces, por razones graves, confiar un secreto a una persona prudente. Porque, come Nos ya señalamos en nuestra alocución del
13 de abril de 1953 sobre la psicoterapia y la psicología, ciertos secretos no pueden absolutamente ser revelados, ni siquiera a una sola persona prudente.
En cuanto al principio Volenti non fit iniuria, no suscita ante el psicólogo sino un solo obstáculo, a saber: el derecho de la persona a proteger su mundo interior. Pero pueden subsistir otros obstáculos en virtud de obligaciones morales, que el sujeto no puede suprimir a su gusto; por ejemplo, la religiosidad, la estima de sí, el pudor, la decencia. En este caso, aunque no viole ningún derecho, el psicólogo falta a la moral. Importa, pues, examinar para cada caso particular si uno de estos motivos de orden moral no llegaría a oponerse a su intervención, y valorar exactamente su alcance.

3. El altruismo heroico

8. ¿Qué pensar del motivo del altruismo heroico, alegado para justificar la aplicación incondicional de las técnicas de exploración y de tratamiento psicológicos?
El valor moral de la acción humana depende, en primer lugar, de su objeto. Si éste es inmoral, la acción lo es también; de nada sirve invocar el motivo que la inspira o el fin que persigue. Si el objeto es indiferente o bueno, se puede entonces preguntar sobre los motivos o el fin, que confieren a la acción nuevos valores morales. Pero un motivo, por noble que sea, no basta nunca para hacer buena una acción mala. Y así, una intervención cualquiera del psicólogo debe ser examinada, ante todo, en su objeto a la luz de las indicaciones dadas. Si este objeto no es conforme al derecho o a la moral, el motivo de un altruismo heroico no lo hace aceptable; si el objeto es lícito, la acción podrá recibir, además del motivo indicado, un valor moral más alto. Las personas que, movidas por este motivo, se ofrecen a las experiencias más penosas para ayudar a los demás y serles útiles, son dignas de admiración y de imitación. Pero hay que guardarse de confundir el motivo o el fin de la acción con su objeto y de transferir a éste un valor moral que no tiene.

4. El interés general y la intervención de los poderes públicos

9. El interés general y la intervención de los poderes públicos, ¿pueden autorizar al psicólogo a emplear cualquier método?
Que la autoridad pública puede, respecto a los particulares, aprovechar, por justos motivos, las conquistas y los métodos experimentados de la psicología, nadie lo negará. Pero la cuestión se plantea aquí sobre la elección de ciertas técnicas y métodos. Es el signo característico de los Estados totalitarios, que no reparan en los medios, sino que utilizan sin distinción todo lo que sirve al fin perseguido, sin consideración a las exigencias de la ley moral. Nos denunciamos ya en nuestro discurso del 3 de octubre de 1953 al VI Congreso Internacional de Derecho Penal las aberraciones de que el siglo XX da todavía tristes ejemplos al aceptar la tortura y los medios violentos en el procedimiento judicial.
El hecho de que procedimientos inmorales sean impuestos por la autoridad pública, de ningún modo los hace lícitos. Por ello, cuando los poderes públicos crean oficinas de experiencia o de consulta, los principios que Nos hemos expuesto se aplican a todas las medidas de orden psicológico, que están llamados a tomar.
Para las investigaciones libres y las iniciativas de esas oficinas se aplicarán los principios que valen para la investigación libre y las iniciativas de los particulares, y, en general, para la utilización de la psicología teórica y aplicada.
En lo que concierne a la competencia de la autoridad pública para imponer exámenes psicológicos, se aplicarán los principios generales de los límites de la competencia de la autoridad pública. Nos expusimos ya en nuestras alocuciones del
13 de septiembre de 1952 sobre los límites morales de la investigación y del tratamiento médico [4]y del 30 de septiembre de 1954 a la Sodalitas medicorum universalis [5], los principios que regulan las relaciones del médico con las personas que trata y con los poderes públicos, en particular la posibilidad para éstos de conceder a ciertos médicos y psicólogos derechos que sobrepasan a los que un médico posee de ordinario respecto a su cliente. Las disposiciones de la autoridad pública, que tratan de someter a los niños y jóvenes a ciertos exámenes —suponiendo que el objeto de estos exámenes sea lícito—, han de tener en cuenta, para ser conformes a la moral, a los educadores, que tienen sobre ellos una autoridad más inmediata que la del Estado; es decir, la familia y la Iglesia. Ni la una ni la otra, por lo demás, se opondrán a medidas tomadas en interés de los niños; pero no permitirán que el Estado actúe en este campo sin tener en cuenta su derecho propio, como nuestro predecesor Pío XI lo afirmó en la encíclica Divini illius Magistri, del 31 de diciembre de 1929, y como Nos mismo en diversas ocasiones lo hemos subrayado.

III. LOS PRINCIPIOS MORALES FUNDAMENTALES CONCERNIENTES A LA PERSONALIDAD HUMANA EN PSICOLOGÍA

10. Las respuestas que os hemos dado hasta aquí requieren todavía como complemento el enunciado de los principios básicos, de donde aquéllas han sido deducidas, y gracias a los cuales podréis, en cada caso particular, formaros un juicio personal plenamente justificado. No hablaremos sino de los principios de orden moral, que se refieren tanto a la personalidad del que practica la psicología como a la del paciente, en la medida en que éste interviene por un acto libre y responsable.
Ciertas acciones son contrarias a la moral, porque violan solamente las normas de una ley positiva. Otras llevan en sí mismas su carácter de inmoralidad; entre éstas —de las que solamente nos ocuparemos—, algunas no serán nunca morales; otras se convertirán en inmorales en función de determinadas circunstancias. Así, por ejemplo, es inmoral penetrar en la conciencia de alguien; pero este acto se hace moral si el interesado otorga su consentimiento válido Puede suceder también que ciertas acciones expongan a un peligro de violar la ley moral; así, por ejemplo, el empleo de tests entraña en ciertos casos el peligro de producir impresiones inmorales, pero se convierte en moral cuando motivos proporcionados justifican el peligro corrido. Se pueden, pues, distinguir tres especies de acciones inmorales, que es posible juzgar tales por referencia a tres principios básicos, según que ellas son o inmorales en sí mismas, o por falta de derecho en quien las realiza, o por causa de los peligros que provocan sin motivo suficiente.
Las acciones inmorales en sí mismas son aquellas cuyos elementos constitutivos son inconciliables con el orden moral, es decir, con la sana razón. La acción consciente y libre es entonces contraria, ya a los principios esenciales de la naturaleza humana, ya a las relaciones esenciales que tiene con el Creador y con los demás hombres, ya a las reglas que presiden en el uso de las cosas materiales, en el sentido de que el hombre no puede nunca hacerse esclavo de ellas, sino que debe señorearlas. Es, por lo tanto, contrario al orden moral que el hombre, libre y conscientemente, someta sus facultades racionales a los instintos inferiores. Cuando la aplicación de los tests o del psicoanálisis o de cualquier otro método llega a esto, se convierte en inmoral y debe ser rechazado sin discusión. Naturalmente, corresponde a vuestra conciencia determinar, en los casos particulares, qué comportamiento hayáis de rechazar en cada caso.
Las acciones inmorales por falta de derecho de quien las realiza no contienen en sí mismas ningún elemento esencial que sea inmoral; mas para ser llevadas a cabo lícitamente suponen un derecho, ya explícito, ya implícito, como será el caso, la mayor parte de las veces, para el médico y el psicólogo. Como un derecho no puede ser supuesto de antemano, es necesario, ante todo, establecerlo con una prueba positiva a cargo de quien se lo arroga y basada en un título jurídico. En tanto que el derecho no ha sido adquirido, la acción es inmoral. Pero sí en un momento dado una acción aparece tal, no se sigue todavía de ello que lo será siempre, porque puede suceder que ulteriormente se adquiera el derecho qua faltaba. Sin embargo, no se puede nunca presumir el derecho en cuestión. Como hemos dicho más arriba, os corresponde, también aquí, decidir en los casos concretos, de los que se encuentran muchos ejemplos en las obras de vuestra especialidad, si tal o cual acción cabe bajo la aplicación de este principio.
En tercer lugar, ciertas acciones son inmorales a causa del peligro, al que exponen sin motivo proporcionado. Hablamos, evidentemente, del peligro moral, para el individuo o la comunidad, ya respecto a los bienes personales, del cuerpo, de la vida, de la reputación, de las costumbres, ya respecto a los bienes materiales. Es evidentemente imposible evitar en absoluto el peligro, y una tal exigencia paralizaría toda empresa y dañaría gravemente a los intereses de cada uno; de ahí que la moral permita este riesgo a condición de que esté justificado por un motivo proporcionado a la importancia de los bienes amenazados y a la proximidad del peligro que les amenaza. Vosotros destacáis a menudo en vuestros trabajos el peligro que hacen correr ciertas técnicas, ciertos procedimientos utilizados en psicología aplicada. El principio que Nos acabamos de enunciar os ayudará a resolver en cada caso las dificultades que se presenten.
Las normas que Nos hemos formulado son, ante todo, de orden moral. Cuando la psicología discute teóricamente sobre un método o sobre la eficacia de una técnica, no considera sino su aptitud para procurar el fin propio que persigue, y no roza el plano moral. Pero en la aplicación práctica importa tener en cuenta, además, los valores espirituales en juego, tanto por parte del psicólogo como de su paciente, y unir el punto de visa científico o médico con el de la personalidad humana en su conjunto. Estas normas fundamentales son obligatorias porque se derivan de la naturaleza de las cosas y pertenecen al orden esencial de la acción humana, cuyo principio supremo e inmediatamente evidente es que es necesario hacer el bien y evitar el mal.

11. Al comienzo de esta alocución, Nos hemos definido la personalidad como «la unidad psicosomática del hombre en cuanto determinada y gobernada por el alma», y hemos precisado el sentido de esta definición. Después hemos intentado ofrecer una respuesta a las cuestiones que os habíais planteado sobre el empleo de ciertos métodos psicológicos y sobre los principios generales que determinan la responsabilidad moral del psicólogo. A éste se le exige no sólo un conocimiento teórico de las normas abstractas, sino un sentido moral profundo, meditado, largamente formado por una constante fidelidad a su conciencia.. El psicólogo realmente deseoso de no buscar más que el bien de su paciente se mostrará tanto más celoso en respetar los límites fijados a su acción por la moral cuanto que tiene, por así decirlo, en sus manos las facultades psíquicas de un hombre, su capacidad de obrar libremente, de realizar los valores más altos incluidos en su destino personal y en su vocación social.
Nos anhelamos de todo corazón que vuestros trabajos penetren cada vez más en la complejidad de la personalidad humana, la ayuden a remediar sus deficiencias y a responder más fielmente a los sublimes designios que Dios, su Creador y su Redentor, ha formado para ella y le propone como ideal.
Invocando sobre todos vosotros, sobre vuestros colaboradores y sobre vuestras familias los más abundantes favores celestiales, os damos en prenda de ello nuestra bendición apostólica.

* Venus du monde entier: AAS 50 (1958) 268-282. Discorsi e Radiomessaggi, vol. XX, págs. 67-82.
[1] El test se define como una experiencia diagnóstica que tiene como fin el poner en claro, tan objetiva y exactamente como posible sea, los caracteres distintivos del psiquismo de una personalidad, y aun solamente alguna de estas particularidades.
[2] Santo Tomás, Sum. Theol. I q.29 a.1.
[3] El narcoanálisis consiste, aproximadamente, en uan forma especial de interrogatorio bajo la acción de una sustancia hipnótica (el pentotal sódico, conocido vulgarmente como el «suero de la verdad»), que inyectada por vía intravenosa en dosis calculadas, favorece la revelación de actitudes o de contenidos mentales que el sujeto, cuando está en estado de conciencia clara, tiene ocultos intencionada o inconscientemente. El lie-detector o polígrafo es un dispositivo que permite el registro simultáneo de las manifestaciones somáticas diversas —por su propia naturaleza incontrolables por el sujeto— que acompañan a las actitudes emotivas que se producen bajo ciertas condiciones al mismo tiempo que de las mentira conscientes, de las que las manifestaciones somáticas se convierten, por lo tanto, en indicaciones indirectas, fuera de toda deliberada participación del sujeto examinado (cf. Prof. Leandro Canestrelli, Libertà e responsabilità nella ricerca psicologica, Roma, 1955, p. 8-10).
[4] AAS 44 (1952) 779 ss.; Discorsi e Radiomessaggi, Vol. XIV, pp.320-325
[5] AAS 46 (1954) 587-598.; Discorsi e Radiomessaggi, Vol. XVI, pp. 174-176.

Copyright © Libreria Editrice Vaticana

El derecho a la intimidad y la fama en la formación sacerdotal y su custodia (III parte)


El derecho a la intimidad y la fama en la formación sacerdotal y su custodia (III parte)

9. El recurso al perito psicólogo vuelve a mencionarse en relación con el escrutinio previo a las ordenaciones de la siguiente manera:

“Serán promovidos a las órdenes solamente aquellos que, según juicio prudente del obispo propio o del Superior mayor, competente, ponderadas todas las circunstancias, tienen: fe íntegra, están movidos por recta intención, poseen la ciencia debida, gozan de buena fama y están adornados de ricas costumbres y virtudes probadas, así como de las otras cualidades físicas y psíquicas convenientes para el orden que van a recibir”[i].
“En lo que atañe al escrutinio de las cualidades requeridas en el ordenando se han de observar las prescripciones que siguen:
1º debe haber un certificado del Rector del seminario o de la casa de formación respecto a las cualidades requeridas para recibir el orden a saber, respecto de la recta doctrina del candidato, su piedad genuina, buenas costumbres, aptitud para ejercer el ministerio; además después de la investigación debidamente hecha, el certificado de su estado de salud física y psíquica;
2º a fin de que el escrutinio sea debidamente hecho, el Obispo diocesano o el Superior mayor pueden emplear otros medios que, según las circunstancias de tiempo y lugar, le parezcan útiles, como son las cartas testimoniales, las proclamas u otras informaciones”
[ii].
Evidentemente, si el Rector o Superior mayor, no es médico, ni psicólogo no podrá emitir tal certificación sin la ayuda de los peritos externos. Tal recurso aparece de modo indirecto al enunciar la única irregularidad “ex defectu”:
“Son irregulares para recibir las órdenes:
1º quien padece de alguna forma de amencia u otra enfermedad psíquica, por la cual, consultados los peritos, es juzgado incapaz de cumplir debidamente el ministerio”
[iii].
“Están impedidos para ejercer las órdenes recibidas:
2º quiénes está afectado de amencia o de otra enfermedad psíquica de la que se trata en el c. 1041, nº 1, hasta tanto el ordinario, una vez consultado un perito, le permita el ejercicio de dicho orden”
[iv].


10. Será siempre conveniente tener en cuenta lo siguiente:

a. Debe constar la idoneidad psíquica en todos los casos, pero esto no significa que en todos los casos sea necesario un informe psiquiátrico y/o psicológico del candidato, sino sólo en los casos dónde haya dudas sobre la idoneidad, pues se trata de “lesionar” el derecho a la propia intimidad. Un recurso indiscriminatorio sería ilegítimo, arbitario y abusivo.


b. En los casos donde el recurso al perito[v] sea necesario, el candidato debe ser consciente de que es libre de someterse al peritaje. Dado que las técnicas psicoanalíticas ayudan a la maduración de la persona, puede recomendarse (de modo explícito) o sugerirse (modo implícito) el recurso a las mismas. En tal sentido, ha de recordarse que una simple recomendación de la autoridad puede ser considerada subjetivamente como una obligación o “condición” previa para el acceso a las sagradas órdenes.


c. Si el candidato accediera, por cuanto su idoneidad psíquica debe constar en el foro externo, debe “relevar” previa y expresamente el secreto profesional al perito actuante[vi]. Esta exigencia de ninguna manera podría considerarse un atentado a la libertad, pues se ordena a cumplir un requisito del derecho eclesial vigente, por lo tanto se trata de una exigencia “legítima”.


d. Al perito deben darse las necesarias indicaciones para que se cumpla el objetivo esperado a tenor del c. 1557§1, deberá presentar un informe escrito en dónde consten los elementos enunciados en el c. 1578§2.Tal informe deben conocerlo solamente las personas que legítimamente estén habilitadas expresamente por el peritado (por tanto debe constar por escrito que tales están facultados), es decir el Rector del Seminario, y eventualmente el Obispo propio o el Superior mayor competente. Luego deberá conservarse en el expediente personal, pero siempre en sobre cerrado que solamente los antes mencionados pueden abrir.


e. Algo similar deberá hacerse cuando quien requiere el informe es el Director Espiritual, solo que –en este caso- por estar todo dentro del foro interno no podría dejarse nada por escrito, porque esto posibilitaría su comprobación ante los demás, y así se pasaría al foro externo, sin que el candidato hubiera autorizado esto expresamente. Es decir, el procedimiento debe incluir la autorización escrita previa y expresamente, de que el perito pueda eventualmente ser “interrogado” por el director espiritual.


11. Deberá respetarse la decisión de quien no se somete a examen pericial o no autoriza el conocimiento de la pericia del Rector. En tales casos, tal rechazo deberá ponderarse en contra del sujeto, sobre todo teniendo en cuenta la peculiares circunstancias de la formación actual, como bien advertía el Papa Juan Pablo II:


A estos factores, y en estrecha relación con el crecimiento del individualismo, se añade el fenómeno de la subjetivización de la fe… Aún, la apelación a la inviolabilidad de la conciencia individual, en sí misma legítima, en este contexto, no está exenta de ambigüedad”[vii].


12. Sin embargo, de aceptarse la ayuda del psicólogo, tanto el perito como el peritado deben tener en claro:

a. La vocación, por ser una realidad sobrenatural , no cae bajo el ámbito experiencial de las ciencias psicológicas.
b. El psicólogo sólo ayuda a determinar la existencia de dificultades naturales para poder superarlas. El psicólogo nunca puede decidir acerca de la existencia o no de la vocación, a lo sumo puede aconsejar al psicoanalizado una determinada decisión al respecto, cuya realización depende de la libertad del psicoanalizado.
c. Los resultados de las técnicas proyectivas son siempre fragmentarios y relativos. El buen psicólogo sabe que no puede presentar sus afirmaciones apodícticamente, pues el libre desarrollo posterior del psicoanalizado, y sobre todo –la gracia de Dios- que también es sanante, permiten la superación o – al menos –la mitigación de algunas consecuencias de los traumas psíquicos. La historia de los santos nos da más de un ejemplo al respecto.


[i] Cfr. c. 1029
[ii] Cfr. c. 1051
[iii] Cfr. c. 1041
[iv] Cfr. c. 1044§2
[v] Se entiende por perito a una persona que puede ayudar con su “estudio o dictamen” basado en las reglas de una técnica o ciencia, para comprobar un hecho o determinar la verdadera naturaleza de una cosa. (c. 1574). Hay que tener en cuenta que el derecho eclesial –suponiendo honradez en la persona- requiere del perito verdadera ciencia, pero no recta doctrina ni moral católica. Aquí se trata de una persona que sepa de la ciencia en que es especialista. Si bien la enseñanza de Juan Pablo II al respecto –el perito debe tener una concepción antropológica cristiana y católica.
[vi] En esto hay que tener en cuenta los formularios de la “solicitud de la pericia física/o psíquica en La curia diocesana. Organización, diversos oficios, modelos de formularios Educa (Bs.As.) 309-10.
[vii] Cfr. PDV 7h: EV 13/1991

martes 16 de diciembre de 2008

El derecho a la intimidad en la formación sacerdotal y su custodia (II parte)



El derecho a la intimidad en la formación sacerdotal y su custodia

II. Recurso a la psicología

6. El derecho eclesial también tutela la intimidad en relación con la consulta al psicólogo en el discernimiento vocacional. Antes conviene recordar los criterios de aproximación profesional a la intimidad de las personas que fueron en enunciados magistralmente por SS Pío XII de la siguiente manera:

“En sí mismo, el contenido del psiquismo pertenece exclusivamente a la persona, y permanece en conocimiento exclusivo de la misma. Ella, sin embargo, manifiesta algún aspecto en su comportamiento[i].Cuando el psicólogo se ocupa de aquello que es así revelado, no viola el sigilo íntimo del sujeto… No obstante, existe una gran parte del mundo interior que la persona no manifiesta más que a pocos confidentes y defiende contra la invasión de otros[ii]. Ciertas cosas además, serán conservadas secretas a cualquier costo y con cualquiera[iii]. Existen finalmente, que no sabe la persona tomar en consideración[iv]. La psicología enseña por último que existe una región del psiquismo íntimo –en particular ciertas tendencias- así escondidas que el individuo no llegará a conocerlas y ni siquiera a suponerlas[v]. Y como el ilícito apropiarse de los bienes ajenos y atentar contra su integridad corporal sin su consentimiento, así no está permitido entrar, contra su voluntad, en su intimidad, cualquiera sea el método o la técnica empleada[vi].

En una palabra, será siempre ilegítimo acceder al conocimiento del psiquismo sin el consentimiento del sujeto, y esto valdrá tanto para el profesional como para terceros, como lo son superiores y formadores en general.
Cabe aclarar algo de cosecha personal, el profesional que accede, aún con permiso y aprobada la terapia a ciertos niveles de la vida íntima de una persona, deber estar dotada de total idoneidad. He conocido casos que, se hurgado en lo más profundo de la vida inconsciente, y aflorado todo un mundo desconocido por el paciente, que luego si el terapeuta no es docto en la materia, no sabe después que hacer con toda la información que ha puesto en nivel de consciencia.

7. Con respecto a la admisión al Seminario, o al noviciado, etc. el derecho eclesial vigente establece lo siguiente:

“El obispo diocesano debe admitir en el Seminario mayor
solamente a aquellos que sean considerados capaces de
brindarse a los sagrados ministerios de manera perpetua,
habida cuenta de sus dotes humanas y morales, espirituales e
intelectuales, su salud física y psíquica, así como su recta
intención”[vii].

Al respecto, en relación con la admisión en las Casas de formación religiosas se realiza una importante precisión:
“Con vigilante cuidado, los Superiores admitirán solamente
a aquellos que, además de la edad requerida, tengan salud,
carácter adecuado y cualidades suficientes de madurez para
abrazar la vida propia del instituto; esta salud, carácter y madurez
se comprobarán incluso, si es necesario, con la ayuda de peritos,
quedando firme lo prescripto en el can. 220”[viii].

Los autores de derecho sobre todo, no son unánimes al responder si puede obligarse indiscriminadamente a todos los candidatos a recurrir al psicólogo para ingresar a un Seminario o Casa de formación religiosa, pero el c. 642 citado arriba, indica con claridad que se trata sólo de una posibilidad (si es necesario), que de suyo no puede ser general ni genérica sino particular y eventual.

8. Esto es tema de seriedad. En algunas casas formativas se toma como regla para ingresar, el tener que pasar por los famosos psico diagnósticos, o frente al primer problema afectivo, de relación, de dudas vocacionales, etc. se mande como condición para seguir en el seminario al tratamiento. ¿Pará que está el Seminario?, ¿Para qué están los superiores?, que teóricamente son especialistas en formación, y según me enseñaron tienen que ser los mejores sacerdotes de la diócesis. El Seminario es el lugar apto para que con la sabiduría de la Iglesia se resuelvan la gran mayoría de los eventuales problemas que los muchachos o muchachas, de ser un instituto religioso femenino si así se trata, puedan llegar a tener. Esto para nada niega que si es necesario se deba recurrir al especialista psicólogo.



[i] Este sería un primer nivel que llamamos foro externo.
[ii] Estamos en el foro interno. Un primer nivel, que podemos llamar de secreto conmiso.
[iii] Aquí el foro interno tiene un segundo nivel, que es consciente, pero se reserva totalmente, no se comunica
[iv] Estamos en el foro interno pero en un tercer nivel, que está en el sub consciente.
[v] Totalmente foro interno, un cuarto nivel de profundidad totalmente inconsciente.
[vi] PIO XII, Discurso a los participantes del XIII Congreso internacional de psicología aplicada, 10.04.58: AAS 50 (1958) 276.
Todas las anteriores llamadas a pie de página en el texto del Papa, son personales, no existen en el mismo, simplemente las pongo para orientación mejor, y aclarar los niveles en los que se puede acceder por vía psicológica.
[vii] Cfr. c. 241§1
[viii] Cfr. c. 642

lunes 15 de diciembre de 2008

El c. 220 defensa de la buena fama y la intimidad en la formación sacerdotal (I parte)


El derecho a la intimidad en la formación sacerdotal y su custodia

1. El c. 220, que en el II libro del CIC 83 titulado “Del pueblo de Dios”, en dónde se encuentran los deberes y derechos de los fieles cristianos, ya laicos, ya clérigos, reconoce como derecho de todos, como emergente de la misma naturaleza de la persona humana con el siguiente texto:

“A nadie le es lícito lesionar ilegítimamente la buena fama
de que alguien goza ni violar el derecho de cada persona
humana a proteger su intimidad”[i].

2. Como todo derecho (humano y eclesial), se sabe que no es absoluto. Esto es decir que existen situaciones donde la intimidad no es protegida, con la condición de que el procedimiento sea legítimo, es decir de acuerdo al derecho eclesial vigente.


3. En el ámbito de la formación sacerdotal, ya dentro o fuera del seminario, pero en proceso de formación de una persona que aspira al orden, tal tutela se realiza en dos grandes campos: protegiendo el fuero interno y disponiendo normas respecto de la consulta al psicólogo[ii].

I. Distinción entre foro externo e interno

4. En la formación sacerdotal (y religiosa) tal derecho es tutelado en primer lugar por la distinción entro foro externo (lo que se ve), y foro interno (no se ve), con responsables diversos de la formación en cada uno de ellos.
Por una parte el CIC exige que “en todo Seminario ha de haber un Rector que esté al frente, y si lo pide el caso un vicerrector”[iii], y “en los estatutos de los Seminarios debe determinarse en modo según el cual participen de las responsabilidades del Rector, sobre todo por lo que se refiere a conservar la disciplina, los demás directivos, los profesores e incluso los alumnos”[iv].
Por otra parte, el CIC también exige que “en todo Seminario ha de haber por lo menos un Director Espiritual, quedando sin embargo libres los alumnos para acudir a otros sacerdotes que hayan sido destinados por el obispo para esta función”[v].
Es decir que por una parte están el Rector, y los demás “superiores” del Seminario en el foro externo; y por el otro están el Director Espiritual y demás directores espirituales aprobados, para el foro interno extra sacramental.

5. Además, la Iglesia tutela el derecho a la intimidad protegiendo la libertad de elección del confesor (foro interno sacramental) enunciado de modo genérico de la siguiente forma:

“Además de los confesores ordinarios, vayan regularmente
al Seminario otros confesores; y- quedando a salvo la disciplina
del Seminario- los alumnos también podrán dirigirse siempre
a cualquier confesor, tanto en el Seminario como fuera de él”[vi].

6. Tal tutela queda confirmada al establecer normas para que el foro interno, tanto sacramental, como extra sacramental no sea invadido, cuando se dice:


“Nunca se ha de pedir opinión del Director Espiritual,
ni de los confesores cuando se ha de decidir sobre la
admisión de los alumnos a las órdenes o sobre su salida
del Seminario”[vii].

“Los superiores no deben oír las confesiones de sus súdbitos
a no ser que éstos, se lo pidan espontáneamente” [viii].

“El maestro de novicios y su asistente, y el Rector del
Seminario o de otra institución educativa no deben oir
Confesiones sacramentales de sus alumnos residentes
en la misma casa, a no ser que los alumnos, lo pidan
espontáneamente en casos particulares”[ix].

“§1 Está terminantemente prohibido al confesor hacer uso
en perjuicio del penitente, los conocimientos adquiridos
en la Confesión sacramental, aunque no haya peligro
alguno de revelación.

§2 Quien está constituído en autoridad, no puede de modo
alguno hacer uso, para el gobierno exterior, del conocimiento
de pecados que haya adquirido por Confesión en cualquier
momento”[x].


7. No debe olvidarse, sin embargo, que la distinción de ambos foros es un derecho de las personas frente a las demás, pero que en la misma persona vive como una unidad, y por tanto debe ubicarse en el contexto de la necesaria “transparencia” exigida por la formación sacerdotal:

“Los miembros deben acudir con confianza a sus Superiores
a quienes pueden abrir su corazón libre y espontáneamente.
Sin embargo, se prohíbe a los superiores a inducir de cualquier
modo a los miembros para que les manifiesten su conciencia”[xi] .

Esta norma que está referida a la vida religiosa en general, ha de tenerse en cuenta también la formación sacerdotal.



[i] Cfr. c. 222
[ii] Cfr. Esta cuestión fue afrontada en PONTIFICIUM CONSILIUM DE LEGUM TEXTIBUS INTERPRETANDIS Acta et documenta Pontificiae Commisionis Codicis Iuris Canonici Recongnoscendo. Congregatio Plenaria diebus 20-29 octobris 1981 habita Typis Plyglottis Vaticanis (Città del Vaticano 1991). Para todo este tema se puede consultad además la tesis doctoral del Pbro. Dr. COLOMBO, Marcelo D. La protección de la intimidad c. 220 CIC, y el examen psicológico en la admisión de la formación sacerdotal. Dissertatio ad lauream in Facultate Iuris Canonici apud Pontificiam Universitatem S. Thomae in urbe (Roma 1995) 183 págs.; MARCOZZI, V. Indagine psicologiche e diritti della persona: La civiltà cattolica 127 (1976) II, 541-551; id. Il diritto a la propia intimità nell nuovo Codice di diritto Canonico: La civiltà cattolica 134 (1983) IV, 573-580; CAUTERUCCIO A. Il diritto a la buona fama ed ala intimità. Analisi e commento del canone 220: Comentarium por Religiosis et Missionaris 73 (1992) 39-81.
[iii] Cfr. c. 239§1
[iv] Cfr. c.239§3
[v] Cfr. c.239§2; cc. 246,§4; 630§1-2
[vi] Cfr. cc. 240§1; 246§4; 630§1-2
[vii] Cfr. c. 240§2
[viii] Cfr. c. 630§4
[ix] Cfr. c. 985
[x] Cfr. c. 984
[xi] Cfr. c. 630§5[xi] Cfr. c. 984

domingo 14 de diciembre de 2008

Primera Misa en La Playosa de Mons. Dr. Damián S. Bitar

Hoy a las 10hs. el obispo, titular de Torre Tamalleno y auxiliar de San Justo, Mons. Dr. Damián Bitar celebró su primera Misa como obispo en la última parroquia que administró, fue recibido en medio de aplausos ni bien ingresó al templo, y la Santa Misa fue un verdadero momento de gracia de Dios, un reencuentro con la gente que el obispo conocía por ser apenas un año y cuatro meses que se retiró para ejercer mejor el oficio de Vicario General de la Diócesis de Villa María.
Algunas fotos de esta Misa las coloco aquí, para agradecer un gesto en primer lugar de delicadeza del neo obispo que ha querido venir a despedirse de la comunidad parroquial, un gran gusto por parte de toda la feligresía de recibirlo, y una oportunidad para meditar sobre el misterio de la Iglesia.

La procesión de entrada con Julio Imán llevando el turíbulo, Ioaff Carreras ministro de báculo, Ezequiel ministro de naveta.









































sábado 13 de diciembre de 2008

Benedicto XVI, un papa feliz


Debo decir que me gustaba ver los gestos de fuerza y cariño que siempre tenía ante las multitudes el Siervo de Dios Juan Pablo II, me contagiaba su fe y su simpatía.

No menos, hoy, cuando veo estas fotos del Papa Benedicto dónde aprecio que goza de su pastoreo, siendo intelectual, hombre de curia, incluso dicen tímido, me parece que cada vez es más Papa, y cada vez más feliz. Felicísimo.

¡Dios guarde a nuestro amado Pastor!

Un deseo del corazón: espero que los cambios en la Congregación de la Doctrina de la Fe (hay mucho comentario) no le arruine esta hermosa sonrisa y goia abundante.

viernes 12 de diciembre de 2008

Instrucción "Dignitas humanae", de la Congregación para la Doctrina de la fe



INTRODUCCIÓN

1. A cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, se le debe reconocer la dignidad de persona. Este principio fundamental, que expresa un gran "sí" a la vida humana, debe ocupar un lugar central en la reflexión ética sobre la investigación biomédica, que reviste una importancia siempre mayor en el mundo de hoy. El Magisterio de la Iglesia ya ha intervenido varias veces, para aclarar y solucionar problemas morales relativos a este campo. De particular relevancia en esta materia ha sido la Instrucción Donum vitæ.[1] La celebración de los veinte años de su publicación ofrece una buena oportunidad para poner al día tal documento.
La enseñanza de dicha Instrucción conserva intacto su valor tanto por los principios que allí se recuerdan como por los juicios morales expresados. Sin embargo, las nuevas tecnologías biomédicas, introducidas en este ámbito delicado de la vida del ser humano y de la familia, provocan ulteriores interrogantes, en particular, dentro del sector de la investigación sobre los embriones humanos, del uso para fines terapéuticos de las células troncales (o células madre), y en otros campos de la medicina experimental. Esto ha planteado nuevas preguntas que requieren una respuesta. La rapidez de los progresos científicos y la difusión que se les da en los medios de comunicación social provocan esperanza y perplejidad en sectores cada vez más vastos de la opinión pública. Para reglamentar jurídicamente los problemas que van surgiendo a menudo se apela a los cuerpos legislativos e incluso a la consulta popular.
Estas razones han llevado a la Congregación para la Doctrina de la Fe a publicar una nueva Instrucción de naturaleza doctrinal, que afronta algunos problemas recientes a la luz de los criterios enunciados en la Instrucción Donum vitæ y reexamina otros temas ya tratados que necesitan más aclaraciones.
2. En la realización de esta tarea se han tenido siempre presentes los aspectos científicos correspondientes, aprovechando los estudios llevados a cabo por la Pontificia Academia para la Vida y las aportaciones de un gran número de expertos, para con­frontarlos con los principios de la antropología cristiana. Las Encíclicas Veritatis splendor [2] y Evangelium vitæ [3] de Juan Pablo II, y otras intervenciones del Magisterio, ofre­cen indicaciones claras acerca del método y del contenido para el examen de los problemas considerados.
En el variado panorama filosófico y científico actual es posible constatar de hecho una amplia y calificada presencia de científicos y filósofos que, en el espíritu del juramento de Hipócrates, ven en la ciencia médica un servicio a la fragilidad del hombre, para curar las enfermedades, aliviar el sufrimiento y extender los cuidados necesarios de modo equitativo a toda la humanidad. Pero no faltan representantes de los campos de la filosofía y de la ciencia que consideran el creciente desarrollo de las tecnologías biomédicas desde un punto de vista sustancialmente eugenésico.
3. Al proponer principios y juicios morales para la investigación biomédica sobre la vida humana, la Iglesia Católica se vale de la razón y de la fe, contribuyendo así a elaborar una visión integral del hombre y de su vocación, capaz de acoger todo lo bueno que surge de las obras humanas y de las tradiciones culturales y religiosas, que frecuen­temente muestran una gran reverencia por la vida.
El Magisterio quiere ofrecer una palabra de estímulo y confianza a la perspectiva cultural que ve la ciencia como un precioso servicio al bien integral de la vida y dignidad de cada ser humano. La Iglesia, por tanto, mira con esperanza la investigación científica, deseando que sean muchos los cristianos que contribuyan al progreso de la biomedicina y testimonien su fe en ese ámbito. Además desea que los resultados de esta investigación se pongan también a disposición de quienes trabajan en las áreas más pobres y azotadas por las enfermedades, para afrontar las necesidades más urgentes y dramáticas desde el punto de vista humanitario. En fin, quiere estar presente junto a cada persona que sufre en el cuerpo y en el espíritu, para ofrecerle no solamente consuelo, sino también luz y esperanza. Luz y esperanza que dan sentido también a los momentos de enfermedad y a la experiencia de la muerte, que pertenecen de hecho a la vida humana y caracterizan su historia, abriéndola al misterio de la Resurrección. La mirada de la Iglesia, en efecto, está llena de confianza, porque «la vida vencerá: ésta es para nosotros una esperanza segura. Sí, la vida vencerá, puesto que la verdad, el bien, la alegría y el verdadero progreso están de parte de la vida. Y de parte de la vida está también Dios, que ama la vida y la da con generosidad» [4].
La presente Instrucción se dirige a los fieles cristianos y a todos los que buscan la verdad [5]. Comprende tres partes: la primera recuerda algunos aspectos antropológicos, teológicos y éticos de importancia fundamental; la segunda afronta nuevos problemas relativos a la procreación; la tercera parte examina algunas nuevas propuestas terapéuticas que implican la manipulación del embrión o del patrimonio genético humano.

PRIMERA PARTE:

ASPECTOS ANTROPOLÓGICOS, TEOLÓGICOS Y ÉTICOS
DE LA VIDA Y LA PROCREACIÓN HUMANA

4. En las últimas décadas las ciencias médicas han avanzado considerablemente en el conocimiento de la vida humana y de los estadios iniciales de su existencia. Se han llegado a conocer mejor las estructuras biológicas del hombre y el proceso de su generación. Estos avances son ciertamente positivos, y merecen apoyo, cuando sirven para superar o corregir patologías y ayudan a restablecer el desarrollo normal de los procesos generativos. Son en cambio negativos, y por tanto no se pueden aprobar, cuando implican la supresión de seres humanos, se valen de medios que lesionan la dignidad de la persona, o se adoptan para finalidades contrarias al bien integral del hombre.
El cuerpo de un ser humano, desde los primeros estadios de su existencia, no se puede reducir al conjunto de sus células. El cuerpo embrionario se desarrolla progresivamente según un "programa" bien definido y con un fin propio, que se manifiesta con el nacimiento de cada niño.
Conviene aquí recordar el criterio ético fundamental expresado en la Instrucción Donum vitæ para valorar las cuestiones morales en relación a las intervenciones sobre el embrión humano: «El fruto de la generación humana desde el primer momento de su existencia, es decir, desde la constitución del cigoto, exige el respeto incondicionado, que es moralmente debido al ser humano en su totalidad corporal y espiritual. El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y, por eso, a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida» [6].
5. Esta afirmación de carácter ético, que la misma razón puede reconocer como verdadera y conforme a la ley moral natural, debería estar en los fundamentos de todo or­den jurídico [7]. Presupone, en efecto, una verdad de carácter ontológico, en virtud de cuanto la mencionada Instrucción ha puesto en evidencia acerca de la continuidad del desarrollo del ser humano, teniendo en cuenta los sólidos aportes del campo científico.
Si la Instrucción Donum vitæ no definió que el embrión es una persona, lo hizo para no pronunciarse explícitamente sobre una cuestión de índole filosófica. Sin embargo, puso de relieve que existe un nexo intrínseco entre la dimensión ontológica y el valor específico de todo ser humano. Aunque la presencia de un alma espiritual no se puede reconocer a partir de la observación de ningún dato experimental, las mismas conclusiones de la ciencia sobre el embrión humano ofrecen «una indicación preciosa para discernir racionalmente una presencia personal desde este primer surgir de la vida humana: ¿cómo un individuo humano podría no ser persona humana?» [8]. En efecto, la realidad del ser humano, a través de toda su vida, antes y después del nacimiento, no permite que se le atribuya ni un cambio de naturaleza ni una gradación de valor moral, pues muestra una plena cualificación antropológica y ética. El embrión humano, por lo tanto, tiene desde el principio la dignidad propia de la persona.
6. El respeto de esa dignidad concierne a todos los seres humanos, porque cada uno lleva inscrito en sí mismo, de manera indeleble, su propia dignidad y valor. El origen de la vida humana, por otro lado, tiene su auténtico contexto en el matrimonio y la familia, donde es generada por medio de un acto que expresa el amor recíproco entre el hombre y la mujer. Una procreación verdaderamente responsable para con quien ha de nacer «es fruto del matrimonio» [9].
El matrimonio, presente en todos los tiempos y culturas, «es una sabia institución del Creador para realizar en la humanidad su designio de amor. Los esposos, mediante su recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión de sus seres en orden a un mutuo perfeccionamiento personal, para colaborar con Dios en la generación y en la educación de nuevas vidas» [10]. En la fecundidad del amor conyugal el hombre y la mujer «ponen de manifiesto que en el origen de su vida matrimonial hay un "sí" genuino que se pronuncia y se vive realmente en la reciprocidad, permaneciendo siempre abierto a la vida... La ley natural, que está en la base del reconocimiento de la verdadera igualdad entre personas y pueblos, debe reconocerse como la fuente en la que se ha de inspirar también la relación entre los esposos en su responsabilidad al engen­drar nuevos hijos. La transmisión de la vida está inscrita en la naturaleza, y sus leyes siguen siendo norma no escrita a la que todos deben remitirse» [11].
7. La Iglesia tiene la convicción de que la fe no sólo acoge y respeta lo que es humano, sino que también lo purifica, lo eleva y lo perfecciona. Dios, después de haber creado al hombre a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26), ha calificado su criatura como «muy buena» (Gn 1,31), para más tarde asumirla en el Hijo (cf. Jn 1,14). El Hijo de Dios, en el misterio de la Encarnación, confirmó la dignidad del cuerpo y del alma que constituyen el ser humano. Cristo no desdeñó la corporeidad humana, sino que reveló plenamente su sentido y valor: «En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» [12].
Convirtiéndose en uno de nosotros, el Hijo hace posible que podamos conver­tirnos en «hijos de Dios» (Jn 1,12) y «partícipes de la naturaleza divina» (2 Pe 1,4). Esta nueva dimensión no contrasta con la dignidad de la criatura, que todos los hombres pueden reconocer por medio de la razón, sino que la eleva a un horizonte de vida más alto, que es el propio de Dios, y permite reflexionar más adecuadamente sobre la vida humana y los actos que le dan existencia [13].
A la luz de estos datos de fe, adquiere mayor énfasis y queda más reforzado el respeto que según la razón se le debe al individuo humano: por eso no hay contrapo­sición entre la afirmación de la dignidad de la vida humana y el reconocimiento de su carácter sagrado. «Los diversos modos con que Dios cuida del mundo y del hombre, no sólo no se excluyen entre sí, sino que se sostienen y se compenetran recíprocamente. Todos tienen su origen y confluyen en el eterno designio sabio y amoroso con el que Dios predestina a los hombres "a reproducir la imagen de su Hijo" (Rm 8, 29)» [14].
8. A partir del conjunto de estas dos dimensiones, la humana y la divina, se entiende mejor el por qué del valor inviolable del hombre: él posee una vocación eterna y está llamado a compartir el amor trinitario del Dios vivo.
Este valor se aplica indistintamente a todos. Sólo por el hecho de existir, cada hombre tiene que ser plenamente respetado. Hay que excluir la introducción de criterios de discriminación de la dignidad humana basados en el desarrollo biológico, psíquico, cultural o en el estado de salud del individuo. En cada fase de la existencia del hombre, creado a imagen de Dios, se refleja, «el rostro de su Hijo unigénito... Este amor ilimitado y casi incomprensible de Dios al hombre revela hasta qué punto la persona humana es digna de ser amada por sí misma, independientemente de cualquier otra consideración: inteligencia, belleza, salud, juventud, integridad, etc. En definitiva, la vida humana siempre es un bien, puesto que "es manifestación de Dios en el mundo, signo de su presencia, resplandor de su gloria" (Evangelium vitæ, 34)» [15].
9. Las dimensiones natural y sobrenatural de la vida humana permiten también comprender mejor en qué sentido los actos que conceden al ser humano la existencia, en los que el hombre y la mujer se entregan mutuamente, son un reflejo del amor trinitario. «Dios, que es amor y vida, ha inscrito en el varón y en la mujer la llamada a una especial participación en su misterio de comunión personal y en su obra de Creador y de Padre»[16].

El matrimonio cristiano «hunde sus raíces en el complemento natural que existe entre el hombre y la mujer y se alimenta mediante la voluntad personal de los esposos de compartir su proyecto de vida, lo que tienen y lo que son; por esto tal comunión es el fruto y el signo de una exigencia profundamente humana. Pero, en Cristo Señor, Dios asume esta exigencia humana, la confirma, la purifica y la eleva, llevándola a la perfección con el sacramento del matrimonio: el Espíritu Santo infundido en la celebración sacramental ofrece a los esposos cristianos el don de una comunión nueva de amor, que es imagen viva y real de la singularísima unidad que hace de la Iglesia el indivisible Cuerpo místico del Señor Jesús»[17].
10. Juzgando desde el punto de vista ético algunos resultados de las recientes investigaciones de la medicina sobre el hombre y sus orígenes, la Iglesia no interviene en el ámbito de la ciencia médica como tal, sino invita a los interesados a actuar con responsabilidad ética y social. Ella les recuerda que el valor ético de la ciencia biomédica se mide en referencia tanto al respeto incondicional debido a cada ser humano, en todos los momentos de su existencia, como a la tutela de la especificidad de los actos personales que transmiten la vida. La intervención del Magisterio es parte de su misión de promover la formación de las conciencias, enseñando auténticamente la verdad que es Cristo y, al mismo tiempo, declarando y confirmando con autoridad los principios del orden moral que emanan de la misma naturaleza humana.[18]

SEGUNDA PARTE:
NUEVOS PROBLEMAS RELATIVOS A LA PROCREACIÓN

11. A la luz de los principios que se acaban de recordar conviene examinar ahora algunos problemas relativos a la procreación, que han aflorado y han sido mejor delineados en los años siguientes a la publicación de la Instrucción Donum vitæ.
Las técnicas de ayuda a la fertilidad
12. Con referencia al tratamiento de la infertilidad, las nuevas técnicas médicas tienen que respetar tres bienes fundamentales: a) el derecho a la vida y a la integridad física de cada ser humano desde la concepción hasta la muerte natural; b) la unidad del matrimonio, que implica el respeto recíproco del derecho de los cónyuges a convertirse en padre y madre solamente el uno a través del otro;[19] c) los valores específicamente humanos de la sexualidad, que «exigen que la procreación de una persona humana sea querida como el fruto del acto conyugal específico del amor entre los esposos».[20]
Las técnicas que se presentan como una ayuda para la procreación «no deben rechazarse por el hecho de ser artificiales; como tales testimonian las posibilidades de la medicina, pero deben ser valoradas moralmente por su relación con la dignidad de la persona humana, llamada a corresponder a la vocación divina, al don del amor y al don de la vida».[21]
A la luz de este criterio hay que excluir todas las técnicas de fecundación artificial heteróloga [22] y las técnicas de fecundación artificial homóloga [23] que sustituyen el acto conyugal. Son en cambio admisibles las técnicas que se configuran como una ayuda al acto conyugal y a su fecundidad. La Instrucción Donum vitæ se expresa en este modo: «El médico está al servicio de la persona y de la procreación humana: no le corresponde la facultad de disponer o decidir sobre ellas. El acto médico es respetuoso de la dignidad de las personas cuando se dirige a ayudar al acto conyugal, ya sea para facilitar su realización, o para que el acto normalmente realizado consiga su fin» [24]. Y, a propósito de la inseminación artificial homóloga, dice: «La inseminación artificial homóloga dentro del matrimonio no se puede admitir, salvo en el caso en que el medio técnico no sustituya al acto conyugal, sino que sea una facilitación y una ayuda para que aquél alcance su finalidad natural» [25].
13. Son ciertamente lícitas las intervenciones que tienen por finalidad remover los obstáculos que impiden la fertilidad natural, como por ejemplo el tratamiento hormonal de la infertilidad de origen gonádico, el tratamiento quirúrgico de una endometriosis, la desobstrucción de las trompas o bien la restauración microquirúrgica de su perviedad. Todas estas técnicas pueden ser consideradas como auténticas terapias, en la medida en que, una vez superada la causa de la infertilidad, los esposos pueden realizar actos conyugales con un resultado procreador, sin que el médico tenga que interferir directamente en el acto conyugal. Ninguna de estas técnicas reemplaza el acto conyugal, que es el único digno de una procreación realmente responsable.
Para responder a las expectativas de tantos matrimonios estériles, deseosos de tener un hijo, habría que alentar, promover y facilitar con oportunas medidas legislativas el procedimiento de adopción de los numerosos niños huérfanos, siempre necesitados de un hogar doméstico para su adecuado desarrollo humano. Finalmente, hay que observar que merecen ser estimuladas las investigaciones e inversiones dedicadas a la prevención de la esterilidad.
Fecundación in vitro y eliminación voluntaria de embriones
14. La Instrucción Donum vitæ puso en evidencia que la fecundación in vitro comporta muy frecuentemente la eliminación voluntaria de embriones [26]. Algunos han pensado que ese hecho se debía al uso de una técnica aún parcialmente imperfecta. En cambio, la experiencia posterior ha demostrado que todas las técnicas de fecundación in vitro se desarrollan de hecho como si el embrión humano fuera un simple cúmulo de células que se usan, se seleccionan y se descartan.
Es verdad que alrededor de un tercio de las mujeres que recurren a la procreación artificial llegan a tener un niño. Sin embargo, hay que notar que, considerando la relación entre el número total de embriones producidos y el de los efectivamente nacidos, el número de embriones sacrificados es altísimo [27]. Los especialistas de las técnicas de fecundación in vitro aceptan estas pérdidas como el precio que hay que pagar para conseguir resultados positivos. En realidad es extremadamente preocupante que la investigación en este campo se dirija sobre todo a conseguir mejores resultados en términos de porcentaje de niños nacidos respecto al número de mujeres que inician el tratamiento, pero no parece efectivamente interesada en el derecho a la vida de cada embrión.
15. Se objeta a menudo que, la mayoría de las veces, las pérdidas de embriones serían preterintencionales, o que incluso se producirían contra la voluntad de padres y médicos. Se afirma que se trataría de riesgos no muy diferentes de los relacionados con el proceso natural de generación, y que querer transmitir la vida sin correr ningún riesgo llevaría de hecho a abstenerse de hacerlo. Pero si es verdad que en el ámbito de la procreación in vitro no todas las pérdidas de embriones tienen la misma relación con la voluntad de los sujetos interesados, también lo es que en muchos casos el abandono, la destrucción o las pérdidas de embriones son previstas e intencionales.
Los embriones defectuosos, producidos in vitro, son directamente descartados. Son cada vez más frecuentes los casos de parejas no estériles que recurren a las técnicas de procreación artificial con el único objetivo de poder hacer una selección genética de sus hijos. En muchos países, es praxis común estimular el ciclo femenino en orden a obtener un alto número de óvulos que son fecundados. Entre los embriones obtenidos, un cierto número es transferido al seno materno, mientras los demás se congelan para posibles intervenciones reproductivas futuras. El fin de la transferencia múltiple es asegurar, dentro de lo posible, la implantación de al menos un embrión. El medio empleado para lograr este objetivo es la utilización de un número mayor de embriones con respecto al hijo deseado, previendo que algunos se pierdan y que, en todo caso, se evite un embarazo múltiple. De este modo la técnica de la transferencia múltiple lleva de hecho a un trato puramente instrumental de los embriones. Impresiona el hecho de que tanto la deontología profesional más elemental como las autoridades sanitarias jamás admitirían en ningún otro ámbito de la medicina una técnica con una tasa global tan alta de resultados negativos y fatales. En realidad, las técnicas de fecundación in vitro se aceptan porque existe la presuposición de que el embrión no merece pleno respeto cuando está en competición con un deseo que hay que satisfacer.
Esta triste realidad, a menudo silenciada, es del todo deplorable, en cuánto «las distintas técnicas de reproducción artificial, que parecerían puestas al servicio de la vida y que son practicadas no pocas veces con esta intención, en realidad dan pie a nuevos atentados contra la vida» [28].
16. La Iglesia, además, considera que es éticamente inaceptable la disociación de la procreación del contexto integralmente personal del acto conyugal [29]: la procreación humana es un acto personal de la pareja hombre-mujer, que no admite ningún tipo de delegación sustitutiva. La aceptación pasiva de la altísima tasa de pérdidas (abortos) producidas por las técnicas de fecundación in vitro demuestra con elocuencia que la substitución del acto conyugal con un procedimiento técnico -además de no estar en conformidad con el respeto debido a la procreación, que no se reduce a la dimensión reproductiva- contribuye a debilitar la conciencia del respeto que se le debe a cada ser humano. Por el contrario, la conciencia de tal respeto se ve favorecida por la intimidad de los esposos animada por el amor conyugal.
La Iglesia reconoce la legitimidad del deseo de un hijo, y comprende los sufrimientos de los cónyuges afligidos por el problema de la infertilidad. Sin embargo, ese deseo no puede ser antepuesto a la dignidad que posee cada vida humana hasta el punto de someterla a un dominio absoluto. El deseo de un hijo no puede justificar la "producción" del mismo, así como el deseo de no tener un hijo ya concebido no puede justificar su abandono o destrucción.
En realidad, se tiene la impresión de que algunos investigadores, carentes de referencias éticas y conscientes de las potencialidades del progreso tecnológico, ceden a la lógica de satisfacer lo que cada cual desea subjetivamente [30], así como a la fuerte presión económica propia de este campo. Frente a la instrumentalización del ser huma­no en el estadio embrionario, hay que repetir que «el amor de Dios no hace diferencia entre el recién concebido, aún en el seno de su madre, y el niño o el joven o el hombre maduro o el anciano. No hace diferencia, porque en cada uno de ellos ve la huella de su imagen y semejanza... Por eso el Magisterio de la Iglesia ha proclamado constan­te­mente el carácter sagrado e inviolable de toda vida humana, desde su concepción hasta su fin natural» [31].
La Inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI)
17. Entre las técnicas de fecundación artificial más recientes ha asumido progresivamente un particular relieve la Inyección intraci­toplasmática de esperma­tozoides [32]. Por su eficacia, esta técnica es la más utilizada, y puede superar diversas formas de esterilidad masculina [33].
Como la fecundación in vitro, de la cual constituye una variante, la Inyección intracitoplasmática de espermatozoides es una técnica intrínsecamente ilícita, pues supone una completa disociación entre la procreación y el acto conyugal. En efecto, también Inyección intracitoplasmática de espermatozoides «se realiza fuera del cuerpo de los cónyuges por medio de gestos de terceras personas, cuya competencia y actividad técnica determina el éxito de la intervención; confía la vida y la identidad del embrión al poder de los médicos y de los biólogos, e instaura un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona humana. Una tal relación de dominio es en sí contraria a la dignidad y a la igualdad que debe ser común a padres e hijos. La concepción in vitro es el resultado de la acción técnica que antecede la fecundación; ésta no es de hecho obtenida ni positivamente querida como la expresión y el fruto de un acto específico de la unión conyugal» [34].
El congelamiento de embriones
18. Uno de los métodos utilizados para mejorar el grado de éxito de las técnicas de procreación in vitro es el aumento de los tratamientos sucesivos. Para no repetir la extracción de óvulos de la mujer, se procede a una única extracción múltiple, seguida por la crioconservación de una parte importante de los embriones producidos in vitro [35]. Esto se hace previendo la posibilidad de un segundo ciclo de tratamiento, en el caso de que fracase el primero, o bien porque los padres podrían querer otro embarazo. En ocasiones se procede además al congelamiento de los embriones destinados a la pri­me­ra transferencia, porque la estimulación hormonal del ciclo femenino produce efec­tos que aconsejan esperar la normalización de las condiciones fisiológicas, antes de proceder al traslado de los embriones al seno materno.
La crioconservación es incompatible con el respeto debido a los embriones humanos: presupone su producción in vitro; los expone a graves riesgos de muerte o de daño a su integridad física, en cuanto un alto porcentaje no sobrevive al procedimiento de congelación y descongelación; los priva al menos temporalmente de la acogida y gestación materna; los pone en una situación susceptible de ulteriores ofensas y manipulaciones [36].
La mayor parte de los embriones no utilizados quedan "huérfanos". Sus padres no los solicitan, y a veces se pierden sus huellas. Eso explica la existencia de depósitos de millares de embriones congelados en casi todos los países dónde se practica la fecundación in vitro.
19. En relación al gran número de embriones congelados ya existentes, se plantea la siguiente pregunta: ¿qué hacer con ellos? Algunos se interrogan al respecto ignorando el carácter ético de la cuestión, movidos únicamente por la necesidad de observar el precepto legal de vaciar cada cierto tiempo los depósitos de los centros de crioconser­vación, que después se volverán a llenar. Otros, en cambio, son conscientes de que se ha cometido una grave injusticia, y se interrogan sobre el modo de cumplir el deber de repararla.
Son claramente inaceptables las propuestas de utilizar tales embriones para la investigación o para usos terapéuticos, porque implica tratarlos como simple "material biológico" y comportan su destrucción. Tampoco es admisible la propuesta de descongelar estos embriones y, sin reactivarlos, utilizarlos para la investigación como si fueran simples cadáveres [37].
También la propuesta de ponerlos a disposición de esposos estériles como "tera­pia" de infertilidad, no es éticamente aceptable por las mismas razones que hacen ilícita tanto la procreación artificial heteróloga como toda forma de maternidad subrogada [38]; esta práctica implicaría además otros problemas de tipo médico, psicológico y jurídico.
Para dar la oportunidad de nacer a tantos seres humanos condenados a la destrucción, se ha planteado la idea de una "adopción prenatal". Se trata de una pro­puesta basada en la loable intención de respetar y defender la vida humana que, sin embargo, presenta problemas éticos no diferentes de los ya mencionados.
En definitiva, es necesario constatar que los millares de embriones que se encuentran en estado de abandono determinan una situación de injusticia que es de hecho irreparable. Por ello Juan Pablo II dirigió «una llamada a la conciencia de los responsables del mundo científico, y de modo particular a los médicos para que se detenga la producción de embriones humanos, teniendo en cuenta que no se vislumbra una salida moralmente lícita para el destino humano de los miles y miles de embriones "congelados", que son y siguen siendo siempre titulares de los derechos esenciales y que, por tanto, hay que tutelar jurídicamente como personas humanas» [39] .
El congelamiento de óvulos
20. Para evitar los graves problemas éticos suscitados por la crioconservación de embriones, en el ámbito de las técnicas de fecundación in vitro, se ha presentado la propuesta de congelar los óvulos [40]. Cuando se han extraído un número congruo de óvu­los, considerando que pueden darse ulteriores ciclos de procreación artificial, se prevé fecundar solamente los óvulos que serán trasladados a la madre, mientras los demás se­rían congelados para ser eventualmente fecundados y trasladados a la madre en caso de que el primer intento fracase.
Al respeto, hay que precisar que la crioconservación de óvulos en orden al proceso de procreación artificial es moralmente inaceptable.
La reducción embrionaria
21. Algunas técnicas usadas en la procreación artificial, sobre todo la transfe­rencia de varios embriones al seno materno, han dado lugar a un aumento significativo del porcentaje de embarazos múltiples. Debido a esto se ha ideado la llamada reducción embrionaria, que consiste en una intervención para reducir el número de embriones o fetos presentes en el seno materno mediante la directa supresión de algunos. La decisión de suprimir seres humanos que con anterioridad han sido intensamente deseados representa una paradoja, y a menudo comporta sufrimientos y sentimientos de culpa que pueden durar años.
Desde el punto de vista ético, la reducción embrionaria es un aborto intencional selectivo. Se trata, en efecto, de una eliminación deliberada y directa de uno o más seres humanos inocentes en la fase inicial de su existencia, y como tal constituye siempre un desorden moral grave [41].
Los argumentos propuestos para justificar éticamente la reducción embrionaria a menudo se basan en analogías con catástrofes naturales o situaciones de emergencia en las que, a pesar de la buena voluntad, no es posible salvar a todas las personas implicadas. Estas analogías no pueden fundamentar en ningún modo un juicio moral positivo sobre una práctica directamente abortiva. Otras veces se acude a principios morales como el del mal menor o el del doble efecto, que aquí no tienen aplicación alguna. Nunca es lícito, en efecto, realizar de modo deliberado y directo una acción intrínsecamente ilícita, ni siquiera en vistas de un fin bueno: el fin no justifica los medios.
El diagnóstico preimplantatorio
22. El diagnóstico preimplantatorio es una forma de diagnóstico prenatal, vinculada a las técnicas de fecundación artificial, que prevé el diagnóstico genético de los embriones formados in vitro, antes de su traslado al seno materno. Se efectúa con objeto de tener la seguridad de trasladar a la madre sólo embriones sin defectos o con un sexo determinado o con algunas cualidades particulares.
En otros tipos de diagnóstico prenatal, la fase del diagnóstico está completamente separada de la fase de la eventual eliminación de embriones y los esposos son libres de acoger al niño enfermo. Al diagnóstico preimplantatorio, por el contrario, sigue ordina­riamente la eliminación del embrión que ha sido designado como "sospechoso" de poseer defectos genéticos o cromosómicos, o de ser de un sexo no querido o de tener cualidades no deseadas. El diagnóstico preimplantatorio -siempre vinculado con la fecundación artificial, que ya de suyo es intrínsecamente ilícita- se ordena de hecho a una selección cualitativa con la consecuente destrucción de embriones, la cualse configura como una práctica abortiva precoz. El diagnóstico preimplantatorio es por lo tanto expresión de aquella mentalidad eugenésica «que acepta el aborto selectivo para impedir el nacimiento de niños afectados por varios tipos de anomalías. Semejante mentalidad es ignominiosa y totalmente reprobable, porque pretende medir el valor de una vida humana siguiendo sólo parámetros de "normalidad" y de bienestar físico, abriendo así el camino a la legitimación incluso del infanticidio y de la eutanasia» [42].
Tratando el embrión humano como simple "material de laboratorio", se produce también una alteración y una discriminación en lo que se refiere al concepto mismo de dignidad humana. La dignidad pertenece de igual modo a cada ser humano individual y no depende del proyecto familiar, la condición social, la formación cultural o el estado de desarrollo físico. Si en otros tiempos, aun aceptando el concepto y las exigencias de la dignidad humana en general, se practicó la discriminación por motivos de raza, religión o condición social, hoy se asiste a una no menos grave e injusta discriminación que lleva a no reconocer el estatuto ético y jurídico de seres humanos afectados por graves patologías e incapacidades: se olvida así que las personas enfermas y minus­válidas no son una especie de categoría aparte, porque la enfermedad y la incapacitación pertenecen a la condición humana y tocan a todos en primera persona, incluso cuando no se tiene una experiencia directa de ello. Tal discriminación es inmoral y debería ser considerada jurídicamente inaceptable. De igual modo sería necesario eliminar las barreras culturales, económicas y sociales que socavan el pleno reconocimiento y la tutela de las personas minusválidas y enfermas.
Nuevas formas de intercepción y contragestación
23. Junto a los medios anticonceptivos propiamente dichos, que impiden la concepción después de un acto sexual, existen otros medios técnicos que actúan después de la fecundación, antes o después de la implantación en el útero del embrión ya constituido. Estas técnicas son interceptivas cuando interceptan el embrión antes de su anidación en el útero materno, y contragestativas cuando provocan la eliminación del embrión apenas implantado.
Para favorecer la difusión de los medios interceptivos [43] a veces se afirma que su mecanismo de acción aún no sería conocido suficientemente. Es verdad que no siempre se cuenta con un conocimiento completo del mecanismo de acción de los distintos fármacos usados, pero los estudios experimentales demuestran que en los medios interceptivos está ciertamente presente el efecto de impedir la implantación. Sin embargo, esto no significa que tales medios provocan un aborto cada vez que se usan, pues no siempre se da la fecundación después de una relación sexual. Pero hay que notar que la intencionalidad abortiva generalmente está presente en la persona que quiere impedir la implantación de un embrión en el caso de que hubiese sido concebido y que, por tanto, pide o prescribe fármacos interceptivos.
Cuando hay un retraso menstrual, se recurre a veces a la contragestación[44], que es practicada habitualmente dentro de la primera o segunda semana después de la constatación del retraso. El objetivo declarado es hacer reaparecer la menstruación, pero en realidad se trata del aborto de un embrión apenas anidado.
Como se sabe, el aborto «es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento» [45]. Por tanto el uso de los medios de intercepción y contragestación forma parte del pecado de aborto y es gravemente inmoral. Además, en caso de que se alcance la certeza de haber realizado un aborto, se dan las graves consecuencias penales previstas en el derecho canónico [46].

TERCERA PARTE:
NUEVAS PROPUESTAS TERAPÉUTICAS
QUE COMPORTAN LA MANIPULACIÓN DEL EMBRIÓN
O DEL PATRIMONIO GENÉTICO HUMANO

24. Los conocimientos adquiridos en los últimos años han abierto nuevas perspectivas para la medicina regenerativa y para el tratamiento de las enfermedades de origen genético. En particular, ha suscitado un gran interés la investigación sobre las células troncales embrionarias en relación a las posibles aplicaciones terapéuticas futuras. Sin embargo éstas no han demostrado hasta hoy ningún resultado efectivo, a diferencia de la investigación sobre las células troncales adultas. Ya que algunos han creído que las metas terapéuticas eventualmente alcanzables a través de las células troncales embrionarias podían justificar distintas formas de manipulación y destrucción de embriones humanos, han surgido una serie de cuestiones en el ámbito de la terapia génica, la clonación y la utilización de células troncales, sobre las que es necesario un atento discernimiento moral.
La terapia génica
25. Con el término terapia génica se entiende comúnmente la aplicación al hombre de las técnicas de ingeniería genética con una finalidad terapéutica, es decir, con el objetivo de curar enfermedades de origen genético, aunque recientemente se intenta aplicar la terapia génica a enfermedades no hereditarias, especialmente al cáncer.
En teoría, es posible aplicar la terapia génica en dos distintos niveles: el de las células somáticas y el de las células germinales. La terapia génica somática se propone eliminar o reducir defectos genéticos presentes a nivel de células somáticas, es decir, de células no reproductivas, que componen los tejidos y los órganos del cuerpo. Se trata, en este caso, de intervenciones dirigidas a determinados campos celulares, con efectos limitados al solo individuo. La terapia génica germinal apunta en cambio a corregir defectos genéticos presentes en células de la línea germinal, de modo que los efectos terapéuticos conseguidos sobre el sujeto se transmitan a su eventual descendencia. Las intervenciones de terapia génica, tanto somática como germinal, pueden ser efectuadas antes del nacimiento, en cuyo caso se habla de terapia génica in utero, o después del nacimiento, sobre el niño o el adulto.
26. Para la valoración moral hay que tener presente estas distinciones. Las intervenciones sobre células somáticas con finalidad estrictamente terapéutica son, en principio, moralmente lícitas. Tales intervenciones quieren restablecer la normal configuración genética del sujeto, o bien contrarrestar los daños que derivan de la presencia de anomalías genéticas u otras patologías correlacionadas. Puesto que la terapia génica puede comportar riesgos significativos para el paciente, hay que observar el principio deontológico general según el cual, para realizar una intervención terapéutica, es necesario asegurar previamente que el sujeto tratado no sea expuesto a riesgos para su salud o su integridad física, que sean excesivos o desproporcionados con respecto a la gravedad de la patología que se quiere curar. También se exige que el paciente, previamente informado, dé su consentimiento, o lo haga un legítimo representante suyo.
Distinta es la valoración moral de la terapia génica germinal. Cualquier modificación genética producida a las células germinales de un sujeto sería transmitida a su eventual descendencia. Ya que los riesgos vinculados a cada manipulación genética son significativos y todavía poco controlables, en el estado actual de la investigación, no es moralmente admisible actuar de modo tal que los daños potenciales consiguientes se puedan difundir en la descendencia. En la hipótesis de la aplicación de la terapia génica al embrión hay que añadir, además, que necesita ser realizada en un contexto técnico de fecundación in vitro, y por tanto es susceptible de todas las objeciones éticas relativas a tales procedimientos. Por estas razones hay que afirmar que, en el estado actual de la cuestión, la terapia génica germinal es moralmente ilícita en todas sus formas.
27. Una consideración específica merece la hipótesis según la cual la ingeniería genética podría tener finalidades aplicativas distintas del objetivo terapéutico. Algunos han imaginado que es posible utilizar las técnicas de ingeniería genética para realizar manipulaciones con el presunto fin de mejorar y potenciar la dotación genética. En algunas de estas propuestas se manifiesta una cierta insatisfacción o hasta rechazo del valor del ser humano como criatura y persona finita. Dejando de lado las dificultades técnicas, con los riesgos reales y potenciales anejos a su realización, tales manipulaciones favorecen una mentalidad eugenésica e introducen indirectamente un estigma social en los que no poseen dotes particulares, mientras enfatizan otras cualidades que son apreciadas por determinadas culturas y sociedades, sin constituir de por sí lo que es específicamente humano. Esto contrasta con la verdad fundamental de la igualdad de todos los seres humanos, que se traduce en el principio de justicia, y cuya violación, a la larga, atenta contra la convivencia pacífica entre los hombres. Además, habría que preguntarse quién podría establecer que ciertas modificaciones son positivas y otras negativas, o cuáles deberían ser los límites de las peticiones individuales de una presunta mejora, puesto que no sería materialmente posible satisfacer los deseos de todos. Cada respuesta posible sería el resultado de criterios arbitrarios y discutibles. Todo esto lleva a concluir que la perspectiva de una manipulación genética con fines de mejoras individuales acabaría, tarde o temprano, por dañar el bien común, favoreciendo que la voluntad de algunos prevalezca sobre la libertad de otros. Finalmente hay que notar que en el intento de crear un nuevo tipo de hombre se advierte fácilmente una cuestión ideológica: el hombre pretende sustituir al Creador.
Al declarar este tipo de intervención como éticamente negativa, en cuanto implica un injusto dominio del hombre sobre el hombre, la Iglesia llama también la atención sobre la necesidad de volver a una perspectiva centrada en el cuidado de la persona y de educar para que la vida humana sea siempre acogida, en el cuadro de su concreta finitud histórica.
La clonación humana
28. Por clonación humana se entiende la reproducción asexual y agámica de la totalidad del organismo humano, con objeto de producir una o varias "copias" substancialmente idénticas, desde el punto de vista genético, al único progenitor [47].
La clonación se propone con dos objetivos fundamentales: reproductivo, es decir para conseguir el nacimiento de un niño clonado, y terapéutico o de investigación. La clonación reproductiva sería capaz en teoría de satisfacer algunas exigencias particulares, tales como, por ejemplo, el control de la evolución humana; la selección de seres humanos con cualidades superiores; la preselección del sexo de quienes han de nacer; la producción de un hijo que sea la "copia" de otro; la producción de un hijo por parte de una pareja afectada por formas de esterilidad no tratables de otro modo. La clonación terapéutica, en cambio, ha sido propuesta como instrumento de producción de células troncales embrionarias con patrimonio genético predeterminado, para superar el problema del rechazo (inmunoincompatibilidad); está por tanto relacionada con la cuestión de la utilización de células troncales.
Los intentos de clonación han suscitado viva preocupación en el mundo entero. Muchos organismos nacionales e internacionales han expresado valoraciones negativas sobre la clonación humana, y en la mayoría de los países ha sido prohibida.
La clonación humana es intrínsecamente ilícita pues, llevando hasta el extremo el carácter inmoral de las técnicas de fecundación artificial, se propone dar origen a un nuevo ser humano sin conexión con el acto de recíproca donación entre dos cónyuges y, más radicalmente, sin ningún vínculo con la sexualidad. Tal circunstancia da lugar a abusos y a manipulaciones gravemente lesivas de la dignidad humana[48]
29. En caso de que la clonación tuviera un objetivo reproductivo, se impondría al sujeto clonado un patrimonio genético preordenado, sometiéndolo de hecho -como se ha dicho- a una forma de esclavitud biológica de la que difícilmente podría liberarse. El hecho de que una persona se arrogue el derecho de determinar arbitrariamente las características genéticas de otra persona, representa una grave ofensa a la dignidad de esta última y a la igualdad fundamental entre los hombres.
La particular relación que existe entre Dios y el hombre desde el primer momento de su existencia es la causa de la originalidad de cada persona humana, que obliga a respetar su singularidad e integridad, incluso aquella biológica y genética. Cada uno de nosotros encuentra en el otro a un ser humano que debe su existencia y sus características personales al amor de Dios, del cual sólo el amor entre los cónyuges constituye una mediación conforme al designio de nuestro Creador y Padre del Cielo.
30. Desde el punto de vista ético, la llamada clonación terapéutica es aún más grave. Producir embriones con el propósito de destruirlos, aunque sea para ayudar a los enfermos, es totalmente incompatible con la dignidad humana, porque reduce la existencia de un ser humano, incluso en estado embrionario, a la categoría de instrumento que se usa y destruye. Es gravemente inmoral sacrificar una vida humana para finalidades terapéuticas.
Las objeciones éticas puestas de relieve por muchos contra la clonación terapéutica y el uso de embriones humanos producidos in vitro han hecho que algunos científicos presentaran técnicas nuevas, que serían capaces de producir células troncales de tipo embrionario sin presuponer la destrucción de verdaderos embriones humanos [49]. Estas técnicas han suscitado muchos interrogantes científicos y éticos, sobre todo en relación al estatuto ontológico del "producto" así conseguido. Mientras estas dudas no sean aclaradas, hay que tener en cuenta la siguiente afirmación de la Encíclica Evangelium vitæ: «está en juego algo tan importante que, desde el punto de vista de la obligación moral, bastaría la sola probabilidad de encontrarse ante una persona para justificar la más rotunda prohibición de cualquier intervención destinada a eliminar un embrión humano» [50].
El uso terapéutico de las células troncales
31. Las células troncales o células madre son células indiferenciadas que poseen dos características fundamentales: a) la prolongada capacidad de multiplicarse sin diferenciarse; b) la capacidad de dar origen a células progenitoras de tránsito, de las que descienden células sumamente diferenciadas, por ejemplo, nerviosas, musculares o hemáticas.
Desde la verificación experimental de que las células troncales transplantadas a un tejido dañado tienden a favorecer la repoblación de células y la regeneración del tejido, se han abierto nuevas perspectivas para la medicina regenerativa, que han suscitado gran interés entre los investigadores de todo el mundo.
En el hombre, se han encontrado hasta ahora las siguientes fuentes de células troncales : el embrión en los primeros estadios de su desarrollo, el feto, la sangre del cordón umbilical, varios tejidos del adulto (médula ósea, cordón umbilical, cerebro, mesénquima de varios órganos, etc.) y el líquido amniótico. Inicialmente, los estudios se concentraron en las células troncales embrionarias, ya que se creyó que sólo éstas poseían grandes potencialidades de multiplicación y diferenciación. Numerosos estudios han demostrado, en cambio, que también las células troncales adultas presentan una propia versatilidad. Aunque éstas no parecen tener la misma capacidad de renovación y plasticidad que las células troncales de origen embrionario, estudios y experimentaciones de alto nivel científico tienden a poner las células troncales adultas por encima de las embrionarias, en base a los resultados obtenidos. De hecho, los protocolos terapéuticos que se practican actualmente prevén la utilización de células troncales adultas, y por ello se han iniciado distintas líneas de investigación que abren nuevos y prometedores horizontes.
32. Para la valoración ética hay que considerar tanto los métodos de recolección de células troncales como los riesgos de su utilización clínica o experimental.
En lo que atañe a los métodos usados para la recolección de células troncales, éstos deben considerarse en relación a su origen. Se deben considerar lícitos los métodos que no procuran grave daño al sujeto del que se extraen. Esta condición se verifica generalmente en el caso de: a) extracción de células de tejidos de un organismo adulto; b) de la sangre del cordón umbilical en el momento del parto; c) de los tejidos de fetos muertos de muerte natural. Por el contrario, la extracción de células troncales del embrión humano viviente causa inevitablemente su destrucción, resultando por consiguiente gravemente ilícita. En este caso «la investigación, prescindiendo de los resultados de utilidad terapéutica, no se pone verdaderamente al servicio de la humanidad, pues implica la supresión de vidas humanas que tienen igual dignidad que los demás individuos humanos y que los investigadores. La historia misma ha condenado en el pasado y condenará en el futuro esa ciencia, no sólo porque está privada de la luz de Dios, sino también porque está privada de humanidad» [51].
El uso de células troncales embrionarias o de células diferenciadas derivadas de ellas, que han sido eventualmente provistas por otros investigadores mediante la supresión de embriones o que están disponibles en comercio, pone serios problemas desde el punto de vista de la cooperación al mal y del escándalo [52].
En relación a la utilización clínica de células troncales conseguidas a través de procedimientos lícitos no hay objeciones morales. Sin embargo, hay que respetar los criterios comunes de deontología médica. En este sentido, se debe proceder con gran rigor y prudencia, reduciendo al mínimo los riesgos potenciales para los pacientes, facilitando la confrontación mutua de los científicos y proporcionando información completa al público en general.
Es necesario alentar el impulso y el apoyo a la investigación sobre el uso de células troncales adultas, ya que no implica problemas éticos [53].
Los intentos de hibridación
33. Recientemente se han utilizado óvulos de animales para la reprogramación de los núcleos de las células somáticas humanas -generalmente llamada clonación híbrida- con el fin de extraer células troncales embrionarias de los embriones resultantes, sin tener que recurrir a la utilización de óvulos humanos.
Desde un punto de vista ético, tales procedimientos constituyen una ofensa a la dignidad del ser humano, debido a la mezcla de elementos genéticos humanos y animales capaz de alterar la identidad específica del hombre. El uso eventual de células troncales extraídas de esos embriones puede implicar, además, riesgos aún desconocidos para la salud, por la presencia de material genético animal en su citoplasma. Exponer conscientemente a un ser humano a estos riesgos es moral y deontológicamente inaceptable.
La utilización de "material biológico" humano de origen ilícito
34. Para la investigación científica y la producción de vacunas u otros productos a veces se usan líneas celulares que son el resultado de intervenciones ilícitas contra la vida o la integridad física del ser humano. La conexión con la acción injusta puede ser inmediata o mediata, ya que generalmente se trata de células que se reproducen con facilidad y en abundancia. Este "material" a veces es puesto en comercio o distribuido gratuitamente a los centros de investigación por parte de los organismos estatales que por ley tienen esta tarea. Todo esto da lugar a diferentes problemas éticos, sobre la cooperación al mal y el escándalo. Por lo tanto, conviene enunciar los principios generales a partir de los cuales quienes actúan en recta conciencia puedan evaluar y resolver las situaciones en las que podrían quedar involucrados a causa de su actividad profesional.
Cabe señalar en primer lugar que la misma valoración moral del aborto «se debe aplicar también a las recientes formas de intervención sobre los embriones humanos que, aun buscando fines en sí mismos legítimos, comportan inevitablemente su destrucción. Es el caso de los experimentos con embriones, en creciente expansión en el campo de la investigación biomédica y legalmente admitida por algunos Estados... El uso de embriones o fetos humanos como objeto de experimentación constituye un delito en consideración a su dignidad de seres humanos, que tienen derecho al mismo respeto debido al niño ya nacido y a toda persona» [54]. Estas formas de experimentación constituyen siempre un desorden moral grave [55].
35. Se configura un problema distinto cuando los investigadores usan un "material biológico" de origen ilícito, que ha sido producido fuera de su centro de investigación o que se encuentra en comercio. La Instrucción Donum vitæ ha formulado el principio general que debe ser observado en estos casos: «Los cadáveres de embriones o fetos humanos, voluntariamente abortados o no, deben ser respetados como los restos mortales de los demás seres humanos. En particular, no pueden ser objeto de mutilaciones o autopsia si no existe seguridad de su muerte y sin el consentimiento de los padres o de la madre. Se debe salvaguardar además la exigencia moral de que no haya habido complicidad alguna con el aborto voluntario, y de evitar el peligro de escándalo» [56].
En ese sentido es insuficiente el criterio de independencia formulado por algunos comités de ética, según el cual sería éticamente lícita la utilización de "material biológico" de origen ilícito, a condición de que exista una separación clara entre los que producen, congelan y dan muerte a los embriones, y los investigadores que desarrollan la experimentación científica. El criterio de independencia no es suficiente para evitar una contradicción en la actitud de quienes dicen desaprobar las injusticias cometidas por otros, pero al mismo tiempo aceptan para su trabajo el "material biológico" que otros obtienen mediante tales injusticias. Cuando el delito está respaldado por las leyes que regulan el sistema sanitario y científico, es necesario distanciarse de los aspectos inicuos de esos sistemas, a fin de no dar la impresión de una cierta tolerancia o aceptación tácita de acciones gravemente injustas [57]. De lo contrario, se contribuiría a aumentar la indiferencia, o incluso la complacencia con que estas acciones se ven en algunos sectores médicos y políticos.
Se objeta a veces que consideraciones como las arriba expuestas parecen presuponer que los investigadores de recta conciencia deberían oponerse activamente a cualquier acción ilícita llevada a cabo en el campo médico, con lo que su responsabilidad ética se ampliaría de modo excesivo. El deber de evitar la cooperación al mal y el escándalo es en realidad parte de la actividad profesional ordinaria del médico. Ésta debe ser planteada correctamente y, a través de ella, se ha de dar testimonio del valor de la vida, oponiéndose también a las leyes gravemente injustas. Hay que precisar que el deber de rechazar el "material biológico" deriva de la obligación de separarse, en el ejercicio de la propia actividad de investigación, de un marco legislativo gravemente injusto y de afirmar con claridad el valor de la vida humana. Esto vale también en ausencia de cualquier conexión próxima de los investigadores con las acciones de los técnicos de la procreación artificial o con las de aquéllos que han procurado el aborto, e incluso cuando no haya un acuerdo previo con los centros de procreación artificial. Por eso el mencionado criterio de independencia es necesario, pero puede ser éticamente insuficiente.
Por supuesto, dentro de este marco general existen diferentes grados de responsabilidad. Razones de particular gravedad podrían ser moralmente proporcionadas como para justificar el uso de ese "material biológico". Así, por ejemplo, el peligro para la salud de los niños podría autorizar a sus padres a utilizar una vacuna elaborada con líneas celulares de origen ilícito, quedando en pié el deber de expresar su desacuerdo al respecto y de pedir que los sistemas sanitarios pongan a disposición otros tipos de vacunas. Por otro lado, debemos tener en cuenta que en las empresas que utilizan líneas celulares de origen ilícito no es idéntica la responsabilidad de quienes deciden la orientación de la producción y la de aquéllos que no tienen poder de decisión.
En el contexto de la urgente movilización de las conciencias en favor de la vida, debemos recordar a los profesionales de la salud que «su responsabilidad ha crecido hoy enormemente y encuentra su inspiración más profunda y su apoyo más fuerte precisamente en la intrínseca e imprescindible dimensión ética de la profesión sanitaria, como ya reconocía el antiguo y siempre actual juramento de Hipócrates, según el cual se exige a cada médico el compromiso de respetar absolutamente la vida humana y su carácter sagrado» [58].

CONCLUSIÓN
36. A veces se ha se ha oído la acusación de que la enseñanza moral de la Iglesia contiene demasiadas prohibiciones. En realidad, esa enseñanza se funda en el reconocimiento y la promoción de los dones que el Creador ha concedido al hombre; dones como la vida, el conocimiento, la libertad y el amor. Un reconocimiento especial merece, por tanto, no sólo la actividad cognoscitiva del hombre, sino también aquélla de orden práctico, como el trabajo y la actividad tecnológica. Con estas últimas, en efecto, el hombre, participando en el poder creador de Dios, está llamado a transformar la creación, ordenando sus muchos recursos en favor de la dignidad y el bienestar integral de todos y cada uno de los hombres, y a ser también el custodio de su valor e intrínseca belleza.
Pero la historia de la humanidad ha sido testigo de cómo el hombre ha abusado y sigue abusando del poder y la capacidad que Dios le ha confiado, generando distintas formas de injusta discriminación y opresión de los más débiles e indefensos. Los ataques diarios contra la vida humana; la existencia de grandes zonas de pobreza en las que los hombres mueren de hambre y enfermedades, excluidos de recursos de orden teórico y práctico que otros países tienen a disposición con sobreabundancia; un desarrollo tecnológico e industrial que está poniendo en riesgo de colapso el ecosistema; la utilización de la investigación científica en el campo de la física, la química y la biología con fines bélicos; las numerosas guerras que todavía hoy dividen pueblos y culturas. Éstos son, por desgracia, sólo algunos signos elocuentes de cómo el hombre puede hacer un mal uso de su capacidad y convertirse en el peor enemigo de sí mismo, perdiendo la conciencia de su alta y específica vocación a ser un colaborador en la obra creadora de Dios.
Paralelamente, la historia de la humanidad manifiesta un progreso real en la comprensión y el reconocimiento del valor y la dignidad de cada persona, fundamento de los derechos y de los imperativos éticos con los que se ha intentado y se intenta construir la sociedad humana. Pues bien, es precisamente en nombre de la promoción de la dignidad humana que se ha prohibido toda conducta y estilo de vida que perjudica esa dignidad. Así, por ejemplo, las prohibiciones jurídico-políticas, y no sólo éticas, contra las distintas formas de racismo y de esclavitud, la discriminación injusta y la marginación de las mujeres, niños, personas enfermas o con discapacidades graves, son un claro testimonio del reconocimiento del valor inalienable y de la intrínseca dignidad de cada ser humano, y el signo del genuino progreso que está recorriendo la historia de la humanidad. En otros términos, la legitimidad de cualquier prohibición se funda en la necesidad de tutelar un auténtico bien moral.
37. Si el progreso humano y social se caracterizó inicialmente por el desarrollo de la industria y la producción de bienes de consumo, hoy se distingue por el desarrollo de la informática, la investigación en el campo de la genética, la medicina y la biotecnología aplicada también al hombre. Se trata de áreas de gran importancia para el futuro de la humanidad, en las que, sin embargo, también existen evidentes e inaceptables abusos. «Así como hace un siglo la clase obrera estaba oprimida en sus derechos fundamentales, y la Iglesia tomó su defensa con gran valentía, proclamando los derechos sacrosantos de la persona del trabajador, así ahora, cuando otra categoría de personas está oprimida en su derecho fundamental a la vida, la Iglesia siente el deber de dar voz, con la misma valentía, a quien no tiene voz. El suyo es el clamor evangélico en defensa de los pobres del mundo y de quienes son amenazados, despreciados y oprimidos en sus derechos humanos» [59].
En virtud de la misión doctrinal y pastoral de la Iglesia, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha sentido el deber de reafirmar la dignidad y los derechos fundamentales e inalienables de todo ser humano, incluso en las primeras etapas de su existencia, y de explicitar los requisitos de protección y respeto que el reconocimiento de tal dignidad exige a todos.
El cumplimiento de este deber implica la valentía de oponerse a todas las prácticas que se traducen en una grave e injusta discriminación de los seres humanos aún no nacidos. Son seres humanos dotados de la dignidad de persona, que han sido creados a imagen de Dios. Detrás de cada "no" brilla, en las fatigas del discernimiento entre el bien y el mal, un gran "sí" en reconocimiento de la dignidad y del valor inalienable de cada singular e irrepetible ser humano llamado a la existencia.
Los fieles se han de comprometer firmemente a promover una nueva cultura de la vida, recibiendo el contenido de la presente Instrucción con asentimiento religioso, concientes de que Dios siempre da la gracia necesaria para observar sus mandamientos y que, en cada ser humano, especialmente en los más pequeños, se encuentra el mismo Cristo (cf. Mt 25,40). Todos los hombres de buena voluntad, especialmente los médicos y los investigadores dispuestos a confrontarse y llegar a la verdad, sabrán también comprender y compartir estos principios y valoraciones orientados a proteger la frágil condición del ser humano en las etapas iniciales de su vida y a promover una civilización más humana.

El Sumo Pontífice Benedicto XVI, en el transcurso de la Audiencia concedida el 20 de junio de 2008 al suscrito Cardenal Prefecto, ha aprobado la presente Instrucción, decidida en la Sesión Ordinaria de esta Congregación, y ha ordenado su publicación.

Roma, en la Sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 8 de septiembre de 2008, Fiesta de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María.

William Card. Levada

Prefecto
Luis F. Ladaria, S.I.

Arzobispo tit. de Thibica

Secretario
[1] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum vitæ sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación (22 de febrero de 1987): AAS 80 (1988), 70-102.
[2] Juan Pablo II, Carta Encíclica Veritatis splendor sobre algunas cuestiones fundamentales de la enseñanza moral de la Iglesia (6 de agosto de 1993): AAS 85 (1993), 1133-1228.
[3] Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana (25 de marzo de 1995): AAS 87 (1995), 401-522.
[4] Juan Pablo II, Discurso a los participantes en la VII Asamblea de la Pontificia Academia para la Vida (3 de marzo de 2001), n. 3: AAS 93 (2001), 446.
[5] Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Fides et ratio sobre las relaciones entre fe y razón (14 de septiembre de 1998), n. 1: AAS 91 (1999), 5.
[6] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum vitæ, I, 1: AAS 80 (1988), 79.
[7] Como recordó Benedicto XVI, los derechos humanos, en particular el derecho a la vida de cada ser humano, «se basan en la ley natural inscrita en el corazón del hombre y presente en las diferentes culturas y civilizaciones. Arrancar los derechos humanos de este contexto significaría restringir su ámbito y ceder a una concepción relativista, según la cual el sentido y la interpretación de los derechos podrían variar, negando su universalidad en nombre de los diferentes contextos culturales, políticos, sociales e incluso religiosos. Así pues, no se debe permitir que esta vasta variedad de puntos de vista oscurezca no sólo el hecho de que los derechos son universales, sino que también lo es la persona humana, sujeto de estos derechos » (Discurso a la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, 18 de abril de 2008: AAS 100 [2008], 334).
[8] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum vitæ, I, 1: AAS 80 (1988), 78-79.
[9] Ibíd., II, A, 1: l.c., 87.
[10] Pablo VI, Carta Encíclica Humanæ vitæ (25 de julio de 1968), n. 8: AAS 60 (1968), 485-486.
[11] Benedicto XVI, Discurso a los participantes al Congreso Internacional promovido por la Universidad Pontificia Lateranense, en el 40° aniversario del la Carta Encíclica Humanæ vitæ (10 de mayo de 2008): L'Osservatore Romano, 11 de mayo de 2008, pág. 1; cf. Juan XXIII, Carta Encíclica Mater et magistra, (15 de mayo de 1961), III: AAS 53 (1961), 447.
[12] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, n. 22.
[13] Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, n. 37-38: AAS 87 (1995), 442-444.
[14] Juan Pablo II, Carta Encíclica Veritatis splendor, n. 45: AAS 85 (1993), 1169.
[15] Benedicto XVI, Discurso a los participantes en la Asamblea general de la Academia Pontificia para la Vida y en el Congreso internacional sobre el tema "El embrión humano en la fase de preimplantación" (27 de febrero de 2006): AAS 98 (2006), 264.
[16] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum vitæ, Introducción, 3: AAS 80 (1988), 75.
[17] Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris consortio sobre la misión de la familia cristiana en el mundo actual (22 de noviembre de 1981), n. 19: AAS 74 (1982), 101-102.
[18] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Declaración Dignitatis humanæ, n. 14.
[19] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum vitæ, II, A, 1: AAS 80 (1988), 87.
[20] Ibíd., II, B, 4: l.c., 92.
[21] Ibíd., Introducción, 3: l.c., 75.
[22] Bajo el nombre de fecundación o procreación artificial heteróloga se entienden «las técnicas ordenadas a obtener artificialmente una concepción humana, a partir de gametos procedentes de al menos un donador diverso de los esposos unidos en matrimonio» (ibíd., II: l.c., 86).
[23] Bajo el nombre de fecundación o procreación artificial homóloga se entiende «la técnica dirigida a lograr la concepción humana a partir de los gametos de dos esposos unidos en matrimonio» (ibíd.).
[24] Ibíd., II, B, 7: l.c., 96; cf. Pio XII, Discurso a los participantes en el IV Congreso Internacional de Médicos Católicos (29 de septiembre de 1949): AAS 41 (1949), 560.
[25] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum vitæ, II, B, 6: l.c., 94.
[26] Cf. ibíd., II: l.c., 86.
[27] Actualmente, incluso en los más importantes centros de fecundación artificial, el número de embriones sacrificados es superior al 80%.
[28] Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, n. 14: AAS 87 (1995), 416.
[29] Cf. Pio XII, Discurso a los participantes del II Congreso mundial de Nápoles sobre fecundidad y esterilidad humana (19 de mayo de 1956): AAS 48 (1956), 470; Pablo VI, Carta Encíclica Humanæ vitæ, n. 12: AAS 60 (1968), 488-489; Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum vitæ, II, B, 4-5: AAS 80 (1988), 90-94.
[30] Cada vez hay más personas, incluso no unidas por el vínculo conyugal, que recurren a las técnicas de fecundación artificial para tener un hijo. Tales prácticas debilitan la institución matrimonial y dan a luz niños en ambientes no favorables para su pleno desarrollo humano.
[31] Benedicto XVI, Discurso a los participantes en la Asamblea general de la Academia Pontificia para la Vida y en el Congreso internacional sobre el tema "El embrión humano en la fase de preimplantación" (27 de febrero de 2006): AAS 98 (2006), 264.
[32] La Inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI) se parece en casi todos los aspectos a las otras formas de la fecundación in vitro, distinguiéndose en el hecho de que la fecundación no ocurre espontáneamente en la probeta, sino a través de la inyección en el citoplasma del óvulo de un solo espermatozoide previamente seleccionado, y a veces a través de la inyección de elementos inmaduros de la línea germinal masculina.
[33] Sin embargo, hay que señalar que los especialistas discuten sobre algunos riesgos que la Inyección intracitoplasmática de espermatozoides puede comportar para la salud del concebido.
[34] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum vitæ, II, B, 5: AAS 80 (1988), 93.
[35] Con relación a los embriones, la crioconservación es un procedimiento de enfriamiento a bajísimas temperaturas para permitir una larga conservación.
[36] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum vitæ, I, 6: AAS 80 (1988), 84-85.
[37] Cf. n. 34-35 de esta Instrucción.
[38] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum vitæ, II, A, 1-3: AAS 80 (1988), 87-89.
[39] Juan Pablo II, Discurso a los participantes en el Simposio sobre "Evangelium vitæ y Derecho" y en el XI Coloquio internacional de Derecho Canónico (24 de mayo de 1996), n. 6: AAS 88 (1996), 943-944.
[40] La crioconservación de óvulos ha sido planteada también en otros contextos que aquí no se consideran. Por óvulo se entiende la célula germinal femenina no penetrada por el espermatozoide.
[41] Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, n. 51; Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, n. 62: AAS 87 (1995), 472.
[42] Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, n. 63: AAS 87 (1995), 473.
[43] Los métodos interceptivos más conocidos son el espiral o DIU (Dispositivo intrauterino) y la llamada "píldora del día siguiente".
[44] Los principales métodos de contragestación son la píldora RU 486 o Mifepristona, las prostaglandinas y el Metotrexato.
[45] Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, n. 58: AAS 87 (1995), 467.
[46] Cf. Código de Derecho Canónico, can. 1398 y Código de Cánones de las Iglesias Orientales, can. 1450 § 2; cf. también Código de Derecho Canónico, can. 1323-1324. La Comisión Pontificia para la interpretación auténtica del Código de Derecho Canónico declaró que por el concepto penal de aborto se entiende «matar al feto en cualquier modo y en cualquier momento a partir de su concepción» (Respuestas a dudas, 23 de mayo de 1988: AAS 80 [1988], 1818).
[47] En el estado actual de la ciencia, las técnicas propuestas para realizar la clonación humana son dos: fisión gemelar y transferencia del núcleo. La fisión gemelar consiste en la separación artificial de células individuales o grupos de células del embrión, en las primeras fases del desarrollo, y en su subsiguiente traslado al útero, para conseguir artificialmente embriones idénticos. La transferencia de núcleo, o clonación propiamente dicha, consiste en la introducción de un núcleo extraído de una célula embrionaria o somática en un óvulo anteriormente privado de su núcleo, seguido por la activación de este óvulo que, por consiguiente, debería desarrollarse como embrión.
[48] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum vitæ, I, 6: AAS 80 (1988), 84; Juan Pablo II, Discurso a los Miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede (10 de enero de 2005), n. 5: AAS 97 (2005), 153.
[49] Técnicas nuevas de este tipo son, por ejemplo, la aplicación de la partenogénesis a los seres humanos, la transferencia de un núcleo alterado (Altered Nuclear Transfer: ANT) y la reprogramación asistida del óvulo (Oocyte Assisted Reprogramming: OAR).
[50] Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, n. 60: AAS 87 (1995), 469.
[51] Benedicto XVI, Discurso a los participantes en el Congreso Internacional sobre el tema "Las células troncales: ¿qué futuro en orden a la terapia?", organizado por la Academia Pontificia para la Vida (16 de septiembre de 2006): AAS 98 (2006), 694.
[52] Cf. n. 34-35 de esta Instrucción.
[53] Cf. Benedicto XVI, Discurso a los participantes en el Congreso Internacional sobre el tema "Las células troncales: ¿qué futuro en orden a la terapia?", organizado por la Academia Pontificia para la Vida (16 de septiembre de 2006): AAS 98 (2006), 693-695.
[54] Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, n. 63: AAS 87 (1995), 472-473.
[55] Cf. ibíd., n. 62: l.c., 472.
[56] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum vitæ, I, 4: AAS 80 (1988), 83.
[57] Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, n. 73: AAS 87 (1995), 486: «El aborto y la eutanasia son crímenes que ninguna ley humana puede pretender legitimar. Leyes de este tipo no sólo no crean ninguna obligación de conciencia, sino que, por el contrario, establecen una grave y precisa obligación de oponerse a ellas mediante la objeción de conciencia». El derecho a la objeción de conciencia, expresión del derecho a la libertad de conciencia, debería ser tutelado por las legislaciones civiles.
[58] Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, n. 89: AAS 87 (1995), 502.
[59] Juan Pablo II, Carta a todos los Obispos de la Iglesia sobre la intangibilidad de la vida humana (19 de mayo de 1991): AAS 84 (1992), 319.

Mensaje del Santo Padre en la Jornada Mundial de la Paz (1º de enero 2009)






MENSAJE DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI PARA LA CELEBRACIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ
1 ENERO 2009
LIBRERIA EDITRICE VATICANA
CIUDAD DEL VATICANO
COMBATIR LA POBREZA, CONSTRUIR LA PAZ

1. TAMBIÉN EN ESTE AÑO NUEVO que comienza, deseo hacer llegar a todos mis mejores deseos de paz, e invitar con este Mensaje a reflexionar sobre el tema: Combatir la pobreza, construir la paz. Mi venerado predecesor Juan Pablo II, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, subrayó ya las repercusiones negativas que la situación de pobreza de poblaciones enteras acaba teniendo sobre la paz. En efecto, la pobreza se encuentra frecuentemente entre los factores que favorecen o agravan los conflictos, incluidas la contiendas armadas. Estas últimas alimentan a su vez trágicas situaciones de penuria. « Se constata y se hace cada vez más grave en el mundo –escribió Juan Pablo II– otra seria amenaza para la paz: muchas personas, es más, poblaciones enteras viven hoy en condiciones de extrema pobreza. La desigualdad entre ricos y pobres se ha hecho más evidente, incluso en las naciones más desarrolladas económicamente. Se trata de un problema que se plantea a la conciencia de la humanidad, puesto que las condiciones en que se encuentra un gran número de personas son tales que ofenden su dignidad innata y comprometen, por consiguiente, el auténtico y armónico progreso de la comunidad mundial ».1
2. En este cuadro, combatir la pobreza implica considerar atentamente el fenómeno complejo de la globalización. Esta consideración es importante ya desde el punto de vista metodológico, pues invita a tener en cuenta el fruto de las investigaciones realizadas por los economistas y sociólogos sobre tantos aspectos de la pobreza. Pero la referencia a la globalización debería abarcar también la dimensión espiritual y moral, instando a mirar a los pobres desde la perspectiva de que todos comparten un único proyecto divino, el de la vocación de construir una sola familia en la que todos –personas, pueblos y naciones– se comporten siguiendo los principios de fraternidad y responsabilidad.
En dicha perspectiva se ha de tener una visión amplia y articulada de la pobreza. Si ésta fuese únicamente material, las ciencias sociales, que nos ayudan a medir los fenómenos basándose sobre todo en datos de tipo cuantitativo, serían suficientes para iluminar sus principales características. Sin embargo, sabemos que hay pobrezas inmateriales, que no son consecuencia directa y automática de carencias materiales. Por ejemplo, en las sociedades ricas y desarrolladas existen fenómenos de pobreza relacional, moral y espiritual: se trata de personas desorientadas interiormente, aquejadas por formas diversas de malestar a pesar de su bienestar económico. Pienso, por una parte, en el llamado « subdesarrollo moral »2 y, por otra, en las consecuencias negativas del « superdesarrollo ».3 Tampoco olvido que, en las sociedades definidas como « pobres », el crecimiento económico se ve frecuentemente entorpecido por impedimentos culturales, que no permiten utilizar adecuadamente los recursos. De todos modos, es verdad que cualquier forma de pobreza no asumida libremente tiene su raíz en la falta de respeto por la dignidad trascendente de la persona humana. Cuando no se considera al hombre en su vocación integral, y no se respetan las exigencias de una verdadera « ecología humana »,4 se desencadenan también dinámicas perversas de pobreza, como se pone claramente de manifiesto en algunos aspectos en los cuales me detendré brevemente.
Pobreza e implicaciones morales
3. La pobreza se pone a menudo en relación con el crecimiento demográfico. Consiguientemente, se están llevando a cabo campañas para reducir la natalidad en el ámbito internacional, incluso con métodos que no respetan la dignidad de la mujer ni el derecho de los cónyuges a elegir responsablemente el número de hijos 5 y, lo que es más grave aún, frecuentemente ni siquiera respetan el derecho a la vida. El exterminio de millones de niños no nacidos en nombre de la lucha contra la pobreza es, en realidad, la eliminación de los seres humanos más pobres. A esto se opone el hecho de que, en 1981, aproximadamente el 40 % de la población mundial estaba por debajo del umbral de la pobreza absoluta, mientras que hoy este porcentaje se ha reducido sustancialmente a la mitad y numerosas poblaciones, caracterizadas, por lo demás, por un notable incremento demográfico, han salido de la pobreza. El dato apenas mencionado muestra claramente que habría recursos para resolver el problema de la indigencia, incluso con un crecimiento de la población. Tampoco hay que olvidar que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, la población de la tierra ha crecido en cuatro mil millones y, en buena parte, este fenómeno se produce en países que han aparecido recientemente en el escenario internacional como nuevas potencias económicas, y han obtenido un rápido desarrollo precisamente gracias al elevado número de sus habitantes. Además, entre las naciones más avanzadas, las que tienen un mayor índice de natalidad disfrutan de mejor potencial para el desarrollo. En otros términos, la población se está confirmando como una riqueza y no como un factor de pobreza.
4. Otro aspecto que preocupa son las enfermedades pandémicas, como por ejemplo, la malaria, la tuberculosis y el sida que, en la medida en que afectan a los sectores productivos de la población, tienen una gran influencia en el deterioro de las condiciones generales del País. Los intentos de frenar las consecuencias de estas enfermedades en la población no siempre logran resultados significativos. Además, los países aquejados de dichas pandemias, a la hora de contrarrestarlas, sufren los chantajes de quienes condicionan las ayudas económicas a la puesta en práctica de políticas contrarias a la vida. Es difícil combatir sobre todo el sida, causa dramática de pobreza, si no se afrontan los problemas morales con los que está relacionada la difusión del virus. Es preciso, ante todo, emprender campañas que eduquen especialmente a los jóvenes a una sexualidad plenamente concorde con la dignidad de la persona; hay iniciativas en este sentido que ya han dado resultados significativos, haciendo disminuir la propagación del virus. Además, se requiere también que se pongan a disposición de las naciones pobres las medicinas y tratamientos necesarios; esto exige fomentar decididamente la investigación médica y las innovaciones terapéuticas, y aplicar con flexibilidad, cuando sea necesario, las reglas internacionales sobre la propiedad intelectual, con el fin de garantizar a todos la necesaria atención sanitaria de base.
5. Un tercer aspecto en que se ha de poner atención en los programas de lucha contra la pobreza, y que muestra su intrínseca dimensión moral, es la pobreza de los niños. Cuando la pobreza afecta a una familia, los niños son las víctimas más vulnerables: casi la mitad de quienes viven en la pobreza absoluta son niños. Considerar la pobreza poniéndose de parte de los niños impulsa a estimar como prioritarios los objetivos que los conciernen más directamente como, por ejemplo, el cuidado de las madres, la tarea educativa, el acceso a las vacunas, a las curas médicas y al agua potable, la salvaguardia del medio ambiente y, sobre todo, el compromiso en la defensa de la familia y de la estabilidad de las relaciones en su interior. Cuando la familia se debilita, los daños recaen inevitablemente sobre los niños. Donde no se tutela la dignidad de la mujer y de la madre, los más afectados son principalmente los hijos.
6. Un cuarto aspecto que merece particular atención desde el punto de vista moral es la relación entre el desarme y el desarrollo. Es preocupante la magnitud global del gasto militar en la actualidad. Como ya he tenido ocasión de subrayar, « los ingentes recursos materiales y humanos empleados en gastos militares y en armamentos se sustraen a los proyectos de desarrollo de los pueblos, especialmente de los más pobres y necesitados de ayuda. Y esto va contra lo que afirma la misma Carta de las Naciones Unidas, que compromete a la comunidad internacional, y a los Estados en particular, a “promover el establecimiento y el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacional con el mínimo dispendio de los recursos humanos y económicos mundiales en armamentos” (art. 26) ».6
Este estado de cosas, en vez de facilitar, entorpece seriamente la consecución de los grandes objetivos de desarrollo de la comunidad internacional. Además, un incremento excesivo del gasto militar corre el riesgo de acelerar la carrera de armamentos, que provoca bolsas de subdesarrollo y de desesperación, transformándose así, paradójicamente, en factor de inestabilidad, tensión y conflictos. Como afirmó sabiamente mi venerado Predecesor Pablo VI, « el desarrollo es el nuevo nombre de la paz ».7 Por tanto, los Estados están llamados a una seria reflexión sobre los motivos más profundos de los conflictos, a menudo avivados por la injusticia, y a afrontarlos con una valiente autocrítica. Si se alcanzara una mejora de las relaciones, sería posible reducir los gastos en armamentos. Los recursos ahorrados se podrían destinar a proyectos de desarrollo de las personas y de los pueblos más pobres y necesitados: los esfuerzos prodigados en este sentido son un compromiso por la paz dentro de la familia humana.
7. Un quinto aspecto de la lucha contra la pobreza material se refiere a la actual crisis alimentaria, que pone en peligro la satisfacción de las necesidades básicas. Esta crisis se caracteriza no tanto por la insuficiencia de alimentos, sino por las dificultades para obtenerlos y por fenómenos especulativos y, por tanto, por la falta de un entramado de instituciones políticas y económicas capaces de afrontar las necesidades y emergencias. La malnutrición puede provocar también graves daños psicofísicos a la población, privando a las personas de la energía necesaria para salir, sin una ayuda especial, de su estado de pobreza. Esto contribuye a ampliar la magnitud de las desigualdades, provocando reacciones que pueden llegar a ser violentas. Todos los datos sobre el crecimiento de la pobreza relativa en los últimos decenios indican un aumento de la diferencia entre ricos y pobres. Sin duda, las causas principales de este fenómeno son, por una parte, el cambio tecnológico, cuyos beneficios se concentran en el nivel más alto de la distribución de la renta y, por otra, la evolución de los precios de los productos industriales, que aumentan mucho más rápidamente que los precios de los productos agrícolas y de las materias primas que poseen los países más pobres. Resulta así que la mayor parte de la población de los países más pobres sufre una doble marginación, beneficios más bajos y precios más altos.
Lucha contra la pobreza y solidaridad global
8. Una de las vías maestras para construir la paz es una globalización que tienda a los intereses de la gran familia humana.8 Sin embargo, para guiar la globalización se necesita una fuerte solidaridad global,9 tanto entre países ricos y países pobres, como dentro de cada país, aunque sea rico. Es preciso un « código ético común »,10 cuyas normas no sean sólo fruto de acuerdos, sino que estén arraigadas en la ley natural inscrita por el Creador en la conciencia de todo ser humano (cf. Rm 2,14-15). Cada uno de nosotros ¿no siente acaso en lo recóndito de su conciencia la llamada a dar su propia contribución al bien común y a la paz social? La globalización abate ciertas barreras, pero esto no significa que no se puedan construir otras nuevas; acerca los pueblos, pero la proximidad en el espacio y en el tiempo no crea de suyo las condiciones para una comunión verdadera y una auténtica paz. La marginación de los pobres del planeta sólo puede encontrar instrumentos válidos de emancipación en la globalización si todo hombre se siente personalmente herido por las injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos humanos vinculadas a ellas. La Iglesia, que es « signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano »,11 continuará ofreciendo su aportación para que se superen las injusticias e incomprensiones, y se llegue a construir un mundo más pacífico y solidario.
9. En el campo del comercio internacional y de las transacciones financieras, se están produciendo procesos que permiten integrar positivamente las economías, contribuyendo a la mejora de las condiciones generales; pero existen también procesos en sentido opuesto, que dividen y marginan a los pueblos, creando peligrosas premisas para conflictos y guerras. En los decenios sucesivos a la Segunda Guerra Mundial, el comercio internacional de bienes y servicios ha crecido con extraordinaria rapidez, con un dinamismo sin precedentes en la historia. Gran parte del comercio mundial se ha centrado en los países de antigua industrialización, a los que se han añadido de modo significativo muchos países emergentes, que han adquirido una cierta relevancia. Sin embargo, hay otros países de renta baja que siguen estando gravemente marginados respecto a los flujos comerciales. Su crecimiento se ha resentido por la rápida disminución de los precios de las materias primas registrada en las últimas décadas, que constituyen la casi totalidad de sus exportaciones. En estos países, la mayoría africanos, la dependencia de las exportaciones de las materias primas sigue siendo un fuerte factor de riesgo. Quisiera renovar un llamamiento para que todos los países tengan las mismas posibilidades de acceso al mercado mundial, evitando exclusiones y marginaciones
10. Se puede hacer una reflexión parecida sobre las finanzas, que atañe a uno de los aspectos principales del fenómeno de la globalización, gracias al desarrollo de la electrónica y a las políticas de liberalización de los flujos de dinero entre los diversos países. La función objetivamente más importante de las finanzas, el sostener a largo plazo la posibilidad de inversiones y, por tanto, el desarrollo, se manifiesta hoy muy frágil: se resiente de los efectos negativos de un sistema de intercambios financieros –en el plano nacional y global– basado en una lógica a muy corto plazo, que busca el incremento del valor de las actividades financieras y se concentra en la gestión técnica de las diversas formas de riesgo. La reciente crisis demuestra también que la actividad financiera está guiada a veces por criterios meramente autorefenciales, sin consideración del bien común a largo plazo. La reducción de los objetivos de los operadores financieros globales a un brevísimo plazo de tiempo reduce la capacidad de las finanzas para desempeñar su función de puente entre el presente y el futuro, con vistas a sostener la creación de nuevas oportunidades de producción y de trabajo a largo plazo. Una finanza restringida al corto o cortísimo plazo llega a ser peligrosa para todos, también para quien logra beneficiarse de ella durante las fases de euforia financiera.12
11. De todo esto se desprende que la lucha contra la pobreza requiere una cooperación tanto en el plano económico como en el jurídico que permita a la comunidad internacional, y en particular a los países pobres, descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas, estableciendo un marco jurídico eficaz para la economía. Exige también incentivos para crear instituciones eficientes y participativas, así como ayudas para luchar contra la criminalidad y promover una cultura de la legalidad. Por otro lado, es innegable que las políticas marcadamente asistencialistas están en el origen de muchos fracasos en la ayuda a los países pobres. Parece que, actualmente, el verdadero proyecto a medio y largo plazo sea el invertir en la formación de las personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa. Si bien las actividades económicas necesitan un contexto favorable para su desarrollo, esto no significa que se deba distraer la atención de los problemas del beneficio. Aunque se haya subrayado oportunamente que el aumento de la renta per capita no puede ser el fin absoluto de la acción político-económica, no se ha de olvidar, sin embargo, que ésta representa un instrumento importante para alcanzar el objetivo de la lucha contra el hambre y la pobreza absoluta. Desde este punto de vista, no hay que hacerse ilusiones pensando que una política de pura redistribución de la riqueza existente resuelva el problema de manera definitiva. En efecto, el valor de la riqueza en una economía moderna depende de manera determinante de la capacidad de crear rédito presente y futuro. Por eso, la creación de valor resulta un vínculo ineludible, que se debe tener cuenta si se quiere luchar de modo eficaz y duradero contra la pobreza material.
12. Finalmente, situar a los pobres en el primer puesto comporta que se les dé un espacio adecuado para una correcta lógica económica por parte de los agentes del mercado internacional, una correcta lógica política por parte de los responsables institucionales y una correcta lógica participativa capaz de valorizar la sociedad civil local e internacional. Los organismos internacionales mismos reconocen hoy la valía y la ventaja de las iniciativas económicas de la sociedad civil o de las administraciones locales para promover la emancipación y la inclusión en la sociedad de las capas de población que a menudo se encuentran por debajo del umbral de la pobreza extrema y a las que, al mismo tiempo, difícilmente pueden llegar las ayudas oficiales. La historia del desarrollo económico del siglo XX enseña cómo buenas políticas de desarrollo se han confiado a la responsabilidad de los hombres y a la creación de sinergias positivas entre mercados, sociedad civil y Estados. En particular, la sociedad civil asume un papel crucial en el proceso de desarrollo, ya que el desarrollo es esencialmente un fenómeno cultural y la cultura nace y se desarrolla en el ámbito de la sociedad civil.
13. Como ya afirmó mi venerado Predecesor Juan Pablo II, la globalización « se presenta con una marcada nota de ambivalencia » 13 y, por tanto, ha de ser regida con prudente sabiduría.14 De esta sabiduría, forma parte el tener en cuenta en primer lugar las exigencias de los pobres de la tierra, superando el escándalo de la desproporción existente entre los problemas de la pobreza y las medidas que los hombres adoptan para afrontarlos. La desproporción es de orden cultural y político, así como espiritual y moral. En efecto, se limita a menudo a las causas superficiales e instrumentales de la pobreza, sin referirse a las que están en el corazón humano, como la avidez y la estrechez de miras. Los problemas del desarrollo, de las ayudas y de la cooperación internacional se afrontan a veces como meras cuestiones técnicas, que se agotan en establecer estructuras, poner a punto acuerdos sobre precios y cuotas, en asignar subvenciones anónimas, sin que las personas se involucren verdaderamente. En cambio, la lucha contra la pobreza necesita hombres mujeres que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompañar a las personas, familias y comunidades en el camino de un auténtico desarrollo humano.
Conclusión
14. En la Encíclica Centesimus annus, Juan Pablo II advirtió sobre la necesidad de « abandonar una mentalidad que considera a los pobres –personas y pueblos– como un fardo o como molestos e importunos, ávidos de consumir lo que los otros han producido ». « Los pobres –escribe– exigen el derecho de participar y gozar de los bienes materiales y de hacer fructificar su capacidad de trabajo, creando así un mundo más justo y más próspero para todos ».15 En el mundo global actual, aparece con mayor claridad que solamente se construye la paz si se asegura la posibilidad de un crecimiento razonable. En efecto, las tergiversaciones de los sistemas injustos antes o después pasan factura a todos. Por tanto, únicamente la necedad puede inducir a construir una casa dorada, pero rodeada del desierto o la degradación. Por sí sola, la globalización es incapaz de construir la paz, más aún, genera en muchos casos divisiones y conflictos. La globalización pone de manifiesto más bien una necesidad: la de estar orientada hacia un objetivo de profunda solidaridad, que tienda al bien de todos y cada uno. En este sentido, hay que verla como una ocasión propicia para realizar algo importante en la lucha contra la pobreza y para poner a disposición de la justicia y la paz recursos hasta ahora impensables.
15. La Doctrina Social de la Iglesia se ha interesado siempre por los pobres. En tiempos de la Encíclica Rerum novarum, éstos eran sobre todo los obreros de la nueva sociedad industrial; en el magisterio social de Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II se han detectado nuevas pobrezas a medida que el horizonte de la cuestión social se ampliaba, hasta adquirir dimensiones mundiales.16 Esta ampliación de la cuestión social hacia la globalidad hay que considerarla no sólo en el sentido de una extensión cuantitativa, sino también como una profundización cualitativa en el hombre y en las necesidades de la familia humana. Por eso la Iglesia, a la vez que sigue con atención los actuales fenómenos de la globalización y su incidencia en las pobrezas humanas, señala nuevos aspectos de la cuestión social, no sólo en extensión, sino también en profundidad, en cuanto conciernen a la identidad del hombre y su relación con Dios. Son principios de la doctrina social que tienden a clarificar las relaciones entre pobreza y globalización, y a orientar la acción hacia la construcción de la paz. Entre estos principios conviene recordar aquí, de modo particular, el « amor preferencial por los pobres »,17 a la luz del primado de la caridad, atestiguado por toda la tradición cristiana, comenzando por la de la Iglesia primitiva (cf. Hch 4,32-36; 1 Co 16,1; 2 Co 8-9; Ga 2,10).
« Que se ciña cada cual a la parte que le corresponde », escribía León XIII en 1891, añadiendo: « Por lo que respecta a la Iglesia, nunca ni bajo ningún aspecto regateará su esfuerzo ».18 Esta convicción acompaña también hoy el quehacer de la Iglesia para con los pobres, en los cuales contempla a Cristo,19 sintiendo cómo resuena en su corazón el mandato del Príncipe de la paz a los Apóstoles: « Vos date illis manducare – dadles vosotros de comer » (Lc 9,13). Así pues, fiel a esta exhortación de su Señor, la comunidad cristiana no dejará de asegurar a toda la familia humana su apoyo a las iniciativas de una solidaridad creativa, no sólo para distribuir lo superfluo, sino cambiando « sobre todo los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad ».20 Por consiguiente, dirijo al comienzo de un año nuevo una calurosa invitación a cada discípulo de Cristo, así como a toda persona de buena voluntad, para que ensanche su corazón hacia las necesidades de los pobres, haciendo cuanto le sea concretamente posible para salir a su encuentro. En efecto, sigue siendo incontestablemente verdadero el axioma según el cual « combatir la pobreza es construir la paz ».
Vaticano, 8 de diciembre de 2008
TIPOGRAFÍA VATICANA
1 Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, 1.
2 Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 19.
3 Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 28.
4 Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 38.
5 Cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 37; Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 25.
6 Carta al Cardenal Renato Rafael Martino con ocasión del Seminario Internacional organizado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz sobre el tema ‘‘Desarme, desarrollo y paz. Perspectivas para un desarme integral'' (10 abril 2008): L'Osservatore Romano, ed. en lengua española (18 abril 2008), p. 3.
7 Carta enc. Populorum progressio, 87.
8 Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 58.
9 Juan Pablo II, Discurso a las asociaciones cristianas de trabajadores italianos (27 abril 2002), n. 4: L'Osservatore Romano, ed. en lengua española (10 mayo 2002), p. 10.
10 Juan Pablo II, Discurso a la Asamblea plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias sociales (27 abril 2001), n. 4: L'Osservatore Romano, ed. en lengua española (11 mayo 2001), p. 4.
11 Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, 1.
12 Cf. Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, 368.
13 Cf. ibíd., 356.
14 Discurso a empresarios y sindicatos de trabajadores (2 mayo 2000), n. 3: L'Osservatore Romano, ed. en lengua española (5 mayo 2000), p. 7.
15 N. 28.
16 Cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 3.
17 Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 42; Cf. Id. Carta enc. Centesimus annus, 57.
18 León XIII, Carta enc. Rerum novarum, 41.
19 Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 58.
20 Ibíd.


jueves 11 de diciembre de 2008

¿Qué camino es éste? ¿No habrá que matizar?


Salen a la luz los textos del p. Enrico Zoffoli sobre la doctrina del camino neocatecumenal, así lo he leído en Sector Católico, aunque reconozco que estos textos hace mucho los conocí desde la web. Con todo el respeto y obediencia que merece la aprobación pontificia de los estatutos del camino, sin embargo, como se ve el tema da para más. Por ahora creo que habrá que quedarse con la fe puesta en que si el Romano Pontífice, asesorado por la Congregación para los laicos, Congregación para la Doctrina de la Fe, y Culto Divino, ha aprobado esta forma de evangelización es porque se reconocen abundantes dones y gracias. De cualquier manera por lo visto hay estudios que van saliendo a publicidad y que están en la blogósfera como para tener en cuenta.


Desde aquí lo que dice el blog amigo Sector Católico:

El religioso pasionista de origen italiano, Enrico Zoffoli (en la foto), sacerdote, teólogo y profesor de la Pontificia Academia Romana de Santo Tomás, arremetió antes de su muerte, ocurrida el 16 de junio de 1996, contra el Camino Neocatecumenal, según se ha sabido recientemente. Al parecer, numerosos escritos reflejan las reticencias expresadas en su día contra este "camino catequético", aprobado recientemente por la Santa Sede, y que fue iniciado en España por Kiko Argüello y Carmen Hernández.

Es más, según el religioso, el Camino "no hay que definirlo como un camino de formación católica sino, más bien, como un itinerario de perversión herética. Es una severa condenación lo que merece y no un llamamiento a los obispos para que lo exalten", escribió. También se le acusa de tener "acentos carismáticos y métodos fanatizantes" además de un "grosero desprecio por la Tradición" y la defensa de una "concepción luterana de la salvación" y la negación de algunos sacramentos como el de la Confesión.

Fuente: Sector Católico.

El movimiento neocatecumenal
[Por Enrico Zoffoli]

El fondo secreto del movimiento


La opinión aproximada que me había hecho, de oídas, de este movimiento, era parcialmente favorable, sosteniendo que se trataba de grupos generosos que se entregaban a una actitud útil, si bien eran un poco demasiado autónomos y un poco demasiado aficionados a algunas de sus originalidades litúrgicas. Pero el análisis cuidadoso que ahora he podido acabar no me ha revelado otra cosa que un plan muy diferente y gravísimo. He podido estudiar atentamente el volumen de cerca de 400 páginas que contiene las «orientaciones» dadas a catequistas del movimiento, sacadas de las grabaciones de las «reuniones hechas por Kiko y Carmen» para orientar a los catequistas de Madrid en febrero de 1972. La historia, la finalidad y la práctica del Movimiento están condensadas en este volumen de la manera más auténtica. Todas mis citas entre comillas las he extraído cuidadosamente de este volumen; si no indico la página, es que se trata de afirmaciones a menudo repetidas; ya que el libro, mecanografiado y fotocopiado, no es fácil encontrarlo.Se trata, de hecho, de un texto reservado a los catequistas, que no deben cederlo a nadie. Tuve que recurrir a una estratagema para conseguirlo y fotocopiarlo. Lo que se observa enseguida es esta cualidad negativa del movimiento: “el secreto, el esoterismo”. En no pocos pasajes está escrito: «No digáis nada de eso». «Lo que voy a deciros no es para que lo digáis a la gente, sino para que os sirva de base, de fundamento». Pero es precisamente este fondo, esta base, que son inadmisibles. De hecho, los catecúmenos y los superiores eclesiásticos -a quienes los miembros del movimiento muestran tanto respeto- están engañados, pues no se les pone al corriente de este fondo. Y se trata, como lo mostraré, de graves desviaciones doctrinales y prácticas.Acentos carismáticos y métodos fanatizantesEn el marco dolorosamente estático de ciertas parroquias, los grupos catecumenales, con sus actividades semanales (reuniones bíblicas preparadas por tumo por ciertos miembros y larga reunión eucarística), con los cambios de experiencias efectuadas y el acento comunitario de las reuniones de cohabitación mensual, con la formación sistemática en el sostenimiento del prójimo y en el desprendimiento de los bienes, con la perspectiva ratificada de nos estar más que en camino de una nueva conversión a proseguir durante el precatecumenado y el catecumenado en el transcurso de siete años, dan en tales grupos, digo yo, una buena impresión de compromiso y de fervor. Pero en realidad, ¿es fervor o fanatismo?Kiko se presta a la pregunta: «No se trata, dice, de enganchar a quien quiera que quiere», pues no se practica ningún «lavado de cerebro por razonamientos». Pero esta especie de «lavado» y de «enganche» aparecen propiamente al contrario en ausencia de razonamientos claros reemplazados por un fuego arrollador de afirmaciones drásticas, sugestivas, en un tono carismático. Aparte de las diferencias evidentes de contenido, es por semejantes medios de sugestión e imponiendo radicalmente la fuerte autoridad del guía que se efectuó en América el enganche de masas puestas bajo el yugo de movimientos pseudo-religiosos y sociales osados y atrevidos, hasta el de Jim Jones, «el Templo del Pueblo», que concluyó con la trágica matanza de la Guayana el 18 de no­viembre de 1978. Las situaciones son por lo demás opuestas en todo ello, sin duda alguna, pero el método para subyugar es el mismo. He aquí lo que dice Kiko: «El cristianismo tra­dicional, que consiste en bautismo, ...primera comunión, ...misa dominical, ...no matar, no hurtar... no tenía nada de cristianismo era basura... Nosotros somos "precristianos"... sin haber recibido el espíritu nuevo venido del cielo... Ahora, Dios nos ha llamado para lanzar un Catecumenado orientado hacia el renacimiento»; «aun siendo poco numerosos, señalamos una piedra miliar... volviendo presente el hecho de que el reino de Dios ha llegado sobre la tierra»; para la «renovación del Concilio», fue necesario el «descubrimiento del Catecumenado»; «os hablo en nombre de la Iglesia, en nombre de los obispos,... los catequistas Catecumenales poseen un carisma confirmado por los Obispos»; «yo soy Juan Bautista en medio de vosotros; convertíos, pues el Reino de Dios está muy cerca de vosotros»; «os doy la vida mediante la palabra de Dios depositada en mi; la explicación de la palabra, soy yo quien la da»; «como Moisés lo que en el desierto, somos nosotros quienes somos vuestra ayuda»; «que Jesús ha resucitado, está atestiguado por los Apóstoles: yo también os lo atestiguo,... doy de ello mi vida en prenda»; «así como Abrahán caminaba,... habéis de caminar vosotros también: según la palabra, nosotros os remitiremos el Espíri­tu Santo»; «seréis convocados en asamblea por el Espíritu Santo;... Dios os hablará»; «todos vosotros habéis sido señalados por el dedo de Dios»; «ninguna comunidad fundada por nosotros ha fallado:... yo os aseguro que Dios está aquí».La opresión sugestiva y fanática se refuerza continuamente por el carácter radica excesivo de las afirmaciones y de las referencias bíblicas integralistas y despojadas de crítica. Por ejemplo, la «participación» (sobrenatural) de la naturaleza divina se dice que consiste en «llegar a ser Dios mismo», en «tener la naturaleza divina; resucitar con Cristo» corresponde a «tener la misma sangre redentora de Jesucristo», a llegar a ser también nosotros «Espíritu vivificante» con la obligación de repetir y de «manifestar a cada generación lo que ha sucedido una sola vez en el Calvario, al dejarnos matar»: la influencia deletérea del pecado personal se dice en la comunidad «destruir la Comunidad, la Iglesia»; cuando en el curso del precatecumenado «dice uno vender los bienes, deberá venderlos todos,... no pudiendo de otro modo entrar en el Reino, ni aun en el Catecumenado»; nuestro cristianismo de antes de nuestra conversión era basura, etc. Todo esto acentúa la presión y el fanatismo en quien se dejó agarrar, sobre todo en la perspectiva de la larga carrera de formación prometida (siete años).Grosero desprecio para con la TradiciónLas lagunas y lo nocivo de este movi­miento aparece gravísimo si, de sus métodos, se pasa a su contenido. No hay posición doc­trinal o práctica católica que no se la deforme gravemente. Todo se presenta con confusiones teológicas y bíblicas que impresionan por así decirlo, junto con una actitud de ostentación de fines redescubiertos y de recuperación de las auténticas verdades cristianas, sepultadas y olvidadas siglos ha. Ello se acompaña también de impresionantes perspectivas de empeñó personal «elitista» (de ser la flor y nata) de sacrificio.El «redescubrimiento» de los valores cristianos primitivos y auténticos se presenta en plan fideísta, carismático, de fe «existencialmente» vivida. Muestra un cordial desprecio por las tesis «filosóficas» de la Iglesia y de lo que se llama el «juridicismo» de la llamada especulación «teológica», organizada en los diferentes tratados. «Ellos habían encajonado al Espíritu Santo, lo habían embotellado y puesto en tratado que pudiéramos dominar, donde todos tuviéramos las más puras joyas del conocimiento de Dios: de Dios, Uno y Trino, del Dios creador, etc., y sin darnos cuenta de que habíamos empobrecido la visión de Dios». Particularmente deplorable fue «el inmovilismo casi total determinado por el Concilio de Trento», que finalmente se hubiera superado por el Vaticano II.Semejantemente, toda la estructura, la práctica, la liturgia de la Iglesia hubieran decaído, después de la paz de Constantino y la irrupción de las masas en la Iglesia, en un «juridiscismo» de puros ritos y peticiones de favores celestiales, comunes a toda pobre «religiosidad natural», al perder la auténtica vitalidad de fe de la «Iglesia primitiva», que, finalmente, tras el Vaticano II, se «redescubre», se recupera, justamente gracias al movimiento catecumenal.El hecho de que hoy «las naciones salen de las Iglesias» constituiría respecto a ello una ventaja que neutralizaría el efecto de aquella irrupción de masas y nos conduciría a la época preconstantiniana. «Así el cristianismo podrá brillar en toda su pureza y su frescor. Así podremos reanimarnos ala Iglesia primitiva».Es trazar una cruz sobre siglos y más siglos de la vida de la Iglesia con la presunción de no tener cura, como es el hecho de quienes tienen como brillantes estrellas a tantos santos.Concepción luterana de la salvaciónSe trata pues no de un movimiento de masas, sino un movimiento de élites. Sin embargo, su intención es totalmente otra que la de quedar replegado en sí mismo.

Sin duda dicen: «Nosotros no conquistamos a nadie, no predicamos un cristianismo proselitista»; pero en realidad presionan para multiplicar sus grupos en las parroquias. Entienden constituir también la única y verdadera manera para la «salvación del mundo».Se toca aquí una perspectiva fundamental del movimiento, estrechamente unido a una noción nebulosa e inadmisible de la «salvación», continua y confusamente repetida.

La salvación del mundo consistiría en anunciar y acoger por la fe la «buena nueva», la del «evento» salvífico que es la resurrección de Jesús, esta definitiva «victoria sobre la muerte» y, por ello, el perdón amorosamente acordado por Dios. Los catecumenales comunican esta «buena nueva» y manifiestan este «signo» al aceptar el «evento» y la renovación personal de la «victoria sobre la muerte». Esta victoria advendrá, como se dio el caso para Jesús, al «pasar a través de la muerte», es decir al «dejarnos matar» por amor paciente para con los demás, al responder con la «no violencia» a su oposición, al «acabar con la cruz de los derechos del prójimo que nos destruyen». Por tal testimonio, los catecumenales salvan al mundo: «los catecumenales son los guardianes de la Palabra que es el germen del Espíritu, son la presencia de Dios en el mundo, son la Iglesia: una comunidad de hermanos. Ahí tenemos un misterio impresionante: un grupo de hombres están deificados y forman el Cuerpo de Jesucristo resucitado, el Hijo de Dios. Si ésto se produce en un lugar, allí se reproduce la victoria sobre la muerte. Ahí está el anuncio constante de la Buena Nueva y que ya ha llegado la Vida Eterna, que el Reino de Dios está próximo. Y esto es lo que salva al mundo».Estamos en presencia de afirmaciones alborotadas que, pese a algunas partecillas de verdad, no son aptas sino para sugestionar, embriagar, escondiendo del todo su real gra­tuidad é incoherencia. Enseguida aparece evi­dente que entre el Calvario de Jesús y el que el prójimo pueda procuramos, hay buena dife­rencia; que Jesús ha vencido la muerte, no sólo por el hecho de soportarla, sino al resuci­tar corporalmente, y que la solidaridad edifi­cante y el altruismo de un grupo, que no puede influir más que en un círculo restringido, no son en modo alguno suficientes para la difu­sión universal de la fe y de la salvación.Pero a parte de esto, el más grave equívoco concierne en la noción fundamental de la salvación. Por cierto que, en el marco de tan gran confusión teológica. Se registran también, al contrario, afirmaciones correctas. Pero se contradicen por otras innumerables afirmaciones, que reducen ese tan pequeño número estricto a varios retoques y a artificiosas escapatorias, medio de defensa contra el temor de condenaciones. Es en vano, por ejemplo, que se afirme incidentemente que también hay que «dar los signos de la fe. Nosotros no somos protestantes. La fe sin las obras está muerta». Ante todo, las «obras» no se requieren sólo como un «signo», sino como conformidad obligatoria a la ley moral según la divina voluntad. Enseguida y sobre todo, tal afirmación se destruye por las innumerables repeticiones de la concepción netamente luterana al respecto: ningún esfuerzo ascético se ha unido con el sostenimiento de la gracia: la salvación se debe exclusivamente a la fe: «El hombre, habiéndose separado de Dios, se ha quedado radicalmente impotente para hacer el bien, esclavo del maligno»; «el hombre no se salva en modo alguno mediante las prácticas»; «para un cristiano a lo San Luis -según su divisa: "antes morir que pecar"- es fundamental estar en gracia de Dios, no perder esta gracia, perseverar. La gracia es una cosa de la que no se sabe demasiado lo que es, pero que se tiene en el interior y con la cual hay que morir... Pero en seguida he comprendido que vivir en gracia es vivir en la gratuidad de Dios, quien persiste en perdonarte gracias a su amor»; «Dios perdona nuestros pecados y su Espíritu Santo nos convierte en santos hijos de Dios. Y esto gratuitamente para quien quiera que cree que Jesús es el enviado del Padre como Salvador» ; «el cristianismo no es una llamada a la conciencia v a la honestidad, sirio la invitación de acoger el anuncio del perdón gratuito de todos nuestros pecados»; «el cristianismo no es un moralismo. Jesucristo no es exactamente un ideal, un modelo de vida, él no vino a darnos ejemplo»; «los sacramentos no constituyen una ayuda a tal fin»; «el Espíritu vivificante está bien lejos de incitarnos al perfeccionamiento, a las buenas obras, a la fidelidad a Cristo muerto»; «el cristianismo no exige nada de nadie, todo lo convierte en don» ; «al más pecador, al más vicioso. se convierte en don de vida eterna»: « Dios es amor del enemigo... Si hemos hecho cosas horribles, Dios nos ama y nos perdona... De tí, él no exige nada». La Palabra de salvación no exige, como la ley, «un esfuerzo de más, un esfuerzo íntimo, pues él nos lo da todo entero».Negación de la RedenciónMás grave todavía, y aun más allá de la concepción luterana, es la negación de todo lazo ontológico, sobrenatural, meritorio, entre la salvación y la inmolación de Jesús.Con la noción de redención, de rescate, se derrumba uno de los frutos cardinales de la fe. Por su resurrección después de su muerte, Jesús simplemente hubiera notificado a los hombres que lo habían matado su voluntad de perdón. Con grosera ignorancia se osa afirmar que, «gracias a la renovación teológica operada por el Concilio, no se habla más del dogma de la Redención, sino del misterio de la Pascua de Jesús»; como si el uno contradijera el otro. Y con insistencia al fin subrayada con tosca ironía: «Las ideas sacrificiales entraron en la eucaristía por condescendencia, sugeridas por el momento histórico, para con la mentalidad pagana»; «en lugar del Dios justiciero de las religiones, quien, por más que te muevas, te da algún bastonazo en la cabeza, nosotros, descubrimos el Dios de Jesucristo»; «¿acaso tiene Dios necesidad de la sangre de su Hijo para apaciguarse? Hemos llegado a pensar que Dios apaciguaba su cólera por el sacrificio de su Hijo al modo de los dioses paganos».


Negación de la confesión


Como he dicho, todas las verdades teológicas fundamentales son gravemente deformadas, y naturalmente también los sacramentos. Me limitaré a algunos detalles acerca de éstos, en particular la Confesión y la Eucaristía.La actitud de fondo, muy laudable en sí, de querer manifestarse serio, está continuamente excitada por la incomprensión y por el desprecio superficial y presuntuoso de todo lo que se ha enseñado v practicado hasta ahora. He aquí, por ejemplo, cómo se trata por Carmen la clásica y profunda distinción entre atrición y contrición: «Se empieza por dar importancia a la contrición. Verdaderamente daría risa pensar que sólo la atrición es necesaria si uno va a confesarse, y la contrición si uno no se confiesa». He ahí ignorancia burlona.Para la confesión, la afirmación superficial de obediencia a la Iglesia no falta: «Mantenemos la confesión individual, porque hay que conservarla, y además porque tiene su valor». Es probable que en cuanto a ello haya habido algún llamamiento explícito de parte de la autoridad. Pero es evidentemente una práctica que se soporta simplemente. Y está en contradicción con todo el contexto de la enseñanzaLa noción de pecado, entendido como violación de la ley moral v como rebelión a la voluntad divina, está descartada por ser la «concepción legalista que mira el pecado como falta a una serie de preceptos».Se burlan del presunto automatismo de las «expiaciones» asignadas (la penitencia sacramental) para obtener el «perdón», pues se olvida su justo aspecto de reparación (que exige, ciertamente, el previo arrepentimiento. absolutamente esencial). Se menosprecia el arrepentimiento: «La conversión no consiste en arrepentirse de lo pasado, sino en ponerse en camino para lo futuro». Como si la conversión pudiera considerar un nuevo porvenir sin reprobar lo pasado y sin entristecerse de la ofensa cometida contra Dios: ofensa que no se nombra jamás en tal catequesis.La conversión sin arrepentimiento de lo pasado empalma con la afirmación ya citada del perdón «gratuito» de Dios, sin «esfuerzo» personal, sin otra obligación que la de reconocerse pecador y aceptar ese perdón. Aunque en las reuniones penitenciales se admiten las confesiones particulares rápidas, oídas y absueltas por los padres, tales absoluciones, consideradas en sí mismas, se menosprecian en no pocas ocasiones reiteradas, y aún se critican, así como el Concilio de Trento que las ha prescrito, porque darían a la confesión un carácter «mágico» (incomprensión completa es ello de la eficacia de los sacramentos ex opere operato). Fundándose en un pequeño número de autores, unilaterales, seguidos paso a paso, se expone una especie de historia de la confesión sin referencia alguna al preciso relato de su institución dado por el Evangelio.Una vez descartada la maduración teológica sancionada por el Concilio de Trento, la norma de la confesión se daría por la práctica, confusamente supuesta, de la Iglesia primitiva. Henos aquí en una reunión penitencial del movimiento catecumenal: «Todo cuanto os hemos anunciado acerca del amor de Dios y el perdón de los pecados va a realizarse ahora, pues Dios nos da el poder no sólo de anunciar el perdón, sino de comunicarlo mediante un signo»: «en la Iglesia primitiva, el perdón no se confería por la absolución, sino por la reconciliación con toda la comunidad por medio del signo de la readmisión en la asamblea en un acto litúrgico» ; «el valor del rito no reside en la absolución, ya que en Jesucristo ya estamos perdonados» ; «es la comunidad eclesial, allí presente, signo de Jesucristo para los hombres, que perdona concretamente». Nos hemos alineado con la negación protestante del verdadero sacramento.


Groseras deformaciones


Todo ello se dice sin que se comprenda en lo más mínimo la verdadera naturaleza del sacramento católico, como se destaca de la grotesca exposición que se da de él: «Es así que hemos practicado, nosotros los católicos, la confesión, y de ahí porqué esta práctica está hoy en crisis. El perdón pasa al segundo plano, lo esencial subsiste simplemente en confesar los propios pecados y en recibir la absolución. La confesión se transforma en algo mágico. Se tiene una visión legalista del pecado, para la cual no importa tanto la actitud interior como el acto exterior de confesar, y en todos los detalles, todos los pecados en todo su género. Es visión individualista, completamente privada, donde la Iglesia no aparece en parte alguna, y es un hombre quien te perdona las pecados».He aquí completa incomprensión de la confesión tridentina. Impresionante muestra de la grosería teológica del movimiento. En el sacramento católico de la penitencia, el perdón ocupa de tal modo el primer plano, que de él se busca la seguridad en la absolución; ésta es tan poco mágica (obtenida por recurso a falsos poderes), que depende del divino poder de Jesús; el cuidado de los valores interiores está tan poco ausente, que el último arrepentimiento es condición de validez; la cual depende tan poco de cualquier hombre, que éste obra in persona Christi y por mandato de la Iglesia. También Lutero se lo tomaba así para atacar las verdades católicas: las deformaba.


Negación del Sacrificio


EucarísticoCuando tuve las primeras informaciones sobre las reuniones catecumenales pensé que tales originalidades rituales tan sólo consistían en libertades litúrgicas, en parte tolerables, en parte corregibles. Jamás me hubiera imaginado que tuvieran por lo contrario semejante término tan gravemente heterodoxo. Ahora también comprendo por qué hubo tanta resistencia a los recursos a la autoridad para conformar sus ritos a las normas litúrgicas prescritas. Tales actitudes de autonomía y de deformidad referentes a las normas prácticas comunes se enlazan doctrinal y psicológicamente oposiciones de fondo. Se pretende abiertamente «redescubrir» la verdadera eucaristía, pues lo hemos «menospreciado y empobrecido todo».La Eucaristía no sería más que «la memoria de la Pascua de Jesús, o sea, su paso de la muerte a la vida, del mundo al Padre, acontecimiento que ensalza y en el cual nos formamos la experiencia de la resurrección de la muerte», es decir, «la proclamación de nuestro perdón y de nuestra salvación», pues esto es «el carro dé fuego que viene a trasla­darnos a la gloria».La esencia de la Misa como sacrificio se niega claramente al modo luterano: «Las ideas sacrificiales han entrado en la eucaristía por condescendencia para con la mentalidad pagana»: «la masa de paganos (que irrumpió después de Constantino) vio la liturgia cristiana según sus conocimientos religiosos vueltos hacia la idea del sacrificio»; «en el edificio que Dios construyó, las ideas sacrificiales que había tenido Israel, y que se habían superado por el mismo Israel en su liturgia pascual, eran las fundaciones: ahora que el edificio se ha construido, se ha vuelto a tales fundaciones, o sea, a las ideas sacrificiales y sacerdotales del paganismo»; «las discusiones medievales acerca del sacrificio concernían en cosas que no existían en la eucaristía primitiva, ya que no habla entonces sacrificio cruento alguno, ni nadie que se sacrificara, Cristo, el sacrificio de la cruz, el Calvario, sino nada más que un sacrificio de alabanza por comunión con la Pascua del Señor: dicho de otro modo, con su paso de la muerte (bajo la especie del pan) a la resurrección (el cáliz)».Por estas últimas afirmaciones, mientras el sacrificio está ajusto título excluido del altar, con todo igualmente queda excluido el sacrificio incruento de Jesús sacramentalmente presente: se excluye pues la actualidad sacrificial de la Misa.Esta exclusión, por otra parte, es plenamente coherente con la exclusión ya citada de la inmolación cruenta y salvífica de Jesús, proclamada para nuestra salvación. Una vez excluidos los méritos redentores del Calvario, su aplicación por medio del calvario místico del altar no tendría sentido alguno para los catecumenales. Dolorosamente también coherente su hostilidad alas numerosas, repeticiones de Misas, ya que su fruto impetratorio se ignora por ellos como se ignora por Lutero.También se oponen rotundamente a toda la parte del ofertorio. Si es Dios quien lo hace todo, quien «pasa como carro de fuego y arrastra a toda la humanidad», ¿para qué aceptar las ofrendas? «Ofrecer las cosas a Dios para serle propicio? ¡Qué lejos estamos de la Pascua!»; «es idea pagana la de aportar ofrendas para aplacar a Dios»; «se llega a la enormidad diciendo: ¡Con la hostia pura, santa e inmaculada, ofrécete tú mismo y tu trabajo y la jornada que comienza!»; «en la Eucaristía no ofrezcas nada: es Dios absolutamente presente quien da lo máximo: la victoria de Jesucristo sobre la muerte»; «las procesiones, las grandiosas basílicas, ... los ofertorios... llenan la liturgia de ideas unidas a una mentalidad pagana». Todas estas tesis son tristemente coherentes con la negación de que Jesús se inmola y se ofrece sacramentalmente: toda otra ofrenda no puede concebirse más que en unión con la suya.Se elimina así todo movimiento ascensional hacia Dios y todo coloquio íntimo con Jesús en el Santísimo Sacramento, como si no hubiera aquí más que humillación «estática» de la Eucaristía, que no debiera ser más que exultación para el «descenso» de la divina intervención y, al contrario, la proclamación de la victoria ya obtenida. «Hemos transformado la Eucaristía, que era canto a Cristo resucitado, en divino prisionero del Tabernáculo»; hemos hablado, como en las «primeras comuniones», de un «Jesusillo que nos metemos en el pecho cuando lo queremos... siendo la Eucaristía todo lo contrario... es Dios quien pasa y quien arrastra a la humanidad».Negación de la presencia realAquí ya se dibuja el oscurecimiento de la verdad fundamental de la presencia real, pues una vez admitida ésta, debiera al contrario aparecer el precio del Tabernáculo y de la presencia en quien ha comulgado así como el precio de la íntima conversación. Pero este oscurecimiento se manifiesta gravísimo y más directo en otras afirmaciones: oscurecimiento que manifiestamente se extiende al hecho de la consagración y a la naturaleza y valor de los poderes sacerdotales: «El sacramento, esto es el pan, el vino y la asamblea: es de la asamblea de la que surge la Eucaristía». Estas palabras se adecuarían para un rito puramente conmemorativo, pero en modo alguno para el sacramento eucarístico ni para los poderes sacerdotales. Y con ostentación presuntuosa de superioridad sobre toda la teología y la práctica católica, acosada hasta la ironía: «La Iglesia Católica se ha vuelto obsesa por causa de la presencia real, hasta tal punto que, para ella, la presencia real es todo»; (esto es falso: la considera no como el todo, sino como el fundamento del todo); «las discusiones teológicas obsesivas sobre la cuestión de saber si, de hecho, Cristo está presente en el pan y en el vino hacen reír»; «en cierto momento fue necesario insistir contra los protestantes acerca de la presencia real, pero ahora ya no es más necesario y no hay que insistir más en ello» (visto el desorden teológico y litúrgico actual, es, por lo contrario. más necesario que antes); «inútiles tentativas filosóficas se efectuaron para explicar cómo está presente Cristo, con sus ojos o sin ellos, físicamente, etc., o por la transfinalización holandesa... se ha pretendido explicar el misterio por la transubstanciación » (no explicarlo sino más bien precisarlo esencialmente, determinarlo, como lo hicieron, comprometiéndose en lo máximo, el Concilio de Trento y todo el Magisterio consecuentemente, menospreciados por los catecumenales); la indiferencia en cuanto a la presencia «física», que va a la par, en sentido inverso, con la transfinalización holandesa, revela en todo por lo menos la incomprensión de la verdadera presencia.Una vez excluido todo aspecto de sacrificio, y que todo se ha reducido á «banquete» de exultación (he aquí una concepción de los catecumenales, verdaderamente obsesiva, la que se incita hasta recibir la comunión sentados y a considerar como «inconcebible que alguien no comulgue, ya que a la cena pascual justamente se va para comer»), «todos los valores de adoración y de contemplación, extraños a la celebración del banquete, se eliminan» ; «el pan y el vino, no se conciben para que estén expuestos, pues así se echan a perder (!)»; la inquietud por las «migajas», que caracteriza a quien cree en la presencia real, se pone en ridículo: «no es cuestión de migajas, sino del sacramento de la asamblea»; «el Tabernáculo, el Corpus Christi, las exposiciones solemnes, las procesiones, las adoraciones, las genuflexiones, la elevación, las visitas al Santísimo Sacramento, todas las devociones eucarísticas, ir a Misa para comulgar y llevar a Jesús en el corazón, dar gracias después de la comunión, las misas privadas... (todo eso) minimiza la Eucaristía... y está muy lejos del sentimiento de la Pascua».Otras continuas afirmaciones procuran devaluar el problema de la presencia, que es por lo contrario el fundamento de todo lo demás: «Lo importante no consiste en la presencia de Jesucristo en la Eucaristía... sino en su meta: en la Eucaristía en tanto en cuanto es misterio de Pascua». Así multiplican afirmaciones evanescentes: «Así como Dios estaba presente en la Pascua, es decir en la liberación que fue la salida de Egipto, del mismo modo Jesús está presente por su espíritu resucitado de la muerte» (¿es la presencia de la acción sin la presencia de la persona?); «en lugar de poner el problema de la presencia de Cristo en la Eucaristía, hay que pensar que Cristo es realidad viva que realiza la Pascua y que arrastra a la Iglesia» ; «la presencia de Cristo es otra cosa. Es el carro de fuego que viene a llevarnos para la gloria, a hacernos pasar de la muerte a la resurrección».Negación de la resurrecciónEsta misma evanescencia, justamente en los puntos que exigirían la máxima determinación, aparece también con respecto a la resurrección de Jesús: «El memorial que nos deja es su espíritu, resucitado de la muerte» ; «¿Cómo vieron los apóstoles a Cristo resucitado? ¿Cómo un fantasma? No, lo vieron en sí mismos... constituido Espíritu vivificante». Esta última expresión se repite a menudo. Ciertamente Jesús envió su Espíritu. Pero la resurrección concierne al cuerpo real de Cristo.


Superficialidad-Presunción-Astucia


Tal evanescencia corresponde a la gran confusión teológica y bíblica y a la superficialidad, unida a presunción de sutileza y de ahondamiento crítico sin hablar de la presunción carismática. Como ya lo he dicho, no hay verdad teológica ni bíblica que no se haya deformado, entre otros motivos porque esos catequistas laicos carecen de toda sólida formación teológica y bíblica de base, dependen de un pequeño número de textos. escogidos de entre los menos seguros, los más atrevidos (por ejemplo la revista Concilium). Esa inconsistencia y esa confusión se encuadran luego en la doctrina catecuménica fundamental. que hemos visto al principió, acerca del anuncio pascual de la salvación, nebulosamente presentada, sin precisión alguna, inconsistente en cuanto al dogma de la redención.El método, simplista y astuto, de esos maestros no preparados e improvisados, para eludir toda inquisición seria, toda discusión teológica. es procurar despreciarla desde el punto de partida y reemplazarla por afirmaciones categóricas. Su método, para evitar las condenaciones y la ruptura con los superiores, consiste en la recomendación del secreto. la nebulosidad de ciertas expresiones (cortinas de humo) y la protesta de sumisión al magisterio, insertado acá v allá (como si fuera polvareda que enceguece), pero que continuamente se contradice por el contexto.


Conclusión


Nos hallamos, para concluir, en presencia de un deplorable y muy nocivo lavado de cerebro, de tipo fanatizante, en el plano doctrinal, práctico, litúrgico, usado en grupos de fieles, de los que algunos quizá estén animados de mejores intenciones, pero víctimas de ilusiones y desviaciones del recto camino de seguridad ascética, del ejemplo de los santos, y sobre todo de la ortodoxia.Entre la gente sencilla, tales grupos suscitan la admiración, confrontados como es­tán con ciertos ambientes tan grises y apáticos, porque se presentan como generosos y com­prometidos. Parecen presentarlo auténtico, lo diferente, lo sumo, frente a tanta grisalla. Pero lo que es «diferente» se entiende... como re­pulsa de la madurez doctrinal y práctica de la Iglesia desde Constantino, retomo obsesivo á la Iglesia primitiva (inexactamente interpretada), aversión a las estructuras jerárquicas; en las reuniones la presidencia dada al sacerdote es ficticia, pues la dirección real es de los catequistas, aun en las reuniones bíblicas.Las interpretaciones literales despojadas de espíritu crítico de la Santa Escritura, por ejemplo para vender todos los bienes propios, la absoluta pasividad no violenta, la misma perspectiva de morir por los demás, pueden dar la impresión de grande y admirable fervor. Pero si esto puede estar equilibrado y ser real entre algunos, en conjunto refleja un falso proceso de fanatización y falaz construcción en la arena, con gran perjuicio del abandono doctrinal y disciplinar. También Valdo, el iniciador de los valdenses, se lanzó, guardada toda proporción, y lanzó a sus catequistas laicos empezando por la puesta en práctica de «vende lo que tienes», y suscitó discípulos fervientes, pero acabó en la rebelión y en la herejía.




La primera Misa celebrada en La Playosa por el nuevo obispo auxiliar de San Justo: S.E.R. Mons. Dr. Damián Santiago Bitar



10 de Diciembre de 2008
LA PLAYOSA - El lunes fue ordenado obispo y el domingo 14 celebra Santa Misa en La Playosa, última parroquia que administró.
De acuerdo al anuncio inscripto en el último boletín parroquial, el recientemente ordenado obispo Monseñor Damián Bitar celebrará ante la comunidad playosense el próximo domingo 14 de diciembre a las 10 y en el templo parroquial “Santa Teresa de Jesús” la Santa Misa como dignatario ya consagrado, apenas seis días después de la recepción de sus atributos en la ciudad de Villa María.El acto litúrgico será concelebrado con el párroco local José María Delfino, y seguramente Bitar recibirá el aprecio y reconocimiento por la labor desempeñada como encargado de la parroquia local en los años que fue titular; a parte de la implicancia de su excepcional trayectoria (en esta comunidad y otras dependencias religiosas de la Diócesis villamariense), que determinó el reconocimiento pontificio.El padre Damián Bitar fue hasta el 3 de agosto del año 2007 administrador de nuestra parroquia y cumplió diversos destinos desde el comienzo de su ministerio como diácono en las parroquias “Nuestra Señora de Luján” (Villa María), Parroquia “Nuestra Señora del Rosario” (Villa María), Parroquia “Nuestra Señora de Lourdes” (Villa María), Parroquia “Sagrado Corazón de Jesús” (Monte Buey); y mientras se desempeñó como vicario General fue párroco de la Parroquia “Sagrada Familia” (Villa María) y “Santa Teresa de Jesús” (La Playosa). Constituye verdadero motivo de júbilo comunitario que una de sus primeras ceremonias litúrgicas, a posteriori de su consagración sea oficiada en esta localidad.Misión a TintinaEn el último informe parroquial, se destaca la labor desarrollada por misioneros de la “Divina Misericordia” (dependientes de la Diócesis de Villa María), quienes efectuaron una filantrópica obra en su reciente visita a la población santiagueña de Tintina. Durante casi seis días el grupo integrado por jóvenes y niños visitaron dicha localidad situada en el límite con el Chaco; que pertenece a una de las regiones y Diócesis más pobre en medios de todo el país (con sede en la ciudad de Añatuya).Con gran entusiasmo (describe la comunicación eclesial), “fueron a llevar a nuestros hermanos el mensaje del Evangelio, a la vez que pudieron ofrecerles alimentos, golosinas, ropa, calzado y demás productos de necesidad”. Rescatan finalmente “que fue una experiencia pastoral de gran valor (todos tuvieron que costearse el pasaje) y aplicar su tiempo laboral en esta labor misional en uno de los lugares más inhóspitos de la República Argentina”. Concluye: “Dejaron en Tintina la palabra del Señor, pero se trajeron consigo el gozo que siembra el Evangelio, más el cariño de muchos hermanos”.
fuente: El Diario del sur de Córdoba (Argentina)

Que alegría cuando me dijeron...


La curia vaticana vuelve a contar con un purpurado español, y anque hace meses se hablaba de su designación en la Congregación para Culto Divino, y ante su silencio, y casi negativa, no seguí insistiendo en el tema. Pero se ha hecho realidad. Nos debe alegrar, es un hombre sencillo, de gran piedad y fe probada, y sobre todo sabe liturgia. De cualquier manera, aunque para algunos sea sonso, me da incomodidad estas informaciones que se filtran en el Sagrado Palacio Apostólico.
El cardenal Cañizares acoge su cargo en el Vaticano "con obediencia, fidelidad y gozo"
Las campanas de la catedral de Toledo repicaron a mediodía de ayer durante diez minutos para celebrar el anuncio de que el arzobispo de la sede primada de España, el cardenal Antonio Cañizares, había sido nombrado prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. La noticia, "tan rumoreada pero sólo hasta hoy real", según afirmó el propio arzobispo de Toledo, es una prueba de que "el Señor me confía grandezas que superan mi capacidad", reconoció el propio cardenal Cañizares.
El purpurado se convierte así en un nuevo miembro de los colaboradores del Papa Benedicto, del que se dice era amigo, y ocupará uno de los dicasterios de más peso en el Vaticano, ya que su función es "fomentar y tutelar la disciplina de los sacramentos, especialmente en lo referente a su celebración válida y lícita", según reconoce la constitución apostólica «Pastor Bonus». Sabemos además que este dicasterio asume los casos de pedidos de dispensa del estado clerical, que no es decir poca cosa.

Sacramentos

El Santo Padre ha mostrado desde el inicio de su pontificado, aunque no menos SS Juan Pablo II, una especial preocupación por la correcta celebración de los sacramentos -instando, por ejemplo, a la comunión de rodillas y en la boca- y, con la elección del cardenal Cañizares, pone a un hombre de su máxima confianza al frente de la congregación. El Primado de España subrayó ayer, en una carta, su deseo de "ayudar al Santo Padre , inseparablemente unido a él y en comunión inquebrantable con su persona», a que «la humanidad entera ofrezca a Dios el verdadero culto en espíritu y verdad".
El cardenal, de 63 años, agradeció a los que han sido sus feligreses durante los últimos seis años su "gran sentido de Iglesia". "A todos me gustaría agradecer y pedir perdón; por todos quiero orar», subrayó. El nuevo miembro de la curia les exhortó también a «no cansarse de conocer a Dios ni de proclamarle, de adorarle en espíritu y verdad". El cardenal Cañizares afirmó que durante su estancia en Toledo, "no he querido otra cosa que vivir en Cristo, conocer a Cristo, proclamar a Cristo, amaros a todos, orar por todos".El Primado comenzará a desempeñar su labor en Roma este mismo jueves, aunque proseguirá su labor en Toledo hasta que se nombre un nuevo arzobispo para la sede primada de España. En el Vaticano sustituirá al cardenal Francis Arinze, de 76 años, quien presentó su renuncia por motivos de edad.

Una vida entregada

Antonio Cañizares Llovera nació en Utiel (Valencia) el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásiticos en el seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvó el doctorado en Teología. Se ordenó sacerdote en 1970. Dedicó la mayor parte de su vida a la docencia en la Universidad de Salamanca y en el seminario de Madrid. En 1992 fue nombrado obispo de Ávila, arzobispo de Granada en 1997 y arzobispo de Toledo en 2002. En 2006 es creado cardenal y miembro de la Congregración para la Doctrina de la Fe y es el vicepresidente de la Conferencia Episcopal. Es un hombre que no ha tenido ningún inconveniente para usar los atuendos propios de un cardenal, ni celebrar el rito extraordinario con todos los pormenores de su liturgia.
Dios bendiga la tarea del Cardenal don Antonio Cañizares y lo haga fructifero.

martes 9 de diciembre de 2008

Versión pobre, pero... es lo que hay: El Diario del Sur de Córdoba



Damián Bitar fue ungido obispo

El oficio de pastor

Una multitud se congregó frente a la Iglesia Catedral para presenciar la ceremonia presidida por José Rovai. Estuvo monseñor Roberto Rodríguez y el arzobispo de Córdoba Carlos Ñáñez

Damián Bitar (derecha) en la ceremonia de postración

“Hermanos, nuestra madre Iglesia tiene un nuevo obispo.” Una ovación surgió desde cada rincón de la explanada de la Iglesia Catedral y la plaza San Martín. Minutos antes del anuncio, Damián Bitar había hecho su promesa de convertirse en discípulo y misionero de Jesucristo y se había postrado en señal de entrega, mientras los fieles entonaban la Letanía de los Santos.En el Día de la Virgen, bajo el manto de María una multitud se congregó frente al templo central de la ciudad para seguir de cerca la ceremonia de ordenación del sacerdote oriundo de Arroyo Cabral.La celebración presidida por el obispo de la Diócesis, monseñor José Rovai, contó con la presencia del actual obispo de La Rioja, Roberto Rodríguez (muy aplaudido), la máxima autoridad eclesiástica de Córdoba Carlos Ñáñez, Baldomero Martini (San Justo) y sacerdotes de distintas localidades, entre otros.En primera fila se ubicaron el intendente Eduardo Accastello, el presidente del Concejo Deliberante Javier Suppo, la diputada nacional Nora Bedano y el secretario de Culto de Cancillería.“El Episcopado es un llamado de Dios, debemos ser discípulos de Jesús, lograr la unidad plena entre la fe y la vida... Querido padre Damián, abre tu corazón a este don que el Señor te entrega. No te olvides que serás discípulo misionero de Jesús... Serás todo de él y todo de sus hermanos. Gastarás la vida por el Reino.”De esta manera, le habló José Rovai al padre Bitar que fue asistido por Pedro Lucchese y Miguel Crippa. “Servidor y testigo”. Las emotivas palabras del obispo de la Diócesis de María llegaron al corazón de los fieles. “Serás servidor y testigo. El Episcopado es un estilo de vida. Es pobreza, obediencia y castidad. Es entrega y servicio...”La celebración comenzó a las 20 con la procesión hacia el altar de los ministros, presbíteros y obispos. La veneración del altar, el rito penitencial, Gloria, oración y Liturgia de la palabra precedieron al rito de la consagración.“Vivir sirviendo a los pobres, enfermos y pecadores. Recuperar las ovejas perdidas. Identificarse con Jesús. Ser un pastor.” Palabras de Rovai en un diálogo directo con el sacerdote elegido. “El obispo es el hombre de la comunión y la fraternidad. Deberán ver en ti al hombre, al hermano, al amigo.” También, tuvo pedidos para el pastor. “Ser un hombre de diálogo incansable. Hablar con las otras Iglesias” y por último le dio las gracias “por los dos años” a su lado como vicario. “Ha sido muy grande tu aporte”, dijo Rovai.Después de las reflexiones de la autoridad eclesiástica local llegó la hora de las promesas.“¿Quieres cumplir hasta tu muerte el oficio pastoral?”, preguntó Rovai. “Sí, quiero.” ¿Quieres conservar puro e íntegro el depósito de la fe? ¿Quieres mostrarte afable y bondadoso con los pobres, con los que no tienen casas, con los necesitados?...Cada una de las preguntas fueron respondidas con un firme sí, quiero. Mientras a pocos metros del nuevo pastor, su familia observaba con emoción el compromiso cristiano asumido y los cientos de fieles seguían con regocijo en sus corazones el momento.Luego, llegó uno de los instantes más conmovedores de la consagración. Bitar se postró y esa posición de entrega escuchó el cántico invocando a cada uno de los santos. El elegido del Señor recibió, seguidamente, la imposición de manos por parte de los obispos presentes.Sobre el final de la ceremonia, fue ungido con el crisma. Bitar recibió los Evangelios y las insignias de su oficio: el anillo, la mitra y el báculo.El pastor, misionero de Cristo fue ovacionado por sus fieles. Y se preparó para sentarse a diestra de Rovai y acompañar la presentación de las ofrendas, la plegaria eucarística y el rito de la Comunión. Luego, con un fuerte compromiso cristiano se dirigió con humildad y amor a su pueblo.

Ordenación episcopal en la Diócesis de Villa María: Mons. Damián Santiago Bitar

El obispo diocesano se prepara para la oración pre ordenación.


Los padres Darío y Gustavo guían la oración de ambientación en el Salón Católico.


El Obispo diocesano termina la oración preparatoria con una breve reflexión.

Los obispos se preparan para la ordenación.




El Padre Damián y los obispos presentes saliendo ya en procesión hacia el atrio de la Catedral.




Larga procesión de seminaristas, sacerdotes, diáconos y obispos.


Los fieles de una parte del frente de la Catedral Santuario.


Se inicia la Santa Misa.


El P. Damián y los sacerdotes asistentes, al fondo el Eparca Marionita P. Arbahj.

Una religiosa a cargo de la primera lectura de la Solemnidad. Al fondo el sitial del P. Damián.


En primera fila los padres de Mons. Damián Bitar, en segunda fila sus hermanos y sobrinos


Un laico a cargo de la segunda lectura. El salmo estuvo cantado por un seminarista.


El Intendente de Villa María, la diputada provincial (su esposa), el secretario de Culto Católico, detrás la intendente de la última parroquia en que estuvo el P. Damián, Srta. María Cristina Barbisán (La Playosa)


El P. Ariel Manavella mostrando la bula pontificia con el nombramiento episcopal. Fue leída en su traducción castellana.

Lectura de la Bula.

Toma de promesas al candidato a orden episcopal Mons. Damián Bitar por parte del obispo consagrante principal.


Postración del P. Damián Bitar.


Imposición de manos del Obispo diocesano Mons. Rovai, consagrante princip








Imposición de manos de los obispos presentes, Mons. Omar Colomé, Mons. Carlos Tissera, Mons. Santiago Olivera.

Se pronuncia la oración consecratoria por parte de Mons. José Rovai.



Mons. Rovai unge ldel neo obispo con el crisma.

Mons. Rovai impone el solideo y la Mitra al obispo auxiliar de San Justo Mons. Bitar.


Mons. Rovai entrega el anillo y el báculo.



La comunión de los presbíteros.

La primera bendición del obispo recién consagrado.


Palabras de despedida y agradecimiento de Mons. Bitar.




Está finalizando la Santa Misa.


El neo obispo consagra su ministerio a la protección materna de María Inmaculada.


Sacerdotes que celebran un doble júbilo.


Mons. Bitar saluda a sus padres.



El P. Leo Montero y el P. Osvaldo Trucco, después de una calurosa jornada de alegría.


Seminaristas, el P. Marcos Giraudo, más alegría.

Los Padres Juan Pablo Cravero y Pedro Lucchese, con seminaristas un poco distendidos.


El P. Bustamante pronto a celebrar su bodas de plata sacerdotales, y el P. Crippa celebran.

Los padres Gatto y Malpiedi brindan con un seminarista. El Padre Fernando declara que no le cierra el cuello del cleryman.


Los Padres Mariano Pérez (Oliva), Jorge Bardus (Catedral) y Gustavo Casas festejan...

Mons. Damián Bitar y bueno.. P. Iván Lasagna y el P. José María Delfino.


Ahora la crónica de la jornada calurosa (40º), pero de gran emoción para todos.

Ayer 8 de diciembre de 2008 fue una jornada doblemente gozosa para toda la diócesis de Villa María. Por una lado la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, patrona de la diócesis y de la ciudad, y la ordenación episcopal de Mons. Damián Santiago Bitar, como obispo auxiliar de San Justo (Buenos Aires), en horas de la tarde en el atrio de la Catedral Santuario.

La celebración pontifical, presidida como obispo consagrante principal estuvo a cargo del Obispo diocesano de Villa María Mons. Dr. José Ángel Rovi, co-consagrantes principales, el Obispo diocesano de La Rioja, S.E.R. Mons. Dr. Roberto Rodríguez (ex obispo de nuestra diócesis), y S.E.R. el Arzobispo de Córdoba Mons. Dr. Carlos José Ñañez. Destacaba la presencia del S.E.R. Mons. Dr. Baldomero Martini, obispo residencial de la diócesis de San Justo, de la que el neo obispo Mons. Bitar será auxiliar cuando tome posesión de su oficio en los días finales de diciembre.

Estuvieron presentes además varios obispos, entre ellos, los de la provincia eclesiástica de Córdoba, Mons. Carlos Tissera (obispo de San Francisco), Mons. Aurelio
Khün (obispo de la Pralatura de Deán Funes), Mons. Santiago Olivera (obispo de Cruz del Eje), Mons. Omar Félix Colomé (obispo emérito de Cruz del Eje), otros como Mons. Carlos Maria Franzini (obispo de Rafaela, Sta. Fe), el obispo auxiliar de la diócesis de Paraná, Mons. César Daniel Fernández, y el Eparca de la Iglesia Católica Greco Melquita en la República Argentina.

El presbiterio entero de la diócesis se encontró presente para la primera ordenación episcopal en los 51 años de vida como iglesia particular, acompañando al ordenando obispo, su compañero de seminario P. Miguel Ángel Crippa, y el Párroco de la Iglesia Catedral y Vicario episcopal del clero, Mons. Pedro José Lucchese, los que secundaron al P. Damián hasta el momento de los ritos esenciales de la ordenación en el orden episcopal.
Numerosos sacerdotes de otras diócesis, entre ellas Río Carto, Rafaela, San Justo, Córdoba, San Francisco, Dean Funes, como frailes de diversas órdenes religiosas entre ellas Trinitarios, Sagrada Familia, Claretianos, y Mercedarios.

No faltaron a tan grande acontecimiento los seminaristas diocesanos de Villa María, y algunos represetantes del seminario diocesano de San Justo, los que se hospedaron en la casa de retiros de la diócesis.
Numerosas religiosas de distintas congregaciones: Hnas. Rosarinas, Hnas. Franciscanas de fundación cordobesa, Asuncionistas, Vicentinas, etc.
Fieles de toda la diócesis, especialmente de las parroquias en dónde el Padre Damián fue párroco o administrador: Lourdes (V. María), Luján (V. María), del Rosario (V. Nueva), Monte Buey, La Playosa, y comunidades en que estuvo interinamente a cargo como Pozo del Molle, y La Palestina.

Se contó con la presencia de autoridades civiles, el Sr. Intendente Municipal de Villa María don Eduardo Accastello, su esposa, la diputada Nacional Sra. Nora Bedano de Accastello, el Sr. Secretario de Culto de la Nación Argentina, don Saguier Von Rouge, muchos intendentes de localidades de la diócesis, entre las que se notaba la Srta. María Cristina Barbisán, intendente de La Playosa, autoridades de los establecimientos educacionales religiosos, y autoridades policiales y militares.
Una gran multidud cubrió la zona aledaña del atrio de la Iglesia Catedral de Villa María, que se había transformado en un gran presbiterio presidido por la Cruz de Cristo y la imagen histórica de la Inmaculada Concepción patrona de la diócesis.

A las 19:45 hs. tal como lo pidió el Sr. Obispo diocesano los ministros estaban todos revestidos, tanto obispos como sacerdotes, diáconos y seminaristas, y comenzó un momento de intensa oración que fue dirigida por dos sacerdotes diocesanos, el P. Darío Barrera (secretario Canciller de Curia) y el P. Gustavo Gatto.
Terminó el momento de oración con una reflexión del Sr. Obispo diocesano que invitó a vivir este acontecimiento como un don maravilloso de Dios para con la diócesis y la Iglesia entera.

La larga columna presidida por la Cruz Procesional comenzó a caminar rumbo al atrio catedralicio a las 20 hs. en punto, en medio de una multitud de fieles que podría decir nunca hemos visto en otros acontecimientos. El cálculo estimativo fue de 5.000 personas.

Con el comienzo habitual de la Santa Misa, y después de la lectura del Santo Evangelio, el Pbro. Ariel Manavella, tal como establece el ritual mostró a todos los presentes las "letras apostólicas" por las cuales el Santo Padre Benedicto XVI designaba al P. Damián obispo auxiliar de San Justo, y titular de Torre Tamalleno.
La celebración pontifical fue al decir de un especialista de liturgia "modesta", pero sumamente emotiva, estuvo dirigida por el maestro de ceremonias de la diócesis Pbro. Víctor Dottori, ayudado por otros ceremonieros seminaristas. La música estuvo a cargo de grupos de jóvenes de las diferentes parroquias dirigidos por sacerdotes y seminaristas diocesanos
La homilía del obispo diocesano Mons. Rovai fue de gran profundidad teológica y primro se referirió a la solemnidad de la Virgen María, como mujer de fe y esperanza, y luego aplicada al acontecimiento de la ordenación del P. Damián, al que se dirigió de una manera distinguidamente paterna, haciéndole presente la entrega total que debía tener su ministerio episcopal.

Muy significativo fue el hecho que el Mons. Damián Bitar contó en su ordenación episcopal con la presencia de toda su familia, sus padres, felizmente vivos, sus hermanos (tres), un varón y dos mujeres, con sus respectivas familias, los que ocuparon los primeros bancos de la parte izquierda del sector dedicado a los fieles.

Significativo fue el hecho de la entrega de los atributos episcopales, el anillo (regalo del Nuncio Apostólico Mons. Adriano Bernardini) cuando le comunicara la decisión del Santo Padre, el pectoral que lució fue regalo del Sr. Obispo diocesano Mons. Rovai, que le fuera entregado a él por el Siervo de Dios Juan Pablo II. La Mitra, de estilo más bien romano, en color natural y con el logo de la Conferencia de La Aparecida. El báculo episcopal es quizá el signo más querido por todos los curas diocesanos por cuanto es el que perteneció a Mons. Alfredo Guillermo Disandro, obispo que ordenara sacerdote al neo obispo, de metal plateado, terminando en rulo escamado a la manera de cola de serpiente, recordando el pasaje del bastón transformado de Moisés en el desierto.

Fue entregado un cuadernillo para seguir pasao a paso la ordenación episcopal, con la imagen de la Santísima Virgen Inmaculada patrona de la diócesis.

Finalmente la bendición del neo obispo a todo el pueblo de Dios, asumiendo el báculo pastoral con el cayado con rulo hacia atrás por la razón de no ser obispo residencial.
Las palabras finales fueron a cargo de Mons. Damián Santiago Bitar en dónde hizo un sentido agradecimiento a Dios por las diversas circunstancias de su vida, desde la familia y el bautismo, el seminario, compañeros de formación, superiores, hasta el sacerdocio y los ditintos momentos de vida pastoral al servicio de la iglesia diocesana.

Todo concluyó con la bendición de todos los obispos presentes al pueblo de Dios, y el neo obispo saludando a todos los fieles presentes en la ceremonia.

En la casa de retiros "Sagrada Familia", obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas y la familia del Obispo auxiliar compartieron como se verá en las fotos un ágape fraterno.









lunes 8 de diciembre de 2008

8 de diciembre SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA

¡Oh María sin pecado concebida!

¡Ruega por nosotros!



CONCEPCIÓN DE NUESTRA SEÑORA del Príncipe de Esquilache




Reina y Madre, Virgen pura,que el sol y cielos pisáis, a vos sola no alcanzó, la triste herencia de Adán.
¿Cómo en vos, Reina de todos si llena de gracia estáis, pudo caber igual parte de la culpa original?
De toda mancha estáis libre; ¿y quién pudo imaginar, que vino a faltar la gracia adonde la gracia está?
Si los hijos de sus padres toman el fuero en que están; ¿cómo pudo ser cautiva quien parió la libertad?
Sois entre tantos pecheros de vuestro mismo solar hidalga de privilegio, que a ninguno se dará.
Sois de Jacob estrella, que cielo y tierra alumbráis; ¿Qué oscuro vapor de culpa pudo una estrella manchar?
Si la que en Adán fué culpa, pena ha sido en los demás, y nunca fuisteis deudora, ¿quién os la puede llevar?
Si con tanta diferencia excedísteis a San Juan; los que Dios desigualó,¿quién los pretende igualar?
Antes del día os guardaron,y aunque al paso natural madruga en todos la culpa, pero en vos la gracia más.
Una misma fuisteis siempre;y es imposible ajustar hija de guerra un instante, y otro Madre de la paz.

domingo 7 de diciembre de 2008

Para celebrar bien, primero recordemos que celebramos


EL PRIVILEGIO DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

La plenitud inicial en María se nos presenta bajo dos aspectos: el uno, en cierto modo negativo, sobre todo en su enunciado: la preservación del pecado original; el otro, positivo: la concepción absolutamente pura y santa, por la misma perfección de la gracia santificante inicial, raíz de todas las virtudes infusas y de los siete dones del Espíritu Santo.

La definición dogmática

La definición del dogma de la Inmaculada Concepción por Pío IX, el 8 de diciembre de 1854, dice así: "Nos declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que afirma que la beatísima Virgen María, en el primer instante de su concep­ción, fue preservada, por singular privilegio de Dios y en virtud de los méritos de Jesucristo, de toda mancha de pecado original, es doctrina revelada por Dios, y por tanto han de creerla firme y constantemente todos los fieles (Denzinger, Nº 1641) .
Esta definición contiene, principalmente, tres puntos importantes:

1 º Se afirma que la bienaventurada Virgen María ha sido preservada de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción, es decir, de su concepción pasiva y consumada, cuando su alma fue creada y unida al cuerpo, pues que sólo entonces existe persona humana, y la definición se refiere a este privilegio otorgado a la persona misma de María. Se dice que es un privilegio especial, y una gracia particularí­sima, efecto de la omnipotencia divina.
¿Qué debemos entender, conforme al sentir de la Iglesia, por el pecado original del que María fue preservada? La Iglesia no ha definido en qué consiste la naturaleza íntima del pecado original, pero nos lo ha dado a conocer por sus efectos: enemistad o maldición divina, mancha del alma, estado de injus­ticia o de muerte espiritual, esclavitud bajo el dominio del demonio, sujeción a la ley de la concupiscencia, de los sufrimientos y de la muerte corporal, considerada como una pena del común pecado.(1) Estos efectos suponen la privación de la gracia santificante que había recibido Adán con la plenitud e integridad de naturaleza para él y para nosotros, y que per­dió para sí y para nosotros (2) Hay que decir, pues, que María no pudo ser preservada de toda mancha del pecado original, desde el instante de su con­cepción, más que habiendo recibido la gracia santificante, es decir, el estado de justicia y santidad, efecto de la amistad divina, en oposición a la maldición divina, y que por consi­guiente fue sustraída de la esclavitud del dominio del demonio, de la sujeción a la ley de la concupiscencia, y hasta de los sufrimientos y de la muerte considerados como pena del pecado de naturaleza (3), aunque en María, como en nuestro Señor, el sufrimiento y la muerte hayan sido consecuencias de nuestra naturaleza (in carne passibili) y que hayan sido ofre­cidos por nuestra salvación.

2 º Se afirma en esta definición que María fue preservada del pecado original, en virtud de los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, como ya lo había declarado en 1661 Alejandro VII (Denz., 1100). No se puede, pues, admitir, como lo sostenían algunos teólogos en el siglo XIII, que María es inmaculada en el sentido de que no necesitó la redención, y que su primera gracia es independiente de los méritos futuros de su Hijo.
Según la bula Ineffabilis Deus, María fue rescatada por los méritos de su Hijo y del modo más perfecto, por una redención, no sólo liberadora del pecado original ya contraído, sino por una redención preservadora. Aun en el orden humano, el que nos preserva de un golpe mortal es nuestro salvador, más ampliamente y mejor, que el que nos cura sólo de las heridas causadas por el golpe.
Con la idea de redención preservadora se relaciona esto: que María, hija de Adán, descendiente suya por vía de generación natural, debía incurrir en la mancha hereditaria, y hubiese incurrido de hecho en ella, si Dios no hubiese decidido desde toda la eternidad otorgarle este privilegio singular de la pre­servación en virtud de los méritos futuros de su Hijo.
Este punto de doctrina se afirmaba ya en la oración propia de la fiesta de la Inmaculada Concepción, aprobada por Sixto IV (1476) y en la que se dice: “Ex morte eiusdem Filii tui praevisa, eam (Mariam) ab omni labe praeservasti.” La Santísima Virgen fue preservada del pecado original por la futura muerte de su Hijo; es decir, por los méritos de Jesús, muriendo por nosotros en la Cruz.
Se ve, desde luego, que esta inmunidad de María difiere bastante de la del Salvador, pues Jesús no fue rescatado en lo mínimo, por los méritos de nadie, ni por los suyos; fue preservado del pecado original y de todo pecado por doble mo­tivo: primero, por su unión hipostática o personal de su humanidad al Verbo, en el mismo instante en que su alma santa fue creada, pues ningún pecado, sea original o actual y personal puede atribuirse al Verbo hecho carne; segundo, por su concepción virginal, realizada por obra del Espíritu Santo, Jesús no desciende de Adán por vía de generación natural.(4) Esto es propio y privativo suyo.

3 º La definición del dogma de la Inmaculada Concepción nos propone esta doctrina como revelada, y contenida, por lo tanto, al menos implícitamente, en el depósito de la revelación, es decir, en la Sagrada Escritura o en la Tradición, o en las dos fuentes.


El testimonio de la Escritura

La bula Ineffabilis Deus, cita dos textos de la Escritura: Gén., III, 15 y Luc., I, 28, 42.
En el Génesis este privilegio es revelado implícitamente o confusamente y como en germen en estas palabras de Dios dirigidas a la serpiente, figura del demonio (Gén., III, 15) : Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu posteridad y su posteridad; ella te aplastará la cabeza y tú atentarás contra su calcañar. Esta, es decir, la posteridad de la mujer, pues en el texto hebreo, el pronombre es masculino y designa a los des­cendientes de la mujer y lo mismo en los Setenta y en la versión siriaca. La Vulgata pone ipsa que se refiere a la mujer. El sentido, por lo demás, es casi el mismo, pues la mujer será asociada a la victoria del que representará eminentemente a su posteridad en la lucha contra el demonio en el transcurso de los siglos.
Estas palabras por sí solas no bastan para probar con certeza que el privilegio de la Inmaculada Concepción es revelado, pero los SS. Padres, en su paralelo entre Eva y María, han visto en él una alusión a esta gracia, y por esto cita Pío IX esta promesa.
Un exegeta naturalista no verá en estas palabras más que una expresión de la repulsión instintiva que el hombre experi­menta a la vista de la serpiente. Pero la tradición judía y cris­tiana ven en ella mucho más. La tradición cristiana ha visto en esta promesa, que ha sido llamada el protoevangelio, el pri­mer rasgo que sirve para designar al Mesías y su triunfo sobre el espíritu del mal. Jesús representa, en efecto, eminentemente a la posteridad de la mujer, en lucha con la descendencia de la serpiente. Pero si Jesús es llamado así, no es en razón del lazo común y lejano que le une con Eva, pues ésta sólo ha podido transmitir a sus descendientes una naturaleza decadente, herida, privada de la vida divina, sino más bien en razón del lazo que le une a María, en cuyo seno tomó una humanidad sin mancha. Como lo dice el P. X. - M. Le Bachelet, art. cit., col. 1118: "No se encuentra en la maternidad de Eva el prin­cipio de esta enemistad que Dios pondrá entre la raza de la mujer y la descendencia de la serpiente, pues Eva, lo mismo que Adán, cayó víctima de la serpiente. El principio de esta enemistad sólo se encuentra en María, madre del Redentor. En este protoevangelio, la personalidad de María, aunque todavía velada, está presente, y la lección de la Vulgata, ipsa, expresa una consecuencia, que se deduce realmente del texto sagrado, porque la victoria del Redentor es una victoria moral, pero real de su Madre."
La antigüedad cristiana no cesa de oponer Eva, que parti­cipa del pecado de Adán al seguir la sugestión de la serpiente, con María, que participa en la obra redentora de Cristo al dar crédito a las palabras del ángel en el día de la Anunciación (5).
En la promesa del Génesis se anuncia una victoria completa sobre el demonio: ella aplastará tu cabeza, y por lo tanto, sobre el pecado que reduce al alma a la esclavitud del demonio. Desde luego, como lo dice Pío IX en la bula Ineffabilis Deus, esta victoria sobre el demonio no sería decisiva si María no hubiese sido preservada de pecado original por los méritos de su Hijo: De ipso (serpente) plenissime triumphans, illius caput immaculato pede (Maria) contrivit.
El anuncio de este privilegio está contenido en la promesa del Génesis, coma la carrasca está contenida en el germen con-tenido en la bellota; si no hubiésemos visto nunca la carrasca, no hubiésemos conocido el valor de este germen, ni para qué estaba propiamente preparado; pero una vez que conocemos la encina, vemos que este germen estaba dispuesto para producirla y no para que saliese un olmo o un álamo. Esta es la ley de la evolución que también se verifica en el orden progresivo de la revelación divina.
La bula Ineffabilis Deus, cita también las palabras de salu­tación del ángel a María (Luc., I, 28): Dios te salve, llena eres (estás) de gracia, bendita tú eres entre todas las mujeres, y las palabras dichas por Santa Isabel por revelación divina (Luc., I, 42). No dice Pío IX que estas palabras basten para probar por sí solas que el privilegio de la Inmaculada Concepción haya sido revelado; para que sean eficaces hay que unir a ellas la tradición exegética de los Padres.
Esta tradición se hace explícita con S. Efrén Sirio (6) y en los Padres griegos de los tiempos posteriores del Concilio de Efeso (431), en particular en los obispos adversarios de Nes­torio: S. Proclo, uno de los sucesores de S. Juan Crisóstomo en la silla de Constantinopla (434-446) y Teodoto, obispo de Ancira (430-439), y luego en S. Sofronio, patriarca de Jerusalén (634-38), Andrés de Creta (t 740), S. Juan Da ­ masceno, muerto a mitad del siglo VIII, cuyos testimonios son aducidos muy por extenso por el P. Le Bachelet, Dict. Apol., art. Marie, col. 223-231.
A la luz de esta tradición exegética las palabras del ángel a María: Dios te salve, llena de gracia, o completamente agra­dable a Dios y amada por El, no están limitadas en el tiempo, de manera que excluyan algún período inicial de la vida de María; al contrario, la Santísima Virgen no hubiese recibido esta plenitud de gracia si su alma hubiese estado ni un instante en el estado de muerte espiritual, coma consecuencia del pecado original, si hubiese estado privada un momento de la gracia, aparrada de Dios, hija de ira, en una servidumbre bajo el poder del demonio. S. Proclo dice que fué "formada de un barro puro" (7). Teodoto de Ancira dice que "el Hijo del Altísimo nació de la Excelsa" (8). S. Juan Damasceno escribe que María es la hija santísima de Joaquín y Ana y que "escapó de los dardos inflamados del maligno" (9), que es un nuevo paraíso "en donde la serpiente no tiene entrada furtiva" (10), que está exenta de la deuda de la muerte, una de las conse­cuencias del pecado original (11) y debió estar exenta, por lo tanto, de la común ruina.
Si María hubiese contraído el pecado original, la plenitud de gracia hubiese estado restringida, en el sentido de que no hu­biese abarcado toda su vida. La Iglesia, interpretando las palabras de la salutación angélica a la luz de la Tradición y con la asistencia del Espíritu Santo, vio en ellas, implícitamente revelado, el privilegio de la Inmaculada Concepción, no como el efecto en la causa que puede existir sin él, sino como una parte en el todo y la parte está actualmente, en el todo, anunciada implícitamente al menos esta verdad. S. Justino (12), S. Ireneo (13), Tertuliano (14), contraponen a Eva, causa de la muerte, y a María, causa de la vida y de la salvación. Esta antítesis es constantemente re­novada por los Padres (15) y se encuentra en los documentos más solemnes del magisterio supremo, en particular en la bula Ineffabilis Deus. Esta antítesis nos la presentan como perfecta, sin ninguna restricción y para que lo sea, es necesario que María haya sido superior a Eva en todo momento, y por lo tanto no haya sido inferior a ella en el primer instante de su vida. Los SS. Padres dicen frecuentemente de María que fue inmaculada, que fue siempre bendecida por Dios por respeto de su Hijo, que es intemerata, intacta, impolluta, intaminata, illibata, sin mancha alguna.
S. Efrén al comparar Eva y María dice: "Ambas son en su origen inocentes y puras, pero pronto Eva se convierte en causa de la muerte, y María, de la vida" (16). Dirigiéndose al Señor, dice también: "Vos, Señor, y vuestra santa Madre sois los únicos perfectamente hermosos bajo todos los conceptos. En vos no hay ninguna falta, y en vuestra Madre, ninguna mancha. Los demás hijos de Dios no se acercan, ni con mucho, a esta hermosura" (17)
S. Ambrosio dice, igualmente, de María, que está exenta de toda mancha del pecado " per gratiam ab omni integra labe peccati" (18), y S. Agustín nos dice que "el honor de Cristo no permite ni promover siquiera la cuestión del pecado, res­pecto a la Santísima Virgen María" (19) mientras que si se les pregunta a los santos: ",Estáis sin pecado?" , todos nos responderán con el Apóstol S. Juan (I Joan., t, 8) : "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no hay verdad en nosotros." Otros dos textos de S. Agustín parecen indicar que la afirmación referente a la exención de María de todo pecado se refiere y se puede extender a la inmaculada Concepción (20). Se encontrarán otros muchos textos y testimonios de los SS. Padres en las obras de Passaglia (21), Palmieri (22) y Le Bachelet (23).
Hay que agregar que, desde los siglos VII y VIII, se celebraba en la Iglesia, sobre todo en la griega, la fiesta de la Concepción de la Bienaventurada Virgen María; en Sicilia en el siglo IX, en Irlanda en el x, y en él en casi toda Europa.
El Concilio de Letrán del 649 (Denz., 256) llama a María "inmaculada". En 1476 y 1483, Sixto IV habla en favor del privilegio a propósito de la fiesta de la Concepción de María (Denz., 734). El Concilio de Trento (Denz., 792) declara, al hablar del pecado original que alcanza a todos los hombres, que no es su intención, incluir en él a la inmaculada Virgen María. En 1567 es condenado Bayo por haber enseñada lo contrario (Denz., 1073). En 1661, Alejandro VII afirma este privilegio, al decir que casi todas las iglesias de la cristiandad lo admiten aunque no haya sido definido todavía (Dent., 1100). Y finalmente, el 8 de diciembre de 1854, se promulga la definición solemne (Denz., 1641).
Es necesario reconocer que en los siglos XII y XIII, grandes
doctores, como S. Bernardo (24), S. Anselmo (25), Pedro Lombardo (26), Hugo de S. Víctor (27), S. Alberto Magno (28), S. Buenaventura (29), Santo Tomás (30), fueron poco favorables al privilegio porque no habían considerado el instante mismo de la animación o de la creación del alma de María, y no distinguieron con precisión, con la idea de redención pres ervadora, que María, que debía incurrir en la mancha hereditaria, no incurrió de hecho. No han distinguido entre "debebat contrahere" y " contraxit peccatum". Veremos después, sin embargo, que existen en la vida de Santo Tomás tres períodos distintos sobre este punto, y que si en el segundo no afirma el privilegio y hasta parece que lo niega, en el primero lo afirma y también, según parece, en el último.

Razones teológicas del privilegio de la Inmaculada Concepción

La principal razón de conveniencia de este privilegio es el desarrollo de la que aduce Santo Tomás para demostrar la conveniencia de la santificación de María en el seno de su ma­dre antes de su nacimiento (IIIª, q. 27, a. 1): "Hay que creer razonablemente que la que debía engendrar al Hijo único de Dios, lleno de gracia y de verdad, ha recibido más que persona alguna los privilegios mayores de la gracia. Si Jeremías y S. Juan Bautista han sido santificados antes de su nacimiento, habrá que creer razonablemente que lo mismo sucedió con María." Santo Tomás dice también, ibíd., a. 5: "Cuanto más cerca está uno de la fuente de las gracias, más se recibe de ella y María ha sido la que más cerca ha estado del principio de la gracia que es Cristo" (31).
Pero es necesario desarrollar esta razón de conveniencia para llegar hasta el privilegio de que estamos hablando.
Fue una gloria de Scoto (y los tomistas deben tributarle el honor de reconocer que su adversario vio claro en este punto) el haber puesto en claro la gran conveniencia de este privilegio respondiendo a esta dificultad propuesta por muchísimos teó­logos y por Santo Tomás: Cristo es el Redentor universal de todos los hombres sin excepción (Rom., III, 23; v, 12, 19; Gil., III, 22; II Cor., v, 14; I Tim., II, 16). Ahora bien, si María no contrajo el pecado original, no fue redimida por Cristo, no fue, pues, rescatada por Él.
Duns Scoto (32) responde a esta dificultad con la idea de la redención no libertadora, sino preservadora; hace ver toda la conveniencia, y por lo menos en ciertos lugares, sin aludir a su opinión especial sobre el motivo de la Encarnación, de tal manera que esta importantísima razón de conveniencia se puede admitir independientemente de esta opinión.
Esta razón es la siguiente: Conviene que el perfecto Reden­tor ejerza una redención soberana, por lo menos con respecto a la persona de María que debe asociársele más íntimamente que ninguna otra en la obra de la redención de la humanidad. Ahora bien, la redención suprema no es la liberación del peca-do ya contraído, sino la preservadora de toda mancha; de la misma manera que el que libra a alguno de un golpe mortal, es más salvador todavía que si le curara las heridas producidas por el golpe. Es, pues, conveniente en sumo grado que el per­fecto Redentor haya preservado, por sus méritos, a su Ma­dre de todo pecado original y también de toda falta actual. El argumento había sido esbozado anteriormente por Eadmero (33) y tiene evidentemente raíces profundas en la Tra­dición.
Esta razón de conveniencia está, en cierta manera, indicada en la bula Ineffabilis Deus, con algunas otras más. Se dice en ella que el honor, lo mismo que el deshonor de los padres repercute en sus hijos y no convenía que el perfecto Redentor hubiese tenido una Madre concebida en el pecado.
Además, como el Verbo procede eternamente de un Padre santo por excelencia, convenía que en la tierra naciese de una Madre a la que jamás hubiese faltado el resplandor de la santidad.
En fin, para que María pudiese reparar la caída de Eva, vencer las artimañas del demonio y darnos a todos, con Cristo, por El y en Él, la vida sobrenatural, convenía que ella misma no hubiese estado jamás en el estado humillante de la esclavi­tud del pecado y del demonio.
Si se objetase que sólo Cristo es inmaculado, es fácil responder: Sólo Cristo lo es por sí mismo, y por el doble título de la unión hipostática y de su concepción virginal; María lo es por los méritos de su Hijo.

Las consecuencias del privilegio de la Inmaculada Concepción pueden desarrollarse tal como lo hacen los grandes escri­tores místicos. María ha sido preservada de las consecuencias deshonrosas y desastrosas del pecado original, que son la con­cupiscencia y la inclinación al error.
Hay que reconocer, después de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, que el foco de la concupiscencia no sólo estuvo dominado en María desde el seno de su madre, sino que no existió en ella jamás. Ningún movimiento de su sensibilidad podía ser desordenado y prevenir su juicio y su consentimiento. Existió siempre en ella la subordinación per­fecta de la sensibilidad a la inteligencia y a la voluntad, y de la voluntad a Dios, como en el estado de inocencia. Y por esto María es la virgen de las vírgenes, purísima, "inviolata, inte­merata", torre de marfil, el espejo purísimo de Dios.
María, igualmente, no estuvo jamás sujeta al error, a la ilu­sión; su juicio fué siempre claro y recto. Si no tenía luz sufi­ciente sobre alguna cosa, suspendía el juicio y evitaba la preci­pitación que es la causa del error. Es, como lo dicen las letanías, Sede de la Sabiduría, la Madre del Buen Consejo. Todos los teólogos reconocen que la naturaleza le hablaba del Creador más profundamente que a los mayores poetas, y que tuvo, ya en este mundo, un conocimiento profundo y sencilla-mente superior de lo que dicen las Escrituras acerca del Mesías, de la Encarnación y de la Redención. Estuvo, pues, exenta por completo, de la concupiscencia y del error.
Pero ¿por qué el privilegio de la Inmaculada Concepción no sustrajo a María del dolor y de la muerte, consecuencias del pecado original?
El dolor y la muerte de María, en verdad, lo mismo que en Jesucristo, no fueron como en nosotros, consecuencias del pecado original que no los había ajado ni manchado. Fueron consecuencias de la naturaleza humana, que de por sí, como la naturaleza del animal, está sujeta a los dolores y a la muerte corporal. Sólo por privilegio especial estaba exento de los dolores y de la muerte, Adán, si hubiese conservado la ino­cencia.
Jesús, para ser nuestro Redentor con su muerte sobre la cruz, fue virginalmente concebido en carne mortal, in carne passibili, y aceptó voluntariamente los sufrimientos y la muerte por nuestra salvación. María, a su ejemplo, aceptó volunta­riamente el dolor y la muerte para unirse al sacrificio de su Hijo para expiar en unión de Él y por nosotros y para res-catarnos.
Y, cosa sorprendente y admiración de las almas contempla­tivas, el privilegio de la Inmaculada Concepción y la plenitud de gracia, lejos de sustraer a María al dolor, aumentaron enormemente en ella la capacidad de sufrir por las consecuen­cias del mayor de los males, el pecado. Precisamente porque era absolutamente pura, porque su corazón estaba abrasado por la caridad divina, María sufrió excepcionalmente los mayores tormentos, de los que nuestra ligereza nos libra. Sufrimos por lo que hiere nuestra susceptibilidad, nuestro amor propio, nues­tro orgullo. María sufrió por el pecado, en la misma medida de su amor para con Dios a quien el pecado ofende, en la me­dida de su amor por su Hijo al que crucificó el pecado, en la medida de su amor por nuestras almas, a las que destruye y mata el pecado. El privilegio de la Inmaculada Concepción, lejos de sustraer del dolor a María, aumentó tanto sus sufri­mientos y la dispuso tan bien para soportarlos que no desper­dició el mínimo y los ofreció con los de su Hijo por nuestra salvación.

Pensamiento de Santo Tomás sobre la Inmaculada Concepción

Se puede, según parece, y como lo han indicado algunos comentaristas, distinguir sobre este punto, tres períodos en el pensamiento de Santo Tomás.
En el primero, al principio de su carrera teológica (1253-54), afirma el privilegio, por el motivo, probablemente, de la tradición clara y manifiesta de la fiesta de la Concepción celebrada en muchas Iglesias y por el piadoso fervor de su admiración por la santidad perfecta de la Madre de Dios. Escribió enton­ces (I Sent., d. 44, q. 1, a. 3, ad 3): "Puritas intenditur per recessum a contrario quod nihil purius esse potest in rebus creatis, si nulla contagione peccati inquinatum sit; et talis fuit puritas beatae Virginis, quae a peccato originali et actuali inmu­nis fuit." Según este texto, la pureza de la bienaventurada Virgen fue tal que quedó exenta del pecado original y actual.
En el segundo periodo, al ver mejor las dificultades del problema, Santo Tomás duda y no se decide y pronuncia, pues los teólogos de su tiempo sostienen que María es inmaculada independientemente de los méritos de Cristo. Rehúye admitir esta posición por el dogma de la redención universal que, sin excepción, proviene del Salvador (Rom., III, 23; v, 12, 19; Gil., III, 22, II Cor., v, 14; I Tim., u, 6). Entonces fue cuando en la III ª , q. 27, a. 2, planteó así la cuestión: ¿Fue santificada la bienaventurada Virgen, antes de la animación, en la concep­ción de su cuerpo? Pues según él y otros muchos teólogos, la concepción (inicial) del cuerpo se distingue de la animación o creación del alma, posterior en mes poco más o menos, y que hoy se llama concepción pasiva consumada.
El santo doctor da, al principio de este articulo, cuatro argu­mentos en favor de la concepción inmaculada, aun anterior, cronológicamente, a la animación. Después responde: "La san­tificación de la bienaventurada Virgen no se concibe antes de la animación: 1 º, porque esta santificación debe purificarla del pecado original, el cual no puede ser borrado más que por la gracia, que tiene por sujeto al alma misma; 2°, si la Virgen María hubiese sido santificada antes de la animación, no hu­biese incurrido jamás en la mancha del pecado original y no hubiese tenido necesidad de ser rescatada por Cristo... Y esto es un inconveniente porque Cristo es el Salvador de todos los hombres" (I Tim., II, 6. — Ítem ad 2).
Aun después de la definición dogmática de 1854 es verdad afirmar que María no fue santificada antes de la animación; pero añade Santo Tomás, al fin del cuerpo del artículo: "Unde relinquitur, quod sanctificatio B. Virginis fuerit post ejus animationem." Sólo queda, según él, que haya sido santificada después de la animación. No distingue, como lo ha hecho mu chas veces en otras partes, la posteridad de naturaleza, que puede y se debe admitir todavía hoy, de la posterioridad de tiempo, que es contraria al privilegio de la Inmaculada Con­cepción. E igualmente, ad 2, dice Santo Tomás de la Virgen María: " Contraxit originale peccatum " (34).
Todo su argumento tiende a demostrar que Mara, siendo descendiente de Adán por generación natural, debía incurrir en la mancha original. Pero no distingue bastante, este debitum incurrendi del hecho de incurrir en esta falta.
En cuanto a la cuestión de saber en qué momenta exacto fue santificada la Virgen María en el seno de su madre, no se pronuncia. Declara que la santificación siguió inmediatamente a la animación, cito post, dice en los Quodlibetos w, a. 7; pero el momento se ignora, " quo tempore sanctificata fuerit, ignoratur " (IIIª, q. 27, a. 2, ad 3) .
En la Suma, Santo Tomás no examina la cuestión: María ha sido santificada, en el mismo instante de la animación. S. Buenaventura había planteado también el problema y lo había resuelto negativamente. Santo Tomás no se pronuncia claramente; se inspira probablemente en esto, en la actitud reservada de la Iglesia Romana que no celebraba la fiesta de la Concepción, celebrada en otras iglesias (cf. ibídem, ad 3). Esta es, por lo menos, la interpretación del P. Norb. del Prado, O. P., Santo Tomás y la Inmaculada Concepción, Ver­gara, 1909; del P. Mandonnet, O. P., Dict. de theol. cath., art. Frères Prêcheurs, col. 899, y del P. Hugon, Tractatus dogma­tici, t. II, 5ª edic., 1927, p. 749. Según estos autores, la opinión de Santo Tomás, aun en este período de su carrera profesional, sería la expresada mucho tiempo después por Gre­gorio XV en sus cartas de 4 de julio de 1622: " Spiritus Sanctus nondum tanti mysterii arcanum Ecclesiae sum patefecit."
Los principios aducidos por Santo Tomás no concluyen del todo contra el privilegio, y subsisten perfectamente si se admite la redención preservadora.
Se objeta, sin embargo, un texto difícil que se encuentra in III Sent., dist. III, q. 1, a. 1, ad 2ª q: " Sed nec etiam in ipso instanti infusionis (animae), ut scil. per gratiam tune sibiinfusam conservaretur ne culpam originalem incurreret. Christus enim hoc singulariter in humano genere habet, ut redemptionem non egeat "El P. del Prado y el P. Hugón, loc. citat., responden: "El sentido puede ser: la Santísima Virgen no estuvo preservada en el sentido de que no debía incurrir en la mancha original, pues no hubiese tenido necesidad de redención." Se echa de menos, evidentemente, la distinción explícita entre el debitum incurrendi y el hecho de incurrir en la mancha original.
En el último período de su carrera, en 1272 6 1273, Santo Tomás, al escribir la Expositio super salutationem angelicam, ciertamente auténtica (35) dice: Ipsa enim (beata Virgo) puris­sima fuit et quantum ad culpam, quia nec originale, nec mortale, nec veniale peccatum incurrit.
Cf. J. F. Rossi, C. M., S. Thomae Aquinatis Expositio salutatione angelicae, Introductio et textus. Divus Thomas (Pl.), 1931, pp. 445-479. Separata, Piacenza, Collegio Alberoni, 1931 (Monografía del Colegio Alberoni) in 8. En esta edición crítica del Comentario del Ave María, se demuestra, pp. 11-15, que el pasaje relativo a la Inmaculada Concepción se encuentra en 16 de los 19 manuscritos consultados por el editor, que se decide por su autenticidad, y pone en el apéndice fotografías de los principales manuscritos. (36)
Sería de desear que se hiciese para cada uno de los prin­cipales opúsculos de Santo Tomás un estudio tan concienzudo (37).
Este texto, a pesar de las objeciones hechas por el P. P. Synave (38) parece que es muy auténtico. Si así fuera, Santo Tomás, al fin de su vida, después de madura reflexión habría vuelto a la afirmación del privilegio que había sostenido primeramente en el I Sent., dist. 44, q. 1, a. 3, ad 3, guiado sin duda de la piedad hacia la Madre de Dios. Se pueden notar también otros indicios de este retorno a su primera manera de pensar. (39)
Esta evolución, por lo demás, no es rara en los grandes teó­logos, que afirman, llevados de la Tradición, primero un punto de doctrina sin ver todavía todas las dificultades; se vuelven luego más reservados y finalmente la reflexión los conduce al punto de partida, al darse cuenta de que los dones de Dios son más ricos de lo que nos parece, y que no hay que limitarlos sin justas razones. Como lo hemos visto, los argumentos invo­cados por Santo Tomás no concluyen contra el privilegio y hasta nos conducen a él cuando se tiene la idea explícita de la redención preservadora.
Recientemente, el P. J. M. Vosté, O. P., Commentarius in III am P. Summae theol. S. Thomae (in q. 27, a. 2), 2 edición, Roma, 1940, acepta la interpretación de J. Rossi y sostiene él también que Santo Tomás, al fin de su vida, llegó, después de reflexionar, a la afirmación del privilegio que había soste­nido en el principio de su carrera teológica. Por lo menos, es seriamente probable que así fué.
Reginald Garrigou-Lagrange, O.P.Tomado de “La Madre del Salvador y nuestra vida interior”Ediciones Desclée, de Brouwer, Buenos Aires, 1947.


Notas:
(1) Cf. Segundo Concilio de Orange, DENZ., 174-175. —Concilio de Trento, DENZ., 788-9.
(2) Concilio de Trento, DENZ., 789: " Si quis Adae praevaricationem sibi soli et non ejus propagini asserit nocuisse, acceptam a Deo sanctitatem et justitiam, quam perdidit, sibi soli et non nobis eum perdidisse; aut inquinatum illum per inobedientia: peccatum mortem et pcenas corporis tantum in omne genus humanum transfudisse, non autem peccatum quod est mors anima; A. S." El pecado es la muerte del alma, por la privación de la gracia santificante, que es la vida sobrenatural del alma y el germen de la vida eterna.
(3) Este aspecto de la definición dogmática está muy bien explicado por el P. X. - M. LE BACHELET, S. J., en el Dictionnaire apolo­gétique, art. Marie, sección Immaculée Conception, t. III, col. 220 ss.
(4) Según las palabras de S. AGUSTÍN, De Genesi ad litteram, lib. X, c. 19 y 20, Cristo fué en Adán "non secundum seminalem rationem", sino sólo "secundum copulatam substantiam".
(5) Sobre la interpretación de esta profecía del Génesis, cf. TERRIEN, La Madre de Dios y de los hombres, Editorial Poblet, Buenos Aires, 1945, t. II. La antítesis entre Eva y María es expuesta por S. Justino, S. Ireneo, S. Cirilo de Jerusalén, S. Efrén, S. Epifanio, S. Ambrosio, S. Jerónimo, S. Agustín, S. Juan Crisóstomo, etc. Cf. Dict. Apol., art. citado, col. 119.
(6) Cf. Dict. de Théol., art. Ephrem, col. 192.
(7) Orat. VI, 2; P. G., LXV, 733; cf. 751 s., 756.
(8) Horn. VI, in sanctam Mariam Dei genitricem, 11-12; P. G., LXXVII, 1426 ss.
(9) Horn. I in Nat., 7; P. G., XCVI, 672.
(10) Horn. II in dormit., 2, col. 725.
(11) Horn. II in dormit., 3, col. 728.
(12) Dial. cum Tryphone, 100; P. G., VI, 709 ss.
(13) Adv. Haereses, III, XXIl, 3, 4; P. G., VII, 858 ss., 1175.
(14) De carne Christi, XVII; P. L., II, 782.
(15) Por ejemplo S. Cirilo de Jerusalén, S. Efrén, S. Epifanio, S. Ambrosio, S. Jerónimo, S. Agustín, S. Juan Crisóstomo, etc.
(16) Oper. Syriaca, edic. Roma, t. II, p. 327.
(17) Cf. G. BICKELL, Carmina Nisibena, Leipzig, 1866, pp. 28-29. G. Bickell deduce de este y otros pasajes que S. Efrén es un testigo del dogma de la Inmaculada Concepción.
(18) In Psal. CXVIII, 22, 30; P. L., XV, 1521.
(19) De natura et gratia, XXXVI, 42; P. L., XLIV, 267.
(20) Contra Julianum pelagianum, V, XV, 57; P. L., XLIV, 815; Opus imperfectum contra Julianum, IV, CXXII; P. L., XLV, 1418.
(21) De immaculato Deiparae conceptu.
(22) Thesis 88.
(23) Dict. Apol., art. Marie, Immac. Concep., col. 210-275.
(24) Epist. ad canonicos Lugdunenses.
(25) De conceptione virginali.
(26) In III Sent., dist. 3.
(27) Super Missus est.
(28) Item Super Missus est.
(29) In III Sent., dist. 3, q. 27.
(30) III, q. 27, a. 1 y 2.
(31) III, q. 27, a. 5. SANTO Tomás da también ibid., a. 3, 4, 5, 6, los argumentos de conveniencia a propósito de la primera santificación y que están aducidos en la bula Incafabilis Deus, para la Inmaculada Concepción, en particular (a. 4), que María, predestinada para ser Madre del Salvador, debía ser digna de El, porque el honor de los padres y también su deshonra se refleja sobre sus descendientes, y porque tenía una "afinidad singular" con el Hijo de Dios hecho carne, concebido por ella, que en ella moró y al que dió a luz.
(32) In III Sent., disp. III, q. 1 (ed. Quaracchi) y edit. Vives, XIV, 159; y Reportata, lib. III, dist. III, q. 1, edic. Vives, XXIII, 261.
(33)Tractatus de Conceptione sancta. Maria; P. L., CLIX, 301, 318. Eadmero, discípulo de S. Anselmo, comenzaba así, en el siglo XIII, la síntesis de los elementos de la Tradición Griega.
(34) Fundados en estos textos, muchos intérpretes han dicho que Santo Tomás negaba el privilegio y así piensa el P. LE BACHELET, Diet. Théol., art. Immaculée Conception, col. 1050-1054.
(35) S. Thomae Aq. opuscula omnia, edic. Mandonnet, París, 192 7 , t. I, introd., pp. XIX-XXII.
(36) El Bulletin Thomiste de julio-diciembre 1932, p. 564, dice: “Este excelente trabajo, probo y serio, será bien acogido ... por la paciente elaboración del texto parece excelente bajo todos los con­ceptos.”
(37) Se ha objetado, no obstante (Bulletin Thomiste, julio-diciem­bre 1932, p. 579): en el mismo opúsculo se dice, un poco más arriba: "Ipsa (Virgo) omne peccatum vitavit magis quam alius sanctus, praeter Christum. Peccatum autem aut est originate et de isto fuit mundata in utero; aut mortale aut veniale et de istis libera fuit. Sed Christus excellit B. Virginem in hoc quod sine originali conceptus et natus fuit. Beata autem Virgo in originali concepta, sed non nata."Existe contradicción entre este texto y el que aparece bien auténtico, unas líneas más abajo. Es inverosímil que a pocas líneas de distancia se encuentren el sí y el no. La dificultad desaparece si se tiene en cuenta que para Santo Tomás la concepción de cuerpo, en el principio de la evolución del embrión, precede, por lo menos en un mes, a la animación, que es la concepción pasiva consumada, antes de la cual no existe la persona, pues todavía no existe el alma racional.
(38) Bulletin Thomiste, julio-diciembre 1932, p. 579.
(39) En particular en el Compendium theologiae, redactado en Nápoles en 1272-73 e interrumpido por la muerte, Santo Tomás escribió, cap. 224: " Non solum a peccato actuali immunis fuit (B. M. Virgo), sed etiam ab originali, speciali privilegio mundata... Est ergo tenen­dum quod cum peccato originali concepta fuit, sed ab eo, quodam speciali modo, purgata fuit.


sábado 6 de diciembre de 2008

Muere el patriarca de todas las Rusias Alexis II. El proceso de sucesión



Los funerales del patriarca de Moscú y de todas las Rusias, Alexis II, fallecido el viernes a los 79 años de edad, tendrá lugar probablemente el martes, anunció el portavoz del patriarcado a la AFP.
"Si el Sínodo confirma, tendrá lugar el martes. El Santo Sínodo confirmará muy probablemente (esa fecha)", declaró Vladimir Viguilianski, que dijo que los funerales se celebrará en la catedral del Cristo Salvador de Moscú.
El Sínodo en Peredelkino, donde muró Alexis II, cerca de Moscú y decidirá la fecha de los funerales.


El proceso de elección según la ley de la Iglesia Ortodoxa Rusa


La Iglesia Ortodoxa rusa debe elegir a un nuevo líder dentro de seis meses de la muerte del Patriarca Alexis II, ocurrida el viernes según el derecho propio de la Iglesia ortodoxa rusa.
A continuación, extractos de los estatutos de la Iglesia Ortodoxa, y algunos datos sobre cómo los patriarcas son seleccionados y el procedimiento para hacerlo.
El Santo Sínodo o el cuerpo gobernante de la Iglesia Ortodoxa rusa debe convenir inmediatamente y elegir a un patriarca Locum Tenens o un patriarca interino de entre sus seis miembros permanentes y sus seis miembros invitados.
Será presidida por el más antiguo de sus metropolitanos u obispos de alto rango, el metropolitano Vladimir de San Petersburgo y Ladoga.
Funcionarios eclesiásticos dicen que el metropolitano de Krutitsy y Kolomna, Juvenali, bien podría convertirse en el patriarca Locum Tenens cuando el Santo Sínodo se reúna el sábado. Este grupo también decidirá sobre la ceremonia del funeral para Alexis.
El patriarca Locum Tenens tiene los mismos derechos que el patriarca, excepto por el derecho de otorgar títulos y condecoraciones a obispos.
El Santo Sínodo y el patriarca Locum Tenens deben entonces convocar a un sínodo de arzobispos. Este cuerpo, integrado por alrededor de 200 miembros, convocará a un sínodo más grande de todos los obispos de alto rango de la Iglesia Ortodoxa en todo el mundo y elegirán a un nuevo patriarca dentro de seis meses de la muerte de Alexis II.
El gran sínodo elige al patriarca a puertas cerradas.
Sólo los arzobispos de más de 40 años pueden ser candidatos.
fuente: Ecclesia Digital

viernes 5 de diciembre de 2008

Solo un rumor... pero como me gustaría que fuera realidad


El bien conocido rumor de un anticipado retiro del Cardenal Levada como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se menciona nuevamente como posible; su substituto podría ser bien el Cardenal Arzobispo de Viena, o el Cardenal Grocholewsky (actual Prefecto de La Congregación para la Educación Católica), o Monseñor Héctor Aguer, de La Plata, Argentina – criticado, de manera previsible por Golias fr, pero considerado por muchos como una rara luz que brilla en el episcopado latinoamericano.


Lo del cardenal Arzobispo de Viena, quizá sea necesario antes que nada un cursito de ligurgia, aunque sea express.



Mais la rumeur qui court de plus en plus est celle du remplacement anticipé du cardinal américain William Levada à la tête de la congrégation pour la doctrine de la foi, en raison de ses discussions avec le pape (voir Golias hebdo à ce sujet) mais aussi de graves problèmes de santé (Mgr Levada se trouve actuellement aux Etats-Unis, en clinique, pour une intervention chirurgicale importante). Il serait remplacé à ce poste capital par le cardinal autrichien Christoph Schönborn, archevêque de Vienne. D’autres hypothèses demeurent pourtant possibles : ainsi, celle de la désignation à ce poste du cardinal Zenon Grocholewski, 69 ans, un Polonais actuellement en charge de l’Education ou celle de l’archevêque de La Plata (en Argentine) Mgr Hector Aguer, 65 ans. Ce dernier fait d’ailleurs beaucoup parler de lui : il y a quelques jours, il n’a pas hésité à dénoncer ouvertement, en le nommant, le cardinal Martini pour ses positions qu’il juge quant à lui dangereuse. De quoi sans doute se faire bien voir de Benoît XVI.



(fuente: La buhardilla de Jerónimo)

jueves 4 de diciembre de 2008

Todo un ejemplo Enrique I de Luxemburgo




Después de que el Parlamento de Luxemburgo aprobara la legalización de la eutanasia, el Gran Duque de Luxemburgo se ha negado a ratificar la norma, requisito para que entre en vigor. Pareciera que verdaderamente estamos frente a un rey soberano, ya que en otras monarquías el soberano es el “pueblo”. Como argumento, y por cierto del todo válido, el soberano ha invocado a los valores morales y de conciencia en un discurso retransmitido por radio .
El Gran Duque Enrique todavía no se había manifestado sobre una ley que el Parlamento dio su visto bueno tras una votación muy ajustada y a pesar de la oposición del partido socialcristiano (CSV) del primer ministro, Jean-Claude Juncker. La Constitución del país confiere al Gran Duque la potestad para promulgar y sancionar las leyes. Aunque no es habitual que el soberano se niegue a ratificar una norma aprobada en las cámaras, existen excepciones. Por ejemplo, en Bélgica, país vecino de Luxemburgo, el rey Balduino se manifestó en contra de la ley que regulaba el aborto en 1990. Balduino era tío suyo.
La ley en cuestión contempla que para excluir la comisión de delito en caso de que un médico ayude a morir a una persona deben darse una serie de circunstancias precisas. En concreto, el paciente ha de ser mayor de edad o menor emancipado, tener un diagnóstico irreversible y un sufrimiento físico o psíquico "constante e insoportable sin perspectiva de mejora" y exponer de manera voluntaria y reiterada, sin presión externa, su deseo de morir. El médico tendrá que informar adecuadamente al enfermo de su situación y sus posibilidades terapéuticas y deberá, además, consultar a otro profesional sobre el carácter grave e incurable de la afección. El texto instaura, además, el "testamento vital", en el que el enfermo hará constar por escrito su voluntad y que se archivará en un registro controlado por la Dirección de Salud Pública.
En la Unión Europea, Bélgica y Holanda han despenalizado la eutanasia. Luxemburgo iba a ser el siguiente país en contemplar el derecho a la muerte digna en su legislación.
Parece ser que como represalia ante tanta libertad del soberano Gran Duque se le recortarían algunas potestades que tiene según la constitución de ese país. Si esto fuera así, el Gran Duque se vería entonces sin responsabilidades de tener que aprobar una ley inmoral y contraria a su conciencia. Aunque esto no solucione el problema de raíz, la posibilidad que se promulguen leyes intrínsicamente injustas.
Cuando las cosas se imponen en conciencia sabemos bien que siempre hay que seguirla, de otra manera estaríamos traicionando lo más sagrado y digno de una persona. En este caso la conciencia de Enrique I es formada y recta, por lo que su decisión, aunque me imagino le traerá más de una crítica y baya saber uno que otra cosa, ha obrado correctamente. Ojalá tuviéramos gobernantes con esa claridad y valentía.
Datos biográficos
Su Alteza Real el Gran Duque Enrique I de Luxemburgo (cuyo nombre completo es Henri Albért Gabriel Félix Marie Guillaume von Nassau-Weilburg & Bourbon-Parma ) es el actual monarca del Gran Ducado de Luxemburgo. Nacido el 6 de abril de 1955 en Berzdorf, Luxemburgo. Es hijo del anterior Gran Duque Juan de Luxemburgo y de su esposa, la princesa Josefina Carlota de Bélgica.

Matrimonio e hijos
El 14 de febrero de 1981, Enrique se casó en la Ciudad de Luxemburgo con María Teresa Mestre, originaria de La Habana, Cuba. La pareja tiene cuatro hijos y una hija:
Príncipe
Guillermo de Luxemburgo (11 de noviembre de 1981), es el heredero del gran ducado.
Príncipe Félix de Luxemburgo (
1984)
Príncipe Luis de Luxemburgo (
1986)
Princesa Alejandra de Luxemburgo (
1991)
Príncipe Sebastian de Luxemburgo (
1992)
Enrique asumió el trono de Luxemburgo después de la abdicación de su padre el
7 de octubre de 2000.

miércoles 3 de diciembre de 2008

Ya lo sabía, Mons. Aguer habla clarito...


BUENOS AIRES, 02 Dic. 08 / 06:45 am (ACI).- El Arzobispo de La Plata, Mons. Héctor Aguer, advirtió que en su reciente libro "Conversaciones nocturnas en Jerusalén", el Cardenal Carlo María Martini "opina, o mejor dicho pone en duda, verdades y prácticas sostenidas" por la Iglesia, y que el título "podría interpretarse en este sentido: en esa obra el Ilustre Cardenal emite algunas opiniones muy poco claras, más bien obscuras".Durante el programa televisivo Claves para un Mundo Mejor, el Prelado indicó que en el libro, el Cardenal Martini pone en duda "verdades y prácticas sostenidas permanentemente por la Iglesia como el celibato de los sacerdotes, la ordenación sacerdotal reservada a los varones, la inmoralidad de las relaciones homosexuales". Asimismo, explicó, el Purpurado italiano critica severamente al Papa Paulo VI y la Encíclica "Humanae Vitae", afirmando que el texto pontificio "ha producido un grave daño con la prohibición de la contracepción artificial que allí se establece, lo cual habría determinado que muchas personas se hayan alejado de la Iglesia y la Iglesia de las personas". "Llama mucho la atención que un Cardenal, tan importante, tan inteligente, tan destacado, como es el Cardenal Carlo María Martini se haga eco y haga suyas las críticas que dirige y ha dirigido a la Iglesia, durante décadas, esta cultura secularizada y aquellos sectores intraeclesiales que se han manifestado en una postura de disenso contra el magisterio eclesial", expresó el Arzobispo argentino.Mons. Aguer recordó que "la doctrina de la ‘Humanae Vitae’" sigue una tradición constante que arranca en los Santos Padres", y que "cuando las técnicas modernas presentaron nuevos caminos para frustrar la fecundidad del acto conyugal, desde principios del siglo XIX, el magisterio ha sido constante en señalar el recto camino". "Podemos mencionar entre otros documentos la Encíclica 'Casti Connubii' del Papa Pío XI, los numerosos discursos de Pío XII, lo que dice el Concilio Vaticano II en la Constitución 'Gaudium et Spes', los textos de Juan XXIII, la misma 'Humanae Vitae' y muchos discursos de Paulo VI y toda la enseñanza de Juan Pablo II, especialmente su teología del cuerpo y de la sexualidad", indicó.En ese sentido, tras recordar que "Benedicto XVI ha ratificado expresamente la doctrina de la ‘Humanae Vitae’", Mons. Aguer señaló que las "intervenciones del Cardenal Martini probablemente han obtenido la adhesión de algunos grupos, de algunos sectores de gente que piensa que son planteos inteligentes y a los cuales habría que hacer caso, pero me temo que para la mayoría de los fieles hayan sido escandalosas. Dicho esto con el respeto debido al ilustre Cardenal"."Ahora bien: nosotros, si nos dejamos llevar por nuestro instinto católico, sabemos muy bien a lo que tenemos que adherir. Tenemos que adherir a la doctrina constante de la Iglesia y a la enseñanza de Benedicto XVI que es el Pastor que actualmente, a todos, nos guía", indicó el Prelado.

Publicado por INFORME SEGLAR

martes 2 de diciembre de 2008

c. 244 Formarción en el Seminario...¿estaremos en el camino correcto?


244 Deben combinarse armónicamente en el seminario la formación espiritual y la educación doctrinal de los alumnos y deben tener como meta el que éstos, según la índole de cada uno, adquieran, junto con la debida madurez humana, el espíritu del Evangelio y una estrecha relación con Cristo.


El c. 244 provine de aquella sección dedicada al Pueblo de Dios (Libro II) en relación más directa a la formación a los candidatos al orden.
Me quisiera detener en él, en razón de varias conversaciones que he tenido desde hace varios años con seminaristas y hermanos sacerdotes cuando vamos viendo los nuevos vocacionables que ingresan, y los candidatos inmediatos a la recepción del orden sagrado, ya del diaconado transitorio como del sacerdocio, los que han caminado por lo menos siete años de formación en el Seminario.
No se trata de denostar absolutamente a nadie, ni a ninguna institución de formación. A la distancia cuando miro los seminarios y superiores de mi vida formativa, no puedo menos que agradecer y reconocer su dedicación y que formar siempre es una tarea difícil y que requiere de tiempo, paciencia, y sobre todo estar en…
Pero difícil es cualquier formación, también lo es hoy de manera especial, la obligación que tienen los padres con respecto a los hijos, o los docentes en referencia a los alumnos, y en todos los niveles. Todos los días en la vida pastoral de la parroquia me encuentro con casos de dificultad y algunas veces con problemas gravísimos.
Aquí se trata de una formación particularmente especial.de, por decirlo de una manera plástica, de esculpir, tallar o modelar una vida en perspectiva al modelo que como dice el c. es Jesucristo. Pero todos estos términos siempre son aplicados de manera figurativa.
Esta tarea, que desde el Concilio de Trento está entregada a los Seminarios y a los mejores sacerdotes que tenga un obispo en su diócesis, aunque se dan en algunos casos, siempre excepcionales, formación fuera de este instituto, no es sólo una obra como pudiera ser la del alfarero, sino que supone fundamentalmente la gracia que en definitiva es obra de Dios. Sin ella no hay ninguna formación, pero menos todavía aquella que pretenda hacer que un hombre adquiera una identificación con el mismo Jesucristo. De tal modo que podamos asegurar con el Concilio Vaticano II, toda la Tradición y el Catecismo de la Iglesia que el sacerdote es un alter Christus.
Cuando uno comienza a tratar estos temas las parábolas, las semejanzas, las imágenes ayudan, pero la verdad es que, ni los candidatos al orden son “arcilla”, “cera” o “piedra”, ni los formadores “alfareros”, “artesanos” ni “escultores”.
La tarea formativa busca según el c. en cuestión una formación (dar forma) espiritual y doctrinal, de tal modo bien combinados que se pueda llegar a un ideal de madurez humana, espíritu de Evangelio, y el hábito de un trato asiduo, profundo, y sincero con aquel que siempre será el formador por excelencia Jesucristo, del que luego serán más que representantes, si tenemos cuenta, que en los sacramentos por ejemplo, se transforman en dispensadores de la gracia de Dios, y como se ha dicho desde siempre configurados a Cristo sacerdote, profeta y rey.
La formación doctrinal y espiritual, debidamente armonizadas, tiene como meta un hombre con madurez humana suficiente, que pueda asumir las propias obligaciones que emanan de su vocación, la que ha sido aceptada con total libertad, porque le fue propuesta con absoluta claridad, a la vez que los desafíos que le presente el vivir en el mundo, a su vez, con aquel espíritu evangélico, que debe haber informado toda la vida, para ayudar a conducir a sus hermanos en distintas circunstancias a una existencia más perfecta en Cristo.
Añade el c. que todo este movimiento conduce a un trato (estrecha relación con Cristo) de profundidad, de intimidad divina (hablemos aquí del hábito de estar siempre en presencia de Dios, sabiendo que no se trata de una profesión de la que uno pueda decir es “ad tempus”, sino to